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De la república de las letras a la república oriental del Uruguay : el neoclasicismo en la formación.. Karamán Chaparenco, Julio Omar Jun 16, 2010

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DE LA REPUBLICA DE LAS LETRAS A LA REPUBLICA ORIENTALDEL URUGUAY. EL NEOCLASICISMO EN LA FORMACION DELESTADO Y EL SUJETO NACIONALES (1 811-1 837)byJulio Omar Karamán ChaparencoA THESIS SUBMITTED IN PARTIAL FULFILLMENT OFTHE REQUIREMENTS FOR THE DEGREE OFDOCTOR OF PHILOSOPHYinThe Faculty of Graduate Studies(Hispanic Studies)THE UNIVERSITY OF BRITISH COLUMBIA(Vancouver)November 2010© Julio Omar Karamán Chaparenco, 2010ABSTRACTThis dissertation examines the role played by Neoclassicism in the nation-building process in Uruguay during the first third of the19thcentury (1811-1837).Strongly influenced by the Enlightenment and the French Revolution, literaryNeoclassicism celebrated the dreams of modernity of the ruling class and itsintellectuals. Sophisticated literary texts, political materials and propagandaloadedwith references to the Graeco-Roman culture appealed to the most educatedindividuals to enlist them in the ranks of the revolution, first, and later as activemembers of the civil society. One of those Neoclassic writers, Bartolomé Hidalgo, alsodeveloped a different poetic language, the Gaucho genre, to include illiterateruralmasses into the modernity project.My study investigates the way literary Neoclassicism worked on pre-existingcultural materials to create a set of symbols, references androle models both for thecitizen and the state. My working hypothesis suggeststhat being Neoclassicism aclosed, strictly organized system, it was very wellsuited to express concepts likeinstitutional order, political stability and reign ofthe law to set the foundations of thestate. Gaucho genre, on the other hand, operatedas a counterbalance to thoseperspectives, both in terms of its literary languageas well as in its criticism to the taskof inserting a bourgeois modernity into a pre-capitalisticsociety. The dialogue andtension between Neoclassicism and Gauchogenre can therefore be read as theconfrontation of two different projects related to therole of the learned and the popular.The dissertation is divided in four chapters. Chapter 1, “Los letrados, gestoresde sueños”, explores the influence of European thought in the building of the state aswell as the role of the learned. Chapter 2, “El estado y Ia institucionalidad”, studies theuse of Graeco-Roman references in the writing of the liberal agenda and how it wascontested by the Gaucho literature. Chapter 3, “La construcciôn del sujetorepublicano”, discusses the way the inclusion/exclusion of individuals as citizens wasprocessed. Chapter 4, “El legado del Neoclasicismo fundacional”, links public spacesand popular demonstrations to show the dialogue between Neoclassicism and popularculture in contemporary politics.IIITABLA DE CONTENIDOSAbstract iiTabla de contenidos ivLista de imágenes vReconocimientos vilntroducciôn IPresentación 1Lo culto y lo popular en Ia genesis del Estado Oriental4Aproximaciones crIticas 7Objetivos de Ia tesis 12Capitulo 1 - Los letrados, gestores de sueños16Bases ilustradas del discurso politico28Los sacerdotes en Ia vanguardia de Ia revolución35La pluma y Ia espada 41Lagauchesca62CapItulo 2 - El estado y Ia institucionalidad72La musa civica y los orIgenes del teatro73La constituciOn83Uruguay, tierra privilegiada88Educación y revoluciôn94La mirada gaucha100CapItulo 3 - La construcción del sujeto republicano109Epica patriôtica118La representación de las minorlas135Capitulo 4 - El legado del Neoclasicismo fundacional150Espacios püblicos y actos de masas150El retorno a los orIgenes154Conclusiones159lmágenes164BibliografIa177ivLISTA DE IMAGENES1 - Montevideo y sus murallas 1642 - Escudo de Ecuador 1643 - Escudo de Argentina 1644 - Escudo de Chile 1655 - Escudo de Peru 1656 - Escudo de Guatemala 1657 - Escudo de Uruguay 1658 - Cabildo 1669 - Catedral de Montevideo 16710 - Puerta de Ia Ciudadela 16811 -Templo Inglés16912 - Rotonda del Cementerio Central17013 - Estatua en Ia Plaza de Cagancha17114 - Obelisco a los Constituyentes de 1830 17215-LaLibertad17316-LaLey17317-LaFuerza17318 - Palacio Legislativo 17419 - Plaza lndependencia17520 - Casa de Gobiemo176VRECONOCIMIENTOSEste trabajo no hubiese sido posible sin el apoyo, Ia calidad humana y Ia infinitapaciencia de ml comité de tesis. A mi directora, Dra. Rita de Grandis, le debo elestImulo para continuar trabajando en un proyecto en el que queda todavIa muchatela por cortar. A Ia Dra. Kim Beauchesne y al Dr. RaüI Alvarez Moreno, miagradecimiento por su tiempo, sus meticulosas lecturasy sus certeras orientacionescrIticas y estilIsticas. Agradezco también a quienes me proporcionaron consejos,crIticas e indicaciones bibliograficas: Ia Dra. Veronica Muñoz, el Licenciado JuanIntroini, Ia profesora Victoria Herrera, Silvana, Gerardoy Mirtila. Para terminar, unreconocimiento muy especial a Paula, companera siempre en todas lastrincheras.viIntroducciónPresentaciónEl territorio de lo que es hoy el Uruguay, antiguamente Banda Oriental,comenzô su emancipacion de España en 1811. Como culminaciôn de un azarosoproceso que comprendiO experimentos federalistas y descentralizadores (1811-1816),dominación luso-brasileña (1817-1828), insurrección (1825)y declaración deindependencia (1828), para 1837 ya se hablan establecido las lineas generales delestado-nación y se habia comenzado a afianzar el programa ideolOgico, politico, socialy cultural de su clase dirigente.El emblemático 1811 marca calendáricamente el primergran triunfo de lasfuerzas revolucionarias lideradas por José Artigas(1764-1850) cuando sus miliciasganan Ia primera gran batalla a los realistas en Las Piedras (18 de mayode 1811),seguida por el primer sitio de Montevideo. Artigas se instituye más tardecomo elprocer inspirador de un movimiento fuertementeautonómico y federalista de Ia BandaOriental, oponiéndose a su condición ancilar con respectoa Buenos Aires.1 El año1811 viene asi a inscribiren el continuum de Ia vidacolonial en Ia margen este del rioUruguay Ia irrupciôn de un tiempo otro, cambiantey revolucionario, a partir del cualcobran sentido una serie de hechos previos, aparentementedesvinculados entre Si,que en definitiva habIan preparado el terreno para el iniciode Ia lucha contra el poderI La Banda Oriental, además de disponer de ingentesriquezas ganaderas, contaba con varios puertosestrategicos, de los cuales el de Montevideo obtuvo grades privilegioscomerciales por parte de Iacorona. Esto Ilevô a importantes rispideces con el gobierno de BuenosAires, que siempre quiso ocuparuna posiciôn de preferencia, ya en los tiempos coloniales,ya luego de Ia Revoluciôn de Mayo de 1810.(Machado 10).Iespañol. Entre ellos debemos resaltar Ia marginacion social de amplios sectoresde Iapoblación de Ia campana, particularmente los gauchos; Ia oposicion al monopolismocolonial por parte del sector terrateniente; Ia prédica liberal del clero más progresistayel ascendiente innegable de Artigas como Ilder de las masas rurales. En retrospectiva,esos fervorosos momentos iniciales serán los primeros pasos que Ilevaron a Ia BandaOriental a constituirse en Ia Repüblica Oriental del Uruguay menosde veinte añosdespués.2En este proceso independentista el poder arengadorde Ia palabra poética,entendida en un sentido ampllo como creación literaria,se constituyo en parteconsustancial, integrando Ia lucha con Ia espadaa Ia lucha con Ia pluma en pro de unmismo objetivo, Ia emancipación. Desde tempranas épocasesta relación se hizopresente tanto en el campo de batalla geografico comoen el más abstracto de lasideas. De hecho, en marzo de 1813, cuando Ia ciudadde Montevideo se encontrabasitiada por las fuerzas de Ia emancipacion y las ültimasautoridades espanolas de IaBanda Oriental resistlan el asedio, el poeta FranciscoAcuña de Figueroa (1791-1862),fiel a Ia causa realista y espectador de losacontecimientos, tomaba notas dandocuenta de cómo los rebeldes se entretenlan disparandoversos desenfadados y pocoelegantes contra los sitiados. El 2 de marzo anotóen su diario:Sollan los sitiadores en las noches oscuras acercarsea las murallas tendidasdetrás de Ia contraescarpa, a gritar improperios o acantar versos. Anoche2 Benedict Anderson plantea Ia irrupciôn del tiempocalendárico en algunas novelas asiáticas del sigloXIX como ilustraciôn de su concepto de comunidad imaginada(28). En nuestro caso, es Ia batalla deLas Piedras lo que ordena y da sentido al conjuntode acontecimientos que anticiparon Ia revuelta contralos españoles, que pasan de ser manifestaciones máso menos inconexas, voluntaristas o improvisadasa integrarse a un proyecto unificador marcado por Ia progresiOn enel tiempo, desde un pasado colonialhacia una fuerte afirmaciôn de autonomla provincial.2repitieron al son de una guitarra el siguiente: “Los chanchos que Vigodet/ haencerrado en su chiquero I marchan al son de Ia gaita / echando al horn brounfungueiro. / Cielito de los gallegos, /Ay! cielito del dios BacoI Que salgan alcampo limpio I y verán lo que es tabaco” (Hidalgo 128).Esta entrada en el diario del letrado inaugura una serie de realidades simbOlicoideologicas de gran signiflcación para el futuro “nacional” en momentosen que nadahacia prever que el territorlo al oriente del rio Uruguayse convertirla algUn dIa en unpals independiente. En efecto, Ia interrelaciôn entre Ia poética de Ia ciudady Ia de Iacarnpana, o mejor dicho, Ia de temática urbana y Ia rural, acompanaralos momentosdecisivos de los enfrentamientos entre los diferentes proyectosde organizaciónpolitico-institucional, tanto a nivel de Ia lucha de ideas como enel terreno de loschoques armados entre ejércitos regulares, guerrillasy milicias populares.La poesia cantada inicialmente al clamor de las batallas ingresaráasi al mundode Ia alta cultura, apadrinada por quien serla, pocos años después,el autor de Ia letradel himno nacional y el poeta más destacadodel periodo. La ciudad letrada, en Iacélebre expresiOn de Angel Rama,3entra en contactocon un ámbito literarlo en el quelas formas expresivas, el lenguaje, Ia poesiay los referentes son, si no antagônicos, almenos radicalmente diferentes de los suyos propios.La aparente distancia entre Iaciudad letrada y Ia ciudad real se desdibuja. Elcielito cantado, expresión de Ia oralidad3 En un sentido general, Ia ciudad letrada está integradapor el conjunto de todos aquellos sujetos queejercen el patrimonio de Ia letra escrita, tanto a nivel detextos de contenido polItico-administrativo comoen Ia producción de textos literarios. Es un concepto queno se limita al marco temporal de Ia vigenciadeestructuras sociopoilticas particularesy que en nuestro caso -primeras etapas de Ia lucha emancipatoriay de Ia formaciôn de los estados nacionales- opera como una forma de relaciOnentre el mundo de lasideas y el mundo de Ia praxis. Volveremos sobre este conceptoen el capitulo 1.3revolucionaria, pasa por encima de Ia frontera fIsica de Ia muralla (imagen 1), quemarca no tanto una barrera infranqueable como una posibilidad y una invitaciOn acruzarla, y se instala en Ia escritura del letrado como un grafito subversivo en elmármol augusto del Neoclasicismo. La entrada en el diario del poeta dibuja el mapade lo que será el terreno de Ia lucha entre dos realidades socioculturales en los añosque vendrán.En una pequena Iengua de tierra, Ia ciudad amurallada, encerrada casiporcompleto en si misma, dueña del lenguaje formulaico de las leyesy el ceremonial, fiela las tradiciones heredadas, hogar de los grandes exportadores, Iaintelectualidad másrefractaria a los cambios, los negreros, armadoresy fleteros del puerto, resiste elembate de las tropas rebeldes, un conglomerado de masas ruralesbásicamenteanalfabetas, étnicamente diversas y de bajos recursos económicos,pequenospropietarios, terratenientes antimonopolistas, curasrebeldes y algunos letradosrevolucionarios. Con mayores o menores matices, inclusionesy exclusiones,reacomodamientos estrategicos, pequenas y grandes defecciones, estasdinámicasque moldean diferentes proyectos de pals se van a expresar literariamente,durantelos primeros cuarenta años del siglo XIX, a travésde Ia estética del Neoclasicismoy Iapoesia gauchesca.Lo culto yio popular en Ia genesis del EstadoOrientalLa emergencia de Ia incipiente literatura uruguayade esos años turbulentosestá marcada por una fuerte impronta bélica y politica.A semejanza de La lira4argentina (1824), de RamOn Diaz, una colecciôn de textos poéticos publicados enBuenos Aires durante Ia guerra de Ia independencia, en 1835 viola luz Elparnasooriental (1835), a cargo de Luciano Lira, Iosdos Unicos ejemplos de compendioslatinoamericanos que no se generaron bajo el auspicio estético de Romanticismo(Gonzalez EcheverrIa 878). La obra de Lira fue Ia primera compilaciôn de textosliterarios de alguna manera relacionados con el Uruguay. Ese mismo año se publicôUn paso en el Pindo, de Manuel Araücho, primer libro de un autor uruguayo editadoenel pals. Ninguno de esos documentos “fundacionales” resistió los embates deltiempoy rápidamente conocieron el olvido. La compilaciôn de Lira fue más afortunada.Restringido al cIrculo estrecho de bibliófilosy eruditos, El parnaso oriental volvió a sertema de interés en 1925, cuando el Instituto Geografico e Históricolo reeditó comohomenaje “a los soldados y a los legisladores de 1825” (Pivel Devoto1981a, X)O(Vlll).Casi todos los textos de El parnaso orientaly Un paso en el Pindo estánescritos en un lenguaje poético altamente codificado, cargadode referencias al mundogrecolatino, que reinô en el mundo literario uruguayohasta fines de Ia década de1830. De origen europeo, el Neoclasicismo fue dinamizadoextraordinariamente apartir cie Ia Revoluciôn Francesa, que lo consagrOcomo el estilo oficial del nuevoregimen y lo dotô de contenidos vinculados con losderechos del hombre, el credorepublicano y Ia lucha contra Ia tiranla. Las produccionesliterarias neoclásicas quevoy a considerar en esta disertación son deudorasde esa estética fuertemente teñida4 Entre otras compilaciones podemos citar: Coleccióndo poeslas mejicanas (1836), El parnasogranadino (1848), Lira patriótica del PerU (1852), Joyasdel parnaso cubano (1855), El parnaso peruano(1862), F/ores chilenas (1862), Lira ecuatoriana (1865),Parnaso boliviano (1869), Lira nicaraguenseyLira costarricense (1878), El parnaso centroamericano(1882) y Parnaso panameno (1916) (Achugar1998, 735).5de consideraciones polIticas.Un mnfimo porcentaje de los materiales incluidos en los dos libros publicados en1835 integra el acervo de Ia literatura gauchesca, basada en una poesIa popular querescataba el habla de los habitantes de las zonas rurales. Bartolomé Hidalgo (1788-1822) ha sido reputado como el fundador indiscutible de esta vertiente literaria,quetras conocer una larga historia de logros en el Rio de Ia Plata con las obrasde HilarioAscasubi, Estanislao del Campo y Antonio Lussich diosu fruto más sazonado en1872, con el MartIn Fiorro de José Hernández.5La obra de Hidalgo -quien se inició literariamente siguiendolos preceptosneoclásicos tradicionales- acompanó los primeros años de Ia luchaartiguista, cantolos triuntos de las tropas de José de San Martindel otro lado de Ia cordillera de losAndes y criticô acerbamente Ia decadencia de lospostulados de Ia revolución quehablan guiado los primeros pasos de los patriotas rioplatenses.AsI, Ia poesIagauchesca operará muchas veces desde Ia óptica de una miradacrItica sobre lasrealizaciones prácticas de Ia ciudad letrada.De esta manera, Neoclasicismoy gauchesca se reparten Ia preferencia de losescritores orientales a partir de 1811y hasta fines de Ia década de 1830. La llegadadel Romanticismo al RIo de Ia Plata destronaa Ia musa neoclásica e instila en Ia5 Las principales obras de Ascasubi son El gaucho Jacinto Cielo(1843), Paulino Lucero (1846),Santos Vega o los mellizos de Ia Flor (1851)y Aniceto el GaIlo (1853), escritas casi todas durante susdiecinueve años de residencia en Montevideo. Del Campocompuso Fausto (1866), donde un gauchonarra sus impresiones luego de asistir a una representaciOndel Fausto de Gounod en el Teatro ColOn deBuenos Aires. Lussich escribiô Los tres gauchos orientales(1872) a partir de su experiencia personalcomo combatiente en el levantamiento armado del caudillo Timoteo Apariciocontra el gobiernoconstitucional de Lorenzo Bathe.6gauchesca una vitalidad diferente que los cambios sustanciales en Ia historia y Iasociedad reclamaban. La poesla culta ya no podia interpelar a un sujeto que se hablaformado social e ideologicamente fuera de los marcos neoclásicos, que no entendIa ellenguaje culto de los letrados y no integraba ni el grupo de los heroicos guerreros deIa independencia festejados en incontables odas patrióticas, ni el de los industriososcampesinos que iban a trabajar por el engrandecimiento del estado liberal, ni el de lossencillos pobladores que juraban Ia primera constitución con un temor casi religioso.La guerra civil que comenzó en 1839 y se prolongO hasta 1851 mostrarla cómo Iaciudad letrada, dividida en dos facciones, se apropiô por igual de Ia lengua rural paraimpulsar sus programas politicos.Aproximaciones crIticasLa crItica comenzó a considerar las dos corrientes fundacionales de Ia literaturauruguaya en Ia década de 1880. Francisco Bauzá (Estudios literarios, 1885), destacael papel fundamental de Ia poesIa gauchesca durante el periodo emancipatorio yemite juicios muy duros contra los neoclásicos, a quienes reprocha el haber queridoaplicar un modelo estético ya perimido a una circunstancia histórica que requerlanuevas formas expresivas. Carlos Roxlo, en su Historia crItica do Ia literaturauruguaya (1912), parte de Ia premisa de que Ia misma “no es otra cosa que Ia historiade Ia belleza realizada en las obras literarias de nuestro pals” (21). lncluso desde esaposiciOn estilista, reconoce Ia belleza de los textos de Hidalgo en Ia emoción puestaen sus versos, cosa que lo distancia enormemente de Ia expresividad convencional,7académica y rigurosamente formalizada, de los textos neoclásicos. Alberto Zum Feldepasa revista a los principales autores y obras que se escribieron desde el perlodocolonial en su libro más logrado, Proceso intelectual del Uruguay (1930). Desde superspectiva, casi todo el Neoclasicismo uruguayo no pasade ser una desleldareproducción de los modelos españoles, además de enfocarse en10 que considerauno de sus mayores defectos: Ia “nornenclatura mitolôgica trivial” (62). Másrecientemente, Pablo Rocca ha insistido en esa misma vena. En su trabajo PoesIaypolItica en el siglo XIX. Un problema de fronteras (2003) dedica un capItuloa Elparnaso oriental. En él se constata el evidente peso documentalque caracteriza suproducciôn en el tratamiento del dialogo entre historia, literaturay proyectos deconstrucción de Ia nacionalidad. En cuanto a las fuentesy los alcances delNeoclasicismo local, para Rocca se trata de “una masa confusa,de pocas variacionestemAticas y nula impronta personal” que abunda en “fatigadas mencionesde Iahistoria y Ia mitologla grecorromanas” (55).Si resumimos las puntualizaciones precedentes,aunque no cabe duda de queel Neoclasicismo uruguayo es un Neoclasicismo de segundao de tercera mano porser una adaptacion del estilo y del instrumental retóricotornado fundamentalmente defuentes españolas, los crIticos impugnan to quees precisamente Ia esencia delNeoclasicismo, a saber, Ia imitación de modelosconsagrados por Ia tradiciOn literariaoccidental y universalista, el buen gusto, Ia referenciaal rnundo mitologico grecotatinoy a Ia historia de Ia antiguedad clásica, Ia sujecion a un arte poético rigurosamenteformalizado (las poéticas de Boileau y Luzén, entre otras).Esto es lo que hace que un8texto neoclásico sea precisamente eso y no, como quiere Rocca, Ia expresiOn de unRomanticismo avant Ia Iettre. En otras palabras, se hace necesariauna lecturasincrónica de los textos que pueda dar cuenta de los rasgos esenciales delNeoclasicismo en relaciôn con las circunstancias históricas en que operO esacorriente. Angel Rama abordô un tema estrechamente relacionado con lo queacabamos de mencionar. Su libro Los gauchipolIticos rioplatenses (1976) analiza Iadicotomla gauchesca-Neoclasicismo contraponiendo Ia obra de Hidalgoy suscontinuadores a las producciones escritas en lenguaje culto, enfatizandolasdiferencias a nivel ideolOgico entre ambas expresiones literarias. Rama destaca Iaoriginalidad y Ia libertad creativa de Ia gauchesca, pero no considera el valorintrinseco del Neoclasicismo local en tanto actualizacióny aplicación de los referentesdel mundo cultural de Ia antiguedad a un entorno de revoluciôny construcciônnacional.Los estudios culturales, a partir de Ia ültima década del siglo pasado, hanvigorizado el estudio de los textos neoclásicos, particularmente luegode los trabajosde Hugo Achugar relativos a los parnasos, liras y compilaciones fundacionales.6EstaIlnea de investigación ha abierto un campo fructIfero para ligara los neoclásicos conIa problemática de los imaginarios nacionales, comolo muestran trabajos como los deMaria Inés de Torres, Susana Poch, Sonia D’Alessandroy Alejandro Gortázar, entreotros.7Sin embargo, esta corriente crItica no ha realizado unestudio exhaustivo de lostextos en cuanto expresiones de continuidad y rupturacon Ia tradición literaria6 “El Parnaso es Ia naciOn o reflexiones a propôsito de Ia violenciade Ia lectura y el simulacro”(1995); ‘Parnasos fundacionales. Letra, naci6n y estado en el siglo XIX’(1998); Derechos de memoria.Nación e independencia en America Latina (2003).9heredada de los modelos europeos, limitándose a considerarlos comocompartimientos estancos dentro de una serie de periodizaciones marcadasfuertemente portópicos como el discurso de genero, Ia subalternidad, el imaginariocolectivo, entre otros.Otro enfoque en Ia consideración de Ia Iiteratura neoclásica es Ia que alentó eImagisterio del latinista uruguayo Vicente 0. Cicalese (1918-2000). Siguiendo lospasos de dos reconocidos humanistas del siglo pasado, Ernst Curtius (Literaturaeuropea y edad media latina, 1948) y Gilbert Highet (The Classical Tradition, 1949),Cicalese exploró Ia vinculación entre el mundo clásico grecolatino y Ia literaturauruguaya desde una perspectiva filologica. En 1987 publicO un homenaje a uno de losprecursores de las letras nacionales, el presbItero José Manuel Perez Castellano, enel que rastrea algunas de las influencias de Ia literatura latina en Ia prosa delsacerdote.8En una tónica similar, su proyecto de investigación “Horacio en el RIo deIa Plata” (1993) analiza diferentes traducciones de Ia obra del gran poeta y satIricoromano a cargo de personalidades de Ia cultura rioplatense a lo largo de los siglos XIXy X)(. En consonancia con Ia linea de investigación propugnada por Cicalese, dos desus discIpulos, Juan Introini y Victoria Herrera, también profesores de Iengua yliteratura latinas, han publicado La ninfa y Ia selva. Literatura uruguayay tradiciOnclásica (2008). En Ia obra se consideran textos claves de Ia prosa, el teatro y Ia poesiadel Neoclasicismo oriental, particularmente en lo relacionado con Ia aplicaciOn de los7 La naciOn tiene cara de mujer. Mujeres y naciOn en el imaginario letrado del siglo XIX (1995);“Himnos nacionales de America : poesa, estado y poder en el siglo XIX”; “Los escritos de los heroes,imonumentofundamental?”; coordinador de un volumen sobre el letrado afrouwguayo Jacinto Venturade Molina publicado en 2008.8 Montevideo y su primer escritor. José Manuel Perez Castellano (1987).10recursos retóricos y estilIsticos de Ia antiguedad. Este enfoque rompe el esquematradicional segin el cual los escritores del perlodo eran juzgados por lo que tenlan (ono) de sus modelos espanoles y no por su valor en si como puentes entre Iaantiguedad y Ia cultura del siglo XIX rioplatense, lo cual augura interesantesperspectivas para una apreciación diferente de ese momento particular de Ia literaturauruguaya. Al desmontar los mecanismos internos de Ia escritura de los textos delperlodo, el análisis evita caer en el reduccionismo de las comparaciones y propende auna mayor autonomla en el estudio del Neoclasicismo local, particularmentepor elacceso directo a las fuentes latinas que manejan los autores y su sólida formaciOnfilolôgica. La importancia de esa lectura, asimismo, proyecta Ia consideración deIaherencia cultural grecolatina hacia otras corrientes literarias y otros momentosimportantes en Ia historia de Ia cultura nacional.9Todos estos aportes crIticos han dado cuenta de aspectos especIficosde IaIiteratura neoclásica desarrollada en Uruguay, aunque muchas veces desde unaperspectiva limitada o excesivamente centrada en posturas teóricas con poco margende negociacion con otras lecturas. Mi propuesta, por su parte, tiene una intenciOn másabarcadora. El marco histôrico en el que se escribieron los textos que considera estadisertaciôn no se presenta ünicamente como un tiempode rupturas con lasestructuras polItico-administrativas coloniales ni como un muestrariode las luchasintestinas entre caudillos locales luego de Ia independencia,sino que ofrece Iaoportunidad de integrar diferentes aproximaciones de corteideologico, estético y9 Los autores planean continuar su investigacion para abarcar el Novecientos, perlodo muy ricoenreferencias clásicas. Piénsese en José Enrique RodO y Julio Herreray Reissig, por mencionar dosgrandes nombres.11sociologico al estudio de las primeras etapas del proceso de construcción, no solo deuna nacionalidad, sino de una literatura nacional.Objetivos de Ia tesisMi trabajo investiga Ia adaptación y el reciclaje de los modelos de Ia tradiciónclásica grecolatina, en el marco mencionado de Ia tensiOn y articulaciOn entre lo cultoy lo popular, durante el perlodo de vigencia del Neoclasicismo como corriente estética,época que se solapa cronolOgicamente con los primeros pasos que Ilevaron a Iaconstrucción del Uruguay como nación independiente. Más concretamente, estudiaréno sOlo el modo en que estos modelos fueron puestos al servicio de dicho proceso,sino cOmo coadyuvaron a producir un repertorio de conceptos esenciales ligados a Iaidea de pals y de sociedad. El significado y el alcance de dichos conceptos generO unespacio de conflicto en el que los valores de orden, legalidad y felicidad püblica,asociados con Ia idea de progreso propulsada por el Neoclasicismo revolucionario, seenfrentaron a las visiones crIticas, escépticas o desenganadas del proyecto ilustradodesde el campo de Ia cultura popular, Ia cual operô a modo de contrapeso a Ia presiOnejercida desde aquel. Mi interpretaciOn de esta dinámica me Ileva a postular que Iasimbologla neoclásica de Ia ciudad letrada, por ser un sistema cerrado y estrictamenteorganizado, ha sido operativa en el proceso inicial de formaciOn del Estado uruguayoque tendiô a constituir una sociedad civil homogenea. Frente a esta agenda estéticoideolagica, resistente a Ia incorporaciOn de los “otros sujetos” (indIgenasy negros),emerge una literatura de cuño popular -Ia gauchesca- que pone de manifiestolas12fisuras de ese modelo homogeneizador y revela las ambivalencias ideologicas dentrode las representaciones culturales de ese imaginario en gestaciôn. Habrá que esperarhasta el segundo Romanticismo para que esos “otros” sean incorporados alI mag I nario.El corpus que voy a analizar abarca fundamentalmente textos neoclásicos deFrancisco Acuña de Figueroa (1791-1 862), Francisco Araücho (1 794-1863), Isidoro deMaria (1815-1906), Angel Elias (1804-1885), Bartolomé Hidalgo (1788-1822), JuanFrancisco MartInez (muerto alrededor de 1844), Petrona Rosende (1787-1863) yFlorencio Varela (1807-1 848) incluidos en Elparnaso oriental, compilación canónicade Ia literatura uruguaya a cargo de Luciano Lira (edición facsimilar en tres volümenespublicada en Montevideo por Ia Biblioteca Artigas en 1981),y de Un paso en el Pindo,de Manuel Araücho (Montevideo: Imprenta de los Amigos, 1835). Asimismo, voyaconsiderar obras del genero gauchesco contemporáneas de esas produccionescultasa cargo de Bartolomé Hidalgo, Manuel Araüchoy autores anónimos que acompananese proceso y dialogan con él desde una perspectiva crItica.1°El criterio de selecciónprivilegia los temas cIvicos, patriOticos e institucionales que apuntana referentesculturales de Ia antiguedad clásica y se vinculan con Ia genesis delestado-naciónuruguayo. Este corpus, en general muy poco estudiado, tieneun valor fundamentalcomo testimonio literarlo de los pasos iniciales que Ilevarona Ia formaciOn delUruguay y también como documento que ilustra Ia tensiOn entrediferentes proyectosideologicos y estéticos que se enfrentaron durante esos años.Se considera también Iavida y obra del presbItero José Manuel Perez Castellano (1743-1815), primer escritor10 Salvo en los textos neoclásicos, en los que se ha modernizado Ia ortografla,las citas son textuales.13montevideano y una de las inteligencias más Iücidas de su tiempo.Esta disertación se compone de cuatro capItulos. El capitulol, “Los letrados,gestores de sueños”, explora las influencias del pensamiento ilustrado europeo y de Iatradición iconografica de Ia Revolución Francesa en Ia conformaciôn del aparatosimbólico, ideologico y politico del Uruguay, prestando particular atención a Iaformación intelectual de los letrados y hombres de acción orientales en los añosprevios a Ia Revoluciôn de Mayo de 1810. En esta dinámica de influencias es claro elproceso de apropiación y calco de los principales simbolos revolucionariosfrancesesa Ia nueva nación.El capitulo 2, “El estado y Ia institucionalidad”, estudiacómo Ia intelectualidaduruguaya plasmó literariamente Ia adaptación de los postulados delpensamientoliberal durante el proceso de formación del estado-nacióny Ia puesta en práctica delprograma politico-social de Ia clase dirigente. Se rastreanlos elementos referencialesde Ia tradiciôn clásica grecolatina en base a los cualesse celebró a los heroes, secanto al progreso y se conjuraron los factores disolventesque ponian en peligro Iaestabilidad institucional. Asimismo, se expone IaposiciOn antagOnica entre discursoscontemporáneos sobre Ia realidad social que problematizanIa efectividad delprograma liberal y replantean las contradiccionesentre Ia ciudad letrada enfrentadatanto a Ia ciudad real como al ámbito de Ia no-ciudad,o Ia campana.El capitulo 3, “La construcciOn del sujeto republicano”,examina cOmo Ialiteratura participO en el proceso de crearun sujeto civico. Lo hizo mediante unsistema de inclusiOn/exclusiOn de losindividuos como ciudadanos de Ia nueva14repüblica. Se analizan cuáles fueron los factores que pesaron a Ia hora de optar poruna representación u otra. Este capitulo demuestra que Ia literatura neoclásica haceuso de un repertorio que tiende a Ia homogeneizacion de las distintas voces socialesypolIticas bajo una retórica y una imagineria uniforme en consonancia con el conceptouniversal de ciudadano, sin distinciôn de clase, raza, educaciOn y género.El capItulo 4, “El legado del Neoclasicismo fundacional”, explora algunassupervivencias neoclásicas relacionadas con los espacios pUblicosy Ia simbologlarepublicana, mostrando cómo el Neoclasicismo fundacional, doscientosaños despuésde Ia RevoluciOn de Mayo, continua dialogando con Ia tradición heredada de Ialiteratura gauchesca en Ia busqueda de los caminos más transitables para IamodificaciOn de las estructuras sociales y económicas del pals. En este capitulo sehace referenda a Ia arquitectura y a los monumentos neoclásicos másrelevantes deIa capital, Montevideo, que acompanan Ia civilidad republicana, asi comoal presentepolitico del pals y al dialogo que establece con esa memoria histórica inicialcuyasrepresentaciones estéticas perviven en el cuerpo socialy en nuevas expresionesartisticas, como Ia müsica popular, que retoma los motivos revolucionariosde losprimeros años de Ia emancipacion.15Capitulo I - Los letrados, gestores de sueñosUno de los desarrollos crIticos más fructIferos para el estudio de Ia relaciónentre cultura, sociedad y praxis polItica fue propuesto por Angel Rama en La ciudadletrada (1984). El punto de partida de su planteamiento radica en su lectura delfuncionamiento de Ia maquinaria administrativa de las posesiones españolas enAmerica, tarea que estuvo a cargo de un complejo entramado de religiosos,ad mi nistradores, educadores, profesionales, escritores y multiples servidores pü bI icosque tenIan como patrimonio comün el acceso al mundo de las ideas y su formulaciónpor escrito. En una sociedad donde el analfabetismo era generalizado, pertenecer aesta gran burocracia de Ia administracián y el intelecto aseguraba no solo un puestoen el mercado laboral sino también una posicion social privilegiada. Esaciudad letradacumplio un paradOjico doble papel: por un lado, fue responsable delmantenimiento deIa estructura del imperio colonial español en America durante trescientosaños, perotambién estableciO los lineamientos ideolOgicos generales que, pOCOtiempo despuésde iniciada Ia emancipaciôn, Ilevaron a un rápido derrumbe del sistema, primero,yluego a Ia formación de diferentes palses, con su ordenamiento jurIdico,sus sImbolosnacionales y su incipiente literatura. Por otra parte, Ia ciudad letradano operaindependientemente como una simple maquinaria generadora de signos,ya que seenfrenta, en todo momento, a Ia tensiOn que provoca Ia existenciade otra realidadexterna, Ia ciudad real, con Ia cual interacciona por mediode relaciones no siemprefluidas. Dice Rama: “La ciudad letrada quiere serfija e intemporal como los signos, enoposiciOn constante a Ia ciudad real que solo existe en Ia historiay se pliega a las16transformaciones de Ia sociedad” (Rama 1984, 63). Más adelante consideraremosejemplos representativos de esta problemática.La crItica ha notado que el concepto de ciudad letrada en Ia formulación deRama tiene un marcado carácter historicista. Se desprende de ello quetodos losletrados en todas las sociedades, coloniales o no, parecen haber formado parte deuna misma estructura homogenea, invariable y sin matices. Julio Ramos fue elprimero en senalar que “Ia narrativa de Rama representa el campo del poder, elcampo literario y su mutua relación, en términos de Ia permanencia de relacionesyestructuras en un bloque histórico de más de dos siglos” (70). En efecto, doscientosaños representa mucho tiempo en una época de cambios tan rápidose importantes.Mabel Moraña, por otro lado, critica el hecho de quelos procesos de institucionalizaciOn literariay las prácticas culturales elaboradasdurante Ia colonia y Ia repüblica tienden a autonomizarse del proceso histórico,politico y econômico que se sobreentiende como backgroundsobre el cual Iasociedad civil va formalizando su imaginario. (46)Estas observaciones, evidentemente acertadas,nos alertan sobre el peligro desubsumir manifestaciones disimiles en el terreno literario,ideologico y politico en unmismo modelo conceptua, ya que, en este caso, noes lo mismo el letrado de Iacolonia que el letrado de Ia repüblica. No obstante, loque Si se rescata es Ia prácticacomün de Ia literatura, aspecto desde el cual vamosa utilizar eI concepto de ciudadletrada. A los efectos de esta disertaciOn, Ia obrade Rama no se detiene a examinar el17proceso por el cual los letrados formados en Ia matriz de pensamiento del absolutismoilustrado se volvieron revolucionarios y desencadenaron los hechos de 1810. En estesentido, mi aporte, sin invalidar Ia operatividad heurIstica de Ia noción de ciudadletrada, consistirá en describir pormenorizadamente determinados aspectos literariosneoclásicos de ésta en lo que concierne a Ia formación del estado-naciôn en Uruguayy el papel protagOnico de un cuerpo de intelectuales orgánicos que lo hicieron posible.Los administradores del capital simbOlico que se manifestaba a través de Iaescritura provenlan, en general, de Ia burguesla urbana, y aunque Ilevaban a cuestasIa tradición de los letrados medievales en cuanto depositarios de saberes titiles para elmantenimiento y desarroHo del poder imperial luego de Ia fundación de lasuniversidades, eran herederos de los cambios que se hablan introducido en Iaestructura de Ia sociedad a partir del influjo del Racionalismo del siglo XVIII. Esoscambios habIan Ilevado a una progresiva sustituciôn de Ia posicion social basada enlos tItulos nobiliarios por otra en Ia que pasaba a ser preponderante Ia acumulación deriqueza. La burguesIa criolla, particularmente Ia portena,11 exitosa en el campocomercial, ocupaba asI los primeros niveles jerarquicos en Ia estructura de unasociedad que ya no se movIa dentro de los parámetros dictados por los privilegios deIa noble cuna y en donde el éxito en los negocios dependla también de Ia formaciônintelectual (Romero 1976, 161). Desde el punto de vista de su ideologla, los letradosde esta burguesIa se afiliaban al reformismo ilustrado frances, que reemplazo alreformismo espanol, moderado y monarquico,y se volvió revolucionario a partir de11 En Ia Banda Oriental, el patriciado en general (armadores, fleteros, exportadores, importadores,abastecedores de Ia plaza y muchos abogados) no fue revolucionario, sino españolista, como lo pruebasu adhesiOn a Ia corona cuando se produjo Ia insurrecciôn comandada porArtigas (Machado 44).181789. Fue esa nueva elite, contrapuesta a las minorias hidalgas y monopolistas, Iaque llevô adelante los cambios politicos, aunque a veces su devoción por los textosfundamentales del liberalismo tuvo ribetes netamente irreales.12La ideologla poiltica de esa burguesla se expresô literariamente con elinstrumental retórico, simbOlico y estético del Neoclasicismo, corriente artIsticaeuropea cuya influencia se extendió desde fines del siglo XVII hasta Ia consolidaciándel Romanticismo en las dos primeras décadas del siglo XIX. Abarcó por igual Ialiteratura, Ia arquitectura, Ia escultura, Ia pintura y Ia müsica. En eI terreno de lasletras, se lo ha asociado tradicionalmente con Ia literatura francesa y con Ia preceptivadesarrollada por Nicolas Boileau-Despréaux (1636-1711) en su L’artpoetique (1674).Rectitud, seriedad, idealismo, Ia intención de transformar el mundo -ya fuese por elavance cientIfico gradual y paciente o por un retorno a Ia simplicidad y purezaatribuidas a las sociedades “primitivas”- en un lugar gobernado por las leyesinmutables de Ia razón y Ia equidad son algunas de sus caracteristicas más salientes.El Neoclasicismo se fue desarrollando como una reacción contra el Rococo yIa forma de vida de Ia cual éste era su representante en el terreno artIstico. LoscrIticos se enfocaban fundamentalmente en las frivolidades que hablan deleitado auna sociedad altamente sofisticada como Ia francesa durante los reinados de Luis XIV,Luis XV y Luis XVI. El hedonismo y los aspectos licenciosos de Ia vida püblica -fiestasgalantes, coqueteo, voluptuosidad desembozada- fueron puestos en cuestión comoactividades amorales. El papel del artista, dentro de esta nueva perspectiva, consistió12 Las autoridades de Ia Junta Ilegaron al extremo de querer convertir al Contrato social (entraducciôn de Mariano Moreno) en el libro de lectura obligatorio en las escuelas, iniciativa que noprosperó (Halperin Donghi 41).19en fungir como una especie de sumo sacerdote en un culto a verdades eternasy auna moral renovada, un educador püblico que, a diferencia de sus predecesores enlas cortes y corrillos del poder, se debia al pueblo y no a quien lo contrataba. Estoprodujo también un cambio radical en Ia temática de las obras artIsticas. En vezdeese paralso de los sentidos que evocaba el Rococo, el arte paso a tratar temas de unanaturaleza completamente diferente: el valor de las virtudes domésticas, Ia sobriedad,el estoicismo, el sacrificio y el patriotismo, entre otros ejemplos de un camblo dementalidad radical (Honour 19). Estos contenidos, más afines al pensamientopequenoburgues, fueron los que en definitiva terminaron imponléndose.Si bien el rechazo del RococO se procesO de forma diferente de pals en pals, elNeoclasicismo se impuso internacionalmente como un estilo de caracterIsticashomogeneas. Al apelar idealmente no a los individuos de suépoca sino a los hombresen general, sin circunscribirse a perlodos especIficos, los artistasneoclásicosbuscaron Ia universalidad (Honour 29). En el campo de Ia literatura esto produjounaespecie de koiné en Ia que todos los escritores hablaban el mismo idiomaartIstico,compartlan los mismos ideales y encontraban en las mismas fuentes los referentespara leer e interpretar los acontecimientos de su tiempo. Las nuevasapreciacionesestéticas afectaron las artes en general, Ilevando a un procesode purificaciOn ysimplificaciOn de las formas. Asj, Ia pintura favoreciô loscontornos firmes einequivocos y una vista frontal en vez de las complejidadesoblicuas y sinuosas delRococO. Los pintores optaron muchas veces por una paletaa veces sombria quetendia a los colores primarios, e incluso, en arasde Ia verdad y Ia honestidad, a Ia20eliminaciôn del color y a Ia apelación a las más rudimentarias técnicas lineales.Para Jean Starobinski, el rechazo del Rococo en el terreno de Ia arquitecturabuscaba una simplicidad esencial en los materiales y en los diseños que separangonaba con Ia büsqueda de una simplicidad similar en Ia naturaleza humana(251)•13La recuperación de esa pretendida esencia, por ese entonces distorsionadaycorrompida por el relajamiento de Ia moral y las costumbres, situaba al ser humano enun mundo de verdades eternas, absolutas, simplesy universales. La tradiciôngrecorromana, que se habla popularizado notoriamente a partir de lasexcavacionesen Pompeya y Herculano y Ia elecciOn de Roma como destino de peregrinacionesartIsticas, proporcionO el marco de referenda para Ia construcciOnde un nuevosistema de valores quo exaltaba Ia austeridady combatia lo dispendioso. LareinterpretaciOn de Ia tradición clásica, ajustadaa los cambios en el paradigma ético yartIstico, abarcó también a los dioses del paganismo.La apreciaciOn de Ia mitologIa grecorromana habia experimentadonumerososcambios a lo largo de los siglos. Los diosespaganos, al servicio do intereses politicosen Ia antigua Roma, convertidos en santos o condenadoscomo demonios en elcristianismo temprano, rescatados como vInculos conIa grandeza imperial romana entiempos do Carlomagno, evemerizados por los eruditosmedievales, metamorloseadoson sImbolos por los humanistas del Renacimiento,puestos al serviclo de Ia iglesia y elestado en el Barroco o vulgarizados en las artesplásticas y literarias,14hablanterminado integrando un mundo de voluptuosidady doseo en el siglo XVIII (Honour13 “De même que Ia pierre doit redevenir pierre [sin losagregados superfluos del Rococo], et que lemur doit redevenir una surface plane et presque flue, l’homme doitrecouvrer Ia plenitude et Ia simplicitéde sa nature.”2143). Con Ia llustraciôn, los filOsofos observaron que el ataque a Ia mitologla podia serusado como pantalla para atacar también al cristianismo. La racionalizaciOn de losdioses y los mitos, ya por ser invenciones de sacerdotes o tiranos, yapor tratarse debenefactores de Ia humanidad elevados al rango de deidades, ya por serrepresentaciones de fuerzas elementales o sImbolos de Ia fertilidad, podia aplicarsetambién a las concepciones de Ia religion cristiana. El deIsmo de los fllôsofosilustrados, al rechazar lo sobrenatural y Ia intervenciOn divina, abria asIel campo a Iaprofundización del estudio de las leyes fisicasy naturales en el marco de Ia ciencia.15En el terreno de las letras, el Neoclasicismo disponia de un conjunto altamenteformalizado de reglas o preceptos técnicos para escribir poeslay también para Iavaloración de los textos. En Ia base de su preceptivase encontraba Ia idea de quecada obra ten ía que corresponder a un genero en particular, comolo establecian lasinterpretaciones puristas de Ia doctrina de AristOtelesy Horacio. Estos generosestaban dispuestos en un orden jerárquico más omenos universalmente aceptado: losgeneros clásicos de Ia epica y Ia tragedia (con maticesen cuanto a Ia preeminencia deuna y otra); Ia comedia, en sus dos modalidades:Ia elegante, propia de las clasesaltas, y Ia “baja”, o farsesca, para el entretenimientode los estratos inferiores de IapoblaciOn; Ia poesia pastoral y lirica; Ia sétiray, finalmente, formas menores de Ia IIrica14 “El triunfo de Baco” (circa 1628), de Diego Velázquez,también conocido como “Los borrachos”,muestra al dios en un ambiente informaly festivo, rodeado de bebedores vestidos a Ia usanza del sigloXVII. contrapuesto a esta representaciônpopular, distendida, un mosaico romano de Zaragoza del sigloII o III a. C., conocido también como “El triunfode Baco”, lo caracteriza en una actitud marcial, guiandoun carro tirado por tigresas y con una victoria alada,clara alusiôn a su conquista de India. De diosguerrero a animador de reuniones de dipsomanos, Ia vulgarizaciOnde Baco es patente.15 “As the gods, fauns and satyrs recededinto the background, their place was taken by men —bythewarriors, law-givers and great philosophers of antiquity”,comenta Honour (44). Este fenômeno seconstata no solo en los textos filosOficos sino tambiéri en Iapoesla y Ia prosa didáctica.22y epigramas. Cada género disponla de sus reglas particulares. En términos generales,las reglas técnicas se basaban en dos requerimientos esenciales, uno de ordenestético y el otro moral. La poesla debIa tratar 10 que era natural y probable (criterio deverosimilitud), por un lado, y hacerlo de una forma decente (decoro) (Pocock 4).En esto los neoclásicos segulan las recomendaciones de Horacio, quien, en suArte poética, sostenla que los poetas deblan expresar el carácter humano siguiendolos modelos consagrados do Ia tradición literaria clãsica.16 Es Ia tradiciôn delexemplum, que funciona en base a un sistema fijo de atributos y cuya presencia esmuy notoria en los textos de carácter épico del corpus que voy a considerar. Por otrolado, Horacio hace hincapié en que los personajes se ajusten a lo apropiado segUn suedad, sexo y situaciOn (5). En el Neoclasicismo, este criterio de verosimilitud sepresenta a Ia vez como verdad idealizada y como lo quo se esperarla normalmente enun personaje do Ia vida real, apelando a lo universalmente válido. Esto se relaciona,por su parte, con Ia idea de Ia obra de arte como Ia conjunción de lo agradabley loütil, también do inspiracion horaciana (7). De esta manera, el sistema poéticoseorganiza en función do Ia producción do textos quo sean a Ia vez estéticamenteagradables y moralmente edificantes.17Gordon Pocock destaca tres caracterIsticas principales del Neoclasicismo:16 “En describir personas ten memoria I de seguir su carácter o Ia historia .1 SeaAquiles terrible, Iviolento, audaz, intrépido, inflexible, I diga que las repüblicasy reyes, I que las humanas y divinas leyes Ison poco personaje I para que él les ofrezca su homenaje; I diga que no hay justicia declarada,I masque solo el antojo de su espada. I Medea debe ser impiay rabiosa, I mo triste y Ilorosa, / IxiOnalevoso, I Ixis errante, Orestes querelloso.” (3, 1-14).17 Pocock (91) ha notado que, para Boileau, los errores en Ia ejecuciOn de lospoemas son erroresmorales, resultado de Ia falta de autoconocimiento. Esto liga Ia creaciôn poética a unaespecie deapostolado ético, aspecto que impregna buena parte de los textos revolucionariosy patriôticosrioplatenses.23imitación de Ia naturaleza, imitaciôn de los antiguos e importanciade Ia razón. Laprimera es consecuencia directa de las ideas de verosimilitud, decoroy función moraldel arte. La imitación de los antiguos se debe no al hechode que 10 sean desde unpunto de vista objetivo, cronológico, sino porque esos creadores elaborarontextos quesuperaron su tiempo y que segulan resonando en el püblico de lossiglos posteriores.Ese mismo criterio hacla que se valoraran a los buenospoetas italianos, espanoles yfranceses y no solamente a los grecolatinos. En ültimo término,el culto de Ia razOnapunta a una version impersonal e idealizada de lo que existe comünmente,o deberlaexistir, o es considerado normal. Tiene que ver conIa verosimilitud y el decoro, perotambién incluye una suerte de racionalismo implIcito: Ia creenciade que elrazonamiento es Ia herramienta con Ia cual los crIticospueden establecer Iaimportancia de esos conceptos básicosy asi establecer reglas para Ia poesIa (10-2).El Neoclasicismo se politizO extraordinariamenteluego de los acontecimientosde Ia RevoluciOn Francesa. Si bien el conocimiento delos clásicos grecolatinosformaba pane del arsenal culturalde los hombres ilustrados del siglo XVIII, losrevolucionarios radicales dieron un paso más adelantey los leyeron como una fuentede lecciones para establecer un orden nuevo. Deesta manera, localizaron en Iahistoria de Ia antiguedad clásica Ia fuente para desarrollarIa utopia de una repüblicaideal, ya que, para ellos, los griegosy los romanos habIan inventado el concepto delibertad. Quedaba en manos de Francia Ia misiOnde difundir ese evangelio laico atodos los hombres (Hunt 28).La Grecia con Ia que sonaban los revolucionariosfranceses era Ia de los24tiempos heroicos, cuando Ia sociedad no habia sido contaminada por Ia explotaciôn, obien Ia anterior a Ia monarquIa de Filipo de Macedonia (382-336 a. C.), padre deAlejandro Magno. Este perlodo inclula grandes acontecimientos militares como lasbatallas de Maratôn, Salamina, TermópiIas y Platea, además de los logros culturalesdel siglo de Pericles, todo lo cual pasO a integrar el imaginario colectivo de Ia Franciarepublicana y se proyectó, como veremos, en el Neoclasicismo combativo de lospoetas rioplatenses. La evocación de Roma, por su parte, rescataba los austerostiempos republicanos y sus heroes valerosos, estoicosy virtuosos. Los valores quehablan cimentado Ia fama de esa epoca pasaron a funcionar no solo comodeterminantes de los estándares artIsticos sino como modelos para elcomportamientoen pUblico yen Ia vida privada (Honour 171).El culto a Ia antiguedad que practicaron los revolucionarios, especialmente elala izquierda radical de los jacobinos, llevO a que Ia influencia deIa cultura grecolatinano se limitara al piano estético. Muchos elementos simbólicostomaron nuevassignificaciones, resemantizándose para servira los intereses revolucionarios. Uno delos más caracterIsticos es el gorro frigio, antiguamenteusado por los libertos romanosy ahora sImbolo de libertad. Las coronas de laurel, antes emblemade Ia fama inmortalde los poetas y los vencedores en los juegos olImpicos, pasarona ser usadas por loslIderes republicanos y luego por Napoleon, ya emperador.Las fasces de los lictoresromanos fueron atributos de los magistrados revolucionariosy más tarde, con eladvenimiento de Ia Tercera Repüblica (1870), integraronel escudo de Francia.Similarmente, las águilas de las legiones de Romase convirtieron en insignias de los25ejércitos republicanos. La vida cotidiana se llenó de muebles, adornos y vestimentasal estilo antiguo; las calles cambiaron de nombre para honrar a Bruto, Escévola,Fabio, todos ellos grandes heroes de Ia Roma republicana, e incluso ciudadesypueblos fueron rebautizados para borrar referencias medievales o cristianas (Highet396). Esta floración de referentes clásicos en el entramado social se aplicô incluso alos recién nacidos, los cuales frecuentemente reciblan nombresde heroesgrecolatinos (Hunt20)18Por otra parte, Ia fraseologIa oficial adoptó antiguos términos comoconsul,senadoconsulto, tribunado, además de suplantar el calendario gregorianopor uno enel que los meses Ilevaban nombres de tIpica raigambre latina,como Floreal, Fructidor,Germinal, Messidor y Pluvioso. La exaltaciOn de Ia antiguedad clAsicase impusotambién en Ia estatuaria, con bustos de legisladoresgriegos y generales romanosportando coronas de laurel en Ia sala de Ia Convención delPalaclo de las Tullerlas, yen obras arquitectônicas como el Arco de Triunfo,el Panteôn y Ia iglesia de IaMadeleine, que inicialmente fue pensada comoun templo a Ia Gloria (Highet 397).Otro de los campos en que los clásicos tuvieronun nuevo protagonismo fue Iaoratoria. Basados fundamentalmente en Cicerón,los discursos proporcionaban un ricoreservorio de anécdotasy paralelismos histOricos fácilmente adaptables a Ia realidaddel momento revolucionario. El enfrentamientodialéctico con el antiguo regimen y Ianecesidad de presentar al nuevo orden socialy politico como un proyecto viable,18 SImbolos como los mencionados fueronutilizados con criterios pedagOgicos en Ia formaciôn do Iaconciencia cIvica en America, tanto a nivel de referenciasliterarias como en manuales escolares,cuadros y esculturas. BurucUa et al. (1990)y Lomné (1990) han estudiado esta simbologIa en Argentinay Venezuela, respectivamente.26además de requerir claridad y precision de Ia enunciación, hizo que muchas veces segeneraran enunciados de tipo augural, sentencioso y profético (Starobinski 240). Lapresencia de estos elementos es detectable en los textos neoclásicos rioplatenses,incluso en Ia poesIa, que muchas veces fue escrita por quienes tambiéndesempeñaban actividades forenses.En resu men, el rescate de Ia tradición clásica Ilevô no a una añoranzaanacrônica de una perdida edad de oro, sino a una proyecciOn a futuro de unaempresa que se estaba construyendo cotidianamentey que tenIa como sustentofundamental Ia idea de que los hombres estaban dotadosde una serie de derechosinherentes a su condición humana. La revoluciôn se propusoinstituir un ordenhomogeneo y generalizado en el que esos derechos fuesenreconocidos, respetados yejercidos. En Ia práctica, las acciones emprendidaspor el Tercer Estado frances sehallaban guiadas por el principio de un mismo derechopara todos los hombres y Iaigualdad de todos frente a aquel (Starobinski233). Este ideal permeó los movimientosemancipatorios latinoamericanos, fundamentalmenteen Ia etapa inicial, cuando sequiso Ilevar Ia revolución a toda America con losejércitos de José de San MartIn ySimon Bolivar. Aunque el Neoclasicismo estuvoligado originalmente a modelosmonárquicos do corte absolutista, su asociacióncon los ideales republicanosimpulsados por Ia experiencia revolucionaria enEstados Unidos y en Francia loconvirtió en el estilo oficial do las nuevas entidadespoliticas que se iban formando enel territorio de las colonias. Para Emilio lrigoyen,esa transformaciOn se explica porqueesos poderes aparentemente tan distintos compartenel hecho de promover una idea27comün de identidad colectiva y de establecer un gobierno fuertemente centralizado.En una vision tradicionalista de Ia historia, el Neoclasicismo, con su apelaciOn a unpatrimonlo cultural enraizado en Ia cultura grecolatina y por tanto comün a todoOccidente, funciona como un reservorio de simbolos y referentes al que se puedeapelar en todo momento para crear o reforzar una identificación con los valoresencarnados en dicha tradiciOn cultural. La monumentalidad, el idealismo y elahistoricismo de ese modelo estético-ético, asimismo, se identifica muy bien conproyectos politicos de corte autoritario, como ocurriO en los siglos XVII y XVIII con elabsolutismo (22).Bases ilustradas del discurso politicoLa instrumentaciOn del proyecto politico-social de los revolucionariosrioplatenses requiriO de una modificación de los lenguajes y prácticas discursivasheredadas del regimen colonial -incluyendo una reestructuración del teatro, losrituales, las ceremonias y las manifestaciones populares- para adaptarlos a las nuevasrealidades que se iban gestando. El periodo que nos interesa en esta disertaciôn (de1811 a 1837) se caracteriza precisamente porsu naturaleza emblemática y poética, enel cual se plantea una intensa labor de sustituciOn simbOlica del antiguo ordenneoclásico del absolutismo ilustrado español por nuevos emblemas, sImbolos,alegorIas e himnos para las jOvenes naciones (BurucUa 2003, 435). De esta manera,sobre Ia base de las estructuras ideologicas del poder colonial se adoptan elementosde Ia tradiciOn iconográfica europea que habIan sido resemantizados por Ia Revolución28Francesa, como las fasces romanas y el gorro frigio.19 También se recuperó Ia imagendel indIgena y se incluyeron peculiaridades del paisaje, Ia flora y Ia fauna locales.20 Elmito solar de Ia Revoluciôn Francesa, que habla sustituido al del sol monárquico, fueresignificado en Ia figura del Inti peruano (Malosetti1186).21Airededor de 1830, Ia tarea de creación de una doctrina politicay revolucionariahabla logrado cristalizar dos mitos compartidos por casi todos los nuevos palsessudamericanos: el mito revolucionario universaly el mito americano indIgena.22 Elprimero partla del supuesto de que Ia revolución independentista era un capitulodeuna larga cadena de hitos que habla comenzado en Ia Holandadel siglo XVI y en IaInglaterra del siglo XVII (Burucüa 2003, 453). Ese movimiento habla continuadoluegocon Ia revolución en Estados Unidos en 1776-1 787, netamente liberal,y con losacontecimientos en Ia Francia de 1789-1 795. El ejemplofrances inspirô Ia revoluciónhaitiana de 1791-1 804, pionera en abolirla esclavitud (Romero1977 1: 81). Siguiendoeste esquema de corte teleologicoy providencialista, Ia emancipación en AmericaLatina parecla estar destinada a trascender las fronterasde Ia patria e incluso delcontinente, apareciendo como un componentede Ia gran tarea de realizar eI destinohistórico de Ia modernidad a nivel planetario.Juan Bautista Alberdi lo habla expresado19 En America Latina, las fasces figuran en el escudo deEcuador, mientras que el gorro frigio estárepresentado en los escudos de Argentina, Bolivia, Colombia,Cuba, El Salvador y Nicaragua (imagenes2, 3).20 Unos pocos ejemplos en los escudos de paises americanos:huemul y cOndor (Chile); condor(Colombia y Ecuador); vicuña y árbol de quina (Peru);quetzal (Guatemala) (imagenes 4, 5, 6).21 El sol figura en los escudos deArgentina, Bolivia, EcuadoryUruguay, entre otros simbolosnacionales (imagen 7).22 BurucOa y Campagne entienden por mitos “los lugarescomunes por donde suelen transitaryexpresarse las actitudes colectivas o las emociones sentidas en sociedad,esos sitios retOricos quepueden servir como parte de un lenguajey de un discurso sobre los que se asienta el mecanismo deidentidad de los grupos humanos” (453).29claramente en 1837: “La causa, pues, que ha dado a Iuz todas las republicas de lasdos Americas; Ia causa que ha producido Ia Revoluciôn Francesa, y Ia próxima quehoy amaga a Ia Europa, no es otra que esa eterna impulsiôn progresiva de Iahumanidad[...]Nuestra revolución es hija del desarrollo del espIritu humano, y tienepor fin ese mismo desarrollo” (en Wasserman205).23Muchos americanos deprincipios del siglo XIX creyeron incluso que los logros de las revolucionestriunfadoras igualarIan o hasta opacarlan los de Europa, generando esasrimbombantes afirmaciones de grandeza y prestigio que veremos más adelante alanalizar algunos de los textos de nuestro corpus. Como ha señalado Antonio CornejoPolar, esta literatura“[...]forja imágenes que responden fundamentalmente alaprendizaje de ciertos modelos conceptuales que no tienen casi raices reales en elámbito de Ia nación y que por eso mismo suponen Ia actuaciônde una cierta fantasiamás o menos socializada” (53). Por ello, el fracaso de tales pretensionesno muchotiempo después, incapaces de verse realizadas en el piano empIrico,mostraron que IaideologIa subyacente en tales aspiraciones de desarrolloy progreso, Ia burguesa, nocorrespondla a las condiciones económicasy sociales de los paIses Iatinoamericanos.En otras paiabras, ni Ia sociedad ni los mediosde producciOn estaban preparadospara servir de soporte a ese “gran salto adelante” que propugnabanlos escritoresneoclásicos, para los cuales los cambios sustancialesestaban al alcance de Ia mano.El segundo mito recuperaba el pasado de los pueblos indigenasque hablanvivido en libertad hasta Ia Ilegada de los conquistadoresespañoles. En Ia conciencia23 El marxismo, especialmente luego del triunfo de Ia Revoluciônde Octubre, se propuso un objetivosimilar desde Ia perspectiva del proletariado.30de los nuevos ciudadanos, esa evocación creaba una continuidad absolutamenteimaginaria entre las naciones nuevas y aquellas sociedades y protoestadosprehispánicos (Burucüa 2003, 453), aspecto que consideraremos con más detalle ensu aplicación al caso uruguayo en el capItulo 3.El republicanismo rioplatense que se gestó a partir de Ia Revolución de Mayo, apesar de los intentos de establecer una monarquIa en el sur de America, de los cualesManuel Belgrano fue uno de los principales propulsores,24es esencialmenteracionalista y secular, aunque no antirreligioso. Enfatiza conceptos tales como elpatriotismo, Ia militancia polItica, los derechos del hombre, el interés püblico, Ia ideade ciudadanha y Ia afirmación de Ia soberanla popular. Estos caracteres se yencorroborados por los principales documentos y medidas de Ia revolución rioplatense,en los cuales se impugna el culto a Ia personalidad, se exalta Ia libertad de expresiOny se aseguran el debido proceso judicial, Ia reforma del sistema carcelario, el respetoa Ia privacidad y el amparo a los desvalidos. Las modificaciones afectaron otrasestructuras heredadas del perlodo colonial: Ia filosofla empezó a ser profesadaporlaicos y en lengua vernàcula, se acentuO el interés por los asuntos contemporáneosen lugar de Ia historia clásica y sagrada, las escuelas del rey fueron reemplazadasporlas escuelas de Ia patria y un porcentaje apreciable de frailes, en oposiciona Iaprédica del papado, se inclinó por Ia independencia. Muchos autoresantes sepultadosen el olvido volvieron a ser popularesy se asociaron con nuevos nombres del24 Belgrano habla viajado a Europa para sondear el ãnimo de las potencias encuanto a Ia posibleindependencia de las Provincias Unidas y Ia forma de gobierno que adoptarian.Su informe destaca Iaconveniencia de una “monarquia temperada” o parlamentaria a cuya cabeza se encontraria “Ia dinastIade los Incas por Ia justicia que en sj envuelve Ia restituciOn de esta casa tan inicuamentedespojada deltrono” (Romero 1977 2: 210).31pensamiento cientIfico europeo. Voltaire y Rousseau fueron seguramente los dospensadores más divulgados en Hispanoamérica durante el perlodo independentista(Biangini1315).25En ese sentido, uno de los grandes hitos de Ia epoca fue Ia AsambleaConstituyente de las Provincias Unidas del RIo de Ia Plata, que sesionó desde 1813a1815. Se vertieron allI conceptos muy avanzados: Ia supresion deIa servidumbre,26Iatortura, los tItulos nobiliarios, los juramentosy Ia invocaciôn a Dios en los juicios ycontratos. Se sostuvo también Ia virtud como recompensa, Ia separacionde poderes yIa oficialización de los simbolos patrios.27 Los fundamentos espiritualesde estasmedidas y anhelos fueron Ia concepción de Ia libertady Ia independencia de lasnaciones como atributos connaturales, Ia defensa de los débilesy los oprimidos, Iasubordinaciôn absoluta a Ia ley, Ia función regeneradoradel Estado y Ia autonomiaterritorial eclesiástica, todo ello “en nombre deIa filosofia del nuevo siglo y paramitigar Ia barbarie” (Biangini 132).Esa filosofIa inclula Ia creencia en el valor universalde Ia razón, el rechazo alas tradiciones consideradas retrôgradasy Ia posibilidad de eliminar sübitamente Iarémora de un pasado de opresion para crear una nacionalidadmediante mecanismos25 Sin olvidar a Gassendi, Locke, Newton, Adam Smithy Bentham.26 Aunque Ia Asamblea ratificô que todos los indios delas Provincias Unidas eran “hombresperfectamente libres y en igualdad de derechos a todoslos demás ciudadanos que las pueblan’ymandô que se tradujera el decreto al guaranI, quechuay aymará (Romero 1977 2: 310), Ia situaciOn realde los indigenas no fue acompanada de medidasprácticas que revirtieran el racismoy Ia marginaciôn.En muchos casos, el genocidio fue Ia forma más radical desolucionar definitivamente el problema de suinserción en Ia sociedad “liberal”.27 Se sostuvo en Ia Asamblea que “La virtud es Ia mejorrecompensa de Si misma, y ningUn verdaderorepublicano puede aspirar a otra gloria,que a Ia de merecer el elogio de sus conciudadanos,y oIrpublicar sus nombre con los labios de Ia gratitud... Es undeber propio del cuerpo legislativo honrar almérito, más bien para excitar Ia emulación de las almasgrandes que para recompensar a Ia virtud quees el premio de si misma” (Romero 1997 2: 308).32legales. Pese a Ia importancia dada al contrato social y al valor de Ia soberanIapopular, Ia llustraciôn sostenla que el gobierno debla sustentarse en una elite educadaa cuyo cargo estarla Ia instrucción de las masas incultas, cuya ignorancia era, enültima instancia, el origen de todos los males. Se establecla asI una diferenciaciónjerárquica segün Ia cual una vanguardia minoritaria, depositaria de los idealesde Iaciencia y Ia modernidad, se encargarla de Ilevar las luces de Ia civilización a unapoblación que vegetaba en el oscurantismo (Cornejo Polar49).28El hilo de Ariadnapara salir de esa situaciOn era el progreso. Esta formulaciôn, por provenirde unaposición eminentemente clasista y elitista, se enfrentô muchas veces con Ia realidadde una percepción diferente de los fenómenos socialesy econômicos a cargo de otrossectores menos proclives a hacer suyos los ideales de Ia minorIa ilustrada,ya fuesepor intereses diferentes o por una formación intelectual alejadadel mundo letrado. Alser Ia llustración una ideologia venida de fuera y no elaboradaorganicamente en elseno del cuerpo social, resultó inevitable Ia presenciade conflictos entre Ia opinionpüblica que se pretendla formar y Ia minorIailustrada que generaba el discurso de Iamodernidad (Cornejo Polar 50). En ültima instancia, esosantagonismos se dirimirlanen funciôn de dos rasgos fundamentales: cómo se lelanlas necesidades del cuerposocial desde cada perspectiva y con qué recursos secontaba para imponer una u otralectu ra.La minorla ilustrada encontró en las asociacionespatriOticas un ámbito idOneopara Ia discusiôn del pensamiento liberal. Su historiaen Europa se remonta a los28 La perversion de los ideales revolucionariosy el beneficlo de las minorlas cultas a expensas de IapoblaciOn comprendida en esa caracterizaciOn aparece documentadaen muchos textos de Ia literaturagauchesca, como se vera más adelante.33inicios del siglo XVIII, cuando aparecieron las primeras logias masônicas y otrasagrupaciones motivadas por los ideales de Ia llustraciôn. En America, asI como enEspaña, las logias masónicas fueron de aparicion más tardla (principios del siglo XIX).A semejanza de las Sociedades Económicas de Amigos del Pals de Ia Españadieciochesca (asociaciones civiles que promovIan mejoras en Ia agricultura, Iaindustria, el comercio y Ia educaciOn), en America Latina se formaron las Sociedadesde Amigos o Sociedades Patrióticas, de las cuales habia ejemplos en Veracruz, Limay Santiago de Cuba ya en 1780. Estas sociedades americanas terminaron volviéndoserevolucionarias e independentistas como sus integrantes, básicamente criollosperjudicados por el monopolismo español, letrados con inclinaciones liberales oambos. En el Rio de Ia Plata este fenómeno fue tan tardlo como Ia primera imprenta yel desarrollo de Ia prensa periOdica: Ia idea de fundar una Sociedad Patriótico-Literariaen Buenos Aires data de 1801 (Gonzalez Bernaldo 569). Su presidente, Manuel Joséde Lavardén, era abogado, periodista y saladerista; en suma, un tipico letradoempresario que, además, es considerado un precursor de Ia Revoluciôn de Mayo.29Por Ia dinámica de funcionamiento de estas sociedades, Ia relación entreindividuos ya no ligados por su pertenencia a una clase social sino a una comunidadde personas con un interés comün terminO modificando el antiguo vinculo relacionalheredado de Ia colonia. En Ia epoca revolucionaria, Ia idea de una relación de tipocolonial ya era anacrônica y reaccionaria. Todas esas asociaciones -clubes,29 “Sábese que muriO en el mar, antes del 25 de mayo de 1810, razón que nos explicaIa ausencia desu nombre en los fastos de Ia RevoluciOn argentina, que iba a realizar las cosas soñadas ensu juventudoptimista y cantadas, entre Ia corte de los ‘poetas menores’, por los aplaudidos versos desu madurez”,dice Rojas (1960 4: 491) aludiendo a sus años de estudiante liberal en Chuquisacay a su Oda a!Paraná.34sociedades patrióticas, logias, tertulias- tenIan un fin estrictamente politico:insurrección e instauración de un nuevo sistema. Debatir, disentir, saber escuchar,plantear opiniones, tomar decisiones, fueron actividades determinantes en elestablecimiento de las bases para el ejercicio de Ia soberanIa (Gonzalez Bernaldo573). Con todo, Ia formaciôn de un espIritu crItico y liberal ya venla anticipado por Iaeducaciôn que segulan los futuros letrados.Los sacerdotes en Ia vanguardia de Ia revoluciónEn el Rio de Ia Plata, Ia formaciôn intelectual de Ia elite neoclásica estuvointrInsecamente vinculada a Ia educaciôn, central en Ia diseminaciOn del idearioilustrado, que fue impartida por las órdenes religiosasde los jesuitas y losfranciscanos.3°La CompaflIa de Jesus tuvo prácticamente el monopoliode Ia mismahasta su expulsion en 1767. El papel renovadorde estas dos Cong regaciones en elámbito del pensamiento fue de una importancia capitaly se desarrolló en dosaspectos: 1) Ia educaciOn de los jOvenes criollos en las doctrinasliberales estableciôel semillero de donde saldrIan los futuros Ilderesde Ia emancipaciOn, y 2) Iaparticipación efectiva de muchos clerigos -educadoreso intelectuales- en el procesorevolucionario, primero, e institucional después,ubicô a personalidades eclesiásticascapaces y muy bien formadas en puestosestratégicos de Ia administraciôn de losnegocios publicos.En Ia Banda Oriental, el itinerario educativode los jOvenes comenzaba en30 En Montevideo, los franciscanos se establecieron en 1743. Tresaños mãs tarde se furidO unaescuela primaria jesuita, donde se enseñaba doctrina cristiana,lectura, escritura y aritmética. En 1760se habilitó el segundo colegio jesuita de primeras letras,al que se le agregó un curso de latin y en 1786un aula de filosofIa, ya bajo Ia administraciOn franciscana(Rela 1998 1: 132; 195).35alguna de las dos escuelas de primeras letras gratuitas (una a cargo de losfranciscanos y otra con preceptores seculares), o bien en instituciones privadas(ReyesAbadie 2: 110). La enseñanza secundaria se brindaba en el Colegio de SanBernardino, formación que no era para nada deficiente: quien serIa el primernaturalista oriental, Dámaso Antonio Larranaga, habla egresado de sus aulas losuficientemente bien preparado como para continuar sus estudios superiores enBuenos Aires (Cayota 116). Los cursos que se impartIan en San Bernardino inclulangramática, retórica, latin, filosofla y teologia. Se estudiaba también fIsica, consideradapor los franciscanos una herramienta ütil no solo para comprender mejor el mundosensible sino para refutar las peligrosas doctrinas delos ilustrados.31La suerte de los profesores franciscanos del colegio estuvo estrechamenteligada a los sucesos de Ia emancipación del Riode Ia Plata. Tres dIas después de Iaprimera gran derrota de los españoles en Las Piedras, ochofrailes, varios de ellosdocentes, fueron expulsados de Ia ciudad por orden del Virrey ElIo.No era paramenos, teniendo en cuenta que las autoridades los consideraban“consejeros eideOlogos de Ia RevoluciOn Oriental” comandadapor José Artigas, ex alumno delmismo colegio (Cayota 118).Para los estudiantes que deseaban cursar una carrerauniversitaria, lasopciones más viables eran Côrdoba o Charcas.Ambas favorecieron el estudio,31 Fray Manuel Maria Trujillo, Comisario General de Indiasde Ia orden franciscana, habia escrito en1786 que el estudio de Ia fIsica era un arma fundamentalpara “refutar vigorosamente el Emillo, elDiccionarlo Fiosófico, el Sistema de Ia Naturaleza, el Examende Ia Religion, las Cartas Persianas ysemejantes monstruos de Ia impiedad, abortados por los incrédulosde este siglo para combatir Ia iglesiay echar portierra Ia religion” (Cayota 118). Cabe preguntarse si el estudiode Rousseau, Voltaire, Linneo,Dumarsais y Montesquieu con el propósito de refutarlosno habria terminado por ganar Ia adhesiOn delos mismos sacerdotes que esperaban combatir sus ideas.En todo caso, Ia emancipaciôn cosechó losréditos de estas diatribas.36aunque no necesariamente Ia aceptaciOn completa, del pensamiento cientIficoeuropeo más avanzado (Descartes, Gassendiy Newton). En particular, Ia inclusion deIa fIsica experimental en el programa curricular fue considerada un beneficiopara IaformaciOn cultural de los egresados y una ventaja sustancial para las actividadesproductivas de Ia sociedad. Educacióny mejoramiento social, pues, iban de Ia mano, yen esto Ia vision religiosa más progresista coincidia con Iade los filôsofos que tanencarnizadamente se pretendla combatir.32 El contraste de ideasy el frecuentarautores diversos debe haber sido una poderosa herramienta para profundizarelsentido critico en los estudiantes más propensos al librepensamiento,con importantesconsecuencias para Ia elaboraciôn del programa revolucionario.Las mismasautoridades religiosas ponIan a Ia razôn por encima de las posturasparticulares de losfilôsofos, incluso Ia de los más reputados pensadores cristianos.33No sorprende,pues, que en esas universidades se haya cuestionado elespiritu de casta que existIaen el pensamiento colonial y se haya formadoIa generación de 1810 que llevOadelante el proceso revolucionario en el virreinatoe incluso más allá de sus lImites,como lo hicieron José Manuel Rodriguez de Quiroga,gestor de Ia revolución de Quito(agosto de 1809), y Mariano Alejo Alvarez, precursorde Ia independencia peruana.34Jaime Zudáñez, quien tuvo un importante papelen Ia elaboración de las32 En un informe al rey Carlos IV se decla que ese cambioen el programa “[i]mporta mucho para Iajurisprudencia, para Ia náutica, para conocimientoseconômicos, comercio... no sOlo saldrán mejoresteôlogos, que con su literatura iluminen los pueblos...,sino también sujetos bien dispuestos para todaslas clases productivas del estado’ (Siebzehner 198).La OraciOn Inaugural de Larrañaga al inaugurarseIa primera biblioteca pOblica recoge un pensamientosimilar.33 El ya citado fray Trujillo habla escrito en una pastorala su grey americana que “Ni PlatOn, niAristOteles, ni todos los heroes de Ia Grecia literaria,ni Santo Tomás, ni Escoto[...]tienen facultad paraligar los pies a Ia razOn, ni pueden obligarla aque les preste sus homenajes” (Reyes Abadie 2: 112).34 De esas aulas egresaron, entre otros, JuanJosé Paso, Mariano Moreno, Juan José CastelliyBemardo Monteagudo, todos ellos importantesfiguras de Ia Revolución (Zum Felde 1941, 35).37constituciones de Chile, Argentina y Uruguay, se formó también en ese ámbito (Biagini140).Un rasgo particular de Ia emancipacion es Ia gran acogida que tuvoésta entrelos miembros del clero. Cabria preguntarse cuáles fueron las motivaciones queIlevaron a esta toma de partido tan generalizada. La tradición liberaly progresistaespañola en Ia Ilnea de Benito Feijoo pod na ser una posibilidad, o bien el vacio depoder generado por Ia expulsion de Ia CompanIa de Jesus, que habrIa producido unadisponibilidad de puestos dave en una sociedad sujeta a un nuevoordenamientopolitico. Por otro lado, para algunos sacerdotes Ia causade Ia revoluciOn formabaparte de un plan divino. Uno de los más radicalesy crIticos, el franciscano Franciscode Paula Castañeda, sostenIa que “vuestros dulces hijos, que no sin soberanoacuerdo han sido mejorados en dones, en graciay en abundancia de carismas, comoque al fin están predestinados por Ia Divina Providencia,para acabar y perfeccionar Iagrande obra de nuestra libertad” (Siebzehner 154). Lalectura que hacian algunosclerigos del proceso revolucionarlodesde una perspectiva religiosa implicaba unaintervenciôn sustancial en el orden secular,cuyas imperlecciones, nacidas de Iafalibilidad humana, requerian ser corregidas activamente,y esos sacerdotes noescatimaban esfuerzos para lograrlo. AsI lo testimonianlas quejas del gobernador deMontevideo Gaspar de Vigodet: “Los pastoreseclesiásticos se empenan en sembrarcizaña, en enconar los ánimos y alterar el orden[...}los curas han sido los másdeclarados enemigos de Ia buena causasin exceptuar uno” (Machado 44). Las tareasde agitaciOn y propaganda en el seno de una poblaciOnfundamentalmente analfabeta38destaca Ia funciôn del clero como vanguardia de Ia revoiución y asimismo el valor deIa prédica oral, particularmente en Ia campana, donde poblaciones enteras,gaivanizadas por los discursos de los sacerdotes, se plegaban continuamente a lasfuerzas rebeldes.35Los sacerdotes no solo soliviantaban a su feligresia contra las autoridadesespanolas, sino que también participaban activamente en el piano militar, como anteslos religiosos guerreros del imaginario epico medieval (el arzobispoTurpin en IaChanson do Roland, el obispo don JerOnimo en el Poema de MbCid y el fraile Tucken Ia leyenda de Robin Hood). El primer gran triunfo de los orientales(Las Piedras, 18de mayo de 1811) contó con dos clerigos en los primerospuestos de combate. Lossacerdotes José ValentIn GOmezy Santiago Figueredo, segün reza el parte militarredactado por Artigas,no contentos con haber colectado con celo varios donativos patriOticos,conhaber seguido las penosas marchas delejército, participado de las fatigas delsoldado, con haber ejercido las funciones asu sagrado ministerio en todas lasocasiones que fueron precisos,se convirtieron en el acto de Ia batalla en bravoscampeones, siendo de los primeros que avanzaronsobre las filas enemigas condesprecio del peligro y como verdaderos militares.(Rela 1998 2: 65)La revoluciOn y los cambios que Ilegaron despuésbrindaron oportunidades35 El cura Santiago Figueredo, pàrroco de Florida, le escribIaa Artigas poco antes de Ia batalla de LasPiedras: “Toda Ia gente de que constan las seis partidasde mi compresiOn están prontas a reunirse enel momento que se acerquey yo por mi parte, quedo formalizando una compania de vecinoshacendados que en mi compania se agregaràa servir de voluntarios” (Cayota 184).39para que algunos de esos prelados-soldados se destacasen en otros pIanos, comosucediô con Valentin Gómez, quien llego a ser rector de Ia Universidadde BuenosAires en 1826 (Calvo 197). Hay que subrayar tamblén el papel pionero de muchossacerdotes en el campo de Ia literatura. En Ia Banda Oriental, tres de ellos -JoséManuel Perez Castellano, Dámaso Antonio Larranaga, Juan Francisco MartInez-,además de apoyar Ia revolución, aportaron al desarrollo de Ia cultura local. Las obrasde estos clerigos, que serán examinadas en los capitulos siguientes, no rompieron Iacontinuidad con los hábitos de escritura de Ia epoca,36 pero tuvieron el mérito deestablecer una relectura de Ia tradición culta en dave progresista, ilustradayrepublicana, y de hacerlo desde tierras hasta entonces prácticamente virgenesde unatradición literaria. En este sentido, fueron auténticos precursores.El ejemplo de los sacerdotes revolucionarios ilustra el vInculo entre Ia formaciôncultural de cuño clásico y Ia tendencia progresista en lo social y politico, dos aspectosremarcables en el Neoclasicismo latinoamericano en general. Es comün a los letradosde Ia epoca, eclesiásticos o no pero en definitiva formados en Ia misma matriz delpensamiento liberal, insistir en lo que Roggiano sintetiza como “un humanitarismosocial con los ojos puestos en lo inmediato, Ia naturaleza, los trabajos del hombre, losbeneficios del progreso y todo lo que pueda garantizar el destino personaly elcumplimiento libre de Ia condición humana” (278). Estos aspectos aparecenilustradosen el discurso con el que se inauguro Ia primera bibliotecapUblica de Ia ProvinciaOriental, a cargo de Dámaso Antonio Larranaga:36 Formal y estilisticamente, no innovaron en los géneros que desarrollaron(teatro, literatura didácticay oratoria), pero en el Neoclasicismo innovar no era Ia cuestiOn.40Hay que abrir caminos, elevar caizadas, construir puentes, hacer canales, ponercompuertas, limpiar vuestro puerto, rehacer el muelie, fabricar arsenales,fortificar el recinto, traer aguas potables, levantar pianos, distribuir Ia campana,secar pantanos... Todo hay que hacer porque estamos en una infancia poiltica.(44)Esos ambiciosos proyectos tardaron años en encaminarse, pero resuitaevidente ei sentido práctico de las palabras del sacerdote, más propias de unestadista que de un eclesiástico. Esto ratifica Ia estrecha relaciôn entre eipensamiento ilustrado, Ia formaciôn intelectual proporcionada por los sectores másprogresistas de Ia iglesia y Ia militancia polItica, todo en uno. El papel del ciero comopedagogo y generador de espacios de discusiôn crItica en términos de formaciónpoiltica se ye subrayado por el importante aporte de quienes participaron,en su doblecondición de soldados y poetas, durante Ia emancipaciOn orientaly las sucesivasluchas contra Portugal y Brash, como veremos en el apartado siguiente.La pluma y Ia espadaEn Ia historia de Occidente, el ejercicio conjunto de las letrasy las armas es untema recurrente por lo menos desde los tiempos de Esquilo,quien peleô en Ia batallade Maratón contra los persas (490 a. C.). Otro de los grandes ejemplos del soldadoculto es Julio César, de quien se conserva su relato de Ia campanade las Galias (58-49 a. C), de Ia que fue vencedor, asI como una historiade Ia guerra civil (49-48 a. C.)en Ia que tuvo un papel protagonico. En Ia literatura en Iengua castellana,es Ia41Espana del Siglo de Oro Ia que ha dado los ejemplos más célebres de este maridajeentre Ia pluma y Ia espada. Garcilaso de Ia Vega, Cervantes, Lope de Vegay CalderOnfueron a Ia vez soldados y eximios literatos que ocupan un lugar de primernivel en Ialiteratura mundial, donde también tienen su sitial los soldados-cronistas queacompanaron a los conquistadores a America, como Alonso de Ercillay Züniga, autordel poema épico chileno LaAraucana (1 569-1 589).Idéntica situación se dio en el Rio de Ia Platay en particular en Ia ProvinciaOriental, donde Ia educación y el ejercicio de las armas fueroninstitucionalizadoscomo parte de Ia polItica de estado esbozada en el Proyectode constitución para IaProvincia Oriental de 1813. Su artlculo 3 estableceque “se tendrá por ley fundamentaly esencial que todos los habitantes nacidos en esta Provincia precisamente handesaber leer y escribir”, mientras que el 15 dispone que,“siendo necesaria a Iaseguridad de esta provincia una milicia bien organizada,todos los habitantes de ella,precisa e indispensablemente han de saber elmanejo del arma” (Romero 1977 2: 18-9), disposiciôn en Ia que resuenan lejanosecos de Ia Constitución de los EstadosUnidos y su segunda enmienda, que garantiza el derechoa portar armas.37Los letrados-soldados desempenaronun importante papel en el desarrollo de Ialiteratura uruguaya. En Ia mayorIa de loscasos, sin embargo, Ia “vocinglera fama”quelos acompano en vida enmudeciô tambléncon su muerte. Quienes tuvieron mejorfortuna - poqulsimos- sobreviven comonombres sin referente en Ia guIa do callesdelas ciudades uruguayas,y no precisamente por el mérito de su obra en el campode37 “A well regulated Militia, being necessary tothe security of a free State, the right of thepeople tokeep and bear Arms, shall not be infringed” (Vile 137).42las letras, sino por su actividad püblica o militar. El compilador de El parnaso oriental,Luciano Lira, sin embargo, es Ia excepciOn. Porteño, militar de carrera (llego a recibirel grado de capitán), emigrO a Montevideo en 1828. Habla caido el gobierno deBernardino Rivadavia y las luchas entre unitarios y federales ya anticipaban los añossangrientos de Ia Guerra Grande (1839-1851). En Uruguay, Lira se dedicó a Iaenseñanza, primero como preceptor en Ia Escuela Normaly luego como fundador, en1833, de “El Ateneo”, establecimiento de primeras letras para niñosy niñas. Elinstituto, supervisado por “damas y caballeros orientalesy argentinos”, apuntaba a lasnecesidades educativas de “Ia clase pobre del Estado”, para Ia cual ofrecia cursos delectura, escritura, aritmética, gramatica, costura, bordado, müsica, pianoy frances(Pivel 1981 b, Xl). Lira fundó también el canon literario de Ia joven repüblica uruguayaal editar Elparnaso oriental, de modo que este “pardo algo letrado”,como lo describeZum Felde con inocultable racismo, “vino a ser asI el primer ‘editor’de libros habido enel pals” (1941, 57). Aunque miembro de una de lascastas tradicionalmentemarginadas de Ia sociedad desde los tiempos coloniales,Lira integra con tododerecho Ia comunidad intelectual de Ia ciudad letrada, Ia cual, funcionalalNeoclasicismo, no distingue matices personalesni lugar de nacimiento, sino sOlo unadevoción a Ia religion del libro como condiciOnde ingreso en funciOn de Iauniversalidad de sus presupuestos.El autor de Un paso en el Pindo, Manuel Araücho, fuesoldado, poeta, traductor(manejaba el frances y el ingles) y practicante de medicina.Nacido en Montevideo en1803, se iniciô muyjoven en Ia carrera militar: a los 14años era cadete y a los 16 ya43habla sido tornado prisionero en uno de los tantos enfrentamientos entre federales ycentralistas en Ia provincia de Santa Fe. Tenia 22 años cuando se enrolô en losejércitos que corn batieron al imperio brasileño luego del desembarco de los Treinta yTres Orientales. En octubre de 1825 peleô en Ia batalla de SarandI, donde obtuvo elgrado de mayor (Pivel 1981b, XL). Su actividad militar no le impidió dedicarse alcultivo de las letras: además de participar en Ia campana de Brasil, publicó en unperiódico bonaerense su Carta de un gaucho a un proyectista del Banco de BuenosAires, en lenguaje gauchesco. Escribió tarnbién un unipersonal que se representó enuna funciOn solemne para celebrar Ia elección del presidente Fructuoso Rivera (1830)y una oda Ala batalla de ltuzaingo que fue lelda püblicamente (Rela 1969, 21). En1835, pocos meses después de Ia aparición de El parnaso oriental, Araücho fueascendido a teniente coronel de caballerla y Un paso en el Pindo se convirtió en elprimer libro de autor uruguayo publicado en el pals (Ayestaran 1950, 44-5).Manuel Araücho se desempeno también como medico. En los ratos de ocio quele deparaba Ia carrera de las armas Ieyó libros de medicina y se convirtió en unabanderado del “Método de Le Roy”, basado en Ia acción de un poderoso depurativo.Después de trabajar en Buenos Aires y “curar infinitos enfermos” volvió al Uruguay,donde tuvo “el honor de haber asistido varias veces en sus enfermedades al primerMagistrado [Manuel Oribe] y a su familia” (Ayestarán 1950, 49).Su ejercicio de esaespecie particular de Ia medicina, unido a Ia préctica de las letras, le inspiraron unacanción dedicada a Ia “Medicina curativa” que sigue los pasos de Ia Oda a Ia vacunade Bello en Ia celebraciOn de los progresos de Ia ciencia, como era tradicional entre44los neoclásicos, que se analizará en el capItulo 2.Lira y Araücho, soldados-letrados, son pues los organizadores del canonliterario neoclásico uruguayo, uno como compilador de textos ajenos y otro como autorde sus propias producciones. “Una vez concluidas las guerrillas de ‘los patrias’,cerrado en 1830 el arduo proceso politico y diplomático que gesto el Estado uruguayo,Ia clase dirigente comprendiO que era necesario edificar una mitologla local que dierasentido a Ia fragil Repüblica”, escribe Rocca (49). Cronologicamente, Elparnasooriental fue el primer compendio de poesla oriental o de tema vinculado conesaBanda.38Lira seleccionô sus materiales a partir de los textos publicados enIa prensaperiódica bonaerense y montevideana, además de incluirhojas sueltas que circulabanpüblicamente o se distribulan en ocasión de fiestas o celebraciones patrióticas.La publicacián de Ia compilaciOn de Lira tuvo lugar poco despuésde Iaaparición del corpus juridico primario del nuevo pals(Ia Constitución de 1830). Algosimilar habla sucedido en Brasil (Constituciónen 1821 y Parnaso Brasileiro en 1829) yen Argentina (Asamblea Constituyentey Lira Argentina en 1824). Como lo haseñalado Hugo Achugar:“Implicita en Ia publicación de tales proyectos poéticosestaba Ia afirmaciOn deque los nuevos palses tenIan además de leyes,su parnaso nacional; más aUn,parnaso y nación iban de Ia mano: el parnaso eraIa nación y Ia nación era elparnaso. Al orden juridico se sumaba el ordenpoético. La ordenada escrituraneoclásica de estos primeros parnasos intentabarealizar en Ia esfera püblica Ia38 Los textos de esta obra se citarán utilizando Ia abreviaturaPar. seguida del nümero del volumeriyIa página correspondiente. Se ha modernizado Ia ortografia.45ordenaciôn poética del imaginario de Ia nación” (1998, 51).Más allá de Ia manifiesta intención de identificar el parnaso con Ia nación, entreuno y otro media una fractura abismal. La colecciôn de textos, monumento del buengusto de su tiempo, es un producto objetivable, dotado de una existencia material, entanto Ia nación es un constructo que integra diferentes facetas (ideologicas,sociales,juridicas, económicas, por mencionar algunas) que necesariamente deben serdispuestas en arreglo a un determinado “orden” para asegurar su viabilidad. Se tratade un divorcio entre Ia nación real de Ia experiencia cotidiana y Ia nación ideal cuyodiseño y ejecuciôn bullian en Ia mente de los letrados, que escriblan para “superar Iacatástrofe, el vacIo de discurso, Ia anulación de estructuras, que lasguerras habiancausado. Escribir, en ese mundo, era darforma al sueño modernizador; era ‘civilizar’:ordenar el sinsentido de Ia barbarie americana” (Ramos 1989, 19). Veamoscuál fue el“orden” que escogiô Lira para representar al Uruguay en los primerosaños de su vidacomo nación independiente.El primer tomo de Ia compilaciOn fue editado en marzode 1835, durante elgobierno del Brigadier General Manuel Oribe,segundo presidente constitucional. Eléxito editorial subsiguiente motivó Ia publicacióndel segundo tomo en agosto delmismo año. El ültimo comenzO a distribuirse en mayode 1837. El marco histOrico enque se inscriben las obras editadas va desde las invasionesinglesas de 1806 hasta39 Un intelectual del Romanticismo uruguayo, Andrés Lamas,sostenia en 1851 que “Ia literatura no hapodido constituirse, después de Ia revoluciOn, porque no se ha constituidoIa sociedad... Pero, si no nosenganamos, Ia literatura, para ser expresiôn de un pals dadoy ser (dii a determinada sociedad, deberealizar Ia misma operación que el legislador que va a constituir asu pueblo” (27).461836.La presentación del primer tomo refiere que Ia motivación detrás de Iacompilaciôn es “mostrar a Ia distancia las bellas producciones poéticas de los que sehan dedicado a cortejar las musas con suceso en esta joven Repüblica” (en PivelDevoto 1981 a, XII). Esa toma de distancia, saludable práctica que permite calibrar conmayor precision Ia naturaleza y Ia calidad del material, es también una toma deposición con respecto a Ia temática de los textos seleccionados. La organizaciôn delos mismos, “por su orden, presenta una historia de los sucesos más notables que hantenido lugar en este Estado”, continUa diciendo el compilador. La ordenación de talessucesos sigue un criterio aproximadamente cronologico que no se respeta en los dostomos restantes, donde las composiciones son más heterogeneasy tocan temas de Iavida cotidiana (corridas de toros, cumpleanos, viajes) que difIcilmentepodrIancatalogarse como “notables”, habida cuenta del tono épicoy patriótico del primertomo. Lira continUa: “Hemos tenido en vista al formar esta colecciôn el reunirlo másselecto, y todo lo que tuviese relaciOn con las grandes epocasde Ia patria, huyendocon escrupuloso cuidado de insertar en ella, nada que fuese personal” (enPivelDevoto 1981a, XII).Veremos más adelante cómo el compilador ejercio su autoridad de criticoparaestructurar un muestrario de Ia producciOn literaria de su tiempo sin exponersea herirposibles susceptibilidades en los centros de poder (locales, regionalesy tambiénallende los mares). Con este trabajo, Lira presentaa Ia ciudadanla del nuevo pals loque en su lectura de letrado es el compendio del buen gusto del Neoclasicismo47uruguayo. En otros términos, El parnaso oriental consolida una forma canónica dehacer literatura al monumentalizar los textos que acompanaron el momento histôrico.La compilaciôn de Lira puede leerse como Ia consagraciOn del canon literario de Ianueva repüblica que contribuye, como ha notado Ernest Curtius, a afianzar unatradición (361). En efecto, los tres tomos de El parnaso oriental no hacen otra cosa quesentar las bases de lo que será después parte fundamental de Ia historia patria,celebrada primero como poesla. El Uruguay se integraba asI a Ia tradiciôn literaria delos grandes centros culturales del mundo occidental -Europa y en particular Espana yFrancia- en dos sentidos: 1) manejando con relativa destreza el Neoclasicismo,lenguaje poético de Ia epoca que, al menos en Uruguay, todavIa no habia sidosuplantado por el Romanticismo; y 2) validando un legado que era a Ia vezcontinuación y ruptura con Ia relaciOn colonial, que cortaba lazos de dependenciapolltica y administrativa con Ia metropolis y paralelamente afirmaba los valoresculturales e ideologicos del racionalismo ilustrado quo acompañó el termentorevolucionario.Por otro lado, como nación emergente, el Uruguay segula también Ia lInea dodesarrollo de las humanidades en Ia misma direcciOn que las grandes tradicionesliterarias do Occidente, donde primero se cultivó Ia poesla epica y mucho después Iahistoria. MetafOricamente, esa práctica literaria correspondla a Ia infancia cultural dolas nuevas naciones, y el Uruguay no era otra cosa, en ese piano, que un reciénIlegado al mundo. Esto presentaba una importanto ventaja porque significaba queostaba todo por hacer y que además se podlan evitar los errores quo las naciones48más antiguas hablan cometido mirándose en el espejo de aquellas.Hemos visto ya que el Neoclasicismo fue el arma cultural y propagandistica deIa burguesia revolucionaria, primero, y luego del proyecto liberal que sentô las basesdel estado. Por ello, las composiciones neoclásicas ocupan Ia inmensa mayorIa de laspáginas de Ia compilación de Lira. Si bien el Romanticismo habia comenzado adifundirse en el Rio de Ia Plata a partir de Ia Ilegada de Esteban Echeverria desdeFrancia (1830), en Uruguay su impacto fue tardio. En el desarrollo de Ia literaturaromántica fue muy importante el aporte de Ia comunidad intelectual antirrosistaradicada en Montevideo. Alrededor de 1840, durante Ia Guerra Grande, los exiliadosargentinos, aunque férreamente unidos en su rechazo al Restaurador, se hallabandivididos en dos facciones literarias antagónicas: Ia de los neoclásicos (lideradafundamentalmente por Juan Cruz y Florencio Varela y el filôsofo Juan ManuelFernández de Aguero) y Ia de los románticos (Juan Bautista Alberdi, Miguel Cane,Juan Maria Gutiérrez, Esteban EcheverrIa, José Mármol, Bartolomé Mitre),enfrentados en una feroz querella en Ia que los poetas uruguayos prácticamente noparticiparon. Por ello, “Ia publicación de Elparnaso oriental, como si fuera el resumeny testamento literarlo de una epoca, marca elfin del periodo clasicista en las letras yen Ia cultura intelectual del Uruguay” (Zum Felde 1941, 86). Porotra parte, es Ia ünicacompilaciôn que existe sobre el perIodo fundador de Ia literatura nacional (Rocca 51).Si contrastamos El parnaso oriental con su antecedente inmediato, La liraargentina, vemos que, si bien ambas compilaciones evidencian claramente Ia voluntadde convertir esos textos en monumentos representativos de una época histôrica digna49de recordarse, difieren en el tratamiento de los materiales seleccionados. La nota queacompana Ia compilaciôn argentina es más descriptiva y abarcadora, ya que nodesdena incluir textos que critican 10 que se consideraba una desviaciôn del planrevolucionario;4°Ia selección uruguaya, en cambio, privilegia “10 más selecto” entérminos estéticos y muestra una relativa homogeneidad en los temas de contenidopatriótico y politico. PodrIa decirse que Ia compilaciOn de Lira busca reducir al mInimolas fricciones y herir lo menos posible las sensibilidades, ya sean las de las potenciasotrora enemigas (Brasil, España) o las de los caudillos que incubabanlos germenesdo potenciales alzamientos armados. Es, en este sentido, otra manifestación deldecoro tIpico de Ia poética neoclásica, siguiendo el cual el poeta observa Ia sociedadyse permite algunas crIticas generales, bien que livianamente, sin personalizary sinIlegar al argumento ad hominem. Sirve como ejemplo una letrilla satIricaque se refierea Ia actitud de quienes se dicen patriotas para obtener ventajas económicas:“De lascapas quo yo mismo I me admiro de su grandor, I es Ia más dobley mejor I Ia capa delpatriotismo; / muchos profesan civismo I mientras corre Ia pitanza.I Buena va Iadanza! (Par. 1, 264). La estrofa siguiente toca el temadel acomodo, Ia corrupción, eltráfico do influencias y el saqueo de las arcas püblicas:“Tiene por padrino a un gordo Iel gran sisador D. Tejo, I y danle para el manejoI un empleo de alto bordo, / ordena aIa Patria el tordo I como si fuera vaca mansa. I Buenava Ia danza!” (265). Si bien sotrata de un delito de proporciones, el lenguaje empleado,Ia ambiguedad de los40 “[N]o he sido animado de otro deseo, que elde redimir del olvido todos esos rasgos del arte divinocon que nuestros guerreros se animaban en los combates de aquellalucha gloriosa; con que elentusiasmo y el amor de Ia patria explicaba sus transportesen Ia marcha que emprendimos hacia Iaindependencia: o con que en algunos periodos difIcilesde esa misma marcha Ia sátira quiso embargartambién los encantos, y chistes del lenguaje poético para zaherir las accionesde algunos, que otros denosotros mismos reputaron contradictorias con el grande objetode nuestra emancipaciOn” (DIaz 19).50términos y lo gráfico de Ia representación hacen que Ia crItica pierda efectividad aldiluirse entre rasgos netamente humorIsticos. En efecto, Ia polisemia de “padrino”(,desde el punto de vista religioso, como sinónimo de alguien influyente, 0 ambascosas?) y Ia metáfora de Ia patria como vaca ordeñada por un tordo, aveque ponesus huevos en nido ajeno, harlan, sin duda, las delicias deun caricaturista. Por elcontrario, Ia Ilamada “literatura gauchipoiltica” que circuló entre 1831y 1833 es másfrontal y descarnada en su critica, ya que no solo censura el accionarinescrupulosode importantes figuras del gobierno, sino que prácticamente las mencionacon nombrey apellido al emplear apodos más 0 menos pintorescos conocidos por todos(Ayestarán 1950, 162). Un cielito anOnimo de 1832que critica a varios hombrespüblicos dice del militar Eugenio Garzón: “Elcoronel chamusquina / dicen que elFuerte quemô I pa que se ardieran las cuentas/ del dinero que robó” (Ayestarán 167).Semejante falta de tacto y de decoro haria impensable Ia inclusionde unacomposicion como ésta en el repositorio de “10más selecto” de Ia literatura nacional,como querla Lira.El espectro de las formas literarias representadasen El parnaso oriental esamplio y variado: odas, himnos, marchas, cantosy canciones, cielitos, elegias,dialogos, sonetos, epIstolas, epigramas, letri has, octavas,décimas, acrôsticos, versossueltos, inscripciones, desahogos poéticosy obras teatrales, Io que lo convierte enuna suerte de enciclopedia del arte poética desu tiempo. Se percibe también haintención de dignificar Ia lengua nacional,enriqueciendola con traducciones delfrances y del latin. Un pequeno nümero decomposiciones están escritas en portugues51y pertenecen a Ia pluma del versátil Acuña de Figueroa.Los sucesos más notables que el compilador quiso rescatar incluyen episodiosde Ia epoca prerrevolucionaria (las invasiones inglesas de 1806 y 1807), elpronunciamiento de Ia Junta de Mayo en 1810, los albores de Ia emancipaciônuruguaya en 1811, los dos sitios de Montevideo, Ia batalla del Cerritoy el comienzo deIa invasion portuguesa, algunas pocas vicisitudes del perIodo artiguista, losacontecimientos que llevaron a Ia independencia del Brasil -Ia cruzadade los Treinta yTres Orientales y las batallas de SarandI, ltuzaingOy Misiones- y los festejosrelacionados con Ia jura de Ia constitución en 1830. Otros elementosde importanciason Ia apertura do Ia Biblioteca püblica (inaugurada en 1816 y restablecida en1830) yel pesar popular ante Ia muerte del coronel Bernabé Rivera en 1833a manos de loscharrüas. Además de los asuntos épicosy patriOticos, Ia compilaciOn toca temas de Iavida cotidiana y las costumbres de Ia epoca, talescomo el carnaval y las corridas detoros.Estos acontecimientos memorables dejan delado otras facetas, más sombrIas,de los momentos inaugurales del nuevo Estado Oriental delUruguay. AsI, los textosliterarios vinculados con las rivalidades caudillescas(Juan Antonio Lavalleja contra elpresidente Fructuoso Rivera en 1832, 1833y 1834, Rivera contra el presidenteManuel Oribe en 1836), casi contemporáneoscon Ia preparaciOn del Pamaso, nofiguran en Ia compilación, a pesar deque sus consecuencias fueron nefastas para elfuturo do Ia recién establecida repüblica al prepararel ambiente para Ia GuerraGrande. Aunque faltan los textos especIficos,algunos do esos acontecimientos Si52aparecen, sutilmente velados por alusiones clásicasy decorosamente mencionadospor los poetas. Uno de estos ejemplos involucra a Lavalleja. Cuando éste seencontraba en Buenos Aires en mayo de 1836, conspirando contra el gobiernodeOribe, un poeta Ic invitó a volver al Uruguay con estos versos: “Ceseya el ostracismo;yen dichoso I como nuevo TemIstocles virtuoso, / no quiera el hado insano I hacer deun EscipiOn un Coriolano” (Par. 3, 6). El texto no dice una palabra acercade suslevantamientos contra el gobierno anterior, pero da a entenderque Lavalleja hablasido desterrado. En esto se vincula ligeramente con TemIstocles, comandantede Iamarina griega en Ia batalla de Salamina contra los persas (480a. C), que cayO endesgracia como politico y fue desterrado de Atenas (Hornblower1497). Notemos, sinembargo, que Lavalleja se habIa levantado en armas contrael gobierno, 10 que podrIacalificarse de traiciOn, en tanto TemIstocles habla perdidoIa simpatla del puebloateniense, lo que en si mismo no serla un delito. El poeta,entonces, disimula Iagravedad del caso con esta alusión, forzandoy a Ia vez falseando Ia comparaciónentre los dos soldados, porque, además, TemIstocles nuncavolvió a Atenas. Las otrasdos figuras históricas, dos generales romanos, fueron recordados,el primero, como unexitoso estratega por haber vencido al AnIbala fines del siglo Ill a. C., lo que puso final imperio cartagines,y el segundo, por haber traicionado a su patria por venganza(Horblower 398, 922). De esta manera, el poeta,discretamente, intenta atraer aLavalleja a Ia causa oribista sin aludir a sus tropiezospolItico-militares recientes, comoanticipando que Ia rivalidad entre los otros dos caudillos,Oribe y Rivera, terminarIagenerando un conflicto de proporciones. AunqueLavalleja finalmente regresoy puso53su espada al servicio del gobierno, no fue el Escipiôn que el poeta y Iainstitucionalidad necesitaban. La Guerra Grande fue Ia conclusion de tantasdesinteligencias. En este prolongado conflicto, el sector riverista gobernó enMontevideo, apoyado en diferentes momentos por los unitarios argentinos, Francia,Italia, Brash y Gran Bretaña, en tanto el oribista lo hizo en el Cerrito, aliado con elcaudillo federal argentino Juan Manuel de Rosas. AsI, el Uruguay tuvosimultáneamente dos gobiernos y dos presidentes, Oribe y Rivera, que fueron tambiéncornandantes de tropas argentinas en Ia guerra civil entre federalesy unitarios.41 ConIa decisiOn de no incluir en su compilación los testimonios escritos de los malospasosque daban los caudillos, Lira, habiendo preferido Ia omisiôn o Ia menciOn veladade losmismos, parece haber querido exorcizar Ia ominosa posibilidadde una nueva erasangrienta que perturbase el sueño modernizador de los letrados.Las ausencias tamblén se extendieron a otros docurnentosque se referlan atemas por entonces polémicos o delicados: el perIodo artiguista,Ia guerra contraBrash, Ia relaciOn con España (Pivel Devoto 1981a, XXXVII).Como contrapartida, Iapoesla del Parnaso registra una serie de hechos que hasta entoncesno hablan sidonarrados ni por los cronistas ni por los historiadores,pero que estaban vivos en Iamemoria colectiva con Ia fuerza de lo reciente: Ia adopción deIa bandera nacional(1828),42Ia Asamblea Constituyente (1828), lajura deIa constituciOn (1830).La corn pilaciOn se presenta, pues, como una celebraciOnde Ia paz después de41 En diciembre de 1842 tuvo lugar Ia batalla deArroyo Grande,en Ia provincia argentina de EntreRIos. Las tropas federales comandadas por Oribe vencierona las fuerzas unitarias bajo el mando deRivera. Carlos Machado, algo irónicamente, comenta: “Unaguerra civil argentina, dirimida entre los dospartidos argentinos, dentro del territorio argentino, se dilucidabaen Ia confrontaciOn de fuerzasintegradas por tropas uruguayas. Y los dos comandanteseran los ‘presidentes’ de nuestro pals” (173).54las sangnentas luchas emancipatorias, un monumento al optimismo y a Ia ingenuidadde creer en un futuro venturoso y saneado de toda rivalidad polItica. La manipulaciOnejercida por Lira dejó completamente de lado o bien disimulO lo que Ia ciudad letradano consideraba adecuado preservar: las evidencias de rencillas entre caudillos, lasirregularidades en el manejo de Ia cosa püblica, el descontento en Ia población rural,Ia voz de los indios (idealizados en algunos casos y demonizados en otros), Iapoeslagauchesca (de Bartolomé Hidalgo solo incluye un dialogo patriOtico)y Ia voz de losnegros (de cuya habla se apropia Acuña de Figueroa, un blanco, en una solaoportunidad), por mencionar algunas de las exclusiones más significativas. Comodestaca lrigoyen, “Ia severidad y el heroIsmo que caracterizan al arte de Ia escuelaneoclásica se enfrentan a Ia decadencia moral, institucionaly artIstica en que seconsidera sumido el pals. Ante una atmósfera disoluta, Ia estética neoclásicaproponeuna moral de Ia contención. Los valores de orden, seguridad, tranquilidad,confianza,asociados a Ia estabilidad polItica, econOmica, familiar, administrativay de todo tipo,dan lugar a un discurso de Ia uniformidad que encuentrasu expresiOn estética ‘natural’en 10 neoclAsico, estilo de contornos claros y estables entoda su estructura” (25). Eneste sentido, lo que se considera irregular, difuso, marginal, no tienecabida en elcompendio del buen gusto nacional por excelencia.Siguiendo esa misma vena, otrasvoces (campesinos, medianos propietarios, extranjeros)fueron idealizadas,“bucolizadas”, podrIamos decir, para ser integradasa ese discurso de paz socialyprogreso asegurado en el que el campo, por ejemplo,dejaba de ser el terreno de los42 El proceso de creaciOn de Ia bandera nacional, comoel del propio pals, no fue simple, ya quedesde 1825 hasta 1830 se dispuso de tres diseños diferentes.La version definitiva tiene un sol con caray dieciséls rayos en el angulo superior izquierdo y nueve franjas blancasy azules altemadas querepresentan los nueve departamentos en que estaba divididoel pals en 1830.55enfrentamientos armados y se convertla en un jardin pletôrico de riquezas naturales yde industriosos labradores. Leyendo Elparnaso oriental se percibe que el letrado hahomogeneizado todas esas voces, las que perdieron cualquier rasgo distintivo que laspudieran afiliar a un grupo social o productivo particular. Ninguno de ellos habla de sulabor sino el poeta, monocorde y monotemático en Ia expresión de su optimismoilimitado y su vocaciôn de progreso. Es él el que asume todas las demás voces en undiscurso unificador para proponer un proyecto de pals y un modelo de ciudadano. Másaün, el poeta ubica en los textos a esos sectores a asimilar ejecutando las accionespropias de su profesión. Estos no generan discursos promoviendo las bondades delprogreso, sino que sus mismas acciones son Ia demostraciOn práctica del mismo,como veremos en el capitulo siguiente.El compendio refleja los gustos estéticos y las aspiraciones socialesy polIticasde Ia clase dirigente uruguaya durante los primeros cuarenta años del siglo XIX. Hasido considerado como el texto fundacional por excelencia, a Ia par del himnoy Iaconstituciôn (Achugar 1998, 2003). Se trata de una obra cuya ediciôn fue costeadagracias al aporte de varias decenas de suscriptores, entre ellos el presidentede Iarepüblica, ministros de gobierno, lideres politicos, oficiales militaresy escritores. Lalista de suscriptores, además de preservar los nombres de lo más selecto delpatriciado uruguayo fundacional, legitima los gustos literarios de ese estamentosocialy pone a Ia obra, por asI decirlo, bajo los auspicios de Ia burguesla urbana.Se creaasI un püblico, una comunidad de lectores cuyo prestiglo va a ensalzar Iacalidad delos textos. Se trata de una relaciôn bidireccional entre Ia obray su lector: el poema56debe ser excelente porque lo lee una personalidad, y, a su vez, si esa personalidadavala Ia publicación, entonces el contenido de Ia misma debe ser superior. Esteproceso crea a Ia vez a sus lectores y le da carta de ciudadanIa a los textos. En Ultimainstancia, el poder -politico, cultural, econômico-y Ia clase que lo ejerce son quienessubvencionan Ia publicación de Ia obra y crean simultáneamente un püblico, el mismoque debla constituir Ia naciôn.Por otra parte, como lo ha señalado Hugo Achugar (1998, 2003),es sintomáticoque esta obra haya sido publicada poco después de Ia jura de Ia primeraconstituciônuruguaya. Se trata de dos acontecimientos de importancia capital: Ia afirmaciôndelestado independiente y, paralelamente, Ia consagración deIa estética predominanteen aquel. El orden polItico-juridico y el poético se superponen en unaoperaciónrecIprocamente legitimadora. Achugar insiste en el hechode queLos parnasos fundacionales constituyeron unasuerte de soporte -uno de losvarios soportes- sobre el cual Ia clase letradavinculada al proyecto deIndependencia y fundación de los Estados-Naciônde America Latinareformularon/propusieron/construyeron el imaginario colectivode susrespectivos paIses, ya sea mediante Ia apropiaciOno Ia nacionalizaciôn de supasado colonial, ya mediante su creaciOn “ab nihilo”. (Achugar1998, 44)En este sentido, El parnaso oriental funcionOcomo una apelación a una difusaconciencia histórica nacional en proceso de formación,a lo cual contribuyó el hechode que varios de los poetas representados enél, como ya vimos, tuvierondestacada57actuación revolucionaria, tanto durante Ia gesta artiguista como en Ia lucha contraPortugal y Brasil; por otra parte, otros letrados de ese perlodo también desempeñaronfunciones püblicas en el aparato estatal del nuevo pals.43Para el historiador Juan Pivel Devoto, “es evidente que el compilador LucianoLira y quienes lo asesoraron se dieron a esta tarea con el propôsito de ofreceral palsuna vision del proceso histôrico del que habia surgido Ia nacionalidad” (1981a,X)(XIl).Esta asunciOn del historiador uruguayo es muy discutible, particularmenteen lo quetiene que ver con Ia idea de nacionalidad. En este sentido, Ia presenciade numerosasreferencias a personajes, heroes, festividadesy acontecimientos politicos argentinosen El parnaso oriental, considerados en el mismo piede igualdad que suscontrapartes uruguayas, hablan más a favor do una comunidadimaginada rioplatenseoperativa y funcional que de una formulación de diferenciaciOnespecIfica entre lasdos margenes del Plata en esos tempranos años. Claroejemplo de ello es esta odadel oriental Francisco Araücho, A Ia libertad de su patria(1812):“[...]subiO al Olimpoasi clamando: / 0 muerte, o libertad jAugusto voto!I digno do ánimos nobles ybizarros. I Ea, pues, valerosos Argentinos, si tal resoluciónhemos fijado, Iconstantemente unidos conspiremos I a realizar un vototan sagrado” (Par. 1, 13).Como lo demuestra claramente este texto, loshabitantes de Ia margen este delUruguay no se consideraban parte de ningunaentidad ni politica ni afectivamenteseparada de sus vecinos de Ia margen occidental.Por otra parte, Ia presencia en elParnaso de textos de autores argentinos, inclusopublicados en Ia prensa bonaerense,43 Bernardo Berro, Antonio Riusy Carlos Villademoros fueron diputados en 1837. Antonio Diaz fueministro de Hacienda y Guerra y Marina (1837).58hacen más patente Ia endeblez del juicio de Pivel Devoto. Carlos Real de Azüa hablanotado, en 1968, que Ia literatura y Ia historia de Uruguay en su perIodo fundacionalno podlan separarse de sus homôlogas argentinas. Aunque se trata de un tema querebasa los alcances de esta disertaciôn, conviene señalar que este proceso derelectura y reescritura de Ia historia operado por Ia intelectualidad del Romanticismologro convertir a Ia Provincia Oriental, desde sus comienzos una más de las tantasdivisiones juridico-administrativas que integraban las Provincias Unidas del Rio de IaPlata, en un pals con nItidas y tempranas raIces identitarias que se diferenciabanespecificamente de las que terminaron definiendo Ia RepUblica Argentina. Constituyó,en todo sentido, Ia invención de una tradiciOn patriótica independentistaque no existióen los origenes.Al margen de Ia posterior manipulación de los textosy de Ia historia, lo que sedestaca de El parnaso oriental es su carácter de documento fundamental para elestudio de Ia literatura y Ia sociedad de su epoca. La tendencia mayoritaria encuantoa su consideraciOn ha privilegiado los aspectos relacionados con Ia genesisdelUruguay como estado independientey Ia construcciôn de Ia idea de Ia nacionalidad,aunque, repitiendo los prejuicios contra el Neoclasicismo que ya hemoscomentadomás arriba, ha ignorado prácticamente todo elconjunto de referencias, fuentes ymodelos heredados de Ia tradición neoclásica europea.Esto ha dejado de lado elestudio del papel rector que le cupo a Ia tradición culta en Ia formaciónde unasensibilidad que, por un lado, creô un campo de lecturay una comunidad de lectores44 “En reahdad, hasta el tercer tercio del siglo XIX puedehablarse con màs propiedad de una literaturarioplatense que de una argentina o uruguayay, aün después, innumerables pases entre las márgenessiguieron sustentando Ia realidad de una literatura comün” (2).59y, por otro lado, también definió una forma de considerar Ia cultura y Ia sociedad quese prolongô más allá del perlodo de vigencia de una corriente estético-literariaparticular.El año 1835 tue indudablemente fecundo para las letras orientales. Al primertomo de El parnaso oriental se le sumô el primer libro de composiciones poéticasdeun escritor uruguayo, Un paso en el Pindo, publicado el 25 de mayo, fecha por demásagraciada en aquellos años de encendido patriotismo rioplatense. Su autor,ManuelAraUcho, integra también Ia nómina de poetas de El parnaso oriental,aunque supresencia se limita a una oda al sol de julio (mes de Ia jura deIa constituciónuruguaya) y a una traducción de Ia comedia en un acto de RenéLe Sage La tontina oel espIritu de cuerpo, obra que se estrenô en 1837 (Rela 21).Desavenenciascircunstanciales con Luciano Lira, al parecer, lo hablan dejadofuera de Ia seleccióncuando se preparaba el primer tomo (Ayestarán 1950, 47),pero pudo engrosar Ia listade los poetas del tercero.El libro de Araücho comprende, siguiendo Ia clasificaciônde su autor,canciones, odas, eleglas, poeslas escénicas, cartasamatorias, letrillas, sátiras,epigramas y poeslas varias. Se trata,pues, de un “parnaso oriental” en miniatura, conel cual comparte también Ia modalidad de suscripciony Ia profesión de fe neoclásicaque se proclama desde su tItulo.45 Esta similitudde caracteres, sin embargo, no debehacernos perder de vista algunas diferenciasfundamentales entre ambas obras que, almargen del carácter anecdótico de las contrariedadesentre los literatos-soldados,45 La cordillera del Pindo, en Grecia, era Ia morada deApolo y las Musas, las deidades de Ia poeslayel canto por excelencia.60muestran que se trata de dos maneras diferentes-yhasta antagOnicas- de concebir Iacomunidad imaginada uruguaya.Si nos remitimos a Ia presentaciOn de los paratextos en Ia portada, el orientalAraücho publica su libro en Montevideo, en tanto el porteno Lira imprime su obra enBuenos Aires. ,De vuelta las rivalidades entre las ciudades-puerto del virreinato,talvez? El poeta incluye una imagen del escudo nacional del Uruguay, mientrasque elcompilador elige una viñeta con una serie de instrumentos musicalesy una partitura. Eluso del escudo es una apuesta nacionalista muy fuerte por partede Araücho, de quiense dirla que está auspiciado por el estado; por su parte, Ia imagende los instrumentosen Ia obra de Lira sugiere un ámbito más idealizado,armonioso, sin conflictos,supramundano quizãs.46La exaltaciOn de Ia personalidad del poeta-soldado oriental(que no omite eltItulo militar debajo de su nombre) continua con Iainserción de un fragmento de unaoda sobre Ia fama del espanol José lglesias deIa Casa (1748-1791): “No quiero que Iafama / fatigue al hueco bronce / mi débilson llevando I a incógnitas regiones”.Comienza asI su recusatlo, recurso de larga dataen Ia historia de Ia Iiteratura,47y Iaculmina con una dedicatoria a su amigo el presidenteOribe: “Llego sobrecogido conesta humilde ofrenda producto de mi escasoingenio a ponerla en las indulgentesmanos de V. E., más bien como un testimonio deml afecto, que como un obsequiodigno del que preside hoy los altos destinos de miamada patria” (AraUcho 1).46 El mismo nombre del compilador, Luciano,so relaciona etimolôgicamente con Ia idea de Iuz, entanto su apellido, Lira, es apolineo por antonomasia.Como decian los romanos, “nomen est omen”(elnombre es el destino).47 La recusatlo consiste en granjearse Ia buena voluntaddel oyente apelando a una falsa modestiaque le impide tratar apropiadamente un tema elevado.61Mediante esa apropiación simbólica de dos elementos emblemáticos en Iaconfiguracion del estado, como lo son el escudo y Ia capital, AraUcho se muestra asImás audaz que cualquiera de sus contemporáneos poetas orientales. Su ascenso alPindo y su consecuente ingreso a Ia cofradla de cultores de las Musaspueden Ieersecomo el triunfo personal de un hombre de acciôn, amante de las letras, medicoautodidacta de probada fama, traductor del francesy del ingles48 y, además, diestrocultor de Ia poesla gauchesca.49tCuántosotros letrados orientales podrIan alegarsimilares credenciales? Todo esto lo ha hecho él solo, en tanto Elparnaso oriental esel resultado del trabajo de dos decenas depoetas del antiguo virreinato y de Ia viejametrOpoli. Frente a Ia heterogeneidad que implicaesa multitud de plumas, Araüchoescribe una obra personal que maneja varios registrosde Iengua y una variedad degeneros y metros, superando incluso aalgunos célebres poetas rioplatenses en sumanejo de Ia oda patriótica.5°La gauchescaHasta aqul hemos considerado Ia relaciônde los letrados con su püblicociudadano. ,Qué sucedia, entre tanto, con Ia gentede Ia campana, Ia que no tenha Ia48 La primera version castellana libre del himno de losEstados Unidos publicada en Uruguay figuraen Ia página 15 de Un paso en el Pindo.49 “En ellas [Carta de un gaucho a un proyectista delBanco de Buenos Aires el año 28 y Dialogodedos gauchos en el mismo año con ocasion de celebrarseIa paz, ‘dos deliciosas composiciones en versode carácter gauchesco, AraUcho deja a un ladolas pedantescas arpas eólicas de Ia literaturaacadémica de Ia época y descuelga su modesta guitarra criollapara darnos Ia más perfecta y sincerateorla del arte gauchesco naciente” (Ayestarán44).50“[...]no siempre logra el intrépido capitán de ItuzaingO manejarel plectro lIrico con Ia mismadestreza que Ia espada’, dice Zum Felde, pero admiteque ‘Lo mejor del libro son las odas, de motivopatriôtico y corte quintanesco, generoy modo estos, en que su autor alcanzO, sin duda, ventaja sobretodos sus colegas y coetáneos, incluso Acuñade Figueroa, no siendo inferior, con frecuencia, alargentino don Juan Cruz Varela, prIncipe desu escuela en el Plata” (1941, 61).62educaciôn suficiente para decodificar los mensajes revolucionarios que provenIan deIa pluma de los poetas cultos? La ciudad letrada no Ia abandonô: elaboró unaliteratura que no Ia dejarla al margen de los cambios. La burguesia urbana,vanguardia de Ia revoluciôn y cuna de los escritores talentosos, necesitó sumar a lasfilas de Ia emancipacion, primero, y después de los programas liberales, a las masasanalfabetas. Aqul es donde se evidencia uno de los factores principales que explicanlas limitaciones del Neoclasicismo en cuanto a su difusión en el püblico: Ia extracciOnsocial de sus representantes artIsticos. Por ser el estilo de Ia burguesIa ilustrada, sudiscurso es abstracto, intelectual, lôgico y racionalista, lo que hace imposible Iaintegración de sectores sociales que no comparten Ia formación intelectualque brindaesa clase social (Rama 1976, 42). En el tiempo en que se procesaban los hechosrevolucionarios, esos sectores no estaban en condiciones de asimilar losmensajesque Ia ciudad letrada enviaba desde las alturas del Parnaso. Comenta Bauzá:“El palsno estaba para asuntos clásicos, en medio de aquella vertiginosa accióna que lecompellan los sucesos; y las masas populares, suponiéndolas con aptitudesparaentender literaturas extrañas, no hablan de ir a buscar formas para sus idealesenOvidio y sus concordantes” (98).Esos sectores (esclavos, campesinos, gauchos)que deblan ser integrados alproyecto politico asumieron los postulados revolucionariosde Ia burguesIa mercantil,cosmopolita, más abierta a los cambios en el pensamientoy a Ia influencia de lascorrientes liberales europeas. Puesto que, como ya vimos,Ia poesIa neoclásica nopodia representarlos, nació asi Ia poesia politicagauchesca de Bartolomé Hidalgo63(Rama 1976, 42-3). Esta expresiOn popular, fundamentalmente rural, “ha producidolas obras más originales de Ia literatura sudamericana” (Menéndez y Pelayo CXCVI),lo que amerita detenerse en Ia vida del ünico neoclásico que generô un nuevomovimiento Iiterario en el Rio de Ia Plata. La originalidad de este nuevo generoconstituye el ünico caso en America Latina, puesto que entre los regionalismosrománticos en el perIodo de formación nacional, Ia gauchesca adquiererasgosespecIficos en el contexto geografico, politico y cultural de Ia comunidad imaginadarioplatense.Hidalgo naciO en Montevideo en 1788, de padres portenos. Enesa ciudadestudiô con los jesuitas o los franciscanos (Rama 1976, 60). En 1806trabajaba comoempleado del Ministerio de Real Hacienda y un añomás tarde, como tantos otrosfuturos escritores de su tiempo, participo en hechosde armas, enfrentándose a losingleses en Ia batalla de Cardal. Luego del desalojode los invasores, Hidalgo continuôdesempenando sus funciones en el gobiernocolonial hasta que se unió a las fuerzasartiguistas en 1811. Por esos tiempos su formaciônliteraria le habla ganado el motede “cultolatiniparlo” (Ayestarán 1950,30).En 1811 acompanó a las tropasde Artigas en Salto y Paysandü y más tarde seincorporó a los sitiadores de Montevideo. A esaaltura habla compuesto una “Marchapatriótica” neoclásicay, por sobre todo, un par de cielitos patriôticos que se cantabancon acompañamiento de guitarras (Ayestarán1950, 30). El cielito, basadoliterariamente en el romance espanol (Ayestarán1950, 18), tenIa inicialmente unatemática de corte amoroso. El gran aporte de Hidalgofue reformular el genero para64transformarlo en un instrumento de propaganda bélicay revolucionaria.La trayectoria poiltica y administrativa de Hidalgo 10 llevó a desempeñar variospuestos de importancia en Montevideo: administrador de Correos, Ministro Interino deHacienda, director de Ia Casa de Comedias. En su ültimo destino como funcionario delgobierno compuso obras dirigidas at pübtico montevideano que respondlan a un arteprogramático orientado a formar poilticamente al pueblo. De ese perlodo es el Cielitooriental, compuesto en oportunidad del comienzo de Ia invasion portuguesa (Pivel1981b, LX)(Xl).El Cielito oriental (1816) está escrito en castellanoy portugues macarrOnico,pero no pertenece al genero gauchesco. Desde Ia primera estrofase hacen patente IaaltanerIa y el desenfado del poeta, que echa mano al folklorepopular lusitano del sigloXVI para comenzar una serie de invectivas: “El Portugues con afan/ Dicen que vienebufando; I Saldrá con Ia suya cuando I Veña o rey D. Sebastian”(Hidalgo 1 83).’lnsultos,52 amenazas53y consejos de sano sentido comUn54 se combinanen una obraque interpela directamente a los soldados para disuadirlos deatacar Ia BandaOriental.Cuando las tropas del general Lecor entraron en Montevideoen 1817, Hidalgo51 Sebastian 1(1554-1578) cayO en combate contra losmusulmanes en Marruecos. La leyenda declaque no habIa muerto, sino que volverIa a ayudar a supueblo en los momentos dificiles. Esta creenciadio origen a un movimiento mesiánico, el sebastianismo. Talvez Ia mãs célebre de sus proyeccioneshaya sido, a fines del siglo XIX, Ia comunidadde Canudos en el nordeste brasileño, liderada porAntônioConselheiro e inmortalizada en Ia literatura por Euclidesda Cunha (Os sertOes, 1902) y Mario VargasLlosa (La guerra del fin del mundo, 1981).52 “A Deus a Deus faroleiros, I Portugueses mentecatos,I Parentes dos maragatos, I Insignesalcahueteiros” (185).53 “Cielito cielo que si, I Cielito de Portugal,I Voso sepuicro va a ser I Sin duda a Banda Oriental”(185).54 “,Queréis perder vosa vida, I Vosos fillosy muyeres, I He deyser vosos quehaceres I He a mininaquerida?” (184).65paso a ser censor de Ia Casa de Comedias, puesto en el que desempenOhastaprincipios del año siguiente, cuando abandonO Ia ciudad rumboa Buenos Aires. Elperlodo que pasO en Ia vecina orilla, hasta su muerte en 1822, fueel más fructIfero entérminos de su creaciOn artIstica. Sus cielitos se vendlan por las callescomo hojassueltas, al estilo de los romances espanoles en pliegos de cordel,y su nombre tue detal modo asociado con el genero que se le atribuyeronmuchIsimos que en realidadson anOnimos (Rama 1976, 56). Asimismo, renovóel concepto de dialogo comogenero al poner en escena a personajes gauchescosque departIan sobre temas deactualidad poiltica y social.Todas sus obras en lenguaje popular, escritasen un castellano que pretenderepresentar el habla de los pobladores rurales,están en las antIpodas del lenguajeformal y cuidado de los textos cultos.No obstante lo anterior, a pesar deserexpresiones regidas por otros codigosestéticos o linguisticos, comparten conelNeoclasicismo las mismas aspiracionesdesde el punto de vista ideolOgico. Comoseñala acertadamente Bragoni, “Hidalgoes un tIpico escritor de Ia ilustraciOn,pues enel ‘uso’ de Ia literatura su palabra escritano tiene componentes estéticos sino fácticos”(569). Ante Ia imposibilidad de Ilegara un pUblico por el lado estético de Ia cultura“alta”, cosa que ya habla intentadocon sus composiciones neoclásicas,Hidalgo seencarga de divulgar las ideasde repUblica, libertad, union, justicia socialy fraternidadde forma tal que su mensajesea accesible a esas masas poco educadassegün loscriterios ilustrados. A talpunto Ilega Ia bOsqueda de identificaciOncon ese sector socialque una de las caracterIsticas más salientesde su obra es Ia presenciade un66elemento casi desconocido en Ia literatura neoclásica: un “nosotros” desde elcual elpoeta se expresa en forma personal (Rama 1976, 51). Esa voz plural alaque seintegra Hidalgo incluye, en 1820, a quienes fueron masacradospoco después de Iaindependencia del Uruguay: “Aqul somos puros indios”, diceen el cielito dedicado alconde de Casa-Flores (Hidalgo 199).En términos del lenguaje empleado, Ia voz de Hidalgo se beneficia deformasestéticas de origen español que se conservaban entre las masasno ilustradas. Deesta manera, su trabajo artistico se distancia de las formas cultas queIa burguesiaintentaba promover mediante Ia alfabetizaciôny que no eran conocidas por su püblico.La revoluciOn que desencadena Hidalgoen el lenguaje poético de su tiempo se reflejaen su tratamiento de lo regionaly de los productos culturales que se conservaban enIa tradiciOn agrafa, básicamente relacionadoscon formas literarias medievales comoel romance octosIlabo,55unacosmovisiôn cristiano-católicay un paternalismo conrasgos feudales que, en muchos casos,hacla que el habitante de Ia campana vivieraa Ia sombra del patron, en una estancia con su pueblo,iglesia, comercio y cementerioen una suerte de fortaleza autosuficientey protegida (Real deAzüa 1961, 17). En Iapoesla de Hidalgo, Ia presenciay las alusiones a Ia divinidad se diluyen casi porcompleto y son reemplazadas por invocacioneslaicas, o bien se ataca directamenteIarelaciôn dios-soberano que servia dejustificaciOn religiosa a Ia monarquIa:“Eso quelos reyes son I Imagen del Ser divinoI Es (con perdOn de Ia gente)I El más grande55 “Le dire cuanto siente I Este pobre corazón,I Que como tôrtola amante I Que a su consorte perdiO/Y que anda de rama en rama I Publicandosu dolor”, dice Hidalgo, (Hidalgo 213). El poetaretoma aqul eltópico de Ia fidelidad de Ia tOrtola viuda, tradicionalen Ia poesla antigua y medieval, representadoen elconocido romance español de Fontefrida, muyen boga hasta principios del siglo XVI (MenéndezPidat67-8).67desatino” (197). Asimismo, sustituye Ia invocación a los dioses de Ia poesIay el cantoque tanto agradaba a los neoclásicos (basados en el “Canta, oh diosa, Ia cOlera delpélida Aquiles” de Ia tradición homérica) por mensajes más directos, fácilmentecomprensibles por su püblico, acostumbrado al trato con los müsicos populares: “Nome negueis este dIa / Cuerditas vuestro favor, / Y contaré en el CielitoI De Maipü Iagrande acción” (187). Finalmente, Ia fidelidad al hacendadose desplaza hacia losideales revolucionarios y los valores del sacrificio y el combate, primero,y luego alrechazo de Ia situaciôn de desigualdad en Ia que el protagonistade las patriadas esrelegado a Ia pobreza y cae vIctima de prácticas abusivas:“El que tiene es donFulano I Y el que perdió se amoló” (219).En cuanto a su lenguaje, Rama (1976, 45) distinguedos aspectos simultáneosy a Ia vez algo contradictorios en el empleo de las formas propias deIa oralidad rural:por un lado, volver a ellas implica un retroceso en locreativo, pero es un pasonecesario para establecer una comunicación viablecon el sector social al que sequiere hacer ingresar a Ia historia como protagonista.Aunque Hidalgo se aproximayvincula a los gauchos, no deja de ser un escritorculto, de formación neoclásicayextracción burguesa, que, como sus contemporáneospero con otro lenguaje poético,emplea su arte como herramientade difusión de un programa para modificar Iasociedad.El rescate de esas formas tradicionales (cuartetaoctosilábica, copla, payada decontrapunto, décima) para servir a un fin politicorevolucionario conforma entoncesuna situaciôn algo paradójica. Como habIasucedido con el Neoclasicismo, Iapoesia68gauchesca va hacia atrás en cuanto a formas expresivas para plantearun cambio queapunta a un futuro de cambios sociales radicales. Es Ia misma situaciónqueejemplifica Ia Francia revolucionaria cuando revitaliza losreferentes del mundo culturalgrecolatino para modelar su discurso politico de avanzada. En el casode Hidalgo, Iapoesla pasa a depender en mayor medida de Ia Iengua habladay por ello adquiere unrico repertorio de elementos populares (comparaciones,tropos, frases hechas,refranes, giros linguisticos) que otorgan vivacidady realismo a Ia obra. Esto Ia alejadel sistema de referencias del Neoclasicismo, el cualfuncionaba ensamblandounidades con valores y funciones predeterminadase invariables que contaban conuna larga tradiciôn de prestigioy práctica (Rama 1976, 45). La revolución literaria queencabeza Hidalgo, sin embargo, sigue mástarde los mismos pasos que elNeoclasicismo y termina fosilizandosus recursos expresivos a tal punto que inclusolos payadores repentistas de hoy dIatienen, como los aedas griegos, un repertoriofijode formulas, giros y expresiones tradicionalesque se engarzan tal como sucedia conlos tropos y las imágenes neoclásicas.Esta situaciôn, tIpica también de Ia poesla oralpopular, incluyendo Ia epica, se relaciona con Ianecesidad de facilitar Ia composiciOny preservar los textos con mayor facilidad en Iamemoria mediante recursosmnemotécnicos.En definitiva, tanto Ia literatura en lenguajeculto como Ia gauchesca sirvieroncomo modos de expresiOn de las aspiracionesde los letrados que se propusieronsuplantar el regimen colonialpor un sistema basado en los principiosdel liberalismo.Más tarde, cuando las contradiccionesde clase e intereses divergentes deIa69burguesia que tenla las riendas del poder comenzaron a fragmentar Ia unidad delmovimiento revolucionario, Ia gauchesca paso a ser usada como herramienta depropaganda en Ia lucha de facciones, particularmente durante Ia Guerra Grande.Elexiliado argentino ValentIn Alsina decla en 1848: “Como este genero tiene tantaaceptaciôn en cierla clase inculta de nuestras sociedades, puede ser un vehIculoqueuna administraciOn sagaz sabrIa utilizar para instruir a esas masasy transmitir lossucesos e ideas que, de otro modo, nada saben ni nada les importan” (en Rama 1983,36). De Ia unidad de voluntades bajo un mismo ideal revolucionario, propulsadaporlos cielitos de Hidalgo, Ilegamos al uso del genero para proveerde hombres a dosejércitos rivales, nutridos por los mismos gauchos queno terminaban de encontrar unlugar comün en ninguno de los proyectos politicosen pugna. El argentino HilarioAscasubi, quien se encontraba exiliado en Montevideocomo tantos otros antirrosistas,expresô con claridad Ia actitud del gauchaje encuanto a Ia guerra en un dialogo de1833:Bien que los gauchos patriotas / peliamos por aficion;/ y en cuanto se arma unaguerra, / sin mas averiguacion / de si es regularo injusta, / nos prendemos ellaton, I y dejando las familias/ a Ia clemencia de Dios, / andamos añoS enteros Iencima del macarron, I cuasi siempre unos conotros I matándonos al boton. IAsI de Ia paisanada I los puebleros con razonI suelen reirse, porque saben /que los gauchos siempre son I los pavos queen las custiones I quedan con Iapanza al sol. (Ayestaran 184)70Aunque el tópico que discuten aqul los gauchos Jacinto Amoresy SimonPeñalva se refiere a Ia batalla de ltuzaingO, que marco el fin de Ia lucha contra Brasil,Ia particular sensibilidad del gaucho a los hechos de sangre se puedeextrapolarperfectamente a otros acontecimientos. Ascasubi lo sabla muy bien, no por sergaucho, sino porque más tarde, durante Ia Guerra Grande, además de ser proveedorde vituallas del gobierno colorado de Ia Defensa, contribuyO decididamentecon supluma a engrosar el corpus de los textos “gauchipolIticos” en elenfrentamiento entrefacciones que destruyO Ia tierra paradislaca que hablan soñado losletradosneoclásicos.Queda por determinar cômo se articuló Ia relaciOn entre el procesodeformaciOn del estado nacional y Ia emergencia delsujeto republicano en el imaginariode los letrados en relación con Ia literatura, temas que abordaremosen los capItulossigu ientes.71CapItulo 2 - El estado y Ia institucionalidadLa formación del Estado Oriental del Uruguay, al margen de las facetasexclusivamente polIticas y económicas en juego (intereses argentinos, brasileños,británicos y orientales en pro de Ia independencia), plantea el tema de Ia generacionde una identidad nacional separada y definida dentro de un territorioy en unapoblaciôn que siempre se vio como parte integrante e indivisible de las ProvinciasUnidas. Con las debidas extrapolaciones, es exactamente lo que ha planteadoEra nçois-Xavier Guerra en cuanto a los estados americanos: “El problemade IaAmerica hispánica no es el de diversas nacionalidades que van a formar unestado,sino el problema do construir ‘naciones’ separadas a partirde una misma‘nacionalidad’ hispánica (Guerra 2003, 187). Este tema, complejoy variado, en el RIode Ia Plata estuvo relacionado con Ia definiciOny el alcance do Ia idea de “patria”desde los primeros tiempos do Ia Revolución deMayo. Los debates entre lasdiferentes posiciones han sido resumidos por RicardoRojas en una cita do su clásicoLa argentinidad (1916) donde se evidencia el solapamientodo las frontorasideolOgicas y polIticas en esa contrastación doideas: “Todos los hombres do nuestraomancipacion hablan do ‘patria’, pero noso refioren concretamente a nuestra patriaactual: es para Funes, Ia ciudad nativa; para Moreno,el virreinato; para Gorriti, lasProvincias Unidas; para Monteagudo, toda Ia America”(18). Esta porosidad delconcopto do patria y las adhesiones quo implica desdeel punto do vista afectivoaparecen reflejadas on los textos neoclásicos dol Elparnaso oriental y on Ia literatura72gauchesca, como Ia mostrarán algunos ejemplos en las páginas siguientes.Essignificativo que Ia compilación de Lira tome como punto de partida cronológico paraIa construccián del corpus de los hechos notables a preservar un texto que pertenecea Ia historia y Ia literatura de Ia epoca colonial, 10 que sitüa los germenes de Ia idea delEstado Oriental durante el perIodo de las invasiones inglesas.La musa cIvica y los orIgenes del teatroA las inclinaciones literarias de un sacerdote de Montevideo, Juan FranciscoMartInez, se debe Ia composición de Ia primera obra dramática oriental,La lealtadmás acendrada o Buenos Aires vengada, representada en IaCasa de Comedias en1808. Se trata de una alegorla que celebra Ia reconquistade Buenos Aires de manosde los ingleses por Ia expedición militar montevideanacomandada par el generalLiniers en agosto de 1806. Ese mismo año eIautor, del que poco se conoce, habiacompuesto cincuenta y seis octavas realesA Ia pérdida y reconquista de BuenosAires por un defensor de Ia patria hijode Montevideo, texto que contiene el germen deIa obra teatral posterior (Rela 14).La libertad más acendrada se inspira en el conflictode los dioses homéricoscon respecto a Ia suerte de Ia ciudad de Troya. EnIa pieza de Martinez, Buenos Airesy Montevideo están representadas par dos ninfas,una que Ilora su desventura alhallarse ocupada par “el vii anglicano,monstruo horrendo” (Par. 3, 233)y otra que le56 Se ignora su fecha cle nacimiento, aunquese sabe que muriô antes de 1844. Fue capelláncastrense, maestro de escuelay abogado (Pivel Devoto 1981b, LXXXVIII).57 Para los pbs cristianos rioplatenses, los ingleses eranherejes, y repeler Ia invasion no era otracosa que una guerra contra los enemigosdel culto mariano, como lo habla planteado Liniers (Cayota83).73ofrece su ayuda y Ia de sus hijos: gobernador, Cabildo, hacendados, comerciantesypueblo Ilano. Marte apoya a España y Neptuno a Inglaterra, y el combate entre lastropas en tierra se corresponde con el enfrentamiento entre los dioses, quienes luchana brazo partido entre insultos. No es menor el desempeño de los soldados deIareconquista: “Un Hercules Tebano en este dia I aun el menorsoldado parecIa” (269).MartInez vincula Ia gesta de los combatientes con los poemasde Homero y Virgilio,pero da un paso más aIlá de Ia mera referencia eruditay convencional: dignifica lolocal, enaltece su obra literaria e inmortaliza a los heroes a quienescanta, en un tratode igual a igual con los grandes nombres de Ia antiguedad. En efecto,después demencionar Ia importancia de las fuentes del Parnasopara Homero y el podermovilizador de Ia poesia de Virgilio, un nuevo Orfeoque encanta a Ia vez al rio de suMantua natal como al TIber romano (271), el presbiteropasa a referirse a las aguasdel Rio de Ia Plata. El poeta oriental se adelantaen varios años a 10 que serla Iaelogiosa e hiperbôlica lectura de los hechos guerrerosque tuvieron lugar en susmargenes. AsI, afirma:Alaben, canten, digan siempre extremosI de esos semi-dioses fabulosos, Ifingiendo Magas, Cires (sic), Polifemos,I encantos y hechos de armasprodigiosos; I que acá en el Argentino cantaremosI de heroes más admirables ygloriosos / acciones, con que dejan confundidos/ a esos dioses soñados yfingidos. (271-2)58 Emilio Irigoyen (64) observa que los acontecimientosde Ia RevoluciOn Francesa, el imperio deNapoleon y, más tarde, Ia invasiOn francesaa España determinaron que el Neoclasicismo, al arraigarseen el Rio de Ia Plata, perdiese aquellaaura de serenidad, severidad y circunspecciOn que locaracterizaban. La lucha de Neptuno y Marteen el escenario ilustra precisamente ese punto.74Esas acciones admirables fueron vividas en Montevideo como algomás que Iareconquista de una ciudad. Cuando los ingleses se retiraron en 1807, para tristezademuchos anglofilos,59el gobernador EIIo dispuso Ia inmediata representaciônde Iapieza de MartInez. Eso fue un gesto decididamente polItico.Eran los pobladores deprovincias quienes habian corrido a rescatar a Ia capitaldel virreinato de las manosdel invasor, y con ello hablan alejado el peligro británico detoda Ia America del Sur(Rela 15). La reconquista, “debida tan solamente al imponderablepatriotismo de estepueblo fiel” (Reyes Abadie 2: 333), como afirmô el Cabildo,fue aprovechada por éstepara solicitar a Ia corona algunas prerrogativas administrativas,en particular Iaextension de Ia jurisdicciôn polItica de Montevideoy creaciôn de un Consulado deComercio propio para independizarsede to que se consideraba el dominlo despótico yabusivo de Buenos Aires. Se pidieron tambiénhonores especiales: el agregado de lasbanderas inglesas tomadas a los invasores at escudode armas de Ia ciudad, ettratamiento de Excelencia para el Cabildoy el titulo de “Muy fiel y reconquistadora”para Ia ciudad. De todas estas medidas,solo se formalizaron las que correspondIan alos atributos y sImbolos (Reyes Abadie2: 335). Montevideo, de todas maneras, habiaganado un capital moral importanteque lo posicionaba frente a Buenos Aires con unmayor grado de autonomlay suficiencia. Ya constituido el Estado OrientaldelUruguay, el editor de Elparnaso orientalincluyO el texto de Martinez como59 Juan José Castelli, futuro miembrode Ia Primera Junta, habla jurado fidelidad a Iacorona británica(Machado 23); Manuel Belgranoy Mariano Moreno, otros dos grandes nombres de Ia emancipaciôn,eran abogados de una empresa que introduclamercaderlas inglesas en el virreinato (Cayota84). El librecomercio y Ia anglofilia, dos armas de pesocontra el monopolismo español, tuvieron su importantecuotaparte en el proceso revolucionario rioplatense,a Ia par de las aportaciones de los filôsofosde IallustraciOn.75recordatorio de uno de los sucesos más importantes de Ia historia de un pals que,paradójicamente, no existIa mientras tenian lugar esos acontecimientos. La libertadmás acendrada y Buenos Aires vengada vendrIa a evidenciar asI el valor simbOlico deIa reconquista en Ia conformación del espIritu nacional, prefigurado en las peripeciasde los montevideanos que participaron en ella. Entre ellos figurO nada menos queJosé Artigas, por ese entonces Ayudante Mayor de Blandengues, representado en eldrama como el Oficial que lleva a Montevideo Ia noticia del triunfo contra los británicos(Sansone 148). Adicionalmente, el conflicto con Gran Bretaña generó otro hechoimportante, esta vez a nivel de las letras: el surgimiento del cancionerocivil en el Riode Ia Plata, el cual, inspirado en Ia lucha contra el imperio ingles, generarIamás tardelos textos que acompanaron el desarrollo de las luchas revolucionarias.6°Enel terrenopatriOtico-dramãtico, uno de los continuadoresde Martinez fue Bartolomé Hidalgo.El unipersonal Sentimientos de un patriota es un melOlogo, a cargode un solopersonaje, cuyo parlamento dialoga con un comentario musicalque subraya Iaexpresividad de las palabras o anticipa el sentimientoque se expondrá más adelante(Ayestarán 1953,182).61Este unipersonal se estrenó en el Teatrode Montevideo en Ianoche del 30 de enero de 1816. El protagonistaes un oficial del ejército queinicialmente discurre en voz alta sobre Ia emancipaciónamericana y las ventajas de Iaunion frente a los enemigos para luego dirigirsea una pequena y mal equipada tropa.60 “Una nueva musa acababa de nacer: Ia de los cantosciviles, antes desconocidos en el Plata.[...]Lamusa que en las invasiones se ensayaba, eraIa misma que abrirIa mãs anchamente las alas al Ilegar Iaaurora ya inminente de Ia emancipaciôn” (Rojas 1960:3,527).61 El comentario musical se desarrolla en tres partes biendiferenciadas: “müsica patética” enoportunidad del parlamento inicial del oficial en el que lamentalos ultrajes a que se ye sometida Iapatria, “müsica apacible’ al referirse a lospatriotas y “müsica bélica” al presentar a Ia tropa y desarrollarlas ideas de uniOn y libertad.76El discurso patriótico y ejemplificante que le dirige el oficial se organiza como unapieza didascálica que comienza presentando a los soldados al püblico como “valienteshijos de Ia Patria” que, aunque “desnudos, con miserias y fatigas” (Par. 1, 31), estáncubiertos de heridas y do honor. Estos hombres no son sus subordinados, sino quo,en una camaraderla horizontal, están definidos como “caros companeros” y “amigos”.Dice de ellos el oficial:“[...]presididos de mi espada I do constanciay valor dieronejemplo, I y entre el cañon, Ia muerte y terrorismo / el pond oroso yugosacudieron” (1,31). El texto trasunta un fuerte mensaje igualitario en el que Ia estructura de Ia troparesponde más al concepto del primus inter pares quo a Ia verticalidad tradicional delestamento militar. La situaciOn del oficial como el primerodo los soldados nos remiteal fonômeno del liderazgo caudillesco on Uruguay. En elmodio rural, el caudillo fuo unpaisano cuya personalidad reunia las caractoristicaspropias do cualquier otro de suspares, aunque tenla un carisma que lo situaba un pasomás adolante de los demás.Se dijo de uno do ellos, Fructuoso Rivera: “Id,y preguntad[...]quien es el mejorjinetedo Ia Repüblica, quien el mejor baquoano, quien el domás sangre frIa on Ia pelea,quién el mejor amigo do los paisanos, quién el más generosodo todos, quien en fin elmejor patriota, a su modo do ontonder Ia patria,y os responderán todos, el GeneralRivera” (en Reyes Abadie 4: 97). A partir del Ultimotercio del siglo XIX y hastaprincipios del siglo )(X, ya dividido el ospectropolitico en dos partidos rivales, elcaudillo rural Iideró Ia resistencia a Ia imposiciondo una modernidad capitalistaimpulsada desde el discurso hegemónico montevideanoquo no compartIa o no77comprendIa.62Esos movimientos de masas airededor de un personaje carismático, tantemidos por los gobiernos de turno, hablan probado ser efectivos en Ia lucha por Iaemancipación, de lo cual es testimonio Ia figura de Artigas, él mismo un caudillo cuyosecos resuenan en el personaje del oficial patriota.Cuando Hidalgo escribió su unipersonal, seis años después de Ia Revoluciônde Mayo, España todavIa seguIa siendo un problema para Ia libertadtotal de America.Entre privaciones y abandonos, particularmente “de nuestro hogar, esposas, tiernoshijos” (32), los americanos del sur, “excediendo / en tesón al famoso,al granLeônidas”, tenlan Ia obligaciôn moral de sacrificar su existenciay sus intereses en Iadefensa de su tierra natal, ya que “Quien falta a sus deberes pierdeal punto / toda Iadignidad de sus derechos”, segün el oficial (32). El valor propagandisticode Ia piezade Hidalgo no se limita a enumerar los sacrificios por Ia libertad del“patrio suelo” (33),un territorio que trasciende los lImites de Ia comarca nataly se extiende a todaAmerica, haciendo asI del continente elcampo de batalla por las ideasrevolucionarias. No solo apunta explIcitamentea los antiguos componentes delvirreinato (“Cochabambinos fuertes,y Paceños, Cordobeses, Salteños, Tucumanos, IArgentinos y hermanos los más tiernos I del restode Provincias que hoy defienden / IaLIBERTAD (sic) del meridiano suelo,I con Ia uniOn os convida vuestro hermano” (35))en Ia necesidad de un frente comün, sino que amplIael Ilamado:“[...]los que poradopción Ia causa justa I defendéis, también soismis companeros” (36).” No hay62 Abril Trigo analiza exhaustivamente el fenOmeno delos caudillos su Caudillo, estado, nación.Literatura, historia e ideologIa en el Uruguay (1990). Delcontraste entre los programas propuestos porestos lideres a lo largo de Ia historia se destaca Ia dialécticaentre un conservadurismopredominantemente rural y un reformismo de extracciónurbana, este Ultimo heredero, en ültimainstancia, del Neoclasicismo culto fundacional.78estado todavIa, no sOlo porque los Ilmites territoriales eran difusos y permeables, sinoporque el criterio de pertenencia se fundaba en una gran comunidad imaginadabasada en Ia acihesión a ideales compartidos. Elparnaso oriental se hace eco de Iamisma situación al agregar a! canon de Ia literatura del Uruguay las obras de losnacidos en otros suelos, siempre que se afilien al credo republicano y canten alprogreso, Ia libertad y el orden social.El valor de Ia uniOn se ilustra con ejemplos histOricos de disensiones queterminaron derrotando imperios (los musulmanes en España, los aztecas e incas enAmerica), y reinstalando el dominio espanol en Chile, debilitado por luchas intestinas,a partir de Ia batalla de Rancagua (1814). Se hace presente aquI el valorejemplificante de Ia obra teatral, que lee entre Ilneas Ia historia reciente de Ia ProvinciaOriental y su relaciOn con las Provincias Unidas del RIo deIa Plata, teñida de alianzasy rivalidades, en momentos en que Ia lucha contra el centralismo porteño está en suapogeo y se avecinan, por un lado, Ia caida del gobierno de Buenos Aires en manosfederales y, por otro, Ia defección de los caudillos de Entre Rios (FranciscoRamIrez) ySanta Fe (Estanislao Lopez) poco después de producirse Ia invasiOnportuguesa de1816. Conviene destacar que este unipersonal es casi contemporáneo delCielitooriental contra los portugueses, lo que muestra a Hidalgo como un intelectualorganicosirviendo a Ia causa con todos los recursos de que dispone, embarcado enIa creaciónliteraria en los registros culto y popular simultáneamente.Por lo grafico del texto, por su funciOn didáctica y por ese doble manejo deesosregistros que hace Hidalgo podrIamos incorporar aqui el cielito que transcribiôAcuña79de Figueroa en su Diarlo del Sitlo:Los chanchos que Vigodet I Ha encerrado en su chiquero I Marchan al son deIa gaita I Echando al hombro un fungeiro. II Cielito de los gallegos, I Ay!, cielitodel Dios Baco, I Que salgan al campo limpio I Y verán lo que es tabaco. IIVigodet en su corral I Se encerró con sus gallegos I Y temiendo que 10 pialen /Se anda haciendo el chancho rengo. II Cielo de los mancarrones, / Ay!, cielode los potrillos, I Ya brincarán cuando sientan I Las espuelas y el lomillo.(Hidalgo 185)A Hidalgo, formado en Ia escuela neoclásica, le cuesta no mostrar susorIgenes, incluso cuando se dirige a una poblaciOn mayoritariamente analfabeta comolo era su püblico rural. La inclusion de un término tan tradicionalmenteculto comoBaco podrIa parecer una anomalIa en ese contexto, peroesa referencia al diosromano del vino es importante por varios aspectos: su valordidáctico, su papel en Iarima y Ia métrica, su ataque a los adversarios, queunirlan asI a su condiciOn decerdos Ia de borrachos. Es de destacar, asimismo,que Hidalgo haya elegido esetérmino para hacerlo rimar con “tabaco”, lo que muestraque el selecto y sofisticadoarsenal léxico del Neoclasicismo no era totalmenteexclusivo de Ia poesla culta eimpregnaba también los textos gauchescos.63Porotro lado, están presentes dos63 Hidalgo combina formas populares y cultas en varios desus textos gauchescos. En Ia cuarteta“cielito, cielo que si, I cielito del fiero Marie, I en empresastan sublimes I os tocô Ia mejor parte”(Hidalgo 208) encontramos un dios romano con un epiteto tIpicamenteneoclásico (“fiero Marie”), unadjetivo para nada popular (‘sublimes”) y una forma pronominalpeninsular (“Os”) que desentona en elcontexto de una composiciôn gauchesca.80elementos tIpicos de Ia poesla gauchesca revolucionaria:1) Vocabulario rural, destacado con cursivas en el original o mediante el empleode expresiones tIpicas (“hacerse el chancho rengo”: hacerse el desentendido).2) Descalificación de los adversarios. Montevideo está representado como unagran pocilga donde el gobernador Gaspar de Vigodet ha encerrado a sus tropas,metamorfoseadas en cerdos, animal inmundo por excelencia. Subyace aquI unaalusión al mito de los companeros de Ulises convertidos en animales por Ia hechiceraCirce y reducidos asI a Ia inoperancia como soldados (Grimal 104); más aUn, Iaimagen de esas tropas, que marchan portando no un arma sino unaestaca de lasbarandas de los carros, el fungeiro, refuerza Ia idea de su nub valormilitar.MHidalgovuelve a articular Ia tradiciôn culta, neoclásica, con Ia referencia al entombdel oyente,apelando a imagenes de su vida cotidiana en su propio lenguaje. Enesos términos,queda claro que si a los sitiados se les ocurre salir a campo abierto, aIa batalla, van apasar un mal momento.65 En Ia tercera estrofa,los espanoles siguen encerrados, estavez en un corral, recinto que remite al ganadovacuno y caballar. El verbo pialar,“enlazar”, apunta a los sitiadores, que amenazan contomar Ia plaza, aunque Vigodet,metamorfoseado en cerdo él mismo (“Se anda haciendoel chancho rengo”), rehüye Iaacción. La ültima estrofa presagia el mal momentoque padecerán los sitiados, ahorabajo Ia forma de caballos mancarrones (veteranos)o potrillos (bisoños), cuando se64 La grafia correcta es ‘fungueiro’ (Franco Grande468). ,Se trata de un arcaismo ortográfico o de Unpunto débil en Ia formación cultural del letrado?65 “Ver lo que es tabaco” corresponde, segün Becco (1723),a Ia expresión coloquial española “verquién es Callejas”. El DRAE Ia define como una forma de jactarsealguien de su poder o autoridad (403).Variantes como “dar tabaco”, “dar pa’tabaco”, o incluso “darpa’tabaco, hojilla’ y fósforo” sonexpresiones que todavia se oyen en Ia conversación informalen las zonas rurales y suburbanas delUruguay.81vean enfrentados a las tropas revolucionarias, quienes les harán sentir el peso dellomillo y lo acerado de las espuelas.Otro rasgo interesante de este cielito que lo emparenta con Sentimientos de unpatriota es, de nuevo, Ia idea de Ia camaraderla horizontal de Ia tropa. En ningünmomento se habla de jefes revolucionarios. Del lado de los rebeldes, además deunaconfianza absoluta en cuanto al futuro (“y verán lo que es tabaco”),no se sabe nada.Queda claro que están del lado “de afuera”, expresión que todavIa hoy se usa parareferirse a todo lo que no sea Montevideo. En aquellos tiempos de murallasyfortificaciones, el otro lado era el más allá de lo urbano, de Ia civllizacióny de loletrado, y asI lo habrian de sentir los escritoresque trataron de integrar a Ia poblaciónde extramuros al proyecto revolucionario.La preservación de Ia pieza del presbItero MartInezy del unipersonal deHidalgo en El parnaso oriental queda asI justificadaen cuanto testimonios del valor delteatro como herramienta de propaganda poilticay exaltación del sentimiento popular.En este papel de Ia perlormatividad como auxiliar deIa revoluciOn cabe destacar Iadiferencia de los enfoques relacionados con el püblico.Estas dos obras fueronrepresentadas en el ámbito natural de Ia ciudad letrada,es decir, un teatro urbano,con Ia intención de movilizar afectivamente a Ia población.La oposicion culto-popularse relaciona aqui con lo urbano-lo rural,y, como vimos al comienzo de estadisertaciOn, el espacio más alláde Ia muralla de Montevideo fue el escenario dondeopero Ia canciOn militante de Bartolomé Hidalgo.La celebración del sentimientopatriótico, ya fuese de fidelidad a Espana en Ialucha contra el imperio británico oa Ia82gran patria americana en el unipersonal de Hidalgo, se expresaba en todos losámbitos posibles. Con Ia independencia del Uruguay Ilegarian otros textoscelebratorios, esta vez de devociOn a Ia letra escrita, en particular Ia constitución.La constituciónEl 18 de julio de 1830 sejuró Ia primera constitución, momento que coincidiócon un periodo de optimismo inocente que quiso creer que las viejas discordiassesuperarlan definitivamente a partir de Ia aprobación pUblica de Iacarta magna. ElloacarrearIa, casi como una consecuencia necesaria, el progresoy el bienestar paratodos los orientales. Muchos textos de nuestro corpus son cabales muestrasde esaexpresiôn de modernidad y renovaciôn, alentadapor lo que se consideraba elfin delcaos institucional que habla signado los primerostreinta años del siglo. De inmediatoaparecieron los textos celebratorios, en generalindiscutiblemente hiperbOlicos, comoIa oda de Acuña de Figueroa que veremosa continuación.El poema se inicia como las narraciones mIticasdel instante de Ia creaciOn. “Dehoy en más Ia Patria brillará en Ia historia / constituida,feliz, independiente”, dice elpoeta (Par. 1, 146). Este enunciado perlormativosepara Ia luz de las tinieblas y marcael inicio de una nueva Edad de Oro.Cabe a Ia aurora, “de tantos beneficiosprecursora”, auspiciar el nacimientodel Estado Oriental del Uruguay. El nuevo palsseinaugura mediante un acto de habla del letradoy se apoya en un texto digno de lasdiosas helénicas de Ia justicia (“elcodigo sagrado / que en sus aras los hijos hanjurado, / obra digna de Temisy de Astrea, I de sus derechos el baluarte sea”). Temis,83una de las deidades más antiguas del panteón griego, fue responsable de habersuministrado a los dioses los oráculos, los ritos y las leyes (Grimal 443-4). Su mismonombre significa “justicia”. Astrea, hija suya y de Zeus, difundiO entre los humanos losideales de justicia y virtud durante Ia Edad de Cr0y fue Ia ültima diosa que conviviócon los mortales antes de que el 0db y Ia maldad iniciasen su reinado (Grimal64). LaapelaciOn a estas deidades es a Ia vez una garantla de calidad de Ia obrajurIdica y IavalidaciOn de un orden nuevo que reinstalará esa época paradislaca, ahora basadoenel imperio de Ia ley escrita. En este sentido, Ia mitologia, agrafa,deja paso a Iahistoria.Los constituyentes de 1830 son celebrados en los términosmás elevados a losque se podia recurrir en esos años de continuas referencias grecolatinas:Y vosotros varones, I émulos de Licurgosy Solones, / que con celo y prudencia,I patriotismo y desvelo, / Ia cara independenciaI en las Leyes fundáis del patriosuelo, I gozaos en Ia obra; recibid las palmas, Iy en placeres se inundenvuestras almas. (147)Licurgo y SolOn, espartano y ateniense, vivieronen el siglo VIII a. C. y en el VIIrespectivamente. Estas figuras más o menos semilegendariasfueron responsables delfundamento de Ia democracia ateniensey de Ia estructura poiltico-militar de Esparta,con todas las connotaciones que ello ha tenidoen Ia tradiciOn cultural de Occidente.Se trata de dos ejemplos paradigmáticos deestadista cuyo prestigio, más simbôlicoque real, confiere realcey dignidad a Ia misiOn del legislador, quien aparece como un84dechado de valores republicanos y civicos. Asi, Isidoro de Maria, en su Oda a!cerrarse los trabajos parlamentarios de Ia segunda legislatura constitucional, retomaun viejo tOpico de Ia historia romana: Ia frugalidad, Ia sencillezy Ia falta de ambiciónpersonal de los primeros magistrados de Ia repüblica. Un caso célebrees el delpatriclo Lucio Quincio Cincinato, quien en el siglo V a. C. fue Ilamado porel Senadopara ocupar el puesto de comandante supremo enuna de las frecuentes guerras.Segun Ia tradición, Cincinato estaba arando sus campos cuando Ilegaron los enviados.Después de limpiarse el sudory el polvo, el patricio se colocó Ia toga y recibiô elnombramiento de dictador por el término de seismeses. Tras derrotar a los enemigosde Roma dos semanas más tarde, volvió de inmediatoa Ia vida civil, retomando susocupaciones como simple particular (Hornblower1288). El ejemplo de CincinatoinspirO estos versos del poeta uruguayo:Desde el recinto de legislar, sagradoI al dulce seno de Ia privada vida I ya vaisa descender; ya os ha Ilegado I Ia clausura debida, I que Iatoga dejando I y altrabajo tornando, I cual otro Cincinato I honorde Roma, sed su fiel retrato. (Par.3, 44)El uso del verbo “descender” es significativopor demás. Como en todo elNeoclasicismo, y especialmente enlos textos celebratorios, se respira unaura desacralidad o trascendencia supramundana. Las institucionesy los hombres que lassirven son prácticamente de otro mundo,donde Ia rigidez, Ia grandiosidad augusta, losublime tienen su asiento.85La devociOn del letrado por el texto constitucional es tan patente que Ilega aconvertirse en una suerte de religion laica. Un poema de Florencio Varela sobre el dIade Ia jura narra un prodigio en forma de aparición celestial. Una “deidad augusta” que,“de despojos bélicos cargada, I el ramo entre ellos de Ia oliva ostenta”, entra enescena (Par. 1, 141). Indudablemente, se trata de Minerva. Lieva Ia libertad comodivisa en el hierro de su lanza y tiene a Ia discordia agonizandoa sus pies,adaptaciôn, en dave republicana, de Ia figura de un diosmatando a un animal (Apoloy Pitón, y más tarde San Jorge y el dragon). El poema es sumamente grAficoy evocauna gestualidad solemney cargada de reverencia, como Ia que trasunta el gesto de Iadiosa levantando “el sagrado volumen I do Ia sabiduriaI los derechos grabO delciudadano”. Virgen en Ia mitologla clásica, aquI tienehijos afectivos, espirituales,fieles del credo republicano, que adoran el textode Ia constitución “como al don máshermoso I que el Cielo puede hacer a las naciones”.A continuación, “Ellos Ilegan: Icon miedo religioso I doblando Ia rod illa” para jurarIa constitución “y cargar debaldones y mancilla I el nombre del apóstata insolente/ que atropellarle en su deliriointente” (142). Los hijos de Ia patria, arrodillados,dibujan un cuadro cargado desolemnidad. ,Es ese “miedo religioso”una simple imagen poética para resaltar Iapomposidad e importancia del acto,o acaso se quiere aludir al miedo frente a lo queno se comprende, Ia palabra de Ia ley escritaque probablemente muchos de lospresentes no sepan leer? Lo que Si es evidente esIa atmósfera ritualizada de un actode devoción a un idolo de Ia ciudad letrada: el librode Ia ley, “obra digna de Atenasy66 La misma religiosidad aparece más nItidaen Ia version del himno nacional de 1845: “De los fuerosciviles el goce I sostengamos;y el cãdigo fiel I veneremos inmune, y glorioso, I como el Arca SagradaIsrael” (Acuña de Figueroa 6).86de Esparta” (Par. 3, 45). Es una especie de comunión general, donde todos los hijosde Ia nueva patria se disuelven en un mismo juramento y un mismo gesto de doblesumisión a Ia ley y al numen inspirador. Como dice Starobinski hablandode IaRevolución Francesa y los juramentos, “La volonté singulierede chaque individu segeneralise dans l’instant oU tous prononcent Ia formule du serment:c’est du fond dechaque vie individuelle que monte Ia parole dite en commun,oU Ia loi future, toutensemble impersonnelle et humaine, trouverasa source” (270).El juramento a Ia ley fundamental del estadolo hace viable bajo los auspiciosdel contrato social que unifica a todos los habitantesen una misma realidad polItica.De ahI que los textos insistan tanto en el peligrode Ia anarquia o, en otras palabras,los levantamientos armados contra el gobierno. “Laambiciosa anarquIa es untorrente, I hôrrido abismo de furor cruento,/ que arrebata con Impetu violento I a IaPatria, al Patricio e Inocente”, Ia define Pablo Delgadoen 1832 (Par. 1, 180). Sereferla, sin duda, a Ia “facción infanda”del primer levantamiento de Lavalleja esemismo año, que desafiaba el optimismoy Ia confianza desmesurada en el poder de Ialetra escrita, tIpico de Ia ciudad Ietrada.67“Ese cOdigo augusto Ia barrera / será, que aIa ambiciOn trastornadora / atajeen su mortIfera carrera”, habIa cantado FlorencioVarela (1, 139), pero Ia realidadera otra. A principios de 1834 otra sublevaciôndelhéroe de SarandI volvió a plantear elpeligro de Ia guerra civil. Huboquien tomó elasunto en broma, componiendoun poema epico en lenguaje gauchesco (La67 El exciusivismo del cIrculo gobernante, lasdenuncias sobre Ia gestiôn de Ia camarilla querodeabaa Rivera, el hecho de que el presidentese encontrase perrnanentemente ausente deIa capital, IaagitaciOn de Ia campaña por problemasde tenencia de tierra y, finalmente, el afán derecuperarposiciones por pane de Lavalleja y sus seguidoreshabrIan motivado ese levantamiento (Reyes Abadie4: 104).87Lavallejada) en el que se ridiculizaba ese levantamiento (Pivel Devoto 1981b, XVIII).Acuña de Figueroa, que cuatro años antes habla escrito “No más triste opresion, cruelanarquIa I turban el aura con aliento impuro” (Par. 1, 148), optó por tratar el mismotema desde un lenguaje culto y con mucha seriedad. En su Lamento patriótico se dancita Melpômene, musa de Ia tragedia, y Ia discordia bajo Ia forma de un reptil ávidodesangre que porta dos de los atributos de Ia muerte y Ia traición en Ia tradición culta: elpunal de Orestes y Ia tnica de Deyanira (Par. 1, 187-8). Recordemos queAgamenon,jefe de los griegos en Ia guerra de Troya, fue asesinado por su esposa Clitemnestraysu amante Egisto. Orestes, por su parte, vengó Ia muerte de su padre matandoaEgisto y a su madre (Grimal 329). El ejemplo de Deyanira, modelode Ia esposadespechada, se refiere a una tünica envenenada que Ie dio a Hercules creyendoquecon ello lograrIa recuperar su amor, aunque lo que produjo con ellofue Ia muerte delhéroe (Grimal 129). Las dos historias, por los vInculos familiaresy afectivos que unena sus personajes, sirven para expresar Ia lucha fratricida entreorientales, Ia cual, en elpoema de Acuña de Figueroa, se conjura con Ia ayudade un indefinido “numen” quereinstala Ia union y Ia amistad para que el pals continue siendoeI jardIn de Eden(190). Esa visián del Uruguay como una tierra privilegiada, casiuna excepcion en elconcierto de las naciones, es un tema recurrenteen los sueños de los letrados.Uruguay, tierra privilegiadaLos levantamientos armados eran, ante todo, un obstáculopara el progresoque debla instalarse en el pals.tEn quéconsistIa ese progreso? Los letrados lo88formularon como un rápido mejoramiento en todos los ôrdenes de Ia vida social quereactualizarla el mito de Ia Edad de Oro, tema presente en Ia literatura occidentalyadesde el siglo VIII a. C. SegUn el relato de Heslodo, de las cinco razas humanas quese sucedieron, Ia primera, Ia de oro, vivio cuando Cronos todavia no habIa sidodestronado par su hijo Zeus. En aquellos dIas, Ia humanidad estaba libre de laspreocupaciones y los dolores. Los humanos nunca Ilegabana viejos y pasaban eltiempo banqueteando, sin necesidad de trabajar, puesto que todo Iaque les haciafalta les Ilegaba en forma espontánea. La tierra no necesitaba sertrabajada paraproducir espléndidas cosechas y los hombres vivianpacificamente en el campo. Almorir so convertIan en espiritus bondadosos, protectoresde Ia humanidad ydispensadores de riqueza (Grimal 173).Las versiones decimonônicas de esa edad idIlicadesbordan confianza yoptimismo. Como bien afirma Emilio Irigoyen,“Los entomos en que más prosperan lasformas neoclásicas suelen reunira Ia autoafirmación orgullosa Ia añoranza de unpasado ideal y Ia conflanza en el futuro, visto comaespacio de recuperación posiblede esa arcadia” (42). Pasadoy futuro, en el caso de Ia Banda Oriental, se conjuganenuna misma realidad, que no es otraque Ia que figuro desde siempre en las raIces delnuevo pals: Ia ganaderIa. Por ello,el futuro, dos mil años después de Hesiodo,seguladependiendo del ganado como principal fuentede riqueza y facilitador del progreso,que se multiplicaba por Si solo en las praderassin los cuidados del hombre. El mismodia en que so jurô Ia constitución, desde Ia plazade Montevideo los cartelescelebratorios proclamaban que89Ya el pastoreo empieza I a anunciar del Estado Ia grandeza; / antigua como elMundo esta fuente de vida, I por Ia Ley protegida, I difundirá su manantialfecundo: I torna al Pueblo Oriental el siglo de oro, / y el pastoreo es su mejortesoro. (Par. 1, 153)La importancia de Ia ganaderia aparece resaltada en el escudo nacional de1829, donde junto al caballo (libertad), el cerro de Montevideo (fuerza)y Ia balanza(Temis, Ia justicia) figura un buey que representa Ia abundancia, aludiendoseguramente a dos vertientes simbôlicas diferentes pero complementarias.Por unlado, el ganado bovino en general ha sido, desde los tiemposclásicos, una medida deIa riqueza del patriarcado y en Uruguay, particularmente,el determinante de una “edaddel cuero”;68 por otro, el buoy se vincula con las tareas agrIcolas,relacionadas a suvez con una forma de vida sedentariay pacIfica (sin olvidar Ia referencia cristiana alpesebre de Cristo) como Ia cantada por Virgilioen sus Georgicas. Esta doblesignificacion del buey lo hace funcionar comoun identificador apropiado del UruguayagrIcola-ganadero del primer tercio del siglo XIX,cuya prosperidad so habla vistoduramente comprometida por las frecuentes guerras.Desde esta perspectiva, Iaapertura de un mercado en Montevideo en el sitlodonde antes habla funcionado Iacárcel de Ia Ciudadela fue un acontecimiento trascendentalque mereció ser puesto enverso. La dominaciOn brasilena habIa pasadoy con ella un tiempo pautado por el68 “Hasta fines del XVIII el cuero fue, en efecto, Ia materiaprima de toda industria. Se hacIan de cuerocrudo, con pelo, las puertas de las casas,los cofres para guardar Ia ropa, los odres para el transportedelos lIquidos, las petacas para sentarse, los lechos de dormir,los techos de las carretas de viaje,y a más,tientos y cordajes que sustituian en todos los usos al clavoy al alambre” (Zum Felde 1941, 28). Unjesuita que visitó Montevideo en sus inicios contabilizô treso cuatro casas de ladrillo y unas sesentacabanas hechas con cuero de buey (Rela 1998 1: 123).90horror y Ia guerra que hablan asolado los campos antes consagrados a CeresyPomona (Par. 3, 118). Después de Ia evocación de esos tiempos de opresión(“rencorosos hados”, “recinto Ióbrego”, “impenetrable muro”, “bastion aterrador”, entreotros sintagmas previsibles), Ia Oda a Ia apertura del mercado celebra Ia agriculturayel trabajo del “afanoso labrador” como antItesis de Ia opresión por parte del poderextranjero. AsI, las labores agrIcolas se convierten en un referente de Ia libertad.Estaapuesta a un futuro prOspero en paz liga el destino de Ia patria independiente al cultivode Ia tierra. En consecuencia, Ia tension generada entre los acontecimientosbélicostodavIa frescos en Ia memoria colectiva -con anacronismos literarios talescomo elcarro de guerra en 1825 y las diosas romanas agrarias al pie del cañon,“broncehorrendo I quien torrentes de fuego vomitando Iy Ia muerte Ilevando, I el oIdo lastima”(119)- y Ia necesidad de mirar adelante y reconstruir Ia sociedadse resuelveliterariamente mediante el tOpico del campesino laborioso,de larga data en Ia tradiciónoccidental.69Este retroceso, canônico en lo Iiterario,deja, en el terreno de Iacotidianeidad, poco margen para el desarrollode nuevas estrategias productivas.PasarIan casi cincuenta años antes de que Iaindustrializaciôn, el alambrado de loscampos, el ferrocarril, los códigos de derechoy Ia reforma educativa produjerancambios sustanciales en Ia sociedad uruguaya,impulsados par Ia mano dura delcoronel Lorenzo Latorre (Machado 271-8).De todas maneras, el Uruguay de Ia décadade 1830 tenIa mucho que ofrecer.69 La agricultura en Ia zona tórrida maneja los mismos conceptos.Después de Ia guerra, Ia paz, “acuya vista el mundo Ilena I alma, serenidady regocijo; I vuelve alentado el hombre a Ia faena, I aiza elancla Ia nave, a las amigas I auras encomendándose animosa,I enjámbrase el taller, hierve el cortijo, I yno basta Ia hoz a las espigas’ (Bello 57).91Los escritores se abocaron a una tarea de propaganda y mercadotecnia de lasbondades del nuevo pals poniendo en un mismo piano no solo los recursos naturalessino bienes intangibles como Ia libertad y Ia justicia. Con eso, los letrados buscabanatraer extranjeros que se ampararlan en Ia sombra del “árbol de Libertad” que habriade “crecer frondoso” en el fecundo suelo oriental:Bajo su sombra amena, I del Tàmesis al Nib, / y desde el Volga al Sena,/vendrán los libres a buscar asilo; I y dirá el Mundo al repetirtu nombre, I he allIIa patria general del hombre! (Par. 1, 149)Hasta alli habIan ido los perseguidos y los disidentes, entre ellos el argentinoFlorencio Varela, quien pudo decir “Si quereis respirar aurade vida, / aura de Libertad:este es el suelo I en que asilo al opreso ofrece el Cielo” (Par. 1, 140).El Uruguay serlaasI Ia envidia del viejo mundo, una tierra cultivaday culta y no una interminable Ilanuradespoblada y barbara, refugio de indios y bandoleros:No soledad y Ilanos solamente / el viajero ensu marcha ira mirando, / cuandode Oriente el campo atravesando I contemplenuestro ser independiente, Idoquiera Vera gente I activay laboriosa; I doquier ciudad famosa I de artesyciencias ütiles henchida, I do el Ciudadano libertadrespira, / do Ia Leyigualmente repartida, / no Ia persona, si Iacausa mira. (Par. 2, 55)En su papel de divulgadores, promotoresy propagandistas, los poetas92practican un discurso asertivo y profético en el que parecen estar poniendo en versolos lugares comunes del programa liberal. En efecto, los conceptos deindustrialización,7°comercio con todos los paIses a través de una flota mercantenacional,71 dominio de Ia naturaleza mediante Ia educación y el conocimiento,72vigencia del estado de derecho y paz social basada en Ia leyy Ia razón,73 son algunosde los tópicos más frecuentados. Ya pasaron los tiempos violentos y ahora Ia fuerzade las armas cede su protagonismo a otros actores:No es ya Ia espada / ni Ia bravura heroica, I quien fije en adelante los destinosIde vuestro feraz suelo. Las virtudes, / el noble patriotismo, Ia alta ciencia I soloos harán felices. I Proscribid Ia ambición, el despotismoI y Ia barbarie, si hayentre vosotros; I pues que son enemigos implacables I depaz y libertad[...](Araücho 52)La “alta ciencia” es uno de los elementos de Ia trinidadque propone AraUchocomo recurso para Ia obtenciôn de Ia felicidad.En este sentido, el discurso ilustradoya habIa previsto un pals integrado a Ia modernidad desdelos comienzos de Ia70 “Sin fin se multiplique I Ia poblaciôn activa,que a labores I incesantes se aplique; I y puedan sussudores/daral suelo de Oriente/fábricas do Ia industria se alimente’ (1,161)71 “Del Polo más remoto, las naciones I tu amistady comercio procurando, I las más ricas y bellasproducciones I las verás transportando / a tu seguro puerto;Iy el cambio, siempre cierto, I llamará a tusriberas, I del mundo las riquezas verdaderas’(1, 132); “De las artes y ciencias al esmero I harán muymás ameno I tu comercio fecundo; I surcaráel mar profundo I tu marina famosa; I serás rica, feliz,ypoderosa” (1, 133).72 “Del templo del saber, las puertas de oroI se abrirán a porfia, y anhelosos I tus hijos correrán aldigno coro; I los arcanos dichosos I de almanaturaleza, I del genlo a Ia agudeza / cederánprontamente, I y harán feliz a Ia Naciôn de Oriente” (1,133).73 “Ella sabrá mostrar al ciudadano / a Ia par desus goces, sus deberes; /y a su poder divino ysoberano / los racionales seres / sumisosy rendidos, / jamás darán oldos I a Ia discordia impla; / Ia LEYy Ia RAZON serán su guIa’ (1, 134).93revoluciOn artiguista, cuando el padre Dámaso Antonio Larranaga se propuso cambiarradicalmente Ia situaciôn de Ia Provincia Oriental.EducaciOn y revoiuciónLarranaga (1771-1 848) fue un cientifico autodidacta que hizo suyos lospostulados del pensamiento revolucionario desde Ia primera hora y más tarde seaplicá a instrumentar Ia formaciôn intelectual de sus paisanos. Formado en el ColegioCarolino de Buenos Aires y en Ia Universidad de Córdoba, comenzO un volumen deanotaciones sobre temas de su interés durante Ia ocupacion inglesa de 1807. Fuentesperiodisticas europeas, enciclopedias y obras cientIficas integran los materialesconsultados. Estas anotaciones fueron suspendidas en 1811, cuando Larranaga seunió a Ia revolución (Castellanos XVII).Los intereses cientificos del sacerdote fueron mUltiplesy abarcaron Ia historianatural, Ia etnografla, Ia IinguIstica y Ia historia, areas a las que dedicO variosvolUmenes. Esta labor escrita se complementô con Ia paciente acumulaciOndemuestras botánicas, zoologicas y mineralógicas, con lo cual se convirtiO en el pionerode Ia museIstica uruguaya. Esas inquietudes lo Ilevaron a intentar una descripcióncientIfica de los reinos animal, vegetal y mineral de Ia Provincia Oriental siguiendoelSistema Naturae de Carlos Linneo, creador de Ia taxonomla. Comosu maestro PerezCastellano, también se anticipO a Ia propuesta de Bello de describir Ia naturalezaamericana, aunque su trabajo es tributario de una mayor preparacian cientIfica.La amplia e insaciable curiosidad que mostró en su empeno lo llevô a94convertirse en un interlocutor válido de muchos botánicosy naturalistas europeos, conquienes no solo se carteaba sino que recibla cuando aquellos arribaban a Montevideo.Geoffroy de Saint-Hilaire le escribiO en 1821: “Desde Riode Janeiro no hablaencontrado a nadie que pudiese conversarme de mis estudios favoritos,y yo recordarépor mucho tiempo con pesar las agradables veladasque me habéis hecho pasar”(Castellanos XXVIII). Sin Ia menor duda, Ia carrera cientificade Larranaga hubiera sidode las más rutilantes si no hubiese tenido en su haber dos grandesdesventajas: habernacido en una zona por ese entonces marginal del mundoconocido y haber vividoentre guerras y revoluciones.Los escritos de Larranaga tocan también otros temas,no cientIficos. Su Diarlode viaje desde Montevideo al pueblo de PaysandU,escrito en 1815, interesa no solopor su descripciOn de Ia campana, sinopor su encuentro con Artigas, cuyo“espartanismo”, por no decir pobreza, sorprende alsacerdote, sin duda acostumbradoa mejores lujos en Montevideo. Larranaga escribiOtambién textos eclesiásticosypoliticos, presentO un proyecto para estableceruna universidad y otro para Ia aboliciônde Ia pena de muerte. En una veta más distendida,elaborô una colección de fábulasdonde se dan cita Ia fauna y Ia flora de Americapara Ilegar al pueblo, como querla elNeoclasicismo, con máximas y consejos moralesen un marco de sencillez yelementos familiares al lector.La justificación de esta vastay variada produccion cientIfica y literaria estácontenida en Ia Oración inauguralque pronunciO el 26 de mayo de 1816 enoportunidad de Ia apertura de Ia primerabiblioteca püblica de Ia Provincia Oriental.Su95antecedente se remonta al año 1815, cuando Larranaga envió un oficio al Cabildo deMontevideo con un diagnostico de Ia situación de Ia provincia y una propuestaconcreta para combatir Ia deplorable situación de las ciencias, las artes y los oficios,en Ia que los jovenes sin educaciôn, los artesanos sin reglas ni principios y loslabradores atados a una rutina que no favorecia en nada los progresos de Iaagricultura, “base y fundamento el más sólido de las riquezas de este pals” (Larranaga31), pintaban un cuadro desolador.Ante Ia doble carencia de docentes en el territorioy de recursos para atraerlosdel exterior, Larranaga concluye que solo resta formarlos localmente.A tales efectos,ofrece sus propios libros y los de algunos amigos para fundarIa primera bibliotecapüblica, de Ia cual será su primer director, y apela al Jefe de losOrientales en pro desu apoyo y sostén material. Este planteo coloca a Larranaga a Iavanguardia de losletrados de su tiempo, ya que su propuesta supera el enfoque meramentehumanistico, retórico y religioso de Ia educación tradicionaly Ia convierte en unaherramienta indispensable para hacer viable el proyecto politicodel gobierno oriental.La filosofIa detrás de este emprendimiento se enfocaba en elaprendizaje de nocionesmodernas y ütiles, además de incorporar principios ilustradosque sustituyeran losprejuicios del vulgo, para Ilegar a ser a Ia vez unapersona ütil a Ia sociedad y unsujeto digno de ocupar un puesto prominenteen ella en razón de sus méritos yvirtudes, como dictaba el pensamiento liberal(Romero 1976, 168).Un ejemplo de lo que se consideraba de avanzadaalgunos años más tarde(1835) se encuentra en el libro de Manuel Araücho,quien, como Larranaga, era otro96autodidacta. Un paso en el Pindo testimonia las incursiones del militar-poeta en elcampo de Ia salud con una canción (A Ia humanidad afligida) en Ia que se ataca el usode las “Ventosas, sanguijuelas, I el mercurio, el sedal, I las fuentes, los unguentos Iyotras sandeces más” (32) por parte de los medicos de Ia epoca. Aqul no es el vulgoysus prejuicios lo que se pone en Ia picota, sino Ia práctica médica como se Ia entendlapor ese entonces. Lo mismo sucede en La tontina, obra teatral de René LeSage(1668-1747) que Araücho tradujo para ei tercer tomo de El parnaso oriental, en Iacualuno de los protagonistas es un viejo medico, poco escrupuloso, al que se le muerenlos pacientes a pesar de (o gracias a) sus tisanas, preparadosy sangrIas. En esto,Araücho sigue los pasos del padre Benito Feijoo, quien en el discursoquinto de suTeatro crItico universal (1733) habIa presentado a Iamedicina de su tiempo como unadisciplina Ilena de errores, imprecisa por Ia diversidadde opiniones y dictámenes y porello poco confiable.74La Medicina Curativa de Ia que Araiicho fue abanderado proponeuna formainteresante de relacionamiento entre el enfermoy Ia enfermedad que tienerepercusiones sociales y poilticas. En efecto, Si “Lievaal medico consigo quien meIleva en su bolsillo”, como se leIa en el frasco deldepurativo que se vendia en BuenosAires alrededor de 1830 (Di Liscia 89), Ia consecuenciaes Ia eliminación del medicocomo intermediario y Ia toma de control por parte del paciente.Esto no es otra cosaque Ia realizaciOn, en el piano medico, del sueñode libertad e igualdad que proponlanlos neoclásicos revolucionarios, aunque conun fuerte componente individualista que74 “,Y qué importarla que los Autores Medicos no nos manifestasenIa incertidumbre de su Arte, Si SUSperpetuas contradicciones nos Ia hacen patente? Todo en Ia Medicinaes disputado: luego todo esdudoso”, afirma categoricamente el sacerdote (113).97replantea el antagonismo entre Ia autoridad y Ia experiencia individual. Una posturasimilar, en el mismo terreno de Ia medicina, habla sido defendida ya en tiempos deldoctor Juan de Cabriada (1 665-1 714), uno de los novatores que prefiguraron elpensamiento ilustrado en Espana. Contradiciendo precisamente el papel de laseminencias médicas antiguas, Cabriada rechazaba Ia cita textual de autoridadesydefendla el derecho de seguir los dictámenes de Ia razóny Ia experiencia, además dedenunciar el atraso de Ia ciencia en España y proponer Ia creaciônde una academiade medicina (Sánchez-Blanco 27).Araücho, sin Ilegar a tales extremos -no olvidemos que sus conocimientosmedicos provenlan de lecturas en sus ratos de ocio-, defiende Ia práctica de Iamedicina curativa enfatizando lo social:Pronto Ia Medicina75/ Curativa, estará / generalmente usadaI en pUblicohospital. / Y alil los desgraciados, / más pronto curará/ ahorrándole al Erario Iun crecido caudal. I Si Ia envidia rastrera I os quiere el bien quitar,I en el justoGobierno, I tranquilos confiad. / El vela en vuestro auxilio;/ y os proporcionara /eI bien, que es más precioso I para Ia humanidad.(33)Estos pocos versos muestran que el poeta-médico-militartamblén tenla su vetade politico: incluyen referencias a conceptos heredadosde Ia poesia revolucionaria (elbienestar general y Ia idea de bien püblico -prestaciónde un servicio social); conjuranmetafôricamente el peligro de Ia disensión y Ia anarquia,otro de los tópicos de Ia hora;cumplen una funciôn propagandIstica a favor delgobierno tranquilizando al pueblo en75 Se han respetado las cursivas del original.98cuanto a su sostén material, y celebran lo que significa contar con el ültimo logro de Iaciencia médica sin que las finanzas püblicas se resientan (antes bien, haya superávit).Todo un programa politico-social, indudablemente.Si volvemos a repasar los textos que celebran Ia fundaciOn de Ia biblioteca,éstos relacionan el perlodo colonial con el oscurantismo y Ia dominaciOn, destacandoel papel liberador de Ia Revoluciôn de Mayo y el valor de Ia lecturay el estudio para eldesarrollo de las virtudes cIvicas.76 Dentro del proyecto liberal, esas virtudesson IaIlave para remontarse por encima de Ia estrechez de mirasy el comportamientorüstico de Ia gente vulgar. Educar al individuo en Ia büsqueda de nobles idealesycostumbres refinadas implica fundar las bases de un cuerpo social mAssano, como loexplicita Florencio Varela:Ni confunde ignorante / con Ia alma religion el fanatismo,/ con Ia ambiciOnpujante / el patrio amor; I no pide en su egoismo I salvaje independencia,I ni, envez de Libertad, quiere licencia. I Su ilustración le enseñaI a elevarse hasta elalto Firmamento; / y orgulloso desdeñaI del hombre rudo el torpe abajamiento, Ique a Ia especie degrada, / y en Ia vida social jamAs se agrada. (Par. 1,178).Asi velan los letrados de expresión culta Ia realidad social,polltica y cultural delnuevo pals. ,Qué decia, mientras tanto, Ia gauchesca? Veamosprimero lasreflexiones de Hidalgo en 1821, que nos serviráncomo marco de una situación que serepetla, en lo esencial, en el Uruguay de 1835.76 “Ya se abren las puertas I de Ia ilustración, I que arteraopresiOn I tres siglos sellO: I mantuvo entresombras I su imperlo ominoso, / vino Mayo hermoso /y las disipô” (Par. 1, 44-5).99La mirada gauchaA diferencia de Ia poesIa neoclásica de El parnaso oriental, que apuestaalfuturo extendiendo un manto de olvido sobre las crisis polItico-militaresque habianjalonado los años previos a su publicaciôn, Ia poesla gauchesca de Hidalgose refierecrIticamente a su tiempo. Su Dialogo patriótico interesante (1821), desarrolladopor losgauchos Chano y Contreras, tiene como tema Ia revoluciOn traicionada.Chano sepresenta a si mismo como un patriota de Ia primera hora:Todo el pago es sabedor I Que yo siempre por Ia causa I Andube al frioycalor. I Cuando Ia primera patria I Al grito se presentó I Chanocon todos sushijos, I Ah tiempo aquel, ya paso! I Si fue en Ia patria del medio/ lo mismo mesucediô, I Pero amigo en esta patria... IAlcancemé un cimarrón.(Hidalgo 213)La “primera patria” es Ia de 1811 a 1814, desde loscomienzos de Ia revoluciónen Ia Banda Oriental hasta el sitio de Montevideo; Ia delmedio, Ia de Ia vigencia delartiguismo hasta Ia invasion portuguesa (1814-181 6);“esta patria” alude a supermanencia en Buenos Aires. Esa multiplicidad de patriasse referIa al mosaicopolitico del antiguo virreinato y manifestaba a Iavez una identidad de sentido orientadaa afirmar Ia unidad (Bragoni 572). Es Ia comunidadimaginada rioplatense, deudora delos mismos principios republicanosy vIctima de los mismos defectos. Los viejosideales ilustrados de Ia meritocraciay Ia igualdad ante Ia ley que hablan sido banderasrevolucionarias habian sido puestos a prueba ensu aplicación práctica, con resultadospoco halaguenos, especialmente para elsector rural. Dice Chano:100En diez años que Ilevamos I De nuestra revolucion I Por sacudir lascadenas I De Fernando el balandron / ,Que ventaja hemos sacado? / Lasdire con su perdon. I Robarnos unos a otros, /Aumentar Ia desunion, IQuerer todos gobernar, I Y de faccion en faccion I Andar sin saber queandamos: / Resultando en conclusion I Que hasta el nombre de paisanoIParece de mal sabor, I Y en su lugar yo no veo / Sino un eterno rencorI Y unatropilla de pobres, I Quo metida en un rincon / Canta al son de su miseria;/ Noes Ia miseria mal son!. (214)La polItica, en manos do los “doctores” de Ia ciudad letrada (Ilamadosdespectivamente “pintores” en otros textos gauchescos),se habla convertido en unacarrera por ocupar los mejores niveles en el entramado socialy politico: “AsI en Iarevoluciôn / Hemos ido reculando, I Disputando conteson I El empleo y Ia vereda, / Elrango y Ia adulacion” (216). La administraciôn de Iacosa püblica tampoco habiaresuelto uno de los postulados básicos do Ia revoluciôn,como lo era Ia igualdad de lasprovincias. Chano resume los acontecimientosque se desarrollaron a poco dehaberse producido Ia Revolución de Mayo:Desde el principio, Contreras, I Esto ya so equivoco./ De todas nuestrasprovincias / Se empezó a hacer distincion, I Comosi todas no fuesen /Alumbradas por un sol; I Entraron a desconfiar / Unasde otras con teson, IY al instante Ia discordia / El palenque nos ganó,I Y cuanto nos descuidamos/Al grito nos revolcó. (214)101Los problemas entre las provincias y sus competencias soberanas habianestado en el tapete a partir de las abdicaciones de Bayona (1808) que hablan cedidoel trono español a Napoleon, primero, y luego a su hermano José. La crisis derepresentatividad y legitimidad que ocasionô ese acto,del cual Ia emancipaciOn de lascolonias americanas tue una de las más importantes consecuencias,Ilevô a debatir elalcance de Ia retroversión de Ia soberanIa. Mariano Moreno habla argumentado,ya enagosto de 1810, que ésta debla recaer no sobre los pueblos, sinosobre unaestructura jerarquicamente superior que estuviese en condicionesde ejercer esasoberania, además de sostener que el virreinato era una unidadindestructiblesubordinada a Buenos Aires. Los cabildos provinciales rechazaroneste parecer(Annino 178). Ricardo Rojas explicO el problema en los siguentestérminos:La organizacion colonial reposaba en el monopolio,el centralismo y Iaaristocracia: luego, Ia nueva organización debIareposar sobre principioscontrarios: Ia libertad econOmica, Ia libertad regional,Ia libertad individual. Enesa idea coincidieron en principio todos los pueblos:de ahI su armonia inicial.Pero cuando las capitates de intendencia hubieronde predominar como“metropolis” sobre las ciudades subalternas, éstasse levantaron contraaquellas; y unas y otras se unieron contra BuenosAires, cuando ésta quisopredominar como “metrOpoli” sobre todas. (1916,137-8)Cuando Hidalgo publicO su Diaiogo (1821), enel Rio de Ia Plata ya se habia102ensayado una alternativa al centralismo porteno con Ia Liga Federal organizada porJosé Artigas entre 1815 y 1820. Se trató de una estructura poiltica en Ia cual IaProvincia Oriental,77 Entre Rios, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Côrdoba planteabanuna serie de diferencias de peso con respecto a Buenos Aires: independencia poilticade Espana, tema espinoso para las autoridades bonaerenses, quo no se decidlan acortar el vInculo con Ia metrOpoli; un sistema republicano que chocaba frontalmentecon las aspiraciones monarquicas de algunos sectores del movimiento revolucionario;federalismo, anatema para las concepciones que haclan de Buenos Aires el centronatural de las Provincias Unidas, y un equilibrio entre el librecambio y elproteccionismo quo evitara las pretensiones hegemOnicas portenasy permitiera quolas provincias pudiesen integrarse, como productorasy consumidoras, a las nuevasrealidades económicas del momento (Caetano 25). Todo ello abrIa posibilidadesparaun desarrollo econômico y social autónomo quo el centralismo nopodia aceptar. Lasrivalidades entre los caudillos federates y Ia invasion portuguesa a IaProvinciaOriental, además, pospusieron cualquier intento de integracion, comolamenta Chano.El criterio de igualdad politica y administrativa propulsado por los sectoresmásavanzados de Ia revoluciOn se enlaza con Ia idea de que los méritos personalesson Iaünica fuente de distinciOn entre los hombres. “El méritoes quien decide”, afirma elgaucho (214). Si bien en el imaginario independentista Ia patria eraIa libertad, y éstase proyectaba sobre todos sin toner en cuenta su condiciôn (Quijada307), en Iapráctica el mérito se enfrentaba con limitacionesimpuestas por criteriosdiscriminatorios y racistas:77 A partir de 1813, Ia Banda Oriental paso a denominarseProvincia Oriental.103La ley es una no mas, I Y ella dá su proteccion / A todo el que Ia respeta. /El que Ia ley agravió / que Ia desagravie al punto: I Esto es lo que manda Dios,I Lo que pide Ia justicia I Y que clama Ia razon; / Sin preguntar si esporteño / El que Ia ley ofendió, / Ni si es salteño o puntano, I Ni si tiene malcolor. (215)Estas apreciaciones le valieron Ia crItica del padre Francisco de PaulaCastaneda, quien lo llamó “oscuro montevideano”, agregando “que es un tentadodeeso que liaman igualdad, para 10 cual hay algunos impedimentos fisicos” (Ayestarán1950, 29). Hidalgo, evidentemente, hablaba con conocimiento de causa.Chano prosigue su alegato a favor de los pobres y humildes en relación a Ia ley(“Ella es igual contra el crImen I Y nunca hace distincion / De arroyos ni de lagunas /De rico ni pobreton: / Para ella es lo mismo el poncho / Que casaca y pantalon”),perono alberga demasiadas esperanzas en cuanto al logro de Ia equidad: “Pero es platicardevalde, I Y mientras no yea yo I Que se castiga el delito I Sin mirar Ia condicion,IDigo que hemos de ser libres / Cuando hable mi mancarron” (216). La situaciôndescrita por Chano en 1821 no difiere demasiado de Ia que presenta MartIn Fierroen1872-79 y muestra que Ia desigualdad frente a Ia ley era un mal endémicoen elcuerpo social de Ia Argentina. El Uruguay tampoco era una excepción. En 1872, enLos tres gauchos orientales, de Antonio Lussich, dice Luciano: “Y hoy habloa losorientales, / Y también al Presidente, I Que se trate sabiamente I De suprimirtantosmales. / Y tuitos seamos iguales / Sin reparar Ia color[...]“(Becco 1322).104Un interesante texto de Ia década de 1820 es el Cielito del blandengue retirado(entre 1821 y 1823), donde el anónimo combatiente veterano contradice muchosestereotipos que Ia poesla neoclásica persistia en difundir. El viejo y sufridoblandengue es un descreido de los grandes ideales que movieron a su generación: deIa revoluciôn, del concepto de patria, del heroIsmo de morir por Ia causa de Ialibertad;78acusa a los letrados de mentirosos y ladrones;79descalifica a sus jefesmilitares;8°denuncia el latrocinio en Ia campana;81 desacredita a los soldados, aquienes cataloga como tontos,82 y afirma conocer a los causantes de todos los males:los puebleros.83Esta antinomia campo-ciudad es muy significativa porque continua Iaoposición planteada diez años antes frente a las murallas de Montevideoy muestraque no importa quien esté al frente de los negocios püblicos: en definitiva, todosterminan siendo unos delincuentes. El cielito se cierra con un eco de Chanoy elmismo desencanto: “Tres patrias hei conocido I no quiero conocer mas” (134).En 1831, otro cielito anOnimo vuelve a plantear esta idea al recomendar unaforma efectiva de ser alguien en Ia sociedad:Si quisiere valer algo I Procure que sea ministro I Alguno de sus hermanosIQue sepa siempre andar listo. II Cielito cielo que no / Cielito que linda cosa / Es78 “No me vengan con embrollas / De Patna ni montonera, I Que para matarse alñudo I Le sobratiempo a cualquiera” (Hidalgo 251).79 ‘Bayan al diablo les digo I Con sus versos y gacetas, I Que no son sino mentirasI Para robar laspesetas” (251).80 “Sarratea me hizo cabo I Con Artigas jui sargento, I El uno me dio cien palos, I Y elotro me arrimôciento” (252).81 “Cuatro bacas hei juntado /Ajuerza de trabajar, /Y agora que están gordas/Ya me las quierenrobar” (252).82 ‘Cielito cielo que si, I Oye cielo mis razones, / Para amolar a los sonsosI Son estas regoluciones(252).83 ‘Yo conosco a los Puebleros I Que mueven todo el enriedo, I Son unos hijos de Puta/ Ladronesque meten miedo” (252).105esto de acosta agena / En enhlenar bien Ia bolza. (Ayestarán 1950, 161)La alusión al contexto politico uruguayo es clara: son los tiempos de los “cincohermanos”, un grupo de allegados al presidente Riveraque ocuparon ministeriosdave en el primer gobierno constitucionaly a los que “no se les escapa este arbitriode lucrar, que por su posicion les es demasiado fecundo”, al decir de un juezde Iaepoca (Reyes Abadie 4: 101). Aproximadamente en esos mismos años, unpoeta delParnaso, en cambio, ofrecia una visiOn totalmente diferente, ingenuaybienintencionada: “Cada cual sus derechos reclame,/ su deber cada cual a cumplir; /sin temer que entre justos unidos, / jamas pueda anarquia existir” (2,66). Esta visiOntestimonia claramente el contraste entre Ia poesla neoclásicay Ia gauchesca en eltratamiento de Ia realidad nacional, o del divorcio entre Iaciudad Ietrada y Ia campana,con el agravante de que era justamente en el medio ruraldonde se nutrIan decombatientes los temibles ejércitos de los caudillos. Laciudad letrada quedaba asirodeada por un polvorin potencial que podiaexplotar en cualquier momento con IairrupciOn de las clases más marginadas queriendohacer valer sus reclamos. ManuelAraücho, con su Dialogo de dos gauchos al estilode los de Hidalgo, pone en el tapeteIa conflictiva relaciôn entre los pueblerosy el medio rural. Los panaderos no querlanamasar Si rio compraban el trigo a predios irrisorios,y quienes habian contratadoservicios del personal rural no pagaban sus deudasporque decIan estar quebrados.Frente a Ia situación, el gaucho Trejo sugiere:“Vamos al rodeo, amigo, / Que nos dé elviento del campo, I Porque ya estoi mui caliente,/ Y puede tentarme el diablo, / De106irme al pueblo agora mismo, I Y con un garrote, a palos I Comenzar por los del panI Yacabar por los quebraos” (Araücho 182-3).Sirve de barômetro de esta dinámica Ia actitud de los montevideanos cuandolas tropas artiguistas entraron en Ia ciudad en 1815 al mando de Fernando Otorgues,gobernador militar de Ia plaza, quien ocupO Montevideo al retirarse finalmente losespanoles. Los trajes sencillos y andrajosos de los soldadosy sus cabezasdesmelenadas causaron sorpresa, primero, y después pavor. Seguramentelasmaneras de Otorgues no eran de las más conciliadoras, especialmentecon respecto alos espanolistas (hizo tender una bandera de Fernando VIIen Ia entrada del portOn delFuerte para que los que pasaban por alil se limpiaran los piesy escupieran), perocuando reclamO al Cabildo el esclarecimiento de algunosnegocios turbios departiculares comenzaron a circular historias grotescassobre su comportamiento y elde las montoneras. Las palabras de un terrateniente escandalizadoal ver a Ia mujerde Otorgues en un carruaje son significativas:“DOnde se ha visto una china encoche!” (Machado 62-3). Ese mismo sentimiento también loexperimentaron loscentralistas portenos, quienes sufrieron elultraje de ver a los hombres del caudillofederal Francisco RamIrez atar sus caballosal pie de Ia Pirámide de Mayo en 1820.“Las propias muchedumbres que aparecen como legionhomérica el año 10, son lasque aparecen como indomable montonera elaño 20”, dice Rojas (1916, 135),mostrando Ia arrogancia y eI desprecio de Ia ciudadletrada portena hacia losprovincianos.En suma, Ia articulación entre el campoy Ia ciudad a Ia hora de construir Ia107institucionalidad se presenta como un problema complicado, con dos mundosfrecuentemente enfrentados y mutuamente incomprendidos. Afirma Graciela MontaldoqueEl campo era para los patriotas ilustrados un lugar complejo pues era naturaleza‘barbara’ y el lugar donde se desarrollaban las fuerzas que impedlan IaorganizaciOn ilustrada de las nuevas repüblicas al ser el escenario de lasguerras civiles; era también el espacio propiedadde las oligarquIas provincialessin las cuales era imposible dar forma a las repüblicas. (34).A pesar del peligro que esa situación de Tharbarie” significabapara los planesde construcciOn nacional, el discurso neoclásico del Uruguayindependiente que noshan conservado Lira yAraücho es monolItico y rIgido en su planteamientode losprincipios ilustrados y de su programa de cambios económicos. Nohay margen denegociación con esa realidad de extramuros ni tampocofisuras por donde se puedanfiltrar Ia problemática de las clases más desposeIdaso Ia crItica a los alcancesprácticos del proyecto hegemOnico. La gauchescarevolucionaria, que habia cantadoIa lucha contra Espana al igual que su contraparte culta,deja paso a una literatura“gauchipolItica” que se vuelve contra el sistemay sus inequidades antes de serutilizada en Ia lucha de facciones durante Ia GuerraGrande. Esta literatura creará unamemoria histôrica que estará presente hasta nuestrosdIas. La dinámica entre estasdos expresiones literarias y su sustento socialserá una constante en Ia construccióndel sujeto de Ia nueva repüblica, como se verA enel capItulo siguiente.108CapItulo 3 - La construcción del sujeto repubilcanoYa hemos visto en el capItulo anterior cômo se procesó Ia construcciôn de unestado polIticamente viable a partir de las lucubraciones de Ia clase dirigenteuruguaya y sus voceros de Ia ciudad letrada. Corresponde ahoraanalizar Ia dinámicade relacionamiento de los ciiferentes actores sociales en el proceso deemergencia deuna comunidad imaginada nacional, en particular en relación con el problemade Iatierra. La pregunta que subyace es cómo pasar de una sociedadcon rasgos feudalesen relación a Ia posesiOn de Ia tierra a una sociedad moderna.Una de las primerasfiguras letradas de Ia Banda Oriental que se abocó especIficamentea este problema,que terminarla siendo uno de los factores más importantes enese proceso detransformación republicana que buscaba liquidarestructuras del antiguo regimen, fueel presbItero Perez Castellano (1743-1815).José Manuel Perez Castellano fue un pionero con todas lasde Ia ley: primerdoctor en derecho canónico, primer sacerdote,primer latinista, primer escritor, primerIexicOgrafo, primer historiador, primer propulsorde Ia agricultura y primer mecenas(Cicalese 8). Nacido en Montevideo, estudiô eneI coleglo jesuita y posteriormentecursO filosofla y teologIa en Córdoba. Toda suvida transcurrió entre Ia ciudady suquinta del arroyo Miguelete, cercanaa aquélla. Como muchos sacerdotes, no fueajeno a Ia polItica, primero como diputado enIa Junta de Gobierno de 1808, todavIaen Ia época colonial, y luego en el Congresode 1813, en pleno perlodo artiguista(ReyesAbadie 3:376; 148).109Perez Castellano fue poseedor de una de las mejores bibliotecas particularesdesu tiempo y Ia mejor en Ia Banda Oriental, que donô al Estado en 1815y tue Ia basede Ia primera Biblioteca Püblica que inaugurô Larranaga al año siguiente (Zum Felde1941, 39). Fue también el primer escritor oriental, autor de Ia Carta escritaen 1787para Ia Italia, dirigida a su maestro de latin, el jesuita Benito Riva, quien le pedianoticias de Montevideo a veinticinco años de su partida. Sus once capItulos,queabarcan descripciones y análisis de los principales aspectos socioeconômicosyculturales de Ia pequena plaza fuerte montevideanay sus alrededores, Ia conviertenen una suerte de minienciclopedia. Con esta obra, Perez Castellano,como queriaAndrés Bello en su Alocución a Ia poesIa y antes quo éI, describe,cataloga, escribeuna realidad latinoamericana.Su otra obra, Observaciones sobre agricultura, es el fruto de sus cuarentaañosde trabajo como labrador. Comenzó a escribirla en 1813 a instancias delgobiernooriental, que querla aprovechar Ia experiencia de Perez Castellanopara beneficiar alos pobladores do Ia campana. La ausenciade una paz social perdurable hizoimposible Ia publicaciôn do las Observaciones hasta que elgobierno del Cerrito, en1848, tomO a su cargo tal tarea. Politicamente, fue unajugada acertada. Manuel Oribeen persona ordenó Ia publicación del manuscrito,no solo por Ia utilidad que do ello pueden reportarlos labradores, hortelanos,quinteros, etc., sino como un testimonio de respetoa Ia memoria de aquelciudadano, natural de esta Repüblica, aquien él consagrO esta y otras pruebasdo su anhelo en fomentar su ilustraciOn y adelantosmateriales. (Perez110Castellano 3)El presidente se presenta asI como el continuador de una tradición progresista,ilustrada, que comenzó a delinearse durante el perlodo artiguistay finalmente pudoconcretarse bajo su mandato, al menos en cuanto a Ia publicaciOn del texto, enunclaro uso de Ia literatura con fines politicos. Recordemosque, en ese entonces, IaGuerra Grande dividIa al Uruguay en dos bandos, cada uno de los cualesrivalizabacon el otro en mostrarse más “civilizado” que su oponente. Editar librosyespecialmente uno de agricultura, actividad desde siempre asociada con Ia vidalaboriosa y las costumbres apacibles y moderadas, erauna excelente herramienta depropaganda.Perez Castellano se mostró muy interesadono sOlo en el cultivo de Ia tierra,sino también en el problema de su distribución. En unasociedad fundamentalmenteagrIcola-ganadera como lo era Ia Banda Oriental a fines delsiglo XVIII, este tema erade una importancia fundamental. Más tarde, Iaemergencia del estado nacional hizoque el intercamblo de bienes -no solo materialessino también simbólicos- entre elcampo y Ia ciudad, incluyendo Ia ciudad Ietrada,desencadenase dinámicas y formasde relación a menudo conflictivas entre los diferentesactores y sujetos sociales. Eneste sentido, las relaciones de poder entre Ia minorlaterrateniente y Ia mayorIadesposeIda fueron de las más acuciantes. PerezCastellano viene asI a convertirse enuno de los pioneros de Ia reforma agraria. En1789 redactO un informe en el queproponla Ia iniciativa de fundar pueblosen Ia frontera y reformar el sistema de las111grandes estancias deficientemente trabajadas para lograr, por un lado, una mejoraenIa crIa de ganado, y por otro, aumentar el nUmero de los pobladores de Ia cam pana.Con una vision que atacaba de piano ia inequidad en Ia distribución de Ia propiedadrural, Perez Castellano planteó Ia sustitución del latifundio por una estructuramásracionai y justa.84Años más tarde, cuando escribió sus Observaciones, Ia situacióndeIa Banda Oriental segula siendo prácticamente Ia misma, con “campos queson sinduda tan grandes, como cuatro veces el reino de Portugal enEspaña, y que siendotan grandes, por falta de habitantes y de brazos permanecen virgenesy casi tanincultos como cuando solo vagaban por elios las errantes tribus de minuanesycharnias, que son los indIgenas de este pals” (PerezCastellano 1: 131). Pero Iasoledad y Ia inmensidad de los campos no eran el ünico problemaque habia queenfrentar: a los desmanes de las tropas indisciplinadasque sitiaban Montevideo yasolaban las chacras de los airededores se agregaba“Ia petulancia injusta y groserade algunos jóvenes que se tienen por urbanos” (nóteseel irOnico juego de palabras),los cuales sallan a divertirse a costa de loslabradores. Estos “puebleros”, como losIlamarla Ia gauchesca más tarde, “no parecesino que salen Ilenos de 51 mismosy deIa idea de superioridad a cuantos destripaterronesriegan Ia tierra con el sudor de surostro[...]Es imponderable el perjuicio que esas tropelIasy otras semejantes, con quefrecuentisimamente se viola el derecho de propiedadde los labradores, traen a Iaagricultura” (1: 169).84 Perez Castellano proponia repartir Ia tierra en fraccionesque pudiesen ser trabajadas por un soloindividuo. Lücidamente escribiô: “He dicho en proporcionesmoderadas porque una tierra muy grande enmanos de un solo propietario no corrige el mal; antes loempeora” (Cayota 80). La concentraciônysubexplotación de Ia tierra, tema sin resolver durantetoda Ia vida independiente del Uruguay, continuaestando en el tapete, más de doscientos años después,bajo Ia forma de Ia extranjerizaciôny elmonocultivo transgenico o forestal.112Las tribulaciones de Perez Castellano, sometido al fuego cruzado de “los quese dicen soldados de Ia patria y nuestros protectores” (1: 239) que arrasaban suscampos y de los inquietos jóvenes montevideanos que hacIan 10 mismo,contrastancon el recuerdo de su abuelo, un hombre de bien “en todo el sentido riguroso de Iaexpresiôn” (1: 53) que pudo labrar su hacienda en pazy prosperidad. Esta referenciaa Ia hombrIa de bien en un lector de Feijoo y Jovellanos, a quienes cita en susObservaclones, es una de las claves que subyace en Ia construcciOn del sujetonacional. Perez Castellano hacIa votos por elfin de las pasiones,los odios y lasdiscordias entre quienes deblan verse como hermanos, paraque se aboliesen lasdiferencias entre americanos y europeosy se estrechase el vInculo de Ia caridad entretodos (2: 64). Conceptos similares eran tradición en el pensamientoilustrado espanol.José Cadalso, en sus Cartas marruecas (1789), habIa propuesto un modelode sujetonacional que tendrIa como fundamentosde conducta Ia rectitud, el saber sufrir losmales de Ia vida, no envanecerse con los valoresmateriales, hacer bien a todos, vivircontento, esparcir alegrIa entre los amigosy participar en sus pesadumbres parahacérselas más llevaderas (106). Cadalso sostenlaque el género humano no era tanmalo como lo pintaban y “como efectivamente le hallanlos que no son buenos[...]elhombre es un animal tImido, sociable, cuitado” (147).Para el autor, “Entre serhombres de bien y no ser hombres de bien, no haymedio. Si lo hubiera, no serja tantoel nümero de pIcaros” (172). Estas consideracionesno dejaban de lado el sacrificiopor Ia patria, a Ia que se le debla ofrendartodo: Ia tranquilidad personal, los bienesyIa vida (216). La prédica y los escritos de Perez Castellanoparticipan del mismo113espIritu de ese pensarniento ilustrado. Fue esa hombrIa de bien lo que lo llevó apensar en otros proyectos para mejorar las condiciones de vida de sus paisanos,como establecer una escuela de dibujo y diseno de edificios rurales y urbanos “paraintroducir por ellos con economia y ahorro el buen gusto y Ia comodidad en todas lascasas[...]un establecimiento, digno de un gobierno paternal e ilustrado, y que Ilegarlaen poco tiempo a producir efectos maravillosos” (Perez Castellano 2: 107).Ese mismo ideal del absolutismo ilustrado, ahora en dave republicana, alienta enel planteo del gobierno artiguista, cuyo Reglamento de Tierras (1815) propuso unaserie de medidas para solucionar o al menos mitigar el problema rural.Su artIculo seisplantea “fomentar con brazos Utiles Ia población de Ia campana[...]con prevendionque los más infelices serán los más privilegiados”. El mismo articulo especificaquienes serlan los agraciados: “Los negros libres, los zambos de estaclase, los indiosy los criollos pobres[...]Si COfl su trabajo y horn bria de bien propendena su felicidad ya Ia de Ia provincia”.85Los terrenos a repartir, en losque deberian edificarse viviendasy corrales con prontitud, eran “todos aquellos de emigrados, malos europeosy peoresarnericanos” (Romero 1977 2: 24-5). Ese sector de Ia sociedad, mayoritariamentedefinido por consideraciones raciales, era el quese esperaba insertar en el mediorural para transformarlo. Era también el sectoral que Ia poesia de Hidalgo habiatratado de integrar al proyecto socialy politico revolucionario, mientras elNeoclasicismo habia hecho Ic suyo con unsector fundamentalmente urbano que Siestaba capacitado para comprender su mensaje.Apelando a uno y otro lenguaje o, en85 La principal carencia dentro del pensamiento social delartiguismo fue Ia no soluciôn radical delproblema de Ia esciavitud, sino sOlo Ia de algunos casosaislados (Machado 70).114otras palabras, a diferentes estrategias persuasivas, Ia ciudad letrada intentô constwirel sujeto nacional. En Ia práctica, esta tarea hubiese implicado integrar al menos dosgrandes sectores sociales cuya existencia en términos jurIdicos se desprende de Ialey fundamental del estado, y usamos el subjuntivo porque tue precisamente lo quo nose logro. Por un lado, Ia constitución de 1830 consagrO Ia riqueza personal comorequisito para acceder a las magistraturas püblicas (para representante, “Un capital docuatro mil pesos, o profesiOn, arte u oficio ütil que le produzca una renta equivalente”,art. 24; para senador o presidente,Huncapital de diez mil pesos, o una rentaequivalente, o profesión cientIfica quo se Ia produzca”, art. 30, y disposicionessimilares para otros cargos en Ia justicia y Ia administración publica), eliminOtodovestigio de autonomla municipal al suprimir los cabildosy crearjuntas econOmicoadministrativas dependientes del poder central (arts. 122-9), atribuyOpoderesextraordinarios y no bien definidos al poder ejecutivo(art. 81), estableciO una Unicareligion oficial (“La religion del Estado es Ia Católica Apostólica Romana”,art. 5) y, apesar de Ia concordia y Ia razOn, tan pregonadasy celebradas, siguió permitiendo elatropello contra los esclavos al reservar derechosa los “hombres libres” (“Ciudadanosnaturales son todos los hombres libres”, art. 7).En otras palabras, el sujeto nacional-elector y elegible- resultó ser rico, centralista, autoritario, catOlicoy esclavista, comoconvenla a un patriciado fundamentalmentemontevideano que querla preservarcelosamente sus privilegios. La contracarado este ciudadano modelo se ubicababásicamente en el medio rural, donde, paramuchos, vivir al dIa era Ia consigna. Unode los lideres del levantamiento oriental de 1811,Venancio Benavidez, preguntado115acerca de sus medios de subsistencia, afirmó: “Cuando no tengo una camisa meconchabo y cuando Ia tengo me paseo” (Machado 42). Esas faltas capitalescometidas contra el orden burgués -falta de prevision, de hábitos de ahorroy trabajoestable, de sujeción a un orden- eran un atentado a Ia definiciOn del estadoque,paradôjicamente, habla sido fundado con Ia ayuda de esos mismos individuosqueahora quedaban excluidos. Para Ia constituciOn, los sirvientesa sueldo, peones,jornaleros y analfabetos no eran ciudadanos, ni tampocolos soldados de linea, los“notoriamente vagos” y los deudores al fisco (art. 11). Tomando encuenta todas lasexclusiones que impedlan el ejercicio del sufragio, sOlo el 10%de Ia poblaciOn estabahabilitada para votar (Machado 129). AsI funcionaba,en el mundo real, Ia constituciOnque tanto se habla elogiado desde los textos del Parnaso neoclásico.Fue desde ese Parnaso que Luciano Lira organizósu compilación para, comovimos, preservar las obras literariasque habIan acompañado los grandes momentosde Ia patria, y Ia inició con el himno nacional, compuesto porAcunade Figueroa ydesignado como oficial en 1833. Se trata de untexto que interpela especIficamente alos orientales al presentar un par de oposiciones(“Ia patria o Ia tumba”, “libertado congloria morir”) que asumen Ia fuerzade un imperativo ético: “Es el voto que el almapronuncia I y que heroicos sabremos cumplir”(Par. 1, 1). Partiendo de estecompromiso, las estrofas siguientesrepasan los tiempos de Ia dominación espanolaylas batallas en Ia lucha contra Brasil(Rincón, SarandI, ltuzaingO), articulando doscampos semánticos claramente definidos: porun lado, Ia muerte y su entomb(“tumba”, “sangre”, “horrores”, “estruendo marcial”,“sable”); por otro, Ia patria y sus116bienes intangibles (“Ii bertad”, “Ieyes”, “igualdad”, “patriotismo”, “union”, gloria”,“grandeza”). Es decir, ha sido necesarlo pasar por todos los horrores de Ia guerra paradisfrutar de los valores asociados con Ia patria. A tales efectos, y cerrando el himno,se hace un Ilamado a superar el 0dby Ia ambiciôn, dos de los grandes males de Iaepoca, con una advertencia a “los que fieros ultrajen I Ia grandeza del PuebloOriental”: Ia lanza de Marie para los enemigos y el puñal de Bruto, asesino de JulioCésar, para dar cuenta de los tiranos(4).86En 1845 Acuña de Figueroa considerO“oportuno, politico y conveniente” presentar al gobierno algunas modificaciones en Ialetra del himno, “corrigiendolo de un tinte bien marcado que en élse trasluce de lascircunstancias y actualidad en que tue hecho,y dándole un carácter más vigoroso ypermanente para todos tiempos”, como declará al fundamentarsu proyecto (Acuña deFigueroa 4). En otras palabras, se buscaba atenuar alusionesy referencias que yasonaban extemporáneas y no resultaban convenientes para referirsea los antiguosenemigos del Uruguay (Espana y Brasil) en un nuevo contextopolItico. De estamanera, Ia version de 1845 eliminó Ia caracterizaciOndel Uruguay como “tristeesclavo de Iberia”, dejó do referirse a Ia relaciôn colonial como“fatal servidumbre” y,en otra muestra de tacto y decoro, suprimiO una delas expresiones más graficas conlas que se referIa al rey español: “logro el libre postrara sus plantas I del tirano Iahorrenda cerviz” (Par. 1, 2). Por otro lado, paracongraciarse con Brasil se expurgaronlas mencbones a las batallas perdidas por el imperioaun a costa de disminuir el arrojo86 En los tiempos modernos, el tiranicidio habla sido sostenidaen España por el jesuita Juan deMariana, quien en 1599 defendió Ia legitimidadde dar muerte al gobernante si violaba el pacto contraidocon el pueblo al no ejercer el poder en beneficio de éste(Quesada 152). En Estados Unidos, ThomasJefferson sostenia en 1787 que “the tree of liberty must be refreshedfrom time to time with the blood ofpatriots and tyrants” (Smith 439).117y Ia mayor efectividad militar de los orientales, como 10 muestran estos otros versoseliminados: “Y doquier sus soberbios campeones I frente a frente se osaron mostrar,Ien sus pechos Ilevaron sangrientos / los recuerdos del sable Oriental” (1, 3). Endefinitiva, por esos años el pals se hallaba desgarrado por Ia guerra civil,y al gobiernode Ia Defensa le convenIa tener buenas relaciones con su vecino del forte, quetambién tenia intereses en el conflicto (Machado 184).El himno nacional, particularmente el de 1833, estaba cargadode referenciasbélicas. Sin nombrarlas explIcitamente, exaltabaa las figuras heroicas que hablanparticipado en las luchas emancipatoriase independentistas, como se vera acontinuaciôn.Epica patrióticaCuando el amor por el terruño se asociaba directamentecon enfrentamientosmilitares y el recuerdo de las glorias guerrerasestaba aCm fresco en Ia memoria delpueblo, especialmente silos heroes sobrevivientestodavIa se paseaban por las callesde Montevideo, Ia nueva nación podia apelar directamentea ese reservorio de figuras,valores y personajes destacados. Deesta manera, los ciudadanos tendrian asImodelos concretos que les servirIande gula para moldear sus propiaspersonalidades, constituir unpueblo digno de los sacrificios de esos prôceresy sercapaces de iguales o superiores hazañas cuandoIa situaciôn lo requiriese.,Qué seesperaba que fuesen los grandes hombresde Ia época? Ajustando un poco Ia mirapodrIamos mejor preguntarnos:ta quéreferentes consagrados deberIanparecerse?Analicemos este fenómeno desde Ia Optica deloxemplum de Ia tradición retOrica118clásica.Para Werner Jaeger, uno de los más célebres helenistas del siglo )(X, Iaausencia de un código legal o de un sistema ético en las tempranas epocas de Iacultura griega hizo que los inicos estándares válidos para modelarIa conductahumana provinieran de unos pocos preceptos religiososy de un repositorio desabiduria proverbial transmitida de generaciôn en generaciôn.Al margen de estasfuentes, Ia gula más efectiva para afrontar las dificultadespersonales en momentoscrIticos fue, sin embargo, el ejemplo brindado por Ia vidade heroes modélicos delpasado (32). Estos referentes gloriosos cumplieron un papel fundamentalen Iaeducación de Ia juventud griega y pasarona formar parte integral de Ia formaciônmoral de Ia aristocracia. AsI, los textos de Homero funcionaronsimultáneamente comopoemas epicos y tratados de ética (34). Esto hizoposible que los sucesores deaquellos grandes hombres del pasado pudiesenimitar sus virtudes y evitar sus errores(Highet 68). En otras palabras, constitulan ejemplosa seguir. En Ia terminologiaretórica latina, estas referencias se denominabanexempla (Lausberg 349). Eldiccionario de Ia RAE recoge este viejo significadodel término (ya presente en elDiccionarlo deAutoridades de 1732)y define ejemplo como “Caso o hecho sucedidoen otro tiempo, que se propone, o bienpara que se imite y siga, si es buenoyhonesto, o para que se evite si esmalo” (868).Los exempla fueron muy utilizados por los oradoresde Ia antiguedadgrecolatina. Se disponla de tres tiposde ejemplos: históricos, poéticos y verosImiles.Los primeros, basados en hechos reales,se presentaban con mayor frecuenciay119tenIan Ia ventaja de ser más creIbles por su misma naturaleza histórica. Los ejemplospoéticos, menos eficaces en cuanto a su credibilidad, provenian de fuentes elevadas(tragedias) y bajas (cuentos y fábulas), en tanto los verosImiles, inspirados en Iamateria de las comedias, si bien no eran necesariamente verdaderos, al menos tenlanvalor por su semejanza con los hechos de Ia vida cotidiana (Lausberg350-1).El uso de los exempla fue también muy comün en Ia Edad Media, donde lospredicadores continuaron utilizando materiales clásicos perotambién echaron mano acuentos populares, leyendas e incluso tradiciones deOriente para hacer más amenossus sermones. Entre las diversas ôrdenes mendicantes, los franciscanosfueronparticularmente afectos a Ia lectura de historiadoresclásicos (Delcorno 157), asI comoa uno de los reservorios principales de exempla, Ia obrade Valerio Máximo Dichos yhechos memorables, quo habia sido escritoa principios del siglo I como auxiliar paralas escuelas de retórica y presentaba anécdotashistóricas como ilustraciones devicios y virtudes (Lacarra 211). En el Renacimiento,el redescubrimiento de textos yautores total o parcialmente olvidados durante los siglosanteriores permitiô acrecentarel capital cultural grecolatino que podia emplearseen los discursos (Highet 82-3).Todos estos aportes proveyeron a los poetasneoclásicos con un poderoso arsenal derecursos y referencias del que hicieron usoy abuso en sus composiciones, puesto quese sostenIa quo toda experiencia presenteo por venir podia reducirse de algunamanera a otra ya sucedida, especialmentesi provenIa de Ia antiguedad clásica(Wasserman 20). Como ya vimos, esto fuemoneda corriente entre los revolucionariosfranceses, quienes en muchos aspectosdictaron las pautas do lo que hicieron más120tarde sus colegas latinoamericanos.Ahora bien, existe un punto en el que Ia mecánica asociaciOn entre el héroelocal y el modelo clásico deja de ser funcionaly pertinente. Ello sucede cuando el Riode Ia Plata tiene ya, indiscutiblemente, sus propias figuras heroicas consagradas; portanto, los valores locales son de por Si suficientesy entonces no hace falta compararsus hazañas con las de los ejemplos arquetIpicos del remotopasado grecolatino. ElDr. Angel Ellas, por su viday obra un ciudadano rioplatense en el más ampliosentido,87 asI lo plantea en su Canción a Ia pazcelebrada entre Ia RepáblicaArgentina y el imperlo del Brash de 1828:La historia de las guerras I conservará los nombresI de los ilustres hombres Ide ltuzaingo y Juncal. I Y ALVEAR (sic) y BROWN (sic)un dIa I servirán demodelo I a nuestro patrio suelo. I Su famaes inmortal. (Par. 1, 100)Estos versos muestran que se está frenteal inicio de una nueva tradiciôn. Socumple lo que Florencio Varela aseguroen su oda a Ia campana de Brasil:No suenan las Termopilas, los Ilanos/ de Maratón no suenan; I Platea ySalamina I cual si no fueran son; Iy ya no Ilenan I Leónidas y TemIstocles elOrbe; I que otra gloria más Inclita domina,I y Ia ate nción del Universo absorbe./Esos nombres ilustres se eclipsaron; I Los deAlvear y Brown los reemplazaron.87 Nacido en Ia actual Bolivia (el Alto Perude los tiempos del Virreinato del RIo de Ia Plata), de padresportenos, fue unitario, soldado de Lavalle contraDorrego, Juez de Paz en Mercedes, comercianteenMontevideo y miembro del gobierno de Ia Defensa,secretario de Urquiza, delegado de La Rioja enelcongreso que sancionô Ia constituciôn argentinade 1853, miembro del congreso de Entre Rios,diputado en el Congreso Nacional argentinoy Juez de Paz en GualeguaychU (Pivel Devoto 1981b,LXXVI-lX). La movilidad geografica no acarreaba problemasde representatividad en esos años deguerras y proyectos institucionales cambiantes.121(Par. 1,63)Los enfrentamientos armados locales trascienden el reducido ámbito del Plata,al punto en que se inscriben en “Ia historia de las guerras”. Cabria preguntarsesi estoimplica Ia idea de Ia preeminencia de Ia historia frente a Ialiteratura. Hasta eseentonces, el Uruguay carecla de una tradiciôn historiografica. ,HabrIaque concluirque ingresar a Ia historia hace más viable Ia perduración delos acontecimientos en elrecuerdo colectivo, más aün que en los poemas? AsI parece indicarloVarela cuandoafirma que[..]un dIa el Padre majestuoso / de Ia Iuzy del verso, I subiendo a su cenitesplendoroso I dijo asI al Universo: I “No alcanzael numen que mi fuegoinspira I a cantar tanta gloria” /y, rompiendo su lira, I Ia pluma de diamante dio aIa historia. (1, 137)En Ia apelación a los valores consagrados ya desdelos tiempos clásicos lospoetaS ejecutaron también el programa de Ia clasedirigente. Dice Quijada:En Ia personalidad de bronce de los heroeshacedores de Ia nacionalidad laselites latinoamericanas reflejaron virtudeséticas y cIvicas y las brindaron alimaginario colectivo como una suerte de espejosobre el cual forjar las ‘virtudesnacionales’. (303)Fueron I os poetas quienes, siguiendo lospreceptos neoclásicos, contribuyeron122a generar esas imagenes. lgnacio de Luzán (1 702-1 754), uno de los mayores teOricosespanoles, afirma en el segundo libro de su obra:El poeta puede y debe, siempre que tenga ocasión oportuna, instruir a suslectores, ya en Ia moral, con máximasy sentencias graves, que siembra en susversos; ya en Ia poiltica, con los discursos de un ministro en una tragedia;ya enIa milicia, con los razonamientos de un capitán en un poema epico;ya en Iaeconomla, con los avisos de un padre de familia en una comedia. (125)Partiendo de esta perspectiva, el poeta deIa emancipación y del perlodo deformaciôn de las nuevas naciones americanasoperarla no solo como un repositoriode multiples saberes -esencial en tiempos de extendidoanalfabetismo- sino como elpedagogo de una civilidad cultivaday responsable, requerimiento fundamental para Iaconstrucción de un nuevo orden politico y socialy Ia emergencia de un nuevo sujetorepublicano. Los literatos de Ia epoca aplicaronintensamente estas consideracionescon una clara autoconcienciade su papel.,Quiénes son, pues, esos referentes a losque apela Ia poesia neoclásica en IaelaboraciOn de Ia idea de sujeto nacional? Losexempia incluyen estrategas histOricoso mitolOgicos, politicos célebres y egregios traidoresen un mismo pie do igualdad. Elpoeta-moralista quiere mostrar lo buenoy lo malo, pero los ejemplos de buenasvirtudes son abrumadoramente mayoritarios.La imagen ideal del ciudadano seconstruye entonces con una amalgamado numerosos nombres ejemplaresgrecolatinos quo funcionan como ejemplosmodélicos do determinadas virtudes, más123algunas escasas referencias a rasgos negativos que deben ser evitados, paraloscuales también existen paradigmas consagrados. Esta práctica era usual desdeIaEdad Media, especialmente en los “espejos de principes”, tratados donde secompendiaban virtudes y se inclulan personajes de Ia Antiguedad para formar buenosgobernantes mediante el ejemplo (Curtius 256). Veamos cômo se procesaronesasimágenes en nuestro corpus.El gran ausente en El parnaso oriental (Un paso en el Pindo no lo menciona),salvo por unas poquisimas alusiones, es José Artigas. Desde unpunto de vistahistôrico, el papel de Artigas como fundador de Ia nacionalidades una construcciónintelectual del segundo Romanticismo, elaboradaa fines del siglo XIX. Cuando serecopilaron los textos de Elparnaso oriental no existlaaün en el imaginario de Ianueva nación Ia idea de un héroe con cuya historiade hazanas y virtudes se pudieseocupar el referente vacIo del liderazgo indisputable bajo elcual el pueblo (y susmultiples estratos) pudiese amalgamarse.La selección de Lira muestra que, entre1835 y 1837, el Uruguay disponia de unelenco de grandes hombres situados más omenos en el mismo nivel jerarquico, locual hacla inviable cualquier promocion a IacategorIa de héroe nacional; más aün: Ia menciónde muchos militares argentinos eneI mismo pie do igualdad que los naturales del palsmuestra quo Ia circulaciôn delcapital simbólico entre una y otra margen del Platatornaba borrosos los limites entrelo propio y 10 ajeno.La figura de Artigas ha sido leida de muchas formasa Io largo de Ia historia,desde los injuriosos comentarios de orientalesy argentinos por igual durante Ia124“leyenda negra” de Ia historiografla rioplatense88hasta Ia exaltaciOn monumental de Iadictadura uruguaya de 1973-1 984, que le consagro un grandioso mausoleo en plenocentro de Montevideo. Veamos dos ejemplos de El parnaso oriental.El primero de esos textos es de 1814, en el auge de su liderazgo. Está a cargode Francisco Araücho, quien en su Oda al heroico empeno del pueblo orientalcomienza apostrofando a Ia opresión y a Ia tiranla como “fatal aliento impuro”,presentándolas como emanaciones de los abismos oscuros que atormentan a loshombres (Par. 1, 25), reminiscencias de Ia concepción clásica del mundo infernal(Grimal 433). A esa lacra opone Araücho el concepto republicano de Ia libertad,basado en el derecho natural y asociado con Ia primacIa de Ia razón. Se trata de un“don precioso, inestimable”, connatural al ser humano, “de quien es inalienable”, quelo Ileva a oponerse a quien 10 ofenda (26).Después de destacar Ia entereza y el valor del pueblo oriental (“energico,sublime”), presenta a su jefe como “modelo de los hombres libres”, “impertérrito”,“vencedor de los riesgos y fatigas”, y lo compara con “ArIstides virtuoso” (27). EstaUltima caracterizaciOn es particularmente acertada. Forzando un poco las analogias,se dirIa que Araücho, poseIdo por el entusiasmo divino como sus colegas de Iaantiguedad, habIa entrevisto el futuro y anticipado lo que sucederIa seis años mástarde. ArIstides, combatiente de MaratOn y polItico ateniense, se vio condenado alostracismo por divergencias con el gobierno de su ciudad. Posteriormente retornó delexilio y continuó participando en Ia vida politica, en Ia que se destacô por sus virtudes,88 “Azote de su patria”, “oprobio del siglo XIX”, “afrenta del género humano”, “bandido”, “funestisimopersonaje”, entre otros (Machado 96-7). A partir de 1860 comenzó su reivindicaciôn.12510 cual no le impidió morir en Ia indigencia (Hornblower 160). Artigas, dos mutrescientos años después, corriô prácticamente Ia misma suerte: desterrado porvoluntad propia, enviO el poco dinero que le quedaba a los patriotas presos en Brashantes de pedir asilo en el Paraguay, donde muriô pobre en 1850 (Machado 91).El segundo poema, en cambio, no tiene nada de celebratorio. Es una oda deFrancisco Acuña de Figueroa en honor del 25 de mayo de 1836 dedicada alpresidente Oribe. Después de mencionar Ia derrota de España en Ia BandaOrientalcontinua de esta manera:Trozadas sus prisiones I se alzô Ia Patria al disco de Ia LunaI con porn pa y conhonor; y Ia fortuna / ornô con sus blasones I al que hoy yace en olvido / en tierraesciava, y en dolor sumido. I AsI Icaro en las auras se alucina /y paga suconfianza con su ruina. (Par. 3, 4-5)La “tierra esclava” es Paraguay, a Ia sazOn bajo el gobiernodel doctor GasparRodriguez de Francia, quien se mantenla en el poder desde1814. Un asterisco al finaldel antepenültirno verso remite a una nota al pie que reza “El Señor D.José Artigas,primer General que tuvo Ia Patria, y el primer campeónde su libertad. (Nota delAutor.)” (5). La nota, en su parquedad, es elocuente:poco parece quedar del recuerdodel Jefe de los Orientales Si es necesario agregarun paratexto explicativo.La comparaciOn con el orgulloso e irreflexivo Icaro tarnpocodeja bien parado alGeneral. Artigas, con toda su experiencia polItico-militar,terrnina cegado, corno eljoven griego, por su presunción, y Ilegaal fin de su vida olvidado, esclavizado y dolido,126como justa consecuencia. Para los antiguos griegos, (caro y su destino eran unejemplo tIpico de Ia hybris, el exceso o Ia desmesura de una acciOn por Ia temeridad,Ia insolencia o el orgullo del que Ia Ileva a cabo (Hornblower 732). Si el poetaconsagrado del Neoclasicismo uruguayo, autor de Ia Ietra del himno nacional, podiajuzgar de esta manera a Artigas e, implicitamente, a su proyecto politico y social,,podrIamos esperar que el sentimiento general favoreciese el recuerdo del Jefe de losOrientales? Entre el pueblo pobre, seguramente si, pero a nivel del patriciado, Iacompilación de Luciano Lira parece demostrar lo contrario. No sucede lo mismo con elbrigadier general Manuel Oribe, segundo presidente constitucional, en cuyo gobiernose editó el Parnaso.Oribe provenla de un hogar patricio y de una tradición familiar de militares decarrera. Habla estudiado en Ia Escuela de Matemáticas de Buenos Aires y habIaabrazado Ia profesión de las armas a los 20 años (Caetano 28), en Ia que se destacóactivamente. Participô en Ia revoluciôn artiguistay en el segundo sitio de Montevideo;asimismo, fue segundo de Lavalleja en Ia Cruzada Libertadora (19 de abrilde 1825),IuchO en Ia batalla de SarandI (12 de octubre de 1825), triunfô en Ia delCerro (9 defebrero de 1826), estuvo en Ituzaingo (20 de febrero de 1827),y fue ministro deGuerra y Marina antes de asumir Ia presidencia. Toda una vida dedicadaal oficio desoldado 10 convierten en un tema obligado a Ia hora de cantar las gloriasde las luchaspor Ia independencia, y eso es lo que hace profusamente Acuña de Figueroa.En Iamisma oda en Ia que se despacha contra Artigas, elpoeta aborda los logros delsegundo presidente. Comienza con una pregunta retórica que es a Ia vez una127recusatlo: “Quién al estrecho verso circunscribe I La inmensa gloria del excelsoOribe?” (Par. 3, 6). Esa gloria superlativa nos Ileva de inmediatoa Ia referencia culta,en este caso Homero, porque los hechos guerreros del brigadier general lo ponenmano a mano nada menos que con Aquiles:No más tremendo ante lliôn armado / se vio Aquiles furenteI cuando hacia atrásturbado I volvió el undoso Janto su corriente, I que en SarandI se viera,y en elCerro I aquel héroe blandir el duro hierro: I el hierro queen sus manos / serásiempre el terror de los tiranos. (7)Al margen de que el caudillo oriental, con sus treintay tres años, prácticamenteduplicaba Ia edad del joven griego, las batallasde Oribe no van a Ia zaga de lasnarradas en Ia IlIada. Para poder dignificarsu materia y cantar adecuadamente lostriunfos del presidente-soldado en el marco gravey solemne que requiere el hechoglorioso de Ia batalla de SarandI, el poeta convierteal ignoto paraje donde transcurrióel enfrentamiento, sin registro alguno en Ia tradiciónliteraria occidental, en una suertede Troya uruguaya que cuenta consu propio Janto: el arroyo que le da nombre a Iazona.Oribe acumula en su persona nosolo las funciones de héroe guerreroypresidente, sino que también ejerce unaespecie de sacerdocio laico que tiene comocentro a Ia libertad, representada por Ia imagendel árbol, consagrado con el mismovalor simbólico en Ia Revoluciôn Francesa (Hunt59): “Aqul el árbol frondoso / deLibertad se eleva, y deliciosoI fructifica feliz porque recibe I culto y respetos del invicto128Oribe” (9). Tresatributos que so presentancon el transcurrirdel tiempo (frondosidad,altura y fructificaciOn)convergen simultáneamenteen un solo momento,una epifanladel rumbo exitosode Ia patria bajo el comandode Oribe. Esta idea continuacon eldesarrollo del tópicofortitudo-sapientia.Si anteriormente Ia comparaciôncon AquileshabIa destacadoIa fortaleza de Oribe,ahora Ia que lo ligacon Odiseo exalta Iasabidurla, dos atributosdel héroe ya desdelos tiempos homéricos(Curtius 249).Guiado por Ia imagendel Sol, patronodel Uruguay desdeel angulo superiorizquierdode Ia bandera nacional,Oribe debe sortearlos peligros a losque 10 expone su altainvestidura: Ia envidia,de Thálito fatal”,que es capaz de marchitarsus laureles (denuevo Ia simbologIade Ia Revolucián),y Ia adulaciOn, que puede Ilevarloa cometererrores. Entre estosdos extremos, ejemplificadospor “Scylay Caribdis”, debemoverse Ia navedel estado paraliegar a puerto (9).Acuña de Figueroahace de Oribeel tema principal demuchas composiciones,rivalizando consigomismo en Ia adulacióndel presidente.En algunos casosuno tieneIa impresiOn deque está frente auna suerte deapoteosis en vida,como hicieron losromanos en los tiemposde Augusto. Oribees el héroe clásicoy Ia quintaesenciadelpatriota, del héroey del conductor: “de nuestrapatria el hijo predilecto”;“bravocampeôn” de “heroicosbrazos” e “inmensohonor”; nadie guardOcon más celo“denuestras Leyeslos sagrados fueros”;“Numen tutelar”;“grande y modesto”;“protectordel Pueblo”, entreotros apelativos (Par.3, 29-31). Su nacimientofue anunciado porI os astros, Iamisma Patria pronunciasu nombre, cantanlas ayes, lucen lasflores,resplandece elSol y el dios Apolole envIa saludmientras pulsasu anacrónico “blando129laud”. Su bondad lo eleva al mando “cual nueva deidad” que rige todos los ámbitos deIa patria (3, 25-8). No se podia esperar otra cosa del obsecuente poeta: españolistadurante Ia emancipacion, cisplatino, independentista, riverista, oribista, fue unletradoque siempre estuvo del lado del poder, como éI mismo se encargôde explicitar: “Elque no conozca bien las diversas vicisitudes, mudanzase inconsecuencias de lossucesos politicos de este pals, y también de sus personajes, nosabrá cómo conciliarlos elogios tributados en una epoca a un individuo,con las imprecaciones de queantes o después ha sido él objeto; mas los que han estado en Iaescena misma, encontacto con los sucesos y las personas, sabendescifrar este enigma, sin acusar deinconsecuencia a los escritores” (Pivel Devoto1981b, X)(Vlll).Manuel Oribe era un buen candidato, si no para convertirseen el héroenacional por excelencia, al menos para ocuparun puesto de preferencia en Ia galerlade proceres: un pasado guerreroen el bando de Ia emancipacion y Ia resistenciaa Iaopresión extranjera, presidente respetuosode Ia ley, favorecedor de Ia educación (IaUniversidad fue fundada bajo su gobierno,en 1838), buen administrador de Ia cosapüblica. Tampoco le faltaba prensa, ajuzgar por el aparato retórico desplegado por lospoetas de su tiempo. Sin embargo, susdiferencias con Rivera, que Ilevaron a Iaguerra civil subsiguiente, más Ia hegemonIadel Partido Colorado durante casi un siglode gobierno ininterrumpido (1 869-1959)no favorecieron su memoria más allá de loselogiosos conceptos vertidos por losneoclásicos.El primer presidente, Fructuoso Rivera,tiene una presencia menor en los textosdel corpus. Se lo celebra como héroede las Misiones (Par. 1, 147), campanamilitar130relampago en el norte de lo que hoy es Uruguay, y por su triunfo en Ia batalla deRincôn, dos jalones en Ia lucha contra Brasil (3, 6). Con todo, hay que tener en cuentael pasado no muy glorioso del general, que apoyO Ia dominaciôn brasileña en Ia épocade Ia Provincia Cisplatina y hasta estuvo a punto de prender a Lavalleja luego de IaCruzada Libertadora. Su personalismo y su ambición lo Ilevaron a enfrentarse con elejército nacional, comandado por Oribe y Lavalleja, en Ia batalla de CarpinterIa (19 desetiembre de 1836), en Ia que fue derrotadojunto con su aliado Juan Lavalle, unitarioargentino (Reyes Abadie 4: 151).Elparnaso oriental es parco en cuanto a este acontecimiento, aunque Un textode Carlos Villademoros se refiere a Carpinterla como una consecuencia previsible,inevitable y necesaria del respeto a Ia constituciôn jurada seis años antes: “Erapreciso I respetar 10 pactado, / y una vez pronunciado I el sacro juramento, I con Iasangre sellar su cumplimiento” (Par. 3, 32). El partido riverista es desleal, violador delorden, en tanto el gobierno se muestra clemente y generoso: “y hallar más bienquisiste desgraciados I entre tus enemigos, que malvados” (3, 33).Otro de los soldados que integra el panteOn de los heroes es Juan AntonioLavalleja. Hemos visto ya algunas de sus actitudes durante los primeros años de Iavida independiente del Uruguay que no lo dejan muy bien parado. Para Ia historia delproceso fundacional del Uruguay, no obstante, ha sido más importante su papel en Ialucha contra Ia dominaciôn brasileña. El 19 de abril de 1825 una reducida tropa (“losTreinta y Tres Orientales”, segün Ia tradición)89cruzó el rio Uruguay desde Argentinay89 “No eran 33 ni todos orientales[...]Los orientales eran 21, habia 3 ‘argentinos’, 4 ‘paraguayos’, 2 deorigen africano y 10 cuya fecha y lugar de nacimiento se desconocen” (Caetano 29). Para crear unamitologla nacional no es necesario apegarse a Ia verdad histOrica, evidentemente.131desembarcó en las costas del departamento de Colonia. Esta acción, conocida como“La Cruzada Libertadora”, inició el encadenamiento de los sucesos que Ilevaron a Iadeclaratoria de Ia independencia el 25 de agosto del mismo añoy a Ia decisiva batallade ltuzaingo en 1827. Conviene recordar que esa independencia no se propuso crearun pals, sino que tenia un propôsito explicito y claro: separaciôn completa del Brashyreintegración a las Provincias Unidas del Rio de Ia Plata. En efecto, “siendoque elvoto general, decidido y constante[...]era par Ia unidad con las demás provinciasargentinas a que siempre perteneció por los vInculos mássagrados que el mundoconoce, queda Ia Provincia Oriental del RIo de Ia Plata unidaa las demás de estenombre en el territorio de Sud America,por ser Ia libre y espontánea voluntad de lospueblos que Ia componen”, reza el texto de Ia declaratoria (Romero 19772: 228). Estees uno de los hechos que manipulô el Romanticismo en Iabüsqueda de justificacionespara Ia invenciôn de una nacionalidad, como vimos anteriormente,considerándolo unpaso previo hacia Ia separación total de Argentina, cuandofue totalmente locontrario.9°Como otros episodios de Ia lucha contra Brasil,para el Neoclasicismo el crucedel Uruguay fue un hecho excepcional,ünico en Ia historia, y ya no de Ia griega, quetradicionalmente provela los prototiposde las grandes acciones militares (Maratón,Termópilas, Salamina y Platea), sino del mundoentero:90 “Si bien los Ilderes del movimiento tienen una sensibilidady una retórica inequlvocamentefederales, no habla en el punto de partida ninguna intenciônde ruptura con Buenos Aires.Caracteristicamente, Lavalleja dingIa sus proclamasa los argentinos orientales” (Da Silveira 917). Contodo, el Uruguay que nació poco despuésde Ia Cruzada Libertadora por mediaciOn británicase afihiócompletamente al centralismo unitarlo argentino,sin rastro alguno del federalismo defendidopor Artigas.132Abrete, historia, y muestra en qué regiones, / en qué época del mundo, quénaciones I presentaron jamas un grupo aislado, I desvalido, indefenso, / dehombres que atravesando un rio inmenso, / hasta Ia orilla opuesta se lanzaron, Iy el fuerte grito de Ia guerra aizaron? (Par. 1, 59)Este acontecimiento, pues, viene a instalarse con pleno derecho en Ia galerIade exempla que proporcionô Ia historia militar en el RIo de Ia Plata, iniciada, comovimos en el capItulo anterior, con Ia también inédita derrota de las tropasinglesas enBuenos Aires frente at ejército de Montevideo. Todas estas acciones heroicas,noobstante, resultarlan incompletas sin mencionar el papel de los guerreroscaidos. Elrecuerdo de muchos de ellos se ha diluido casi totalmentecon el paso del tiempo y superduraciôn en Ia memoria colectiva se reduce apenasa algunos topônimos sin mayorsignificacion para el ciudadano corriente. Esto sucede en Uruguay conel caso deFederico Brandsen y Manuel Besares, hoydos calles de Montevideo y antes heroesen Ia lucha contra Brasil. “Brandsen!.. BesaresL.heroes I que con sangre de honorhabéis sellado I el triunfo de ml patria!”, recuerdaManuel Araücho, que peleó enItuzaingo con ellos (Araücho 50).Carlos Villademoros, en un himno al 25 de mayode 1836, evoca el destino delos muertos gloriosos haciendo referencia a Ia tradiciônclásica grecolatina del mundoinferior:Manes nobles que esconde el sepulcro! IA gozarde las luces de Mayo / nopodéis ya venir, mas los heroes / a otros gocesestán reservados. / Entretanto,133si el canto algün dIa / de Aquerôn Ia ribera ha pasado, I de alabanzas y gloriasresuenen I por vosotros los ElIseos campos. (Par. 3, 12)En Ia religion de Roma, los manes eran los espIritus de los muertos, de los quese esperaba su benevolencia. Para ello se les tributaban ofrendas de vino y alimentos,además de dedicárseles festividades pibIicas (Grimal 271). Como las almas delosguerreros clásicos, los espIritus de los patriotas, desde el inframundo, continüanestando presentes en Ia vida de su comunidad. Si situamos el texto de Villademorosen dialogo con los cantos bélicos del corpus, podemos ver a los heroescaldos comoel centro de un culto civico cuyos textos sagrados son Ia constitucióny los poemasque celebran las gestas y logros de los que ya no están. Más aün, losdifuntoscumplen un papel pedagogico, preparando nuevas generaciones depatriotas que vana continuar reproduciendo el credode Ia revoluciOn: “Haz que el hijo, en los huesossagrados I de su padre se goce orgulloso, /que allI estudie del hombre los fueros, I delos cielos el don más precioso (3, 10). AsistimosaquI a una interesante reelaboracióndel culto del héroe clásico. En Ia antigua concepciOnreligiosa griega, los heroesactuaban desde el sepulcro que atesoraba sus restos,los cuales a veces erantrasladados de un sitio a otro segün Ia necesidad, comolas reliquias de los santosmedievales (Curtius 245). Más tarde, con las ciudades-estado,ese culto asumiô unafaceta más polItica, en Ia que los huesos del héroepasaron a funcionar como unalegitimaciôn material de los derechos o las pretensionesde determinadas ciudadescontra otras, como sucediO en Atenas con Ia repatriaciônde las cenizas de Teseo134(Grimal 452). En Ia Edad Media, el cristianismo asociô primero Ia muerte por el señorfeudal con Ia muerte por Cristo, y luego dio un paso más adelante al justificarmoralmente el sacrificio de Ia vida por el amor a Ia patria o a Ia tierra natal, también untópico en Ia cultura latina clásica (Kantorowicz 242). En el himno de Villademoros,como en Ia mayorIa de los himnos nacionales latinoamericanos, estamos frente a unacanciôn marcial con Ia cual se trata de generar una comunidad imaginada de varonesunidos ante Ia guerra y Ia muerte (Gonzalez Garcia 736). Vemos que elNeoclasicismo, en su afán de homogeneizar, lo abarca todo y engloba a todos lospueblos y naciones, a los vivos y a los muertos. Tanto da que el difuntosea indIgena ocriollo: el mundo infernal grecolatino es amplio y no hace distingos entrequienesmoran en éI. Entre los muertos gloriosos que pueblan los campos infernalesmereceespecial consideraciôn el ültimo inca, Atahualpa, por el importante papelque hajugado en Ia simbologia republicana del Rio de Ia Plata.La representación de las minorlasEl destino literario de los indIgenas en el Neoclasicismo del periodorevolucionario tiene seguramente su inspiración másfamosa en tierras peruanas, conAtahualpa como figura principal. Con el nombredel ültimo inca se editá en Madrid en1784 una obra teatral del español Cristóbal Cortéscuyo argumento es elapresamiento y muerte de Huáscar, heredero del trono,a manos de su hermanoAtahualpa, hijo natural del inca Huayna Capac. Los rasgosmás negativos seacumulan en el retrato de Atahualpa, quien es presentadocomo un asesino135sanguinario y sin honor.91 Una vision muy diferente de su personalidad, sin embargo,es Ia que ofrece el Dialogo entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos ElIseos(1809), del revolucionario argentino Bernardo de Monteagudo. En esta obra,Atahualpa es un lücido comentarista de Ia situaciOn americana que encuentra en lasquejas del rey frente a los actos de Napoleon Ia justificaciOn precisa para elmovimiento emancipatorio de las colonias. A lo largo del breve dialogo, el incadesarma minuciosamente cada uno de los argumentos esgrimidos por Fernando: IausurpaciOn de Ia corona por NapoleOn,92Ia donaciOn del papa Alejandro VI de lastierras americanas a Ia corona espanola en 1493, el juramento de fidelidadyvasallaje a Espana dado por los americanos,94y lo hace con tanta habilidadypersuasion que el rey termina admitiendo que él mismo “los movieraa Ia libertad eindependencia más bien que a vivir sujetos a una naciOn extranjera”(Romero 1977 1:71). En Ia ficciôn de Monteagudo, Atahualpa es un ilustrado radicalcuyo mensaje a losperuanos (y a los americanos en general) es simpley concreto: “Quebrantad lasterribles cadenas de Ia esclavitud y empezad a disfrutarde los deliciosos encantos deIa independencia” (Romero 1977 1: 71). Sin embargo,esta posiciOn politica noseimpuso inmediatamente, seguramente por ser demasiado revolucionaria.No hay que91 “El bastardo Atahualpa, que hoy impera / por medio de Ia infamiay artificio, I no es legitimo rey, esun tirano, I un intruso, un infiel, un fementido, I que a Ia traiciOnmás torpe juntar sabe I el horror desacrIlegos delitos” (Arellano 120).92 “Ved ahi, Fernando, Ia viva imagen de Ia conductade tus espanoles; ved, digo, Si COfl fundamentolos noto de injustos, cruelesy usurpadores, cuando del mismo modo que el frances en España, se hanentronizado ellos en America contra Ia voluntad de los pueblos”(Romero 1977 1: 67).93 “Venero al Papa como a cabeza universal de Ia Iglesia, perono puedo menos que decir que debiOser de una extravagancia muy consumada cuando cediOy donô tan francamente Ia que teniendo propiodueno, en ningUn caso pudo ser suyo” (Romero 1977 1: 68)94 “Desde el mismo instante en que un monarca, piloto adormecidoen el regazo del ocio o del interés,nada mira por el bien de sus vasallos, faltando éI a sus deberes,ha roto también los vInculos desujeciôn y dependencia de sus pueblos” (Romero 1977 1:69).136olvidar que Ia Junta de Mayo de 1810 le asegurô a Fernando VII el respeto a su reinoy posesiones, y aunque Artigas habla propuesto en 1813 que se declarase “Iaindependencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de todaobligaciOn de fidelidad a Ia corona de Espanay familia de los Borbones y que todaconexiôn polItica entre ellas y el Estado de Ia España esy debe ser totalmentedisuelta” (Romero 1977: 2, 62), recién en 1816 las Provincias Unidas se declararonindependientes.95El himno argentino de 1813 introdujo el sepulcro del inca en el imaginario de Iarevoluciôn: “Se conmueven del Inca las tumbas I y en sus huesos revive el ardor, /10que ye renovando a sus hijos / de Ia patria el antiguo esplendor” (DIaz 24). Estaimagen fue retomada y trabajada porAcuna de Figueroa en Ia version del himnonacional uruguayo de 1845. En su cuarta estrofa se lee que “Al estruendoque entomb resuena / de Atahualpa Ia tumba se abrió, / y batiendo sañudo las palmasI suesqueleto... Venganza! gritO.” (Acuña de Figueroa 5). Esta imagen del inca, sañudoyvengativo, es algo contradictoria. En un himno marcialcomo el uruguayo, apelar aAtahualpa para enardecer los ánimos de los combatientes no pareceser Ia alternativamás idônea. Su figura funciona más como desencadenante de sentimientosdeconmiseraciOn y simpatla por su triste destino que como Ia de un guerrero luchandopor su libertad. En este sentido, Tupac Amaru hubiese sido una mejor opciOncomosImbolo de resistencia.Acuna de Figueroa apela al mismo referente incaico, aunque ligeramente95 Poco antes del congreso de Tucumán, que declaró Ia independencia, José de San MartInplanteaba lo anômalo de Ia situaciôn: “Es ridiculo acuñar moneda, tener el pabellôny escarapelanacionales y, por ültimo, hacer Ia guerra al soberano de quien se dice dependemos”(Romero 1977 2:213).137diferente, en un himno dedicado al 25 de mayo. El entomb sepulcral es más apacible,no hay golpes de efecto, el muerto está inmóvil, y lo que clama es libertad, novenganza (Par. 1, 173). La asociaciôn indigena-Revolucion de Mayo es todavIa máspatente en un poema de Carlos Villademoros, quien destaca Ia lucha de “los hijos deCapac” sin mencionar ningün rasgo exclusivo de los criollos;96 por el contrario, sonsuperiores incluso a los “Escipiones, AnIbales, Brutos, I en los tiempos de Romagloriosos” (Par. 3, 1O-1).Estos textos nos enfrentan a una situación peculiar. ,Por qué tanta referencia alos incas?,Qué fascinaciôn ejercio su imperio (o su destino) en Ia mente de los poetasneoclásicos? En principio, una posible lectura para entender en general el fenómenode Ia presencia indIgena en los textos literarios es Ia que propone Monica Quijada.Para Ia autora, una forma de justificar, avalar y legitimar Ia revoluciOn emancipadoraconsistla en establecer una similitud entre esa revolución y Ia resistencia indIgena a Iaconquista. Este procedimiento lograba también dane “espesor temporal” a las nuevasentidades polIticas al remontar sus orIgenes a épocas inmemoriales y crear asi unaidea de “atemporalidad” (304). Es exactamente lo que hace el espIritu de MancoCapac en La victoria de JunIn (1825), de José JoaquIn de Olmedo, cuando, despuésde historiar los trescientos años de dominaciOn española, exclama: “Oh pueblos, queformáis un pueblo solo I y una familia, y todos sois mis hijos! I vivid, triunfad” (136),integrando a todos los americanos que luchaban contra el poder colonial.96 “A esa voz imperiosa, los hijos I de Capac, con Ia carga agobiados, I lanzan gritos de rabia, yconmueve I al Etemo su noble entusiasmo” (Par. 3, 11).97 “Aqul somos puros indios’, habIa dicho Bartolomé Hidalgo en 1820 al referirse a los americanos(199). No es fácil encontrar afirmaciones tan categOricas en Ia poesla culta. El texto de Villademoros sepresenta como una anomalla en el corpus, aunque seguramente se trate de un recurso retóricoy no deun punto de vista personal.138El poema de Villademoros apunta también a esa direcciOn. No estamos enpresencia de un regodeo fünebre en el sepuicro del Inca, sino en plena acciOnguerrera, donde el espanol, enemigo del indIgena durante Ia conquista, es también suenemigo en Ia emancipación. La historia se repite:El carcaj a sus hombros, Ia pica I otra vez del indigena al brazo I recostada semira, y espera / con robusto talante el estrago. I Otra vez Ia montana escarpada,I otra vez las Ilanuras de Arauco,Iyen Ia sangre correr a torrentes,Iyen al indiode sangre empapado. I TodavIa a Ia voz del combate / muestra el bárbaroindômito alzado I el pujante bastón de Ia guerra I que sintieran ValdiviayPizarro. (3, II),Qué hacen los araucanos en un poema escrito por un uruguayo en Uruguay?,Dônde estàn los charrüas? PodrIamos aproximarnos a una respuesta examinando elcaso chileno, donde se aprecia un nitido contraste con Ia situación del indIgena en Ialiteratura uruguaya. Ya desde el siglo XVIII se habia planteado en Chile el problemade Ia identidad en base a La araucana de Alonso de Ercillay Züniga y el corpus demateriales artIsticos e intelectuales organizado en tomb a lo que se consideraba elpoema epico nacional. De esta manera, cuando se plantearon los debates ideologicosen el perIodo emancipatorio, ya existla un “araucanismo patriôtico” al cualse podiaapelar (BurucUa 2003, 438). Uruguay, en cambio, careciô de un poema épico similar alde Ercilla que pudiese ligar los valores indigenas a las luchas emancipatorias,peropudo apelar a un referente prestigioso para Ilenar ese vacio. En deflnitiva, Ia139apropiación de lo mejor de Ia tradición literaria previa estaba prevista dentro de Iadoctrina de imitaciôn del Neoclasicismo, y eso es lo que sucede en este caso.Dejando de lado Ia filiaciOn literaria de los araucanos de Villademoros, hay otroaspecto a considerar. Afirma Quijada que otra estrategia para dar cuenta de Iapresencia aborigen es “tender un puente simbálico entre el grupo criollo y Ia sociedadindIgena, al proponer un punto de encuentro basado en Ia reivindicación de un origencomün” (307). Ese “origen comün”, improcedente desde el punto de vista étnico,resulta muy efectivo en el piano simbôlico. El indIgena, que habIa luchado contra losconquistadores, pasa a representar a Ia totalidad americana, incluyendo a los criollos,en una lucha contra un enemigo comün, el poder colonial español. La büsqueda de unlinaje indIgena, entonces, no significa que se acepte y se reconozca Ia otredad de losnativos o su especificidad, sino que se trata de un recurso para reorganizar ytransformar Ia polaridad nosotros/ellos en americanos/peninsulares que tambiénreformule el espacio geografico de Ia patria e incorpore a todos los americanos leales(Poch 104). Esa lealtad se asocia con los valores del credo republicano que setransmiten de padres a hijos, entre ellos, “del hombre los fueros, I de los cielos el donmás precioso”, y “morir o ser libre” (Par. 3, 10). Los rasgos propios de Ia funciOnguerrera (coraje, resistencia, sacrificio), referidos a Ia figura indIgena, refuerzan Iaconstrucción de “un espejo de virtudes en el quo podlan mirarse las nuevas naciones”(Quijada 307), esto es, una utilizaciôn del mecanismo del exemplum quo vimos antes.No obstante esta gran comunidad imaginada indIgena quo engloba a todaAmerica, los indios uruguayos son los grandes ausentes en las poesIas quo exaltan140justamente esos valores paradigmáticos del guerrero aborigen. Tanto los aztecascomo los Incas ya habian sido derrotados, sometidos y finalmente ensaizados por Ialiteratura en un proceso que Ilevaba más de doscientos años. Los letrados delUruguay, por su parte, preferian cantar las glorias de los indIgenas de otras tierras,pero no las de los suyos propios. TenIan sus razones.Gustavo Verdesio, Ieyendo Ia forma en que los historiadores de fines del 51gbXIX se referian a los habitantes nativos del Uruguay, da precisamente en el clavo. Lacita es algo extensa, pero vale Ia pena reproducirla:People in 1895 and today admire the “great civilizations” of the continentbecause the occidental ideological framework is determined by a teleologicaland evolutionary criterion. To put it another way, what may make the three greatcultures [aztecas, mayas, incas] so attractive to people educated in Westernculture is their high level of social development in occidental terms. Our way ofunderstanding history as a teleological progression, as an evolution toward acertain goal or ideal, does not differ much from Bauzá’s and makes the Inca,Aztec, and Maya cultures resemble more so than other indigenous groups theevolutionary ideal that predominates in Western societies. They had a state(central government), good administrative organization, armies, division of labor,and so on. The other indigenous cultures, those not organized around a state,are considered less interesting and, therefore, inferior. (Verdesio 209-10)La influencia de Ia ciudad letrada educada en Ia cultura occidental no podia ser141más notoria. Adicionalmente, hay otro factor que incide en Ia ausencia del indIgenauruguayo en los textos fundadores del canon nacional y que tiene que ver con surelación con los hacendados en Ia campana. De todas las etnias que poblaban elUruguay, Ia ünica que habia permanecido prácticamente al margen del proceso deasimilación a Ia sociedad blanca era Ia de los charrüas. De aguerridos soldados de Iaindependencia y beneficiarios de las Ieyes sociales del artiguismo se habian convertidoen una fuerza que perjudicaba a los estancieros al verse obligados a subsistirmediante actividades delictivas en el medio rural. Las autoridades consideraban queera necesario “escarmentarlos” para garantizar “Ia seguridad del vecindario y Iagarantia de sus propiedades”, como sostenla Juan Antonio Lavalleja. Ese escarmientoejemplar consistió en convocar a los charrüas a una asamblea con comida y bebida ymasacrarlos arteramente. El propio presidente Fructuoso Rivera dirigio las operaciones(abril de 1831). Los pocos sobrevivientes tuvieron su desquite un año más tarde,cuando ejecutaron al coronel Bernabé Rivera, sobrino del presidente, que se habIacaracterizado por su particular celo en solucionar el problema indigena (Machado 134).En otra muestra del divorcio de Ia ciudad letrada y Ia ciudad real, lejos quedaron laspalabras que Carlos Villademoros Ie hizo decir a Lavalleja en una obra de 1832:“nuestros brazos I jamás el golpe matador dirigen I del indIgena al cuello desgraciado”(Par. 2, 32).La muerte de Bernabé fue sentida como una tragedia nacional (Pivel 1981a,XXXIV). Era el mártir de Ia civilización en Ia lucha contra Ia barbarie y un ejemplo paraIa ciudadania. Los poetas no escatimaron calificativos para referirse a los charrüas y142describir sus prácticas: “bárbaros” (Par. 1, 199); “A su frente el espanto / precede asus furores, I y en pos, todo es horrores, I sangre, y asolaciôn”; “fieras turbas” (200);“Cual cometas de muerte I los rUsticos plumajes I de sus rostros salvajes I realzan elfuror”; “horda terrible” (202); “fieros monstruos”, “linaje infausto” (203); “escuadróntraidor y forajido”, “gavilla carnicera” (AraUcho 84), entre otros. A tal punto llego elninguneo que ni siquiera se los Ilamô “charrüas”, sino “caribes” (204).Lejos habian quedado los tiempos en que los indIgenas combatlan contraEspana en un mismo pie de igualdad con los criollos, como lo celebra Hidalgo alcantar Ia batalla de Maipü: “Pero bien ayga los indios! I Ni por el diablo aflojaron,mueran todos los gallegos, / Viva Ia Patria, gritaron” (188). AquI se consagrabaa losindios que vencieron a los espanoles y se referIa a ellos sin los aderezos de Ia altacultura que habla puesto a Atahualpa dialogando con Fernando VII. En ese entonceslos indios luchaban por Ia patria americana y eran celebrados por propiosy extraños,mientras los charrüas, que también habIan hecho lo mismo, terminabanmasacradosen los hechos y descalificados en Ia literatura. Hubo que esperar hasta finesdel sigloXIX para que Zorrilla de San MartIn “consagrase” Ia imagen del charrüa,ya relegadoal olvido, despojado de sus cualidades “negativas”y listo para comenzar a funcionarcomo el mito fundacional de Ia “nacionalidad oriental”.Si bien el indio tuvo, aunque tardlamente, su lugaren el imaginario nacional, nose puede decir lo mismo del negro, aunque hubiera estado en Ia primeraIInea decombate de los batallones de Espana contra los ingleses, en lastropas de Artigascontra los españoles y en los ejércitos de Lavalleja, Riveray Alvear contra los143brasileños. En Ia construcción de Ia naciôn que canto Ia poesla de nuestrocorpus, Iavoz del negro no tuvo su lugar propio, aunque contô con Ia mediaciOn de Iaciudadletrada blanca. Francisco Acuña de Figueroa, quien no dejO aspectode Ia vida sintransformarlo en poesIa, empleO un nombre ficticio para escribir unCanto patriótico delos negros, celebrando a Ia ley de libertad de vientresy a Ia constitución (1830). “Estagraciosa composiciOn”, como Ia define una nota a pie de pagina (Par. 1, 229),estáescrita en lo que pretende ser Ia transcripción del castellano habladopor Ia poblaciOnafricana de Montevideo, lo que por momentos reducesu inteligibilidad. El CantopatriOtico recuerda los tiempos de esclavitud durante Ia coloniay Ia dominaciOnportuguesa, homenajea a los legisladores y al Ejecutivoy afirma Pa necesidad derespetar Ia ley y gozar de Ia libertad.Acuña de Figueroa, como antes Hidalgo con loscielitos, se apropia de unlenguaje que no es suyo y le da carta de ciudadanIaliteraria al escribir el poema. Aligual que lo habia hecho Hidalgo con los sectoresrurales, con esa apropiaciOn asumetambién Ia representaciôn de Ia comunidad negra. Es,de nuevo, Ia tIpica actitud delletrado que pone orden en el caos, integrando medianteIa escritura a un sector socialminoritario para hacerlo formar parte del proyectoliberal de su tiempo. Hay quedestacar, en este sentido, los valores que subraya:Ia hombria de bien, no abusar delas Ieyes, contraer matrimonio como unbuen cristiano, sacrificar el trabajo, el ocioyhasta Ia vida por Ia defensa de Ia patria:E polelle ene sapülo / de envasione sinemiga,/10 conchavo, lo decanso, /10sangle se saclifica. II Ma no sen busa den Leye;/ y Malungo y su nenglita /144como buena quilitiano I quo si casa, e quo si clia; II y gosalan nuete sijo / IaLibetá bien tendila; cuando homble debiene, plemio{...].(Par. 1,231-2)Dar Ia vida por Ia patria, viniendo de Acuña do Figueroa, resulta sumamenteirônico, poro nos rocuerda quo los nuevospalsos, además do nocesitar personassocialmente rosponsables y productivas para revitalizar sus maltrechas oconomiastras años do guorras, roquorlan también came de cañon de recambio para afrontar losconflictos que no terminaban de desaparecor.Esta realidad domografica trae a colación el papel de Ia mujer en Ia formaciOndel estado. En el univorso predominantomente masculino de los poetas neoclásicos,Ia mujer oriental aparece, fundamentalmente, como sostén do Ia familia patriarcal.Maria Inés do Torres (1995) ha estudiado el papel do las diferentes figuras femeninas(madre, esposa, hija) en Ia conformaciOn de Ia idea do patria y su simbolismo en Iacultura letrada. Para Ia autora, en Ia retórica do Ia poesia patriOtica del periodoindependentista Ia familia no sOlo figura como pilar del ostado sino quo el mismoestado es visto como una familia (25). Esta lectura retoma Ia linea desarrollada porDoris Sommer en su Foundational Fictions. The National Romances of Latin America(1991) y muestra quo el papel simbólico de Ia mujer en Ia construcciOn del estadonacional es anterior a Ia novela romántica o, en el caso uruguayo, al poema nacionalTabaré (1888).En los textos poéticos de nuestro corpus Ia presencia femonina está muyrepresentada mediante alegorlas y referencias a personajes mitologicos. Entrelas145primeras figuran Ia Fama, Ia Discordia, Ia ConstituciOn, Ia Concordia y Ia Libertad. Elarsenal de deidades grecolatinas incluye repetidas menciones a Belona, Ia diosaromana de Ia guerra, como corresponde a los tiempos bélicos que marcaron el primertercio del siglo XIX. Asimismo, el Uruguay como pals eminentemente agropecuariocuenta con el apoyo de las deidades de Ia naturaleza, en particular las vinculadas conel cultivo de Ia tierra, Ceres y Pomona. Como garantia del orden institucional, Astrea yTemis supervisan Ia labor de los legisladores, en tanto Minerva preside Ia formaciônintelectual de los ciudadanos. Musas y ninfas inspiran Ia actividad de los poetas yagregan colorido y movimiento a los ambientes campestres. Hasta aqul, todoprevisible y convencional. Lo que si es destacable, sin embargo, es Ia presencia deuna mujer en el elenco de los poetas de El parnaso oriental, Petrona Rosende de IaSierra (1787-1863).Petrona Rosende, montevideana, vivio un tiempo en Buenos Aires. AllI publicóel periOdico La aljaba, dedicado a las mujeres argentinas. Los principales artIculos delos dieciocho nUmeros editados entre 1830 y 1831 versaban sobre Ia influencia de Iamujer en Ia sociedad, Ia critica a quienes se oponlan a su instrucción, Ia educaciOn delas hijas, las consecuencias perjudiciales del lujo, Ia beneficencia, Ia vanidady Iaenvidia, el amor a Ia patria y a Ia religion y las pruebas de Ia existencia de Dios. Devuelta en Uruguay, Petrona Rosende se dedicO durante varias décadas a Iaenseñanza en su instituto para niñas y mereció una pensiOn del gobierno por losservicios que habla prestado “a Ia instrucciOn y educaciOn del bello sexo enépocas enque en esa consagracion a Ia enseñanza era una honrosa excepciOn”, segün reza el146texto de Ia ley (Pivel Devoto 1981b, CXIII).Los textos de Rosende que ha preservado El Parnaso oriental tratan asuntosfilosóficos, satIricos, elegIacos, encomiásticos y patrióticos. En este ültimo rubro, supoesia se mueve dentro de los mismos parámetros temáticos fijados por Ia prácticacreativa masculina de su tiempo, tales como Ia celebraciôn del veinticinco de mayo, Iaexaltaciôn de Ia lucha por Ia libertad y los sentimientos de amor al terruño. En su odaa Ia fecha emblemática del comienzo de Ia revoluciôn rioplatense hace uso de Iamisma herramienta retôrica que sus pares hombres, Ia recusatlo: “Oh si mi lira fueratemplada I por el Dios mismo que el Pindo mora! / COmo cantara tus faustos timbres Icon voz excelsa!... “(Par. 3, 42). Ahora bien, ,es Ia humildad fingida de Ia poetisanada más que Ia práctica corriente de Ia recusatlo, o estamos, además, frente a Iaafirmación de su condición de mujer que escribe poesla patriOtica a pesar de que suscultores sean mayoritariamente hombres? El poema concluye: “Mas ya que a tantoIlegar no puede I mi débil pecho, recibe oh dIa! lbs sentimientos de amor patrio I quetü me inspiras” (42). El detalle del “débil pecho” es lo que posiciona Ia voz de Rosendeen un lugar diferente del Parnaso. Su poesIa le canta a Ia patria, pero lo haceaportando sutiles pinceladas de una sensibilidad que cumple Ia funciôn de integrar a Iamujer a Ia comunidad de patriotas, ya que no de ciudadanos - recordemosque Iamujer no votaba- desde un angulo distinto. En los textos celebratoriosde los yates, Iafigura femenina estaba representada bien por Ia madre/esposa/novia/hijasufrida, conun familiar en Ia guerra, o por ninfas o diosas, como hemos visto anteriormente. Encambio, estos versos pintan un escenario más intimista, donde se hacen presentes Ia147ternura y el amor maternal: “Oye a los niños, que en el regazo / son adormidos, en sudialecto, I ya pronunciando al Veinte y cinco I vivas gracias” (42). Detalles como éstediferencian Ia voz de Rosende y el lugar desde el que escribe. El siguiente himno a lasdamas orientales en oportunidad del 25 de mayo de 1836 es otro buen ejemplo.Además de las estrofas dedicadas a Ia patria que eleva altares a Astrea y Minerva (3,15), arroja al dios de Ia guerra de su templo y aplasta a Ia anarquIa (14), el poema lescanta a las mujeres:Hoy es vuestro dIa, / Damas Orientales, / lucid vuestras gracias / y elegantestalles. II Pasead por los prados, I hermosead las calles, I en risas y gozo /vuestra faz se bane; / el canto festivo, I el baile, el teatro, / en el Veinticinco /ostenten su encanto. II Este dIa grande I el sexo festeje, I pues también elsexo I libertad le debe; I hoy los vuestros lazos I estrechad activas, I de amistadconstante / con fraternos vivas. (13-4)En términos generales, el tono marcial de las composiciones masculinas semantiene, pero aqul Ia militancia es por Ia belleza y Ia elegancia de las mujeres. AsIcomo los hombres exaltan las hazañas bélicas con exempla clásicos de virilidad,heroIsmo y sacrificio, Rosende adopta un aire festivo, liviano, que no por ello resultamenos patriótico. La poetisa se dirige aqul expilcita y directamente a otro püblico quese mueve en ámbitos urbanos, más relajados, lejos del fragor de las batallas, y con untoque de sensibilidad femenina que, obviamente, está ausente en Ia poesla de loshombres.148El caso de Petrona Rosende, aunque ünico en el corpus seleccionado, nosmuestra que Ia mujer, tradicionalmente relegada a las Ilamadas “labores propias de susexo” en el discurso hegemonico masculino, pudo encontrar una fisura por Ia cualingresar a Ia ciudad letrada haciendo suyos los grandes temas de Ia poesla que hastaentonces eran patrimonio de los poetas, de forma tal que logro brillar en el panoramacultural de su tiempo. Prueba de ello son dos décimas que le dedicO el hiperbOlicoAcuña de Figueroa, en las que Ia nombra “Ia décima Musa”, “Ia octava maravilla”y “IaSafo oriental” (Par. 3, 17). Si bien su producción cayó rápidamente en el olvido, comoIa de casi todo el periodo, en nuestros dIas su figura ha despertado un renovadointerés. Maria Inés de Torres ha destacado Ia importancia de su obra como pioneradeIa escritura femenina en Ia literatura uruguaya, en Ia que Rosende hizo valersu voz ysu derecho, y el de las mujeres en general, a construir Ia nación (52). La mismaPetrona Rosende era consciente de ello cuando escribió, al volvera Montevideo: “Vivefeliz, oh Patria, y que Ia historia I enseñe con letras de oro al orbeentero I tus grandeshechos, tu inmortal memoria. / Mientras que con sumiso rendimiento / tributan unrecuerdo a tu alta gloria / ml humilde liray femenil acento” (2, 214). Fue ese acento loque aportô un toque de originalidad al ejercicio de las letras,prácticamentemonopolizado por las voces de los hombres.149CapItulo 4 - El legado del Neoclasicismo fundacionalEspacios pUblicosy actos de masasLa presencia del Neoclasicismo en Uruguay no es solo un rasgo de su literaturafundacional. AsI como ésta, en particular Ia recogida en El parnaso oriental, se puedeleer como Ia monumentalizaciôn de los primeros pasos hacia una independenciapolitica y cultural, con los cantos a los hechos guerreros y las efemérides patriaspreservados para una lejana posteridad, Ia arquitecturay Ia estatuaria también hanconservado elementos de Ia estética neoclásica que las relacionan tanto con Iaantiguedad grecolatina como con los ideales de Ia emancipacion. Entreesosmonumentos podemos diferenciar dos tipos: 1) los levantados durante Ia epocacolonial, neoclásicos por su diseño y por el momento histôrico enque fueronconstruidos, y 2) los que, desvinculados cronologicamente del Neoclasicismo,presentan rasgos propios de aquél, especialmente en cuantoa Ia simbologla tIpica delperlodo revolucionario. Montevideo, por haber sido elcentro del poder politico y militarde Ia Banda Oriental durante el perido colonial y por sutemprano posicionamientocomo capital nacional, presenta ejemplos de ambos tipos.En el planeamiento de los disenos urbanos en suscolonias, Ia corona españolaaplicO un patron regular: el damero organizado en tomba Ia plaza mayor y, alrededorde ésta, los edificios del poder temporaly espiritual (Romero 1976, 56). EnMontevideo, este modelo se halla representadopor Ia Plaza Matriz, flanqueada al estepor el Cabildo (imagen 8). Este edificio comenzOa construirse en 1804 y fue, además150de sede del poder capitular, cárcel (GuIa 113). Frente al Cabildo, en dirección oeste,se encuentra Ia Catedral (imagen 9), proyectada en 1790 e inaugurada en 1804 (Gula117). El espacio comprendido entre ambos edificios fue el sitio donde sejuró Iaconstituciôn de 1830 que tanto cantaron los poetas de su tiempo. Un poco màs haciaal este sobrevive parte de las fortificaciones, representada por Ia puerta de IaCiudadela (imagen 10). Estas construcciones integran el casco antiguo deMontevideo, denominado Ciudad Vieja.Otros monumentos, más modernos, como el Templo Ingles, replica del edificioconstruido en 1845 (imagen 11), son ejemplos claros de Ia sobriedad de las formas yIa sencillez del diseño que proponla el Neoclasicismo. Montevideo cuenta también conun edificlo que lo conecta con Ia antiguedad clásica y, metafôricamente, con suconcepcion del mundo inferior. Se trata de Ia Rotonda del Cementerio Central (imagen12), emparentada arquitectónicamente con el Panteón de Paris y deudora, en Ultimainstancia, del PanteOn de Agripa del fines del siglo I a. C. en Roma. Como en suhomologo frances, en el Panteón Nacional, que ocupa Ia cripta de Ia Rotonda, seencuentran sepultados los muertos ilustres del pals. Se podria decir que es alII dondeestán congregados los manes de quienes contribuyeron en vida y en sus respectivoscampos -politica, artes, ciencias- al desarrollo del Uruguay. Se da el caso, también, defiguras ilustres que, aunque no son sepultadas en el Panteón, permanecen aIli algUntiempo antes de ser ubicadas en su destino final, de todas maneras integrándosealcolectivo de nombres célebres que Ia sociedad identificay reconoce como suyos.Vida, muerte e inmortalidad se conjugan asi en un cementerio trazado como una151“ciudad de los muertos” a Ia que se accede desde Ia “ciudad de los vivos” a través deun arco triunfal que da paso a una idealización de Ia organización urbana, consuparcelamiento, sendas, nichos, panteones y un cuidadoso diseño del elemento verde(Gula 290).Pero es quizas en el campo de las festividades püblicas donde mejor sepercibe el legado del Neoclasicismo fundacional. En efecto, Ia trIada constituida por unespacio abierto (en general, una plaza o una intersección de avenidas), un acto(particularmente cuando está vinculado con alguna efeméride o una manifestacióncIvica) y uno o más monumentos (que enmarcan el espacio de Ia celebraciôn oconstituyen su centro) muestra, en cada nueva actualizaciôn de una fecha patria,unresultado deportivo o una protesta contra el gobierno de turno, Ia persistencia de Iatension entre el Neoclasicismo que estableciO las bases del estadoy Ia manifestaciOndel sentir popular. Repasaremos brevemente los espacios montevideanosque hansido escenario de esas interacciones.La Plaza de Cagancha, también llamada Plaza Libertad, tiene ensu centro unacolumna sobre Ia que se halla una estatua de bronce que conmemora Ia pazentre lospartidos politicos en 1865 (imagen 13). La estatua representaa una figura femeninavestida a lo griego, tocada con un gorro frigio, que lleva en unamano una bandera yen Ia otra un gladio romano (Burucüa 1990, 153). En su conjunto, Ia esculturaguardaun cierto aire de semejanza con Ia imagen de Ia Libertad en el cuadrode EugeneDelacroix La libertad guiando a! pueblo (1830). Más aCm,ambas representacionesfemeninas se vinculan con el simbolismo revolucionariofrances de Marianne, que152reüne en una doble alegorla Ia idea de libertad con Ia de repüblica, dos rasgoscaracterIsticos del Neoclasicismo revolucionario (Agulhon 18).El Obelisco a los Constituyentes de 1830, inaugurado en 1938 en Iaintersección de tres avenidas, incluye tres estatuas alegOricas de bronce querepresentan Ia Libertad, Ia Ley y Ia Fuerza, todas ellas con vestimenta griega yatributos tIpicos: el pecho desnudo y las cadenas rotas, una mano sosteniendo IaConstituciôn, un casco y una espada (imágenes 14, 15, 16, 17). Este entorno,fuertemente cargado de referencias a Ia institucionalidad, fue el escenario delmultitudinario acto del 27 de noviembre de 1983, probablemente el más grande de Iahistoria polItica del Uruguay, que uniflcô el frente opositor bajo Ia consigna “Por unUruguay sin exciusiones” en los ültimos tramos de Ia dictadura militar de 1973-1 984(Caetano 277).El Palacio Legislativo (imagen 18), inaugurado el 25 de agosto de 1925, primercentenario de Ia declaración de independencia, es Ia sede de las cAmaras dodiputados y senadores. Desde el punto de vista arquitectônico, se afilia a Ia corrienteeclecticista, que también so vincula con Ia tradiciôn clásicay los valores democráticosy republicanos (Gula 161). Ocupa una eminencia del terreno en Ia confluencia decuatro grandes avenidas y está rodeado de un amplio espacio abierto que ha sidotestigo, entre otros actos do gran valor simbólico para Ia democracia uruguaya, delprimer festejo del DIa do los Trabajadores durante Ia dictadura (1983). Recientementese recibió aIII a los jugadores do Ia selección nacional de fUtbol que obtuvo el cuartolugar en el mundial de Sudáfrica, acontecimiento que convocó a unaimpresionante153multitud como hacja tiempo no se vela en Ia ciudad.Hemos dejado para el final Ia Plaza Independencia, el espacio más significativoen este breve compendio de lugares cargados de simbolismo republicano y, en ültimainstancia, neoclásico. Doscientos años después de los acontecimientos de mayo de1810, el diAlogo entre el Neoclasicismo y Ia gauchesca sigue estando presente, estavez en el marco del ceremonial del traspaso del poder presidencial, en una muestrade Ia vitalidad de los elementos simbOlicos que acompanaron Ia formaciOn del pals.El retorno a los orIgenesEl primero de marzo de este año asumiô Ia presidencia José Mujica, exguerrillero tupamaro. Primer detalle a considerar: los españoles Ilamaban “tupamaros”a los americanos que luchaban contra Ia dominaciôn colonial. El escritor uruguayoEduardo Acevedo Dlaz, hablando de las milicias patriotas, dijo de los criollos en sunovela histórica Ismael (1888): “Los tupamaros figuraban en primera Ilnea;y, sabidoes que bajo ese dictado irónico era como distinguIan a los criollos o nativos losdominadores, comparándolos con los adeptos del animoso cuanto infortunado TupacAmarü” (Acevedo DIaz 207). Los guerrilleros tupamaros del siglo XX, activos en losaños sesenta y setenta, rescataban el nombre de los precursores de 1811y Ia luchaarmada como forma de resistencia y combate a Ia represion originadadesde elgobierno y los grupos de poder económico. Recuperaron también Ia figuradel caudilloblanco Aparicio Saravia, quien se enfrentá al proyecto coloradoy burgués delpresidente José BatlIe y Ordôñez en 1904, apropiándose de su consigna “Habrápatriapara todos o no habrà patria para nadie” (Rey Tristan 175). Los tupamaros proponIan154también una serie de medidas de corte antioligarquico y antiimperialista, con Iareforma agraria como uno de los puntos fundamentales de su programa. Esto losligacon el pensamiento artiguista, del que se decian continuadores. La identificaciónsimbólica con los tiempos de Ia Patria Vieja inclula asimismo el uso de Ia bandera deArtigas como insignia del movimiento y el “Cielo de los tupamaros”, de OsirisRodriguez Castillo, como himno (Rey Tristan 166-7). La composiciôn musical,ademásde continuar Ia tradición combativa que habla inaugurado Bartolomé Hidalgo con suscielitos, hace referencia, en lenguaje gauchesco, a los patriotas que comenzaron Iagesta de 1811. Todas estas alusiones apuntan, en definitiva, ala actualizaciôn de unmomento histórico fundacional en el cual Ia lucha armada fue un rasgo capital, que elmovimiento tupamaro del siglo X)( asumió como ünica alternativaa un diálogoimposible entre dos proyectos de pals:Desde los albores, nuestra historia [Ia del Uruguay] está pautada por Ia luchaarmada revolucionaria y popular [...] Nuestra lucha armada desde el puntodevista nacional debe ubicarse simplemente como Ia ültima ‘patriada’, Ia ültimaguerra civil, adoptando formas modernas, definitiva, Ia del pueblo, Ia que nopodrán estafar porque es claramente de abajo contra losde arriba. (Actas 40).Tupac Amaru, Artigas, cielito, todo nos retrotrae a los años de Ia emancipaciony a Ia lucha contra Ia desigualdad y Ia pobreza, esta vez encarnada en Ia figuraemblemática de José Mujica, campechano, informal, dueñode un habla poblada detérminos camperos, quien, como su tocayo Artigas en el exilio, tambiéncultiva su155quinta al descansar de sus tareas de gobierno. Esta informalidad de Ia figurapresidencial, perceptible igualmente en un código vestimentario alejado del clásicosaco y corbata del politico tradicional, que genera una mayor identificación con Iafigura del uruguayo medio, se reafirmó en Ia asunciôn del mando. En ceremoniasanteriores, el presidente entrante saludaba al pueblo desde los balcones de Ia Casade Gobierno, mientras que en 2010 el saludo fue en Ia plaza, prácticamente a nivel delpü bli co.La Plaza Independencia está situada en pleno centro de Ia ciudad. Segundodetalle a considerar: fue diseñada en 1836 siguiendo Ia estética neoclásica, todaviaperceptible en el portico quo sobrevive en el lado este y que en otros tiempos Iacircundaba completamente (imagen 19). Al oeste de Ia plaza se encuentra Ia puerta deIa Ciudadela, reliquia de las fortificaciones de Montevideo que presentamosanteriormonte. Hacia el sur, Ia Casa do Gobierno, quo pronto ocuparia el nuevopresidente, comparte las IIneas austeras y evocativas do Ia antiguedad (imagen 20).Detrás del estrado, el mausoleo de José Artigas, coronado por su estatua ecuestro,agrega otro vInculo con Ia revoluciOn oriental de 1811 y su programa politico,otorgandole al momento una legitimaciOn adicional.Rodeado do Ia arquitectura quo nos retrotrae a los tiomposdo Ia independenciay a los valores liberales quo Ia motivaron, Ia asunciOn do Mujica tiene una significaciOnsimbólica muy profunda. El entomb contribuyo a generar el caráctersolemne delmomento do Ia sucosión presidoncial, pacIficay periôdica, ajustada a Ia vigencia delestado de derecho, quo fue duranto mucho tiempo una de lascaractoristicas156principales de Ia democracia uruguaya. El gestor de esa realidad es el pueblo que,esta vez sin montonera, legitima al gobierno con una herramienta de transacción entreel despotismo y Ia temida “anarquIa” que aterrorizaban por igual a los neoclásicos: elvoto.La ceremonia contô con Ia participación de reconocidas figuras de Ia müsicapopular uruguaya, entre las cuales hay que destacar al duo Los Olimareños y alsolista Daniel Viglietti, de larga militancia como cantores comprometidos con Iaproblemática social. Estos artistas, entre otros, revitalizaron Ia tradiciOn folklórica delUruguay en Ia década de los años sesenta y se hicieron eco de nuevas tendenciasideológicas. De esta manera, ese tipo de müsica, con sus cielitos, milongas, vidalitas yotros ritmos, que hasta entonces tenla una fuerte impronta evocativa del pasado, sefocalizO en lo cotidiano y en los temas entonces vigentes en Ia sociedad (Figueredo39). En esos años, Ia canción de protesta derivada de esa reutilizaciôn de lo folklóricose habla convertido en una herramienta de militancia revolucionaria, de Ia que decia elantropólogo Daniel Vidart en 1968:Estamos de nuevo en guerra, y ahora se trata de una guerra por Ia liberaciôntotal: del dominio económico, de Ia violencia ideológica, de los mitosconformistas y Ia alegria del miedo. Vuelven a Ia liza Ia figura de Artigas y suReglamento Provisorio de 1815, se exalta Ia lucha de los viejos tupamaros,pocos pero bien montados -se pide el desalambramiento de los campos, sedenuncia Ia vida miserable que soportan los cañeros, los taiperos, los quileros,9898 Vidart alude aqul a canciones que tratan Ia problemática del Iatifundio (A desalambrar, de DanielViglietti), de los trabajadores de Ia caña de aztcar (Milonga cañera, de Aifredo Zitarrosa), de los obrerosde los arrozales (El taipero, de José Rondán Martinez y Jesus Perdomo) y de los pequeñoscontrabandistas de Ia frontera con Brasil (Camino de los quileros, de Osiris Rodriguez Castillo).157en suma, se rasgan de arriba a abajo, las ültimas vestiduras que disimulan Iarealidad afrentosa del campo contemporáneo. (en Figueredo 104-5)En el marco de Ia asunciôn presidencial, Ia actuaciôn de estos müsicos,lejanosherederos artIsticos e ideologicos de Bartolomé Hidalgo, pone a Ia ceremoniaen lIneacon los grandes momentos de Ia patria y con los padecimientos de los másdesposeIdos. La perduración en el imaginario colectivo de esas luchasy expectativaspopulares, en cuya supervivencia han jugado un papel fundamental esos textosymelodlas, se reforzó con Ia interpretación de Ia milonga A don José, uno de los temasmás populares del repertorio de Los Olimareños. Compuesta por Ruben Lena en 1968y declarado por ley “himno popular y cultural” en 2003, forma parte de Ia educaciOncIvica de los uruguayos desde Ia escuela primaria. Su tema es Ia figurade Artigas ysus tropas, tupamaros históricos, como el mismo presidente Mujica ciento cincuentaaños más tarde. Significativamente, tanto las nuevas autoridades del Poder Ejecutivocomo el pueblo en Ia calle corearon sus estrofas de pie, como se cantael himnonacional, en una suerte de contrapunto con ese legado del Neoclasicismofundacional.Sin entrar a considerar las Imneas programáticas de su gobierno,Ia asunción deMujica el primero de marzo de 2010 se puede leer, entonces,como un momento másen el dialogo entre lo neoclásico y lo popular que ha acompanado lasluchas socialesy polIticas desde los años de Ia emancipaciOn, vuelto a reactualizar en lo que pareceser, en definitiva, el terreno natural de esa confrontaciônde ideas: Ia viabilidad de unproyecto nacional Ilamado Repüblica Oriental del Uruguay.158ConclusionesEl examen de nuestro corpus ha puesto en evidencia el importante papel quecumplieron los modelos clásicos grecolatinos en el proceso de construcción delUruguay independiente. Esta reutilización de elementos preexistentes en Ia tradiciónculta se instrumentô de varias maneras y abarcô diferentes aspectos. En primer lugar,se destacaron los momentos bélicos de mayor trascendencia, particularmente en Iaguerra contra Brasil, y se los confrontO con los hechos de armas que hablan tenidolugar en el mundo clásico. Esta büsqueda de referentes apuntó a Grecia y al periodode las guerras médicas, puesto que Ia lucha de las pequenas ciudades griegas contrael gran imperio persa tenla evidentes paralelismos con Ia situaciôn que se vivia en elRio de Ia Plata, donde Ia minüscula Provincia Oriental se enfrentaba, victoriosamente,al poderoso imperio brasileño. Al referirse a esos antecedentes que destacaban losvalores militares de los griegos (incluyendo Ia derrota de las Termópilas por su altocontenido de heroIsmo y patriotismo), los escritores neoclásicos buscaron dignificarlos hechos locales mediante su comparación con esos modelos consagrados por Iahistoria y por una larga práctica literaria. De esta manera, los acontecimientos quetenlan lugar en una zona marginal del mundo desde una perspectiva eurocéntricaeran parangonados con los grandes hitos del patrimonlo cultural de las civilizacionesclásicas, e incluso los superaban.En segundo término, los principales actores de Ia guerra fueron asimiladosasus contrapartes clásicas de Ia literatura (Aquiles) y Ia historia (TemIstocles, Escipión),presentàndose asI como modelos y espejo de virtudes para inspirar comportamientos159edificantes y permitir Ia emulaciOn por parte de Ia población local. Ese mismo procesose aplicó a los legisladores y otros hombres püblicos al establecerse el estadoI ndependiente.En resumen, podrIamos concluir que, a diferencia do Roma, Uruguay no tuvoun Virgilio para escribir el gran poema épico nacional, pero suplió esa carencia conuna multitud de textos que, en su conjunto, cumplieron el mismo papel fundacionalque Ia Eneida y consagraron las figuras que terminarlan convirtiéndose en los heroesnacionales.En cuanto a Ia construcción del estado y su expresión en Ia literatura, el aportedel mundo grecorromano se tradujo en el empleo de alegorlas e imagenes de tipomitologico que funcionaron como deidades tutelares de las instituciones del jovenpals. Esas figuras cargadas de resonancias augustasy solemnes fueron funcionalesal momento histórico por el que atravesaba el Uruguay, amenazado por lasdisensiones internas y los germenes de las guerras civiles. Los continuos IlamadosaIa pacificaciôn, Ia union y Ia fraternidad que efectüan los textos dan prueba de loinestable de Ia situación y de Ia necesidad de ofrecer una imagen sOlida, monoliticayestable que contrarrestara los factores disolventes en el seno de Ia sociedad.En esesentido, el Neoclasicismo, al presentarse como un sistema de referencias dependientede una larga tradiciOn de prestigio quo so remontaba al mundo clásico grecolatino,proporcionaba ese respaldo simbólico. Como una derivación de este aspecto,a trataren futuras investigaciones, seria interesante estudiar el empleo de las figurasalegóricas y otras imágenes referidas al mundo clásico en Ia producciOn impresade160carácter oficial, como los sellos, billetes, emblemas de instituciones pübhcas y otrosmateriales emanados de los poderes del estado, que muestran Ia vigencia de Iaiconografla neoclásica como una matriz de pensamiento persistente y uniforme.Restará también sumar otras artes muy productivas en cuanto a Ia presencianeoclásica, como Ia arquitectura y Ia pintura en Ia direcciôn de los estudios de LauraMalosetti.A ese mismo carácter rIgido y unificador del discurso neoclásico se debe Iaasimilación de 10 heterogeneo, cuando fue posible hacerlo, integrandolo tanto alcampo de Ia literatura como al de Ia construcción del pals. La voz de las odasmarciales, Ia celebración de las efemérides y los cantos al progreso utiliza un mismolenguaje para todos, sin reconocer matices entre el habla urbana, rural, indigena o deralces africanas de su püblico. Cuando las diferencias fueron irreconciliables, esaheterogeneidad tue excluida del sistema, y no solo a nivel Iiterario, como sucedió conlos charrüas.En cuanto a las producciones de tipo popular, el papel ejemplificador de IatradiciOn clásica prácticamente no tuvo aplicaciOn, debido a Ia falta de una formaciônde tipo libresco en el püblico al que estaban dirigidas. Esos textos empleaban uncOdigo linguIstico y un sistema de referencias más cercano a las circunstancias vitalesde Ia población rural, 10 que explica Ia ausencia casi total de modelos grecolatinos enesos materiales y, como contrapartida, Ia presencia de referentes locales,particularmente los caudillos y Ia masa anónima de sus gauchos.Como hemos visto, el Neoclasicismo, en 10 artIsticoy en lo ideológico, fue un161movimiento que tendiô a lo uniforme y lo homogeneo. Fiel al precepto de Ia imitaciôn,en Ia que los poetas debian aplicar Ia cartilla de las poéticas dictadas por los grandesteóricos, los intelectuales formados en su seno aplicaron concienzudamente losestereotipos que orientaban no solo Ia práctica de Ia literatura sino el ejercicio de Iapolltica. No habia nada que innovar, como lo muestra el caso de Ia constituciónuruguaya de 1830. Su redactor, el doctor José Ellauri, defendió con elocuencia suproyecto, insistiendo en que Ia mayor parte de los artIculos eran una copia literal de Iaconstituciôn argentina de 1826. “La ComisiOn no tiene Ia vanidad de persuadirsequeha hecho una obra original”, dijo el abogado (Machado 128), haciendo profesiOnevidente de Ia dorada medianIa horaciana. Un texto del calibre de Ia primeraconstituciOn, pues, nacia huérfana de referentes locales; mejor dicho, segula confidelidad un modelo foráneo que no se ajustaba a Ia situaciOn del Uruguay. Lo mismopuede decirse del tratamiento de Ia realidad nacional en Ia literatura cultay en Iapopular. Mientras Ia primera pinta un panorama prácticamente idIlico,o al menos Ilenode esperanza en el futuro, los textos gauchescos son crIticos e incisivos, dibujandounmapa diferente del pals y de sus necesidades. La figura del gaucho,personajefundamental de las luchas independentistas, asume, en Ia pinturasombrIa que ofreceel Cielito del blandengue retirado, el papel de contraejemplo de los logrosdel proyectoletrado. Su amarga queja es un Ilamado de atenciOn a losneoclásicos y a Ia sociedadque los sustenta, y su alegato desenganado prefigura Ia imagen del gaucho rebelde,orejano, casi ácrata, que ha pervivido en Ia cultura popular.Ulteriores desenvolvimientos de esta Ilnea de investigacionse beneficiarlan del162cotejo y contraste de los principales hechos de Ia historia social y politica del Uruguayen el perIodo en que los dos lenguajes literarios se enfrentaron en Ia arena de Iaprensa periódica, terreno natural de las diatribas de Ia hora, al calor de losacontecimientos. Una y otra lectura, con sus particulares estrategias discursivas, elempleo de exempla especificos y, básicamente, Ia concepción de pals defendida porcada trinchera, podrIa aportar elementos significativos al estudio de las influenciasreciprocas entre dos lenguajes aparentemente tan disImiles en 10 formal pero tanligados al proceso de fundaciôn del estado y a su suerte posterior, cuyasrepercusiones insisten en extenderse hasta nuestros dIas.163Imãgenes2. Escudo de Ecuador.3. Escudo de Argentina.1. Montevideo y sus murallas.1644. Escudo de Chile.6. Escudo de Guatemala.5. Escudo do Peru.7. Escudo de Uruguay.1651668. Cabildo.9. Catedral de Montevideo.16710. Puerta de Ia Ciudadela.168ItTemploingles.16912. Rotonda del Cementerlo Central.17013. Estatua en Ia Plaza de Cagancha.17114. Obelisco a los Constituyentes de 1830.17215. La Libertad. 16. La Ley.17. La Fuerza.17318. Palacio Legislativo.17417519. Plaza Independencia.20. Casa de Gobierno.176BibliograflaAcevedo DIaz, Eduardo. Ismael. 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