OTRO DISCURSO DEL PROGRAMA POLITICO DE CONTORNO: LA NOVELISTICA DE DAVID VIAS DE LOS A1OS SESENTA by Mi Soo Park M.A., The University of British Columbia, 2000 A THESIS SUBMITTED IN PARTIAL FULFILMENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE DEGREE OF DOCTOR OF PHILOSOPHY in THE FACULTY OF GRADUATE STUDIES (Hispanic Studies) THE UNIVERSITY OF BRITISH COLUMBIA (Vancouver) February 2009 © Mi Soo Park, 2009 Abstract The following investigation examines the phenomenon of politization of culture and literature initiated by the leftist intellectual engagement movement in Argentina during the 60s in the past century. As a way of supplementing the prevailing socio historical inquiries into the political effectiveness of the literary revolutionary project, and informed by various contemporary post-structural, post-Marxist, and psychoanalytic theoretical frameworks of language, subjectivity, the political, and the social, the present thesis explores the ways in which the poetic discourse unsettles the seamless surface of the rational political program intended by one of the most emblematic expressions of the Argentinean nationalist New Left, the literary journal Contorno (1953-1959). The present study intends a comparative reading of Contorno’s political project in its theoretical and practical formulation of “literature as political action”, according to which the socialist reform of the nation is thought to be channeled and achieved mainly by Marxist politization of literary revisionism under the Sartrean dictum of active social engagement of the writer. The basic premises that guide this reading understand the political as a discursive process overdetermined by contingent, transient, and unconscious conditions; broaden the scope of Contomo’s socialist/nationalist political program to include novelistic discourses that it produces, mainly by its most prominent writer and founder David Vinas; enable the poetic discourse with distinctive dynamics to account for unconscious political imaginary and fantasies that counteract the official political discourse; and suggest certain unstable, sublime, and traumatic traces in Contorno’s foundational narrative along the generational, reproaching, and moralist axis of its main revisionist agenda. To conclude, the thesis delineates suggestive hysteric inscriptions within the Contorno’s political program, posing them as random and disregarded yet intelligible traumatic counterparts to seemingly euphoric and sublime surface of the journal’s foundational narrative. By implementing concepts and notions selected from the works of Sigmund Freud, Peter Brooks, Hayden White, Dominick LaCapra, Julia Kristeva, II Ernesto Laclau, among others, this thesis contemplates on the possibility of furthering the study of Contomo tradition and its unconscious motivations, and inquiring on the role of these profound dynamics in the advancement of democratic political projects. III INDICE Abstract.ii Indice iv Agradecimientos lntroducción 1 CapEtulo I: El programa de Contorno (1953-1959). El compromiso elusivo de una polItica radical populista-nacional 28 El revisionismo como acciôn poiltica: Entre contexto y ficciOn 28 Juicio a los escritores burgueses: Entre el parricidlo y suicidio, reproche y elogio 38 La reivindicación de Roberto Ant: Una canonización del marginal antiliberal sentimental y emocional 47 Martinez Estrada: La misiOn denuncialista del escritor entre integraciôn y reiteración de Ia dualidad argentina 59 El revisionismo Iiterario: Critica y büsqueda de linaje intelectual en Ia tradiciôn novelIstica liberal 71 El revisionismo peronista: Renovación, expiaciôn, y elusion 88 CapItulo II: Los años despiadados (1956). El peronismo (del imaginario de Contorno) como deseo reconciliatorio 98 Los años despiadados: Su cnItica 98 Hacia una narratologIa psicoanalitica de Ia trama 102 Primer momento de Ia trama: El mundo caricaturesco de Ruben 109 iv Segundo momento de Ia trama: Mario y el futuro que retorna al pasado 132 Tercer momenta de Ia trama: La resolución materna del conflicto de Ruben 149 Consideraciones finales 156 CapItulo III: Dana cara (1962). La polItica y sexualidad histérica 160 Hacia un retrato histriOnico de los jOvenes progresistas portenos de los años sesenta 160 El texto en su lenguaje escénico 175 El fracaso y autodestrucciôn final: La realización del desea textual histérico 197 La rebeliôn histérica contra Ia ficciôn masculina del patriarcado 204 Capitulo IV: En Ia Semana Tragica (1966). Etnia, clase, y resistencia en el compromiso popular de Contorno 212 La transferencia analItica como modelo narratológico psicoanalItico 212 El intersticio transferencial entre el texto ficcional y el texto cronIstico 222 i. La transacciOn narrativa en Ia trama 223 ii. Deseos, temores, y ansiedades en el espaclo transferencial 245 iii. La transformaciOn y resistencia narrativa en Ia transferencia de En Ia Semana Tragica 260 ConclusiOn 263 Bibliografla Cftada 275 Apéndice 287 V Ag radecim ientos La realización de esta tesis doctoral no hubiera sido posible sin el apoyo y contribuciôn de numerosas personas a quienes les dedico este espacio para expresar ml agradecimiento. En primer lugar, ml más sincero agradecimiento a Ia Dra. Rita De Grandis, ml directora de tesis, por su inestimable labor de direcciOn, por su ayuda incondicional y dedicación constante, y por sus rigurosas ideas y sugerencias. Su integridad académica y calidez humana de siempre son un modelo de formaciOn y crecimiento intelectual que espero poder atesorar a lo largo de ml carrera profesional. Debo agradecer de manera especial a Ia Dra. Kim Beauchesne por su importante aporte y participaciôn en el desarrollo de esta tesis. Sus minuciosas lecturas y palabras alentadoras me ayudaron a continuar el proceso de Ia escritura con mucho ánimo. A su crItica constructiva, ml más sincero respeto y admiraciôn. Quiero agradecer también a Ia Dra. Jan Mennell por su disponibilidad y generosidad para compartir su experiencia y amplio conocimiento sobre Ia elaboración de una tesis doctoral. Su colaboración ha sido de gran ayuda en un momento importante del proceso, y sus siempre atentas y rápidas respuestas a las diferentes inquietudes enriquecieron mucho mi trabajo. A ella, muchas gracias! Extiendo ml profundo agradecimiento a mis queridos profesores Dr. Isaac Rubio y Dr. Derek Carr por una década de enseñanza ejemplar e integridad académica y humana que me ofrecieron durante ml paso por los claustros de Ia UBC. A mis amigos inestimables de Sudbury, Dr. Samuel Navarro, Dra. Christine Sansalone, Dr. Peter Suschnigg, Dra. Carole Suschnigg, y Sra. Brita Barth, les hago liegar ml eterna gratitud por todo el aliento que me han deparado a lo largo de este proceso. Finalmente, el agradecimiento más profundo y sentido va para ml familia. A mis amados padres, Hae Yoon y Kum Soon, por su ejemplo de lucha y honestidad; a ml querido esposo Ki Jae por su amor y a mis amados hijos, Romina y John, por su inmenso cariño y apoyo. A Ki Jae, Romina y John les dedico esta tesis. Mi Soo Park vi Introducción El presente trabajo de investigaciOn se propone explorar el proyecto de politizaciOn de Ia cultura y literatura que promueve Ia izquierda nacional en Argentina durante los años sesenta del siglo pasado. Dentro de este fenOmeno que cimienta las bases de Ia tradiciOn intelectual del compromiso, nuestro principal objetivo es reevaluar el modo racional, voluntario, ético, y totalizante en que se instituye esta nueva legitimidad de Ia actividad intelectual desde Ia polItica. Esto es, nos centramos en Ia revisiOn del sentido en que Ia práctica escrituraria se comporta para el intelectual sartreanamente comprometido con su “situación” como acción polItica desde una perspectiva postestructuralista, postmarxista, y psicoanalItica. Esta intención expresamente polItica que se establece para el quehacer intelectual en los años sesenta alude a aquella convicciOn de que el intelectual y su actividad cultural constituyen uno de los principales actores sociales de transformacián radical de Ia sociedad, o en palabras de Beatriz Sarlo, Ia “certidumbre de que el discurso de los intelectuales debla ser significativo para Ia sociedad, y especialmente, para los sectores populares” (La batalla 3). Este nuevo rol del escritor anclado en Ia responsabilidad social, segün Claudia Gilman, nutre Ia hipOtesis de que los “intelectuales deblan hacerse cargo de una delegación o mandato social que los volvIa representantes de Ia humanidad entendida en términos de püblico, nación, clase, pueblo o continente” (59). Este nuevo rol constituye Ia base que sustenta Ia importancia de los intelectuales como estructuradores del nuevo orden social, y legitima Ia 2efectividad de sus prácticas culturales como acciOn emancipadora de las zonas periféricas de Ia sociedad. Dentro de los discursos que se han generado en el seno de Ia nueva izquierda argentina, es nuestro propOsito limitarnos a Ia lectura del programa politico que formulan los jOvenes intelectuales de Ia revista literaria Contorno, agenda intelectual que se Ileva a cabo mediante diez nümeros y dos Cuadernos que se publican entre los años 1953 y 1959 bajo Ia direcciOn principal de los hermanos Ismael y David Viñas y colaboraciOn de escritores como Juan José Sebreli, Noé Jitrik, Adolfo Prieto, Ramón Alcalde, y Leon Rozitchner, entre otros. El grupo Contorno se halla ampliamente difundido por Ia crItica como uno de los organismos más emblemáticos de Ia cultura intelectual del compromiso dentro del campo intelectual de izquierda de los años sesenta, y una de las expresiones más acabadas de integraciOn de Ia cultura en Ia vida polItica del pals, especialmente en su resignificaciOn marxista del peronismo. La agenda polltica que promueve Ia revista de los hermanos Viñas comprende una militancia dentro de Ia tradiciOn del populismo radical o Ilnea nacional-democrática del radicalismo, y el izquierdismo neomarxista sartreano que busca una representaciOn de Ia clase obrera en las masas peronistas a partir de Ia calda de su gobierno en 1955 (Altamirano y Sarlo, Ellos y nosotros 10). En base a esta plataforma, Ia revista inicia un proyecto escriturario fundamentalmente revisionista lanzando en sus nümeros el juicio a los escritores burgueses de MartIn Fierro y Sur (nümero 1), Ia reivindicaciOn de Roberto ArIt (nümero 2), revision do escritores burgueses (nümero 3), homenaje a Ezequiel MartInez Estrada (nümero 4), 3revision de Ia novelistica argentina (nümeros 5/6), renovaciOn peronista (nümeros 7/8), y crItica al frondizismo (nümeros 9/10). La crItica tiende a valorar Ia labor de Contorno como una empresa “parricida”, término que acuña Emir Rodriguez Monegal en los años cincuenta para referirse a su fundador David Viñas como escritor perteneciente a Ia generaciOn del 55. Segun el autor, esta generación “parricida” aparece hacia 1945 y se consolida hacia 1950 cuando logra expresarse en escritores de renombre como Hector Murena, autor del polémico ensayo El pecado original de America (1954), y critico joven que se instala en Sur (el baluarte de Ia generaciOn del 25) en 1948. Murena cuestiona desde el interior de Ia revista algunos fundamentos de esta generaciOn en artIculos crIticos sobre Borges, los martinfierristas, y MartInez Estrada1 (Rodriguez Monegal 75), mientras que David Viñas participa en el proyecto de Murena como colaborador de su efimera revista, Las Ciento y Una (1953), antes de formar su propia revista Contorno el mismo año.2 El carácter “parricida” de estos escritores se deberia a una actitud critica frente a los valores consagrados por los escritores de Ia generaciOn del 25, los martinfierristas y los de Ia revista Sur, ante Ia necesidad de revisar el pasado y situar el presente en un contexto rnas polémico en busca del “compromiso” con Ia realidad argentina. Su espiritu prominentemente denuncialista y combativo se ensaña para “sacudir Ia modorra de semidioses o mandarines en que parecIan refugiados los mayores” (Rodriguez Monegal 75). William Katra reafirma este calificativo de Rodriguez Monegal 1 Murena intenta fundar su propia revista a raiz de algunas fricciones con Ia direcciôn de Sur idea que se concreta en Las ciento y una en 1953 sOlo muy brevemente en el ünico nümero que Ilega a publicar. Emir Rodriguez Monegal, 75. 2 Cabs Mangone y Jorge Warley exphcan Ia formaciOn de Contorno como una ruptura violenta que produce David Vinas con Murena, especialmente en los problemas que atañen a las IIneas del irracionalismo esencialista, ahistórico que nutrIan al pensamiento de Murena. Carbos Mangone y Jorge Warley, Ill. 4para distinguir entre los jOvenes miembros contornistas una necesidad de “ejercer Ia negativa” contra Ia tradición cultural que han heredado de los escritores mayores del pals (27), mientras Sarlo define el parricidio contornista como muestra de “su verdad de ser una disputa por Ia herencia” en su intento de desplazar y reubicar las normas de Ia “canibalizaciOn” o “trivializaciOn” de Ia literatura argentina que decretan los comunistas, el grupo Sur y Ia revista universitaria Nosotros (Los dos ojos 805-6). Marcela Croce, por su parte, consagra a Contorno como el paradigma de una tendencia crItica resistente a lo académico, de denuncia de los totalitarismos, y renovaciOn marxista en su preocupación sartreana por establecer el lugar que Ia polltica ocupa para los intelectuales y Ia funciOn polltica que éstos pueden cumplir (Contorno 7, 28). Asimismo, Jorge Warley coincide en ver en Contorno un modelo de Ia “generaciOn parricida” por su empeno en seguir los grandes axiomas ético-poéticos de Jean-Paul Sarire de definir una pOética no como una competencia ahistOrica entre los géneros, sino desde una perspectiva “funcional”, es decir, en cuanto a su adecuaciOn a una realidad determinada y en Ia medida de una cierla necesidad histOrica y eficacia ideolOgico polItica (351, 360-361). Y en lo concerniente a Ia efectividad de esta empresa polItico- cultural “parricida” que dirige el grupo contornista, son varios los crIticos que se unen para encomiar sus logros ya sea en Ia forma de fuerza renovadora acabada del peronismo dentro del campo intelectual de izquierda, o como Organo de acción coherente dentro de Ia esfera politica de Ia naciOn, o como una zona de redefinición de los intelectuales airededor del peronismo y frondizismo (Sigal 1991; Katra 1988; Croce 1996). 5A nuestro modo de ver, estas valoraciones del grupo Contorno subrayan el mandato polItico-ético bajo el cual se legitima y opera su proyecto cultural hacia el logro del agotamiento del nacionalismo burgues y Ia resigniticación de I as masas generando debates sobre Ia reactualización de Ia identidad nacional y el nacionalismo. No obstante, sus lecturas se limitan a un entendimiento de Ia polItica como efecto inmediato y total de Ia escritura, o a una concepciOn tradicionalmente racional y esencialista de lo politico en Ia que, tal como dictamina Ia doctrina moral-poética sarireana, el sujeto intelectual opera como una totalidad consciente, originaria, y fundacional de las relaciones y cambios sociales mediante sus intenciones voluntarias. La práctica escrituraria o el lenguaje, por ende, cumple una funciOn meramente cognoscitiva, instrumental, o contemplativa de una realidad que se concibe fuera de su estructura discursiva. Sobre este problema, hacemos notar con Fredric Jameson que Ia teoria del compromiso de Jean-Paul Sartre (1905-1980) es un modelo politico-cultural que deriva del Existencialismo como una nueva fuerza revolucionaria para el movimiento de emancipaciOn de los paIses del Tercer Mundo frente a las dominaciones imperialistas de los paIses del Primer Mundo, y se basa fundamentalmente en una concepciOn antagonista y ‘transparente” de Ia práctica polItica determinada fenomenolOgicamente por Ia acciOn o intenciOn consciente del individuo humano. Esto constituye para Jameson una de las limitaciones de Ia premisa polItica sartreana por su tendencia a superponer Ia primacia de lo polItico con Ia primacIa del Lenguaje o de lo SimbOlico, o una epistemologIa lingOistica tradicional anterior a las transformaciones que sufre el concepto del lenguaje mediante los postulados estructuralistas y psicoanalIticos (186). 6Al proponernos en el presente trabajo una revisiOn del discurso fundacional del grupo Contorno en su calidad de organismo emblemático de Ia nueva izquierda reformista y de Ia cultura intelectual del compromiso, ante todo partimos de Ia idea de que su intencionado programa politico no solo se implementa mediante el discurso práctico o normativo consignado en las ediciones de Ia revista, sino que también se explicita a través del lenguaje poético que prolifera dentro su esfera discursiva, dimensiOn imaginaria principalmente novelistica en Ia que prevemos Ia posibilidad de manifestación de una serie de fantaslas polIticas profundas o inconscientes que no se evidencian en Ia superficie programática de Ia revista. Para (a fundamentaciOn de nuestro entendimiento de (a polItica, nos basamos principalmente en Ia teorla polItica postmarxista que proponen Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Estos autores definen Ia polItica como un proceso fundamentalmente discursivo en el que se desdibuja toda oposiciOn lenguaje-realidad, interioridad discu rsiva-exterioridad objetiva, texto-contexto, y las representaciones adquieren un valor constructivo de las relaciones sociales y politicas (110): We will affirm the material character of every discursive structure. To argue the opposite is to accept the very classical dichotomy between an objective field constituted outside of any discursive intervention, and a discourse consisting of the pure expression of thought. This is, precisely, the dichotomy which several currents of contemporary thought have tried to break. (108) Una vez deconstruida Ia dicotomia entre el lenguaje y el objeto que denomina, para los autores Ia materialidad del discurso deja de ser mera expresión de un movimiento “real” 7que se halla fuera del discurso desde que las figuras retóricas como Ia sinonimia, metonimia, y metáforas no son elementos del pensamiento que agregan un segundo sentido a las relaciones sociales primarias, sino más bien partes que forman el mismo terreno primario en que se constituye to social: Synonymy, metonymy, metaphor are not forms of thought that add a second sense to a primary, constitutive literality of social relations; instead, they are part of the primary terrain itself in which the social is constituted. (110) Lo discursivo, por otra parte, reviste un sentido ampliamente inclusivo para abarcar desde lo verbal lingOIstico hasta lo performativo accional, to cuat impide una distinciOn tajante entre Ia dimensiOn puramente lingüIstica de las prácticas sociales y poilticas y sus dimensiones performativas. Dirla Laclau que el lenguaje es, ante todo, forma, y que tanto las palabras como las acciones caben dentro de una misma gramatica expresiva: language is form, not substance, the fact that we are dealing with words in one case and with actions in the other is something that we can keep fully within a unified grammar. (Butler, Laclau, y 2iek 77) Debido a este carácter discursivo que resiste a una clausura o sutura total, los autores advierten el carácter hIbrido de lo politico como ficción y a Ia vez como principio organizativo de las relaciones sociales, ambivalencia que hace que los resultados de su representaciOn sean imposibles de ser predeterminados de antemano: Every relation of representation is founded on a fiction: that of the presence at a certain level of something which, strictly speaking, is absent from it. But because 8it is at the same time a fiction and a principle organizing actual social relations, representation is the terrain of a game whose result is not predetermined from the beginning. (119) En tanto lo politico comprende una formaciOn discursiva, y lo discursivo escapa a toda sutura total en una simple positividad pretijada y delimitada, lo politico y lo social se vuelven en Laclau y Mouffe un proceso primordialmente contingente, incompleto, transitorio, e inconsciente, siempre con un excedente o “surplus” de significado. Segün Laclau y Mouffe, las identidades sociales y polIticas tales como las “masas”, “sectores populares”, “Ia voluntad colectiva”, requieren de una lógica de sobredeterminaciOn para su conformación más allá del positivismo ingenuo que encierra el socialismo ‘cientifico’ del marxismo tradicional. Esta nueva Iogica niega toda concepciOn fija, totalizante, y necesaria de los procesos histOricos para afirmar, en su lugar, un carácter más abierto, incompleto, indeterminado, y contingente de toda identidad social y polItica (104,110): Our examination of the history of Marxism has, in this sense, shown a very different spectacle from that depicted by the naive positivism of ‘scientific’ socialism: far from a rationalist game in which social agents, perfectly constituted around interests, wage a struggle defined by transparent parameters, we have seen the difficulties of the working class in constituting itself as a historical subject...Thus we are in the field of the overdetermination of some entities by others. (104-1 05) If we accept, on the contrary, that a discursive totality never exists in the form of a simply given and delimited positivity, the relational logic will be incomplete and pierced by contingency. (110) 9Para esta Iógica de sobredeterminaciOn de lo social, los autores se basan en el principio saussuriano de que el lenguaje es forma y no sustancia, y en Ia resignificación psicoanalItica que hace Lacan de este principio netamente formal-linguIstico: los procesos politicos se apartarlan de una concepciOn racionalista de Ia polItica en tanto Ia noción del significado ültimo o verdad se hacen imposibles de alcanzar: “this change is decisive from a psychoanalytic perspective, for it allows the exploration of the unconscious to detach itself from the search for an ultimate meaning. In Lacan’s words, the psychoanalytic process is concerned not with meaning but with truth (Butler, Laclau, y Ziek 69). Para Ia fundamentaciOn, por otra parte, de nuestra consideración del discurso poético como parte integrante del discurso programático de Ia revista, nos referimos a Ia teorIa tropolOgica del discurso histOrico de Hayden White, y Ia concepciOn psicoanailtica del discurso histOrico que propone Dominick LaCapra. Estas formulaciones postestructuralistas y psicoanalIticas del discurso cuestionan las pretensiones universalistas, racionalistas, y objetivistas de las concepciones modernas positivistas del lenguaje, debilitando las rIgidas fronteras que separan los discursos histOricos, politicos, y sociales de los poéticos o literarios, para establecer, en su lugar, un puente de comunicaciOn entre estos distintos generos discursivos. Hayden White propone una afinidad o relaciOn de continuidad entre el discurso histOrico y el discurso poético a través de su concepcián del texto histOrico como un artefacto literario. En su formulaciOn del discurso histórico, el autor parte de un valor neutral de los eventos histOricos para destacar el carácter constructivista ‘tropológico’ de los discursos histOricos, identificando en toda su narrativa Ia construcciOn de ciertas 10 tramas ficcionales las cuales, mediante mecanismos de supresiOn, subordinación, caracterizaciOn, repeticiOn, y focalizaciOn de ciertos eventos históricos, le confieren a su relato una historia o argumento particular. En este sentido, los discursos histOricos se acercarIan más a Ia literatura que a los discursos “cientIficos” que pretende Ia historiografla tradicional positivista. En efecto, en el siguiente pasaje Hayden White refuta Ia concepción tradicional cientificista y objetivista del discurso histOrico en base a Ia idea de que las narrativas histOricas son esencialmente ficciones verbales cuyos contenidos son tanto inventados como dados. Los eventos históricos proveen solo los elementos de una historia y no Ia historia misma, y ésta resulta de un proceso de ficcionalizaciOn en el que intervienen las variadas técnicas tropológicas: In general there has been a reluctance to consider historical narratives as what they most manifestly are: verbal fictions, the contents of which are as much invented as found and the forms of which have more in common with their counterparts in literature than they have with those in the sciences... No given set of casually recorded historical events can in itself constitute a story; the most it might offer to the historian are story elements. The events are made into a story by the suppression or subordination of certain of them and the highlighting of others, by characterization, motific repetition, variation of tone and point of view, alternative descriptive strategies, and the like- in short all of the tecniques that we would normally expect to find in the emplotment of a novel or play.. .historical events are neutral. Whether they find their place finally in a story that is tragic, comic, romantic, or ironic- to use Frye’s categories- depends upon the historian’s decision to configure them according to the imperatives of one plot structure or mythos rather than other. (82-84) Mientras que White, de esta manera, homologa historia con ficciOn literaria en su figuraciOn tropológica del entramado ficcional, LaCapra lo hace desde una perspectiva 11 más psicoanalItica, identificando en Ia historiografIa Ia problemática de Ia “voz” o “voces” del historiador en Ia narraciOn y análisis de eventos históricos. Para el autor, el cuestionamiento de Ia voz y perspectiva del historiador saca a luz las limitaciones de una unidad apriorIstica y coherente entre Ia voz autorial y narratorial, y dispone una relaciOn dialOgica inconsciente entre el historiador y su objeto de estudlo (pasado), y otros historiadores o agentes del discurso (presente) a través del mecanismo de transferencia, proceso inconsciente que consiste en transferir o repetir las experiencias del pasado en eI presente. Mediante esta operaciOn, tanto Ia narrativa histOrica como Ia narrativa novelIstica conforman igualmente un “genero hIbrido”3: My basic premise is that the past is not an “it” in the sense of an objectified entity that may either be neutrally represented in and for itself or projectively reprocessed in terms of our narrowly “presentist” interests. Still, to employ the notion of “dialogue” to designate one’s relation to the past (including its texts) is obviously to employ a metaphor.. .the metaphor, in its power of catachresis, may open up relations and possiblities that literal-mindedness conceals. (History, Politics 10) Para LaCapra, Ia idea de géneros o disciplinas “puros” es un resultado de procedimientos exclusionistas de los establecimientos intelectuales cientIfico-positivistas. El autor insiste en que Ia idea de un género hIbrido no implica una idea de algo “borroso”, sino una nueva categorIa epistemológica. La narrativa histOrica se renueva mediante este cambio epistemologico, y gracias a los avances teOricos del discurso que inicia el campo de Ia crItica literaria: “A hybridized genre is not necessarily “blurred,” however. The effect of blurring is a derivative of perception from within the confines of putatively clear positions and unproblematic boundaries. I would even argue that in culture one “begins” with the hybrid and that “pure” genres or disciplines are the result of exclusionary procedures that are suspect on both intellectual and social grounds. In culture, moreover, the hybrid is migratory and may reproduce. Indeed, this is what makes it so threatening. In addition, the seemingly “pure” genre, which becomes established through intellectual and institutional pruning and breeding, is never quite “pure” enough for it always includes at least a little of the other genres.. .Today, for example, literary criticism seems in certain ways to be an unassimilable “other” in conventional historiography, just as historical understanding may be either limited to relatively innocuous “background information” or dismissed as unchallenging reportage in certain forms of literary criticism”. Dominick LaCapra, History, Politics, and the Novel, 6. 12 One may begin an inquiry into the exchange between psychoanaysis and history with the issue of the relation between history and historiography- or---between the historical process and its representation in the historian’s account of it. This relation is complicated by two factors: one finds repetition on both sides of the equation, and the relation is mediated by various traces of the past (memories, documents, texts, monuments, icons, and so forth) through which the historian reconstructs the historical process in his or her account... It maybe argued that the historian is implicated in a twofold “dialogic” relation which involves transference in somewhat different ways. Transference.. .refers to the manner in which the problems at issue in the object of study reappear (or are repeated with variations) in the work of the historian. (History 225-228) De acuerdo al pasaje, Ia historiografla se concibe como un proceso de representaciOn o reconstrucciOn del pasado en el que Ia dimensiOn subjetiva del historiador se vuelve crucial en tanto lugar de activaciOn del mecanismo inconsciente de transferencia de vivencias pasadas. Asimismo, nuestra idea de que el discurso poético se muestra más proclive al estrato inconsciente que el discurso crItico-programático deriva de Ia formulación psicodinámica de Julia Kristeva, segün Ia cual los textos poéticos se muestran más propensos a las manifestaciones conflictivas del inconsciente que los textos programáticos o meta-lingüIsticos. Esta es una idea que Ia autora propone en su libro Revolution in poetic language (1974) en el cual le atribuye al texto poético un mayor funcionamiento del elemento pulsional semiótico o lo maternal pregenital anterior a Ia instauraciOn de lo simbOlico. En este orden semiótico o de Ia chora presimbOlico predominan Las funciones sensoriomotoras y descargas de energIa que conectan y orientan el cuerpo hacia Ia madre, ambas motivadas por los instintos preedIpicos orales y anales simultáneamente libidinales y destructivos (Ia diada instintiva) (27). En base a 13 Ia intensidad del funcionamiento de este elemento pulsional semiOtico, Kristeva distingue el texto práctico, crItico, y metafIsico como aquella práctica significadora en Ia que Ia diada instintiva presimbOlica “negativa” se halla reducida a una positividad simbólica impuesta por las Ieyes y jerarquIas sociales del sistema simbOlico: Metalangue may be said to suture the signifying process by eliminating the negative charge, by subordinating negativity to affirmation, and by reducing instinctual dyads to positivity.. . Since the subject articulated in this way is an axial position, he is not included, dissolved, or implicated in the system, instead he hovers above it [meta-], subdues it, and is absent from it. Signifying systems alone allow us to deduce that the subject is a fixed point and, conversely, this fact is the sole guarantee of the symbolic system and its logical laws. (Revolution 93-95) Este mecanismo de obstrucciOn de lo semiOtico instintivo también se da en los sistemas de significacion religiosos, filosóficos, y legales, en los cuales el sujeto de enunciaciOn sOlo dice algo para constituirse en el punto focal o de convergencia de todos los otros sistemas de significaciOn, como un discurso que intenta dominar, capturar, y monopolizar en forma total dentro de un discurso perseguido por el fantasmadel poder/impotencia: This subject of enunciation either says nothing or else dissects his speech for the sole purpose of becoming the focal point where all other signifying systems converge. One could say that his discourse becomes hysteric only to position itself better within the place of impregnable transference- dominating, capturing, and monopolizing everything within the discourse’s obssesivç retreat, which is haunted by power/impotence. (Revolution 97) 14 A diferencia de los textos crItico-metalingüIsticos y metafIsico-contemplativos, en los textos arlIstico-poéticos los términos opuestos de Ia diada instintiva se alternan para Kristeva en un ritmo incesante, manifiestando de manera más fluida o menos inhibida los instintos parciales deformando, reformando, o transformando Ia frontera entre el sujeto y Ia sociedad: What we call the text differs radically from its contemplative simulation, for in the text the instinctual binominal consists of two opposing terms that alternate in an endless rhythm.. .The entire gamut of parcial drives is triggered within the chora underlying the text, endlessly “swallowing”/rejecti ng, appropriating/expelling, inside/outside... Material discontinuity is in fact both continous and discontinous, but “quantum” rather than “atomic”, because drives pass through the body as well as the surrounding natural and social configuration.. .lf therefore, any representation or language were the equivalent of this practice, it would be the representation and language of “art”; it is only in their performance that the dynamic of drive charges, bursts, pierces, deforms, reforms, and transforms the boundaries the subject and society set for themselves. To understand this practice we must therefore break through the sign, dissolve it, and analyze it in a semanalysis, tearing the veil of representation to find the material signifying process. (Revolution 99-103) Segün el pasaje, es en el lenguaje del arte donde más se dinamizan el movimiento multiple, ambivalente, y caOtico de los instintos parciales que se halla dentro del dominio semiOtico o presimbôlico de Ia chora. Y por ültimo, para Ia lectura psicodinémica del discurso poético que nos proponemos, nos guiamos por las nociones metodológicas que nos provee Ia crItica literaria freudiana, siguiendo de cerca, en particular, Ia narratologla psicoanalItica contemporánea que propone Peter Brooks. A diferencia de una crItica literaria 15 freudiana tradicional que fija como objeto de análisis el inconsciente del autor, lector, o personajes, Ia Iectura psicoanailtica que procura Brooks se centra en eI inconsciente textual a través del examen de los elementos estructurales y retOricos que componen Ia narratologIa formahsta tales como Ia trama, Ia estructura narrativa, el lenguaje, perspectiva, focalizaciOn, caracterizaciOn, tiempo y espacio, etc.. En el inconsciente textual a que apunta Brooks, Ia fantasia ya no se reduce a Ia del autor, lector, o personaje, sino que se extrapola a los elementos textuales tales como las relaciones del pasado, presente, y futuro en Ia trama, el esquema de ritmo (en un soneto, por ejemplo), o simplemente en un juego de tiempos verbales en el texto. Con esto Brooks apunta a un entendimiento de cómo Ia fantasia provee un modelo dinámico de relaciones temporales intratextuales y de su organizaciOn de acuerdo a Ia trama del deseo (The Idea 336-339). Asimismo, iluminamos nuestro análisis literario con los variados conceptos que nos provee el psicoanálisis freudiano tales como las nociones de histeria, transferencia, sexualidad, modelo dinámico de Ia psique, trauma, y sado masoquismo, entre otros. En definitiva, el inconsciente textual que buscamos se convierte para nosotros en un lugar de entrecruce entre Ia modalidad en que se representan los elementos narratolOgicos y una significacion dinámica freudiana de dichas modalidades, teniendo en cuenta también un alcance amplio extra-textual de este inconsciente en tanto incluye en su producciOn a! inconsciente del lector. En suma, es a partir de Ia concepciOn de Ia politica como un “campo de discursividad” imposible de fijar sus significados finales que nos proponemos explorar el programa politico de Contorno, poniendo particular énfasis en un excedente inconsciente que presuponemos circular en su campo bajo una forma 16 preeminentemente poética y con un significado que potencia una zona conflictiva y hasta contradictoria dentro del espaclo discursivo programático de Ia revista. En esta lectura, adoptamos el modelo dinámico freudiano del inconsciente para considerar el universo discursivo de Contorno como un espacio constituido por un interjuego dinámico de fuerzas en constante transacciOn y lucha. Dentro de este espacio, nos interesa distinguir el modo en que estas fuerzas se activan, se relacionan, y se tensionan a través de un proceso de enunciación particularmente programático (de Ia revista) y poético. Es el aspecto relacional de Ia dimension inconsciente el aspecto que más rescatamos en Contorno, nuestro sujeto principal de enunciaciOn. Nuestro objetivo, en otras palabras, es extender el alcance y práctica del programa politico de Contorno al discurso poético con el fin de constatar el modo en que Ia forma generacional, denuncialista, y moral de lucha que adopta el grupo genera fisuras en el interior de su programa, y Ia manera en que el discurso politico que se explicita desde las zonas más imaginarias y fantasmáticas, el espacio poético, revela una disposiciOn ideolôgica ambigua y contradictoria frente al poder liberal que busca derrocar y hacia las masas que intenta reivindicar. En base a estas formulaciones, hacemos notar que Ia producciOn del discurso poético en Contorno se halla principalmente a cargo de una de las figuras literarias más prominentes del grupo, su co-fundador David Viñas, quien siendo el escritor ficcional más distinguido de los miembros contornistas4,produce durante Ia década del sesenta Los miembros contornistas provienen de variadas disciplinas académicas, y campos protesionales, y las areas de especializaciOn comprenden Derecho (lsmael Viñas, Tulio HalperIn Donghi), Seminario Jesuita (Ramón Alcalde), Historia (Tulio HalperIn Donghi), Filosofía (LeOn Rozitchner, RamOn Alcalde), SociologIa (Juan José Sebreli), y Literatura (David Viñas, Adelaida Gigli, Noé Jitrik, y Adolfo Prieto), y dentro del area de literatura, David Viñas se destaca como el escritor de ficciones más prolIfico del grupo, especialmente de novelas. William H. Katra, 18-9. 17 una serie proilfica de novelas, entre las cuales examinamos Los años despiadados (1956), Dar Ia cara (1962), y En Ia semana trágica (1966). Nuestra valoraciOn de Ia novelistica por sobre otros géneros literarios que produce el autor durante los años sesenta (cuentos, ensayo, poesla, teatro, y textos de cine)5 se debe a nuestra creencia en que Ia ficciOn novelIstica ofrece una mayor posibilidad en informar sobre las dimensiones poilticas, sociales, y afectivas de las experiencias y entendimientos de manera más indirecta, amplia, imaginaria, y desconcertante, y facilitar, asI, el acceso a los estratos más profundos de los conflictos y los traumas alrededor de los procesos en estrecha relaciOn con las principales propuestas polIticas que formula Ia revista.6 William Katra, además, nos ofrece una lista completa de las obras, escritos, y artIculos que producen cada uno de los integrantes principales de Ia revista Contorno (RamOn Alcade, Regina Gibaja, Adelaida Gigli, Tulio HalperIn Donghi, Noé Jitrik, Rodolfo Kusch, Oscar Masotta, Adolfo Prieto, LeOn Rozitchner, Juan José Sebreli, Francisco Solero, David Viñas, e lsmael Vinas), entre los cuales sOlo producen obras literarias durante los sesenta Noé Jitrik (Feriados, poesIas-1 956, El año quo se nos viene y otros poemas-1 959, Addlo a Ia mamma-i 965, La fisura mayor, cuentos-1 967), Francisco Solero (El dolor y el sueño, novela-1 953, La culpa, novela-i 956, Responso, poema publicado en Contorno, 1954, Matrimonio secreto; poeta desocupado, poema, 1966), David Viñas, además de las novelas, los cuentos “Los desorientados”-i 952, “Milonga”, Contorno-1 953, “Solamente los huesos”-l 955, “Paso a los heroes”, Contorno-1956, “Un poco de bondad”-1957, ‘un solo cuerpo mudo”-1958, “Entre delatores”-1962), e lsmael Viñas ( “Enganado Anadita”, poema, Contorno-i 954) William H. Katra, 138-65. Las producciones literarias de David Viñas durante Ia década del sesenta son en su mayorIa novelas: Cayó sobre su rostro (1955), Los años despiadados (1956), Un dios cotidiano (1957), Los dueños de Ia tierra (1958), Dar Ia cara (1962), En Ia semana trágica (1966), y Hombres do a caballo (1967). Y además de estas obras novelIsticas, también produce cuentos: Las malas costumbres (1963); fragmentos: IPaso a los heroes! (1956); poesIa: Cuidadoso ensayo (1953); teatro: Sara Golpman, mujer de teatro (1958); cine: El jefe (1958), El candidato (1959), Dar Ia cara (1961); Ensayos: Literatura argentina y realidad polItica (1964). Nuestra consideración del discurso novelIstico como una de las vIas más sugestivas de acceso al estrato inconsciente de un vocero social como es Ia revista literaria de izquierda Contorno es una propuesta que se aleja sustancialmente de Ia teorla de Ia novela anti-freudiana que propone, por ejemplo, Mikhail Bakhtin desde sus principios socio-dialOgicos del lenguaje. La oposiciOn de Bakhtin a toda concepciOn linguIstica que se basa en Ia psicologla subjetiva individualista radica, como bien indica Tzvetan Todorov, en el hecho de que para el teOrico ruso el lenguaje es un proceso esencialmente social en tanto producciOn y recepciOn de significaciones, un proceso que excede el Ilmite de los organismos fisiológicos aislados y presupone el interjuego de varios organismos. Sobre este aspecto nos dice Bakhtin: “the “signification” of discourse and the “understanding” of this signification by the other (or the others).. .exceed the boundaries of the isolated physiological organisms and presuppose the interaction of several organisms, which implies that this third component of verbal reaction has a sociological character”. Su critica al freudismo se motiva en su oposiciOn a Ia tendencia de Ia doctrina psicoanalltica de fundamentar Ia vida psIquica humana sobre una base biolOgica, y concebir el inconsciente como un 18 Asimismo, Ia predilecciOn por las tres novelas seleccionadas entre otras que el autor también produce durante los sesenta (Cayô sobre su rostro, 1955; Un dios cotidiano, 1957; Los dueños de Ia tierra, 1958; y Hombres de a caballo, 1 967) es por distinguir en ellas una mayor continuidad temática o referencialidad de las historias al peronismo, el sector obrero, y Ia problemática generacional de Ia nueva promociOn intelectual de izquierda, cuestiones que Contorno promueve en su programa politico y se hallan centralizadas en Los años despiadados, En Ia semana trágica, y Dar Ia cara, respectivamente. Otra razOn que nos motiva a privilegiar este corpus novelIstico es Ia escasa atención que han merecido estas obras (especialmente Los años despiadados y En Ia semana trágica) dentro de Ia critica en comparación con otras producciones de David Viñas, un silencio Ilamativo al que le adjudicamos el valor de un dato significativo para examinar el comportamiento del campo intelectual argentino en lo referente a una estrato psIquico que precede al lenguaje. Los motivos del inconsciente que se revelan durante las sesiones analIticas mecliante el método de asociaciôn libre no serlan más que “reacciones verbales” tan conscientes como otros motivos habituales de Ia consciencia. La Unica diferencia estaria dada en sentido ideolOgico o a nivel de contenido dado que para Bakhtin, el contenido del inconsciente freudiano se entiende como “consciencia desautorizada” que se diferencia de aquella consciencia más habitual u “oficial”. En palabras de Bakhtin: “The motifs of the unconscious revealed during psychoanalytic sessions by means of the method of “free association” are verbal reactions of the patient, as are all the other habitual motifs of consciousness. They are different one from the other, so to speak, not by any generic distinction of their being, but only by their content, that is ideologically. In this sense, the unconscious according to Freud can be defined as an “unauthorized consciouness” in distinction to the habitual “official” consciousness”. Tzvetan Todorov, 29-31. El dialogismo social del lenguaje que defiende Bakhtin hace de Ia novela el género más representantivo de Ia condiciOn intertextual social que el autor presupone ser inherente a Ia vida, hasta el punto de constituir el medio más capacitado para dar cabida a las diversas voces polifónicas que surgen más allá del dominio monolOgico de Ia voz autorial. Es asi coma en Ia novela (y paradigmáticamente en las de Dostoevsky) las voces de los personajes adquieren una autonomIa y una consciencia que rebasan el discurso del autor, sierido su forma imposible de ser definida o agotada en forma cabal. Mikhail Bakhtin, 5-46. Para nosotros, en camblo, los personajes carecerlan de tal autonomia discursiva polifónica por constituir uno de los principales recursos narratológicos y dinámicos que se sujetan a Ia instancia enunciadora general del texto y a Ia energética dinámica que el mismo genera a to largo de su proceso narrativo. Cayó sobre su rostro y su secuela Los dueños de Ia tierra se centran sobre Ia temática de Ia clase burguesa terrateniente a través de Ia familia Vera, mientras que Un dios cotidiano versa sobre los conflictos religiosos de Ia burguesla mediante Ia historia del Padre Ferré, y Hombres de a caballo, sobre Ia problemâtica de Ia instituciOn burguesa militar a través del personaje de Emilio Godoy. 19 posbIe relaciOn tensionada entre Ia recepciOn y una de las voces más prominentes del proyecto Contorno sobre cuestiones poilticas nacionales como el liberalismo y el peron ismo.8 8 Dentro de una selecciOn considerable de trabajos crIticos que encontramos sobre las obras de David Viñas, es posible observar que las reseñas se han enfocado notablemente sobre sus ensayos (Literatura argentina y realidad polItica (1964); Literatura argentina y poiltica I: Do los jacobinos porteños a Ia bohemia anarquista (1995); Literatura argentina y polItica II: De Lugones a Walsh (1996); Do Sarmiento a Cortázar (1971); Indios, ejército y frontera (1982), entre otros) y novelas escritas desde finales de Ia década del sesenta (Hombres de a caballo, 1967; JaurIa, 1971; Cuerpo a cuerpo, 1979; Prontuario, 1993.) Las novelas que comprenden nuestro corpus, en cambio, cuentan con reseñas notablemente reducidas tanto en nümero como en contenido, hecho fácilmente apreciable cuando nos fijamos en las listas bibliográficas más extensas y completas de Ia critica que re(ine Estela Valverde sobre los trabajos sobre Vinas que datan desde los años sesenta hasta finales de los años ochenta. Entre más de 160 reseñas que registra esta lista de Valverde, los trabajos sobre Los aios despiadados, En Ia semana trágica, y Dar Ia cara se limitan apenas a una docena de trabajos, algunos de ellos consistentes en revisiones mInimamente escuetas de apenas una o dos páginas: Novela y sociedad de Fernando Alonso y Arturo Rezzano (1971) contiene fragmentos de Los dueños do Ia tierra y Dar Ia cara entre páginas 298-307; “David Viñas, Los años despiadados” de Horacio Becco (1957) es un artIculo de una página,170-171; “Una bella novela” (Sobre En Ia semana tragica) (1978) es un artIculo también de una página, 3; “Los años despiadados de David Viñas” de Rodolfo Borello (1956), de una página, 107- 108; “Del libreto cinematográfico a Ia novela: Dar Ia cara” de Mireya Bottone (1964) contiene las páginas, 27-31; The Spanish American Novel de John Brushwood (1978) tiene una pãgina dedicada a Los años despiadados, 229; “Los años despiadados por David Vinas” de Omar Del Carlo (1956) también consta de una sola página, 197-198; “Dar Ia cara: literatura y politica en Ia novelIstica de David Viñas” de Maria del Rosario Ferrer de Cowes (1976) es, en cambio, una tesis doctoral; “Viñas’ En Ia semana trágica: A novelist’s Focus on an Argentine Pogrom” do Nora Glickman (1982) contiene las páginas 64-71; “Los años despiadados de David Viñas” de Juan OIler (1956) es de una página, 14; “Dar Ia cara. Novela de David Vinas” de N. R. (1963, no se especifica el nombre) tiene una página, 13; “Viñas pone Ia otra mejilla” de Emir Rodriguez Monegal (1963, sobre Oar/a cara), también consta de una página, 7; y por el mismo autor, “David Viñas en su contorno” (1967) contiene breves referencias sobre las tres novelas de nuestro corpus; “Sexo y novela en David Vinas” de Nicolás Rosa (1970) incluye comentarios sobre Los años despiadados y Dar Ia cara entre otras novelas en las páginas 31-54. Valverde, 270-280. Las revisiones de los años ochenta, noventa, y los años que van hasta Ia actualidad del nuevo siglo no incluidas dentro de Ia lista de Valverde tampoco abundan en trabajos sobre las tres novelas que elegimos. Los principales trabajos de tesis so centran en las novelas Hombres de a caballo y Cuerpo a cuerpo como novelas polIticas pre y post-dictadura (“The Argentine political novel: Determinations in discourse,” PhD, Stanford University, 1984. Tesis de Kathleen E. Newman), o como novelas politico sexuales (“Figuras fraternas: Cuerpo masculino, homosexualidad y naciOn en Ia literatura argentina contemporánea,” PhD, New York University, 2002. Tesis de Gabriel Giorgi), o como novelas estético formales (“La novelIstica de David Viñas,” PhD, University of Kansas, 1981. Tesis de Diogenes Fajardo). Además de este notable silencio en Ia recepción general do las primeras novelas de David Viñas, nos interesa señalar también el curioso silencio en Ia recepciOn particular de Los años despiadados dentro del campo literario argentino, y en especial, entre los principales criticos argentinos do Ia narrativa peronista, si consideramos el eminente contenido peronista que muestra esta novela. Nos referimos a los principales criticos como Ernesto Goldar (El peronismo en Ia literatura argentina, 1971), Andrés Avellaneda (“El tema del peronismo en Ia narrativaargentina”, Tesis, 1973; y El habla do Ia /deologIa, 1983), y Rodolfo Borello (El peronismo (1943-1955) en Ia narrativa argentina, 1991). Y el silencio que concierne a En Ia semana trágica, hemos de hacer notar que su fuerte apariencia de una crOnica histórica del conflicto obrero do 1919 ha eclipsado consistentemente el componente narrativo más “ficcional” y dominante de Ia novela. Sobre estos silencios dentro do Ia revisiOn critica argentina 20 Aqul debemos hacer notar el problema de representatividad que pueda suscitar nuestro corpus novelIstico si tenemos en cuenta el desfase entre Ia clausura de Ia revista en 1959 y Ia producciOn de las novelas Dar Ia cara y En Ia semana trágica durante los años postcontornistas, en 1962 y 1966 respectivamente. Ante este problema, esperamos justificar o enmendar Ia incongruencia temporal con Ia consistencia con que Ia impronta del revisionismo contornista centrado en Ia tradiciOn literaria liberal se hace sentir luego en una verdadera tarea histOrica revisionista de Ia tradición liberal que emprende David Viñas en calidad de ünico continuador de su proyecto a través de sus ensayos Literatura argentina y realidad polltica (1964), De Sarmiento a Cortázar (1971), e Indios, ejército, y frontera (1 982). En este sentido, Ia periodizaciôn de los años sesenta que delimitamos para el discurso contornista es un recorte temporal amplio que se extiende desde los años cincuenta en que se funda Ia revista hasta finales de los sesenta cuando Ia escritura de De Sarmiento a Cortázar se halla en plena elaboraciOn. En cierto modo, podrIamos decir que ésta obra revisionista de Viñas sistematiza o sintetiza el programa politico de Contorno ya que es el mismo Viñas quien nos informa que el libro lo escribe, primero, en Ia epoca de Contorno “allá por 1953”, y lo prolonga, luego, en su otra obra Literatura argentina y realidad polItica en 1964, para publicarlo finalmente en 1971 (De Sarmiento 11). Es precisamente esta notable continuidad del proyecto contornista en Viñas a lo largo de Ia década del examinamos sus problemas con más detalle en los capItulos correspondientes al análisis de las novelas que incluimos en esta investigaciOn. ‘ Entre otro continuador del proyecto revisionista de Contorno figura Adolfo Prieto en un estudio posterior que realiza en Los viajeros ingleses y Ia emergencia de Ia literatura argentina (1996). Su trabajo consiste en rastrear, desde una orientación histórico-sociolOgica, Ia inscripciOn de Ia ideologla civilizadora de los viajeros ingleses en Ia literatura argentina fundacional de Alberdi, EcheverrIa, Sarmiento, y Mármol durante los años 1820 y 1835. Adolfo Prieto, Los vialeros ingleses y Ia emergencia de Ia literatura argentina (1820-1850). 21 sesenta (además de Ia importancia directiva que su figura sustenta dentro de Ia revista) to que nos motiva a considerar su producción novelIstica como parte comprensiva y extendidamente integrante de Ia esfera discursiva contornista. Por otra parte, en nuestra periodización de los sesenta también tenemos en cuenta el gran apogeo de Ia doctrina del compromiso durante Ia primera mitad de los años sesenta y su progresiva declinaciOn y desplazamiento por Ia revoluciOn armada, Ia nueva pauta legitimadora de Ia actividad intelectual que surge hacia Ia segunda mitad de los sesenta at producirse Ia radicalizaciOn revolucionaria del campo cultural de izquierda hacia Ia lucha armada. Gilman, por ejemplo, ubica este viraje del escritor-intelectual comprometido at intelectual-revolucionario hacia 1966-1968, perIodo en que se comenzarIa a cuestionar Ia legitimidad de Ia agenda cultural en America Latina dando lugar al antiintelectualismo que prevalece durante los años setenta (144, 183). Para el desarrollo de esta lectura comparativa e integrativa de los discursos crIticos y poéticos de Contorno que nos proponemos, exploramos primero el modo en que Ia revista configura su programa polItico normativo a través de los diez nUmeros que publica, y luego, las tres novelas de los años sesenta que elegimos de David Viñas. Para Ia lectura de Ia revista, tenemos en cuenta los discursos más representativos de su programa, a saber, los artIculos de las figuras directivas y colaboradores más estables, los cuales comprenden Ia siguiente selecciOn: Del nümero 1: “Los “martinfierristas”: su tiempo y el nuestro” de Juan José Sebreli, “La traiciOn de los hombres honestos” de Ismae( Viñas, “A propOsito de los Idolos” de Adolfo Prieto; del nümero 2: “Una expresión, un signo” de lsmael Viñas, “Roberto Ant y el pecado de todos” de Francisco Soler, “ArIt y los comunistas” de David Viñas, “lnteligencia y 22 barbarie” de Rodolfo Kush; del nümero 4: “ReflexiOn sobre Martinez Estrada” de lsmael Viñas, “La historia excluida: ubicaciOn de Martinez Estrada” de David Viñas, “Los ojos de Martinez Estrada” por Raquel Weinbaum (seudónimo de David Viñas), “Lo superficial y lo profundo en MartInez Estrada” de Rodolfo Kusch; del nümero 5/6: “Terrorismo y complicidad” por Contorno, “Los dos ojos del romanticismo” de David Viñas, “Benito Lynch: Ia realizaciOn del Facundo” de David Viñas, “Comunicación y servidumbre: Mallea” de LeOn Rozitchner, “Eugenio Cambaceres: primer novelista argentino” de Francisco Soler; del nümero 7/8: “Peronismo. . . ,y lo Otro?”, editorial de Contorno, “Examen de conciencia” de Osiris Troiani, “Miedos, complejos y malos entendidos” de Ismael Viñas, y “Sur” o el antiperonismo” de Oscar Masotta; y del nümero 9/10: “Análisis del frondizismo” por Contorno. Para nosotros, estos artIculos ofrecen Ia particularidad de organizar, delimitar, y desarrollar el eje generacional, denuncialista, y moralista en que se erige Ia agenda polItica de Ia revista, además de trazar ciertas fisuras, irregularidades, y contradicciones en Ia super[icie normativa de su proyecto. Y para el análisis de las novelas de David Viñas, nos centramos, como ya indicamos, en Ia lectura de Los años despiadados (1956), Dar Ia cara (1962), y En Ia semana tragica (1966). En esta lectura intentamos seguir el modo en que los pilares de Ia agenda polItica de Contorno, a saber, el juicio generacional, denuncialista, y ético del orden liberal, y reivindicaciOn del sector marginado de Ia sociedad argentina representado por los jOvenes de Ia pequena burguesia, las masas peronistas, y los obreros se explicitan a nivel fantástico literario. 23 Para una mayor contextualizaciOn del grupo Contorno como Organo emblemático de (a izquierda nacional, hacemos notar que el origen del programa fundacional de Ia nueva izquierda intelectual de los sesenta en Argentina tiene fuertes raices, como ya indicamos, en Ia teorla del compromiso sartreano. Esta teorIa fija Ia arena de su lucha polItica emancipatoria de las masas en a práctica escrituraria crItica y literaria, y confla su efectividad polItica, por sobre todo, en Ia voluntad individual y responsabilidad del intelectual frente a Ia realidad social, mediante una toma de posiciOn moralmente consecuente con sus prácticas discursivas. Para (a izquierda argentina emergente, Ia urgencia social o “su situaciOn” sartreana de los sesenta gravita sobre Ia cuestiOn de las masas peronistas o el “hecho peronista” en demanda de una nueva identidad nacional en dave marxista a Ia calda de su segundo gobierno en 1955.10 En lo referente a los preceptos bajo los cuales emerge Ia nueva izquierda nacional, ésta se forma motivada fundamentalmente por (a renovaciOn marxista del peronismo, ambicionando liderar una reforma social mediante el acercamiento a las masas obreras peronistas, y una resignificaciOn de su identidad dentro de (a historia argentina, poniendo en crisis Ia hegemonla liberal en Ia cultura polItica argentina, y Ia ortodoxia dogmática de Ia izquierda tradicional ejercida por el Partido Comunista y el Partido Socialista. ‘° Los tres gobiernos de PerOn se suceden entre los años 1946 y 1976. El primero comprende el perIodo 1946-1952 (al ser electo en las elecciones del 24 de febrero de 1946); el segundo, el perIodo 1952-1955 (cuando es reelecto en las elecciones del 11 de noviembre de 1951 para el perIodo 1952-1958, tiempo que no alcanza a completar a causa del golpe militar que lo derroca el 16 de septiembre de 1955. Este golpe militar es Ia Ilamada “RevoluciOn Libertadora” de las Fuerzas Armadas que instaura los gobiernos de facto de los generales Lonardi y Aramburu); y el tercer gobierno se inicia en 1973 al regresar Perón tras 18 años de exilio. Después de su muerte en 1974, el gobierno a cargo de su esposa Maria Estela Martinez es derrocado el 24 de marzo de 1976 por Ia junta militar de Videla, Agosti, y Massera. 24 Concebida como una promociOn generacional, Ia nueva izquierda se moviliza fundamentalmente dentro de Ia escena ideologica y en los aparatos de Ia cultura, más que en Ia arena polItica y en Ia escena sindical, promoviendo una empresa revisionista de Ia historia argentina, y una crItica ética denuncialista contra Ia actitud antipopulista de los escritores liberales consagrados. El criterio generacional que adopta Ia nueva izquierda, como observa Carlos Altamirano, reüne el doble sentido de ser un principio rupturista y a Ia vez referencial o de perlenencia, es decir, de divergencias de posiciones, disputas en el espacio de Ia intelligentsia, de cambios y fracturas ideolOgicas, o de escisiOn respecto de Ia direcciOn intelectual y polItica de los “mayores” liberales, y al mismo tiempo una significaciOn de referencia y de identidad para los jóvenes de las elites cultivadas que ingresan en Ia escena cultural. El caso de Ia revista literaria de izquierda Contorno (1953-1959), que emerge ya antes de Ia caIda del gobierno peronista, personifica para Altamirano un Organo representativo de Ia sensibilidad generacional cuyos integrantes hacen de este tema un rasgo de autoidentificaciOn como “jOvenes sin maestros”, a Ia que luego seguirIan Gaceta literaria, Nueva expresión, y El grub de papel (57-8). Además de esta inclinaciOn generacional, Ia empresa revisionista constituye otra de las actividades culturales e ideolOgicas que distingue a Ia nueva izquierda, obrando segün los esquemas marxistas provenientes, no ya de los esquemas mecanicistas del leninismo y trotskismo, sino de Ia filosof ía existencialista de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Maurice Merleau Ponty, y Les Temps Modernes. Este revisionismo marca un movimiento hacia el pasado proliferando discursos que refuerzan una visiOn retrospectiva histOrica sobre el “hecho peronista”, como si, dirla 25 Altamirano, “Ia identidad del peronismo se fugara siempre hacia atrás, donde hallaba su positividad”11 (Altamirano 63). Sobre los esquemas neomarxistas proliferan discursos revisionistas como los de Rodolfo Puiggrós (Historia crItica de los partidos polIticos argentinos, 1956), José Abelardo Ramos (Crisis y resurrección de Ia ilteratura argentina, 1954, y Revolución y contrarrevolución en Ia Argentina, 1957), Silvio Frondizi (dos volümenes de La realidad argentina, 1957), Arturo Jauretche (El Plan Prebish. Retorno al coloniaje, 1955, y Los profetas del odio, 1955), y Juan José Hernández Arregui (lmperialismo y cultura, 1957, y La formación de Ia conciencia nacional, 1960), entre otros (Altamirano 60; Sigal 128).12 Paralelo a esta disposiciOn generacionai y revisionista, Ia nueva izquierda también se funda éticamente condicionada por los dos polos extremos y violentos de Ia culpa, una dirigida hacia Ia herencia cultural liberal en forma de denuncia y otra orientada contra sí misma en forma de autorreproche o automortificaciOn, por lo que a esta nueva promoción intelectual se Ia reconoce como Ia clase media “en el ‘Altamirano opina que Ia querella de las interpretaciones sobre el peronismo se convertirla en Ia forma dominante del discurso histOrico a lo largo de diez años que siguieron al f in del gobierno peronista. Esta proliferación del discurso crItico es lo que le hace pensar al autor que el peronismo se fugaba siempre hacia atrás, configurando un presente en el que el hecho peronista cobraba una apariencia real pero “interina”, en el sentido de Ia “espera de otra cosa mientras prolongaba su pasado, una apariencia pasible solo de pronOsticos acerca de un desenlace futuro. Dirla Altamirano que esta visiOn retrospectiva “reforzaba una identidad, antes que inspirar un programa”. Carlos Altamirano, 63. 2 Este revisionismo sobre los distintos aspectos de Ia historia argentina es el fenOmeno que marca Ia eclosión de libros politicos y de trabajos documentales entre los años 1956 y 1959, un florecimiento de publicaciones que, segün Sigal, sigue al tiempo “lento” de Ia expresiOn polItico-intelectual de los años peronistas. Silvia Sigal, 128. Por otro lado, el revisionismo es el fenOmeno que habilita Ia forma dominante del discurso histOrico a lo largo de los diez años que siguen al fin del regimen peronista, fenOmeno promovido por una “querella de interpretaciones” sobre el peronismo que, a su vez, divide al campo de Ia nueva izquierda en diferentes facciones 0 subgrupos. Esto le hace pensar a Altamirano que más allá de Ia comün referencia al marxismo, no hay un pensamiento homogeneo en este interior ampliamente diversificado de Ia nueva izquierda nacional. Dentro de las ramificaciones internas se distinguen Ia izquierda marxista que representan Rodolfo PuiggrOs y Silvio Frondizi; Ia izquierda nacional de Jorge Abelardo Ramos; Ia izquierda nacional-peronista de Hernández Arregui y John William Cooke; y Ia izquierda humanista de lsmael y David Viñas. Sigal, 128; Carlos Altamirano, 60. 26 purgatorio”.13Esta “estructura de culpabilizaciOn”, como Ia llama Oscar Terán, en el centro de Ia izquierda naciente se debe a los estigmas de Ia clase media por haberse militado, junto a Ia burguesla liberal elitista, entre las filas antiperonistas en el pasado, o por Ia autoculpabilización que se suscita por sentirse beneficiaria de un privilegio intelectual socialmente injusto, en tanto esto Ia ha separado de las masas populares peronistas (Terán 54). En tomb a esta culpa o sentimiento de mortificación y expiaciOn, Ia nueva izquierda producirla una prolIfica literatura sociopsicolOgica altamente autorreferencial como clase burguesa, caracterizada por un discurso patetico, de autoanálisis, y de autorreproche en las obras de Rodolfo PuiggrOs (Historia crItica de los part/dos politicos argentinos, 1956), Hernández Arregui (Imperialismo y cultura, 1957, y La formación de ía conciencia naciona 1960), Juan José Sebreli (Buenos Aires, vida cot/diana y alienación, 1964), Contorno (1953-1959), y Arturo Jauretche, aunque no desde Ia izquierda’4(Profetas del od/o, 1957, y El medlo pelo en Ia sociedad argentina, 1966) (Altamirano 81-105). Estas tres caracterIsticas que definieron los pilares del activismo cultural de los sesenta, a saber, el cuestionamiento generacional, revisionista, y moralista de Ia clase letrada liberal, se hacen para nosotros indicativas de una problemática que se identifica Esta calificación es Ia que emplea Altamirano para el tItulo de uno de los apartados de su libro Peronismo y cultura de izquierda: “La pequena burguesia, una clase en el purgatorio”. Altamirano, 81. “ El inusitado éxito editorial que llega a conocer El medlo pelo en Ia sociedad argentina de Jauretche, con nueve ediciones en menos de un año y consagración como best sellers de Ia segunda mitad de los sesenta, demostrarla que el objeto clases medias no era solo monopolio de Ia literatura sociopolItica producida por Ia izquierda, sino también un tema de interés desde otros ámbitos ideolOgicos como el del nacionalismo populista que representa este autor, fuera del campo de Ia izquierda marxista y de Ia izquierda nacional. Carlos Altamirano, 85-6. 27 dentro de Ia práctica polItica de Contorno en tanto subjetividad fundacional susceptible de inscribirse dentro de una dinámica inconsciente conflictiva. En el presente planteo nos surgen las siguientes preguntas: COmo define el grupo discursivamente las cuestiones polIticas socialistas que promueve? ,qué tipo de IOgica, figuras, registros, y transacciones imaginarias participan en Ia significaciOn? ,qué tipo de fantasIas, deseos, 0 conflictos inconscientes acompanan estos procesos? y ,en qué medida estas formulaciones Jiterario-politicas de su programa revelan ambiguedades, desfasajes, incongruencias, y contradicciones? Para Ia exploración del campo discursivo politico de Contorno que nos proponemos en base a las premisas arriba delimitadas, el presente trabajo reUne en el primer capItulo un examen del programa politico trazado por los articulos de Ia revista; en el segundo, Ia exploraciOn del imaginario politico peronista en Ia novela Los años despiadados; en el tercero, las fantaslas emancipatorias de los jOvenes burgueses porteños que despliega Dar Ia cara; en el cuarto, el imaginario politico obrero en En Ia semana trágica; y en el quinto, a modo de conclusiOn, reflexiones finales sobre el programa politico de Contorno. 28 Capitulo I: El programa de Contorno (1953-1959). El compromiso elusivo de una politica radical populista-nacional El revisionismo como acción polItica: Entre contexto y ficción Segün se halla ampliamente difundido en Ia historia intelectual de los años sesenta en Argentina, los intelectuales de izquierda nucleados alrededor de Ia revista literaria Contorno protagonizan una de las expresiones más destacadas de Ia doctrina del compromiso durante Ia década del sesenta (Mangone y Warley 1981; Cernadas 2003; Croce 1996; Katra 1988; Warley 1999). Fundada por los hermanos Ismael y David Viñas, Ia revista Contorno publica diez ntmeros y dos Cuadernos entre noviembre de 1953 y abril de 1959 con Ia colaboración relativamente estable de Juan José Sebreli, Noé Jitrik, Adolfo Prieto, Oscar Masotta, Ramón Alcalde, Leon Rozitchner, Adelaida Gigli, Rodolfo Kusch, Francisco Solero, Carlos Correas, y Tullo HalperIn Donghi, entre otros.15 ‘ En lo concerniente a Ia identificación de los miembros representativos de Contorno, Ia crItica muchas veces expresa sus reservas con respecto al carácter homogeneo del grupo, y admite tener dificultades en identificar los miembros, actitudes, y principios más representativos de Ia revista. Asi, Mangone y Warley, por ejemplo, distinguen dentro de Contorno una coexistencia de tres subgrupos divergentes y hasta conflictivos, a los cuales ye distanciarse mutuamente tanto por su orientaciOn ideolOgica como por sus intereses y areas de preocupaciOn: El primer grupo estarla nucleado alrededor de los hermanos Viñas con una fuerte orientaciOn hacia el revisionsimo literario con planteos concernientes a Ia totalidad de Ia literatura argentina, además de critica al liberalismo en los aspectos politicos e historiográficos; el segundo lo constituirlan Solero y Kusch en Ia IInea ensayIstica irracional, intuitiva, y pesimista Murena Martinez Estrada, posición diametralmente opuesta a Ia sustentada por el postulado sartreano de libre albedrio individual y social que privilegia el grupo; y como tercero, se encuentra aquella fracciOn integrada por Sebreli, Masotta, y Correas, el “existencialista-populista-izquierdista”, que integra de una manera más directa Ia influencia sartreana con Ia base hegeliana y marxista, y cuyo acercamiento al peronismo, aunque nunca explicito en los textos, causa su distanciamiento de los demás integrantes de Ia revista. Carlos Mangone y Jorge Warley, llI-IV. Sobre el alejamiento de este tercer grupo, Croce 29 En Ia siguiente lectura de Ia revista Contorno nos proponemos examinar el modo en que su programa polItico se define a través del desarrollo organizativo, temático, y expresivo que presenta su discurso. Siendo uno de los organismos más paradigmáticos de Ia nueva izquierda sesentista y de Ia doctrina del compromiso, Ia revista Contorno funda su empresa cultural desde una finalidad intencionadamente polltica. La poiltica que promueve Ia formaciOn de Ia revista, y especialmente sus dos fundadores, se ubica dentro de Ia tradiciOn del populismo radical, o populismo Liberal dentro del radicalismo segün David Viñas (Altamirano y Sarlo, Ellos y nosotros 10), o dentro de una Imnea nacional-democrática del radicalismo, propulsora de FORJA (Federación Obrera Revolucionaria para Ia Joven Argentina) y Ia intransigencia (Union CIvica Radical Intransigente), segün indica Beatriz Sarlo (Los dos ojos 803). Siendo ni comunista, ni peronista, Ia revista extrae sus fOrmulas polIticas de izquierda desde el marxismo sartreano, reacomodando el clivaje nacional peronismo/antiperonismo dentro de un esquema clasista marxista amplio que identifica Ia acciOn de un proletariado en el interior de esa antinomia. Dentro del contexto ideolOgico que se activa desde el ültimo agrega que Ia contribución de Correas es fugaz en el grupo, y que se da principalmente a través de su iriquietud por inclinaciones sexuales heterodoxas, y Sebreli se aparta del grupo para seguir colaborando en Sur tal como venla haciendo desde principios de los 50, y Ilega a prestar sus servicios al suplemento literario del diario La NaciOn desde fines de los 80. Masotta, por su parte, abandona las posiciones pollticas dogmãticas de los 50, para adoptar las posturas psicoanaliticas, y convertirse en el introductor de Ia teorla lacaniaria en Ia Argentina. En 10 que atañe al grupo de Solero y Kush, (a autora rescata el carácter de ser colaboradores simultáneos de Sur y de Coritorno, rasgo controversial si consideramos que ésta ültima nace fundamentalmente como reacción al liberalismo imperante en aquélla. Y, mientras que Magnone y Warley explican Ia presencia en Ia revista de Kush y Solero con el resabio del pensamiento mureniano que asumen existir en los hermanos Viñas, Croce, en cambio, distingue al primer grupo de los fundadores como el que ofrece el modelo más prominente para Contorno. Marcela Croce, 10. A pesar de las divergencias internas que minan el sentido homogeneo del grupo, Ia crItica sugiere como elementos uniticadores de los integrantes el interés por Sartre cuyos postulados delineados en 6Qué es Ia literatura? repercute como lectura obligada a toda esta generaciOn joven, Ia negatividad o Ia demanda de un ajuste de cuentas que Sarlo propone: “ese nosotros existe en primer lugar como negatividad” y. “todo Contorno es un ajuste de cuentas” Beatriz Sarlo, “Los dos ojos de Contorno,” Revista Iberoamericana 49.125 (1983): 799, o Ia preocupacion y ambivalencia compartida frente al proceso peronista. William H. Katra, 20. 30 año de gobierno peronista, y como miembro de Ia nueva izquierda de clase media ilustrada, Ia agenda polItica de Ia revista gravita hacia Ia representaciOn poiltica de Ia clase obrera a través de las masas peronistas, con miras en el agotamiento del nacionalismo burgués, e integraciOn de las masas en Ia identidad nacional (Altamirano 55; Mangone y Warley I). Con respecto al sartreanismo que se destaca como Ia ideologla de izquierda más influyente en Ia formación de Contorno, hacemos notar que este modelo no se reconoce en forma explIcita en Ia revista, sino que se valoriza más bien en las referencias que algunos de sus miembros principales revelan en otros espacios escriturarios más individuales fuera de Ia revista. Uno de ellos es Sebreli quien en el apartado “Los maestros del pensamiento” de su autobiografla El tiempo de una vida (2005) reconoce que su generaciOn habla sido signada por Sartre, Camus, y Merleau Ponty, y que antes que cualquier otra aventura intelectual, habIa estado destinado a ser un sarireano como innumerables jóvenes de cualquier lugar en el mundo por razones de época: Sartre fue ml gula a distancia, mi mentor, ml iniciador, ml intercesor, ml maestro.. .Cuando lo descubrI, dejé de ser un adolescente desorientado que lela indiscriminadamente. Sus escritos me evitaron confusiones, pérdida de tiempo o recorridos inütiles, aunque también me introdujeron en enganosos laberintos que hube de desandar. (El tiempo 154) Su entusiasmo por Sartre se despierta tempranamente hacia los años 1947 y 1949 cuando se publican en el pals los primeros libros del pensador frances en castellano: El existencialismo es un humanismo, La nausea, El ser y Ia nada, y sus piezas de teatro, 31 experiencia que recuerda como lectura “febril” y “deslumbramiento” provocado por el existencialismo (El tiempo 154). Adolfo Prieto, por su parte, fundamenta su crItica literaria en Ia teoria del compromiso de Satire cuando escribe Borges y Ia nueva generación (1954). En el texto explicita el escritor contornista que si bien Ia doctrina de Satire es “peligrosa y estrecha” en tanto pretende encauzar Ia literatura por un ünico camino posible, Ia literatura de Borges se alinea con una “literatura de consumo” bien opuesta a Ia “literatura comprometida” en Ia que el escritor se empena en tomar partido por una praxis como acciOn en Ia historia y sobre Ia historia. Luego, Borges, sigue el autor, es “más un fenOmeno de presencia que el autor de una obra intrInsecamente valiosa”, por lo que los jOvenes de Ia nueva generaciOn se sienten extraños, ajenos a sus obras (Borges 14, 18, 20). Oscar Masotta también rinde tributo a Satire, y lo hace en Ia forma de un epIgrafe que encabeza su libro Sexo y traición en Roberto Ant (1982). Su lectura crItica se basa en Ia premisa de que el hombre de Ant es un hombre de izquierda o de masa pero “sin conciencia de clase” ya que el autor no intenta alcanzar con ella el pIano de las verdaderas tareas politicas. Desde su perspectiva sarireana, ArIt deberIa cambiar 0 abandonar Ia moral del individuo para apuntar a Ia clase o a Ia moral colectiva (Sexo y traición 9). Desde este sartreanismo impilcito, Contorno encara su preocupación por Ia vida nacional organizando su actividad cultural como una militancia polItica tendiente a efectuar Ia reforma del sistema politico liberal que se busca. La revista efectivamente monta su militancia polItica sobre el revisionismo ensayIstico, Iiterario/novelistico, y 32 polItico/peronista, asegurandose inserciOn y audiencia en el ámbito de los sectores medios urbanos. Planteamos que Ia forma en que Ia revista emprende este revisionismo crea una zona de conflicto con respecto a Ia intención polItica que Jo motiva, es decir, que Ia puesta en práctica de Ia polItica ambicionada sobre el eje antiliberal y social-populista, eje que revela una serie de elementos ideolOgicos contrastantes y ambivalentes, tiende a ofuscar tal consigna polltica progresista. La crItica muchas veces tiende a ver en Ia empresa contornista una renovaciOn politica acabada dentro del campo intelectual de izquierda. Tal es el caso de Silvia Sigal, quien le consagra una doble ruptura efectiva, cultural y polItica, con Ia cultura liberal hegemonizada por Ia revista Sur y el suplemento de La Nación, y con el liberalismo antiperonista y Ia izquierda tradicional dominada por el Partido Comunista respectivamente. Su valorizaciOn politica de Contorno Ilega hasta el punto de erigir Ia renovaciOn peronista que inicia como el armazOn que lo legitima como grupo intelectual verdaderamente insertado en Ia escena politica nacional (135). William Katra, por su Iado, destaca como un hecho ampliamente aceptado Ia eficacia, coherencia, y agudeza de Ia revista como Organo de acciOn dentro de Ia esfera poiltica, social, y cultural de Ia naciOn. Su importancia como programa de indudable cambio social y politico se deberla a su capacidad de entender y dar cuenta de los cambios dramáticos que atañen al pasado reciente del pals. Diria Katra en sus palabras: Today it is commonly accepted that the journal offered perhaps the most coherent and thoughtful orientation of an existing organ of expression for evaluating Argentina’s recent past and projecting a program for future action in the political, social, and cultural spheres.. .The participating writers’ strength was their awareness of what seems today to be an obvious fact, that in order for any 33 social or political program to be effective, it must speak to the dramatic changes in their country’s recent past. (112) En Ia misma linea de elogio, pero desde una perspectiva más marxista, Marcela Croce también resalta el logro politico de Ia empresa de Contorno como aquel todo que se fija como sede privilegiada de su lectura en Ia literatura, y marca una zona de redetiniciOn de los intelectuales exigida por las circunstancias polIticas alrededor del peronismo y frondizismo. Su mayor logro se halla en ese salto cualitativo que produce en el campo intelectual argentino al aplicarle categorlas polIticas e histOricas a lo especIficamente literario, abriendo una via de comunicaciOn intelectual diferente a Ia académica. La historia a Ia que apela Ia revista desde Ia poiltica es, segün Ia autora, “mucho más una realidad concreta que una disciplina con leyes fijas, mucho más una experiencia en Ia que todos se encuentran comprometidos que una elección” (171 -72). Estas evaluaciones del programa politico de Contorno si bien realzan adecuadamente Ia razOn polItica como aquella que justifica Ia formaciOn y operación de Ia revista tienden, sin embargo, a ser marcadamente contextualistas tendiendo a subsumir Ia empresa cultural de Ia reviSta a una expresiOn inmediata y objetiva de su intención polItica, especialmente las ediciones del perIodo postperonista, en las que Ia revista articula en forma más directa y abierta Ia problemática de Ia politica nacional alrededor del peronismo y frondizismo. A nuestro modo de ver, Ia relaciOn que guarda el principio politico fundante de Ia revista con su militancia cultural se entiende más discursivamente constructivista que objetiva y miméticamente contextualista, explicitándose de manera sobredeterminada en el modo particular en que su empresa cultural se implementa y se mueve dentro del intencionado contexto ideológico-politico. 34 Uno de los autores que oportunamente formula esta zona de mediación o sobredeterminaciOn de Ia práctica polItica revisionista desde el género literarlo es Tulio HalperIn Donghi, para quien Ia exploraciOn polItica del pasado que procesa Ia historiografia revisionista se acerca a un genero más literario que histórico por Ia versatilidad creativa y alegOrica que origina, saliendo muchas veces del cauce estrictamente polItico-histOrico. En efecto, el autor nos recuerda un origen intencionadamente politico del revisionismo histOrico argentino, que siendo heredero de Ia visiOn decadentista de Spengler 16 nace buscando en Ia mirada histOrica retrospectiva de los procesos politicos un haz de soluciones para los problemas contemporãneos en el momento de derrumbe de Ia repüblica democrática de Yrigoyen, e instauraciOn de Ia primera dictadura militar con Uriburu en el año 1930 (10-11). SegUn afirma el autor, este revisionismo histOrico se orienta desde el comienzo por una finalidad polItica contemporánea, fijando conscientemente en Ia polltica el punto de partida y de Ilegada de su práctica historiografica. Su exploraciOn del pasado es ‘polItica’, tal como lo pretenderla Ia obra pionera de Julio y Rodolfo Irazusta (La Argentina y el imperialismo británico, 1934), en el sentido en que nace “como una tentativa de ofrecer el aval de Ia historia para Ia critica de Ia Argentina del presente”, una critica de doble fib como repudio de Ia democratizaciOn polItica, y como denuncia de Ia dependencia argentina con respecto a los centros imperiales (10). Segün el autor, Ia teorla decadentista de Spengler tiene gran impacto sobre el revisionismo histórico de Chile a través de Francisco Encina, mientras quo en Argentina su influencia es más atenuada, prevaleciendo en su lugar Ia teorIa de Ernesto Quesada, también un continuador de Spengler. La diferencia radicarla en que Ia teorla do Spengler explora más Ia articulaciOn de diferentes etapas histOricas desde un esquema general, mientras que Quesada tiende a individualizar en una etapa de ella un modelo para resolver el conflicto del presente y futuro. Tulio Halperin Donghi, 10. 35 Si bien Ia poiltica inaugura el revisionismo argentino inscribiendo en Ia historiografla su ánimo crItico, esto no evita que desde un esquema dicotOmico historia literatura, HalperIn Donghi matice que Ia vigencia de su práctica no se debe tanto a su efectividad “propiamente histOrica” que, por lo demás, juzga ser modestisima, sino a Ia creatividad poética literaria que ha estimulado una verdadera agilidad alegOrica, a “infinita capacidad de adaptaciOn at temple cambiante de capas crecientes de opinion pUblica”, o de expresar las cambiantes orientaciones de Ia opinion colectiva del pals (17). Para el autor, aill donde Ia empresa revisionista argentina peca de genero historiografico, triunfarla como genero Iiterario: “el revisionismo, discutible corriente historiográfica, ha completado su mutaciOn en exitoso genero literaria” (17). Ante esta mutaciOn, el autor apuesta par un futuro más historiográfico del revisionismo argentino mediante el retorno a las perspectivas del decadentismo histórico que dominaron sus primeras etapas, volcándose más a Ia büsqueda de Ia “estructura y ritmo de Ia historia argentina” que a Ia individualizaciOn de una etapa histôrica en particular como modelo para Ia resoluciOn de los problemas del presente y futuro (10). Para nuestra lectura del revisionismo de Contorno, y desde el postulado tropolOgico de Hayden White, Ia tajante distinciOn que establece Halperin Donghi entre Ia efectividad histOrica y literaria del discurso histOrico se nos vuelve tenue par identificar en ambos (a operaciOn del tropos ficcional. Este elemento tropalOgico o ficcional del discurso histOrico seria el responsable en configuar el conjunto de criterios que le otorgan un argumento particular a Ia historiografla, y por extensiOn, al programa politico que to sostiene. En el caso de Contorno, distinguimos una lInea de argumento tropológico generacional, emocional, y moralista (calda, irracionalidad, humillaciOn, 36 pecado, y culpa) en Ia historizaciOn de una poiltica que aspira gravitar hacia el populismo, mediaciOn que para nosotros se muestra problemática para el avance politico, y sintomática de estratos y conflictos más profundos de su subjetividad. Esta dimension serla Ia que Ia revista revela con mayor fuerza y hondura a través de su discurso poético. En cuanto al marxismo humanista de Satire, y Ia ruptura ideolOgica con las izquierdas tradicionales representadas por el Partido Socialista y el Partido Comunista, Ia revista se implica en el debate sobre Ia identidad nacional destinado a superar el nacionalismo burgués dominante, cuestionamiento ya encaminado por los organismos antecedentes de Ia revista tales como Verbum, Centro, Las Ciento y Una, y Gaceta Literaria.17 En términos generales, Ia revista divide su tarea en dos momentos claramente distinguibles, momentos peronista y postperonista, siendo el primero marcado por los primeros seis nümeros que aparecen durante el ültimo tramo del gobierno de Perón, entre noviembre de 1953 y septiembre de 1955, en el que Ia mayor preocupaciOn de su Croce sostiene que el interés por establecer el lugar de Ia politica y su tunción para los intelectuales no son postulaciones originales de Contorno, sino que ya provienen de Centro, órgano estudiantil universitario fundado en 1951, que a su vez continua a su antecesora Verbum como publicación del Centro de Estudiantes de Ia Facultad de Filosof ía y Letras. Lo que distingue a Contorno, en realidad, es su esfuerzo por Ilevar a un nivel más ambicioso el inicial propOsito de convertirse en un Organo de extensiOn universitaria por Ia revista estudiantil, apuntando a ser ahora Ia formadora de opinion cultural y polItica. Mientras que Centro se muestra más abierta a planteos politicos de un espectro más variado, Contorno se limita a contextualizar Ia cuestiOn politica de los “desheredados” con los cuales se identifican en relación a los escritores liberales de Sur. Marcela Croce, 28-29. Warley, por su parte, destaca Ia figura de Hector Murena (quien se considera discIpulo directo de Ezequiel MartInez Estrada) y su actividad reflexiva en Sur, y especialmente, en su propia revista Las Ciento y Una (1953), y El pecado original de America que se publica en 1954 como reformulaciOn del ensayo “Reflexiones sobre el pecado original de America, que aparece en Verbum en 1948, como uno de los antecedentes o interlocutores más importantes de Contorno. Jorge Warley, 352. Sobre Ia relación entre Murena y David Viñas en particular, Magnone y Warley mitifican una disputa violenta entre ambos escritores, a Ia que yen provocar y simbolizar a Ia vez Ia desintegraciOn del grupo de Las Ciento y Una, alejamiento que implica para Ia naciente Contorno revisar las lineas del irracionalismo esencialista ahistOrico delineado por el pensamiento de Murena. Carlos Mangone y Jorge Warley, Ill. 37 actividad recae sobre una interpretaciOn polItico/histOrica de Ia literatura y el ensayo. La revista en este momento se nutre de una formulaciOn estetico/ideolOgica superadora del canon tradicional, instituyendo un revisionismo literario que permite Ia totalizaciOn de Ia herencia literaria argentina desde una lectura histOrica marxista y humanista. Esta primera preocupación eminentemente literaria se interrumpe bruscamente al producirse Ia caIda del regimen peronista en 1955, para configurar, a partir de esta fecha, una segunda etapa orientada abierta y exciusivamente al examen de Ia realidad poiltica nacional, mediante sus dos Ultimos nümeros dobles 7/8 y 9/10, y dos Cuadernos que se dedican al peronismo y al frondizismo durante los años 1956 y 1959. Para nuestra lectura, organizamos los artIculos de Ia revista siguiendo el orden cronológico en que aparecen a lo largo de los siete años de su actividad, teniendo en cuenta en particular las voces directivas o preponderantes del grupo en cada uno de los nümeros, y Ia modalidad en que sus materiales se organizan y generan zonas indeterminadas o ambivalentes. Si bien esta lectura corre el riesgo de ser selectiva y parcial, o insuficientemente representativa de Ia revista, nos respaldamos, como notan Sarlo y Altamirano con Raymond Williams, en Ia naturaleza más ideolOgicamente heterogénea de este organismo, y en aquella ‘estructura de sentimiento’ compartido que se explicita.18 En este sentido, nuestro interés no pretende agotar su poiltica Sobre Ia condiciOn unIvoca de Ia revista, es importante senalar que al mismo tiempo reconocemos, con Sarlo y Altamirano, el carácter ilusorio de toda idea de homogeneidad ideológica de Ia misma. Esta concepción es aquella que los autores rescatan de Raymond Williams, quien en lugar de reconocer en las revistas una unidad doctrinaria artIstica o ideolOgica como lo harla en un establishment institucional (universidad 0 asociaciones profesionales), postula más bien una unidad en términos de una constelaciOn de actitudes, valores, sobreentendidos, y rechazos compartidos bajo una “Estructura de sentimiento” (Structure of feeling). Para Williams, Ia revista se concibe básicamente como una “formaciOn” por el nUmero reducido de sus miembros, Ia rapidez de su constitución, y ausencia de reglas definidas en las relaciones entre sus miembros, lo cual le otorga un aire informal de un grupo de amigos, distinto de aquellos cuerpos institucionales más formalmente regulados. Carlos Altamirano and Beatriz Sarlo, Literatura/sociedad, 97-100. 38 programática sino, más mOdicamente, dar cuenta de Ia dinámica particular en que el organismo innova, formula, y practica tal proyecto de politizaciOn cultural y literaria.19 Juicio a los escritores burgueses: Entre el parricidio y suicidio, reproche y eloglo El primer nümero aparece en noviembre de 1953 bajo Ia direcciOn de lsmael Viñas, e inaugura Ia revista a modo de manifiesto de declaración de principios con seis artIculos que contribuyen a definir su actividad dentro de una crItica cultural que se establece en base a una relaciOn antagónica nosotros-ellos. Sin embargo, el manifiesto propiamente dicho que pronuncia Ia voz colectiva de los contornistas no aparece en este nümero inaugural, sino tardlamente en el doble nümero 5/6 a dos años de su formaciOn en 1955. De los artIculos que componen este nümero inaugural examinamos “Los “martinfierristas”: su tiempo y el Nuestro” de Juan José Sebreli, “La traiciOn de los hombres honestos” de lsmael Viñas, y “A propOsito de los Idolos” de Adolfo Prieto, artIculos que seleccionamos por Ia prominencia de las voces de sus autores dentro del grupo, y por sugerir zonas de inestabilidad o de ambivalencia en el programa de Ia revista. Estas zonas se asoman en Ia actitud antagonica y denuncialista ‘parricida’ frente a los escritores burgueses del Centenario y de Ia generaciOn del 25, los martinfierristas, al potenciar un sentimiento ambivalente entre reproche y elogio y una autoconcepción negativa que oscila entre indefinición y suicidio. ‘9Ver Apéndice para una lista completa de los artIculos publicados en Contorno. 39 El arilcuto inaugural de Ia revista, “Los “martinfierristas”: su tiempo y el nuestro” de Sebreli identifica a Ia generaciOn martinfierrista como objeto de su crItica, a Ia cual le condena el carácter superliuo, festivo, pueril, y Iüdico de su revoluciOn. Entendléndolo como un proyecto de ruptura tIpicamente burguesa por su inclinaciOn at academicismo, at culto a Ia juventud, y a Ia complacencia material y espiritual, además de arrogancia y artificialidad provocativa, el texto denuncia desde el inicio que “todo el movimiento ‘martinfierrista’ exhala una esotérica arrogancia, una altanera presunciOn de compartir valores intransferibles, de pertenecer a una especie de orden de exciusividad: Ia francomasonerla de Ia juventud” (Los “martinfierristas” 1). El texto intenta establecer una union entre literatura y poiltica at cotejar Ia actividad literaria de los martinfierristas con Ia poiltica radical de Yrigoyen, y juzga que su revolución por las masas y Ia juventud adolece de Ia misma “autenticidad” que se le imputa a los escritores vanguardistas: El “irigoyenismo” en polItica y el “martinfierrismo” en literatura, representan una profunda voluntad de ruptura con toda tutorIa, de discontinuidad, de parricidlo cultural, una misma negaciOn de Ia historia, de Ia tradiciOn, del pasado, de los orIgenes. . .Ambos presentan por to tanto todas las caracterIsticas de una revolución. Sin embargo ni MartIn Fierro ni el Partido Radical constituyeron una auténtica revolución. Todo se redujo en unos y otros a metáforas y exclamaciones: los discursos de Irigoyen son tan “creacionistas” como Ia poesIa de MartIn Rerro (sic). (Los “martinfierristas” 1) En calidad de generaciOn postmartinfierrista, el texto se empena, además, en ordenar Ia vida sociocultural de Buenos Aires en tres epocas que corresponden a las generaciones premartinfierrista de 1890, martinfierrista de 1924, y postmartinfierrista de 1930 y 1943, en las cuales predominan el enclaustramiento, Ia fiesta, y Ia muerte, 40 respectivamente. Mientras que a generaciOn de 1890 se entrega al trabajo, Ia juventud argentina de 1924 dilapida una “fortuna de reservas materiales y espirituales de veinte años de ahorro, de conservaciOn, de trabajo, y de ascetismo”, y Ia generación postmartinfierrista amargamente “vive el dIa después del coito, el triste amanecer cuando Ia alegrIa se ha vuelto tedio, Ia borrachera fatiga y todos sienten náuseas, pesadez de cabeza, y un sabor amargo en Ia boca” (Los “martinfierristas” 2). Son los que se despiertan en una “atmósfera estanca y muerla para encontrarse solos frente a una nada”. Se trata de una generaciOn que vive el colapso de Ia “edad de oro” martinfierrista en forma catastrOfica y funeraria, y que necesita de una “prueba suprema” de ruptura para pasar de Ia adolescencia a Ia edad viril (Los “martinfierristas” 10-11): Los sobrevivientes de esa catástrofe adoptan una actitud acorde con las circunstancias, Ia actitud severa y grave de quienes acaban de enterrar a un ser querido, constriñen sus alegrIas, vigilan sus apetitos, ponen sordina a sus ardores, se entregan con frialdad y distancia. Son jóvenes envejecidos antes de madurar, fatigados y desilusionados, que flotan en el aire al azar, que “deambulan como fantasmas entre cadáveres” al decir de uno de ellos. (Los ‘martinfierristas” 2) Si bien el texto concientiza Ia necesidad de una “prueba suprema” para Ia superación de Ia edad adolescente postmartifierrista en que se halla, no especifica, sin embargo, Ia profundidad de Ia problemática en cuestiOn, ni un plan concreto de acciOn para tal empresa generacional. Se limita, en cambio, a una referenda de Ia problemática social del pasado y del presente en un vago “Todo es nsa y alegrIa, por eso MartIn Fierro es 41 una revista seria que toma todo en broma. Hoy hasta nuestras revistas tienen más seriedad, el tiempo no está para chistes” (Los “martinfierristas” 2). Para Beatriz Sarlo, este artIculo inaugural funciona como declaraciOn de principio sobre un nosotros contornista que se define fundamentalmente como negatividad y en oposición al ellos martinfierrista al fijar su origen en Ia negaciOn del juvenilismo y de maestros. Su modalidad de ruptura no admite una forma vanguardista o abstracta de rebeidla, provocaciOn, y escándalo, sino otra más históricamente parricida, crItica, y ética (Los dos ojos 799-800). La historia asI encarada implanta Ia acciOn poiltica, Ia cual, como bien señala Marcela Croce, se plantea sartreanamente como preocupaciOn por establecer el lugar que Ia poiltica ocupa para los intelectuales y Ia funciOn polltica que éstos pueden cumplir (28). Pilar Roca, por su parte, dirla que Contorno denuncia en Ia generación del 25 un concepto pasivo de a historia que coloca al hombre en posición de vIctima de sus acontecimientos, sin posibilidad alguna de modificaciOn de su curso. Para Ia autora, el cambio sartreano de esta perspectiva de Ia historia instaurarla un ser más activo, previsor, y responsable frente al devenir de Ia historia (35). A nuestro modo de ver, si bien en el primer artIculo de Contorno ya se hacen sentir estas pautas sartreanas frente a Ia historia, esta actitud se acompana de una dificultad en definirse positivamente: a Ia negatividad parricida que señala Ia crItica, añadirIamos que el artIculo también subraya su contracara suicida en el momento en que el texto termina sugiriendo un plan (auto)destructivo de recuperaciOn de Ia crisis: “Ia juventud no encuentra en sí misma su soluciOn, hace falta que se destruya para que surja de ella el hombre” (Los “martinfierristas” 2). 42 En “La traiciOn de los hombres honestos” de lsmael Viñas, Ia indefinición programática inaugural de Ia revista se hace más acentuada y expilcita, y a diferencia del artIculo inaugural, fija como objeto de crItica el espacio intelectual ampliado de Ia tradiciOn de los “hombres del espIritu” que nace con Ia generación intelectual en los alrededores de 1900 y continua hasta el presente. El artIculo define su proyecto principalmente por Ia negatividad que siente ante esta tradición, manifiestando un estado de confusiOn y de ambivalencia frente al mundo inmediato, y una actitud de denuncia frente a Ia problemática del espIritu, sin dejar, por ello, de oscilar entre dignidad intelectual y culpa social. lsmael Vñas reconoce sentir “rebeldIa, rechazo, y desconcierto” frente a Ia ciudad y el pals, y confiesa este estado de desconcierto en forma recurrente a lo largo del artIculo: No gozamos de una formula para sindicar males, ni para defender soluciones proféticamente satisfactorias. Ni disfrutamos de Ia fe suficiente, ni somos tan felices como para no ver en qué terminan las promesas mesiánicas. . . El momento por que atravesamos, de confusion y remociOn, en el que ciertos legItimos y comprimidos anhelos han explotado, y han sido desvirtuados, y vuelven a ser objeto de quienes los utilizan, agravan nuestro desconcierto y nuestra sensación de culpa. . .Todos estamos desorientados. Es difIcil tomar posiciones en Ia batalla inmediata, porque Ia vida no aparece clara para el que pretende ser justo. . .Tememos nuestra propia retOrica juvenil. No estamos seguros de nuestra verdad. Ni sabemos Ia soluciOn, ni gozamos de una dave. No encontramos ejemplos: los que tenIan inteligencia se han burlado, han fracasado, se han entregado o han huido. Los que tenhan buena fe y coraje han carecido de inteligencia. (La traición 2-3) En este pasaje, Ia subjetividad ‘comprometida’ que explicita el texto revela una forma extremadamente negativa, desprovista de propuestas, soluciones, direcciones, o toma 43 de posiciones, y con temores y desilusiones que Ia abruma. Croce, en cambio, rescata de este artIculo de lsmael Viñas una actitud más firme de ruptura con Ia IInea irracional y pesimista de MartInez Estrada reclamada en su Radiografla de Ia pampa, y le otorga el valor de un manifiesto del grupo mucho más estricto que el de Sebreli por su Ilamado de responsabilidad de inspiración sartreana (34-5): “Sentimos que de algün modo somos responsables por to que los representantes del intelecto, por to que los hombres del espIritu no han hecho. Aün más por sus omisiones que por sus actos nos sentimos culpables” (La traiciOn 3). La autora distingue un nosotros contornista que verdaderamente se hace cargo del grupo relativizando el carácter negativo que le adjudicaba Sebreli a Ia juventud cuando advierte en el ültimo párrafo el anuncio de que, “ya ha sido dicho que no es permitido el desprecio. . .las burlas. . . ni las declaraciones que dejen algo del mundo aparte. Lo que parece importante es practicarlo. Aqui. Entre nosotros” (La traiciOn 3). Croce encuentra en esta convocatoria a Ia ‘praxis’, to “concreto”, o acción inmediata, Ia realizaciOn del materialismo histórico marxista por parte del grupo contornista (36). A nuestro parecer, Ia lectura marxista de Croce peca de realismo convencional al figurar to “concreto” como una realidad autOnoma que se sitüa fuera del lenguaje, y deja de lado los aspectos más ambivalentes, negativos, e indeterminados que emanan del texto. Si bien es cierto, como señala Croce, que los hombres oximorOnicos honestos-traidores de lsmael Viñas sirven para denunciar el apartamiento de Ia realidad de los escritores martinfierristas y de Ia revista Sur, consideramos que lsmael Viñas manifiesta una actitud ambivalente frente a los mismos oscilando entre reproche y elogio. En efecto, el autor les reprocha a los “hombres del espIritu” o los hombres 44 claros (particularmente a los martinfierristas y figuras como Borges, Fatone, y Romero) por permanecer sus obras “silenciosas” o “alejadas” de Ia realidad, y por una disposición espiritual abocada a las esencias. Y también se los acusa de un desgaste pueril de su talento, las “puras afinaciones de sus instrumentos”, Ia complacencia excesiva con el mundo, los intereses comerciales y monetarios, una “elaboración anecdOtica del mundo como espectáculo melodramãtico”, y un esquema superficial de denuncia. Pero no especifica las razones estrictamente polIticas que justifiquen su denuncia a los hombres de letras: apenas si sugiere de manera escueta, vaga, y pasajera, y en términos muy generales una “reorientación de su práctica para el pueblo”, o de “creer en un deseo sincero de acercamiento, de agachamiento hacia Ia masa necesitada de aproximaciones carnales y a su alcance, o admitir Ia calda en un error” (La traiciOn 3). Esta actitud abiertamente negativa y acusatoria de los hombres del espIritu se mezcla con una actitud contrastante de elogio y respeto que tiende a desdibujar Ia tajante oposiciOn honestidad-traiciOn pretendida, y a eximirlos de Ia culpabilidad que se les imputa: Habla, por lo menos, entre ellos, algo más que Ia honestidad inoperante, algo más que el gesto: conocimiento, saber en su tarea, probidad tal vez, trabajo. . . Reconoclamos que en sus actitudes permanecia una primera posiciOn de rechazo contra el mundo de untuosidad respetable a que llegaron, y que, en su mayorIa conservaron un evidente respeto a su tarea. Aceptábamos que, como grupo, hablan sido capaces de mantener Ia dignidad del espIritu, aun cuando no nos convencieran los resultados de sus esfuerzos. . . Dedicados a sus tareas, que podlan ser especIficamente importantes, pero que se mantenian radicalmente aisladas. Sin embargo, aün perduraba Ia honestidad de los claros, Ia fidelidad al espIritu. La sensación de que persistla en ellos el ejercicio del intelecto como una labor austera. (La traiciOn 3) 45 Esta ambivalencia muestra ser un punto de preocupaciOn para Ia empresa cultural que se propone el grupo, ya que mediante ella surge el temor de que Ia labor histárica de reiteraciOn de Ia crItica y Ia denuncia contra Ia “fidelidad al espIritu” en que insiste el grupo corra el riesgo de una “traictôn al espIritu”, de “esterilidad o de Ia autocomplacencia”. En palabras de Ismael Viñas: “Parece que por ahora no tenemos más que una labor, que corre el riesgo de Ia esterilidad o de Ia autocomplacencia. . . Parece que solo nos queda Ia reiteraciôn en Ia crItica y en Ia denuncia” (La traición 3). Retomando Ia problemática de Ia vanguardia literaria martinfierrista, y centrándose, esta vez, en Ia figura del escritor Manuel Mujica Láinez y su novela Los Idolos, Adolfo Prieto repite en A propósito de los Idolos, a nuestro modo de ver, el esquema ambivalente eloglo-reproche cuando el autor distingue en Ia obra de Mujica Láinez el buen gusto y el afán de decoro en su planteamiento y ejecuciOn como valores de excelencia, a Ia vez que juzga de “irrealidad”, “falsedad”, o “ficcionalidad” a los personajes y ambientes creados como señales de limitaciones: He aqul Ia excelencia y Ia limitaciOn de Los Idolos. La excelencia, por cuanto el buen gusto del autor ha encontrado por ese camino Ia posibiliciad de ennoblecer Ia materia novelable evitando los peligros de Io chabacano y lo cursi. La limitación, en Ia medida en que el afán de decoro lo ha conducido a elegir personajes demasiado literarios, novelescos (en el sentido peyorativo de los términos), insertos en una sociedad decadente qua no dice nada a nadie. (A propósito 5) 46 La virtud de una escritura de “buen gusto” conduce at defecto de crear un “ambiente desrealizado, con heroes de complicada psicologIa de Iaboratorio”, por to cual Mujica Láinez queda incorporado dentro del problemático sector de los “grandes literatos sin literatura”, de los “buenos escritores sin obras”, en el que también se incluyen Borges, Bioy Casares, y Mallea (A propOsito 5). Aqul, de nuevo, mientras nosotros observamos el doble vInculo elogio-reproche que el texto mantiene con respecto a los escritores consagrados, Croce sOlo observa el modo en que los “hombres honestos” son fustigados por Prieto a través de su tratamiento de Mujica Láinez como chivo expiatorio de una clase juzgada intelectualmente como un bloque de “decoro” (36). Para Ia autora, Prieto lanza una propuesta polItica privilegiando una lectura de clase de Mujica Láinez, lectura en Ia que las nociones de decoro, ocio, y buen gusto, se denuncian como rasgos de Ia clase burguesa, 0 como elementos que conforman el reverso de una sociedad decadente: Construir un mundo brillante, cOmodo, en el que es posible hablar hasta de hartazgo de poesla, de antigüedades, de pasados esplendorosos, y mostrar en el reverso de una sociedad decadente el mucho de oropel y el poco de perversidad en el que se debate su agonla. Todo esto, fuerza declararlo, to ha conseguido Mujica Láinez con holgura. (A propOsito 5) Si bien Croce enfatiza que “el “decoro”, junto con todas las normas del “buen gusto” que acarrea, no tiene cabida en una propuesta que pone el acento en lo politico” (36), es nuestra impresiOn que Prieto conjuga crItica y valoraciOn, reproche y eloglo en Ia cuestiOn sobre este “mucho oropel” estético/intelectual. 47 En el primer nümero, aunque se aprecia un intento de trazar una definición programática, Ia revista no Ilega a formular de manera explIcita y clara los motivos que justifiquen los supuestos, objetos, y propOsitos de su crItica, siendo sOlo prevalente un esbozo de su concepciOn del intelectual comprometido, totalizaciOn de Ia literatura, y esquemas causalistas y dicotómicos de análisis. La poiltica se define desde el campo de Ia literatura bajo un sentido fuertemente moralizante centrado en Ia denuncia, juicio, o acusaciOn contra Ia práctica literaria liberal a través de una interpretaciOn histOrica de las obras e ideologIas de los escritores. El objeto de su crItica se dirige, unas veces a una generación literaria determinada, otras, a una tradiciOn de generaciones, o simplemente a una figura literaria individual, ante Ia cual el nümero adopta una actitud igualmente ambivalente oscilando entre elogio y repudio. Frente a eios se perfila un nosotros parricida y suicida en su espIritu de denuncia, como negatividad y autodestrucción de una subjetividad colectiva que constantemente se desliza en Ia confusiOn, incertidumbre, indefiniciOn, y despersonalizaciOn. La reivindicación de Roberto Ant: Una canonización del marginal antiliberal sentimental y emocional El segundo nümero se publica en mayo de 1954 y se halla dirigido por lsmael y David Vinas. A diferencia del primer nümero en el que se esboza una Ilnea programática general de Ia revista, el segundo se centra en forma exciusiva en una figura literaria en particular, Ia de Roberto Ant. Este nümero que reüne diez artIculos 48 inaugura Ia serie de ediciones de homenaje, Ia cual continua luego en los nümeros 4 y 5/6 con Ia figura de Ezequiel MartInez Estrada y Ia novela argentina respectivamente. El segundo nümero ofrece, además, otros tres artIculos en Ia secciOn De las obras y los hombres, en los cuales se discuten temas más generates. Una de las caracterIsticas más notables de este nümero es el poder organizativo de los hermanos Viñas, especialmente el de David Vinas quien contribuye con cuatro artIculos at análisis de ArIt firmándolos con diferentes seudOnimos.2° 20 Uno de los rasgos distintivos del grupo de redactores de Contorno es el agrandamiento de su tamaño mediante el uso de numerosos seudOnimos. Varios crIticos senalan que este uso es exciusivo de los hermanos Viñas y que obedece a Ia intenciOn por parte de estos fundadores de aparentar que habIa más gente colaborando en Ia revista (Croce 27; Sarlo, “Entrevista a Beatriz Sarlo por Gabriel Erdma”; Sebreli, “La vuelta de Contorno”). De los dos hermanos Viñas se observa que esta práctica de Ia heteronomla es más pronunciacia en David Vinas. Pilar Roca indica que Ismael Viñas se vale de los seudónimos V. Sanromán y Jorge Arrow para escribir los artIculos “‘Ladrones de bicicletas’, o Ia decepciOn frente al cine” (V. Sanromán, nümero 1), “Ant-Buenos Aires” (Jorge Arrow, nümero 2), y “Pablo Rojas Paz, viejo martinfierrista” (V. Sanromán, nimero 5/6) Roca, Ismael Viñas: ideografla de un mestizo, 130. Marcela Croce, por su lado, ye a David Vinas escudarse detrás de los seudOnimos masculinos Gabriel Conte Reyes, Juan José Gorini y Diego Sanchez Cortés, y de los seudOnimos femeninos Raquel Weinbaum y Maria C. Molinani (Croce 45, 49-55). El uso de los seudónimos por parte de David Vinas se centra mayormente en el nUmero 2, dedicado a Roberto ArIt, y en el doble nümero 5/6, dedicado a Ia novela argentina: “La mentira de Ant” (Gabriel Conte Reyes, nümero 2), “Arlt y los comunistas” (Juan José Gorini, nümero 2), “Roberto ArIt: una autobiograf ía” (Maria C. Molinari, nümero 2), “ArIt. Un escolio” (Diego Sanchez Cortés, nümero 2), “Los dos ojos del romanticismo” (Raquel Weinbaum, nümero 5/6), “M. Gávez: el realismo impenitente” (Maria C. Molinari, nümero 5/6), “Realismo, virtuosismo y técnica: Goyanarte” (Gabriel Conte Reyes, nümero 5/6), y “Verbitsky-Onetti: el hombre urbano, el hombre universal” (Diego Sanchez Cortés, nümero 5/6). En otros nümeros de Ia revista vemos decrecer considerablemente el uso de los seudOnimos. Por ejemplo, en el primer nümero sOlo hay un artIculo de V. Sanromán (lsmael Vinas) mientras que en el tercero fatan seudOnimos, y en el cuarto nümero, de nuevo vemos un solo artIculo de Raquel Weinbaum (David Viñas). En el nimero 7/8 dedicado al peronismo, David Viñas contribuye con dos piezas literarias, una de ellas bajo el seudOnimo de Maria C. Molinari (“jPaso a los heroes!” (David Vinas) y “‘Rosaura a las diez’, premio Kraft” (Maria C. Molinani), y en el ültimo nümero 9/10, no hay uso de seudOnimos sino sOlo los cuatro artIculos de Contorno, Leon Rozitchner, Isamel Viñas, y Tulio Halpenin Donghi. Esta situaciOn nos hace pensar que Ia multiplicaciOn o inflaciOn ilusoria del cuerpo editorial contornista se halla principalmente a cargo de David Vinas, y en momentos en que se erige una estética literania sentimental a través de Roberto ArIt y una crItica “parricida” mediante eI revisionismo de Ia novela argentina como nuevos valores y caminos hacia Ia cultura nacional populista. En términos generales, eI uso de seudOnimo literario sugiere una necesidad de simulaciOn, imitaciOn, teatralizaciOn y falsificaciOn del yo del que escribe, mecanismos que luego verIamos aflorar en las ficciones narrativas de David Viñas. En efecto, las tres novelas do Viñas que analizamos tienden a activar una dinámica textual por Ia que los personajes pnincipales, en su mayorIa masculinos, se convierten en sujetos provistos de un yo multiple, performativo teatral y bisexual. Dado el marcado peso de Ia figura de David Viñas en el juego de los seudOnimos (bisexuales) dentro de Contorno, pensamos que una posible manera de dan cuenta de este singular fenOmeno de Ia revista es en relaciOn a las fantasIas histéricas que despliega David Viñas 49 De esta sección elegimos “Una expresiOn, un signo” de lsmael Viñas, “Roberto Ant y el pecado de todos” de Francisco Solero, “Ant y los comunistas” de Juan José Gorini (seudOnimo de David Viñas), “Ant-un escolio” de Diego Sanchez Cortés (seudônimo de David Viñas), “H.A.Murena y Ia vida pecaminosa” de Carlos Correas, e “Inteligencia y barbarie” de Rodolfo Kush. Estos artIculos responden a Ia intención de canonizar a Ant, un escritor marginado por el academicismo e intelectualismo del sector liberal. Se trata de reivindicar su lenguaje coloqulal, irracionalidad, sentimientos, y emociones, gesto que paradójicamente refuerza Ia dicotomIa liberal intelecto sentimiento y civilizaciOn-barbarie. La recuperaciOn de Murena, por otra parte, reinscribe Ia intencionada transformaciOn marxista histOrico/polItica de Ia Argentina condenada al determinismo fatalista de pecado, culpa, y calda. En principio, Ia recuperaciOn de Ant que intenta el segundo nümero de Contorno responde a una reformulación poiltica de Ia cultura nacional antimartinfierrista, antiburguesa, antieuropea, y anticomunista mediante Ia consagracion de los elementos lingüIsticos, estilIsticos, y sociales “marginales” que se les atnibuyen a sus obras. Para comenzar, lsmael Viñas organiza el rescate de Ant en “Una expresiOn, un signo” sobre un esquema dicotOmico intelecto-sentimiento dando cuenta de Ia critica antiarltiana proveniente del establishment cultural liberal. Esta crItica se basa en referencias negativas sobre los “defectos” estilIsticos antiacadémicos o antiintelectualistas que se le atribuyen a Ant. Frente a esta crItica, lsmael Viñas rescata las “virtudes” literarias de carácter más sentimental y emocional. en su imaginario literario. En este imaginario, el pensamiento se vuelve una acciOn imitativa de los fantasmas inconscientes y el sujeto, una multiplicidad corporal fragmentada. Quizá esto sea lo que resuene en Ia superficie sentimental y parricida de Contorno a través de David Viñas. 50 En su examen de Ia crItica antiarltiana, lsmael Viñas hace incapie en Ia insuficiencia literaria académica que los detractores le imputan a Ant en términos de falta de cultura, escasa educaciOn académica, falta de conocimientos generales o filosOficos, e imprecision de su metafIsica. También Ismael Viñas hace menciOn del descontento de los crIticos ante una visiOn estrecha del mundo que encuentran en Ant, escaso repertorio de ideas, mediana ilustraciOn gramatical, un lenguaje tormalmente pobre, y errores de estructuración que se evidencian en “episodios superfluos, personajes innecesariamente introducidos con su biografla integra, aclaraciones estériles y hasta contrarias a los climas que intenta levantar” (Una expresiOn 2). Asimismo, Ismael Vinas señala los fracasos de composiciOn que le han adjudicado a El juguete rabioso por su pobreza estructual, y a Los siete locos y Los Ianzallamas, por un exceso de material imaginativo y emocional que lo acosa y excede (Una expresión 2-3). En cambio, para Ismael Viñas Ia virtud de Ant radica en Ia exposición eficaz de sentimientos o del estado emocional inmediato, Ia “sinceridad fundamental, el dramatismo inmediato que pone en los conflictos de sus personajes”, Ia expresiOn mntima de sus ánimos, y Ia conjugaciOn de las particularidades del hombre con Ia universalidad. DirIa lsmael Viñas que Arlt es el escritor que “lejos de todo ejerciclo de inteligencia, de toda abstensiOn de elementos humanos, patéticos o sentimentales, los ha aceptado, se ha hundido en ellos, porque asI era el hombre, y desde Ia particularidad del hombre descubriO lo que sentla sobre el universo” (Una expresión 5). Si bien con Ant Contorno se lanza a canonizar, ante todo, a un escritor marginalizado dentro del sistema de consagración académico e intelectualista que impone el sector liberal, en su recuperación de Ant, lsmael Viñas insiste en las lecturas 51 crIticas de sus valores antiacadémicos, y en un rescate de sus obras en base al valor irracional de los sentimientos y emociones que manifiestan. Esta identificación de lo sentimental y pasional con los elementos periféricos o marginados de Ia sociedad indica que el autor es más bien reactivo y continua anclado en Ia dicotomla intelectualismo-antiintelectualismo que dicta Ia tradiciOn cultural liberal, para Ia cual el aspecto prescriptivo de Ia gramática funciona como una marca de distinciOn de clase, y como una polItica exclusionista de los sectores de Ia pequeña y baja burguesla. El pronunciado acento que pone lsmael Viñas sobre los aspectos denigrantes que señalan los detractores de Ant es un rasgo que Croce tamblén advierte cuando le reprocha a lsmael Viñas por no buscar puntos de comparaciOn con otras figuras para instalar a Ant dentro del canon, y dedicarse simplemente a revisar las “lecturas” que se han hecho de él y los olvidos que ha sufnido (50). A diferencia del tono objetivo subrepticiamente más denunciante del artIculo de lsmael Viñas, en el arlIculo de “Roberto ArIt y el pecado de todos” de Solero se aprecia una valoraciôn subjetiva de Ant. En su análisis de ArIt, Solero rescata una reorientación hacia Ia inmediatez existencial, y una recuperaciOn salvacionista en términos religiosos, de pecado. Para Solero es pecaminoso el no vivir segun el modo que devela Ant en El juguete rabioso, El amor brujo, Los siete locos, Los lanzallamas, y Eljorobadito, relatos en los que atlora su repudio y vibra su asco (Roberto 7). Segun Solero, es un pecado el haber sido “flojo”, el haberse contentado con el papel de testigo del mundo, con Ia educación ajena, y con los elogios del projimo. También es reprochable el haber admitido el “monstruo” de Ia conformidad, el “haberse arrancado de Ia vida”, y caldo en Ia muerte, enfermedad, y silencio. Solero declara una afirmación universal de que 52 ‘todos somos pecadores”, y concibe este pecado como una falta cometida contra Dios, contra los hombres, y contra sí mismos: Todos somos pecadores. Y apenas tenemos el coraje de asomarnos al semblante de Dios, porque —estamos seguros- nos destruirá con su mirada, nos desplomarã en el más cruel de los anonadamientos. Pecamos contra Dios, contra los hombres, contra nosotros mismos. Pecamos. Ay, cuán abajo estamos de Ia vida, cuán lejos y qué enorme distancia habremos de recorrer hasta entrar en su reino. Pues cuando hollemos su arena, Ia plenitud de Ia sangre, que sOlo se consigue merced a una cimentación Integra de 10 real, habremos eliminado recién, el pecado en si, lo vitando. ArIt trabajO para eso. LuchO para develarse, y develar el pecado. (Roberto 7) Ante esta situaciOn pecaminosa, Solero encuentra en Ia estética existencial de Ant el camino que conduce hacia Ia salvaciOn del hombre. El modelo aritiano permitirla luchar contra los pecados convencionales de permanencia y seguridad mediante el afloramiento de Ia negatividad, destructividad, y oscuridad mediante el repudio, el asco, Ia cOlera, violencia, humillaciOn, brutalidad, y acidez de Ia vida (Roberto 7). Para Solero, Ia virlud de ArIt reside en hacer ver que “Ia vida no es un lecho de rosas”, o en fustigar Ia muerte y enfrentar a vida, en forjar el “paisaje desnudo sin concesiones”, y ser aquel que “vio Ia calle tal cual era, y Ia ajustO a su realidad, a su mundo, y por consiguiente, al nuestro” (Roberto 7): Ant vino con Ia vida, trajo Ia vida para ahuyentar el pecado de Ia falta de vida. Nos querla con decision, con urgencias, con esa dulce y viril capacidad de no volver el rostro a las cosas, de no azorarnos, de no distorsionar Ia voz. ArIt vino con Ia vida para fustigar a Ia muerte, vino hacia esa salud-en-vida que nos rodea para demostrarnos que ésta es lo ünico que hay en nuestra tierra. Ant combatiO 53 sin sosiego, entre los manotones de Ia suerte, en medio de Ia cuantiosa soledumbre que lo circula, para hacernos ver que al pecado de Ia muerte se lo borra con el fuego de Ia vida. (Roberto 7) En este pasaje, curiosa y paradOjicamente, Solero equipara Ia vida con Ia muerle cuando sugiere que para expiarse del pecado que provoca Ia no-vida o falta de vida es necesario adoptar el fuego de Ia vida que celebra Ant. Para nosotros, sin embargo, este fuego vital en Ant no aparenta ser un lecho de rosas, sino todo 10 contrario, un verdadero volcán de sentimientos de negatividad, soledad, y violencia, idea que se aproxima más a Ia muerte que a Ia “salud-en vida”. Una posible lectura de este contrasentido serIa que Ia idea de pecado y temor al castigo divino que enfatiza Solero es un sentimiento que provoca precisamente Ia “vida” que tan crudamente devela Ia escritura artliana. Sobre Ia exhortaciOn a Ia vida que Solero le atribuye a Ia estética de Ant, Roca indica que Arlt es el contraejemplo de Ia labor que realizan los escritores martinfierristas y Sur. Para Ia autora, el uso de un lenguaje cotidiano por parte de Ant se aprecia como un modo de construir un mundo cercano a Ia vida bonaerense contemporánea. Solero rescata el modo en que los textos de Ant hacen posible el encuentro de los escritores e ideologos con su mundo personal (37). Para nosotros, este mundo personal y subjetivo que Solero recupera en Ant remite a una vida interior que pende sobre Ia doble bisagra de Ia culpa y los sentimientos negativos contenidos, acercándose más a Ia angustia y a Ia muerte que a una vitalidad existencial jubilosa. Ademãs de ser, de esta manera, el modelo redentor de Ia vida, Arlt también 54 constituye el punto de articulaciOn ideolOgica anticomunista de Contorno, carácter que David Viñas formula en “ArIt y los comunistas” baja el seudOnimo de Juan José Gorini. El artIculo ofrece, ante todo, una justificaciOn para negar Ia afinidad de Ant con los comunistas, hecho contundentemente reclamado por los mismos comunistas.21 Esta negaciOn se sustenta a partir de una caracterización dicotOmica del binomio Ant Partido Comunista, contraponiendo el espIritu “sumiso, colectivista, de pelotón, eminentemente burgues, y pacIfico en sentido más lato” de este Ciltimo con otro más “individualista, rebelde,y revolucionario” y fundamentalmente libre de ArIt. David Viñas sostiene que Ant dista mucho de ser uno de ellos debido a que “su espiritu demonIaco, agresivo, violento, pecador, no se hubiera conciliado (camo no se concilia ninguna de sus obras) con Ia seguridad satisfecha y progresista del comunismo” (Ant 8). Otro contraste que se establece entre Ant y los comunistas es el interés de estos ültimos en modificar el mundo, en hacerlo mejor, mientras que a Ant sOlo le interesa describirlo, comprendenlo. Dice David Viñas: “Porque en realidad a él [Ant] no le importaba modificar el mundo, hacerlo mejor, sino describirlo, paladearlo. Y entenderlo. Y atn amarlo con todas sus impurezas.” (Ant 8). De modo similar, para David Viñas Ant también se opone a los “esnobs”, a los “bien pensantes”, a los “pulcros” personificados en las figuras de Roberto Giusti, Ragucci, los antologistas, y Ia revista Letra y IInea. Ant, en nesumidas cuentas, encarna el signo ejemplar de Ia libertad, “Ia más absoluta y anbitrania libentad” a “libertad a secas.” (Arlt 8). Es problable que este uso individual y emocional, y no colectivo o transformativo de Ia sociedad que hace David Viñas de Ant sea Ia que motiva a Croce a pensar que su 2! Se trata en el artIculo de un escritor comunista, el señor Larra: “El señor Larra afirma enfáticamente “jArit es nuestrol” Gorini, Juan José (David Viñas), Arlt y los comunistas,’ Contorno 2 (1954): 8. 55 recuperación es tan criticable como Ia que se erige desde otras posiciones polIticas (51). Para Croce, Ia angustia, sin embargo, puede se un elemento de resistencia contra los valores burgueses por oponerse a Ia comodidad que persigue esta clase propietaria. El sentido Iibertario que David Viñas le atribuye al espIritu negativo de Ant, dirIamos, más que conlievar un sentido transformativo social, se circunscribe a una expresión individual Intima. La Jibertad que David Viñas le atribuye a Ant adquiere en su otro arilculo “Ant-un escollo” (publicado bajo el seudOnimo de Diego Sanchez Cortés) una clase parlamentaria especIfica de un “hombre que denuncia”, siendo un ser inoportuno, molesto, y desagradable, en contraposiciOn a otro tipo de hombres que se clasifican de “seria” y “viva”. Su carácter poderoso remite a aquel que denuncia todas las reglas del juego, imbuido en su interior de fuego, fuerza, impulso, cuya violencia “golpea, patea, afana, despotrica, y termina por pegarle al réferi”, y muchas veces “sale a borbotones, desesperadamente, sin inteligencia” (Ant-un 12). Mediante Ia reivindicaciOn de Ant, Contorno incorpora en su programa aquellos elementos sentimentales antiburgueses que surgen a partir de un lenguaje antiacadémico y un estrato impulsivo o emocional conflictivo mntimo y oscuramente destructivo del hombre. En ArIt se reivindica un espIritu esencialmente violento, agresivo, demonlaco del escritor, y una actitud libertaria de denuncia basada en Ia violencia y fuerza interna. A nuestro modo de ver, Ia recuperaciOn de Arlt en base a estos elementos desacreditados por los representantes de Ia burguesla liberal señala, de alguna manera, Ia permanencia de Contorno en Ia dicotomla argentina CiviIización Barbarie por su insistencia en el binarismo intelecto-sentimiento, lenguaje-emoción. El 56 análisis de Ant sigue Ia linea de reconocimiento y confrontaciOn con una serie de sentimientos inestables tales como Ia angustia, el temor, Ia ambivalencia, y Ia culpa, los cuales no apuntan a una regeneraciOn polItica sintética o modificadora del mundo, sino a una comprensiOn interna subjetiva del hombre en su necesidad del confrontar las fuerzas e impulsos más inmediatos de Ia vida. El programa revolucionario mediante el cual Contorno intenta forjar un nuevo parámetro de Ia cultura nacional y literaria en base al libre albedrIo individual del escritor y a una responsabilidad creativa hacia Ia realidad social más inmediata no se halla exento, sin embargo, de postulaciones contradictorias e inconsistencias internas. Estas discontinuidades so revelan en el artIculo “H.A.Murena y Ia vida pecaminosa” de Carlos Correas, en el que se afirman los lImites pecaminosos de las creaciones literarias a partir de Ia cosmovisiOn irracionalista y pesimista que Murena ofrece en “El pecado original de America” (1954). Esta interpretaciOn literaria que hace Correas tiende a desvirtuar Ia canonizaciOn de Ant que intenta Ia revista hace de ArIt, al considerar los personajes literarios meros tIteres de un destino inescapable: Si yo advierto que los personajes están supeditados a su desarrollo por una enfermedad congénita o una maldición social o un pecado original ineludible, entonces el devenir se aniquila; todo el tiempo y Ia libertad se hacen mIos y no queda sino un espectador vivo frente a una obra muerta. (H.A.14) Bajo las premisas fatalistas de un deffecto congenito o pecado original de Ia naciOn, Correas lee El juez de Murena como “un cosmos petrificado de seres que juegan una partida que saben que está perdida de antemano”, sin que sus personajes puedan ir más allá de lo que les permite el pecado, permaneciendo fijos o “embalsamados”, 57 sacrificándose en vano, y arrojados y resignados en Ia desesperanza (H.Ai 4). Este mundo ficcional sin posiblidad de un discurso creativo, y en el que Ia vida se traduce en mero silencio serIa aquello que constituye Ia base de lo que Correas llama Ia “teorla del estilo del silencio” de Murena: Precisamente en Ia creaciOn de ese diálogo en el que no hay nada que decir es donde Murena ha ensayado su teorIa del estilo del silencio. Se trata de un silencio de Ia vida. Un silencio perfecto donde los personajes hablan a base de pautas. . .en Ia obra hay mâs tiempo en que los personajes callan y no en que hablan. . . Los silencios son largas tensiones de miradas, de ademanes contenidos, de sufrimientos sofrenados, de mutuas y calladas revelaciones. (H.A.14) En este silencio de los personajes murenianos Correas rectifica su propia visiOn fatalista y pesimista del ser nacional. Además de una postulaciOn pesimista contrastante que se verifica en el segundo nUmero, Ia reformulaciOn cultural nacionalista antiliberal de Contorno encuentra otra disensiOn interna en “lnteligencia y barbarie” de Rodolfo Kush, un artIculo del tercer nümero de Ia revista. Su propuesta se encuadra dentro del esquema esencialista de Murena, reafirmando Ia vigencia del pesimismo antiintelectualista congénito en America, y oponiendo el intelectual argentino al europeo por su arbitrariedad, anacronismo, desarraigo, enfermedad, suicidio, e inutilidad o falto de misión (Inteligencia 5). A diferencia del intelectual comprometido sarireano, libre y voluntariamente situado ante Ia vida, el intelectual argentino segün Kusch es negativo por su “miedo original de vivir”, por su “miedo a ser barrido del mundo”, y por el rechazo de Ia realidad: 58 Para ello debemos comprender que Ia moralidad intelectual, en Ia pura vida, no tiene sentido. America es hondamente amoral. No hay canon posible para medir su distancia de toda clase de axiomas, porque no hay axioma posible, que le venga bien, fuera del que ella misma se imponga. Y Si bien el desierto de M. Estrada nos hizo suponer Ia posibilidad de una Argentina moral, evadida de America, hoy tenemos Ia prueba palpable de que aquéllo fue sOlo una abstracciOn intelectual, una manera de sustraer el pals a su verdadero destino, manteniéndolo en un equilibrio aparentemente dramático entre lo americano y Jo europeo. (Inteligencia 7) Para Kush, los intelectuales de America resultan arbitrarios y suicidas en America por proceder de un continente que aparenta ser “todo aquello que más se opone a Ia inteligencia”. En cambio, el autor ubica al intelectual auténtico en el continente europeo, tierra en Ia cual se “coordina Ia conciencia con Ia integridad pero por via natural” (Inteligencia 5). La dicotomIa liberal Europa=civilizaciOn-América=barbarie encuentra su mayor exponente en MartInez Estrada y su creencia en una realidad argentina ajena a Ia inteligencia, y una verdad continental pampeana dramáticamente irracional: “El proceso iniciado en 1810 adquiere en MartInez Estrada su expresiOn más heroica, porque encarna esa batalla final del intelectual contra una realidad que se escapa infinitamente de nuestras manos” (Inteligencia 6). El veredicto de Kush para Argentina es contundentemente negativo por insistir el autor en Ia permanencia del barbarismo continental, esa realidad incapaz de escapar de Ia sombra del fatalismo: “La tesis de Ia barbarie sigue en pie. No hemos avanzado en un apice desde Sarmiento” (Inteligencia 7). Croce ye en Correas un marginal de Contorno, aquel que “lee a Murena invirtiendo Ia Jectura que el resto de Ia revista ha hecho de Ant” (58), y quien junto a 59 Kusch marca las tensiones dentro del grupo. Este deseo de alienar el influjo murenista dentro de Ia revista no resta para nosotros Ia relevancia de esta lInea de pensamiento en tanto constituye parte del discurso de Ia revista. Por otra parte, Ia dicotomla liberal y reafirmaciOn de categorIas irracionales y éticas negativas para Ia Argentina periférica son ideologemas que circulan notablemente en el discurso contornista. Sobre todo, Ia sombra mureniana Ia vemos proyectarse en Ia negatividad que impera dentro de su discurso. Sarlo identifica el legado de Murena en Contorno en las formas tIpicas de odio, pecado, culpa, y calda en las que Ia revista insiste (Los dos ojos 800), mientras que Mangone y Warley explican Ia presencia de Kusch y Solero en contacto con los resabios del pensamiento mureniano en los hermanos Viñas: Ia tierra como determinante, Ia soledad, Ia pregunta por lo americano (V). Tanto Ia persistente impronta mureniana como el pronunciado trazado de Ia dicotomIa argentina en Contorno nos hacen dudar, con Croce, del grado de renovaciOn que alcanza Ia revista en el campo cultural argentino (Croce 11). Martinez Estrada: La misión denuncialista del escritor entre integración y reiteración de Ia dualidad argentina El cuarto nimero de Contorno conforma Ia segunda de Ia serie de ediciones de homenaje iniciada en el segundo nümero de Ia revista, dedicada, esta vez, a Ia tigura de Ezequiel MartInez Estrada, poeta y ensayista que en Radiograffa de Ia pampa 60 (1933) y Muerte y transfiguracion de MartIn Fierro (1948) desarrolla una lInea ensayIstica irracionalista, esencialista, y telürico-fatalista del ser nacional. Siendo una edición breve, el nümero aparece en diciembre de 1954 bajo Ia direcciOn de los hermanos Viñas, y se compone de siete artIculos, entre los cuales predominan las voces divergentes de los hermanos Viñas, Solero, y Kusch sobre las cuestiones crIticas de Ia identidad nacional. Para el análisis de esta sección incluimos “RefIexión sobre MartInez Estrada” de lsmael Viñas, “La historia excluida: ubicación de MartInez Estrada” de David Viñas, “Los ojos de MartInez Estrada” por Raquel Weinbaum (seudOnimo David Vinas), y “Lo superficial y to profundo en MartInez Estrada” de Rodolfo Kusch. Mediante estos artIculos, Ia revista se centra en una figura consagrada dentro de Ia tradiciOn literaria liberal. A diferencia de Ant, su interés en MartInez Estrada se liga a cuestiones de linaje, identidad, y misiOn del intelectual denuncialista con respecto a Ia dualidad argentina exclusionista. A través de este autor, Ia revista no resuelve sino que intensifica una de las zonas más ambivalentes de su discurso con respecto al problema argentino. La reivindicaciOn de Martinez Estrada en “ReflexiOn sobre MartInez Estrada” de Ismael Viñas se basa en Ia importancia del poeta-ensayista como punto de partida para Ia indagaciOn de Ia realidad argentina, cuestiOn estrechamente ligada a Ia büsqueda de identidad de Ia generaciOn contornista: “lo que nos interesa, a través de él, es averiguar lo que somos nosotros, definidos por el accidente de vivir en Ia Argentina de mit novecientos cincuenta y tantos” (ReflexiOn 2). Y dentro de Ia tradición de escritores liberates del pals, el texto rescata al autor como una figura fundadora de Ia misión denuncialista del escritor, y generadora de una voz opositora o desmitificadora de un 61 cuadro alegre y optimista de Ia naciOn argentina. En este cuadro optimista, Ia nación argentina se muestra polIticamente sOlida y afianzada mediante el orden, progreso, riqueza, y establidad y equilibrio sociales, naciOn que contrasta con su otra realidad en Ia que se descubre una raza réproba arrojada en un “infierno” o condenada a Ia catástrofe telürica sin salidas por un pecado original insuperable: MartInez Estrada representa el momento en que se empieza a dejar de ver a Ia Argentina como una alegorIa de futuro optimista y fácil. El sentimiento de Ia grandeza nacional, sufre una quiebra: son muchos los que comienzan a advertir con él que el alegre cuadro de nuestra riqueza, de nuestro progreso, no es más que una gran fachada que oculta mucha verdaci fea; que existe una gran diferencia entre las declaraciones de Ia ConstituciOn y los ritmos de Ia oda A los ganados y las mieses, y Ia realidad del pals. (Ref lexiOn 2) Ante el descubrimiento de esta realidad negativa vaticinada por MartInez Estrada, el texto se entrega a discernir las causas de Ia producciOn de este descubrimiento, y Ia respuesta Ia encuentra en Ia pérdida de Ia Europa paradigmática, “paradislaca”, y utOpica, al hallarse ésta desmoronada por su propia crisis y pérdida de fe en sí misma. Este hecho, para el autor, trastorna el estado de colonialismo, provincialismo, o de dependencia en que se halla sumida Ia realidad social Argentina: “todo problema, toda solución europea tiene para nosotros validez universal” y “Europa sigue siendo para nosotros, como actualidad, un motivo de envidia” (ReflexiOn 3): Resulta pues, que el estado critico del europeo, su quiebra de Ia fe en sl, que compartimos como occidentales, nos ha dejado en una posiciOn más grave que a éI, sin futuro, pero también sin presente ni pasado, en cuanto nunca nos 62 sentimos poseedores del presente. Hemos estado aguardando una herencia, y de pronto, esa herencia es declarada sin valor actual. (ReflexiOn 4) lsmael Viñas ubica el nacimiento de Ia obra de MartInez Estrada precisamente en el momento en que piensa haber perdido a Ia Europa hegemónica, o haber sido expulsado del Paralso utOpico que ella significa, tan deseable, tan añorable todavIa: Por un curioso desdoblamiento, resulta que mientras asentimos al criticismo europeo, seguiriamos arriesgando todos los futuros, corriendo todas las frustraciones, por tener una realidad actual de pals europeo. . .Sintiendo que hemos sido expulsados del Paralso, que no podremos Ilegar jamás a él, decide pintar el Infierno. Está todavIa demasiado inmerso en el clima del optimismo como para no sahr de él con odio y desesperanza. Pese a todo, Utopia es un pals deseable, y pareciO estar al alcance de Ia mano. (ReflexiOn 3) El temor a Ia pérdida de identidad, o Ia amenaza al no-ser que significa el presente se vive como un proceso de despersonalización que genera, sobre todo, sentimientos de impotencia: En cambio, cuando nos planteamos Ia propia patria, somos incapaces de este esfuerzo, e incapaces igualmente de juzgarnos naturalmente como el centro del mundo. Incapaces de mirar abstracto, idealmente universal, e igualmente incapaces de un sentimiento naturalmente cómodo en una cultura local. Nos sentimos excéntricos, provincianos, con respecto a Ia cultura europea. Juzgamos nuestras imperfecciones o nuestras posibilidades desde Europa y hacia ella. Esta posición se torna dramática cuando, como ahora, Europa ha declarado su propia crisis, y asentimos a esa declaración. (Reflexión 4) 63 Para lsmael Viñas, Ia mayor virtud de MartInez Estrada reside, no tanto en Ia coherencia en el desenvolvimiento de sus obras e ideas, susceptible muchas veces de inconsistencias y contradicciones,22sino en haber asentado como misiOn del escritor Ia práctica constante y rigurosa de Ia denuncia: La justicia social, el valor de arrostrar y denunciar Ia realidad, sin pretender ocultar sus fealdades y reconociendo a culpa comün sin intentar el hallazgo de chivos emisarios, una continua desconfianza hacia los bienes terrenales, Ia constante reivindicaciOn del hombre y de los valores humanos, parecen ser los paliativos que propone y su alta valentia personal. (RefIexiOn 4) Ante el mesianismo catastrOfico “al revés” que predica Martinez Estrada, el texto teme los peligros de un infierno eterno, de una fácil denuncia permanente e inoperante, o el deseo de ceder simplemente al juego del instinto, adoptando un punto de vista que privilegia el juicio neutral como posibilidad operante (RefIexión 4). Siguiendo con el planteamiento de Ia denuncia como actividad recuperadora de Ia figura de MartInez Estrada, y con el sentido mesiánico catastrOfico que le adjudica lsmael Viñas, “La historia excluida: ubicaciOn de Martinez Estrada” de David Viñas, por su parte, resignifica Ia denuncia como un intento de superaciOn de Ia dualidad argentina. Para David Viñas, Ia dualidad nacional remite a una serie continua de oposiciones excluyentes, civilización-barbarie, Ia Argentina visible- Ia Argentina invisible, Ia Argentina angelica y Ia Argentina demonlaca, el Bien y el Mal, que define Ia unidad 22 El texto reconoce las zonas problemáticas en el sistema de pensamiento de MartInez Estrada: “muchos de los hechos que enumera son discutibles, ya en su veracidad intrinseca, ya en Ia interpretaciOn que les da, y aceptables sOlo por Ia carga pasional que los acompaña, pero de cualquier modo, no suelen tener mucha importancia permaneciendo igualmente sostenibles las afirmaciones generales en que están subsumidos.” lsmael Viñas, “Reflexiôn sobre Martinez Estrada,” Contorno 4 (1954): 4. 64 cultural de las generaciones literarias cle los años 1880, 1900, y 1924.23 La actitud crItica integradora de MartInez Estrada que el texto propone radica en una reformulaciOn dialéctica hegeliana sobre Ia dualidad argentina, confiriendo a su invariante estructura excluyente una temporalidad histOrica dinámica. Esta iniciativa se halla a cargo de Ia libertad y voluntad de salvaciOn del intelectual heterodoxo frente a Ia realidad argentina: La actitud de MartInez Estrada frente a nuestra historia y a nuestra realidad le permitirá concebirlas como un despliegue, como una identidad cambiante. . . Ia actitud de Martinez Estrada es de comprensión y de orientaciOn. Interpreta a Ia vez que postula en virtud de una voluntad de salvaciOn de nuestra realidad misma en lo que tenga de real.. .Tal Ia posiciOn sustentada por este heterodoxo argentino. Tal Ia invariante vertebral de Martinez Estrada que le permite transitar por las calles de Ia ciudad de Dios conjugando los estáticos y excluyentes contrarios, aparentemente irreducibles y excluyentes, a fin de lograr Ia trascendental sIntesis argentina. (La historia 15) En su esfuerzo por Ia integraciOn polémica, el texto coloca a MartInez Estrada dentro de una lInea de escritores que han asumido en el pals Ia dramática ocupacion de ejercer Ia denuncia como forma de negaciOn al decoro, pasatiempo, prestigio, y neutralidad intelectuales, actividad fundamental a Ia que debe su vigencia en el presente, y tradiciOn cuya linea genealOgica se halla trazada por EcheverrIa, Sarmiento, Hernández, Cambaceres, Payró, Sanchez, Gálvez, Quiroga, Ant, e incluso Mallea (La 23 La generaciôn del 1880 representa Ia epoca roquista-positivista con su dualidad argentina entendida en términos sarmientinos de civilización-barbarie, mientras que los hombres del 1900 (Lugones, Rojas, Gálvez) pertenecen a Ia epoca en Ia que surge el arielismo y Ia preponderancia imperialista en base al culto al progreso y eI positivismo. La ültima generaciOn anterior a Ia de los jOvenes contornistas es Ia que corresponde a los escritores martinfierristas, los cuales se gulan por Ia dicotomla Argentina visible, Argentina invisible. David Viñas, “La historia excluida: Ubicación de Martinez Estrada,” Contorno 4 (1954): 11-13. 65 historia 16). El mayor logro de sus obras respectivas reside en haber superado Ia identidad paralizante de Ia dualidad argentina, conjugando lo demonIaco y lo angélico en el ejercicio de a integraciOn polémica. Y siguiendo esta tradiciOn de Ia escritura denuncialista, Ia nueva generaciôn nacida airededor de Ia revoluciOn uriburista de 1930, a Ia que se suscribe Ia generaciOn contornista, intenta “asir furiosamente” Ia realidad, anegarse en ella, sin elegir una parte sino abarcando Ia totalidad como una nueva solución frente a Ia naciôn dividida, actitud que se asume fundamentalmente con una elevada cuota de culpa y de sentimiento de responsabilidad: Y hoy-en el tiempo que le toca vivir a Ia nueva generaciOn-ya no se puede decir que los otrostengan Ia culpa. Hoy Ia culpa es de todos. Y es necesarlo escribiry vivir como culpables.. . Hay una urgencia de funcionalismo en nuestra apariencia. Se presiente que sobreviven demasiados restos de retórica. . .Y Ia nueva generación lo presiente en cada uno de sus problemas. En cada una de sus denuncias. En cada uno de sus suicidios. (La historia 16) De este modo, Contorno reclama ser una generaciOn “sustantiva” en oposición a Ia nueva generaciOn “acfjetiva” de las revistas Buenos Aires Literaria, PoesIa Buenos Aires, Ventana de Buenos Aires, Ciudad, en una significaciOn de 10 sustantivo como sub-stare, “lo que corre por debajo y es permanente” (La historial 6). Debemos hacer notar, sin embargo, que el discurso programatico de Contorno incurre en una contradicciOn abierta en lo concerniente a esta recuperaciOn integrativa de 10 excluyente en MartInez Estrada, que además de actuar como una nueva forma invariante de Ia dualidad mediante el cambio que se vuelve permanente sin resoluciOn sintética (un esquema hegeliano clásico sin sIntesis superadora), encuentra una formulaciOn contradictoria en “Los ojos de MartInez Estrada” por Raquel Weinbaum, 66 seudónimo del mismo David Viñas, al examinar de cerca Ia actitud del escritor denuncialista desde su novela La inundación. En su lectura de La Inundación, David Vinas/Raquel Weinbaum hace una lectura dualista de los ojos de MartInez Estrada: en una da cuenta de los ojos del autor que “opinan” o ‘uzgan”. Se trata de los ojos inhumanos o cosificantes de MatInez Estrada cuando David Viñas lo ye captar las imágenes de Ia gente del pueblo desde el plafón de una iglesia de general Estéves (un pueblo segün David Viñas “tirado en ía pre-Patagonia” sin nombre (,Ombucta, FortIn Viejo, Las Jarillas?) (Los ojos 1)). Antes estos ojos “desapasionados” de MartInez Estrada, el escritor contornista observa que los hombres del pueblo se vuelven una masa impersonal o contingente amorfo de “los fugitivos”, “ía caravana”, “Ia turba”, “hombres y mujeres”, ‘aurIa humana” sin nombres propios, sin destino particular (Los ojos 1): Para Martinez Estrada es solo una “jauria humana”, cualitativamente igual a Ia jauria de perros que asaltan Ia iglesia arrollando con todo. Solo es lo numérico lo que parece contar para el escritor encaramado en el cielorraso: los diãlogos continüan en bastardilla como Si se tratara de Ia transcripciOn de un texto extraño o arcaico. (Los ojos 1) David Viñas discurre en et modo artificial y gratuito en que MartInez Estrada habla de Ia “desesperaciOn”, “promiscuidad”, u “horror” del mundo de los personajes, aquella vida que “sigue bullendo allI abajo entre Ia perrada hedionda, sobre los bancos mugrientos” al decir de Martinez Estrada, “un mundo de personas constantemente en movimiento, como hormigas” Se trata de una desrealizaciOn de Ia vida, de perfilar un mundo sin rasgos ni contornos fijos: “Martinez Estrada las [figuras] nombra, las distribuye, las ubica en algUn rincOn, pero las condena a una rigidez fantasmal en cada una de esas 67 sombrIas hornasinas, sometiéndolas a una inercia desvanecida, transparente, inexistente.” (Los ojos 1). En otra lectura de los ojos de MartInez Estrada, en cambio, David Viñas destaca los ojos del “escritor puro” que no opinan ni juzgan sino que se limitan a “ver” y a “narrar” su objeto, en este caso, Ia escena de Ia iglesia. Sobre estos ojos de MartInez Estrada aislados del mundo de “abajo”, nos dice David Viñas: MartInes Estrada se encarga de informar con un recurso de pura escenografIa esclesiástica: sus ojos se deslizan suavemente por las columnas, a 10 largo de los tImpanos, reptan por las naves, a través de los vitrales y descubren hábiles “tomas”, diestros pero inocuos “racontos”. Los ojos de Martinez Estrada descienden con el mismo sabor dulzón y celestrial de Ia müsica del Padre Demetrio. El mundo es lo que está ahI. AhI abajo. Muy por debajo del escritor puro que describe. (Los ojos 1) En esta lectura, Ia prosa de David Viñas adquiere un tono valorativo de los ojos de MartInez Estrada por notarlos “deslizar suavemente” por sus “hábiles tomas” y descender de manera “dulce y celestial” como Ia mUsica del Padre Demetrio. Estas dos lecturas que hace David Viñas de los ojos de MartInez Estrada nos hacen pensar que Ia actitud crItica del escritor contornista hacia MartInez Estrada no deja de lado una consideración valorativa de sus ojos en medio de sus recriminaciones más negativas: Sus ojos zahorles y casi divinos le permiten alejarse del aliento y del hedor de los hombres. Es él mismo quien los ha sometido al aislamiento, a Ia promiscuidad, a Ia incomunicación, al poderlo demonlaco de Ia mayorIa, a Ia condena de los no culpables. (Los ojos 1) (La cursiva es nuestra) 68 El programa de Contorno, de este modo, vacua entre etogio y reproche, consagraciOn y condena frente a una figura que repercute como el paradigma intelectual de Ia práctica denuncialista a partur del segundo tercio del siglo XX. Dentro de esta edición de homenaje a Martinez Estrada, también se incluye “Lo superficial y to profundo en MartInez Estrada” de Rodolfo Kusch, texto que se interesa primordialmente en reivindicar Ia figura del escritor a partir de Muerte y transfiguración del MartIn Fierro (1948) como figura reveladora de Ia verdad profunda argentina como pals de estructura prehistórica y americana at posibilitar en Ia obra Ia regresiOn al sector social de formas histOricas primarias. Se trata de un retorno que revela el sentido fatal del devenir histOrico en el sufrimiento de las masas por su lucha por el derecho a Ia vida postergada por Ia burguesla intelectual elitista, y en su antiguo compromiso americano con sus tierras en un tiempo anterior a Ia cultura europea, a Ia polItica, y a toda estructuraciOn intelectual de Ia realidad argentina. El Martinez Estrada de MartIn Fierro es el que revela Ia verdad universal de Ia Argentina al suprimirle a su historia su sentido europeo, burgues, y señorial, y ofrecer una historia pensada en función de las masas, mientras que el MartInez Estrada de Radiografla de Ia pampa (1933) se percibe como heredero de Ia elite intelectual que por mera voluntad de poder crea Ia Argentina soberbia, europea, y señorial, esencialmente afirmativa. Es el que se entrega a un juego literario elaborando más el deber ser del pals que el ser del pals, de acuerdo a las formas mecanizadas de concebir Ia cultura argentina: Era natural. Habla que triunfar, habla que ser lo mejor y seguir representando el papel de Jo universal. Y toda su obra, desde el primer libro Oro y Piedra hasta el 69 ültimo artIculo publicado en La Nación este año, adolece, en mayor o menor grado, de esa herencia nefasta de una desventurada experiencia de nuestra cultura, que se extiende del 53 a Lugones. Esta herencia es lo superficial de su obra. Y son superficiales su crItica moral, su juego literario, su angustia intelectual y Ia mecanizada casuIstica poiltica que a veces se infiltra en sus obras. Y son superficiales todos estos elementos porque habIan servido precisamente para mantener latente Ia ficciOn de Ia Argentina que va de Roca a Lugones. (Lo superficial 6) En el MartInez Estrada superficial que configura el texto se desprende Ia soberbia de querer ser un gran literato a Ia europea, pero que falla en Ia explicaciOn exhaustiva de (a vida, y se priva de (a realidad, oposiciOn, y lucha. Como consecuencia, el texto le niega toda posibilidad de pals, moralidad, inteligencia, estado, o sociedad a sus creaciones. La verdad del bien y el mal de Ia Argentina se hallarla, en ültima instancia, en Ia americanizaciôn histOrica de Ia Argentina, en el regreso al pasado telürico anterior a España, verdad profunda que MartInez Estrada solo revela en el afán no explIcito, no consciente, o no escrito de tergiversar el orden de las cosas, o dicho de otro modo, en una regresiOn de Ia forma de pensar entre ambas obras. Segün opina Sarlo, Contorno continua y supera a Ia vez (a vision tragica de Ia sociedad nacional, el conflicto argentino, y los temas del irracionalismo que mantienen Murena y MartInez Estrada. La tragedia nacional expresada como pecado, culpa, calda, y humillación, y el dualismo excluyente como forma de frustración nacional son ideas que aparecen en Ia etapa peronista de Ia revista. Lo que varla, sigue Ia autora, no son las formas oposicionales entre el Mal y el Bien sociales, sino su contenido que se vuelve politico. El dualismo excluyente ya no se percibe como obra de un destino garantizado desde y por el origen, sino como una expresiOn polItica o cultural de las 70 relaciones reguladas por Ia historia, Ia sociedad, y Ia economla. (Los dos ojos 802) Y este sentido politico es el que supera el murenismo invirtiendo el lugar de Ia verdad: Ia verdad no se halla allá en el origen, sino aquI en la historia, pasando asI de Ia teleologIa a Ia causalidad. (Los dos ojos 802) Croce, en cambio, acentOa Ia recuperaciOn que Ia revista hace de MartInez Estrada como origen de Ia denuncia, por constituir ésta el fundamento de Contorno en su calidad de “verbalizaciOn más ajustada al compromiso” (75). A nuestro modo de ver, MartInez Estrada contribuye a Ia estructura programática de Contorno como base, origen, o punto de referenda privilegiado del proyecto denuncialista argentino. Se trata de una figura controversial y polémica, reivindicada como fundamento de Ia acciOn polItica intelectual, del compromiso verbal basado en Ia denuncia, combate, enfrentamiento, y juicios politicos, y no tanto como sistema de pensamiento con el que identificarse. La denuncia es el eje central desde el cual Ia revista intenta una reorganizaciOn de Ia politica nacional como superadora de Ia cultura dicotOmica, excluyente, y estrábica que mantierie Ia burguesIa liberal del pals, y fundadora de una literatura nacional consagradora de lo marginal, lo materia y lo real. El nosotros contornista que emana de este planteo denuncialista, sin embargo, es una subjetividad todavIa fuertemente arraigada en el modelo europeo, orientada hacia los esquemas y valores burgueses que predominan en Ia historia y cultura del pals, desprovista de claves sintéticas, y temerosa de caer en una práctica exacerbada, permanente, y estéril de Ia denuncia. 71 El revisionismo literarlo: CrItica y bUsqueda de linaje intelectual en (a tradición novelistica liberal Una vez fijada Ia base denuncialista, el proyecto de compromiso politico de Ia revista sigue su programa literarlo con el doble nümero 5/6 que aparece en septiembre de 1955, fecha que coincide con Ia caIda del gobierno de PerOn y que constituye Ia tercera y ültima de las ediciones de homenaje dedicada, ahora, a Ia novela argentina. El nümero se halla dirigido por los hermanos Viñas, Noé Jitrik, Adelaida Gigli, RamOn Alcalde, y LeOn Rozitchner, y comprende el nümero más extenso de Ia revista contando con veinticuatro artIculos que se reünen para definir el proyecto de politizaciOn histOrica de Ia literatura argentina, un intento de articulaciOn de revoluciOn y cultura hasta entonces inédito en Ia Argentina (Croce 82). El privilegio de Ia novela para un programa literario revolucionario responde al requerimiento lukacsiano y sartreano de reflejar y comunicar Ia totalidad compleja de Ia sociedad, conciliando lo general con lo particular, lo conceptual con lo sensual, lo social con lo individual que se hallan fragmentados por las alienaciones del capitalismo. El nümero, por otra parte, presenta por primera vez un editorial en su articulo inaugural “Terrorismo y complicidad”, manifiesto que representa Ia toma de posiciOn colectiva de Ia revista frente a Ia problemática polltica de Ia literatu ra. En esta parte seleccionamos “Terrorismo y complicidad” por Contorno, “Los dos ojos del romanticismo” de David Vinas, “Benito Lynch: Ia realizaciOn del Facundo” de David Viñas, “ComunicaciOn y servidumbre: Mallea” de LeOn Rozitchner, “Los comunistas (Manauta, MarIetta, Yunque, Varela)” de Noé Jitrik, y “Eugenio 72 Cambaceres: primer novelista argentino” de Solero. El revisionismo literarlo constituye para Contorno una práctica crItica antiliberal y al mismo tiempo una büsqueda de linaje intelectual dentro de Ia tradiciOn de escritores liberales. El criterio de denuncia y pertenencia sigue siendo para Ia revista Ia dualidad argentina excluyente. Los principios poiltico/literarios que se declaran en el manifiesto “Terrorismo y complicidad” definen a Contorno fundamentalmente por una negatividad critica caracterizada por el disentimiento y ataque contra Ia “vieja actitud liberal”, o contra un revisionismo histOrico reinante que retrocede del presente al pasado, “del compromiso al monOlogo”, y que insiste en una representaciOn “falsa” de Ia realidad del pals: La opiniones sobre el pasado se usan para avalar o atacar el presente; las opiniones sobre el presente son parte de Ia guerra particular que cada uno obra en su beneficio. Este juego generalizado, -desde el compromiso al monOlogo sin intercomunicaciOn posible-, encierra al pals en una pieza tapiada, donde se sostienen las mentiras admitidas, medran las mediocridades y los valores falsos ocultan Ia realidad. Algo de todo esto fue lo que anuló las posibilidades que pudo representar el revisionismo histórico. Nada hemos progresado desde SaldIas. Al contrario. Ernesto Palacios no da un paso adelante sobre el revisionismo de 1930, y José P. Barreiro o Rodriguez Bustamante -dos edades alejadas entre si no superan Ia vieja actitud liberal al juzgar el revisionismo. (Terrorismo 1) La autosafisfacciOn, indiferencia, sentimientos de inferioridad, e inseguridad figuran entre las mayores faltas imputables a los escritores consagrados del pasado, por impedirles recapacitar sobre Ia realidad, llamar las cosas por su nombre, ejercer Ia autocrItica, crear una cultura, y buscar soluciones urgentes. La propuesta de Contorno apunta deshacer los “cerrazones de espiritu” y Ia “incapacidad para recapacitar sobre Ia realidad” de los escritores liberales, para quienes el fracaso de Ia novela argentina sOlo 73 obedece a causas exteriores (Silvina Bulirich) o a estulticia o esnobismo de los lectores (Barbieri y Sábato) (Terrorismo 1). El imperativo programático de Contorno enuncia Ia necesidad de enfrentar Ia realidad y superar los estancos en que se halla el pals, y el modo de hacerlo es revisar y confrontar el pasado, y replantear los problemas mediante el diálogo y polémica, al mismo tiempo que enjuiciar los valores aceptados para establecer jerarqulas: La necesidad de enfrentar Ia realidad, parece, sin embargo, volver a sentirse. Voces tan alejadas de nosotros como Murena o Vanasco, con mayor o menor énfasis, senalan esa necesidad. No basta, por supuesto, Ia consigna. Es imperioso revisar y confrontar hechos y valores, obras y figuras, replantear nuestros problemas, convencerse de que debe lograrse un clima cle diálogo y de polémica. Diálogo que permita Ia comunicación y Ia superaciOn de los estancos en que continuamos encerrando nuestra realidad, como si no fuera una y no nos perteneciera y poseyera, Unica y total, a todos. Polémica, porque no se trata de un juego, ni de un teorema. (Terrorismo 1) El manifiesto identifica en los contornistas sentimientos negativos de disconformidad, resentimiento, confusiOn, desconcierto, desorientaciOn, y angustia, y encara Ia bisqueda de Ia autenticidad, el esclarecimiento de Ia realidad, y el rechazo al filiteIsmo mediante el acercamiento a Ia novela como testimonio de Ia toma de posiciOn de los escritores del pasado ante Ia realidad, de “cOmo cierta clase de hombres se las presentan y las expresan”, a entender los contornos de épocas, y en un intento de asumir el presente y de superar los problemas. La primera obligaciOn para el grupo consiste en “decir lo que pensamos con franqueza” (Terrorismo 2). Un modo de considerar este manifiesto serla su funcionamiento como base teOrica y metodolOgica de una crItica literaria que pretende un alcance polItico desde el 74 marxismo sarireano. En este revisionismo literario, Ia acción polItica se instala en Ia historia, o más concretamente, en Ia historizaciOn marxista de Ia ideologla de los escritores burgueses, que desde un realismo convencional, asume hallarse transparentadas en sus obras literarias. El texto literario, de este modo, se concibe como un medlo para una crItica marxista social y fundamentalmente ética de Ia ideologIa del autor, sin que los elementos propiamente formales, textuales, o retOricos sean tenidos en cuenta como mediadores discursivos de tal ideologla. Croce afirma que Ia mayor innovaciOn de Contorno reside en esta formulaciOn de una historia polItica de Ia literatura que sitüa como elecciones fundamentales de los autores sus inclinaciones poilticas, y que su interés en recuperar al intelectual comprometido con Ia situaciOn nacional entraña una revisiOn ética en un complejo examen de conciencia (21). Nuestra preocupacion es poder discernir hasta qué punto esta historización marxista de Ia ideologla de los autores burgueses significa para Contorno una renovaciOn polItica efectiva, ya que para nosotros esta lectura marxista que se renueva en Contorno no puede reducirse en forma unIvoca, directa, y total al complejo ideolOgico de los escritores, como también cabe Ia idea de que en dicha lectura pueden implicarse, entre otros, elementos discursivos formales, narrativos y retOricos, que a nivel performativo puden Ilegar a contrariar el pretendido contenido crItico que se elabora contra los intelectuales liberales. 75 “Los dos ojos del romanticismo” de David Viñas 24 inicia Ia revisiOn polItica de (a literatura desde una historizaciOn estrãbica de (a doble mirada de los escritores burgueses. Para David Viñas, el estrabismo argentino25es una tradiciOn cultural que cimienta EcheverrIa en et Dogma socialista y continua Mármol en Amalla, por lo que Viñas ajusta el esquema dualista echeverriano que pone “Un OO clavado en el progreso de las naciones, y el otro en las entrañas de nuestra sociedad” a Ia lectura de Amalia de Mármol. Este dualismo ocular es una profecla que se convierte en “invariante”, y que supone un “sentimiento de inferioridad, de falta, y un esfuerzo correlativo por obtener una sIntesis trascendente” (Los dos 1). La doble mirada que se le reprocha a Mármol es (a que descubre dos mundos y actitudes contradictorias del autor a través de su “ojo porteno” y “ojo europeo”, los cuales revelan el mundo “inmediato y real de aqul” y el “mundo ideal y falso de alil” respectivamente a través de las descripciones de las figuras y objetos que se ofrecen a Ia antinomia Rosas-Amalia: En Ia descripciOn [de Rosas], se advierte en seguida el esfuerzo constante por atenerse a lo dado, por afirmarse sOlidamente en los datos inmediatos (volumen, edad, mejillas, labios, frente, ojos, ropa), lo que no está marcado por ninguna categorla. . . Mármol nos instala. - . ante el primado de lo inmediatamente vivido, ante lo que a él le preocupa, sin posibilidades de escamoteo o escapatoria. . . Es asI cómo Mármol con un tono familiar y escueto nos inserta en su propia situaciOn -Rosas está ahi-, nos equipara a su problema y nos compromete en 24 Croce considera este artIculo el paradigma de Ia discursividad preponderante en Contorno, y modelo hegemônico que serla integrado en el ensayo Literatura argentina y realidad polItica de David Viñas. Al mismo tiempo, el sintagma de los “dos ojos” constituye un sistema de referenda que circula en el campo intelectuai argentino desde Mármol a Beatriz Sarlo, pasando por David Viñas en su referencia sobre MartInez Estrada. Marcela Croce, 83. 25 El estrabismo es un concepto que desarrolla Beatriz Sarlo en su articulo Los dos ojos de Coritorno para referirse a Ia figura de los “dos ojos” (uno hacia Europa y otro hacia America) que organiza Ia perspectiva de Mármol y de Viñas. Beatriz Sarlo, “Los dos ojos de Contorno,” Revista Iberoamericana. 49 (1983): 797-807. 76 tanto nosotros somos quienes debemos optar frente a esa suma aparentemente inerte de datos, inciuso frente a ese susurrado juicio disyuntivo. (Los dos 2) En cambio hay algo furtivo, de superficial toqueteo en Ia descripciOn del dormitorio de Amalia.. . La descripciOn prosigue, pero a los efectos de señalar Ia exterioridad que prevalece en Ia mirada del romántico Mármol, es suficiente: Jo adjetivo predomina cuantitativamente en Ia habitaciOn de Amalia respecto de Ia casa de Rosas somera y definitivamente “angosta”, “estrecha y ennegrecida”, y “cuadrada”. La inmediatez de lo sustantivo requiere el constante apuntalamiento de los adjetivos que son multitud: “aterciopelado”, “blanco”, “matizado”, “azulado”, “verde y blanco”, “labrado”, color ‘acinto”, “albos”, “pequeno”, “piateado”, “leve”, “vaporoso”. (Los dos 3) Para David Vinas/Raquel Weinbaum, esta dicotomla en Mármol acarrea una implicancia valorativa irresoluble entre lo positivo y lo negativo en el piano arlIstico, al confrontar Jo deseable que “mira hacia America”, o hacia “las entrañas de nuestra sociedad” desde el “aqul, realidad, situación, compromiso, concentración, finitud, propio problema, verdad estética” con Jo indeseable que apunta hacia “aIlá, idealidad, imprecisiOn, dispersiOn, infinitud, vaguedad, convención estética” (Los dos 4). Operando como una constante invariante o t,o, esta polaridad aparece también en otros escritores románticos como Sarmiento, Mitre, Vicente Fidel LOpez, Juan Maria Gutiérrez, Alberdi, y Echeverria (Los dos 4). La sIntesis trascendente del estrabismo liberal que propone David Viñas parte de una valoraciOn positivá de Ia estética de Mármol y de los románticos por su mirada hacia America, hacia “las entrañas de nuestra sociedad”. Pero para esta mIrada en lo americano, opina el co-fundador de Contorno, es necesario empleartambién elementos que son originariamente europeos. La sIntesis superadora del dualismo argentino se 77 posibilita para David Viñas a partir de lo que lo geográfico pueda acarrear consigo en términos de problemas, compromisos y elecciones auténticamente propios de America: Para concluir, que de todo lo dicho se sigue que lo positivo estéticamente en Ia obra de Mármol y los románticos es -en general- lo que mira hacia America, hacia “las entrahas de nuestra sociedad” para lo cual se ha empleado, por supuesto, elementos que originariamente también son europeos —qué duda cabe- pero que si fueron eso, tienden a no serb. No el mojigato temor a Ia contaminación, sino Ia voluntad de asimilación. . . bo positivo que eso pueda tener, no es en virtud de 10 geográfico en sí. . .sino exclusivamente por lo que lo geográfico acarrea consigo: propia situación, propios problemas, compromisos, elección. Por lo que Ia decision de asumir Ia geografla presupone como autenticidad. (Los dos ojos 4-5) La propuesta sintética de David Viñas no parece superar del todo Ia dicotomIa Europa America por su inclinaciOn por uno de los ojos de Ia Argentina estrábica relegando el elemento europeo a un pasado aparentemente estático y a las fuerzas de una voluntad de asimilaciOn. Por otra parte, es nuestra impresiOn que en David Viñas persiste una mirada estrábica sobre Mármol en el momento en que observa a Rosas a través del lenguaje de lo inmediato, lo vivido, lo concreto, lo sustantivo, y lo interior de Mármol, mientras que a Amalia Ia ubica bajo Ia otra mirada de Mármol más europea, distante, multiple, y sofisticada, cualidad evidenciada por un lenguaje de Marmot más dado a Ia adjetivaciOn o a lo objetivo en tanto mirada exterior. En esta vaborizaciOn en Ia que los elementos raciales y sociales se totalizan en una dicotomla opuesta e irreconciliable es donde Viñas estarIa reinscribiendo el binarismo argentino instaurado por el Ilberalismo sobre el eje civilizaciOn/barbarie. 78 Coma respuesta crItica a este artIculo de David Viñas, Sarlo escribe “Los dos ojos de Contorno” (1983) para señalar el estrabismo en que cae Contorno al aspirar a Ia totalidad mediante Ia reivindicación del lenguaje coloquial, con lo cual termina desplazando hacia fuera de su campo de vision a escritores como Borges que significan el “espIritu de gravedad del intelectual” (Los dos ojos 807). Esta crItica de Sarlo, para nosotros, solo termina reproduciendo el estrabismo contornista al invertir simplemente los términos del binarismo argentino (desplazamiento de Ia literatura espiritual) sin liegar a tomar una distancia crItica respecto del carácter ilusorio e imposible de toda pretensiOn crItica binarista y totalizadora. En “Benito Lynch: Ia realizaciOn del Facundo” par el mismo autor se establece una relación causalista entre historia y literatura, Ia historia coma causa, y Ia literatura coma su efecto o testimonio de un momento histOrico determinado, premisa básica que le sirve a David Viñas para ubicar en Ia historia argentina el surgimiento de autores que se limitan a una literatura “testimonial”, de descripciones simples o enumeraciones inertes, sin (legar a configurar violentas denuncias. Para David Viñas, estas obras que se limitan a Ia “pasiva” funciOn de testimonios “más a menos verIdicos” de Ia historia argentina se verifican en El matadero de Estevan EcheverrIa, y Amalia de José Mármol para Ia “trágica epoca rosista”; Una expedición a los indios ranqueles de Mansilla para el “confuso perlodo sarmientesco”; La gran aldea de Lucio V. LOpez, Juvenhlia de Cane, y Ia obra de Cambaceres para Ia epoca posterior a Ia capitalización de Buenos Aires; La bolsa de Martel para el “momento perplejo” del 90; y las obras de Gálvez y de Ant para el perlodo yrigoyenista. Croce entiende que para Viñas Ia historia funciona como causa y Ia literatura como su efecto, por lo que Ia historia funciona como persistencia a 79 “causa persistente” en contraste con aquella historia que se concibe como ausencia o “causa ausente” de Althusser (93). Para nosotros, Ia concepciOn histOrico/contextualista de Ia literatura que procura Viñas, más que reflejar una realidad histOrica verIdica, objetiva y exterior al lenguaje (tal como lo pretenderla Ia crItica literaria marxista tradicional), se aproxima más a una modalidad particular de construcciOn literaria que se ajusta a Ia intenciOn, voluntad, poder, y vocerIa del escritor comprometido con su circunstancia 0 “situaciOn”. En base al esquema histOrico, David Viñas ye aparecer en Ia “trágica” epoca rosista El Matadero de Estevan EcheverrIa y Amaha de José Mármol, y en el “confuso” perlodo sarmientesco, Una expediciôn a los indios ranqueles de Mansilla; mientras que en Ia época posterior a Ia capitalizaciOn de Buenos Aires surge La gran aldea de Lucio V. LOpez, Juveniia de Miguel Cane, y las obras de Eugenio Cam baceres; y La bolsa de Julián Martel lo hace en el momento “perplejo” del 90. En Ia ültima década del siglo, además, se produce El libro extraño de Francisco Sicardi y Teodoro Foronda de Francisco Grandmontagne, mientras que Roberto PayrO marca el final del gobierno de Julio Argentino Roca, y las obras de Manuel Gálvez y de Roberto ArIt, el perIodo yrigoyenista (Viñas 16). Esta lectura histOrico-polItica de Ia literatura centrada en los escritores liberales es un esquema de análisis que David Viñas recuperará en sus ensayos Literatura argentina y realidad polItica (1964) y De Sarmiento a Cortázar (1971). Para David Viñas, las novelas de Benito Lynch (18851952)26 constituyen el testimonio del campo argentino del perIodo posroquista en los primeros años del siglo 26 Entre las obras de Benito Lynch, el artIculo analiza Los caranchos de Florida (1916), La raquela (1918), Las ma! calladas (1923), El inglés de los gUesos (1924), El antojo de Ia patrona (1925), y El romance de un gaucho (1930). 80 XX, perlodo en el que surge Ia nueva forma sedentaria de Ia vida de los gauchos, e instaura en las relaciones humanas el sentido de responsabilidad, valoración del amor, prestigio materno, y jerarquIa social con sus estructuras de poder y sometimiento. Este cambio se produce como efecto de Ia transformaciOn agraria y de Ia inserción del elemento extranjero en Ia campana al concluirse Ia conquista al desierto y el proceso inmigratorio, y modela Ia vida pampeana segün el esquema de enfrentamiento, desigualdad, y antagonismo: La infinitud de Ia pampa argentina ha sido desbaratada para siempre, y del antiguo caos indiferenciado nace un mundo pequeno y oscuro que se ha ido adelantando desde ese espacio ahora cercado. De los Ilmites inmensos surgen los términos de Ia nueva realidad. Del infinito indeterminado y ünico van apareciendo los elementos multiples, dispares, contrarios, y el ámbito que ünicamente habia servido para el monOlogo, para Ia acción épica y sin respuesta, se va determinando, delimitando y diferenciando para permitir el libre juego plural, de hombres enfrentados. La pampa limitada pasa a ser asI el escenarlo de un juego dramãtico. (Benito 21) Esta pampa cercada que para Viñas se vuelve fundamentalmente un escenario social dramático de hombres en oposición, no serla más que Ia culminaciOn de un proyecto antiguo y potente iniciado en Facundo, Ia “de una intuiciOn, de un sentimiento de falta y de una urgencia angustiosa”, o Ia realización que del Facundo harla el roquismo a través de Ia inmigraciOn, Ia conquista al desierto, pero sin Ia transformaciOn agraria (Benito 21). Las novelas de campo de Lynch de principios del siglo X)(, nos informa Croce, se organizan sobre las coordenadas del desierto y a inmigraciOn, y comienzan con una defensa de Ia propiedad y de los terratenientes (93). David Viñas, señala 81 Croce, estarla recuperando en Lynch, via Sarmiento, a Ia clase dominante liberal posroquista propietaria y exterminadora del sector marginal de Ia sociedad argentina en preparaciOn para una nueva vida sedentaria de los gauchos, es decir, del nuevo contingente inmigratorio europeo. En “ComunicaciOn y servidumbre: Mallea” de LeOn Rozitchner se reitera el axioma de Ia dualidad argentina irreconciliable, Ia concepciOn histOrica de Ia literatura, y Ia intenciOn negadora del escritor en el acto de escribir: El hombre que escribe, en Ia medida en que su existencia se define en función del reconocimiento y de Ia satisfacciOn de sus deseos, asume Ia palabra desde esa negación fundamental que no puede ejercer concretamente sobre el mundo. (ComunicaciOn 28) Mallea se aleja de esta misiOn negadora de Ia “extramaterialidad” o “extraterritorialidad” del mundo al representar en su literatura un intento de mistificaciOn movido por el misterio que siente el hombre respecto de su origen y de su destino, y de su capacidad de comunicaciOn con los demás hombres. En tanto para Rozitchner Ia historia se compone de existencias libres y existencias sometidas, Mallea se le figura como el amo hegeliano en un “impasse existencial”, un escritor condenado a una conciencia sometida como un esclavo, sin asunción de Si como conciencia histOrica libre y transformadora, o sin articularse como autonomia o dependencia. La obra de Mallea, sigue Rozitchner, crea un universo vacIo de intenciOn detrás de su alta moralidad formal en el que reman las palabras dicotOmicas, el tono de Ia reprobaciOn, y los objetos que se definen por su lujo, por su gratuidad, por su hartazgo, por Ia falta de humanidad, y por Ia sola consumisiOn: “Un universo del que falta Ia carnosidad que 82 anime sus frIas palabras y del que sOlo queda Ia hueca verborrea cargada de pretensiones y de reprimenda” (ComunicaciOn 29). La dicotomla que establece Mallea es entre Ia Argentina invisible de una tradiciOn patricia y una herencia hispánica, y Ia Argentina visible de Ia corrupciOn social plebeya y adventicia, dicotomIa que el texto valida como expresiOn necesaria y fiel de su marginalidad y de su inactividad, o como proyecciOn literaria de sus añoranzas y nostalgias, y también como temor burgués ante el mundo plebeyo, y que carece de toda posiblidad de sintesis dialéctica por falta de precisiOn critica ante Ia Argentina visible, y por Ia imprecisiOn de sus anhelos ante Ia Argentina invisible: Existe una Argentina visible, en Ia cual se agotará toda su precisiOn crItica, y otra invisible, en Ia cual desbordarán todos sus anhelos incontenidos e imprecisos. Por un lado, Ia corrupciOn social plebeya y adventicia; por el otro, una tradición patricia y una herencia hispánica...Se va comprendiendo asI que Ia virtuosa indignaciOn de Mallea no corresponde a una subversiOn de los valores de Ia Argentina visible: clama solamente por su vigencia virtuosa, para que tanta iniquidad, tanta bajeza, no Ia tornen posible. En su IamentaciOn por Ia Argentina invisible hay una añoranza precisa del pasado. (ComunicaciOn 31) La imposibilidad de asumir una sIntesis dialéctica ante Ia dualidad argentina se debe en Mallea a una entrega estética abstracta por Ia que los personajes se hallan deformados por Ia abstracciOn, y poseen el “rostro de lo no vivido” como si fueran “traldos a Ia trastienda como muñecos de utilerla”, tornando su literatura en simple ejercicio para adquirir Ia jerarquia burguesa de escritor (Comunicación 33): “Mallea viviO Intimamente Ia contradicciOn de Ia apariencia y de Ia realidad, pero no tuvo el valor de afrontar hasta sus ültimas consecuencias este aspecto dramático de Ia persona” (ComunicaciOn 33). 83 La necesidad del mal y del dolor que el texto le atribuye a esta falta en el autor remite, en ültima instancia, a una opresiOn subjetiva, estado que el texto reconoce y comparte en forma expresa desde un nosotros colectivo: Acaso no sabemos que nuestra tranquilidad actual es el precio de nuestra marginalidad, de nuestra inoperancia e ineficacia, del miedo que no hace narraciones y cosas faltas de interés, que no se refieren claramente a nuestros problemas ni siquiera en el orden subjetivo en el cual el escritor se complace en permanecer, porque lo interesante conduce al peligro? ,Acaso no vivimos soslayando el peligro por medio de una ineficacia buscada, por Ia huida en lo general, y en Ia creacián de mitos que esbozan para Ia mala fe una salvación futura? (Comunicación 35) Se reconoce en el texto una actualidad que no supera las obras de Mallea, sino que simplemente las ignora en lo que tralan como promesa y responsabilidad. Esta identificaciOn que establece Contorno con Mallea nos sirve de base para ponderar Ia opiniOn de Mangone y Warley de que Mallea constituye el lugar de una poética anti-Sur para Ia revista por significar el “asesinato” de uno de los padres de Ia generaciOn del 25 en sus manos (V). A esta visiOn se suma Croce quien remarca Ia acusaciOn de reaccionarismo que Rozitchner dirige contra Mallea como escritor elitista que desea que “todo siga igual”, y que con su exceso estético humilla poilticamente al lector excluido (98-99). Más que apuntar a un parricidio total de Mallea, dirlamos nosotros que Rozitchner se hace cargo de las mismas limitaciones que se le reprocha: Ia tranquilidad intelectual y su concomitante inoperancia o ineficacia social. Uno de los grupos de escritores argentinos polIticamente definidos dentro de Ia izquierda que Contorno particularmente identifica y denuncia es aquel que corresponde 84 a los escritores del Parlido Comunista, Ilamados indistintamente los escritores comunistas, “proletarios”, o “sociales”. La identificaciOn de este grupo en “Los comunistas (Manauta, MarIetta, Yunque, Varela)” de Noé Jitrik sigue el propOsito de reprocharles a sus representantes Ia calidad burguesa conformista de su literatura al no cumplir con las exigencias estilIsticas de un realismo soclalista en sus obras y temas, estilo revolucionario ideal que el texto define en términos de una planificaciOn premeditada del contenido novelIstico exento de todo elemento personal, intuitivo, impulsivo, o ideologico: Su método consiste fundamentalmente en una clarificación, previa a Ia redaccián, de los elementos que intervienen en Ia obra. El autor se “plantea” lo que quiere exponer y hace el recuento de lo que posee. Desecha algunos ingredientes y agrega otros. Al final, hizo realismo socialista. No se ha dejado arrebatar por intuiciones ni impulsos, no ha hecho interpretaciones personales ni tampoco, siquiera, ideológicas. Se ha limitado a describir una situaciOn nada más que con los recursos aceptados como buenos por el P.C.. (Los comunistas 50) El alejamiento desde •este realismo socialista y el ejercicio de una “demagogia literaria” son las desviaciones que el texto prueba indistintamente en Los aventados de Juan José Manauta, La ciudad de un hombre de Leónidas Barletta, Tutearse con peligro de Alvaro Yunque, y El rio oscuro de Aifredo Varela. En estas novelas comunistas, juzga Jitrik, sus autores solo se limitan a un realismo ingenuo claramente burgués o a una descripciOn simplificada, mecánica, estática, y superficial de Ia clase marginal de Ia sociedad argentina. Y falta en ellos Ia profundidad humana y el entendimiento de Ia angustia, los conflictos, los sufrimientos, y las acciones que justifican su condiciOn de vIctima social. Manauta, por ejemplo, falla por el “tono de quien cree que con decir que 85 ocho personas viven en una sola pieza de conventillo lo ha dicho todo”, y lo agraviante en Barletta es que “dentro de las profesiones humildes y gentes sencillas no yea nada”, y que crea que (as “complicaciones de (a gente son molestias que hay que dejar de lado”. En Yunque se continua el tradicional sentimiento de superioridad que los escritores de izquierda de Boedo y los martinfierristas fundan a partir de 1925, por lo que cae en lo meramente pretencioso, (a vanidad, y Ia inutilidad. Y las novelas comunistas de Varela sOlo consiguen una estética marxista ortodoxa figurando un populismo abstracto, carente de toda especificidad americana, local, o mundana (Los comunistas 49-50). La centralidad de Ia novela en el revisionismo literario politico de Contorno obedece, en términos generales, a un principio anti-espiritualista historicista, clasista, y socialista de organizar el mundo que privilegia el grupo. Segün esta postura Ia estética novelIstica constituye el genero más preciado y eficaz de acceso al mundo, en calidad de “reflejo” transparente de una circunstancia histOrica particular, de una estructura mental o ideolOgica de una determinada clase social, o de una realidad proletaria, ideas que resaltan el marcado impacto de Ia teorla de Ia novela de Georg Lukács, y del estructuralismo genético de Lucien Goldmann sobre el grupo. Mientras que para Lukács, el escritor socialista “realista” y su novela “histOrica” ref lejan Ia compleja totalidad de Ia sociedad, para Goldmann, Ia estructura literaria implica Ia estructura social o del pensamiento de Ia clase social a Ia que pertenece el escritor (Eagleton 25- 30). La revista, sin embargo, también incluye en su programa una visiOn más espiritualista y existencial de valoraciOn del mundo, en Ia que Ia novela queda 86 concebida fundamentalmente como reflejo de Ia libertad humana. En efecto, “Eugenio Cambaceres: primer novelista argentino” de Solero establece las bases de una teorIa espiritualista vitalista existencial de Ia novela, fijando como IInea genealogica Ia novelIstica inaugurada por Eugenlo Cambaceres (1843-1888), y seguida por Martel, Payró, Benito Lynch, Marechal, Varela, y Ant (Eugenio 7). La reivindicación de esta genealogla literaria se basa en Ia premisa de que eI estilo Iiterario es el espIritu que conecta el alma con el lenguaje en el combate eterno con Ia vida: El espIritu, el estilo, es Ia conformidad con lo circundante, es Ia union entre el alma y el lenguaje, es el martirlo, Ia ironIa, Ia impiedad, Ia dicha, el castigo, Ia locura, el sentirnos un poco traicionados y otro tanto desvalidos. Es creer que somos muchos en Ia sociedad, y que Ia sociedad es Ia encarnación de nuestras almas. Y que éstas no se injertan en silencios, sino en actos. En actos que son una prolongacion de nuestro combate sin tregua con Ia vida. En Ia que vivimos. Y reinaremos. (Eugenio 7) El modelo de vida que Solero recupera a través de Cambaceres es aquel que prefigura en sus obras por vez primera en America, una concepciOn sentimental fatalista, y segün Ia cual, tanto Ia ciudad como Ia naturaleza son, para el hombre, una maldición, pero que el hombre es capaz de resolver tal condena confrontándola, e identificándose con ella, como si fuera un “siervo humillado que se pone de pie y blande un arma” (Eugenio 6). La realizaciOn del hombre radica, en ültima instancia, en Ia aceptación de Ia maldiciOn de Ia vida, combatirla entregandose al ámbito, y sublimarse en Ia muerte 87 (Eugenio 6). En esta empresa vital, y en comparaciOn a Ia lIrica y Ia ensayIstica,27Ia novela ofrece Ia amplitud y profundidad de seres y cosas, y permite reunir en un haz las urgencias de sus corazones. Para esta tarea, el escritor debe ser libre de una entrega total a su destino: Su palabra tiene que ser un reflejo de esa libertad. Mas, para ello, debearrancarse hasta el más intimo vestigio de piel. Debe quedar en liaga viva,sufriendo de su dolorosa desnudez, y en Ia penuria cosechar el grado que habráde servir de vehIculo a su voliciOn amorosa, Ia cual, por añadidura, configurarásu arte, su estilo, su espIritu. (Eugenio 7) La libertad que Solero recupera en Ia historia argentina a partir de Cambaceres, sin embargo, es una libertad limitada por Ia maldiciOn que pesa sobre el hombre, un destino pre-establecido imposible de superar, y que sOlo deja como opciOn pasiva de cooperar, aceptar, o enfrentarlo. Segün Croce, al fijar en Cambaceres el origen de Ia literatura argentina, Solero como el miembro disidente del grupo contornista estarla rompiendo con Ia genealogla establecida por David Viñas en Ia generaciOn del 37 (86- 87) Nosotros ubicamos el arilculo de Solero no como un elemento conflictivo del grupo, sino como aquel discurso contornista que recupera Ia visiOn personal, espiritual, y afectiva de Ia vida dominada por un sentimiento de resignaciOn, subordinación, impotencia, y fatalidad. Segün (0 visto hasta ahora, el doble nümero 5/6 constituye el momento y espacio que marcan el nacimiento oficial de Contorno como proyecto colectivo, al emitirse en él, por primera vez, Ia voz del grupo en un editorial. La importancia y 27 La lIrica a que se refiere en el texto es Ia del MartIn Fierro de José Hernández y el poemario de Borges,mientras que Ia erisayIstica pertenece a Sarmiento, Alberdi, y MartInez Estrada. (Francisco Solero,“Eugenio Cambaceres: primer novelista argentino,” Contorno 5/6 (1955): 6. 88 centraildad programática de este nOmero se desprende, además de su posicionamiento como grupo, de (a gran extensiOn de Ia ediciOn, y de Ia definiciOn de Ia novela como el género paradigmático y estratégico de Ia reforma polItico-cultural que Ia revista venha esbozando a lo (argo de los nümeros anteriores. En este sentido, le adjudicamos a Contorno un carácter tardlo en (a definiciOn de su programa, literario-novelIstico en (a reforma polItica totalizante que ambiciona, y antiliberal, revisionista-pasatista, y denuncialista-ética en su práctica poiltica literaria. En este nümero Contorno innova Ia revisiOn literaria tradicional al formular una historia politica de (a literatura que sitüa como elecciones fundamentales de los autores sus inclinaciones pollticas. La nueva revisiOn literaria fundante se define como una revision ética interesada en distinguir al intelectual comprometido en base a un examen de conciencia. La literatura argentina que de esta manera se construye se inicia donde comienza (a organizacion nacional a cargo de los hombres letrados de Ia generaciOn del 37, y Ia büsqueda de una literatura nacional antiliberal, antidualista, o antiestrábica carece todavIa de una fOrmula renovadora constructiva, Iimitándose a una definiciOn por (a negativa, y una concepciOn realista-documentalista del lenguaje. El revisionismo peronista: Renovación, expiación, y elusion En el doble nümero 7/8 que se publica en julio de 1956, el primero que aparece después de Ia calda de PerOn, Ia revista deja los planteos literarios para dedicarse a revisar abiertamente Ia realidad politica del pals. Además del editorial “Peronismo. . . 89 lo otro?” en el que se delinea Ia toma de posiciOn de Contorno ante Ia experiencia peronista, el nümero reüne nueve artIculos más y cinco trabajos en el apartado De las obras y los hombres. Nuestra lectura se centra en los artIculos “Peronismo. . . ,y lo otro?”, “Examen de conciencia” de Osiris Troiani, “Miedos, complejos y malos entendidos” de Ismael Viñas, y ““Sur” o el antiperonismo colonialista” de Oscar Masotta. En Ia po!itización explIcita que se Ileva a cabo en este nUmero, Ia renovaciOn peronista agucliza en Ia revista un discurso patético de autoanáUsis y automortificaciOn, con lo cual Ia renovaciOn populista se posterga en una reparaciOn expiatoria pequenoburguesa. Esta revisiOn ética de Ia polltica centrada en el pecado y culpa reitera el patron do violencia denuncialista que rige el revisionismo ensayIstico y novelIstico. Para Ia revision del peronismo, Contorno encabeza su editorial “Peronismo... 10 otro?” con el epIgrafe de Alberdi, el cual sugiere Ia formulaciOn de Ia escisiOn argentina como una antinomia imposible: Qué es, pues, lo que reIs? A qué partido pertenecéls vos? En provecho dequé idea, de qué sistema, de qué gente escribIs.... Yo contestaré: hace muchos años que persigo a las dos facciones en que se ha dividido Ia generaciônpasada do ml pals, porque no nos han hecho sino inmensos males: Ia coloradapor sus crlmenes; Ia celeste por su tiempo. (Peronismo 1) A partir de esta tradiciOn intelectual de Ia ambivalencia polItica, Contorno reconoce haber seguido Ia misma Ilnea de divisiOn argentina durante los años del peronismo, al haberse abstenido pollticamente de Ia disyuntiva peronismo/antiperonismo, no tanto a fuerza de Ia gravedad represiva del regimen justicialista, sino por haber preferido “disfrazar” su inepcia con recriminaciones a un sistema que los rechazaba: “Ia ineficacia 90 y Ia falta de carnalidad eran más bien impotencia que el peronismo excusaba cOmodamente.” (Peronismo 1). Al grupo lo define una larga trayectoria de angustia y ambivalencia durante los doce años del proceso peronista, por haber carecido de esquemas claros, de armas, de experiencia, y de una técnica de vivir, resultando su escritura en una expresion dolorosa de una realidad indeterminable (Peronismo 2). La resignificaciOn del peronismo que inicia el grupo hace que sus miembros se sientan incOmodos dentro de su “propia piel” o clase, que escriban como individuos tardIamente comprometidos o “mojados después de Ia Iluvia”, que deseen aniquilar las “fOrmulas que ocultaron desde siempre el transcurso de Ia realidad ante los ojos del proletariado” (Peronismo 2), y que se animen a enfrentar el riesgo de distinguir desde dentro del peronismo lo rescatable de lo desechable sin las claves ni verdades compartibles. El grupo admite carecer de testimonios por el hecho de ser escritores y por no haber sido peronistas (Peronismo 2), y su toma de posición se difumina en una consigna genérica de “decir los nombres de las cosas aunque sea con violencia y acritud”. La revista concluye su declaraciOn “purgatoria” enumerando, efectivamente, un “museo” de testimonios antiperonistas: Al alcance de todos los que quieran verbs hay un museo de testimonios perfectamente expresivos, aquelbo de lo que el peronismo se hizo cargo y de que abominamos también nosostros y Ia detestable desvirtuación que en el mismo ámbito se concretO en sus doce años vivos y sus muchos años muertos; bo que pese al peronismo despertó y significó de surgimiento de una conciencia de los oprimidos con sus derivaciones de albedrIo delincuente y matón; aquello que dio Ia pauta del tinte reaccionario que terminO por derribar al peronismo y que implicO al principio un compromiso moral abominable por parte de nuestras clases “morales”; lo que hubo de lenguaje nuevo y expresiOn inaudita en Ia clase 91 obrera y to bajamente policlaco que contenIa el peronismo; aqueiio que en el piano meramente polItico significaba una rémora y que fue superada por el peronismo; Ia pequena cInica filosof ía conservadora en relaciOn con el elemental lenguaje polItico en que se empeñó el peronismo, ignorante del compromiso que significa hablar y expresarse, (un compromiso mayor que juntar gente en camiones y picanear en las comisarlas). (Peronismo 2) En el pasaje se recuerda el peronismo más en una historizaciOn negativa de su regimen que una valoraciOn positiva en el presente como punto de renovaciOn del campo polItico y vida nacional. El peronismo significa un pasado nacional marcado por una serie de desvirtuaciones a nivel polItico, moral, e intelectuaL El populismo que su gobierno instaura en el pals reviste el carácter de un desvlo moral (Ia conciencia de los oprimidos que genera libertinajes), y una deficiencia intelectual y lingulstica (el compromiso populista se entiende no en términos de pueblo sino en el sentido intelectual de Ia competencia IingüIstica. Con este testimonio denuncialista del regimen peronista, Contorno continua Ia Ilnea de juicio y denuncia con que Alberdi advierte at pals contra Ia regeneraciOn de hombres que han hecho inmensos males a Ia naciOn.28 Por su lado, “Examen de donciencia” de Osiris Troiani continua con el juicio a Ia burguesla argentina, sin dejar de reconocer un doble rechazo paralizador hacia el fénomeno peronista y Ia tradiciOn oligárquica, “Ia barbarie y Ia decadencia”, situación ambivalente que se traduce en un complejo de culpa, angustia, y una actitud autorreprochadora, y que obliga a una toma de conciencia como generaciOn vacla, 28”Juzgo al pasado con severidad, y Ilamo a! poivenir a sucederlo. Digo que es tiempo de que el pals cuide de no contiar Ia menor de sus tentativas de regeneración a hombres que no harán sino malograrlas, porque han perdido Ia fe y Ia disposición al sacrificlo, y han cesado, sobre todo, de comprender los instintos y los medios de acción de nuestras manos: han pasado como su tiempo.” J.B. Alberdi, “Acontecimientos del Piata en 1839 y 1840”, en Escritos Póstumos, tomo XV, Bs. As., 1900, pág. 519 y sgs. Contorno, “Peronismo... y lo otro?,” Contorno 7/8 (1956): 1. 92 ausente, e ineficaz, por haber frustrado todo intento de organizaciOn revolucionaria durante los años del peronismo: “vivimos diez años suspendidos entre cielo y tierra, hemos perdido nuestra juventud, y somos un peso muerto sobre Ia de quienes vienen atrás” (Examen 9): En nuestro pals se han enfrentado Ia barbarie y Ia decadencia. Los argentinos que aun no tienen conciencia —conciencia de si mismos, por y para una clase, por y para una nación- y los que ya Ia han perdido. Las mayorias crédulas y las minorlas cinicas. cCuáI era nuestro bando? Ninguno de los dos. ,Pero dOnde hallariamos aliados? En los dos sin duda. Y nos pusimos a buscarlos. lnütil, desesperada büsqueda. La barbarie y Ia decadencia se excitaban mutuamente. Eran dos lesbianas; nos rechazaban. Más aun: Ia barbarie y Ia decadencia estaban dentro de nosotros mismos, unidas en un monstruoso nudo de amor. (Examen 11) Atrapado en este doble vInculo antinómico, el texto proyecta una ruptura con el bloque antiperonista tradicional del que formaba parte, una resoluciOn poiltica pensada desde un nacionalismo proletario, y una práctica literaria antiestética, antiespiritualista, comprometida con Ia historia. Estos señores han sido nuestros aliados por diez años, ésta era Ia libertad que defendlamos. La coincidencia entre ellos y nosotros se hacIa sobre sus argumentos, no sobre nuestros. Confesemos que aun hoy, en las mismas circunstancias, volveriamos a confundirnos con ellos en aquel antiperonismo generico e indeterminado que nos permitia sentirnos decentes en medio de Ia canalla desatada. Si, confesémoslo. Lo que nos une a esta gente, cuyas ideas nos repugnan, es más fuerte que lo que nos separa. Somos tan filisteos como ellos, más que ellos. (Examen 11) 93 Esta ruptura necesaria con Ia burguesIa antiperonista marca Ia apertura hacia una práctica escrituraria histOrica en defensa de un nacionalismo proletario, distanciado de las bellas letras, del estetismo, de Ia “coqueteria” intelectual, y de Ia neutralidad y aislamiento de los escritores mayores (Examen 11). Siguiendo Ia misma Ilnea de reflexiOn, “Miedos, complejos y malos entendidos” de Ismael Viñas continua con Ia automortificaciOn y paralizaciOn que se siente hacia Ia cuestiOn peronista como parte del elemento progresista y de las generaciones jOvenes de Ia naciOn, que a diferencia de Ia alta y pequena burguesla del pals que se muestra festiva ante Ia caida del peronismo, se siente dominado por un “peligroso complejo de culpa” que les distorsiona el pasado inmediato, y motiva actitudes más irracionales (Miedos 12). Como pane de una izquierda argentina inoperante, aquella solterona tradicionalmente resentida, marginada, y frustrada, carente del “Impetu viril de rebeliOn positiva” frente a Ia actitud de las masas, el texto se atribuye una “neurosis cada vez más aguda”, por verse obligado a mantener su apoyo al gobierno por un sentido de responsabilidad hacia el pals y por el temor a perderlo en manos del poder reaccionario, y por hallarse al mismo tiempo permanentemente insatisfechos con los actos del gobierno (Miedos 12). La denuncia a Ia burguesia liberal que se recrudece en Contorno al derrocarse el regimen peronista se torna masiva, especIfica, y personal en ““Sur” o el antiperonismo colonialista” de Oscar Masotta, artIculo que constituye una de las publicaciones contornistas más extensas y crIticas dirigidas a Ia revista oligárquica portena, y que aparece en respuesta a su nümero especial, el 237, dedicado al acontecimiento peronista, y en el que el grupo intelectual de derecha Ileva a cabo una demonizaciOn 94 absoluta de regimen recientemente derribado. El artIculo se compone de una serie masiva de denuncias contra el elitismo de Sur, y especialmente, contra Ia persona de Victoria Ocampo, a quien se le reprocha Ia esterilidad espitual, decadencia artIstica y cultural, antipopulismo, y anticomunismo que representa. Masotta califica de cobardla, ingenuidad, privilegio de nacimiento Ia demonizaciOn del peronismo como el “Mal absoluto” del pals que propicia Ocampo, a quien ye adoptar Ia “resistencia pasiva” de Gandhi oscilando entre el grito y el rezo: Brevemente: cuando Victoria Ocampo habla de “resistencia pasiva” hay que entender Ia expresiOn estricta y limitadamente, sin pensar en Gandhi: quietud, lasitud, conservación, preservación por el ahorro de movimientos, silencio tembloroso, temor, reculones. . . Pero no se crea: Victoria Ocampo no es tan tiel a sus propios principios. Ella comprende que a veces, Ia actitud moral que supone Ia “resistencia pasiva”, Ia denuncia y Ia condena de toda violencia, deben ser abandonadas: entonces retorna por Ia fascinaciOn por Ia espada, y el guerrero, el “héroe” armado, ocupa el puesto que le corresponde como sucedáneo del grito, y entonces, Victoria Ocampo, con el pulso tembloroso, escribe:. . .si el impulso de algunos hombres que se jugaron Ia vida no hubiera intervenido. (“Sur” 45) La masiva denuncia a Sur/Victoria Ocampo, tal como nos advierte el texto, intenta ser una definiciOn sujeta no a lo que son sino a lo que no son los antiperonistas colonialistas del pals mediante Ia negatividad destructiva de su cultura y escritura (41). Si bien es cierto que Ia revista abandona Ia cuestiOn literaria como su preocupaciOn más privilegiada durante los años de Perón, y el doble nümero del perIodo posperonista 7/8 marca un pasaje directo y drástico a Ia politica nacional, concordamos con Croce que este paso no significa necesariamente una toma de 95 posiciOn definida ante el fenómeno peronista por parte del grupo, sino que todavIa responde a Ia gula general sartreana del compromiso de solidaridad con los desposeIdos enganados.29(Croce 15) De ahI que insistamos en que por debajo del salto temático que da Ia revista permanece inalterable el esquema de denuncia antiliberaJ en el revisionismo ensayIstico y novelIstico, manteniéndose una imnea de continuidad entre los nümeros de ambos perlodos peronista y posperonista. El fenOmeno que vemos recrudecer en este nümero en particular es Ia intensidad y complejidad del examen de conciencia con que se entrega Ia revista, y una actitud moral purgatoria, expiatoria que Ia experiencia peronista genera entre sus miembros. La toma de posicion ante el peronismo se bifurca hacia el camino oblicuo de crItica masiva hacia Sury su figura directiva Victoria Ocampo, una reacciOn que informa sobre Ia dificultad y falta de preparaciOn que significa esta experiencia polItica para Ia revista, y una actitud elusiva ante el compromiso politico que su proceso significa. Nos preguntamos si este cambio temático de Ia revista se hubiera producido de igual forma de no haberse producido Ia caIda del regimen peronista. Una de las preguntas que Ia crItica nunca se plantea a fondo es por qué el grupo Contorno con el anclaje politico en Ia problemática nacional populista, y el Impetu revolucionario que caracteriza a su empresa, puede acercarse al peronismo solo al derrumbe de su regimen, y por qué cuando Ilega este momento, lo hace evadiéndolo nuevamente permaneciendo en un cuestionamiento ético abrumador eminentemente 29 Entre los criticos de Ia empresa de Contorno abundan aquellos que le otorgan un lugar de renovación politica histórica a partir del doble nUmero 7/8, en base a Ia transtormadón poiltica que se Ileva a cabo. Es asI como Katra lee Ia ediciOn como base de su entrada a Ia actividad polltica del pals, o descie el angulo de los objetivos politicos concretos de los contornistas de crear una alianza electoral multipartidaria integradora de Ia clase media y trabajadora y dirigida por los intelectuales. William H. Katra, 73. De Ia misma manera, Sigal ubica en el proceso peronista las bases que validan Ia totalidad de Ia empresa de Ia revista. 96 autorreferencial, o to que Mangone y Warley notan como un “tono de fuerte autocrItica” (VIII). Katra intenta una respuesta cuando explica que por temor a Ia represalia por parte del regimen peronista Ia revista habla evitado un tratamiento directo de las cuestiones sociales y poilticas en su primera etapa peronista (64), mientras que Sigal también remarca Ia opresiOn antiacadémica del regimen peronista, pero poniendo acento en Ia ruptura de Ia revista con el liberalismo antiperonista, y los partidos de izquierda tradicional, coyuntura e intervenciOn en Ia escena poiltica que le otrorga el armazón distintivo como grupo intelectual (135). A nuestro modo de ver, el revisionismo peronista que tramita Ia politizaciOn expilcita de Ia revista reitera Ia misma IInea de critica antiliberal que modela su revisionismo cultural y literario, a saber, Ia lInea irracional del pecado, culpa, y calda. Por ültimo, el ültimo nOmero 9/10 Contorno ofrece su voz colectiva en “Análisis del frondizismo” ante el frustrado fenOmeno frondizista at cual considera un intento malogrado contemporáneo de adecuar Ia Argentina a Ia expansiOn de sus fuerzas internas (Análisis 1), padecimiento que Ia Argentina sufre en forma constante, sobre todo, a parlir de Ia década del treinta del siglo XX. La entrada en Ia madurez para el grupo será desafjar precisamente este destino catastrOfico nacional.3° Con esta lectura de Ia revista que acabamos de bosquejar, podrIamos señalar que su programa politico fija su horizonte en Ia transformaciOn de Ia Argentina liberal hacia una Argentina proletaria, y elige una forma histOrica retrospectiva y una conflictiva 30 La “traición Frondizi” remite a Ia desilusión poiltica que vive el grupo a raIz de una apuesta frustradaque realiza por Ia candidatura a Ia presidencia de Arturo Frondizi como dirigente del Partido RadicalIntransigente UCRI, quien una vez instalado en Ia silla presidencial, traiciona a sus seguidores girandode una promesa antlimperialista y populista de izquierda hacia Ia derecha imperialista de Ia poilticapetrolera, y privatizaciOn de Ia enseñanza universitaria en 1958. Oscar Terán, 129-131. 97 paternofilial y moral como forma de militancia revolucionaria a través del revisionismo ensayIstico, novelIstico, y politico. Esta militancia revisionista que contesta y recupera a los escritores liberales, a Ant, a MartInez Estrada, a Ia novela, y al peronismo, se halla mediada indistintamente por el sistema ético pecado/culpa, y una zona de ambivalencia en Ia que Ia revista oscila entre recriminaciOn y reiteración de los valores liberales, reprobaciOn y reproducciOn de Ia polItica exclusionista liberal hacia las masas al hallarse arraigada en Ia moderna dicotomIa argentina civilización-barbarie. La impronta de este revisionismo contornista centrado en Ia tradiciOn literaria liberal se hará sentir luego en una verdadera tarea histOrica revisionista de Ia tradición liberal que emprenderá el ünico continuador de su proyecto, David Viñas, en sus ensayos Literatura argentina y realidadpolItica (1964), De Sarmiento a Cortázar (1971), e Indios, ejército, y frontera (1 982).31 La recodificación de Ia opresora antinomia argentina moderna, en suma, comprende Ia dialéctica intelecto-afecto, racionalidad intelectual-irracionalidad emocional, positividad del pasado-riegatividad del presente, en Ia que Ia sIntesis integradora que ambiciona Ia revista se paraliza en sus operaciones parricidas y suicidas. En suma, parecerIa que el discurso programatico de Contorno, para usar Ia figura de Donghi, hace de Ia polItica de compromiso una poética alegOnica de una politica a Ia vez parricida y suicida, de denuncia y autorreproche, de compromiso y elusiOn, creando constantemente zonas movedizas dentro de su universo discursivo. Entre otro continuador del proyecto revisionista de Contorno figura Adolfo Prieto en un estudio posterior que realiza en Los viajeros ingieses y Ia emergencia de Ia literatura argentina (1996). Su trabajo consiste en rastrear, desde una orientaciôn historico-sociologica, Ia inscripciôn de Ia ideologIa civilizadora de los viajeros ingleses en Ia literatura argentina fundacional de Alberdi, EcheverrIa, Sarmiento, y Mármol durante los años 1820 y 1835. Adolfo Prieto, Los viaieros ingleses v Ia emerpencia de Ia literatura argentina (1820-1850). 98 CapItulo II: Los años despiadados (1956). El peronismo (del imaginario de Contorno) como deseo reconciliatorio Los años despiadados: Su critica David Vinas publica Los años despiadados a un año de Ia caIda del gobierno peronista, y en el año en que su revista lanza Ia primera ediciOn polItica en el doble nUmero 7/8 (1956), en Ia que procura definir su posición frente al peronismo, entre denuncia al regimen y culpabilidad ante sus masas. A nuestro juicio, esta novela articula una narrativa peronista importante en tomb a Ia historia de crecimiento y maduraciOn de un adolescente, una historia que para nosotros significa Ia posibilidad de ampliar, detallar, y ahondar significativamente el programa peronista que publica Contorno en 1956 a Ia caIda de PerOn. En las escasas revisiones que examinan esta novela es notable una omisiOn de esta temática peronista. Emir Rodriguez Monegal, por ejemplo, tiende a ver en Ia obra narrativa entera de Viñas una crOnica testimonial de Ia Argentina del siglo XX (79). Sin embargo, considera que Los años despiadados carece de una entonaciOn exciusivamente polItica ya que solo revela “ciertas dimensiones del ser nacional”, y que Ia historia del niño protagonista Ruben Marco y una pandilla de muchachos (que en Ia novela resulta ser precisamente una pandilla peronista) ilustra un caso ejemplar de Ia mitologIa del machismo argentino (79). Por su parte, Pilar Roca también tiende a valorar Ia práctica literaria de Viñas como una reivindicaciOn crItica de Ia historia argentina y de Ia moral que de ella emana (48), pero 99 en su análisis de las novelas de los años 50, Ia autora omite Los años despiadados por su insuficienca histórica.32 Su breve mención se limita al modo en que Ia novela representa un juego de poder particular en el que Ia divisiOn entre dominantes y dominados tiende a ofuscarse (56). Por otro lado, Nicolás Rosa ofrece un análisis de Ia novela desde una perspectiva formalista y ahistOrica, interesándose particularmente en Ia representaciOn del cuerpo y sexualidad como categorIas semánticas de ambigOedad y alienaciOn (33). Ante estas opiniones, consideramos que Los años despiadados encubre aquel otro discurso polItico programático disimulado y relegado por el grupo Contorno, potenciando una concepciOn más conflictiva y profunda del peronismo. Asimismo, esta concepciOn o modo de razonamiento podria dar cuenta de cierta resistencia que presenta Ia revista frente al peronismo, cuando sus ediciones sOlo hacen explicito su problema por primera vez recién en 1956, a tres años de su formaciOn y una vez que se produce el derrumbe de su gobierno o Ia muerte simbOlica de Ia figura y poder patriarcal de PerOn (1955). En relaciOn a este hecho, y entre otras posibilidades de lectura que nos ofrece Ia novela, es nuestro interés examinar de cerca Ia historia familiar y afectiva que envuelve Ia historia peronista del protagonista Ruben, una historia que para emerger desde un seno liberal sintomáticamente requiere de una muerte “aprioristica” de su patriarca, el padre de Ruben. Antes de abordar el análisis de Ia novela, también debemos hacer notar que en Ia crItica se observa una insuficiencia general de reseñas sobre Los años despiadados, 32 En su libro PolItica y sociedad en Ia novelIstica de David Viñas (2007), las dos novelas de los años 50 que Ia autora rescata y profundiza en su análsis por su valor exciusivamente histOrico son Cayó sobre su rostro (1955) y Los duenos dela tierra (1958). Las otras dos novelas del perlodo que no incluye son Los años despiadados (1956) y Un dios cotidiano (1957). Pilar Roca, 79. 100 y una falta particularmente conspicua dentro de las revisiones salientes de Ia narrativa peronista por crIticos argentinos, si consideramos Ia eminente narrativa peronista que presenta esta novela. Nos referimos, como ya indicamos previamente33,a los trabajos Elperonismo en Ia literatura argentina (1971) de Ernesto Goldar, El tema del peronismo en Ia narrativa argentina (1973) y El habla de Ia ideologIa (1983) de Andrés Avellaneda, y El peronismo (1943-1955) en Ia narrativa argentina (1991) de Rodolfo Borello, que a pesar de su fuerte concentraciOn en las producciones literarias de los años cincuenta y sesenta (excepto El habla de Ia ideologIa), no hacen menciOn alguna de Los años despiadados. No obstante, es interesante notar que Goldar y Borello consideran a Viñas como un escritor antiperonista (Goldar) o antiliberal (Borello) en base a sus análisis de los cuentos de Las malas costumbres (1963), mientras que Avellaneda lo ubica, sin dedicarle una crItica literaria, dentro de los escritores del 55 y de Contorno como parte de una generaciOn que posibilita Ia transición de Ia respuesta intelectual antiperonista de los 50 a otra más afirmativa de los Ver nota 8 en lntroducciOn: 19. Nuestra opiniOn es que estos análisis y comentarios sobre Vinas se basan en esquemas crIticos rIgidos que tienden a privilegiar Ia actitud ideolOgica del autor en Ia literatura binariamente juzgada como peronista o antiperonista, a expensas de otros aspectos cômo los lingOIsticos, formales, sociales, genéricos, y sexuales, los cuales se muestran, además, particularmente ambivalentes en Ia narrativa de Viñas. La omisión de Los años despiadados, quizá, podrIa deberse a un rechazo general que los crIticos sienten ante una narrativa peronista que no encuadra nItidamente dentro de los esquemas ideolOgicos y sociales dominantes, tal como lo muestra el análisis que Borello hace de Las malas costumbres, lectura que omite consistentemente Ia notable y abundante ambivalencia bisexual, homosexual, e inversiones de generos y roles masculino-femenino que presentan sus cuentos. Rodolfo Borello, “Historia y novela: Las malas costumbres”, 1-25. Por otra parte, Borello arguye que estos cuentos de Viñas han provocado una reacciOri negativa en “tocios los sectores politicos; peronistas, y liberales, comunistas y socialistas, extrema derecha catOlica y extrema izquierda marxista” por su vision “sin exciusiones, totalitaria” que aparta “toda tendencia a buscar chivos expiatorios o culpabilidades moralizantes” por considerar que todos son responsables. Sus problemas consistirIan en su visiOn de clase media, de los niveles de Ia enseñanza, de las fuerzas armadas, de Ia intelectualidad liberal, de Ia violencia peronista. Su visiOn negativa y hasta sarcástica del intelectual liberal argentino haria que Ia obra se convirtiera en uno de los libros que “todo el mundo lee, pero sobre el cual muy pocos escriben”, ya que “aceptar Ia descripciOn que Viñas proponla de un escritor de su tiempo era lo mismo que suicidarse”. Rodolfo A. Borello, 229-231. 101 Los años despiadados trata Ia historia de Ruben MarcO y su familia, un adolescente de 12 años pertenenciente a una familia acomodada de padres liberales y antiperonistas, y venida a menos a partir del año 1945 en el que fallece su padre y sube al gobierno Perón, quedandose reducido su cIrculo familiar a su madre, Maruja, y hermana mayor, Ofelia. El argumento principal de Ia novela concierne al conflicto vital de crecimiento, transformaciOn, y maduraciOn que vive Ruben como tIpico adolescente en plena lucha por el abandono del vInculo maternal e ingreso al orden paterno y social, muy al estilo Bildungsroman. Este argumento que plantea Ia novela se desarrolla a través de una trama en Ia que se van encadenando o estructurando de manera particular los eventos y las acciones que suceden en Ia novela, lo cual genera, a su vez, mUltiples subcapas textuales capaces de iluminar Ia lOgica del discurso narrativo o su modo de pensamiento más sistemático, más profundo. Por su parte, Goldar rescata del cuento “La venganza” de Las malas costumbres Ia censura, el rechazo, Ia denuncia, y Ia oposiciOn antiperonista de los intelectuales liberales, y esta actitud negativa de Viñas ante el perOnismo y sus masas estarla expresado por medio de su “realismo sexual”. Ernesto Goldar, 75- 76. Avellaneda, en su exclusiOn de las obras de Viñas, remarca sobre el carácter de transición de su generaciOn y una perspectiva autobiográfica, acentuadamente personal y subjetiva. Andrés Oscar Avellaneda, 164-5. Entre otras revisiones de Los años despiadados, se observa el análisis de Rodriguez Monegal que resume a Ia novela bajo el tema del machismo argentino (Emir Rodriguez Monegal, 318); de Humberto Rasi que centraliza Ia historia de Ia decadencia de una tamilia de Ia alta burguesia (Humberto Rasi, 260.); de Martin Kohan que valora el “fundamento primero de Ia negatividad” o capacidad para decir que no en los personajes como una forma de resistencia al poder, entendiendo el poder en un sentido especificamente foucaultiano (Martin Kohan, 524.); de Nicolás Rosa que examina Ia relaciOn de los principales personajes Ruben y Mario sobre el eje de una organizaciOn de sexualidad pre-genital airededor do las zonas erOgenas orales, anales, y fálicas para demostrar las connotaciones sernánticas de Ia alienación que predomina en ella (Nicolás Rosa, 33.); y de John Brushwood quien destaca el aspecto autobiogrãfico de Viñas en Ia historia de un niño quo se siente prisionero de las tradiciones de su familia de clase media, y el desarrollo de su opuesto en Ia persona de su amigo proletario y peronista. (John S. Brushwood, 228). 102 Hacia una narratologla psicoanailtica de Ia trama En el presente análisis de Los anos despiadados, en efecto, nos interesamos por el modo en que su trama informa el argumento, o Ia manera en que Ia historia a que se refiere Ia novela contrasta con Ia forma en que Ia misma se halla presentada mediante un ordenamiento particular de los eventos. Esta diferencia o brecha entre historia y trama, siguiendo a Mieke Bal, constituye uno de los medios más relevantes en significar Ia dimensiOn ideolOgica del texto, un instrumento de análisis que consiste principalmente en cotejar los comentarios, argumentos, o aspiraciones expilcitas de Ia historia con aquellos otros comentarios ideológicos menos expilcitos, extra-narrativos, 0 más encubierlos que surgen desde el tratamiento narrativo mismo de dicha ideologla manifiesta a través de Ia trama (Bal 34). De este modo, nos intéresa mostrar que Ia novela genera en su proceso narrativo una brecha considerable entre su historia y trama al tratar Ia ambiciOn explIcita de alcanzar Ia evolución vital del adolescente Ruben hacia su integraciOn en el orden social paterno mediante una trama narrativa que, contrariando tal sentido progresivo, moviliza un movimiento regresivo hacia el orden materno arcaico. Para Ia significacion polItico-ideológica que intentamos discernir alrededor de Ia temática peronista que se desarrolla dentro del mundo de Ruben, es nuestra impresiOn que tanto el encuadre evolutivo Blldungsroman como Ia tensiOn narrativa crecimiento-retroceso, asI como Ia dinámica familiar particular que se sugiere constituyen comentarios implIcitos que corroboran Ia dimensiOn ideolOgica del texto. Para una mayor teorización de Ia trama, nuestra consideraciOn de ésta como fuente de significaciOn de Ia dinámica textual profunda, o instrumento operativo 103 analItico y crItico de Ia narrativa, deriva principalmente de los postulados de Peter Brooks, quien en su intento de unir el psicoanálisis con Ia crItica literaria, establece en Reading for the plot (1984) las bases de una “erOtica textual” en Ia trama, entendiendo por esta ültima el diseno, intenciOn, o discurso narrativo que desarrolla sus proposiciones a través de una progresión temporal y en base a una estructura profUnda del deseo. Siendo una constante en toda narrativa oral o escrita, Ia trama es un recurso narrativo que opera bajo el principio de interconectabilidad e intenciOn, o un dispositivo narrativo que regula Ia concatenaciOn de los elementos discretos de una historia tales como los incidentes, episodios, y acciones (5). Mientras que Ia novela, segün el autor, comprende una forma de pensamiento, una forma de razonar sobre una situaciOn, o un modo dominante de comprensiOn y explicaciOn de las experiencias de Ia vida, Ia trama, en cambio, constituye Ia logica dinámica de este pensamiento impulsada por el deseo libidinal o el Eros. Esta libido, siguiendo a Freud, comprende una sexualidad con un ensanche polimorfo de los instintos que va más allá de los Ilmites propiamente genitales.35 Concebida Ia trama, asI, como una de las formas del deseo que nos permite avanzar hacia y a través del texto, “a form of desire that carries us forward, onward, through the text”, el proceso narrativo involucra Ia doble tarea de revelar una Para Freud, Ia sexualidad humana es polimorfa por extenderse su organizaciOn a las dos primeras fases evolutivas pregenitales de Ia infancia: oral-canIbal y sádico-anal. La denominaciOn pregenital se refiere a “aquellas organizaciones de Ia vida sexual en las cuales las zonas genitales no han llegado todavia a su papel predomiriante”. Sigmund Freud, “Tres ensayos para una teorla sexual”, 1209. En estas fases pregenitales, Ia sexualidad se organiza alrededor de los instintos parciales con base en las actividades orgánicas de alimentación y digestion, y con fines sexuales consistentes en Ia asimilación del objeto (fase oral), que serla el futuro modelo para el mecanismo psiquico de identificación, y en Ia aprehensión tanto en su forma activa como pasiva (fase anal). Freud, 1210. En esta fase pregenital también se desarrollan los instintos parciales de contemplaciOn, exhibiciOn, y crueldad, independientes de Ia actividad sexual erOgena, y con pequenas resistencias porque los diques anImicos contra las extralimitaciones sexuales como el pudor, Ia repugriancia, y Ia moral no se hallan aOn constituidos en esta epoca de Ia vida infantil. Es en este sentido de estar libremente dispuesta a toda clase de extralimitaciones sexuales que Freud denomina “perversa” Ia disposiciOn polimorfa de Ia sexualidad infantil. Freud, 1205-6. 104 historia particular del deseo, y de servirse de este deseo como su fundamento dinámico de significaciOn (37). Al reformular Ia trama como un elemento dinámico del deseo dentro de Ia estructura narrativa más allá de su concepciOn literaria narratológica netamente formalista y técnica, Brooks piensa en Ia posibilidad de establecer una correspondencia entre Ia dinámica narrativa y Ia dinámica psIquica, o entre Ia literatura y el aparato psIquico, en base a Ia idea de que Ia formaciOn de Ia subjetividad es un proceso que implica una construcciOn ficcional del deseo humano dentro de los Ilmites restringidos del orden simbOlico transindividuaL36 Lo que promete y requiere eI psicoanálisis es conferir a los elementos narratolOgicos formales (funciOn, secuencias, paradigma, etc.) una dinámica de Ia memoria y una historia del deseo en su proceso de significaciOn en el tiempo. Brooks resume este proyecto de Ia siguiente manera: We look to a convergence of psychoanalysis and literary criticism because we sense that there ought to be a correspondence between literary and psychic 36 La concepciOn psicoanailtica de Ia trama que Brooks propone surge como una lectura correctiva de aquella trama concebida dentro de un marco narratológico estrictamenente formalista y estructural, en el que se tiende a desatender el aspecto dinámico do Ia narrativa, y el rol activo del lector en Ia significaciOn de Ia trama. AsI, Brooks encuentra en los representantes del Formalismo ruso (Boris Tomachevsky, Victor Shklovsky, Boris Eichenbaum) Ia insuficiencia de una concepciOn constructivista de Ia literatura centrada en los usos técnicos de un determinado motivo, incidente, o tema en Ia concatenaciOn de las acciones. En Vladimir Propp (The Morphology of the Folktale), en camblo, el autor nota un avance hacia una concepciOn más funcionalista do Ia estructura narrativa, en Ia quo Ia historia aparece compuesta, no do temas y personajes, sino do acciones, las cuales se distinguen tundamentalmente por sus funciones. Su sistema descansa sobre el rol do los verbos de acción como Ia armadura, lOgica, o secuencia de Ia narrativa, y el rol de los personajes como agentes do las acciones. Para Brooks, Todorov innova el análisis narrativo con el modelo linguIstico estableciendo analoglas entre partes del habla y partes de Ia narrativa, miontras quo Roland Barthes (S/Z) marca Ia transición entre una nociOn rigida do La estructura narrativa hacia otra más dinámica y fluida, al ubicar Ia trama en el interjuego do cOdigo de acciones (proairético) y cOdigo do enigmas y respuestas (hermenéutico), y dentro de un toxto que so concibe como una textura o tejido do cOdigos cuya significaciOn depende del poder organizador del lector y en modo provisorio. Es Gerard Genette (Narrative Discourse) con su nuevo modo de entender Ia historia en función de Ia trama, uniendo lo narrado con el modo do su narraciOn, quien para Brooks marca un paso hacia Ia consideraciOn del movimiento y Ia dinämica dentro de Ia narrativa. Peter Brooks, Reading for the 14-22. 105 dynamics, since to an important degree we define and construct our sense of self through our fictions.. .psychoanalysis promises, and requires, that in addition to such usual narratological preoccupations as functions, sequence, and paradigm, we engage the dynamic of memory and the history of desire as they work to shape the recovery of meaning within time. (Reading 36) Se trata de un proyecto que intenta unir Ia literatura y (a vida, y rescatar en (a crItica literaria un discurso de implicancia antropolOgica, y esto mediante Ia trama en que el autor ubica (a dinámica básica de significaciOn narrativa, (a fuerza motora, o el motivo principal de Ia misma que desde el comienzo energiza el curso del desarrollo narrativo (Reading 38). En tanto el estrato inconsciente de Ia subjetividad es el lugar de instintos, pulsiones, y deseos en conflicto, Ia trama que Ia dinámica del deseo activa se inscribe también en e( oscuro y poderoso estrato inconsciente. Nuestra adopciOn de Ia “erotica textual” de Brooks se encuadra dentro del modelo dinámico del inconsciente que propone Freud, segün el cual ‘odos los procesos psIquicos derivan de un interjuego de fuerzas que se estimulan o se inhiben mutuamente, que se combinan entre sI, que establecen transacciones las unas con las otras”.37 En este interjuego de fuerzas se activan las demandas de las diferentes agencias del aparato psIquico (el yo, el ello, y el superyo, segün el modelo topolOgico de Freud) que reclaman tanto Ia satisfacciOn de los instintos como su control u oposiciOn obedeciendo el dictado de los instintos yoicos Además de este modelo dinámico del aparato psiquico, Freud propone el modelo econOmico y el modelo topolOgico para dar cuenta de su funcionamiento. El modelo dinámico en realidad so halla estrechamente ligado a los principios econOmicos o energéticos de placer y displacer que regulan al aparato psIquico (impedir el aumento de excitaciOn para evitar el displacer), y también a los diversos procesos mentales quo cumplen las distintas partes o agendas del mismo (topolOgicamente distinguidos tanto en consciente, subconsciente, o inconsciente, como en estructuas del yo, ollo, y superyó). El aspecto que destaca el modelo dinámico es el cuadro de un conflicto dinámico entre estas agendas. Sigmund Freud, °Psicoanálisis: Escuela Freudiana”, 2906-7. 106 de autoconservación y de los instintos objetales o sociales que conciernen a Ia relaciOn con los objetos exteriores (Psicoanálisis 2905). Estas fuerzas presentan un basamento orgánico, y hallan su representaciOn psIquica en el lenguaje a través de ciertas imagenes e ideas afectivamente cargadas, y fundamentalmente bajo una modalidad indirecta de expresion que presentan los sIntomas, sueños, actos fallidos, juegos, y las relaciones afectivas intersubjetivas vividas en calidad de infantes dependientes. En este sentido, desde el psicoanálisis entrevemos Ia posibUidad de una crItica literaria que investiga en el texto los trabajos de Ia retórica vistos como análogos a los mecanismos de Ia psique, y que tiene en cuenta Ia relaciOn entre autor y texto, y lector y texto, como parte de un problema general que concierne a Ia constituciOn del sujeto en el orden social. Nuestra predilecciOn por el modelo dinámico de Freud para el análisis de Ia subjetividad polItica que intentamos se debe a nuestra idea de que su orientaciOn histOrica del conflicto sexual inconsciente, o su interés en el contenido de Ia dinámica intersubjetiva ofrece una fuerza explicativa más satisfactoria que otros modos de exploraciOn más estructurales que posibilita el psicoanálisis. Nos referimos a Ia concepción estructuralista o ahistórica del inconsciente que formula Lacan, Ia cual tiende a enfatizar en el lenguaje textual no “10 que se dice” como producciOn narrativa, sino el “cómo”, “dOnde”, y “quién” de proceso enunciativo revelando Ia alienación del sujeto en el lenguaje (suenos, actos fallidos, smntomas). Su teorla busca en el discurso el lugar donde irrumpe el inconsciente, o donde el Ienguaje queda subvertido por el orden de lo Real38 (Nobus 61). Mientras Lacan, de esta manera, privilegia el poder del 38 El sujeto lacaniano es fundamentalmente el sujeto del inconsciente, un sujeto que no funciona como el centro de los pensamientos y acciones humanas sino aquel que habita Ia mente como un agente elusivo 107 lenguaje sobre los sujetos como aquel significante que estructuralmente impone las acciones enajenantes del inconsciente, y el proceso de Ia enunciaciOn como el trabajo del inconsciente o de Ia supremacIa del significante sobre el sujeto, el modelo de Freud, en cambio, rescata el aspecto relacional de Ia dimension inconsciente, o el interjuego dinámico de las fuerzas instintivas que lo componen. Centrándonos, entonces, en el modo en que el deseo textual se desarrolla a to largo de los distintos momentos de Ia trama y activa el interjuego de fuerzas que se animan o se enfrentan, procedemos a examinar Ia historia de Ruben que focaliza Los años despiadados segün se halla presentada en su trama, Ia cual, a grandes rasgos, dividimos en tres momentos. El primer momento abarca los cuatro primeros de los e incontrolable. Esta subversiOn lacaniana de Ia nociOn psicolOgica clâsica del sujeto es lo que motiva al analista/crItico literario a privilegiar en el lenguaje del sujeto el hecho de que algo está siendo enunciado desde un lugar desconocido para el hablante, y no el cOmo ni el qué está produciendo su lenguaje. En los sueños y sintomas, Lacan busca aprehender lo Real fundamental que va más allá de toda intersubjetividad: “Enigmatic image apropos of which Freud evokes the navel of the dream, this abyssal relation to that which is most unknown, which is the hallmark of an exceptional, privileged experience, in which the real is apprehended beyond all mediation, be it imaginary or symbolic. In short, one could say that such privileged experiences, and especially it would seem in a dream, are characterised by the relation which is established with an absolute other, I mean an other beyond all intersubjectivity. This beyond of the intersubjective relation is attained most especially on the imaginary level. What’s at issue is an essential alien (dissemblable), who is neither the supplement, nor the complement of the fellow being (semblable), who is the very image of dislocation, of the essential tearing apart of the subject.” Jacques Lacan, “Odd or even? Beyond intersubjectivity”, 177. Lacan también enfatiza el poder alienante del texto sobre el analistalcrItico al ubicar el lugar de Ia resistencia no en el analizado sino en el analista: “When Freud maintains that sexual desire is the heart of human desire, all those who follow him believe it, believe it so strong that they manage to persuade themselves that it is all very simple.. .All it takes is to remove the obstacles, and it will work all by itself. That is at first sight what an interpretation seems to be like. Except it doesn’t work. This is when- and this is the turning-point- it is said that the subject resists. Why do we say that? Because Freud also said it. But we haven’t understood what resisting means any more than we have understood sexual desire. We think that we should press on. And that is when the analyst himself succumbs to the lure.. .There is only one resistance, the resistance of the analyst. The analyst resists when he doesn’t understand what he is dealing with. He doesn’t understand what he is dealing with when he thinks that interpreting is showing the subject that what he desires is this particular sexual object. He’s mistaken. What he here takes as objective is just a pure and simple abstraction. He’s the one who’s in a state of inertia and of resistance.” Jacques Lacan, “Desire, life and death”, 229. En referencia a esta primacla del texto sobre el analista/crItico y Ia büsqueda constante del imposible Real dirIa Elizabeth Wright que en Lacan el crItico ya deja de ser un analistalarqueologo excavando los significados reprimidos (el proyecto freudiano de La Gradiva) sino el analizado atento a los trabajos del texto y débilmente conectado con los sucesos mundanos (el proyecto freudiano de chistes y actos fallidos). Elizabeth Wright, 112. 108 trece capItulos de que se compone Ia novela (“Las primeras visiones”, “Las antiguas casas”, “La muñeca”, “En Ia jaula”), y comprende el momento inicial de Ia narrativa en el que el texto establece como problema central las ansias de crecimiento, maduraciOn, y transformaciOn adulta del protagonista adolescente, y delimita el deseo del protagonista dentro de su proyecto particular de convertirse en aquel que “hace lo que se le da Ia gana”, y su conflicto, alrededor de Ia figura de Ia madre. El segundo momento, el más extenso, se extiende del capItulo 5 al capItulo 11 (“La sombra de las alas”, “El mundo y Ia torre”, “Por el borde”, “Oscuras imágenes borrosas”, “Sin embargo, esto”, “El rabioso secreto”, y “Resuena el polvo”), e integra el momento de ruptura de Ia dIada madre-hijo en busca de una tercera figura paterna fuera de Ia familia representada por su amigo peronista, Mario Gobbi, un adolescente un poco mayor que Ruben, e hijo del portero del edificio en que vive Ia familia de Ruben. Esta relación también sufre una ruptura al ser atacado Ruben brutalmente por Ia banda peronista de Mario. El tercer momento de Ia trama, por ültimo, comprende los dos ültimos capItulos 12 y 13 (“El barco de arena”, y “Los extraños dIas, los milagrosos dIas”), y marca el momento de resoluciOn del conflicto de Ruben con el regreso de éste al mundo materno, a una relaciOn madre-hijo ahora aun más reforzada por el cuidado que necesita Ruben debido a los golpes que recibe de los muchachos peronistas. El final de Ia novela concluye extrañamente con Ia reconcilaciOn entre Ruben y Mario. 109 Primer momenta de Ia trama: El mundo maternal caricaturesco de Ruben “Las primeras visiones”, el primer capItulo de Ia novela, abre Ia historia en el presente narrativo con el episodio de Ia mudanza de Ia familia de Ruben a Ia casa en Ia calle Defensa. En Ia primera escena de Ia novela aparece Ruben contemplando desde et altillo de Ia nueva casa en el ültimo piso, el tercero, las acciones de los mudadores, Rago y Lazzi, un lugar escondido y solitario en eI que se siente “seguro”, “poderoso”, “invulnerable”, e “implacable”. El interés de Ruben en Ia mudanza da un giro sübito, repentino, e inexplicable hacia Ia explosion de una serie de fantaslas sádicas orales y uretrales del mismo, deseos omnipotentes y manlacos de exhibiciOn y de destrucciOn que ansIan “escupir a todos” desde arriba a los de abajo, de “mearlos escrupulosamente”, de “hacer to que se le antojara”. Este deseo “formidable” de Ruben es el que se establece como el deseo iniciativo de Ia historia, Ia ambiciOn o Ia fuerza motora que impulsa y dinamiza el avance de Ia historia hacia el futuro narrativo. Por su importancia como pregunta inicial o premisa pulsional de base de Ia novela, citamos Ia escena inaugural en su totalidad: Ruben contemplaba todo desde su rincôn. Alli estaba seguro, agazapado entre los baUles. “Nadie me ye”, calculó. Se sentla poderoso; ninguno sabla que éI estaba ahI metido. “Ninguno”, se repitió complacido. Y éI vela todo: era invulnerable y podia ser implacable. Desde ese altillo los escupirla a todos. Desde ahI arriba. 0 mearlos escrupulosamente, con empecinamiento. Su sexo, un largo chorro dorado, mi pito, qué nsa. Era cuestiOn de resolverse. Eso: resolverse. Hacer lo que se le antojara. Ensuciarlos a todos, a quien se le diera Ia gana; serIa algo inesperado para los de aIlá abajo. Además, impune, porque to buscarlan sin descubrirlo. Eso era formidable, apuntar a uno del patio y, en seguida, decir que no, que era el otro el que habia elegido. Y retlexionO: “Alguna 110 vez to voy a hacer en serb. Yo, yo-se golpeó el pecho con el pulgar-Yo. AIgün dIa”. (9) Este comienzo del proceso narrativo de Ia novela moviliza Ia energIa y el deseo de poderlo de Ruben. El texto perlila y exalta el poderIo en términos fálicos pre-genitales, en cuya fantasia se privilegia el genital como un objeto de exhibiciOn o Un organo de emisiones uretrales, y los deseos orales y anales en sus impulsos de “escupir”, “ensuciar”, y “apuntar”. Con Freud dirlamos que el texto libera desde el inicio instintos anales de ‘desaflo terco’ ante el mundo, inclinaciones vengativas, u obstinación a darle Ia espalda al adversario con una agresividad y desprecio que se canaliza bajo Ia forma de Ia suciedad, escupir, y de impudor, mostrarle el sexo desnudo, venciendo las barreras represoras de Ia repugnancia, el pudor, el orden, Ia pulcritud, y Ia moral (El carácter 1354-1357). Curiosamente, segün el texto, el poder de dominio asI definido requiere del aislamiento, disimulo, ocultamiento del sujeto, condiciones que le confieren at deseo de Ruben un cierto grado de clandestinidad, temor, y ansiedad, elementos que apuntan Ia operaciOn de una instancia represora dentro del adolescente. El agente que explicita este deseo textual inicial a través de Ruben se halla a cargo de un narrador quien, siendo una voz extradiegetica, omnisciente, y dominante, tiende a identificarse con el personaje de Ruben cuando, al describir el sexo del muchacho, hace del mismo su propio Organo, “mi pito”, y se apodera del mismo grado de entusiasmo ante tat proyecto de ataque y disimulo, “eso era formidable...”. El poderIo, además, se implementa espacialmente desde arriba hacia abajo, del altillo hacia el patio, sentido fIsico, que a medida que avanza el proceso narrativo, verlamos que el 111 texto le adosa un sentido antagOnico más social, entre Ia clase “alta” burguesa y Ia clase “baja” trabajadora. En ei reiato de Ia mudanza, pronto nos damos cuenta de que el interés del texto radica no tanto en el desarroilo del evento sino en las multiples desviacio nes, reflexiones, o digresiones a que se entregan los personajes, especialmente Ruben en relaciOn a su madre y a su hermana, el mundo familiar que lo rodea. Por ejemplo, Ia subida de Ia jaula con ei canario de Ia madre al tercer piso resuita una excusa que utiliza el texto para dar pie a que el narrador y Ruben se entreguen a u na caracterización detaliada de Ia madre y su relaciOn con el hijo; lo mismo ocurre cuando Ia simple caIda de Ia valija de Ia hermana mayor de Ruben durante Ia mudanza se convierte en una verdadera bomba detonante que provoca las reacciones fren éticas de todos los vecinos del edificio. En términos gestálticos, Ia iey de Ia figu ra-fondo que opera en el texto aparenta dividir el mundo narrativo entre dos pianos: por un lado, el piano de Ia figura en ei que prevalece el mundo interior de los pe rsonajes y las relaciones humanas, y por el otro, el piano de un transfondo difuso en e l que vemos suceder los eventos exteriores que conciernen a Ia mudanza. Lieva ndo estos dos pianos a Un segundo nivel más emocional, consideramos que Ia configu raciOn de estos dos pianos obedece a un cierto desdén por parte del texto por seg uir los sucesos que hacen al evento principal de Ia historia, Ia mudanza de Ia familia de Ruben a Ia nueva casa, y una sobrevaioraciOn de Ia exploraciOn del mundo interior d e los personajes y las reiaciones humanas. La relaciOn que se haila mayormente expiorada en eI prim er capItulo corresponde a Ia de Ruben y su madre. El narrador, Ia voz principal de Ia novela en 112 tercera persona asume muchas veces Ia posición de Ruben en Ia narración, rasgo que se repite a lo largo de Ia novela en forma consistente. Este es un aspecto significativo ya que nos permite ver hasta qué punto el texto puede estar vehiculizando su propio pensamiento y actitud a través del comportamiento y Ia actitud que le asigna o encarga al narrador. Uno de los modos de acceder a esta relación entre el narrador y el enunciador (el texto) serIa una lectura contrastativa entre Ia relación quo mantiene el narrador con su objeto, y Ia relaciOn que suscita el texto con su lector, interlocutor, o destinatario implIcito, punto que iremos examinando a lo largo de Ia presente lectura. Desde el comienzo, el texto presenta Ia dIada madre-hijo como una unidad simbiótica, aspecto que queda reflejado cuando Ia madre se une a su hijo en el escondite del altillo, totalmente alejada del tumulto exterior de Ia mudanza como su hijo, y solo preocupada por mostrarle a Ruben Ia jaula con el canario que acaban de subir, y permaneciendo mera espectadora pasiva de las acciones de los do afuera: La vieja habla resuelto arrodillarse junto a su hijo en el piso de ese cuarto, olisqueando esta penumbra para colocar entre los dos Ia jaula con el canario. (13) —Es lindo, no Rube?- comentó Ia vieja en su rincón. -,Qué? -Mirar desde arriba mientras los otros hacen todo. -Ruben le echo un vistazo de costado: su madre brillaba con un aire juvenil de complicidad. -Si, reconociO-; es lindo. Ahora éI y Ia vieja eran dos cómplices en Ia oscuridad. . .La complicidad que los unia —transitoriamente, eso si, transitoriamente-contra todo el universo: ellos dos situados en un punto sobre una misma Imnea, sin nada más a sus espaldas, sin espaldas y todo aill delante como en una pantalla...(1 6) 113 Este es un pasaje que sugiere una identificaciOn caracterolOgica entre Ia madre y el hijo, especialmente en lo que concierne a Ia actitud frente a los sucesos de Ia realidad, el mundo. En Ia complicidad que crea el texto entre ambos queda sugerida Ia identificaciOn de Ruben con una madre que se caracteriza por Ia indiferencia, desvinculaciOn, y evasiOn de Ia realidad, y una actitud contemplativa, “altanera” (“mirar desde arriba mientras los otros hacen todo” como actividad principal en Ia mudanza), y también antagOnica ante el mundo (“contra todo el universo”). La jaula con el canario que une y separa a Ia diada madre-hijo adquiere en este primer segmento de Ia trama el valor de un amor narcisista de Ia madre, enajenaciOn social de Ia misma, y motivo de frustraciOn por pane del hijo. El narrador se suma a Ia actitud crItica de los hijos hacia esta madre tan absorbida en el pájaro durante Ia labor de Ia mudanza: “Que su madre sintiera miedo por ese bicho mugriento, lo anegaba una satisfacción terca, rencorosa”, “Solamente el pájaro le interesaba”, “Los dos miraron Ia jaula: el pajaro segula parpadeando con un aspecto idiota” (10,11,14). Se trata de una madre caracterizada como alguien infantil, inütil, imbécil, que ‘(no entiende”, despistada y vieja, y relegada en su rol de madre por su hija, Ofelia: Ruben Ia miró de costado: su madre habla entornado los ojos como Si se esforzara por recordar algo. “OfeIia habrIa terminado con todo? ,Con qué tenIa que terminar Ofelia? ReaImente su hija tenIa que terminar con algo? Pero Ruben sospechaba de ese gesto que ella usaba para cualquier cosa: para escabullirse o para poner su mejor cara de imbécil o para asegurar con una certeza confeccionada que se habla olvidado de algo. Era una vieja. “No entiende”-pensO. “No entiende nada”. En ese momento Ia podia golpear con furia y serIa igual; apenas si cabecearIa. (14) 114 El texto se imagina una figura materna existiendo en su propio mundo, interactuando con sus objetos internos a expensas de los Ilamados y ajustes a Ia realidad, rasgo que provoca en el narrador frustraciOn, Ira, y violencia (“en ese momento Ia podia golpear con furia y serla igual; apenas si cabecearla”): La vieja prefirió hablar de otra cosa; arrinconarse y quedarse alli hasta que terminaran con todo lo de Ia mudanza; que su hija se encargara de ordenar y de mandar y de discutir con ese hombre que cargaba ese olor desagradable. “Qué hace aquI mama?’- le habla preguntado Ofelia, y ella respondió con su oscuro desconcierto: “- Arreglaba este potich”; entonces su hija Ofelia le recordO bruscamente: “ Pero si siempre estuvo asi, mama. Siempre estuvo asf’. (15) La incapacidad de Ia madre de nombrar y de definir de manera concisa, la imprecisiOn que Ia domina, y su falta de consolidación de ideas y funciones constituyen las principales causas de frustraciOn por parte de los hijos. Por otra pane, además de este problema de orden simbOlico que afecta a Ia madre es posible observar otra dificultad que envuelve a Ia misma, Ia cual muestra ser de carácter más sexual: su represiOn sexual. En nuestra lectura del deseo textual que se dinamiza en Ia novela, tanto Ia condiciOn pre-simbOlica como Ia sexualidad reprimida de Ia madre son elementos que se relacionan estrechamente con eI desarrollo en el texto de los deseos pre-genitales a través de su protagonista Ruben. Es como si Ia historia matemofilial que plantea Ia novela procesara otra historia de carácter mãs emocional e inconsciente en Ia que tanto Ia madre como el hijo se yen sumidos en su mundo y objetos interiores, y limitados en sus modalidades simbólicas y genitales de existencia. En (a novela, Ruben quiere “obligarla a que fuera precisa para que no se imaginara revoloteando sobre las 115 cosas (19), mientras Ofelia compara el presente familiar dominado por Ia madre con un “antes” en que vivia el padre, y añora que “antes” cada cosa tenla un solo nombre: Un mundo sin intersticios, un universo macizo el de antes, definitivo. Un mundo de pan igual pan y de vino igual vino. Decla “Dios”, por ejemplo, y estaba segura de que en alguna parte algo se estremecIa. “Peine” igual “peine” y se podia apretar entre los dedos. “Dedos”, también, y ahI empezaba su cuerpo.” (18) Segün queda sugerido arriba, Ia facultad “paterna” simbólica de definiciOn y fijaciOn de sentido del mundo es algo que le falta a Ia madre. En Ia novela, Ia frustración que sienten los hijos ante Ia indefinición verbal e incompetencia intelectual de Ia madre es inmediatamente agravada por otro problema que Ia afecta que es su represiOn sexual: En taxi van las locas, Ofelia.. . En taxi van Unicamente las locas, Ofella, las locas. . . Nada más que las locas.. . Las que andan por ahI. . . Si, sI; todas esas. (20) El texto tiende a identificar a ala figura de Ia madre con el lugar de una realidad pre verbal y represiOn sexaul adignándole con frecuencia limitaciones del pensamiento y recriminaciones morales frente a lo sexual (“en taxi van las locas”), y en el padre, el de Ia funciOn simbOlica de distinciOn, definiciOn, y consolidaciOn conceptual, el texto impilcitamente generiza Ia facultad intelectual simbOlica como “masculina” y “paterna”, y el mundo pre-verbal de las emociones e impulsos sexuales reprimidos como ‘lemenino” y “materno”, suscribiéndose, asI, a los dictados genericos del sistema patriarcal dominante. El conflicto que se crea en el hijo procede, parece sugerir el texto, primordialmente de las limitaciones que involucran a Ia figura de Ia madre. 116 La caracterizaciOn de Ruben se halla dada principalmente en su relación con Ia madre, con su hermana, con los vecinos del edificio, y con los mudadores, situaciones que en su conjunto contribuyen a configurar un adolescente de sentimientos ambivalentes fuertemente polarizados entre repudio y apego, odio y obediencia hacia Ia madre, asI como una figura invariablemente “observadora” de otros, sin interacciOn o contacto con el mundo, y un sujeto retraldo, ausente, distanciado del entorno, y altamente ref lexivo, fantasioso. Su gran interés o curiosidad, sin embargo, por Ia vida de otros, de invadir su interioridad, se basa en realidad principalmente en su actitud contemplativa, en Ia mirada, las voces, y las imaginerlas que constantemente proyecta en el otro sin que pueda establecer efectivamente una relaciOn personal y total. Bajo la mirada de Ruben, las situaciones, eventos, y objetos mundanos de Ia vida (como es Ia mudanza) cobran un sentido corporal inhabitual o siniestro, como si procedieran de un mundo fantasmal. Envuelto en masivas distracciones y proyecciones erOticas pre-genitales, tiende a sexualizar el mundo o a reducir al otro a un cuerpo erotizado, y se obsesiona por Ilegar a ser el ideal de aquel que “hace lo que se le da Ia gana”. Estos efectos textuales hacen de Ia mudanza un significante multiple que bien puede apuntar hacia un requerimiento y ajuste a Ia realidad externa que se evade, o una imposición de un cambio que se ignora, o simplemente un presente que motiva el retorno de un pensamiento arraigado en el pasado. En efecto, el texto presenta a Ruben y su mundo en forma fragmentada y caricaturesca con todos los excesos, reducciones, y deformaciones que esta caracterizaciOn implica. Estos impulsos parciales que se hacen prominentes en Ruben constituyen Ia principal fuerza energética del texto que invade y se expande amplia e 117 indiscriminadamente sobre Ia mayorIa de Ia superficie narrativa, otorgándole a Ia narración aquella forma fragmentada, inconexa, discontinua, representativa de Ia novela, to cual, a su vez, provoca una reacciOn inesperada, brusca, de extrañez, y de misterio en el lector. AsI como el narrador domina, invade, y limita a Ruben a ser un espectador pasivo de Ia vida, escenas, pantallas, o acciones de Ia gente, de igual manera el texto se empena en “mostrarle” at lector los sucesos y las acciones de Ia vida más que narrarlas en forma más reflexiva, forzándole a tener una actitud voyeurIstica perpleja, confusa, y desconcertada con su narraciOn impulsiva y sübita. Un pasaje tIpico que muestra esta transformaciOn siniestra, gratuita, o infundada de to usual a lo extrañamente erOtico es el que se refiere a Rago, uno de los mudadores, y a Ia pareja del primer piso: Rago era el que mandaba. . . Ese era un tipo que hacla to que se Ie daba Ia gana. La habIa mirado a su hermana lentamente, con un descaro que a Ruben lo deslumbraba indignándolo. Pero el de allã abajo, que ahora estaba con las piernas abiertas y con el pelo Iacio echado sobre Ia frente, se Ilamaba Lazzi, Lazzi, Lazzo, Lazzito. Asomados sobre Ia mampara del primer piso estaban esos dos abrazados: el hombre casi desnudo, frotãndose Ia cara con Ia brocha mientras Ia espuma goteaba suavemente sobre sus pantatones, y Ia mujer que se hurgaba las uñas. De vez en cuando él le palmeaba las caderas y ella lo miraba sonriendo como satisfecha de que no se cansara de hacer las dos cosas al mismotiempo. (12) En el pasaje, el narrador se sitüa dentro del campo de visiOn de Ruben, y desde alil éste tiende a distinguir a los personajes por las partes de su cuerpo, y erotizar en forma repentina y consistente a las parejas que retrata. El cambio de una escena a otra, Ia del 118 mudador a Ia de Ia pareja, se produce en forma inadverlida, sin motivos aparentes para su yuxtaposiciOn. Sin embargo, es nuestra opinion que ambas escenas se unen en Ia significaciOn sexual que el texto le adscribe al deseo “hacer lo que se le da Ia gana”, cuando el mismo proyecta, expande, y reitera dicho sentido erOtico indistinta y masivamente en (as personas de Rago (su mirada erOtica hacia (a hermana), Lazzi (las piernas y el pelo lacio), y a pareja del primer piso (Ia pareja abrazada, el hombre casi desnudo). Lo mismo sucede cuando el narrador describe a Ruben inquiriendo sobre (a vecina del segundo piso, pasaje que acentüa una narrativa performativa centrada en las acciones, Ia distancia observadora de Ruben y su mirada exploradora o erotismo visual, y Ia repeticiOn de los impulsos onmipotentes y los deseos sádicos de escupir al mundo en Ia muchacha: Por primera vez, Ruben le yb Ia cara a Ia muchacha...Era Ia muchacha del segundo: después habIa bailado sacudiendo las nalgas y mirándose al espejo con ecuanimidad; después se habla frotado los dientes con un cepillo durante un largo rato, con frenesI, echando Ia cara hacia delante.. .Finalmente tomO Ia silla y Ia arrimó a Ia mampara. Ruben se asombró cuando advirtió que se disponla a escupir sobre el patio de Ia planta baja. Era algo formidable: Ia muchacha estuvo calculando como si apuntara a un punto — a un puntito determinado- y después dejO deslizar Ia saliva que se estirO igual a una goma y cayO suavemente hasta estrellarse junto a Ia rejilla del patio inferior. (15) Este pasaje referente a Ruben y a Ia muchacha del segundo piso reitera el motivo inicial de Ia escupida y Ia fantasia sádica de destruir “desde arriba” a los “de abajo”. El relato, por otra pane, se entrega a una significaciOn fragmentada de Ia muchacha mediante acciones corporales, para terminar bruscamente en el acto onmipotente 119 fantaseado por Ruben. Esta caracterización se halla a cargo del narrador, quien asume nuevamente Ia posiciOn, actitud, y los sentimientos de Ruben. El episodio de Ia mudanza concluye con el incidente de Ia calda de Ia valija de Ofelia, que por un error de los mudadores se deshace, y al darse contra el suelo se abre desparramando por el suelo Ia ropa Intima de Ia dueña, objeto que se carga de un valor inusualmente sexual, y marca un punto de explosion y reunion de los instintos polimorfos que predominan en los personajes: “su valija, y toda su ropa ocultada; algo encubierto, con olor a cosa clandestina.. .Algo puerco” (28). Este incidente revela, en particular, Ia profundidad de Ia represiOn sexual en Ia madre al provocar en ella un profundo desconsuelo y desesperaciOn: “esa vieja que se estremecIa llorisqueando a su lado, esos gritos interminables. . .Allá arriba Ia vieja gemia con Ia cara arrugada: “-La ropa de Ofelia... pobre hija, pobre!-” (28-9), mientras para Ruben es motivo de una epifanla al descubrir, gracias al evento, el modelo ideal a seguir en Ia persona de Mario, el hijo del portero, a quien ye enfrentar manlaca y violentamente a su padre jugueteando con Ia ropa interior de Ofelia. Esta actitud de Mario lo Ileva a Ruben a calificarlo como aquel que “hace lo que quiere”, “lo que se le da Ia gana”: “Ese podia romper todo, matar a los viejos, hacer que el mundo cambiara, rasgarles Ia piel a todos, y salir corriendo para cualquier lado.” (30): Ese muchachito que toda Ia santa tarde habla rondado por ahI, levantaba algo y se reIa con una crueldad descarada, acercándose al portero y exhibiendo lo que tenIa entre las manos como algo innoble: -Mirá Ia ropita que usan las viejas, papa; mirá qué ropita que usan las viejitas, papa! -Dejá eso, Mario! 120 -AquI ponen el cub! -jDejá, te digo’ -‘Es redondito, viejo! -Dejá...! Entonces el padre lo zarandeó con violencia, brutalmente, pero el chico segula golpeándobo.. .(30) En el texto, Ia “calda de Ia valija de Ofelia” significa para Ia madre un pecado 0 transgresión sexual moralmente censurable, mientras que para Ruben implica una causa de rebeliOn y ruptura con dicho orden materno y su interés en un nuevo modelo, esta vez, masculino (el capItubo se cierra con Ia promesa do Ruben de ganarse a Mario en el futuro (“Me gusta ése: Mario. Me bo tengo que ganar.” (31)), y sexualizaciOn de Ia figura de Ofelia, Ia figura doble, ‘oven”, de Ia madre “vieja” reprimida. El texto destina a Ia madre y a Mario para Ia connotación marcadamente sexual de Ia “valija de Ofelia”: Ia madre reacciona dramática e histéricamente ante Ia calda de Ia valija de su hija: AIIá abajo quedó Ia valija de Ofelia. . .esa vieja que se estremecla Ilorisqueando a su lado, esos gritos interminables. Allá abajo. “Ofelia”. Era ella y su valija y toda su ropa ocultada; algo encubierto, con olor a cosa clandestina. “Algo puerco”. (28) El lborisqueo y los gritos frenéticos de Ia madre siguen Ia idea de algo secreto, prohibido, y sucio quo sugiere el texto. V Mario emerge como el nuevo modebo yoico para Ruben al reaccionar juguetona y violentamente ante Ia represiOn sexual que ejerce el orden patriarcal sobre el mundo materno y los no-hombres todavIa. Con el segmento narrativo “Las antiguas casas” quo sigue al episodio de Ia mudanza, eI tiempo narrativo retrocede hacia el pasado para dar lugar a Ia historia del 121 pasado familiar de Ruben, una historia que remonta al proceso de empobrecimiento progresivo de Ia familia MarcO, Ia prehistoria de Ia dinámica familiar, y Ia historia polItica peronista desde el año en que muere el padre, el año 1945, que histOricamente coincide con el triunfo del regimen peronista en Ia Argentina. Este retato divide los distintos estadios econOmicos y politicos por las quo atraviesa Ia familia a medida que se van trasladando por las distintas casas cada vez más modestas. Nos interesa distinguir el modo en que este segmento entreteje las tres historias de Ia familia: Ia econOmica, Ia afectiva, y Ia poiltica. Do las cuatro casas o “islas” quo se suceden en el relato, Ia casa de Rivadavia, Ia de Gaona, Ia de Paramaribo, y Ia de San Eduardo, Ia residencia quo ocupa mayor espacio narrativo es Ia primera, Ia do Ia calle Rivadavia donde so incluye Ia historia del padre. El relato de Ia casa do Rivadavia se abre con una clara atracciOn de Ruben por los hombres peronistas a quienes ye desfilar desde el balcOn de su casa para festejar ol triunfo de PerOn bailando por Ia desierta avenida Rivadavia. Un abierto antiperonismo de Ia madre prohibe que Ruben los mire: “Ellos ganaron- murmuró Ia vieja-. Ahora son los duenos. Los dueños de todo. Hay que quedarse adentro, no hay que saIir, no se puede. . . Eios no dejan salir.. . No nos van a dejar salir más.” (33-4), y un viejo liberalismo enorgullece al padre: “- Viva Mitre y al que no le guste que me hue/a el upite” (38). Ruben tome que pudiera pasar encerrado hasta que Ia madro muriese (34). Observando dosde el balcOn do Ia casa, el narrador proyecta en Ruben su admiraciOn por los hombres peronistas por mostrarse agresivos, fervorosos, ruidosos, desinhibidos, y sexualmente promiscuos, como aquellos hombres quo “pueden hacer lo quo so los 122 ocurra” (33). Al representar a Ruben en las alturas del balcOn de su casa contemplando a los peronistas de Ia calte, el texto posiciona al muchacho en aquel lugar de poder, autoridad, y liderazgo que ocupa Ia figura de Perón con respecto a sus masas, poder paradigmatizado por el histárico balcOn de Ia Casa Rosada. En Ia fantasia textual, de este modo, Ruben mantiene un lugar de superioridad con respecto a los muchachos peronistas, y éstos, un valor fundamentalmente corporal, instintivo, y erOtico, idea que reitera Ia dicotomIa argentina liberal Civilización-Barbarie. Mediante Ia figura del balcón, el texto instaura y refuerza Ia idea de diferencia, separaciOn, e incomunicación fIsica y social entre Ia familia de Ruben y los peronistas. En el siguiente pasaje se observa cOmo el texto efectivamente reitera el deseo de “hacer lo que se les ocurra” desplazãndolo, ahora, a los hombres peronistas en quienes destaca, por sobre todo, el erotismo visual, exhibicionista, y homosexual que suscitan: Todos esos desplegaban una agresividad que se diluIa sobre Ia calle desierta. . .otro se habla quitado Ia camisa y lucia un torso brillante, aceitoso. . .Todo se habia agazapado delante de esos cuerpos relucientes que se estremecIan con su libertad. . .Cada uno tenia que ratificarse su propio cuerpo. . .“- Miráme; Fragar — el de Ia vincha habIa desnudado su sexo y se paseaba entre los que bailaban empujándolos de atrás. . .se acercaba sigilosamente a cualquiera, le golpeaba el hombro y ofrecla su mercaderla que el otro rechazaba con remilgos; otros lo empujaban suavemente, afectuosamente, pero ése queria que Fraga to viera, que Fraga advirtiera de qué era capaz, que lo felicitara, que toda esa calle desierta lo acatara. (32-3) El narrador considera a Ruben como alguien que admira a los hombres peronistas, principalmente porque lo ünico que hace es “admirar a otros” por sentirse una persona 123 incapaz de hacer lo que los hombres peronistas hacen, por ser blando, y por estar condenado a mirar a los demás, razOn por Ia cual ansIa “ser duro”: “TenIa que pensar mucho en sí mismo para resolverse a enfrentar a los otros. “Ser duro”, se dijo. Se prometiO ser duro.” (33). En el relato del padre en vida, se evidencia una figura senorial, autoritaria, machista, y egoIsta que somete y maltrata a Ia madre, viola a las sirvientas, y feminiza al hijo. Ruben carece de afecto hacia el padre, mostrando una distancia que se evidencia aun en el dIa de su entierro con una falta total de sentimiento hacia su cuerpo. Ruben se resiste a creer que el padre lo ha querido, por haberlo sometido a demandas incomprensibles, llamándolo muchas veces frenéticamente golpeando Ia cuchara contra el vaso para hacerlo corretear por Ia habitación, ordenándole que se pusiera su sombrero de paja, y tomara uno de los bastones, y marchara al compás de sus toques de cuchara en tomb a su cama (43). Esta historia familiar de encierro, sometimiento, distancia, y obediencia de Ruben se completa con el poder que detenta sobre su persona su hermana Ofelia, quien constantemente le ordena a Ia quietud, a Ia inmovilidad: “quédate junto a Ia ventana. . . te dije que te quedaras junto a Ia ventana, Ruben. . . Ofelia te dijo que te quedaras junto a Ia ventana. . . Ofelia te mandá que te quedaras junto a Ia ventana y que no te escondieras ailt . . No te escondas, Rube, no te escondas” (36-7). En Ia casa de Gaona, Ia casa de las escaleras, ya se registran indicios de declinaciOn econOmica de la familia: “siete sillas donde habla lugar para cuatro, dos mesas donde no cabla ni una sola” (45), y Ofelia se ye forzada a trabajar: “como si todos los escalones fueran culpables de su trabajo, de su delgadez, de sus ojeras 124 maravillosas” (44). En Ia casa o “isla” de Paramaribo, Ia familia desciende a una casa de grandes manchas de humedad, con el piso que se hunde por partes, y sin baño privado. La madre, muy frustrada, tiene que limpiar el baño: “ —Sucios, sucios”, mascullaba; “no limpian; jamás han tenido un baño. Sucios, sucios” (43). Y en Ia ültima casa de San Eduardo, Ia anterior a Ia del presente, predomina Ia oscuridad. Desde una perspectiva social, se podrIa pensar que Ia actitud crItica de Ia madre sugiere una tensiOn entre el descenso econOmico que enfrenta y los prejuicios clasistas que permanencen firme en ella (Ia clase baja como “mugre”), pero visto dinámicamente, Ia misma actitud que emana de Ia madre bien podrIa indicar el trabajo de Ia represión de los impulsos anales que circulan en el texto, No obstante, es nuestra impresiOn que Ia energética textual precisamente se propone levantar esta fuerza inhibidora pre-genital que se centra en Ia figura de Ia madre, meta que efectivamente logra alcanzar a nivel narrativo al liberar en el lenguaje los impulsos de desorden, impudor, obstinaciOn, y agresividad.39 Nuestra lectura del motivo de Ia suciedad en Ia novela sigue principalmente el esquema del conflicto dinámico inconsciente entre Ia represiOn de los impulsos anales que se hacen prominentes en Ia figura de La macire y La liberación de dichos impulsos dentro de Ia energética textual, y en este sentido esta lectura difiere de otras lecturas dinámicas que se plantean desde perspectivas más sociologicas, como por ejemplo, Ia que sugiere Mary Douglas. Para La autora, Ia suciedad es una categorla social de poluciOn, desorden, peligro, o anormalidaci tajantemente separada de los ideales de pureza, orden, y sacralidad por un sistema social de poder, imposiciOn u ordenamiento rIgido que Ia demarca y condena como marginal, transgresiva, y punitiva. Sin embargo, Douglas arguye que esta clasificaciôn y segregación estricta de Ia suciedad como aquello que comprende todos los elementos rechazados por el orden dominante (anomallas, abominaciones, e imposibilidades higlénicas, sexuales, morales, etc.) son imposiciones no libres de contradicciones e hipocreslas, ya que las condiciones inherentes a Ia vida escapan o rebasan toda demarcaciOn contundente entre orden y desorden, pureza e impureza: “the old definition of dirt as matter out of place.. .implies two conditions: a set of ordered conditions and a contravention of that order. Dirt then, is never a unique, isolated event. Where there is dirt there is social system. Dirt is the by-product of a system ordering.. .insofar as ordering involves rejecting inappropriate elements.. .Whenever a strict pattern of purity is imposed on our lives it is either highly uncomfortable or it leads into contradiction if closely followed, or it leads to hypocrisy. That which is negated is not thereby removed. The rest of life, which does not tidily fit the accepted categories, is still there and demands attention.” Mary Douglas, 35, 162. 125 Sobre Ia historia econOmica y dinámica de Ia familia de los MarcO que transcurre entre los años 1945 y 1951, tamblén se entreteje Ia historia polltica de Ia familia centrada en el peronismo. En el relato de cada una de las primeras tres casas por las que transitan los MarcO hallamos segmentos de dialogo entre Ia madre y Ofelia sobre el peronismo, los cuales van progresando paulatinamente en serie hasta formar una historia a medida que avanza Ia historia de las casas de Ia familia. La historia peronista de los MarcO comienza con Ia muerte del padre en 1945 en Ia casa de Rivadavia, y progresa hasta 1951, el año en que se sitüa el presente de Ia novela, y tiene Ia forma de un conflicto entre los hijos y Ia madre. Los orIgenes de este conflicto se remontan al año en que triunfa el peronismo, hecho que motiva el roce entre madre e hija sobre el peronismo incipiente de Ofelia frente a Ia férrea oposicion de Ia madre. La primera atracciOn de Ofelia por el peronismo se despierta en forma imprevista al percatarse ésta de que el partido ha ganado Ia elecciOn, un salto instantáneo, brusco, inesperado, y sin fundamentos, desde un antiperonismo sostenido de modo firme no hasta hace poco. AsI como el texto identifica a Ia madre con el lugar de Ia represiOn sexual, a Ofelia Ia asimila predominantemente con los impulsos sexuales, y esto podrIa indicar que el desdoblamiento de Ia madre de Ruben en una figura vieja y joven (madre y Ofelia) responderIa a Ia dinámica conflictiva de Ia represiOn en pleno proceso que el texto intenta convertir en Ia madre entre deseo y censura. Como bien se observa en el siguiente pasaje, el peronismo que abraza Ofelia no se debe a una convicciOn polItica intelectual, sino una fascinaciOn impulsiva pre polltica, en Ia que predomina Ia inestabilidad y ambivalencia del pensamiento: 126 La radio soltaba ese hilo de voz que se ensanchaba en Ia lejanla, al fondo do (a caja de madera: “---habia en este pals hombres quo ganaban veinte centavos y otros quince pesos por mes. Nosotros. ..“ “-Es mentira eso” — comentO Ofelia-. “Una puerca mentira”. “-,Acaso ganamos lo que necesitamos para ganar? “- Yo estoy apurada y ese tipo me demora Ia vida”- agregó Ofelia mirando hacia Ia radio-” Me liquida con su seguridac!’ “- Y. . .ganô”- dijo Ia vieja. “-,Ganó?- Ofelia se puso de pie; parecla enflaquecida, con Ia cabeza más chica, temblorosa- “IA ustedes les ganó!’ “- Vos estabas con nosotros”. “- Qué otro remedlo me quedaba...” “-Eras ml hija”. “-Por eso. Nada más”. (39-40) En esta breve secciOn de diálogo sobre el peronismo, y sobre Ia tension que se crea entre Ia madre y Ofelia, el texto desvIa o fuerza el sentido arbitrario del conflicto politico creado entre madre e hija hacia una dimensiOn subterránea más libidinal y generacional: el antiperonismo de Ia madre termina asociándose con Ia represión sexual de Ia madre, mientras que el peronismo de Ofelia lo hace con el reproche a Ia generaciOn do los padres. La cadena de asociaciOn que se crea para ambas a raiz del peronismo nos informa de (a existencia de otro sub-conflicto entre madre e hija sobre eI dinero, al cual el texto le otorga un valor especialmente erOtico: el comentario radial peronista sobre el salario motiva a queja do Ofelia por Ia falta de dinero en su familia, dinero que piensa necesitar mucho para vivir, a (0 que se opone (a madre con su sentido de frugalidad, sobriedad, y de moderaciOn: 127 Yo necesito poco”- dijo Ia vieja como Si le molestara hablar de Si misma. “-listed, sí, poco”- admitiO Ofelia con dos manchas violetas en las mejillas-; pero con eso no me conformo...” “-Necesitas mucho, Ofelia?” “- Para vivir.” “- Tenés muchas ganas de vivir eh? “. Yo?— Ofelia se tomaba tiempo para responder. “- S4 Ofella, vos”. “- Yo estoy caliente por vivir” (40) A propOsito de este pasaje en el que Ia cuestiOn poiltica entraña una valoración econOmica y erOtica al mismo tiempo, y teniendo en cuenta Ia significaciOn del diner o que sugiere el psicoanálisis como sustituto del excremento que el nino valora en Ia fas e anal de su sexualidad, se podrIa sugerir que el texto ordena el sentido politico del peronismo en términos de liberaciOn de los impulsos anales “económicos”, ya que el peronismo de Ofelia se liga a una aspiraciOn econOmica hacia Ia abundancia, mientra s que el antiperonismo de Ia madre se inclina hacia una forma económica más restrin gida de Ia frugalidad o sobriedad. En Ofelia Ia descarga del impulso anal econ Omico indefectiblemente termina en una erotizaciOn cuando Ia misma declara necesitar dinero por sentirse “caliente” por vivir. Con esto, insistimos, el texto tiende a orden ar el proyecto politico del peronismo desde una dimensiOn pre-polItica de los de seos e impulsos parciales, anterior al orden social propiamente simbOlico. Volviendo a Ia represiOn que opera en Ia madre, el narrador destaca u na reacciOn inmediata e inhibida de Ia madre ante Ia declaraciOn erotica de Ia hija “yo estoy caliente por vivir”, al describirla tapándose Ia cara por sentirse in tensamente amenazada, abochornada, violentada, acobardada, e impuesta por una op inion seria, 128 fuera de los Ilmites de un juego innocuo. Es como si Ia madre viviera Ia sexualidad desenfrenada de Ia hija como un ataque, como algo rIgido, insolente, e inmundo que rompe todo: “Ella pretendla que todos anduviesen en cueros. Y eso ya no era ser insolente sino inmunda. “Una loca” (40). Ante el triunfo de Perón, Ofelia le reprocha a Ia madre y a los viejos el no haber sido buenos jefes para mandar, de no haber mentido lo suficiente para convencer a otros de su cualidad sagrada para mandar, de estar destinados a mandar: “Hacerles creer que estaban destinados a mandar. Eso mama. Darles envidia hacléndoles creer que estaban destinados para jefes, mama. Mintiendo como jefes.. .“ (41). En Ia casa de Gaona, el conflicto peronista se mantiene tenso entre Ofelia quien sigue escuchando Ia radio y Ia madre quo Ia reprueba do pecadora inmoral e indecente. En este brevIsimo diálogo, el texto nuevamente reviste de un sentido erOtico al conflicto creado por el acto y Ia frecuencia con que Ia hija escucha Ia radio peronista: “-Usted me cuenta los pecados?’, “-Los pecados que me aturden. . .Ios pecados a gritos”, “- A usted le gustan los pecados calladitos, no? La vieja no contestó. Ofelia seguIa:”Los pecados entre dos, nada más, no?’ (44). La discordia peronista continua en Ia casa do Paramaribo, mostrándose más abierta Ofelia en su simpatIa por las figuras do Perón y Eva, sin nombrarlos, y a quienes llama “tipo” y “hembra”. Contiosa asquearle, sin embargo, las masas poronistas a las cualos Ia madro llama “Ia mugre que lo aplaude” (47). La admiración do Ofolia por Porón os por “sor fuorto”, o vagamonte por “hacer cosas a cada rato, todos los dias y decIrselo a todo el mundo” sin ningun contenido especIfico, y los antiperonistas son los incapaces, los quo no saben qué hacer, los quo carecen do 129 inspiraciOn. En Evita, por su parte, ye una “hembra” que “quiere gastar su cuerpo”, y no una “loca”, como Ia califica Ia madre, que sOlo “dejan que les toqueteen el cuerpo” (46). De nuevo aqul se reitera Ia coloraciOn de lo politico con el matiz eminentemente erótico. En este escueto segmento, Ruben hace una apariencia meteOrica sOlo para subrayar Ia energia sexual que desborda Ia narraciOn. La brusquedad de su apariencia y Ia incoherencia de su inserciOn dentro de Ia lInea narrativa en progreso reitera uno de los rasgos más caracterIsticos y más distintivos de Ia forma narrativa de Ia novela: (este dialogo lo inicia Ia madre dirigiendose a Ofelia) “- Yella?’ “- Quién, Ia mujer?’ SI. Esa.” Ofelia se recostO en el siIlOn con los brazos detrás de Ia nuca. Ruben le descubriO los sobacos afeitados, lisos como una piedra y sin olor. Toda Ia piel de Ofelia era asI. Esa es una hembra”- dijo por fin Ofelia. Una loca 7 (48) El tratamiento que recibe Ia figura polltica de Eva PerOn en este pasaje tanto por Ia madre como por Ofelia revela ser impersonal, sin nombre (“Ia mujer”), despectiva (“Esa”), erOtica (“hembra”), y moral (“loca”), con Io cual se desvirtüa el entusiasmo peronista en Ofelia, y recrudece el prejuicio social de Ia madre como miembro de Ia clase burguesa. La ültima de Ia serie de dialogos sobre el conflicto peronista también se incluye dentro de Ia historia de Ia casa de Paramaribo, secciOn que muestra Ia tensiOn madre hija vigente pero con el dramatismo, ahora, más reducido de Ia madre. Ofelia se ha 130 dado “el gusto”, segün lo pone Ia madre, de ir a Ia plaza de Mayo a participar de las manifestaciones peronistas, y se siente muy satisfecha de haber presenciado el buen discurso de PerOn y Ia figura de Evita, a quien Ia valora como una “perra caliente”: “-Es una perra. Una perra caliente, mama. Muerde. Da gusto. 0 miedo. No sé...” (52). El repudio de Ia madre hacia Ia figura de Evita persiste adquiendo un tono burlón: “-Se equivoco con las palabras?- La vieja armaba unos pancitos de algodOn-.”Dijo <kinesiólogo> o <kiniesólogo>?’ (52). Ofelia volverá a Ia plaza, pero no a gritar. El texto vehiculiza en Ia madre su comentario critico sobre Ia incompetencia simbOlica intelectual y cognoscitiva de Eva Perón, ya que pone en duda su conocimiento de Ia palabra “kinesiologo”, y una animalización y erotizaciOn de Ia misma (“perra caliente”) a través de Ofelia, con lo cual, nuevamente socava el sentido politico del peronismo. La primera pane de Ia trama que describimos se interesa fundamentalmente por definir Ia onmipresencia de Ia figura de Ia madre en Ia vida de Ruben, Ia dinámica de Ia represión en ella, y el modo en que esta relación primaria se implica en Ia dinámica social, polItica, lingüIstica, epistemolOgica, y sexual que concierne a Ruben. Esta primera secciOn se cierra acentuando aun más en “La muñeca” y “En Ia jaula” una relaciOn maternofilial centrada en el mundo sensual arcaico de Ia madre, el erotismo maternal, en cuya esfera las palabras que informan el mundo de Ruben son más cuerpo que ideas, más visuales, acüsticas, auditivas, olfativas, táctiles, y escénicas que mentales, lOgicas, o conceptuales, y mãs parciales y supenficiales que totales y profundas, más libres y caOticas, circulando desenfrenadamente por todo el espacio narrativo. No faltan en este mundo deseos incestuosos hacia Ia madre, de uniOn 131 completa, ni Ia inocencia de creer ser su Unico objeto de amor, esa figura primordial que en Ruben se duplica en madre y Ofelia: Y ahora (a proximidad de su madre: “Es vieja porque está en todas partes” pensO-. “Llena todo. En todas las piezas. En todas. Vieja. “Una aceituna tenla algo muy parecido: Ia came lisa, pero demasiado suave, y cuando Ia apretaba hasta formarle una arruga, ese pliegue tardaba en volver a su estado normal. (60) Mediante este pasaje, el texto reduce a Ia madre a un objeto parcial, al mismo tiempo que Ia totaliza como una energIa libidinal que acapara el mundo del hijo. La misma condiciOn parcial y libidinal se duplica en Ofelia, aquella madre joven a Ia que el texto imagina fragmentada en leche y en distintas panes del cuerpo, segmentos que proliferan de manera verdaderamente polimorfa en su valor erOtico: Mi hermana es mi leche. La lamo. Me lame. Y Ofelia se empequenecIa porque él ya Ia podia ver por todas partes, por pedazos aislados. Las piernas de Ofelia, los movimientos de Ofelia, Ia piel arrugada de sus codos, las pecas de su cuello. Ofelia no era una cosa total sino fraccionada. (61) En el pasaje, Ofelia se presenta dividida en distintas partes del cuerpo (piernas, piel, codos, pecas, cuello), y como sustancia (leche) y funciOn (movilidad). El narrador se Ia imagina como un objeto sensual para ser incorporado oralmente (leche, lamer) o consumido visualmente (verla por todas partes por pedazos aislados). Una ajada adolescente que se amasaba los senos antes de hundirse en Ia cama...Los amasO sin vanidad. . .casi comprobO su existencia como simplicidad y en seguida se acostO junto a su hermano y apagO Ia luz. El descubriO que las 132 piernas de Ofelia eran ásperas. . .-Este chico es mb- asegurá Ia vieja de pronto con un orgullo estüpido, y lo zarandeó estrujándolo contra su pecho varias veces hasta que supuso que Ruben forcejeaba por desairarse. (62) En este pasaje, Ia figura materna se duplica en Ofelia y Ia madre sobre el mismo valor corporal de los senos y deseo incestuoso. Esta proliferaciOn erotica del espacio narrativo se compana de un lenguaje que en Ruben y en el narrador se vuelve rItmico y lüdico en Ia siguiente serie de repeticiones: -EhH-gritó brevemente...ijEh!!-volviO a gritar...Eh!!-por tercera vez con las manos de vocina...1Eh!!-y su voz Ilegaba hasta el final de ese pozo...jEh!!- si en esa jaula colgada debajo del desvãn hubiera estado el pajaro. . . enloquecido goIpeando...Eh!! jEh!! —sacudiendo esa minüscula hamaca cubierta de excrementos blancos-. Eh!! Eh!! (71-2) El deseo de Ruben de escabullirse del silencio, Ia quietud, y Ia asfixia que provoca el mundo materno busca su satisfacciOn en el encuentro con Mario: “Mario gritaba allá abajo, en el patio. Ya me lo voy a ganar. Me lo tengo que ganar” (60). Segundo momento de Ia trama: Mario o el futuro que retorna al pasado Segün vimos en Ia secciOn anterior, el deseo narrativo iniciativo energizado por el proyecto de Ruben de Ilegar a “hacer lo que a uno se le da Ia gana” es motivo constante y ambición que encuentra su momento de puesta a prueba o realizaciOn 133 efectiva en el segundo segmento de Ia trama, secciOn que vuelve del pasado al presente narrativo del Buenos Aires de 1951. Este deseo impulsa a Ruben a salir, a distanciarse, o a abandonar el espacio familiar dominado por Ia madre en busca de una tercera figura con quien identificarse en el orden paternal social, capaz de liberarlo de Ia uniOn primigenia con Ia madre. Esta soluciOn de Ruben se halla encarnada en Ia persona de Mario, figura que emerge como el ideal de Ruben en el momento en que éste comprueba Ia capacidad de su héroe de enfrentarse contra Ia autoridad del padre en defensa de sus placeres sexuales. El proceso de realizaciOn del deseo de Ruben se desarrolla lentamente partiendo de los encuentros en secreto con Mario, a escondidas de Ia familia, hasta alcanzar momentos mãs abiertos hacia el final del segmento. En esta segunda parte de Ia trama todavIa persisten en su intensidad las improntas del pasado familiar, impulsos que Ruben debe ir venciendo para alcanzar sus objetivos. ,COmo progresa esta relaciOn con Mario en Ia trama? Desde el primer encuentro con Mario, Ruben asume el rol pasivo del “chiquito blando, rubiecito y rosadito” que obedece, escucha, admira, otorgándole a su idolo “morocho y analfabeto” el lugar del jefe, padre, o del que manda, a pesar de sentirse superior frente a las faltas lingüIsticas o deficiencias con las palabras que sufre Mario, a quien le cuesta encontrar las palabras justas, por Ia escasez de su vocabulario, y por el uso torpe del mismo. Ante el mInimo indicio de burla de Ruben, Mario se Ianza a reafirmar su autoridad con violencia: Entonces el morocho lo agarrO de los hombros y lo sacudió desdeñosamente, repitiendo con agrio desprecio: “- Pupita, pupita, pupita, pupita”, junto a Ia cara para que ese rubiecito, lindo, rosadito, le sintiera el aliento, para que dejara de 134 hacerse el fuerte, el que se rela de él porque se demoraba en encontrar las palabras o porque era lerdo para entenderlas, para que se ablandara como le correspondla ablandarse porque Ruben era, tenIa que ser blando y suave, y obedecerlo en todo lo que le mandara, en todo lo que le diera Ia gana de ordenarle. (92) A propOsito de este pasaje, hacemos notar que en su representación de Ia relaciOn de poder entre Ruben y Mario en base a divisiones raciales y clasistas con comentarios genéricos y sexuales, el texto reproduce uno de los imaginarios politicos dominantes dentro de Ia tradiciOn liberal del pals. En este imaginario polItico en el que se ratifica Ia dicotomla fundante de Ia moderna nación argentina civilización/barbarie, Ia clase liberal/Ruben personifica Ia raza blanca europea (rubiecito, lindo, rosadito), los valores femeninos (blando, suave, y obediente), Ia cultura letrada (dominio de las palabras), y una homosexualidad masculina feminizada (pupita), mientras que el pueblo o las masas/Mario encarna a Ia raza criolla e indIgena (morocho), los valores masculinos (fuerte, violento, mandón), y Ia clase iletrada (insuficiencia retOrica). Estos supuestos raciales y sexuales son los esquemas que, precisamente, han nutrido las bases de Ia naciente tradiciOn liberal del siglo XIX a través de obras como Amalia (José Mármol,1851), Facundo (Sarmiento,1845), y El matadero (Echeverrla,1871), para ser luego recuperados en el ensayo De Sarmiento a Cortázar por el mismo Viñas (David Viñas 1971). Estas obras, en efecto, son las que resumen el proyecto liberal bajo eI esquema binario de Ia Argentina “aristocrática, europeizada, y civilizada” de Eduardo (Amalla), Sarmiento, y el joven unitario (El Matadero) en contraposiciOn y bajo el sometimiento de Ia violencia de (a Argentina “sangrienta, asesina, y barbara” de los mazorqueros, los caudillos Facundo y Rosas, y los 135 carniceros federales del matadero de Convalescencia. La (homo)sexualización “femenina” del elemento liberal ya se halla presente en Ia heroica resistencia del joven unitario de EcheverrIa, quien prefiere ser degollado que ser desnudado ante los carniceros federales: “Primero degollarme que desnudarme, infame canalla” (94), y en Eduardo quien teme una muerte fálicamente castradora en manos de los mazorqueros rosistas: “-Bárbaros- dice Eduardo-, no conseguireis llevarle mi cabeza a vuestro amo, sin haber antes hecho pedazos mi cuerpo” (Mármol 60). Tanto el joven unitario de EcheverrIa como Eduardo de Mármol representan el sector “civilizado” de Ia sociedad y el lugar del temor a Ia castraciOn/feminizaciOn del hombre frente al mundo masculino “bárbaro” que representan los carniceros federales y mazorqueros. Sarmiento, por su parte, recupera Ia figura de Rivadavia en oposiciOn a Facundo y Rosas quienes “clavan en Ia culta Buenos Aires el cuchillo del gaucho y destruye Ia obra de los siglos, Ia civilizaciOn, las leyes y Ia libertad” (34), y declara que “Rivadavia nunca derramO una gota de sangre, ni destruyO Ia propiedad de nadie; y de Ia presidencia fastuosa descendiO voluntariamente a Ia pobreza noble y humilde” (68). Esta emergencia de Ia literatura romántica bajo el signo de Ia violencia de las masas es lo que reafirma Viñas en forma “sexualizada” en De Sarmiento a Cortáza, al decir que Ia literatura argentina emerge de un acto de violaciOn ejercido “desde afuera y hacia adentro”, de Ia “came sobre el espIritu”, o de Ia “masa contra las proyecciones heroicas del Poeta”, y que a partir de esta agresiOn, Ia literatura puede ser lelda contra el “ancho y denso predominio de Ia barbara materia” (15). Volviendo ahora a Ia novela, una vez establecida Ia autoridad de Mario sobre Ruben sobre Ia Ilnea dicotOmica social y sexual a que nos referimos arriba, el texto 136 enfatiza el deseo de Ruben de no perderlo, de volver a verb, por el miedo de quedarse encerrado para siempre “frotándose con su madre y con Ofelia en ese pasillo verde” (93). Al recordar este miedo, sin embargo, Ruben sucumbe al registro materno, regresando al placer alucinante que suscitan las fantasIas de union con Ia madre. En esta fantasia de coito incestuoso con Ia madre e inclusiOn en su cavidad corporal, Ruben desea y teme al mismo tiempo el retorno de to reprimido arraigado en el orden primario materno, el cual funciona, segün Christopher Botlas, bajo Ia ley de Ia recepción (72): Dormir con Ia madre implicaba sentir eI latido de ese cuerpo tibio y sin asperezas que se desmoronaba, obligándolo a agazaparse contra Ia pared”- Dejálo que duerma conmigo esta noche, Ofelia”, y éI tenla que acatar esa adormecedora proximidad que 10 anegaba en un suave disgusto y que le impedla acordarse de lo suyo; ese paso que to obligaba a rodar hasta tocar a su madre para hundirse justamente en su placer esperado, ünico, consolador, tan solitarlo que pretendla que éI mismo participara sin posibilidad de excluirse. (93) En el pasaje, el inconsciente reprimido que retorna es el orden maternal primario que se compone fundamentalmente de ‘presentaciones de cosas’ (thing presentations) anterior •a toda representaciOn de ideas y pensamientos. La madre se halla representada principalmente como un objeto (cuerpo) que activa los sentidos táctiles (tibio y sin asperezas), auditivos (sentir el latido), y kinestésicos (agazaparse, rodar, hundirse). Es el cuerpo-receptáculo, una madre arcaica que implica funciones psiquicas de recepción, gestaciOn, y sostén, asI como una forma de comunicaciOn sensorial, pre-verbal. 137 Mientras que en Ruben persisten conflictivas las tentaciones maternales, en Mario el “hacer lo que se le da Ia gana” alimenta el deseo de exhibir triunfante su potente sadismo y violencia ante Ruben, apetencia que se revela al describir gozoso Ia violencia doméstica que le inflige a Ia esposa el vecino del primer piso, y matar cruelmente a una paloma de su padre en Ia azotea. El lenguaje que transmite Ia violencia se vuelve lüdico y kinestésico, y sus motivos, incomprensiblemente gratuitos: “ese tipo faja a Ia mujer..Boing en Ia cara! Boing en Ia boca! Boing en el pecho! jBoing! jBoing! Boing!...Boing! Boing! Boing! -Ia serie de trompadas era certera, ininterrumpida, despiadada- Boing! jBoing! jBoing!...jBoing! jBoing! Boing!” (109). Y en Ia azotea del edificio, Mario zarandea repentinamente a un palomo gigante inocente que pertenece a su padre y lo sacude del cuello con rabia por ser un pajaro idiota, acto que repite causando que el palomo abra los ojos “desorbitadamente, indignado o espantado de esa violencia absurda”, y cubierto de manchas marrones, nuevamente vuelve a estrellar al pajaro y golpearlo “con frenesI” para liquidarlo de una vez. Todo esto para “hacer lo que se le da Ia gana”, y por odio a los padres: “Vos tampoco los pasas a tus viejos ,eh? — insistió Mario con un tono hueco” (124), ante lo cual Ruben permanece estupefacto, fascinado, y sin ánimo de intervenir, y con renovados deseos de “hacer lo que al otro se le ocurriera” (125). La precocidad sexual y social es un rasgo que se distingue en Mario con sus hábitos de fumar desde pequeño, su trabajo de adulto en el editicio, y su familiaridad con el mundo de las prostitutas. Hacia el capItulo 7, “Por el borde”, los encuentros con Mario siguen siendo secretos, a escondidas de Ia madre y Ofelia, y el ambiente interior de las casas que hasta ahora predominaban en Ia novela se abre hacia el espacio exterior de Ia ciudad 138 de Buenos Aires. En Ia primera escapada nocturna por Ia caNe Beigrano en Ia zona portuaria de Ia ciudad, Mario descubre los sentimientos antiperonistas de Ruben al verb arrancar de un paredOn un cartel con el retrato de Perón, mutilando, asI, al “hombre sonriente de Ia camisa gris” (134). Ante esta ofensa antiperonista de Ruben, Mario, un peronista, se sorprende y reacciona perplejo reprochándole el acto, pero sin violencia, y sin comentarios: “No jodas- Mario arreglO como pudo el cartel velozmente, mirando de vez en cuando a los costados; después lo tomO a Ruben del brazo:- Vamos putito. Dejáte de cosas” (135). En esta reacciOn un tanto moderada de Mario dirlamos que se efectiviza Ia ley termodinámica del texto de que nos habla Brooks, cuando el autor afirma que Ia energética textual liberada en el inicio no se pierde sino que se conserva (Reading 123). En efecto, en Ia novela verlamos más adelante que Ia ira de Mario ante el agravio antiperonista que comete Ruben es sOlo suprimida en este momento, ya que su energIa contenida se desatará, luego, en forma cruel y violenta hacia finales de este segundo segmento de Ia trama. Al mismo tiempo, Ia actitud antiperonista de Ia madre se va suavizando a medida que pasa el tiempo. Con los años ésta se ha vuelto indiferente al peronismo: “Ultimamente, su madre levantaba sus hombros. Nada importaba.” (134). Ruben siente verla resignada, 10 cual prueba que este muchacho se ha identificado o incorporado efectivamente Ia ideologla antiperonista de su progenitora: “Pero a Ruben le daba pena verla renegar tan fácilmente de sus convicciones, de todo su mundo” (134). Mediante Ia 139 yuxtaposición de este hecho con el incidente del retrato de Perón, el texto remarca el antiperonismo de Ruben. En los capItulos “Oscuras imágenes borrosas”, “Sin embargo esto”, y “El rabioso secreto”, Ruben intenta disputar el poder de Mario invirtiendo los roles en Ia relación, para lo cual invita a su competidor a su casa, ese espacio donde reclama sentirse dueño y poderoso, a una exhibición “ostentosa” de las pertenencias de su familia, y a las representaciones de una serie de juegos infantiles, en ausencia de su madre y hermana: “— Entrá, Mario, entrá- invitO Ruben con Ia confusa seguridad de que en ese lugar éI iba a ser más poderoso. . Ruben necesitaba ser infalible para deslumbrarlo con todo lo que allI habla. Vas a ver quien soy yo.” (145). Ruben acude a Ia creaciOn de un mundo Iüdico, fantasioso, y falso de artificios, disfraces, e invenciones de personajes imaginarios y situaciones pretendidas como el ünico lugar donde puede imponerse at poder de Mario, lugar que ofrece los Ilmites seguros y permitidos para los peligros del libre albedrIo de su osadla, de sus deseos de dominación, venganza, y humillaciOn del otro. La exhibiciOn lo Ileva a hurgar cosas antiguas de Ia familia, escarbar paquetes de cosas viejas, o remover las ruinas de Ia historia familiar como las fotos, retratos, y objetos personales de los miembros de Ia familia, un reino envejecido pero poderoso que para Ruben pertenece al dominio de Ia madre: “Que ninguno se lo fuera a disputar porque ella era Ia dueña de lo que nadie deseaba: las anchas comarcas de lo feo y de to viejo le pertenecIan, todo lo que habla quedado a un costado, las cosas olvidadas y por las que nadie volverIa a transitar” (147). Esta exposiciOn implica, por sobre todo, un esfuerzo constante por parte de Ruben do impresionar, deleitar, y entusiasmar a Mario 140 con sus cosas, para pretender su dominio sobre él, arrebatamiento de su poder, y expropiaciOn de su lugar del que manda, obligandole a que Mario lo obedezca. Esto le permite a Ruben sentirse un tipo “firme” y convertirse en el que “hace lo que se le da Ia gana”: Iba a ser formidable. La mejor manera de hacer lo que se le diera Ia gana. Mario lo obedecla y éI iba a ser un tipo firme. “Duro”, se dijo con exaltaciOn. Por fin. Por lo menos ahI. (152) El poderlo de Ruben y Ia subordinaciOn de Mario requiere un lugar de artificio y todo un desaflo para Ruben ante un invitado que se resiste a participar en su juego mostrándose tosco, desdeñoso, reacio, y desinteresado: Un sübito entristecimiento lo domino a Ruben al advertir que el otro los apartaba con el pie-; hay fotos, retratos. . .-Entonces tiene que tener mal olor —gangoseO Mario y se apretO Ia nariz con un fruncimiento despectivo más que de repugnancia. . . No me interesan las fotos, Rubi.. . Y qué vamos a hacer mirando fotografIas?... (145-46). A pesar de los intentos de dominaciOn de Ruben, Mario sigue ejerciendo poder sobre su amigo con su actitud negativa y despectiva hacia las fotos, y en esta relaciOn de poder, Ruben reitera Ia misma condición de subordinado que mantenla con respecto al poder materno. Esta lucha por el poder significa para Ruben fingir y mentir continuamente sobre Ia historia familiar, inventando miembros inexistentes, sus nombres, edades, parentescos, y estados vitales, animado por su convicciOn de someterlo a Mario mediante Ia büsqueda frenética de asombrarlo a Mario: “Eso era 141 para escamotear su estupidez. Ruben sintiO que lo dominaba. Que bastaba con otra mentira para prolongar ese juego que él estaba inventando.” (154). En esta lucha por el poderlo, sin embargo, Ruben encuentra obstáculos en Ia obstinaciOn de Mario de querer reinar aun en el juego, de ser él el que ordena: -. . . Presintió que Mario iba a dominar todo, las piezas y esas fotografIas. Mario no se deslumbraba. Eso hubiera sido una demora. No. El agarraba las cosas y listo-. ,Qué esperás para ponerte el sombrero? Ruben se sonrió blandamente: -Voy a parecer Ia de Ia foto- dijo como si hubiese intentado disculparse. -Ponételo, Rubi- insistió Mario mientras estiraba las piernas con placer confiado en Ia diversion que le iba a causar el otro disfrazado, pero conservando Ia alternativa para el caso de que no lo obedeciera, de echarse en el piso cubierto de recortes de viejos periOdicos, de cintas y de naftalina desmenuzada y dormitar olisqueando ese olor de cosas encerradas, tapadas, hundidas, vueltas hacia abajo. La voz le saldrIa opaca: “Vamos, Rubi. Hacé lo que te digo”, repetirla desde alli. “Ponéte ese sombrero y todo va a ser muy divertido”. Y cuando alzara Ia cabeza para mirar el resultado de su pedido, sentirla las mejillas cubiertas por ese polvo cristalino. -Yo me disfrazo Si VOS te disfrazás, Mario. -,Que yo me disfrace? -Te hacés el jorobado. -Pero Si éstas son cosas de mujer. -Te hacés Ia jorobada, entonces. (148) En este pasaje, el texto transporta Ia relaciOn de poder entre Ruben y Mario dentro de un contexto ilusorio de un juego en el que predominan los impulsos de feminizaciOn de las figuras masculinas como forma de confrontaciOn y superaciOn del poder dominante que genéricamente se concibe como “masculino”. Con esto el texto sugiere que el 142 cambio de poder que busca Ruben es solo posible dentro de un espacio imaginario lüdico o fantástico, en el que sOlo se puede pretender precariamente Ia posiblidad de tal transformaciOn. A medida que avanza este juego por varios dIas, el mundo lüdico de Ruben se va decayendo, empequeneciendose, al irse agotando sus recursos. Ya no le quedan más cosas para mostrarle a Mario, y todos sus trucos se han liquidado. En este derrumbe, Ruben ya no puede enganar a Mario, quien no solo recuerda todo lo que ha visto sino que también miente haber visto algo que Ruben nunca le ha ofrecido: “-iEso ya me lo mostraste!. . . Eso lo vi el primer dIa, Rubi... Ya me mostraste ese cucü de porquerIa.. .Cuándo te lo mostré, Mario?... Te dije que me lo mostraste. . .Y mandaba él sOlo porque hacla rato que se habla resuelto a eso.” (167). Mario sale triuntante, y para no perderlo, Ruben decide obedecerlo: “Va no hay nada más”, calculaba. Lo pierdo. Pierdo. Pero no se sentla fracasado. Habla que someterse: eso era agazaparse, casi como estar protegido. En realidad asI participaba de Ia fuerza de Mario.” (167). El episodio del juego se concluye con el deseo de Ruben de que Mario sea el encargado de “liquidar a las viejas”: “Que fuera Mario el encargado de liquidar todo eso. Que Mario se ocupara de liquidar a las viejas. Que despanzurrara todo.” (170). La segunda parte de Ia trama se cierra con el episodio del encuentro y asalto de Ia banda peronista de Mario a Ruben, un suceso violento que sella en forma dramática el desmoronamiento y el fracaso de Ia esperanza del protagonista de desprenderse del mundo infantil materno y consolidar su identidad dentro de Ia ley paterna y social simbolizada en Ia figura de Mario. El episodio se abre con Ia escena de Ruben tratando de escabullirse de Ia casa, y Ofelia impidiéndolo con violencia y amenazas. Ruben se 143 muestra decidido en desobedecerla: “Entoncesella se le aproximó intentando tomarlo del cuello, pellizcarlo, oprimirle dolorosamente Ia came, pero Ruben cabeceO hacia atrás golpeándose en Ia nuca y sintiendo Ia aguda necesidad de escupir o morder o de escaparse, y corriO por las escaleras hacia abajo. . . Te vas a arrepentir!” (171). Cuando vemos, luego, cumplirse Ia maldiciOn de Ofelia sobre Ruben al verse éste forzado a retornar a Ia casa materna después de haber sido brutalmente herido por los amigos de Mario, nos damos cuenta hasta qué punto Ia dinámica textual se halla dominada por el orden materno o cuan profunda es Ia inscripciOn de su poder en su desarrollo. La reuniOn de Ruben con Mario lo lieva a conocer a sus amigos Colosimo, Muso, y Raña, quienes lo reciben como un intruso “rubio y blanco”, y ante quienes Mario se muestra sumiso, sintiéndose obligado a justificarse por no prevenirlo, a explicar Ia presencia del foráneo, sin arriesgar, en lo posible, Ia autoridad que detenta ante Ruben. Mario se lo presenta a sus amigos como un pibe bueno y de una familia rica, fingiendo ser su niñero por encargo de Ia madre. El texto identifica una organización jerarquica rigida dentro de esta pandilla de adolescentes peronistas, siendo su jefe Colosimo, y advierte entre ellos un aire juguetOn suspendido sobre una agresividad contenida, emitiendo graznidos frenéticos, y moviéndose como una masa sólida, lo cual marca el preludio a su ataque sübito contra Ruben, por asumirlo “contrera” por ser “oligarca” blanco y rubio: “-,Es oligarca éste, Muso?-pregunto jadeando.-Qué? —Si es contrera” (191). El responsable de Ia fulminante explosion del sadismo fIsico y violación sexual contra Ruben será Mario, al confirmar Ia sospecha del grupo delatándolo de Ia otrora ofensa antiperonista en Ia calle Belgrano contra el retrato de PerOn: 144 Rana saltO con todo el cuerpo sobre el pecho de Ruben. Después lo golpeô metódicamente: -Fajarlo. . .fajarlo. . .pielcita linda- mientras Ruben pugnaba por esquivarse, con los másculos del cuello tensos, irritados-. . .fajarlo. . .un nene bien de pielcita linda.. .fajarlo y fajarlo. -Nada más, Rañita? -Lo que se te dé Ia gana, Colosimo! Ruben alzô Ia cabeza. Raña se Ia estrellO contra el piso. Pero de nuevo Ia levantO y pudo gritar: -jMario!- pero el cielo dejaba de ser rojo. ..Y era violeta por largos jirones que se retorcIan sobre sus brazos.-1Mario, Mario! Era in(itil. Habia que dejarse. Dejarse. Serla mejor. -,Está listo? - SI. - ,La sacaste? -Viva PerOn! -Te pregunté si Ia sacaste... -Colosimo so sonrió apenas: -SI-jadeO -iDale, colorado!1Metésela bien! (181-82) Nos interesa destacar aqul que para Ia significacion polItica del peronismo, el texto recurre a una codificación sexual de Ia relaciOn entre Ruben y Mario, a Ia cual concibe principalmente en términos raciales y clasistas. En esta e scena donde Ia tension provocada por Ia violencia, el temor, y Ia angustia textual alca nza su climax catastrOfico, Ia relaciOn entre estos jOvenes se sexualiza en un acto de violaciOn homosexual , en et cual el texto generiza at niño “bien de pielcita linda” de “fem enino” al adjudicarle una posicion pasiva en el coito, y de “masculino” a Ia banda p eronista como el violador 145 activo en el asalto sexual. El texto, por otra parte, intensifica en esta escena de extrema violencia los impulsos sádicos y erOticos de los muchachos peronistas, sin dejar de impartirle un cierto erotismo a Ruben en su “jadeo”, y su propio deseo de que Ia vIctima “se entregue”. La pronunciación del nombre de PerOn por primera y ünica vez en medio de este contexto de violencia sexual, nuevamente hace de Ia dimension poiltica del peronismo una función de una conflictiva libidinal regresiva. Para Ia significación poiltica de Ia feminizaciOn de Ruben, destacamos que eI peronismo que se gesta dentro de Ia familia liberal de Ruben surge, precisamente, en base a una “feminizaciOn” del liberalismo de los MarcO en el momento en que su proceso se gesta en Ia persona de Ofelia, y Ia familia se halla bajo el dominio de Ia madre en ausencia del padre, un tIpico patriarca liberal que curiosamente muere en el año en que sube al poder PerOn. Con esto, Ia novela sugiere que para que se produzca esta transiciOn poiltica del liberalismo de los MarcO al peronismo es necesaria Ia muerte de su padre liberal autoritario, machista, violador, represor, y violento, y ante quien Ruben ha ocupado un lugar femenino, de “nina”, severamente reprimido. Este posicionamiento femenino inicial de Ruben ante el padre liberal es el que se transfiere en el posicionamiento femenino de Ia familia ante el peronismo, reproduciendo todos los conflictos que caracterizaba Ia relación de Ruben con el padre. Esta primigenia feminizaciOn del liberalismo frente al peronismo debe su carácter a una incapacidad simbOlica “femenina” de Ia madre y de Ofelia para una elaboraciOn polItica ideolOgica sostenida sobre el peronismo, a una atracciOn netamente impulsiva y fIsica hacia el nuevo gobierno justicialista por pane de Ofelia, y a un antiperonismo más pulsional que intelectual que siente Ia madre. Este posicionamiento femenino inicial del 146 sujeto liberal ante el peronismo adquiere un significado sexual particular al ser procesado, luego, por Ia violenta historia de Ruben y Mario. En esta relación, en efecto, se observa que Ia condiciOn liberal en Ruben sufre una sexualizaciOn femenina homosexual y masoquista ante Ia condiciOn peronista de Mario, disposiciones que se vuelven particularmente prominentes a través de Ia fantasia masculina de flagelacion que el texto dinamiza en el centro de su historia. Debemos hacer notar que, en principlo, Ia idealizaciOn y atracciOn de Ruben hacia Mario no se debe a una intención expresamente polItica de afiliaciôn al peronismo, sino que surgen como una necesidad interna de ruptura con los lazos maternos primarios, de modo que Ia violaciOn que sufre Ruben en manos de los muchachos peronistas no se entiende como una consecuencia de un acto polItico conscientemente asumido por el protagonista, sino más bien como el desenlace de un conflicto libidinal profundo que afecta al joven Marco en relaciOn a Mario. La atracción inicial hacia Mario tiene en Ruben, en cambio, fuertes raIces sexuales desde el primer momento de Ia trama cuando éste se queda deslumbrado y fascinado ante el gran poder que Mario exhibe en desafiar a su padre en ciefensa de su sexualidad fetichista (las prendas interiores de Ofelia). Mario surge, en consecuencia, como modelo de aquel que “hace lo que se le da Ia gana” en sentido de liberaciOn o descarga indiscriminada de impulsos sexuales pregenitales orales, anales, uretrales, visuales, táctiles, y olfativos. Es dentro de los limites de esta organización sexual de los impulsos que ubicamos el trágico encuentro de Ruben con los muchachos peronistas de Mario. En “Pegan a un niño”, Freud señala que Ia fantasia de presenciar “cOmo pegan a un niño” tiene sus primeras ralces evolutivas en Ia fantasia de Ia época erOtica 147 incestuosa. En esta epoca, el niño es dueno de un sentimiento triunfante de que su padre sOlo quiere a él y no al otro niño, puesto que su padre “le pega ” a este otro nino. Sin embargo, cuando esta fantasia pasa a su segunda fase en Ia que el propio sujeto es maltratado por el padre, su contenido se invierte en “el padre no te quiere, pues te pega”, haciendo que el amor incestuoso por el padre y los s entimientos sádicos dirigidos at exterior sucumban a Ia conciencia de culpabilidad (2471). De este modo, Ia conciencia de culpabilidad transforma el sadism o del nino, “ml padre le pega a otro niño porque sOlo me ama a ml”, en el ma soquismo, “mi padre me pega”, permaneciendo en el niño el primitivo amor incestuoso infantil. La persistencia de esta fantasia masoquista en Ia fase genital como “pegan al niño”, no serIa más que el disfraz que oculta el deseo originario “el padre me ama” (2471). Bajo esta dinámica, dirIamos que el texto proyecta esta fantasia de flagelaciOn en Ia escena de golpes que recibe Ruben en manos de los muchachos peronistas, fantasia que oculta el deseo textual más masoquista de “los peronistas me pegan”, por su fuerte identicación con Ruben en novela. Mediante esta formulaciOn masoquista, o sexualizaciOn sádico-anal, el texto, en ültima instancia, reg resa a través del peronismo a Ia fantasia amorosa reprimida en Ia que anhela un a union homosexual con el prirnitivo padre liberal. Diria Freud que en este masoqui smo femenino, los sujetos masculinos son golpeados, maltratados, ensuciados, hum illados, y mutilados, asi como sometidos a una obediencia incondicional (El problema 2753). Relacionando esta fantasia masoquista con Ia problemá tica biopolitica que se ocasiona a partir de Ia homosexualidad, reconocemos Ia observaciOn que Gabriel Giorgi hace en Sueños de exterminlo (2004) de cOmo en Ia ficciOn masculina 148 dominante Ia homosexualidad se halla retOricamente unida a Ia imaginación del exterminio, y cOmo esto hace que Ia homosexualidad se constituya como categorIa sexual, social, juridica y cultural en Ia ambivalencia retórica de “ser” para ser condenado a “no ser”. Esta zona de perplejidad retOrica, afirma Giorgi, es donde Ia homosexualidad ha producido cuerpos limItrofes entre lo legItimo y lo ilegItimo, entre Ia pertenencia y Ia diaspora, entre Ia identidad y Ia diferencia, entre Ia muerte social y Ia muerte fIsica, entre el cuerpo y Ia cultura, entre Ia vida biolOgica y Ia vida polItica, volviéndose un mecanismo de proliferaciOn y contagios retOricos. En Ia biopolltica generada por esta retOrica contradictoria se articulan los cuerpos de Ia “homosexualidad” con categorlas tan heterogeneas como “peronismo”, “proletario”, “viejo”, “fascismo”, “animal”, y “judlo”, entre otros, haciendo que esta zona de doble valencia que ilumina Ia homosexualidad sea al mismo tiempo el lugar donde se organiza el corpus de “sueños de exterminio” (1 6-2O).° Los episodios encadenados en el momento narrativo intermedio de Ia trama, en suma, revelan el deseo narrativo de conducir al fracaso el proyecto de emancipaciOn de Ruben mediante Ia interrupciOn violenta de su identificaciOn con Mario. Si bien todavIa faltan las razones decisivas del segmento final de Ia trama que den cuenta de Ia lOgica latente de esta frustraciOn, por lo pronto, se evidencia en este desarrollo un proyecto narrativo dinámico. Este proyecto constantemente crea campos de fuerzas contrarias 40Sobre este tema de Ia poiltica y sexualidad en Ia novelIstica de David Viñas, Altredo Villanueva-Collado analiza, a propOsito de su lectura de JaurIa, el desplazamiento de Ia sexualidad genital masculina hacia Ia sexualidad mental en los sistemas polIticos talocéntricos y totalitarios. El autor encuentra en Ia novela episodios que senalan una reconstituciOn de Ia sexualidad masculina en el sentido de que Ia sodomla y el sexo oral ya no pertenecen a Ia esfera genital sino a Ia esfera mental de Ia sexualidad en Ia que opera el tabü sobre relaciones fisicas entre hombres. El control y Ia represiOn de Ia sexualidad por parte de los sistemas totalitarios Se entienden como una torma de evitar una confrontaciOn con Ia bisexualidad primaria de Ia psique masculina, lo cual genera una politica violenta basada en Ia agresión tIsica como torma de represiOn y a Ia vez de expresiOn de Ia sexualidad. Alfredo Villanueva-Collado, 22-33. 149 regresivas maternales que impiden su progreso hacia Ia realizaciOn del deseo, fuerzas que se hallan representadas por las fantaslas de union con Ia madre que persisten por el espacio narrativo, Ia recreación de los placeres de instintos parciales en el orden sensorial y lingüIstico, el extenso espacio narrativo dedicado al mundo del juego y de artificios en Ia casa/ruina “materna” de Ruben, y los impulsos sado-masoquistas que dominan y corroen Ia relación entre Ruben y Mario. En este segmento, entonces, el deseo narrativo inicial canalizado en el proyecto de Ruben termina siendo diferido, postergado, por el enorme apego textual a los dictados de Ia arcaica ley materna. Tercer momento de Ia trama: La resolución materna del conflicto de Ruben La energIa textual que impulsaba el movimiento narrativo hacia Ia realizaciOn del deseo de Ruben de desligarse de los lazos maternales, y de identificarse con Mario como figura prometedora de ingreso al orden paterno alcanza su momento de resoluciOn dinámica final en el tercer y ültimo momento de Ia trama de Ia novela. Segün nos sugiere Brooks en su consideraciOn psicoanalItica de Ia trama, y en especial, del masterplot del deseo humano que propone Freud en “Más aIIá del principio del placer”, este segmento final de Ia fuerza textual es el que determina Ia Iogica narrativa, que define su predicaciOn final, otorgándole coherencia y unidad de sentido a Ia narrativa, por constituir el punto final hacia el cual se dirige y anhela Ilegar el deseo narrativo, tal como en Ia dinámica de Ia vida psIquica Ia vida orgánica desea Ilegar al punto inorgánico de Ia quietud final, de muerte (Reading 95). El principio del 150 placer que rige Ia vida, dirla Freud, no domina los procesos psIquicos sino que se halla al servicio del instinto de muerte, constancia y estabilidad, pues Ia vida no sOlo busca placer, goce, y cambio, sino que también ansla sufrimiento y dolor en las repeticiones compulsivas de experiencias pasadas (Más allá 2541). El proceso al que se debe lo más valioso de Ia civilización humana es Ia represiOn de los instintos, Ia cual para Freud nunca cesa de aspirar a su total satisfacciOn mediante Ia repeticiOn de un satisfactorio suceso primario. Una obsesión de repetición en Ia transferencia, en los sucesos de Ia infancia, en los sIntomas, en los juegos de los niños, y en las neurosis traumáticas, indicarIa Ia existencia de instintos de muerte en tanto se tiende a ir más allá del principio del placer en procura del estado anterior de quietud, haciendo cesar Ia tensiOn de las excitaciones internas (Más allá 2536). Este deseo de Ia vida por Ia muerte comprende el “instinto” narrativo de Ilegar al fin de Ia historia buscando su sentido o cura en Ia muerte, una muerte que el texto sOlo puede alcanzar después de haber recordado, explorado, y elaborado sus secretos y traumas originarios y reprimidos (Reading 6). En los dos ültimos capItulos de Ia novela, “ El barco do arena” y “Los extraños dIas, los milagrosos dIas”, Ia novela termina con el regreso de Ruben, brutalmente herido y violado, al estado anterior de quietud, silencio, y pasividad del ámbito familiar materno. El estado de fragilidad y de vulnerabilidad fisica en quo se encuentra Ruben refuerza aun más su inmovilidad emocional y su estado infantil, convertido ahora en un bebé por el receptáculo materno que celebra con toda su ternura, suavidad, y calor el regreso de su niño vencido. Conforme a esto, el espacio narrativo en “El barco do arena” so cubre densa y caóticamente por las voces do Ia madre y Ofelia, voces que se 151 intercalan en forma energica para confortar Ia dolencia de Ruben y competir por su cuidado, como Si Ia dinámica textual ansiara más el resurgimiento pleno de Ia sensualidad de Ia madre arcaica que una consideraciOn reflexiva cognoscitiva de Ia misma sobre el incidente. Las esporádicas referencias que se intercalan en el grueso espesor de los afectos maternales, por consecuencia, apenas si informan sobre Ia secuela del asalto a Ruben y del peronismo de Ofelia. Las voces maternas de Ofelia y de Ia madre que afloran asI, por otra pane, adoptan una forma expresiva infantil más acentuada, acorde al proceso de regresión profunda que sufre Ia figura de Ruben: Chito, shh, duerma, haga nono, nononá, chito...Mi nube, nununil.. Para curarse hay que dormir, Rube; para curarse hay que estarse quieto. . . Hay que obedecer para ponerse bueno, Rube... Minino, monono, minene. Sandokan, Chito, shh... Vos come sin abrir los ojos, Rube... Los enfermos no deben mover las manos, Rube... no se habla cuando se está asL . . Para corner hay que abrir Ia boca, Rube.. .AsI no se hace, mama.. .AsI mama, asI... Yo soy ía madre. Yo. Yo soy Ia madre. Yo. . . Se pishó, ml nene?...Rubén toma tetita.. .es que es mucho más chico que vos. Es un nino.. . Eso es hacer lo que uno quiere, 10 que a uno se le da Ia gana. Y eso no puede ser. (183-98) AsI como el espacio y el lenguaje de Ia novela denotan una regresion general al estadlo infantil primario, también aparenta hacerlo Ia significacion de Ia experiencia del asalto sexual que sufre Ruben pasivamente en manos de Ia banda de Mario, en el momento en que su representaciOn en este segmento final de Ia novela adquiere un sentido sexual activo y placentero. El pasaje que resume esta experiencia es un collage que yuxtapone tres voces, Ia de Ia banda de los muchachos, Ia de Ruben, y Ia de Ia madre, en cuyas referencias se hacen notables Ia omisiOn de sus efectos traumáticos: 152 (-“Sos un bárbaro, Colosimo”. “-,qué? Y a vos no te gusta? Raña se bamboleó de nsa. “Pero está ma Colorado”, reflexionO Mario. “-Qué está mal?- Colosimo se sorbiO Ia nariz-, Después qua 10 hiciste?) Pero dos veces al dIa desbarataban todo ese orden minucioso y él sentla que to despellejaban y aparecIa blanco y desamparado ahI tendido. “- Eso que hiciste es una porquerIa, Ruben”. “-No hay que hacerlo más, Rube. Nunca más. Para siempre”. “-Es sucio, Ruben. Es algo intolerable. Algo inmundo”, y las dos mujeres se referlan a 10 que habla dicho. Se preocupaban por sus palabras y le miraban Ia boca y nada más. El pecado resiciIa aill. Pecado, pescado, cagado. (190-91) Dirlamos con este pasaje, que el texto tiende a endosarle al asalto un significado predominantemente erótico, moral, y culpOgeno, transformando Ia agresiOn fIsica que sufre Ruben en una experiencia erOtica reprobable segün los dictados morales de Ia madre, generando en el texto un sentimiento de culpa. Ante esta culpa que provoca Ia conciencia moral “católica” de Ia tradiciOn liberal (“pecado, pescado”)41 el texto desafla su opresiOn ético-moral mediante una irreverencia y profanación sádico-anal de sus mandatos (“pecado-pescado-cagado”). Al mismo tiempo, et texto también se sirve de este código sexual pre-genital para denotar Ia progresiva cleclinación del entusiasmo peronista en Ia famila. En efecto, para el comentario sobre el peronismo de Ofelia, el texto se limita a una breve referencia sexualmente burladora de Ia madre sobre el abandono del peronismo de su hija, quien declara ser Ia desconfianza y el asco que le tenlan los peronistas el verdadero motivo de su alejamiento: ‘ Dentro del cristianismo, el pescado figura como sImbolo de Cristo a partir del siglo III. En el siglo lila lglesia tomaria las cinco letras de Ia palabra “pez”: ICHTHYS como sImbolo de Jesus, Cristo, Hijo de Dios, y Salvador (lesous Chnistos Theou Yios Soter). (www.corazones.org) 153 Ya no vas más a ofrIo?’ “-4No conseguiste nada por ahI, Ofelia?” y —Te apretaron demasiado, Ofella?” su hermana se callaba. Era inusitado que Ofelia aguantara todo eso. Hasta que una tarde dijo simplemente, como si repitiera algo que habla pensado antes: “- Me miraban con desconfianza, mama. 0 con asco. No Se muy bien. “(199) Entre Ia madre y Ofelia, el peronismo se ratifica no como una polItica cognoscitiva (no se muy bien), sino como una atracciOn sexual impulsiva pre-genital auditiva (oIrlo), tactil (apretaron), visual (miraban), y gustativa (asco). En el ültimo capItulo de Ia novela, “Los extraños dIas, los milagrosos dIas”, se cierra Ia historia del proyecto de liberación y autonomización de Ruben recomenzando de nuevo el ciclo de su proceso de emancipaciOn. Es un final narrativo que se vuelve, al mismo tiempo, en el principio de un curso vital que se reanuda, de un ciclo que se repite. En este umbral terminal, el bosquejo de un nuevo comienzo es también el momento culminante de realizaciOn del deseo narrativo inicial, el regreso al mundo de Ia absoluta quietud, de paz, de tranquilidad, y sin conflictos que reside en Ia muerte. Este mundo alucinatorio maravilloso, de felicidad absoluta sin turbulencias ni sufrimientos ni cambios que alucina Ruben es aquel lugar donde habitan los padres ideales, una madre sólida y autOnoma, y un padre afectivo, solIcito, con conciencia de culpa y actitud reparadora. Estos padres ideales son los que corresponden a las imágenes desplazadas o renovadas que adquieren Ia madre de Ruben y Mario en el final de Ia novela, al fusionarse armoniosamente Ia doble imagen de Ia madre “madre/Ofelia” en una, y volverse servicial, compasiva, y automortificante Ia actitud del muchacho. La fusiOn de Ia madre y Ofelia en una sola figura maternal comprende una sIntesis armoniosa entre las dos mujeres a quienes Ruben ye, ahora, más solidarias 154 moviéndose juntas, saliendo juntas, amando y apoyándose mutuamente, y divirtléndose juntas sin preocuparse demasiado por su persona. El nuevo proyecto de liberaciOn que se promete Ruben para si mismo: ‘Me tengo que escapar’, se rectificO. Escaparse de esa casa; pero para siempre.” (203), lo une nuevamente a Mario, quien, ahora, se ha transformando en un amigo servicial, compasivo, y sobre todo, con conciencia de culpa y remordimiento: Que no hubiera nadie significaba que Ofelia y su madre lo habIan abandonado para hacer otra cosa. . . En ese sucio abandono hasta se olvidaban del pudor que siempre cultivaban. . .Las dos mujeres salIan juntas tomándose del brazo en busca de un mutuo apoyo que resultaba desabrido. . . Ellas dos se sentlan cOmplices de todo ese artificio...ellas eran solidarias ante Ia ciudad desierta, ante las calles agresivas, compasivas; ellas se amaban rabiosamente ante los demás, delante de todo el resto, y sallan de esa casa insoportable oprimiéndose del brazo.. .comentarIan entre las dos los muebles, algün cuadro. . .Ofelia parecIa envejecida repentinamente. (201-204) Desde Ia lógica del orden materno reprimido, Ia uniOn simbiOtica e incestuosa con Ia madre detenta el valor anal del “pudor”, mientras que su ruptura significa una “suciedad” reprochable, fantasia que contradice Ia IOgica del orden social paterno, propiamente genital, que tiende a invertir precisamente estas valoraciones: lo incestuoso como lo moralmente “sucio”, y Ia separaciOn como lo “pudoroso”. La ruptura de Ia dIada materno-filial se fantasea en este pasaje como un abandono y exclusiOn intolerable, generando en el narrador, via Ruben, sentimientos de envidia, desconsuelo, e impotencia. El reencuentro con Mario nuevamente cobra para Ruben el antiguo sentido de escape desde el orden materno, con lo cual el texto reinicia el ciclo de una conflictiva que resiste a su elaboraciOn o resoluciOn: 155 Mario, de pronto, se le habIa deslizado entre las piernas y lo habia alzado sobre sus hombros afirmándoselo allá arriba.. . iTe Ilevo a babuchas!... Soy un burro’... Soy tu burro, RubiL. iSoy tu burro, hago lo que se te dé Ia ganaL.. Soy tu burro, pégame, pégame, Rubi!...Pegame, Rubi!- para que se olvidara de todo, que no se fuera a acordar de eso. . .para que no se acordara de Rana ni del Colorado aquel. Para que se escapara para siempre de Ofelia y de esa vieja imbécil.. . Pegame todo lo que quieras! Hacé lo que quieras- y segula corriendo hacia el rio. (21 5-1 6) En Ia resoluciOn reconciliatoria que el texto imagina en este pasaje entre Ruben y Mario, un final positivo que el texto le inscribe a Ia fantasia de flagelaciOn, dirlamos con Anna Freud que el texto simultáneamente regresa a Ia sexualidad reprimida sádico masoquista, y a Ia vez inhibe Ia misma bajo una forma más tiernamente sublimada, sin Ilegar, por esto, a una verdadera renuncia de sus deseos primitivos. Ya que, tal como nota Ia autora en “The Relation of Beating-Phantasies to a Day-dream” (1922), las escenas de golpes/torturalflagelaciOn pueden bien estar en una relaciOn intima con otras escenas aparentemente contrastantes de clemencia/amistad/reconci liaciOn. Esta zona compartida estaria dada por aquella en Ia que se verifica una figura fuerte contrapuesta a otra más débil, un castigo por una ofensa, y un sentimiento de culpabilidad por el placer erótico que suscita el maltrato, por ese residuo erOtico hacia el padre primitivo que persiste en Ia fantasia masoquista (The relation 97). En Los años despiadados, Ia crueldad que sugiere su tItulo y su desarrollo hacia el momento de climax se apropia de una energia, espacio, y deseo textual mucho más intenso, y amplio, y profundo que Ia amistad forzada e incierta del final, y su impronta persiste aUn en este momento de Ia reconciliaciOn, al invertirse el lugar de Ia “necesidad de castigo”, ahora, en Ia persona de Mario (pegame Rubi). 156 Freud (Sigmund) distingue Ia conciencia moral del masoquismo moral desde el proceso de sexualizaciOn. La primera nacerla de una superaciOn o desexualizaciOn del deseo incestuoso edIpico, mientras que el segundo regresarla a una sexualizaciOn pre edIpica de los impulsos reprimidos, intensificando asI el sentimiento de culpa en el sujeto por Ia gratificaciOn prohibida a que se entrega (El problema 2758). La forma de expiar esta culpa es paradOjicamente eligiendo ser aün más masoquista, tentándose a cometer actos “pecaminosos” para infligirse el castigo que inconscientemente busca. Con esto sugerirlamos que el masoquismo textual en Ia novela opera sobre una culpa inconsciente por el placer que se procura en su regresiOn linguIstica y cognoscitiva a estadios anteriores al dictado simbólico patriarcal, y que lucha expiar esta culpa fantaseando castigos a través de Ruben: en el afiche de Perón que arranca, se esconderla esta necesidad de ser castigado, deseo que indefectiblemente se satisface con aquellos golpes despiadados y eróticos que busca en los muchachos peronistas. Consideraciones finales El final de Los años despiadados se halla marcado por el engano de Mario, el regreso de Ruben al seno materno, y los deseos e incertidumbres de una nueva tentativa de liberaciOn futura que proyecta el protagonista, y con este desenlace de Ia novela, bien podrIamos concluir que Ia historia de Ruben termina con el fracaso de su proyecto de emancipacion y maduraciOn adolescente. Sin embargo, segUn Ia lOgica narrativa que desarrolla Ia trama, Ia historia de liberaciOn de Ruben no sugiere un fracaso vital ocasionado por el sadismo y Ia violencia de Mario, sino más bien un triunfo 157 del deseo de Ruben de regresar y permanecer dentro de Ia esfera materna, un deseo inconscientemente buscado por Ruben, y de manera masoquista mediante Ia provocación de Mario con el destrozo del retrato de PerOn. Este incidente acelerarla luego su retorno a Ia madre, procurando el placer masoquista de ser ‘Ilagelado y violado” por el padre (Mario/Colosimo/Raña) como una forma regresiva de amor homosexual hacia él mismo, y una forma de expiarse del sentimiento de culpa que le genera Ia procura de este deseo prohibido. A partir del regreso al seno materno consumado al final de Ia trama, asI pues, el deseo del primer momento de Ia trama de Ruben de “hacer lo que se le da Ia gana” recobra su sentido inicial materno encubierto, y el proyecto de liberación que se procesa en el momento intermedio de Ia trama resulta un “autosabotaje” contra el cumplimiento del proyecto de IiberaciOn de Ruben, un mero co-optar por parte de Ruben las demandas de Ia realidad que lo impulsa a lanzarse a una identificaciOn precoz con Mario que, paradójicamente, le permite sumirse al mundo materno. Esta “frustraciOn” del proyecto de consolidaciOn yoico final, genital y simbOlico de Ruben se halla predicado sobre una madre infantil sexualmente reprimida y cognoscitivamente deficiente, y un padre “muerto” o ausente, represivo y violento, igualmente incapaz y distante a toda posibilidad de fortalecimiento del mundo epistemolOgico que requiere Ia transformación y maduraciOn social de Ruben. En Los años despiadados, en definitiva, Viñas comprende, razona, y explica el peronismo desde una lOgica profunda y libidinal, una forma alternativa al discurso programático racional propiciada por los ensueños, fantaslas, e imaginaciones literarias que habilita el discurso poético. En el imaginario inconsciente que emana del proceso 158 narrativo de Ia novela, el proyecto propiamente social y politico del peronismo se desvIa a un proyecto de crecimiento y maduraciOn vital e individual de un sujeto liberal que lucha, como sucede con el héroe adolescente de un relato Bildungsroman, contra Ia dificultad de desligarse de los objetos parentales internalizados desde Ia infancia. Esta lucha, segUn el comentario extra-narrativo que insinüa Ia novela a través de su trama, se ye severamente obstruida por hallarse el sujeto poderosamente clominado todavIa por los conflictos insuficientemente resueltos con las figuras parentales, especialmente con Ia madre. En Ia novela, Viñas se apodera de Ia fantasia de una madre liberal ambivalente, infinitamente acogedora y Ia vez irreversiblemente reprimida, 10 que Ia hace una figura incapaz de amar y celebrar el hijo que intenta, sin mucho éxito, encaminarse hacia el mundo social y paternal del peronismo. Es en su fijaciOn en esta madre imaginaria arcaica que el autor destina en Ia trama un espacio privilegiado para el retorno compulsivo de estos conflictos inconscientes reprimidos, más que un lugar desde donde impulsar el pasaje y progresión evolutiva hacia Ia maduración e integración social de Ia subjetividad filial. Los efectos de Ia represiOn de Ia madre/tradiciOn liberal que repercuten en el hijo se revelan en los dictados sociales, clasistas, genericas, y sexuales del patriarcado liberal que el texto reitera inconscientemente en su proceso narrativo, valores que se conforman a Ia dicotomIa argentina Civilización-Barbarie. Si Ia condiciOn pulsional de Ia polltica es Ia organización de Ia sexualidad en Ia fase propiamente genital, el correlato pulsional que Viñas imagina para el peronismo en Ia novela es predominantemente pre-genital, pre-verbal, más emocional e impulsiva que simbólica e intelectual, por lo que su significaciOn/sexualizaciOn se vuelve difusa, 159 polimorfa, sádico-masoquista, y parcial o fragmentaria. En otras palabras, Ia concepciOn peronista que Viñas perfila segün Ia dinámica familar de los MarcO en Ia novela a través de Ia relación Ofelia-madre y Ia relaciOn Ruben-Mario sugiere que esta preocupaciOn polItica permanece en Ia superficie “erOtica” de Ia preocupaciOn, en el registro pre-simbOlico de instintos parciales donde falta todo interés por el razonamiento cognoscitivo diferenciado. La cuestiOn peronista, en consecuencia, detenta un valor revolucionario precoz y compulsivo-repetitivo que esconde, en el fondo, un profundo deseo de regresar a Ia tradiciOn/madre liberal por el placer que generan las palabras/literatura/escritura como acciOn, cuerpo, voces, y escenas fantasiosas, y por Ia necesidad de seguir indagando sobre Ia cuestiOn de Ia identidad que sigue sin revolverse en el imaginarlo inconsciente de Viñas. En Ia novela de Viñas que analizamos a continuación, Dar Ia cara, veremos cOmo este sustrato pusional pre-genital que Viñas le adosa a Ia polItica emancipatoria (peronista) en Los años despiadados cobra una forma abiertamente histérica tanto a nivel narrativo como a nivel ideológico extranarrativo. 160 CapItulo III. Dar Ia cara (1962): La poiltica y sexualidad histérica Hacia un retrato histriónico de los jóvenes intelectuales portenos de los años sesenta Dar Ia cara comprende uno de los proyectos novelisticos más ambiciosos de David Viñas hasta Ia fecha, y se considera una de las novelas más representativas del contexto coetáneo al autor como miembro de Ia generacion de estudiantes y jOvenes intelectuales de izquierda que viven el turbulento proceso histOrico del gobierno de Frondizi en el Buenos Aires de fines de Ia década del cincuenta del siglo pasado.42 Asi como Los años despiadados aparece cuando Ia RevoluciOn Liberladora de los militares Lonardi y Aramburu se apodera del gobierno derrocando a Perón, Dar Ia cara también aparece en el año en que se produce el golpe militar de José Maria Guido, el cual instaura un gobierno civil de facto, destituyendo a Frondizi en 1962. Por su decepciOn ante el frondizismo en el editorial del n(imero 9/10 (1959), Contorno califica su fraude un fenOmeno tipicamente local que nace con el pals mismo hacia 1928-1930, momento en que ye frustrarse el primer intento contemporáneo de adecuar Ia Argentina a Ia expresión de sus fuerzas internas, con Ia calda del gobierno radical de Yrigoyen por el primer golpe militar de Uriburu (Análisis 1). En los tres artIculos que incluye dicho 42 Esta asociación inmediata de Ia novela con el gobierno de Frondizi se debe a Ia conocida experiencia de fraude que viven David Viñas y otros miembros de Ia revista Contorno como intelectuales de izquierda que apuestan en Ia facciOn intransigente del Partido Radical y en su representante maximo Arturo Frondizi por una polItica de renovaciOn y revitalizaciôn de coaliciôn populista y multiclasista en 1958, sOlo para decepcionarse y sentirse traicionados por Ia quiebra de su promesa una vez electo presidente con Ia aprobaciOn de Ia enseñanza libre para las universidades privadas y un plan econOmico neoliberal, entre otros. William H. Katra, 68-1 00. 161 nUmero, Un paso adelante, dos atrás de LeOn Rozitchner, Orden y Progreso de lsmael Viñas, y El espejo de Ia historia de Tulio HalperIn Donghi, Ia revista se propone mostrar, con todas sus divergencias, una preocupaciOn compartida por el “planteamiento de Ia situaciOn local como problema”, como hecho que debe examinarse “como Si cada vez fuera Integramente nuevo”, puesto que se trata de una realidad dinámica (Análisis 1). Esta coincidencia es lo que generalizarIa a Ia izquierda argentina en su conjunto, y Ia promesa de Ia entrada a Ia madurez que “hasta ahora se ha venido frustrando constantemente: Ia capacidad de Ia izquierda para intentar comprender este pals, es decir, para tomar un punto de partida que permita iniciar una acciOn eficaz” (El análisis 1). La coincidencia con esta coyuntura poiltica, y el previo apoyo y frustraciOn que el grupo Contorno vive con el Parlido Radical Intransigente de Frondizi, contribuyen a que Ia novela sea generalmente asimilada a un cuadro de Ia juventud intelectual de izquierda desilusionada y desorientada, sumida a una ineficacia politica por un medio castrador y a las frustraciones tIpicas de Ia pequena burguesla. Emir Rodriguez Monegal, por ejemplo, enfatiza su valor testimonial del medio marginal en que viven los estudiantes y los intelectuales de izquierda como evidencia de su alienaciOn con respecto al mundo concreto de Ia politica argentina (80-81). Esta valoraciOn socio polItica de Ia obra también es compartida por MartIn Kohan quien ye en ella Ia decepciOn generacional con Frondizi (526), asI como por Estela Valverde para quien Dar Ia cara le permite a Viñas enfrentar Ia problemática nacional asumiendo Ia posiciOn de una generaciOn que se siente traicionada o sin futuro al ver desmoronarse por completo sus ideales y esperanzas en Frondizi (114). 162 Por su pane, Pilar Roca resalta el modo en que Ia novela reconstruye los pnimeros meses del gobierno de Frondizi en 1958, y los primeros atisbos de un regreso al programa del liberalismo más duro (121). La autora opina que las páginas de Dar Ia cara recogen las inercias de una sociedad que acaba de salir del peronismo, y que ya deja entrever Ia decepciOn del nuevo gobierno de Frondizi. Como consecuencia, los intentos emancipatorios de una juventud que busca sus propios cOdigos y referencias culturales como forma de denuncia, y el fracaso de Buenos Aires como una sociedad en ebullición que busca cambios pero sin propuestas claras serlan las principales situaciones que elabora Ia obra de Viñas (123). En su consideraciOn “objetiva, realista, y convencional” de Ia novela como espejo de Ia ideologla del autor, Roca remarca Ia necesidad de Vinas de “anular complacencias, desarrollar Ia crItica hacia las situaciones, hacia los demás. . . para desbloquear inmovilismos y cIrculos viciosos, para que el crecimiento se haga posible” (132) tal como el tItulo de Ia novela pretenderla. En Dar Ia cara, asI, el autor “asume Ia realidad en vez de huir de ella”, y “asume al otro” en vez de utilizarlo como “pantalla de nuestras necesidades masoquistas”, cuya consecuencia más trágica serla “empatanarse aün más en Ia misma angustia y vaclo del que se quiere salir” (132). Desde una perspectiva marxista tradicional, Maria del Rosario Ferrer de Cowes encuentra en Ia novela los esbozos del proyecto de Ia revoluciOn socialista como Ia Unica salida para terminar las frustraciones del proyecto liberal de Roca, el proyecto populista de los radicales de Yrigoyen, y el proyecto desarrollista de Frondizi (249). DiOgenes Fajardo también ubica como referente histOrico de Ia novela los ültimos meses del gobierno de Frondizi en 1958, cuando “gran pane de los intelectuales, 163 universitarios y, en general, los integrantes de Ia pequena burguesla se sentlan enganados por el incumplimiento de las promesas quo demagOgicamente habla hecho Frondizi para conseguir votos” (166). En Dar Ia cara, Viñas comunicarIa el “sentimiento do traición y de desilusión experimentados ya en 1958 por quienes, esperanzadamente, habIan depositado su confianza en Frondizi” (168). El ünico problema residirla en su falta de perspectiva histOrica al querer lograr Viñas en esta obra una “simultaneidad entre Ia realidad histOrica y Ia realidad ficticia representada” (167). Nuestra impresiOn es que estas variadas lecturas de Ia novela derivan do una concepciOn tradicionalmente testimonial y documentalista del texto literario, en Ia cual el lenguaje funciona coma contenido transparente y objetivo de Ia “realidad” sociopoiltica externa, y expresiOn directa de Ia ideologIa del autor. Dentro de este realismo convencional, Ia escritura literaria se reduce a un medio que expresa un contenido, y las figuras retOricas cumplen un papel meramente instrumental para reflejar e ilustrar Ia literalidad de los hechos históricos externos. Esta distinciOn entre Ia dimensiOn externa e interna, 0 histOrica y ficcional en el discurso tiende a subordinar Ia escritura al contenido constituido por hechos, y limitar el estilo a una noción estrecha de una prosa legible o accesible de inmediato, en Ia cual Ia forma carece do efecto significativo o de contenido alguno. En nuestra loctura de Ia novela, los elementos contextuales histOricos e ideolOgicos se muestran mediados por Ia escritura, especialmente por su forma y estructura que remiten a Ia dinámica narrativa profunda, mediaciOn que, pensamos, en Ia presente novela problematiza Ia aparente actitud crItica objetiva y distante de Ia novela que presuponen los crIticos arriba mencionados. Con esto implicamos que Ia fuente de significaciOn de un texto narrativo para nosotros 164 no se halla en el qué de Ia historia que se cuenta sino más bien en el cOmo de este proceso narrativo, por lo que toda referencia social y poiltica que pueda insinuar el texto Ia buscamos no en Ia expresiOn directa y literal de sus contenidos explIcitos sino en aquella serie de dispositivos 0 medios particulares de expresiOn de que se vale el mismo para convertir tales contenidos narrativos. En este sentido seguimos los supuestos básicos narratolOgicos de Mieke Bal de que el texto nunca es idéntico a Ia historia que cuenta, y que sus significaciones, efectos, funciones, y referencias se hallan lejos de ser elementos narrativos de carácter finito. La finitud de un texto estarla dada en principio a nivel formal, por el conjunto de signos lingüIsticos que lo componen, y que le otorgan el carácter de una totalidad estructurada de cierta manera. En palabras de Bal: “a text is a finite, structured whole composed of language signs. The finite ensamble of signs does not mean that the text is finite, for its meaning, effects, functions, and background are not. It only means that there is a first and a last word to be identified” (5). AsI, en nuestro análisis tenemos en cuenta los elementos narratolOgicos tales como (a estructuraciOn de Ia trama ((a historia presentada en una secuencia particular), focalizaciOn de temas, caracterizaciOn de los personajes y su mundo, los eventos y Ia lOgica de su desenvolvimiento, perspectivas narrativas, el narrador y su relaciOn con los personajes y el texto, configuraciOn de tiempo y espacio, el lenguaje, y las imágenes. Estos elementos narratolOgicos que intervienen y aportan a Ia descripciOn del texto revisten para nosotros un significado dinámico profundo en el sentido de que, con Peter Brooks, asumimos Ia idea de que Ia estructura narrativa y retOnca del texto se compara a Ia de una estructura psIquica que se motiva y opera en base a ciertos 165 deseos y fantaslas tanto conscientes como inconscientes. Nuestro principal interés reside en Ia lectura de este nivel de funcionamiento dinámico en el texto marcado por los deseos, necesidades, ansiedades, y temores que puedan sugerir aquellas operaciones más formalmente narratolOgicas dentro del texto narrativo. El inconsciente textual, entonces, es el nuevo objeto de estudio que emerge dentro del campo de Ia crItica literaria psicoanailtica, objeto que privilegiamos a diferencia de aquellas otras categorlas de análisis más tradicionalmente considerados dentro de Ia crItica literaria psicoanalItica tales como el autor, el lector, y los personajes ficticios. Siendo uno de los mayores exponentes de esta renovaciOn de Ia crItica literaria psicoanailtica, Ia propuesta contemporánea post-freudiana de Brooks reside en evitar el desplazamiento de los objetos de análisis desde el texto a otra persona o estructura psicodinámica especIfica, para no caer en el riesgo de reducir el texto al pasado de una persona, entidad psIquica, o temática en particular (The Idea 334-335). El entrecruce entre las operaciones psIquicas y operaciones tropolOgicas, o Ia confrontaciOn entre los aspectos humanos y forma literaria son cuestiones que deben ser considerados, para el autor, dentro del texto mismo y activados por el proceso de Ia lectura. A este respecto Brooks especifica: “the trajectory through psychoanalysis forces us to confront the human stakes of literary form, while I think also that these stakes need to be considered in the text, as activated in its reading” (The Idea 341). Con estos conceptos narratolOgicos y dinámicos en mente, procedemos a continuaciOn con Ia Iectura de Dana cara. El argumento de Ia novela se centra en Ia vida de un grupo de muchachos de clase media que acaba de completar su conscripciOn en el ejército, y se propone 166 realizar sus proyectos personales en los variados campos de abogacla, cinematografla, literatura, deportes, y activismo estudiantiL Estos proyectos que ambicionan los personajes principales Bernardo Carman, Mariano GarbO, Armando Sabul, y Beto Gattani tienen Ia parlicutaridad de ser encarados como conflicto, disconformidad, o enfrentamiento contra figuras familiares e instituciones sociales que detentan el poder establecido, Iuchas que acaban en un fracaso colectivo ya sea por claudicación, huida, o resignaciOn por parte de los jOvenes. El protagonismo de estos muchachos jOvenes en Ia novela reitera Ia prominente centralidad del mundo masculino en las novelas de Viñas, mundo enfatizado en Los años despiadados a través de Ruben y Mario como acabamos de ver, y también en En Ia semana trágica mediante su protagonista Camilo como se vera en el prOximo capItulo, predominando asI el punto de vista masculino en todos estos textos narrativos. De este modo, y como bien señala Ia crItica, las dificultades, el desencanto progresivo, y Ia frustraciOn final de los proyectos personales son el destino comün que comparten estos jóvenes. Bernardo, un estudiante judlo de clase media, se ye atrapado en su dilema de entregarse al movimiento estudiantil y de subsumirse, at mismo tiempo, a las autoridades universitarias para asegurarse una carrera de prestigio y posiciOn social tradicional como abogado, mientras que Mariano, un señorito de clase alta, intenta independizarse como productor de cine sin Ia protecciOn familiar y profesional de su famoso tb cineasta Basilio; Beto, un ciclista profesional de clase trabajadora o “un grasa” (Dar322), por su lado, huye de las presiones, expectativas, y exigencias de su padre, un inmigrante italiano, de siempre ser el gran ganador, y termina por renunciar su anhelado campeonato en Roma; y Sabut, un escritor de origen sirio 167 libanés desafía a los escritores liberales consagrados en calidad de escritor joven de izquierda, pero termina entregándose al mismo orden liberal en su ansia y empeno por su prestigio y reconocimiento social. La lucha que libera este grupo de jóvenes contra Ia politica opresiva del sistema dominante termina en una revuelta intrascendente, tutu, y vacua. Si bien una ambientaciOn histórica referente a los procesos politicos que protagoniza Frondizi se halla presente en Ia novela, esta alusiOn en ningün momento se hace especifica en Ia novela, sino que se insinüa sOlo en forma indirecta, por lo cual consideramos reductivo todo intento de subsumir el significado de Ia novela bajo el ünico referente politico indicado por el fraude Frondizi.43 Desde una consideraciOn más sobredeterminada, mUltiple, y dinámica del proceso narrativo, nuestro análisis contempla, más bien, Ia posibilidad de que el fracaso del proyecto emancipatorio de los jOvenes que Viñas ficcionaliza en Ia novela se aproxime no tanto a un testimonio histOrico o crítica social que profiere Viñas contra el frondizismo, sino a una nociOn que opera en estrecha relaciOn con los mismos deseos y fantaslas textuales que proyecta Ia novela en su proceso narrativo. Los deseos y las fantasias textuales, recordamos, son elernentos dinámicos que inferimos a partir del modo particular en que el texto cuenta Ia historia de los jOvenes, es decir, Ia forma en que organiza su mundo tanto a nivel narrativo como retOrico mediante determinados eventos, personajes, relaciones, lenguajes, e imagenes que los envuelve. Desde esta perspectiva más discursiva y narrativa, entrevemos Ia posiblidad de que Ia historia del fracaso del proyecto Si bien Rodriguez Monegal enfatiza en Dar Ia cara (a centralidad del fraude del gobierno de Frondizi que vive Ia izquierda intelectual para Ia representaciOn del mundo caOtico y convulsionado de Buenos Aires de 1958, aclara de todos modos que “las cosas no están dichas aIII en forma tan clara”. Emir Rodriguez Monegal, 80. 168 independista de los jOvenes de clase media que cuenta Ia novela sea una idea Intimamente ligada con los deseos y fantaslas de Indote más masoquista en operaciOn en los estratos implIcitos o profundos del texto. Una de las caracterIsticas más distintivas que observamos en el proceso narrativo de Dar Ia cara es el modo plástico, accional, o escénico en que Viñas representa las relaciones y luchas de poder, modalidad que, además, centraliza una intensa y obstinada sexualizaciOn de Ia relación entre los personajes a to largo de su extenso espacio narrativo. Esta arliculaciOn de Ia representación polItica con Ia dimensiOn del movimiento y sexualidad es una dinámica narrativa que desde el psicoanálisis nos inclinamos a iluminar en base a su teorización de un proceso histérico. Freud nos informa que en Ia histeria, las fantasias, de naturaleza sexual, se traducen a Ia esfera motora, o se proyectan a Ia motilidad, retratando en pantomima una satisfacciOn libidinal reprimida de Indole autoerOtica, onanista, pre-genital, bisexual, y sensorial (Generalidades 1358). El cuerpo y el movimiento constituyen el lenguaje mediante el cual se presentifica o se hace retornar una forma de satisfacciOn sexual primitiva (Fantaslas histéricas 1351). La centralidad del lenguaje corporal en el drama histérico se deberla a que el nücleo de su conflicto, a saber, Ia sexualidad, se encuentra en el cuerpo (Yarom 19). De ahI que el cuerpo histérico sea no un cuerpo fisiológico, sino un cuerpo erOticamente traumatizado, tal como en el caso de “Dora”, una paciente de Freud, que mediante el asma, tos nerviosa, afonla, jaquecas, y catarro, su garganta, boca, y cuerdas vocales “hablaban” con su (no)movimiento sobre un trauma sexual, exhibiendo y simulando el placer reprimido que le era imposible expresar en forma simbólica (Análisis fragmentario 944). 169 En este pasaje de Ia operacion representacional simbOlica a una operaciOn motora de las vivencias del pasado, Freud asume una relaciOn de proximidad y de exclusiOn recIproca entre el placer sexual y el pensamiento. La actualizaciOn de los instintos en el sintoma histérico, o en el regimen del deseo que el mismo exhibe producirla una concomitante perturbaciOn o suspensiOn del pensamiento cognoscitivo, desde que el despliegue afectivo inhibe el curso normal de Ia simbolizaciOn, por acercarse el proceso afectivo aI proceso primario no inhibido (Proyecto 254-55). Parafraseando a Freud, y reivindicando su idea de que el “pensamiento es una descarga inhibida”, Monique David-Ménard observa que en el pensar queda diferida Ia gratificación sexual por desarrollarse en su proceso cadenas de representaciones que mantienen una conexión tenue con Ia memoria de los objetos que inicialmente dieron placer. Cuando se produce Ia descarga del placer sexual, en cambio, el aparato se vacIa de toda energIa acumulada por el deseo, provocando motilidad dentro del cuerpo, y abandonando temporalmente dicha elaboraciOn de pensamiento y juicio (5). ,COmo se organiza, entonces, el fracaso del proyecto emancipatorio en Dar Ia cara dentro de este esquema narrativo que suponemos histérico? ,Qué relaciOn aguardarla el estado de desánimo, abandono, desolaciOn, y resignaciOn inevitable de los jOvenes que propone el texto con eI desplazamiento de su proceso narrativo hacia Ia dimensiOn del movimiento y sexualidad? Qué formas y fantasIas comprende Ia sexualidad que centraliza el texto, y cOmo repercute su conflictiva en el pIano politico? En el siguiente análisis, intentamos dar cuenta del desarrollo que sigue el deseo textual a lo largo de los distintos momentos de Ia trama que presenta Ia novela, con el fin de iluminar y cotejar el programa politico reformista ‘parricida y denuncialista’ de 170 Viñas/Contorno con el proyecto polItico que se revela desde el estrato profundo que dimensiona el presente discurso poético. En esta lectura, tenemos en mente Ia posibilidad de que Ia consigna programática del grupo “literatura como acción polItica” contraste con una escritura poética que realiza un acting-out repetitivo-compulsivo de una polItica secuestrada por una forma e historia particular de Ia sexualidad. En términos generales, el desarrollo narrativo de Ia novela a Jo largo de su extenso espacio de 542 páginas (“desmesurada extensiOn” segUn opina Monegal, 82) ordena Ia conflictiva del poder en cuatro niveles. El primer nivel consiste en una especificaciOn del conflicto en sentido más abarcativo o universal en términos de clase (los jóvenes vistos como miembros de Ia clase media argentina subordinada a Ia clase dominante liberal); en un segundo nivel, el conflicto de esta clase media se particulariza en sentido generacional o evolutivo (los jóvenes vistos como hijos que se rebelan contra las autoridades paternas); luego, un tercer nivel que consiste en una mayor contextualizaciOn de este conflicto generacional en sentido distintivamente étnico o racial (el prominente carácter del inmigrante judIo (Bernardo), del italiano (Beto), y del sirio-libanés (el turco Sabul) que presenta el grupo protagOnico; y una Ultima centralización de este conflicto étnico sobre (a cuestiOn étnica judla (el carácter eminentemente protagonico de Bernardo en Ia novela). A propOsito de esta problemática semItica que se distingue en Ia novela, debemos hacer notar que Ia herencia judla en Viñas44, su ensayIstica sobre xenofobia Una de los rasgos distintivos del grupo Contorno, como señala William Katra, es el carácter judlo de sus principales miembros: “lsmael and David Viñas, in addition to Juan José Sebreli, Noé Jitrik, and LeOn Rozitchner, had grown up under the humiliating glances of the majority population on account of their Jewish heritage. To grow up Jewish meant to be aware of social and cultural differences and, on occasion, to experience ostracism and insult. In an atmosphere relatively free of social tolerance, they learned to accept their Jewishness neither as an embarrassment nor as a right of vindication, but merely as one among several aspects of their social origins... During the Contorno years.. .their Judaism was 171 argentina, y Ia temática judIa en su novelIstica, especialmente en Los dueños de Ia tierra y Dar Ia cara, ubican a este autor en un lugar de relevancia dentro de Ia tradiciOn literaria judeo-argentina. Edna Aizenberg, por ejemplo, tiende a ver en Viñas a un escritor judlo opuesto a Ia visiOn integracionista judeo-criolla que tradicionalmente se le atribuye a Alberlo Gerchunoff en su pionera pieza literaria Los gauchos judIos (1910). Segün opina Ia autora, su actitud crItica mordazmente explicitada en su ensayo “Gerchunoff: gauchos judlos y xenofobia” (1975) lo integra, junto a Saul Sosnowski, Leonardo Senkman, Mario Szichman, y Gerardo Mario Goloboff, al grupo de escritores y crIticos judIos ‘parricidas’ (23). accepted less as a class or ethnic distinction and more as a metaphor for idealistic youths such as themselves, whose actions were impeded by an intransigent social system. In Dar Ia cara Viñas would call “judlos del alma” those progressive youths of the country whose good will and social concern motivated them to dream about and struggle for a better future.” (Katra 18) Es nuestra opiniOn que aqul Katra minimiza Ia profunda problemática étnica que plantea Ia novela sobre el eje de clase desde una reducciOn del proyecto de Contorno a un idealismo juvenil. Estela Valverde, por su lado, ubica Ia herencia judla de Vinas desde un pIano más personal: “Frente al ambiente ruso/judlo/anarquista materno [su madre Esther Porter es hija de inmigrantes judios provenientes de Odessa, y Ilega a Ia Argentina a un año de edad], tenemos el mundo de su padre- el Dr. lsmael Pedro Viñas, hijo mayor de Don Antonio Viñas Veneroso-, catOlico, clase media de Ia provincia de Buenos Aires, con cierta disponibilidad econOmica.” (Valverde 32-3) ‘ A propOsito del artIculo “Gerchunoff: gauchos judlos y xenofobia” de Viñas, Aizenberg reconoce en el escritor contornista a un anti-gerchunoffiano parricida que desafla a (a entrega asimilacionista oportunista y utOpica que el creador de Los gauchos judIos realiza a Ia torre de Ia sociedad liberal argentina, al afirmar que “Vinas argues that Gerchunoff sold out to the liberal “pseudo-republic” in return for a place in the sun” Edna Aizenberg, 23,28. En el artIculo, sin embargo, Viñas oscila entre una justificaciOn de Ia actitud asimilacionista de Gerchunoff desde Ia consigna de Ia Agentina del Centenario de alcanzar el “crisol de razas”, o integraciOn racial, cultural, e idiomática de los elementos heterogeneos del pals, y una imputaciOn xenofObica “inquietante” que esconde el mismo espiritu celebratorio. Y Si bien Viñas reprocha el olvido de las diferencias más evidentes como el primer paso en el logro de una integraciOn, tampoco niega una visiOn de ‘callejOn sin salida’ o autodestructiva cuando enfatiza que Ia otra alternativa a Ia alienación del intelectual argentino a Ia perspectiva de Ia alta burguesla liberal, o los términos opuestos a (a dependencia son ‘el irse o el suicidio”: cAcaso su [Gerchunoff] fervor indiscriminado por las fiestas oficiales debe ser interpretado como una forma de alienaciOn a Ia perspectiva de Ia alta burguesla liberal? Lamentabjemente, 51. Pero 6en esa coyuntura histórica tenla el intelectual argentino alguna forma de sustraerse ese proceso? SI; ya se vio en general y ahora se corrobora; como términos opuestos a Ia dependencia sOlo dos: irse o el suicidio. Eso, en 1910. David Viñas, “Gerchunoff: Gauchos Judios y Xenofobia”, 94. 172 Naomi Lindstrom, en camblo, se inclina por recuper ar a Viñas más convincentemente a través de su novelIstica, redimension ando en ella una crItica ideolOgica mediatizada por el análisis de los elementos e specIficamente literario-. textuales, en un intento de superar las limitaciones de una lectura ideolOgica extraliteraria a Ia que se aproximarla Aizenberg.46 Segün esti ma Ia autora, el pretender que las ideas sociales de Viñas se hallan transparentadas en su ficciôn, equivaldrIa a ignorar aquellas cuestiones mucho mãs complejas que hacen que los persona jes de Viñas se conviertan en interpretes de Ia historia argentina y su realidad polItica actual (88). AsI, Lindstrom lee Dar ía cara desde el fracaso de sus personajes por adv ertir Ia problemática de (a etnicidad judla dentro del conflicto argentino de clases, una ceg uera o dificultad que se deberla principalmente al hecho de qu e Ia visiOn de Ia escritura de Viñas se halla fuertemente mitificada en consonancia co n los intereses de Ia clase dominante, 0 como dirla Humberto Rasi, por concebir (a historia argen tina como Un continuo en el que las diferentes clases sociales compite n por (a hegemonla polItica Esta alternativa negativa que se plantea Vinas detrás de su virulenta crItica al supuesto integracionismo de Gerchunoff es un dato que nos llama Ia atención por hal larse consistemente omitido por Ia critica, y por constituir, segün nuestro modo de ver, una de las temátic as centrales que se procesa en Dar ía cara. Alicia Benmergui, por ejemplo, al referirse a Viñas, habla del escritor judlo m ás ácido e intransigente que recrimina en Gerchunoff Ia integración por partida doble, de sobrevivir en La NaciOn y de exaltar el ‘crisol de razas’ de Pa oligarquIa. Alicia Benmergui, 126. Consideramos muy relevante Ia innovaciOn crItica que propone Lindstrom en “Problems and Possibilities in the analysis of Jewish Argentine literary wo rks” (1989) ante una aproximaciOn tradicional marcadamente testimonial e ilustrativa que se observa en las reflexiones literarias judeo-argentinas. La subordinaciOn de Ia literatura a las cuestiones sociológic as cle identidad judIa o anti-judla sOlo haria prominente las circunstancias ‘reales’ de inmigraciOn ta les como los patrones de colonizaciOn, de asentamiento, y problemas de identidad judIa frente a Ia dominante s ociedad hispano-catOlica, a expensas de otras dimensiones de significación que pu eden derivar de los rasgos especificamente textuales en relaciOn a Ia vision e imagen del autor sobre el judaismo. Su idea es que para una lectura ideolOgica del autor concerniente a Ia temática judla es más pertinente encarar una crIitica literaria basada en el análisis textual o discursivo desde un marco más especificamente formalista y semiOtico. Entre las obras que a pesar de haber suscitado abundant es comentarios crIticos, han carecido, hasta Ia fecha, de tal atenciOn analItica propiamente formal Ia au tora incluye Ia literatura judeo-argentina de Alberto Gerchunoff, Carlos Grunberg, Julián Martel, Hug o Wast, David Viñas, Bernardo Verbitsky, Bernardo Kordon, y German Rozenmatcher. Naomi Lindst rom, 118-123. 173 nacionaL47 En este sentido, Viñas evitarIa en Ia novela un comentario étnico para anteponer otro más neutro que es el que alude a Ia estructura de clase: In critical commentary, Viñas avoids focusing on any one ethnic group, concerning himself instead with class structure and the relations of prestige identities such as upper-class British, French or Frenchified, and traditional Hispanic-Catholic to the less prestigious “immigrant” identities, the most historically notable being Italian and Jewish. (119) Para Lindstrom, esta dificultad de Viñas es Jo que sus personajes ficcionales constatan con sus propias dificultades en percatarse de las contradicciones culturales que los rodea, sin Ilegar nunca a nuevas comprensiones. Las ralces de esta ignorancia o ceguera se hallarlan precisamente en su tendencia a omitir Ia cuestiOn de Ia etnicidad judla dentro de Ia realidad poiftica argentina, lo cual significa desconocer que los grupos inmigrantes siempre han significado una amenaza para Ia elite tradicional criolla formada alrededor de los años 1880. En otras palabras, el lograr una intepretaciOn adecuada de Ia realidad polItica del pals significa para Lindstrom concientizar Ia ambivalencia del sector dominante de conjugar el ideal de inmigración con Ia práctica xenofObica, o de animar por un lado Ia inmigraciOn europea “civilizadora” del interior del pals, y de repudiar, por el otro, su ascenso social: The ethnic person’s understanding of his relation to society will be inaccurate unless this overall model of groups in conflict is basic in his mind. Yet, as analysis of the novel shows [Dar Ia cara], the fundamental notion that the elite seeks to control the destinies and images of less prestigious groups is a difficult concept for Viñas’s more myth-minded characters to grasp. The contradictions Humberto Rasi especifica que “Viñas concibe Ia historia argentina como un continuo dentro del cual distintas clases en conflicto compiten sucesivamente por desempeñar un papel politico rector”. Esta histona comienza con el proyecto liberal de los exiliados bajo Ia dictadura de Juan Manuel de Rosas, los cuales logran el poder en 1852. Humberto Rasi, 262. 174 arising from a failure to learn the historical competition among groups create much of the matter of the narrative. (89) La barrera mItica que en este pasaje sugiere Ia autora, y que obliga a Viñas a adoptar una visiOn insuficiente o errOnea remite, en ültima instancia, a los preceptos que fundamentan Ia tradiciOn judla en lo que hace a Ia misiOn histOrica de su pueblo, a saber, Ia responsabilidad ante una sociedad más justa, y Ia actitud cuestionadora, disidente, o contestataria.48 A nuestro modo de ver, el análisis de Lindstrom de Dar Ia cara explora en forma más persuasiva el aspecto ideologico del texto y de su autor a partir de los elementos más especIficamente textuales y discursivos, con lo cual renueva aquellas lecturas más documentalistas o contextualistas en relaciOn directa con las coyunturas polIticas del pals. Su consideraciOn del tratamiento textual de los personajes como metáfora o reflejo indiscutible de Ia ideologla anti-étnica de Viñas, sin embargo, muestra ser una operación hipostática reductiva que deja de ado otros elementos textuales y niveles de significación narrativos en pleno funcionamiento dentro de Ia novela que, muy al contrario de lo que sostiene Lindstrom, no solo corroboran una preocupaciOn étnica parlicularmente judIa de Viñas, sino que también aluden a aquellos posibles motivos profundos sobre los que opera esta misma preocupaciOn étnica. Asimismo, 48 En palabras de Lindstrom: “Seconding this struggle between rising inmigrants and entrenched old stock is a concept of the historical mission of the Jewish people. Dar Ia cara promotes an understanding of Jewish election or mission in which the designated task of the people is to take active responsibility for the just working of society. Viñas, basing himself substantially on certain of the traditional notions of Jewishness, extends the Jew’s heightened responsibility to the community to include an obligatory dissident stance. Whereas the idea of Jews as questioners and dissenters fits the notion of ethnicities in antagonism, the novel’s two basic concepts about Jewishness also give rise to conflict. As immigrant latecomers competing for power, the Jewish characters may be misled by a dream of maintream success that distracts them from their commitment to a just society. Naomi Lindstrom, 89. 175 entendemos que Ia caracterizaciOn de los personajes comprende sOlo una parte de un proceso narrativo mucho mãs abarcativo y miiltiple que encamina a Ia novela hacia su estrato ideolOgico, y que este proceso no solo se revela al nivel de contenido sino también al de Ia forma. Esta forma narrativa que desde nuestra concepciOn narratolOgica psicoanailtica apunta hacia Ia estructura psIquica profunda del texto, es un aspecto textual general que para nosotros Lindstrom no alcanza a contemplar en su análisis. Como ya indicamos, nuestra lectura de Dar Ia cara parte de Ia idea de que el fracaso de los jOvenes progresistas se halla mntimamente ligado a los deseos y fantaslas de carácter histérico, especialmente el fracaso del joven judlo Bernardo, a quien el texto le destina un lugar privilegiado dentro de su proceso narrativo. Debido a esta centralidad que adquiere Bernardo en Ia novela, en nuestro análisis le dedicamos mayor espacio a este personaje en su interacciOn más notable con el personaje de Mariano. El texto en su lenguaje escénico El carácter dramático de Ia narrativa en Dar Ia cara tiene como antecedente inmediato Ia peilcula homOnima que produce David Viñas bajo Ia dirección de José MartInez Suárez en 1961. Acorde con esta matriz cinematogrática que hereda Ia ‘ En referencia a Ia pelIcula Dar Ia cara, Valverde nos informa que David Viñas mira en ella a su propia generación durante los primeros meses del gobierno de Frondizi, y que Ia crItica Ia considera confusa y sobrecargada por su “excesiva extensiOn, demasiadas palabras, y predominio en ocasiones de lo 176 novela, su trama se organiza mediante una serie sistemática de fragmentos que se comportan como escenas o actos teatrales, en las cuales el texto tiende a mostrar o ‘exhibir’ las acciones, diálogos, intercambios, y estados subjetivos de los personajes. Este carácter dramático de Ia novela nos permite reordenar sus cuatro capItulos en una pieza teatral de tres actos, comprendiendo el primero, Ia somera presentaciôn introductoria de su elenco que efectüa el primer capitulo “Las murallas”; el segundo, una contextualización individualizada y detallada de los proyectos, conflictos, situaciones, y preocupaciones que concierne a los personajes en los capItulos segundo y tercero “Solamente los huesos” y “ Los perros azules”; y el tercer y ültimo acto, el desenlace de estos proyectos que se procesa en el cuarto capItulo “Prestigios y estandartes”. Como acto introductorio, el primer capItulo ubica Ia historia de los jóvenes en un momento de transiciOn en Ia vida de unos muchachos, entre el término del servicio militar e inicio de su incorporaciOn a Ia vida civil en el Buenos Aires de Ia década del cincuenta. A tal efecto, el proceso narrativo se inicia en el ültimo dIa de conscripciOn para Mariano, Bernardo, Sabul, y Beto, y en medio de un festejo de despedida en que éstos se regocijan con otros companeros soldados, y el primer dIa de salida a Ia vida familiar cotidiana. En este tramo narrativo, el texto mezcla un somero bosquejo de los proyectos personales de los muchachos con un incesante movimiento y desplazamiento de los personajes en auto, en tranvIa, en yip, y una presentaciOn sübita “in medias res” de otros personajes masculinos y femeninos en forma continuada. discursivo sobre lo narrativo”. La pelIcula no Ilega a tener el éxito esperado y obtiene el modesto premio consuelo nümero doce del Instituto Nacional de Cinematograf ía. Estela Valverde, 113. 177 Es asI como vemos suscitar en este momento narrativo una gran agitaciOn motora cuando se van sucediendo los distintos personajes, bosquejandose las instantáneas o caricaturas de una gran multitud de gente que incluye, por orden de apariciOn, a Mariano, Velarde, Bernardo, Espeche, Sabul, Pelusa, Beto, el teniente Episcopo, el dueño de Ia PensiOn Toledo, Aguirre, los muchachos venezolanos, Lafforgue, Celia, Jauregui, Negri, Nacho, Mendizábal, Sara, Kinsky, Goldmann, Asset, Victoria, Manzano, Fany, Basilio, Duprat, Tyndall, Anzegui, Cholo, Yorné, Dora, Mendiburu, Berta, Meyer, Vera, LeOn, don Humberto Cattani, Olga, Norma, Hebe, Silvina, Mabel, HipOlito, Jacinta, Delfina, Matalda, Nelly, y Mauricio Carman, entre otros. Consideramos relevante que mediante esta presentaciOn de los personajes en un continuo movimiento, el texto va poblando y multiplicando el espacio narrativo con seres retratados en forma fragmentaria en sus cuerpos, sexualidades, y sentimientos, y proyectando una relaciOn interpersonal Intima y conflictiva entre los mismos. En esta incipiente muestra, se evidencia el interés del texto por las personas, sus relaciones Intimas y actitudes subjetivas. La primera escena sitüa a Mariano solIcitamente entregado a un juego de despedida de soldados en el que sus camaradas simulan operar, cortar, violar, engrasar, afeminar, e infantilizar su cuerpo desnudo. Su amigo Bernado aparece como espectador de esta escena sádica y homoerOtica. Mediante esta escenificaciOn, el texto sexualiza el cuerpo de Mariano y Ia mirada de Bernardo, fusionando el placer erOtico con Ia violencia sádica dentro de una esfera homosocial militar masculina: Eran tres, cinco, los que lo hablan agarrado y lo Ilevaban en vilo, y en medio de Ia penumbra Bernardo yb ese cuerpo desnudo: un manchOn reluciente en el 178 pecho y alga oscuro en el vientre.. .-iAbrIselas del todo!...Lo iban a operar y éI permanecia a Ia expectativa frente a su propio cuerpo. . .-Alli, allI- le cuchicheó uno de os que formaban Ia rueda. . .estiró el brazo y hundió los dedos en esa piel lechosa- Ahi que Ia tiene blandita!. . .Mariano dejaba hacer alzando Ia cabeza para mirarse un poco y parecia enternecido con su propio cuerpo. (9) Esta escena de apertura encuadra el deseo textual dentro de una fantasia erotica homosexual masculina, colectiva, y violenta, en Ia que los placeres sádicos se concentran en Ia superficie del cuerpo. El erotismo del cuerpo desnudo de Mariano es el objeto que motiva Ia excitaciOn de los placeres sádicos de sus camaradas, sugeridos par las acciones de castración, carte, operación, cuchicheo. No falta en Mariano placeres masoquistas y autoeróticos cuando el texto erotiza el cuerpo violado del muchacho de piel “lechosa” y “blanda”, sugiriendo asI una feminizaciOn de Ia condición subordinada, homosexual, y masoquista del sujeto masculino. En Los años despiadados esta idea ya se halla presente en Ia pareja Ruben-Mario y en el episodio de Ia violaciOn colectiva y homosexual que sufre Ruben en manos de los amigos peronistas de Mario, con lo cual Viñas no hace más que reiterar su interés par figurar Ia dimensiOn social y polltica del sujeto masculino mediante el código de Ia sexualidad. El pasaje inicial de Ia novela continua sugiriendo una ambivalencia textual entre el placer homosexual que se busca, y el temor que este mismo deseo produce. En medio de esta ambivalencia vemos activarse en el texto otras formas de erotismo en el voyeurismo de Bernardo y de los soldados violadores, remarcando de nuevo Ia feminización, infantilizaciOn, y fragmentaciOn del cuerpo de Mariano, y en las fantasias devoradoras orales: 179 Como esa bayoneta ya habIa extendido tocia Ia jalea sobre los muslos y el pecho y el vientre de Mariano y el furriel exigió Denlo vuelta!, ese cuerpo recién se contrajo y Mariano empezO a pedir apresuradamente: No, eso si que no. Ya está bien asI. No, no, no.. .A nadie se lo hicieron... No dejés que meL..-pero los que lo sostenlan de los brazos lo arrastraron hacia uno de los bañitos, justo bajo una de las lámparas de noche. “Para ver mejor”, calculO Bernardo. 0 para que los que formaban el cIrculo pudieran apreciar su faena. Y de nuevo yb brillar ese cuerpo de Caperucita maravillosamente blanco y contraldo... - Qué blanquito!... Parece una nena-. . .-Una nena rica-.. .-SI... Muy rica! —Está para comérselo, ,no te dan ganas? —Y a esta hora que a uno le suenan las tripas. (11) En este pasaje se refuerza una ambientaciOn espectral, ritualista, magica, y omnipotente del espacio y de los personajes con imagenes de oscuridad, mago, conjuro, y poder: Poronga!- se no Velarde y otro asegurO que todos tenian derecho a ver bien de cerca y hacer lo mismo que el bailarIn de Ia bayoneta que se habla transformado en un mago y apuntaba con su arma ennegrecida el cuerpo de Mariano pronunciando una especie de conjuro-. Te voy a abrir en dos partes - murmuraba- Espada portentosa. . . Mariano solo, ahI, echado en su cama. “Igual a una yegua blanca y cansada”, hubiera dicho Sabul. (11-15) En este pasaje de apertura Mariano es todo cuerpo, un cuerpo para “ver”, para ser “contemplado”, fragmentario por mostrarse parcialmente erotizado en su piel, el pecho, los muslos, el vientre, y el sexo, y objeto de una relación sensual en Ia que no faltan violencia y sadismo de sus companeros soldados, los agresores/violadores/castradores, y masoquismo por parte de Mariano. AsI como para Brooks el párrafo inicial de toda novela establece Ia imagen del deseo responsable de Ia energética principal del texto, activando el proceso de 180 büsqueda de su objeto a lo largo de su proceso narrativo (Reading 38), en este pasaje de apertura, vemos activarse un deseo textual sádico y erOtico en busca de un objeto homoerótico colectivo y ambiguo, tanto masculino como femenino. Evocando Ia escena de violaciOn de Ruben por los muchachos peronistas en Los años despiadados, Viñas reitera en este pasaje las fantaslas orales devoradoras y sádico-anales de penetraciOn, control, y agresion, y con esto emite nuevamente un comentarlo racial, clasista, y genérico sobre Mariano como objeto (homo)sexual pasivo (blanquito, nena rica, yegua blanca y cansada). Los represores son los machos militares que castran, violan, matan, y miran. Juliet Mitchell observa que Ia sexualidad histérica se vincula con el autoerotismo, seducción, y violaciOn, y que su placer no se muestra necesariamente gratificante o satisfactorio. El carácter compulsivo que manifiesta apuntarIa más a Ia necesidad que al deseo satisfecho, Ia cual tanto en Ia seducciOn como en Ia violaciOn reviste una forma autoerOtica: Ia otra persona, en ambos casos, funciona como un medio para Ia procura de un placer que se halla en el propio cuerpo y fantasIas (140). En Ia histeria se sexualiza no el Eros sino el instinto de muerte, el cual se manifiesta a través de Ia pena, dolor, y ruptura, los cuales se dirigen hacia el estado inanimado, inercia, y muerte. Es en Ia operaciOn, abusos sexuales, flagelación, y violaciOn donde indistintamente se destruye y dana Ia superficie del cuerpo, ruptura que en Ia histeria se halla sexualizada. La seducciOn y excitaciOn se sexualizan para atenuar Ia pena, o mitigar el dolor que causa Ia falta originaria de amor. De ahI que Mitchell diga que “the hysterogenic zone indicates not just a repressed sexual desire, but also the excitement that stands for pain” (144). 181 En el pasaje, Ia autoridad militar se establece como el lugar del poder opresor, y Ia Iiberación/salida de los jOvenes de esta autoridad reviste Ia forma de una excitaciOn y seducciOn homosexuales en las que prevalecen los impulsos sádicos de muerte. En su análisis de Ia novela Cuerpo a cuerpo (1979) de Viñas, Giorgio identifica otra escena similar de despedida en el internado militar, escena que se sexualiza mediante un erotismo homosexual fusionado con el sadismo (Suenos 86). El internado, especifica el autor, representa un modelo de educaciOn del ciudadano que el Estado (y Ia Iglesia) promueven para preservar Ia identidad viril, y a Ia vez para trazar fronteras de clase y raza dentro de las construcciones de masculinidad (Suenos 86). En este espacio donde reina Ia hipermasculinidad, su revés se halla marcado por lo femenino, el afeminado, el maricOn, y Ia homosexualidad que aporta el “soldadito” (Sueños 92). El autor remarca el valor de lo femenino como resistencia, desaf10, apertura, potencia de variaciOn en un lugar donde no hay lugar para Ia mujer y su cuerpo (Suenos 91). Bajo Ia sexualidad histérica como explicaciOn etiolOgica de Ia conducta politica, sin embargo, diriamos nosotros que lo femenino se subsume a las fuerzas regresivas y negativas del instinto de muerte en lugar de habilitar una fuerza contestataria liberadora, ya que Ia forma sado-masoquista de relacionarse con el mundo impulsa cada vez más Ia alienaciOn del sujeto en su propio mundo y deseo insatisfactorio. En este pasaje tamblén se distingue Ia figura de un espectador o una audiencia en Ia persona de Bernardo, quien cumple el rol del observador distante del espectáculo de Ia violaciOn. Es el que en Ia oscuridad sigue de cerca con su mirada el acto performativo del ritual de sacrificio y violación que realizan los soldados rodeando a Mariano, figura que dentro del sistema histérico recuerda a Ia figura del “niño testigo”. 182 Christopher Bollas caracteriza a este testigo infantil como aquel espectador pasivo, silencioso, y desconcertado que presencia (0 imagina) el coito violento de los padres en Ia escena primaria (125). Una escena en Ia que el niño se conmociona ante el shock y el poder de Ia pareja parental, y permanece excluido de su dominio. El histérico repite en su teatro esta experiencia penosa de exclusiOn, y retorna compulsivamente a Ia escena primaria por su necesidad de elaborar esta privaciOn libidinal temprana (126). Kaja Silverman remarca, por su pane, que Ia distancia que mantiene el niño observador o escuchador frente a Ia escena primaria implica un aislamiento de Ia genitalidad, conducente a Ia pasividad y masoquismo. En lugar de controlar los sonidos e imagenes de Ia sexualidad parental, el niño testigo queda controlado y abrumado por los mismos. Esta sexualidad adulta que lo invade termina sexualizando en el niño los sentidos visuales auditivos erotizándose en él las imagenes y sonidos asociados a Ia escena primaria (164-65). El deseo textual inicial, de este modo, comienza a trazar el curso de su desarrollo en busca de un placer-displacer que le proporciona una sexualidad provocativa y performativa, sádica y bisexual, en Ia que ocupan el centro de Ia escena los componentes pre-genitales y sensoriales de los instintos. En Ia novela, y una vez concretada Ia salida de Ia conscripción, Ia persona de Mariano cobra otra dimensiOn como “todo un señor por su familia y por las camisas que se compraba en Roder’s, porque lo que se hereda no se hurta y, claro está, por su tb que salIa en los diarios” (27), y como un joven dominado por una hermana y un tb poderosos, sus figuras parentales. Su proyecto personal consiste en Ia büsqueda de independencia profesional como productor de cine y salir, asI, de Ia sombra de su 183 exitoso tb. La significación de este proyecto, nuevamente, se da mediante una serie entrecortada de escenas en cuyas actuaciones se crean tensiones entre ideas y placeres corporales o deleites sexuales, y conflictos generacionales. En el desborde de lo sensual y to dialOgico entre los personajes, el lenguaje se funde en el movimiento y en 10 visual, y en las seis escenas en las que se dramatiza este proyecto se esboza Ia relaciOn de Mariano con su tb Basilio y con su hermana Berta. La actitud de Mariano ante Basilio muestra una mezcla de sentimientos de admiraciOn y desprecio, de sumisiOn y de rebetdIa, actitud que se vislumbra en una conversaciOn con su amiga Pelusa, una “defensora de las verdades vomitadas” segün Mariano: -Yo Jo envidio- confesó Mariano. -Hace rato de eso. . .,Pero por qué te resulta tan admirable? ,Porque no hay nada que lo penetre? -El no necesita que to penetren. Penetra. Pelusa se rio groseramente: -,Qué es Basilio, un hombre punzón? -AlgoasI... -,Y tanto te conmueve ese tipo de gente? -Son los que funcionan, vieja. -,Los duros? -Ahá. -,Tu ideal de vida, no es eso?- pero Mariano permaneciô en silencio Contestá.. .Andá. ,O no me vas a contestar?... DecI que te hacés pis par parecerte a Basilio. Decilo que nadie se va a asombrar...(123-24) Mariano lucha contra Ia atracciOn y seducciOn que siente hacia su tb Basilio, figura paterna que se destaca por las cualidades de dureza, poder de penetraciOn, seducciOn, 184 y rendimiento. Curiosamente el texto connota el proyecto de crecimiento profesional y voluntad de independizaciOn de Mariano mediante una conducta antagOnica y regresiva del joven con respecto al poder patriarcal que detentan su hermana Berta y su tb Basilio. En efecto, en el preciso momento en que se explicita el deseo de forjarse una carrera cinematografica autOnoma, vemos a Mariano encerrarse y refugiarse en el agua del bano, regresando al pasado en su pensamiento e ignorando Ia impaciencia de su hermana rezongona: ,Te falta mucho?...Berta lo urgIa. . .Te va a hacer mal tanto tiempo en el agua. - .Se te va a hacer tarde. . . Pero Basillo IlamO hace un rato y dijo.. . No te demores Mariano. . . ,Pasa algo Mariano?. .. ,OIs?... Por favor.. .-Por favor- y Berta golpeO Ia puerta con los nudillos.. .-iPero es que no vas a Ilegar a tiempo y Basillo se va a indignar conmigo. (76-80) Frente a esta demanda y exigencia de Berta y Basilio, Mariano se demora en el agua bañándose: “,Salir? No. Que Berta y Basilio esperaran. Que esperara todo el mundo. Y volviO a Ilenar Ia banadera.” (78). En esta zona de resistencia que recuerda a Ia matriz maternal arcaica de Ia placenta, Mariano nuevamente se vuelve enteramente autoerOtico con su cuerpo, sensualidad, y goce: Se pasO el jabOn por los brazos, el vello le quedO peinado hacia arriba, se lo contempló apenas, pensO “liso, todo liso” y hundió las manos en el agua. . . Berta estaba apurada. Berta 10 urgIa. . . Pero Berta es tu hermana, tu madre, tu abuela, tu cuzco lanudo, tu espIa.. . Berta tamblén es tu macho... Mariano sacO pesadamente las manos del agua y empezO a frotarse el pecho.. . Mariano no contestO. Mariano tratO de estirarse esa piel descolorida frotándosela con el cepillo. Mejor, todo el cuerpo frotado con cepillo. Ei tiene un cuerpo largo, casi 185 sin vello, los tobillos flacos y frotaba cada vez que se le convertla en una pasa de uva. . . De nuevo se pasO el jabOn por los hombros; no querla tener apuro, y se sintiO muy lücido. . . “No tengo apuro”, se duo. No querIa tener apuro. . . (76-80) En este medio acuoso y placentero Mariano se representa como un cuerpo fragmentado en diferentes partes (brazos, manos, pecho, tobillos, hombros), y Ia figura materna que emerge en Ia persona de Berta se caracteriza por ser multiple en su identidad (hermana, madre, abuela, animal doméstico (perro=cuzco lanudo)) y ambigua en su género (mujer y macho). Con esto, el texto crea en Mariano una evasiOn y resistencia a las exigencias de Ia realidad (Berta que urge a Mariano para cumplir con Basilio) en Ia forma de regresiOn a Ia madre pre-genital en Ia que falta todavIa toda distinciOn genérica y consolidaciOn identitaria singular y total del mundo. La lucha de poder que inicialmente se establecIa entre Ia instituciOn militar y el “soldadito”, ahora se sustituye o se desplaza a una conflictiva familiar paterno-filial. Dentro de esta dinámica familiar, el conflicto Mariano-Basilio reitera el conflicto Ruben- Mario, en el momento en que Ia forma de enfrentamiento que opera en Mariano es Ia evasiOn del orden paterno y regresiOn al materno, en Ia que proliferan formas autoerOticas de Ia sexualidad. El cuerpo de Mariano instalado en el interior del seno materno “uterino” se comporta como un objeto (auto)erótico genitalmente decentrado, y sobre-sexualizado en forma parcial o fragmentaria, lo cual representa, segün Bollas, el yo imaginario que existe en el inconsciente de Ia madre. El histérico, en este sentido, se imagina habitar en el otro, o ser el objeto del deseo secreto de Ia madre (62). Mediante Ia auto estimulaciOn o autosexualidad, el sujeto erotiza este (yo)-objeto imaginario para compensar Ia ausencia de un cuerpo genitalmente celebrado por Ia madre. En Ia auto- 186 estimulación y caricia autoerOtica, se da un intento de aumentar Ia cantidad de contenidos mentales sexuales en procura de placeres fantasmáticos: “the body is almost continuously excited by life, on the verge of being overwhelmed by the phantom touch of experience” (62). En esta erotizaciOn de Ia experiencia de Ia ausencia, Ia sexualidad queda eliminada fuera de las realidades interpersonaies. Mitchell opina que en el autoerotismo histérico es Ia excitaciOn y seducción lo que cuenta y no Ia consumación, y este elemento seductivo no puede ser satisfecho sino sOlo repetido. La repeticiOn, por su parte, marcarla Ia pena del desplazamiento del sujeto, y Ia conciencia de que algo se halla ausente (144). La erotizaciOn del cuerpo parcial que dentro de una formación histérica refuerza Ia excitaciOn negativa de una ausencia es un proceso regresivo que el texto consistentemente opone a Ia funciOn ideacional del orden simbOlico, otorgandole a Ia palabra el valor performativo de una acciOn. Por ejemplo, en un recuerdo del teniente Episcopo, Mariano exhibe y a Ia vez esconde su tendencia europeizante. Para esta caracterizaciOn, el texto recurre a estImulos y acciones visuales ocasionando Ia tIpica y ambivalente yuxtaposiciOn entre idea y acciOn. El texto, de esta manera, muestra lo que “hace” el personaje para insinuar una referencia ideolOgica del mismo, y en este mostrar se incrementa, frecuentemente, una variedad de materiales, situaciones, y acciones visuales y motoras. El efecto es que Ia idea se convierte en una especie de excusa para el placer que suscita Ia acciOn, quedandose relegada a un segundo piano. En el siguiente pasaje se observa cOmo el texto produce Ia tensiOn entre idea y acciOn uniendo extrañamente el cuerpo de Mariano con Ia exhibiciOn de las fotos de Sofia Loren y de Gina Lollobrigida en un momento en que el muchacho recuerda al 187 teniente Episcopo, procedimiento narrativo que visualmente emite un comentario sobre Ia ideologla europeizante del joven. De nuevo, esta mutaciOn de a idea en acciOn se tiene lugar nuevamente en el seno materno primitivo (el baño caliente), un espacio en eI que Ia represiOn sexual y moral en Mariano se debilitan, y afloran sensualidades más primarias como las visuales, táctiles, y auditivas: Mariano se habla instalado en el agua caliente. Caldo, salsa; hacla meses que no se bañaba con tanta calma. Y el teniente Episcopo exhibla esa colecciOn de fotografIas en las paredes de su cuarto. —No me gusta SofIa Loren- le habIa confesado- Parece un cabaio, un caballo con hambre- y se iba quitando las botas-. La prefiero a Ia Loiobrigida; es más naturai más itallana.. . Usted me entiende, Carbó, no? SI, claro. Y Episcopo le iba señalando más totos de Ia Lollobrigida: en Ia playa, montada en un caballo y saludando como Si se fuera de viaje, Ia Lollobrigida abrazada con un boxeador que le oprimla Ia cintura, Ia Lollobrigida vestida con ropa de 1925 y echada sobre una piel de pantera. Cuái le gusta más? Mariano habla vacilado antes de contestar, iba a señalar ésa doncie Ia Lollobrigida aparecIa al pie de Ia torre Eiffel, pero presintió que resultarla demasiado espontáneo, tal cual lo esperaba el teniente Episcopo que le dirIa “Usted no puede negar que es un europeizante”. Entonces calculó cuál le gustaba mãs a él. Esta —dijo por fin señalando esa fotografla donde Ia Lollobrigida aparecla arrodillada delante de una Virgen, Ia de Loreto problablemente; parecla rezar, tenIa un aire piadoso y mostraba un poco los senos. (79-80) En este pasaje, el texto distingue a dos espectadores, uno activo y otro pasivo, en las personas del teniente Episcopo y Mariano respectivamente. Por debajo del deleite sexual ‘visual’ que se procuran en las imágenes erOticas de las actrices, el texto identifica en Mariano ciertas inhibiciones raciales y morales, en tanto éste inhibe su propio europeIsmo, y censura el erotismo desde los preceptos morales catOlicos 188 internalizados. Esta represiOn, sin embargo, no es completa sino que se muestra, en cierto modo, defectuosa o fallida cuando Mariano logra sexualizar de nuevo el contexto que envuelve a Ia imagen casta y represora de Ia Virgen Loreto a través de Ia actriz que se arrodilla frente a ésta “mostrando un poco los senos”. El fracaso de Ia represión es lo que motiva el retorno de lo reprimido, y en Ia histeria lo que retorna compulsivamente son las nuevas excitaciones fantasmáticas (Freud, Generalidades 1360). Es significativo que el texto piense que estas coerciones no son condiciones pertinentes a Ia autoridad militar (el teniente Episcopo se halla exento de estas censuras internas), sino a Ia condiciOn social, racial, sexual, y generica a Ia que pertenece Mariano: un joven blanco y catOlico de clase burguesa, y con orientaciOn hacia Ia bisexualidad. En lo concerniente al personaje de Bernardo, el texto centraliza el dilema de un militante estudiantil, atrapado en su deseo de recibirse de abogado, y Ia problemática de Ia marginalidad de un judlo intelectual en Ia sociedad bonaerense. Como figura con Ia que se abre y se cierra Ia novela, Bernardo constituye uno de los personajes de mayor peso en Ia narrativa al procesar Ia problemática sIntesis entre cultura y eficacia, libros y realidad. En este segmento inicial de Ia trama se bosquejan en Bernardo impulsos antirevolucionarios en su oposiciOn abierta a Ia huelga estudiantil, y un sentimiento de impotencia, hastlo, y renuncia a Ia lucha por su pesimismo, apatla, y deseo de huida: -Es que no creo en Ia huelga. . . En realidad no creo en las huelgas. Y no en ésta en particular de Ia que ya me hablan hablado, sino en ninguna. -,Mueran las huelgas, por lo tanto? -SI: mueran. 189 -,Qué propones en cambio? —lo urgiO esa muchacha. -LEn cambio? Bernardo se alzó los hombros-. Nada.” (37) Bernardo es un intelectual conflictuado que prefiere Ia poiltica de un “no” vacIo, inconsecuente: No a Ia huelga, no a Paris, no a Episcopo-. Antes de Perón no, durante Perón, no tamblén. Y después de Perón, no.. .Y no se podia seguir con eso. Pero, por lo menos, éi sabla que no habIa que hacer. Era Jo ünico de que estaba seguro. Sobre todo, después de eso que consideraba una traiciOn. ,TraiciOn? ,TraiciOn de quién?” (48) El texto condensa en Bernardo algunos de los proyectos politicos y rasgos que se destacan en Contorno, a saber, Ia rebeliOn estudiantil “parricida”, denuncia al liberalismo y sus instituciones, Ia renovaciOn peronista, el fraude frondizista, Ia herencia judIa, y formación profesional en los variados campos de Ieyes, ciencias sociales, y humanidades. La reforma polItica “por Ia negativa” que propone Bernardo resuena, además, lo que Sarlo identifica como Ia negatividad que define al nosotros contornista, (Sarlo, Los dos ojos 799) estrategia que tiende a afirmar lo que rechaza, y no lo que acepta y propone positivamente. En efecto, en el presente pasaje Bernardo afirma su proyecto politico por lo que rechaza: Ia causa estudiantil, Ia salida de los judlos, el poder militar, PerOn, y posiblemente Frondizi (traiciOn). Bernardo se refugia en esta negaciOn sin fundamentos convincentes como forma de hacer frente a Ia realidad, aprisionado al mismo tiempo por el intenso deseo de huir de su futuro como abogado y ciudadano judIo en Ia sociedad portena, una evasiOn que se comprueba en una escena en Ia que vemos al joven elucubrar sobre “irse” a Europa, 190 y preferiblemente a Paris: “Irse era tomar un barco. Hamburg o Singapore. Pero casi todos los que él conocIa se habIan ido a Paris” (46). Entre los que se han ido, Bernardo recuerda con una mezcla de anhelo y patetismo a su amigo Mendizábal que no querIa tocar el armonio en los casamientos para pagarse Ia pension de Almargo, y preferIa andar por las calles junto al Sena haciendo juegos de palabras o imitaciones, uno que sentIa que en Buenos Aires todo el mundo lo miraba, pero que en Paris gozaba Ia libertad de que nadie se lo hiciera. También recuerda a Sara que como poeta en Buenos Aires termina cantando en Paris en una “buat” canciones de Jujuy, y at quimico Kinsky, un auténtico judio, quien opinaba que en Buenos Aires no se podia ser judIo, y que se ha ido a trabajar a un lugar cerca de Ia frontera árabe que se llama Hallud. En este fantaseo del “irse”, sin embargo, se plantea para Bernardo el dilema de disfrutar Ia libertad, santificaciOn, prestigio, consagracion, y cultura, y de sufrir penurias, humillaciones, soledad, indiferencia, e inutilidad en Paris: “Pasar hambre, pero santos; aburrirse y sentirse muy solos, pero consagrados y europeos. Pasarse las horas sentados en cualquier café, pero volver santos y europeos chorreando libertad. Irse. Si. Era buena coartada para instalarse en el centro del mundo” (48). La narración de este Bernardo sumergido en el pensamiento ambivalente y evasivo se acompana de una activaciOn motora y corporal en su discurso, mostrando al joven en constante desplazamiento mediante caminatas por el muelle, por el borde del embarcadero, y entre las grüas, y significando el “irse” como “subir” a uno de los barcos, “trepar” por Ia pasarela, sin “golpear” a nadie con Ia valija, “apoyarse” sobre Ia borda, “sostener” Ia cabeza entre las manos, “mirar” a Ia gente amontonada en el muelle (44), 191 actuaciOn narrativa que continua en otra serie de movimientos, imagenes, e impulsos sexyales: Irse, irse. Era una tentaciOn, una de las más atractivas, como deslizarse por un tobogán, o tomar vino y mucho queso, o andar por las calles todas las noches buscando con quién encamarse. Encamarse y encamarse hasta convertirse en un tipo que sOlo hace eso: un cuerpo que busca, un cuerpo que se tira en una cama, se desnuda y abraza. (44) En este pasaje, el texto termina adscribiéndole a Ia idea de “irse” el sentido erótico de “encamarse”, marcando nuevamente su tendencia a reducir Ia dimensiOn social y politica del problema a otra más eminentemente erOtica. El porvenir que por otro lado deposita Bernardo en los estudios: “Habla que recibirse, encogerse, aguantarse, no abrir Ia boca durante un tiempo, y que le dieran ese tItulo. Bernardo Carman, abogado.” (49), también encuentra en su significaciOn una activaciOn motora y corporal narrativa, proceso que se denota en su interacciOn dialOgica con Nacho, amigo y estudiante de ültimo año de Derecho, en Ia que Ia motilidad y el cuerpo de Nacho perturban el estudio de Bernardo. Esta tensiOn conocimiento-acciOn se da en Ia escena mediante una yuxtaposición y entrelazamiento narrativos discontinuos entre el contenido de los artIculos del COdigo que estudia Bernardo y las interferencias que provoca Nacho con su cuerpo y actividad fIsica. Nacho irrumpe en Ia pieza donde estudia Bernardo y promete no molestarlo sino sOlo hacer ejercicio. El que, sin embargo, rompe esta promesa de Nacho es el texto mismo cuando en el momento en que Bernardo estudia el artIculo 3744 hace intervenir a Nacho: 192 [...] y siguiO con ese dichoso artIculo 3744 por el cual el “heredero forzoso puede ser privado de Ia legItima parte que le es concedida, por efecto de Ia desheradación” mientras Nacho, Nacho Garcia Musso dejaba Ia toalla sobre Ia cama de Aguierre. Nacho Garcia Musso, admirador de Maurras, del “viejito Murras” como éI decla, se lamentaba de que Vélez Sársfield hubiera nacido en COrdoba, provincia de pedantes, porque “No hay como ser cordobés para ser pesado”. . . Nacho Garcia Musso, ültimo año de Derecho, sI, señor, se frotaba los brazos y después estiraba en el suelo empezando sus flexiones y contándose Uno. . .dos. . .uno.. .dos..., y depositando Ia Iengua entre los dientes como un chico aplicado que hace Ia o bien redonda y Ia eme antes de pe y be y el rulito de Ia hache mayUscula debe empezar bien arriba como si fuera una rosa. (68) La funciOn narrativa que el texto le destina al personaje de Nacho es aquella que principalmente irrumpe y perturba Ia actividad intelectual de Bernado desde eI nivel del cuerpo, movimiento, y acciOn (se f rota los brazos, hace flexiones, cuenta), funciOn que se acompana de una infantilizaciOn del lenguaje (Nacho como un chico que no escribe sino que “dibuja” las letras). En esta digresiOn el lenguaje imita eI movimiento, el sonido, y Ia grafica, y se vuelve rItmico a través de las repeticiones y los marcadores del compas. Esto se repite cuando Nacho interviene: “-Viste que no iba a molestarte?...Uno. . .dos. . .uno. . .dos.. y esa espalda aceitosa subIa y bajaba acompasadamente-. Uno. . .dos. . .uno...” (68). En otro momento es Bernado quien se distrae contemplando el cuerpo de Nacho: “tenIa el cuerpo arriba y se contempló los brazos estirados: se pasaba revista al cuerpo, calculO Bernardo subrepticiamente. Si hubiera tenido un espejo delante se lo hubiera verificado. V en cualquier momento era capaz de proponerle que se midieran los biceps.” (68). V en los dialogos Ia concentraciOn en el estudio (representada por los artIculos del COdigo entrecortados) se va haciendo cada vez más imposible: 193 -,Le tenés asco? — preguntO con puicritud. -,Porque es fascista?- Bernardo se encogiO: ya empezaba Ia competencia, y “las injurias de hecho, poniendo las manos sobre su ascendiente’. Los fascistas no me dan asco. -,Qué te dan miedo? - Tampoco... — “Si el ascendiente ha atentado contra Ia viva’. Me dan ganas de matarlos: o los mato yo, o me matan ellos. (68-69) Aquello que perturba el pensamiento simbólico e intelectual del estudio se identifica en este pasaje como un impulso agresivo 0 violencia contenida contra los fascistas, y este comentario ideológico semItico en que convierte el texto corrobora Ia centralidad de Ia problemática judla en Ia novela a través del protagonismo de Bernado, un estudiante judIo que aspira al privileglo y poderlo del sector liberal a través de su ingreso en el mundo de Ia abogacla. Bernardo teme Ia agresión antisemita, y esta angustia le provoca una intensificación de su erotismo visual y el placer autoerOtico: -,A ml?- Bernardo se echO hacia atrás en Ia silla. A ml me da miedo golpear a alguien- Y empezó con el artIculo 3749 donde “los descendientes del desheredado que sobreviven al testador, ocupan su lugar pero de nuevo alzO Ia cabeza y apoyó duramente su mirada sobre las desamparadas tetillas de Nacho. Y me da miedo golpear a otro, aunque no tenga un punch famoso; y no por bondad, no vayas a creer-le advirtiO-. Me da miedo porque me acuerdo que yo también tengo cuerpo. Yo quiero a mi cuerpo, sabés? (70) Las ideas de agresión y violencia provocan en Bernardo temor, y este temor se funde con el voyeurismo de Bernardo cuando éste “apoya duramente” su mirada en las “desamparadas” tetillas de Nacho, y con el narcisismo, en su amor por su propio cuerpo. 194 Luego se observa en esta misma escena que el lenguaje sigue adquiriendo aun más motilidad con Nacho, un personaje que constantemente se mantiene en movimiento: se frota el pecho, los hombros, y sigue con sus flexiones, sube y deja el cuerpo en tensiOn, respira hondo, y luego baja con un temblor en los hombros, y se cuenta concienzudamente “uno. . .dos. . .uno. . .dos. . .“ (70). El episodlo de Bernardo y Nacho resalta Ia tensiOn que se produce entre estudio y movimiento, concent ración y distracciOn, quietud y movimiento, lenguaje escrito y lenguaje corporal, y se cierra con el deleite voyeurista de Nacho, a quien vemos espiar por un agujero de Ia pared el acto sexual entre uno de sus amigos y su compañera: Y Nacho se habla sentado junto a Ia puerta sin dejar de espiar por ese agujero que brillaba fugazmente cuando cambiaba del ojo izquierdo al derecho. Siguen - comentaba- Sigue. . . Que alemanota!. . .Y no terminan nunca. . . ( 76) Esta clausura sexual de los episodios es un rasgo que abunda en Ia n ovela, proceso que muchas veces hace las veces de resoluciOn de tensiOn y co nflictos entre personajes y situaciones contrapuestos. Sobre Ia tensiOn entre idea y afecto, Kristeva señala que Ia ansiedad in herente al exceso de excitaciOn y emocionalismo histérico inhiben los pla nes mentales o pragmáticos de acciOn. Esta ansiedad aparece como un fracaso de Ia vida emocional, incapaz de movilizar el trabajo mental de asimilaciOn cognitiva, Iógica, y retOrica (New maladies 69). Lo que se busca en Ia histeria es eI máximo placer simbOlico y psIq uico mientras que simultáneamente se postula Ia imposibilidad o futilid ad de este deseo. Esta discrepancia se evidencia en los interjuegos entre incesante seducciOn y frigidez”, 195 “erotizaciOn del lazo con el mundo externo y autosensualidad intocable”, “precipitaciOn verbal y descrédito del lenguaje”, “exaltaciOn erotomanlaca y depresiOn subyacente” (New maladies 70). Con esto Ia autora sugiere que el histérico sufre de dos ansiedades y dos memorias: por un lado, una identificaciOn fálica y manIaca con el padre que lo Ileva a una performancia simbOlica maxima, abundante discurso, y curiosidad intelectual, una supercompetencia que muchas veces lo destina a ser el motor o Ilder de discursos sociales; y por el otro, una excitabilidad radicalmente autoerOtica que rompe con el marco fálico como garantIa de congruencia cognitiva, reminiscencia que se vive como una falta, pasividad, castraciOn femenina, herida narcisista, o indiferencia depresiva (New maladies 70-71). Es nuestra impresión que en el discurso poético de Dar Ia cara, y especialmente a través de Bernardo como el lugar donde más vemos concentrarse Ia motorizaciOn corporal y sexual del proceso politico y cognoscitivo, las fantaslas de Viñas activan una dinámica histérica profunda.5°Dentro de esta dinámica, el proceso paterno simbOlico 50A diferencia de Bernardo, en Ia historia de Beto se hace prominente Ia dimensiOn fIsica o corporal de su proyecto por las actividades y relaciones interpersonales que comprende su desarrollo: el ciclismo, su relaciOn amorosa con Pelusa, y Ia presiOn de su padre. En efecto, el proyecto cie Beto se encamina hacia las olimpladas internacionales del ciclismo en Italia y Francia, y su proceso se halla signiticado notablemente por las relaciones del joven con su padre y Pelusa. Beto logra ser campeOn nacional, sin embargo, renuncia a su derecho de competir en las olimpladas internacionales de Roma, con to cual conduce al fracaso su proyecto vital. Para nosotros, esta claudicaciOn de Beto guarda una relaciOn estrecha con el modo en que su proyecto se limita narrativamente at poder y Ia violencia de su padre, y at marcado erotismo, seducciOn, y excitaciOn que motiva su relaciOn con Pelusa a lo Iargo del vasto espacio de más de una decena de episodios en Ia novela, Para Vinas, estos dos elementos se oponen ya que el dictado paterno exige un triunfo absoluto de Beto en el velOdromo: “ganar o ser liquidado” (511), y prohIbe “andar haciéndose el loquito por ahI” o pasar “noches de farra con mujeres” (163). Cuando su hijo sale segundo en una carrera nacional, Ia reacciOn del padre se vuelve violenta: “el viejo Cattani se le acercó y lo sacudiO del hombro. . .su padre segula zarandeándolo. . .y le tirO un cachetazo. . .y su padre le tiraba trompadas. . .el viejo Cattani se le acercO y lo golpeO en Ia cara. . .y las trompadas de ese hombre viejo siguieron” (163-64). Frente a Ia violencia paterna, Beto se mantiene esquivo: “-Tranquilo, viejo- le rogO pacientemente-. Tranquilo, por favor... Beto tuvo que esquivarlas [trompadas] cabeceando y agachándose” (164). Viñas, sin embargo, da rienda suelta en Beto aquello que el padre precisamente le prohIbe mediante el intenso deleite erOtico que le procura en los encuentros con su amiga Pelusa. Curiosamente, en Ia 196 politico se desvirtüa por una ansiedad desbordante y fantasmática que emana de un cuerpo excluido. Es un cuerpo que habla de los sufrimientos de un yo insuficientemente amado, injustamente rechazado, sexualmente solitario, caOticamente multiple y vaclo, y en defensa de Ia hostilidad de las imposiciones patriarcales.51 historia de Beto este intercambio sensual y erOtico es el que más extensa y masivamente se despliega a lo largo de su espacio narrativo, y lo hace bajo una modalidad que indudablemente subvierten los dictados patriarcales: Pelusa es el “macho” activo que inicia los encuentros sexuales, es Ia que erotiza las distintas partes del cuerpo de Beto con su mirada; y Beto es el objeto del deseo disminuido: “al lado de ella se sentIa de cuarta categorIa” (260), y fragmentado en distintas partes de su cuerpo: manos, muslos, pecho, tetillas, sexo, sobaco, y brazos, al servicio del deleite oral y visual de Pelusa (241-15, 244-46, 355-57, 500). Si tenemos en cuenta el rol decisivo que cumple Ia intervención sexual de Pelusa en Ia frustraciOn de Ia negociaciOn entre Beto y el señor Ocampo (el directivo del comité de las olimpladas en Roma), y Ia consecuente renuncia final de Beto (516-519), Ia significancia sexual que detenta Pelusa dentro del proyecto de Beto adquiere un gran peso como motivo de su fracaso. En este “razonamiento” narrativo y “pusional” del tracaso de Beto que nos ofrece Viñas, distinguimos una dinámica histérica en tanto el proyecto de relevancia social de Beto se sucumbe a las fuerzas sexuales acaparadas en el incesante cIrculo de seducción, excitación, o en el interjuego entre excitaciOn erotomanIaca y Ia depresiOn subyacente. En el proyecto literarlo de Sabul, Ia tensiOn está dada entre el desprecio que siente el joven “con pelo de africano” (182) hacia los escritores de “La Revista”, y su deseo de pertenecer a este cIrculo intelectual. Su menosprecio es por ser los escritores de La Revista “viejos sin sensiblidad para el pals”, por carecer de “humanidad”, por ser “pobres” sus obras, por sus “trampas y pequenas miserias”, y por su “europeIsmo y afrancesamiento” (182-83). Sin embargo, esta actitud crItica de Sabul se contrapone a su deseo de pertenecer a La Revista, de “ser del grupo”, y de “utilizar lo que ya estaba hecho” (183). Esta tensiOn en el proyecto más politico e intelectual de Sabul so subsume a Ia convicción del joven de que es inUtil ‘ugar a los jOvenes iracundos”, algo “tan estOpido como usar chambergo o no bañarse para cumplir con Ia cuota do bohemia” (183). En Sabul, de esta manera, persisteri los temores do “demostrar urgencia y estar dispuesto a cualquier cosa por publicar en La Revista, por “ser de La Revista” (184), ansiedad que termina proliferando en el espacio narrativo abundantes sentimientos do entrega, humillación, miseria, e impotencia frente al poder de La Revista y sus escritores consagrados (195-200). ‘ En su consideraciOn del “yo como teatro” desde Ia teorla de las relaciones objetales de Melanie Klein, Christopher Bollas considera los “ataques” o “actuaciones teatrales” como momentos en los que el yo decide disolver las habituales representaciones de su singularidad, entendiendo por esta singularidad un yo unificado con un firme dominio narrativo de su vida interna. El yo teatral como evento, en camblo, es un yo compuesto de un grupo de diferentes partes que libran batalla entre ellas o contra otros de sus mundos. El autor encuentra en Ia insuficiente celebración do Ia relaciOn erOtica entre el infante y Ia madre las causas traumáticas del yo histénco cuyo mundo interno se halla poblado de tales imaginaciones erOticas insatisfechas. Chistopher BolIas, 125. 197 El fracaso y autodestrucción final: La realización del deseo textual histérico A partir del deseo narrativo esbozado en el inicio de Ia novela al que iluminamos psicoanalIticamente en su particular tendencia histérica de evadir o suprimir Ia funciOn simbOlica paterna, nos interesa examinar, ahora, el modo en que el texto resuelve los proyectos personales de los personajes en ci ültimo segmento de Ia trama, o el modo en que dinámicamente afirma su “ideologla” con respecto a los intelectuales argentinos de izquierda en su lucha contra el viejo orden liberal. Al final de Ia trama narrativa de Dar Ia cara, en el “tercer acto” tal como definimos en su sentido más dramático o performativo el cuarto y ültimo capItulo de Ia novela, “Prestigios y estandartes”, se produce ci gran colapso, fracaso, o Ia muerte de todos los sueños y las aspiraciones poilticas, sociales, y profesionales que animaban al mundo de los jOvenes portenos de clase media, marcando el momento de hundimiento total de esta generación en Ia impotencia, y claudicación, y sometimiento al viejo orden. Es asI como el proyecto de Mariano de fundar su propia empresa cinematografica como productor independiente de su familia se derrumba cuando su hermana Berta le niega Ia ayuda financiera de que tanto depende por el temor de ella de quedar mal con Basilio. El poder de Basilio se hace determinante en Ia negativa de Berta ya que Ia ha influido en que su sobrino no irla a ninguna parte con su pelIcula: -Basillo dice que no vas a ninguna parte con tu pelIcula. -,A ninguna parte?- reaccioná Mariano-. Qué quiere decir eso: que ml proyecto no va a marchar? -Sip, dijo ella. 198 -Pero él no puede saber, Berta; él no puede estar al tanto de to que pasa, de to que va a pasar y de todo. -Sip, mi bichito. Te to aseguro yo. (433) La gravedad que esta sentencia de Berta significa para su carrera, sin embargo, contrasta con una reacción más bien tranquila, calma, y silenciosa de Mariano, quien además rápidamente recobra su ánimo mediante el placer que le causa su toqueteo del cuerpo de Berta en el salOn de masajes en que se ubica Ia escena: -y Berta empezó a lievarle las manos: arena, tierra oscura, Ia playa caliente, allI abajo las tripas, el cuello de un ánfora-. Más fuerte, bicho. . .- las manos de Mariano aplastaban esa came: firme, para abajo, hasta sentir el hueso, hasta que todo el cuerpo de Berta se hiciera una pasta maciza y él sintiense las palmas de sus manos ásperas, como paspadas- ,SeguIs enojado, ml querido? -No.. .no. . .Ya se me pasO. (435) La ambientaciOn de esta escena en un salOn de masajes que frecuenta Berta presdispone a Ia narrativa a una entrega at placer de Ia sensualidad corporal, y a to largo de los dialogos, efectivamente Berta se significa como cuerpo y su discurso se vuelve entrecortado, superficial, y distraldo: “Berta tenIa los muslos duros y las manos de esa mujer se masajeaban de abajo hacia arriba. . .Yo to adulo y Ia cosa marcha. . . to ünico que puedo sugerirte es que aprendas a adular. . .Un romance, silabeO Mariano, y apoyO Ia mano sobre el muslo de Berta imitando el movimiento de Ia masajista.. . Mariano apretó los dedos sobre el muslo de Berta. . .Soy un caramelo, un carameto largo que se deja amasar y frotar y deshacer como si fuera de arena” (429- 33). 199 Con esto, el texto genera una zona de extrañeza o de inconsistencia entre Ia gravedad del derrumbe final de Mariano en su proyecto profesional y levedad con que resuelve este conflcto en Mariano mediante una reacción sensual, erotica y juguetona ante su hermana. Es aqul donde pensamos activarse en el texto aquellos impulsos suicidas que tempranamente asumimos dominar en Ia novela. Luego en Ia novela verlamos que el texto sigue elaborando el fracaso de Mariano en términos de regresiOn al pasado donde surgen recuerdos de experiencias de ahogo del joven en el mar estando junto a Bet-ta, u otras experiencias de muerte en el presente que se acercan al suicidio. En efecto, muchas veces Mariano retrocede al pasado para recordar en detalle las imágenes del general EscipiOn, el ahogo que sufre en el mar jugando en una playa con Berta, y los amantes de Berta. En otra escena donde Ia situaciOn profesional de Mariano vuelve a surgir, su protegido LeOn le recuerda Ia supremacla absoluta de Basillo sobre el joven, y Ia imposiblidad de superarlo aun a su muerte: “Pero no te engañes- lo palmeO Leon- Vos lo sabés, y vos mismo lo dijiste cien veces: donde está Basilio, manda Basilio.” (495); “Basilio muerto. Pero si Mariano reemplazara, terminarla igual... A Leon no le gustaba mirar a un tipo en desventaja y que se creyera invulnerable.” (496). Al señalamiento de esta vulnerabilidad de Mariano que insinüa LeOn, el texto añade un comentario suicida sobre el joven cuando hace declarar a LeOn que Mariano tiene algo de cordero, fácilmente condenable con un ademán de juez, pero que juzga inütil ser juez ni fiscal ni verdugo porque “ellos mismos se hacen el harakiri” (499). El destino de Ia huelga estudiantil y el proyecto de Bernardo también acaban en una gran resignaciOn y capitulación a las autoridades del liberalismo argentino cuando 200 el joven y Celia, estudiante de filosofía, terminan yendo a oIr al gran Viejo en su residencia, Ia “Capilla sixtina del liberalismo argentino”, en cuya enorme biblioteca se reünen con otros huelguistas estudiantiles rodeando en un cIrculo al maestro como Si oficiaran “uno de los magnos sacerdotes rodeado de sus monaguillos” (462). Como maxima insignia de Ia tradición del liberalismo argentino, el Viejo encarna a Ia polItica imperialista, el socialismo moral o de caballeros, el juego parlamentario, el personalismo, y Ia enseñanza libre o privada. Bernado se muestra ambivalente frente a este hombre, “enternecido y desolado” al mismo tiempo, por ser una figura nacional, un señor, un gran bohemio, un miembro de Ia estripe de los Padres de Ia Patria, una imagen creada e inflada por los diarios y ellos mismos los jOvenes, pero que de cerca muestra ser “repetitivo, conversador, deportivo y pintoresco, pero honesto.” (466). Su rechazo no se debe a razones ideolOgicas sino más bien a rasgos caracterolOgicos superficiales. Parece ser el ünico que les queda por el momento en quien creer para Ia juventud, segün afirma Celia, a pesar de no creer ellos en él. Este recinto liberal también cobija el goce de movimiento y vaivén entre acción y pensamiento, y esa tIpica desbordante sensualidad de los cuerpos. La escena concluye, como de costumbre, en una nota erotica con una invitación sexual de Bernardo a Celia: Celia se detuvo: -,De nuevo empezás con eso? -Es quo ahora tengo más ganas quo nunca. -Te abriO el apetito el Viejo?- Dijo Celia con tono destemplado. -Me to demorO durante horas- so riO éI-. Y creciO. 201 -Celia se aflojO, paso los dedos por Ia pared y se los limpió en las mejillas de Bernardo: -No puedo-asegurO con firmeza-; tengo que hacer. -,Qué? Jenés miedo de acostarte? (469). La dinámica polItica que encierran las horas del encuentro de los jOvenes rebeldes con Ia figura emblemática del orden liberal, el Viejo, se disuelve en una dinámica erOtica de las horas en las que Bernardo ha contenido su apetito sexual. La lucha estudiantil se entrega a otro autosabotaje gratuito al distribuir clandestinamente Celia, Herser, y Jauregui los volantes equlvocos por Ia causa de Ia huelga que supuestamente contienen informes sobre Ia situaciOn de Ia universidad, y las razones de Ia huelga. Una vez concluida Ia misiOn, ambos caen en Ia cuenta del engano del que fueron vIctimas por Ia casa de Ia impresora con el cambio del contenido del volante para una propaganda peronista: “El volante. . .Es un elogio De Perón!- gritO Jáuregui con los ojos Ilorosos. . . Los de arriba, siempre eran los nuestros, pero los de abajo, no. Ni uno!...-,Dice algo de Ia universidad? —Ni medio, mujer, ni medio!.. .Todo el mundo se cerraba.” (486). El rendimiento y el castigo final que recibe Bernardo tanto como militante principal de Ia uniOn estudiantil como futuro abogado y judlo se revela con Ia acusaciOn frontal de Celia de ser un opositor a Ia huelga, siempre pasivo e indiferente, pero con un aire de heterodoxo capaz de inquietar a cualquiera con su opiniOn, y reapareciendo al final de Ia frustrada huelga como un señor crItico, “el lücido señor Carman, el puro y el invulnerable señor Carman, como los santos que se pasan Ia gran vida y se salvan a ültimo momento, como una trampa bien armada” (443). 202 La escena final de Ia novela marca el momento en que Bernado se presenta impotente y derrotado en su departamento brutalmente destruido por algunos antisemitas anOnimos, con un banderIn que demanda “Judlo andate” en su habitaciOn. Para Bernardo, ser judlo para los que cometen estos actos de violencia significa no los “pobrecitos rabinos quejosos y barbudos”, ni los “judlos del sábado ni los judlos rubios de las colonias ni los sagaces, opulentos y complacidos” sino “los que pensaban demasiado” (541). Esta destrucciOn final de Bernardo, sin embargo, va adquiriendo un sentido autodestructivo a medida que las meditaciones sobre Ia condiciOn judla proliferan en su negatividad. Es en esta insistencia, reiteraciOn, y proliferaciOn incontrolada de lo antisemita donde entrevemos Ia operaciOn de ciertos efectos textuales suicidas: Que El Judlo se fuera; que todos los judlos se fueran de una buena vez. . . Los que habla escrito eso, en camblo, eran los dueños, los de siempre, los que declan quienes debIan quedarse y quienes tenian que ser eliminados Los judIos molestaban, por eso; era natural: los judlos hedlan y nadie los tragaba. . . Ustedes son judlos, váyanse. JudIos disolventes, judIos lieros, judIos que siempre andan planteando cuestiones.. .JudIo andate.. .JudIos vayanse... Váyanse... Váyanse judIos. . . ( 539-42) En este ültimo episodio de Ia novela, el texto intensifica Ia idea negativa de discriminaciOn, degradacion, y expulsiOn de los judIos mediante una reiteraciOn incesante, casi rItmica de los motivos que justifican tal segregaciOn social en Ia sociedad porteña, proceso que para nosotros insinüa una extraña zona de ambivalencia entre resentimiento y entrega, reproche y goce. 203 En lo tocante a Ia meta de Beto de consagrarse como ciclista mundial de renombre también se frustra a pesar de salir como finalista para integrar Ia prestigiosa delegacion olImpica en Roma. El primer obstáculo que se le presenta para participar en este evento es Ia excusa inesperada e infundada del comisionado Ocampo de falta de presupuestos, y Ia segunda, Ia negativa de Beto a aceptar su revocación conseguida promiscuamente por un ofrecimiento voluntario y sexual de su amiga Pelusa a Ocampo como forma de negociaciOn para el ciclista. De esta manera, Beto “decide” el desmoronamiento de su sueño y el sueño de su padre como vIctima impotente de una pugna irresoluble entre el poder paternal y Ia sexualidad promiscua. Sabul, un escritor inmigrante, por su parte, denuncia a los escritores liberales consagrados y afrancesados del pals reunidos en La Revista por “los errores de los viejos, de su incomprensión frente a lo que ocurrIa en el pals, de Ia pobreza de sus obras y de su falta de humanidad, de sus trampas, de sus pequenas miserias, y de su europeIsmo” pero traiciona sus convicciones y deja de ser intransigente con ellos al concluir que “asI no se iba a ninguna parte. Habla que utilizar lo que ya estaba hecho, basta de jugar a los jOvenes iracundos: eso era tan estüpido como usar chambergo o no bañarse para cumplir con Ia cuota de bohemia” (Viñas 183). Su necesidad de publicar en esta institución (y en el suplemento de La Nación) se hacen más fuertes, por 10 que insiste con sus visitas al establecimiento. En nuestra lectura del derrumbe final de los proyectos emancipatorios de los jóvenes destacamos un carácter autodestructivo en Ia forma de una entrega o deseo masoquista a Ia autoaniquilaciOn. Tanto en Mariano, Bernardo, Beto, Sabul, y Ia uniOn estudiantil se motivan fuertes deseos de evadir o renunciar a Ia lucha, y someterse al 204 viejo orden patriarcal. Segün venimos notando, Ia polItica en Dar Ia cara se disuelve en el instinto de muerte que opera en Ia conflictiva sexual histérica con el mundo y consigo mismo que presenta. Este exceso de una erotica del instinto de muerte es el que efectivamente logra “dar Ia cara” en su proceso narrativo, rehusando Ia demanda cognoscitiva, social, y polItica de Ia realidad. A través del deseo histérico masoquista, deseo que Ia novela intensifica en el sujeto étnico judlo Bernardo, Ia generaciOn se autocastiga por Ia agresiOn y violencia que ha registrado en su cuerpo, memoria siniestra que repite inconscientemente bajo Ia mascara de Ia pasiOn sexual desenfrenada. La rebelión histérica contra Ia ficción masculina del patriarcado El segundo acto (capItulos II y Ill “Solamente los huesos” y “Los perros azules”) o el segmento intermedio de Ia trama comprende una extensa parte narrativa que integra más de cuarenta escenas, en las cuales se Ileva a cabo una “actuaciOn” más ampliada y detallada de cada una de las historias individuales de los miembros de Ia joven generaciOn. Este segmento se caracteriza por una dramatizaciOn de relaciones interpersonales, en su mayorIa de pareja, en las cuales se hacen prominentes los conflictos generacionales paternofiliales, y alrededor de los cuales se entretejen variadas historias pulsionales. Nuestra impresiOn es que en este segmento el texto se pone a dura prueba el punto de vista masculino que adopta en su narraciOn arraigado en los valores que 205 sustentan Ia ficciOn masculina dominante del macho supremo, el patriarca omnipotente, el poder fálico, Ia heterosexualidad, pasividad femenina, lenguaje simbOlico e intelectualidad, dureza personal, e institución matrimonial y familiar, por una dinámica narrativa que pugna por traicionar sus ideales transgrediendo sus tabües. Asimismo, observamos que en esta violaciOn de Ia ley paterna emergen en forma masiva aquellas formas de amor y furias del odio prehistóricos contenidos en el reservorio fantasmático de Ia memoria que cobran vida y se visualizan en las infinitas escenas histriOnicas en el corazOn de Ia trama. Una de las prohibiciones patriarcales que se subvierte es Ia homosexualidad y el lesbianismo, formas sexuales que se hallan dramatizadas por las parejas Mariano/Bernardo, Glasber/Del Vito, Delfina/Alicia, y Pelusa/Olga, entre otros. La actitud del texto frente a Ia homsexualidad es claramente ambivalente entre una repulsiOn abierta y una tentación poderosa. Glasber, un escritor, activista, y antiperonista, y Delfina, una profesora de frances y divorciada, odian a los homosexuales, pero secretamente revelarán serb. Pelusa recuerda que Delfina odia a los homosexuales, que los desprecia, y que desde que Ia conoce ella siempre habla de eso y bo hace con encarnizamiento. Los homosexuales son “unos pobres tipos, ridIcubos y débiles, y cualquiera podrIa pegarles impunemente” (206). Y Pelusa también concuerda con que “ser homosexual es tener a todos en contra, ser peor que judlo, y peor que un negro ya que los judlos habIan liegado a pegar punetazos sobre Ia mesa y tenIan fusiles, y a un negro se lo conoce desde lejos por su piel que brilla y un cuerpo maravilboso, pero los homosexuales sirven para que cualquiera se sintiera superior, una 206 subraza despreciada por todos, ambigua, intranquilizadora, y fascinante y parecida a cualquiera y distinta a todos” (206). En otra escena vemos a Glasber murmurar a su colega Sabul sobre Ia homosexualidad de Del Vito, un escritor y peronista que Ilega a ser abogado con dinero, calificándolo de “un marica inmundo”, un marica y peronista que significa “Ia porquerIa y Ia delincuencia”, aquellos que roban y andan por las calles buscando tipos, los fracasados, resentidos, y marginales (331, 335). Estas criticas antihomosexuales pronto se revierten cuando Sabul descubre a Glasber en el fondo de un bar en un encuentro homosexual con Del Vito: Glasber echaba el cuerpo hacia el costado y se rela. No aguantaba más de Ia nsa. Y a su derecha estaba Del Vito que tamblén se rela. Una nsa de dos que desde el bar no se oIa. Los dos estaban muy divertidos. ..Y Del Vito echaba Ia cara hacia delante y le apoyaba Ia boca en el cuello. Si, en el cuello de Glasber y to besaba. Y Glasber segula riéndose. (346) Por su parte, Delfina, a pesar de su homofobia, mantiene una relaciOn lesbiana con Alicia, una de sus alumnas del colegio de dieciséis años, quien revela püblicamente su amor por Ia profesora escribiendo en un pizarrOn del patio “Je t’aime ma Delphine”, to cual provoca un escándalo y habladurlas en Ia sala de profesores (Viñas 226). En un encuentro sexual, ambas intercambian caricias y besos, y en este momento Ia facultad intelectual de Delfina se disuelve: “No sé frances. —Y qué es to que enseñas? —Cualquier cosa...” (301-2): 207 Alicia le abrazO los pies desnudos y se los apoyó contra su pecho. . .Alicia le besO los pies, aunque Delfina los encogiO un poco, y después se abriO el escote y se los apoyO sobre el pecho. . .le palpO los dedos. . .Alicia habla apoyado su boca sobre las rodillas de Delfina.. .pasame Ia lengua por los labios. Eso es lo que quiero. (301-3) El tratamiento de Ia homosexualidad en el texto sigue un desarrollo consistente de repudio-aceptaciOn y revelaciOn secreta-goce erOtico. En el pasaje, el texto detalla el estadio del goce lesbiano entre Delfina y Alicia. Y en Ia misma escena en Ia que Mariano ataca duramente Ia nueva peilcula nacional de su tb que acaba de estrenar, Isla Negra, calificándola ante Bernardo de “una gran porquerIa”, una “inmundicia sin salvación” tan perfecta que hasta lo hace sudar de vergOenza, y se frustra por su dificultad en “mandar el cine al demonio” largandose a Ilorar, vemos a este joven fwstrado hallar consuelo en un intercambio sensual homosexual con Bernardo: Dale, llorá que eso es bueno. . .-sintió que Mariano se iba volviendo hacia él, le apoyaba Ia mejilla en Ia cara, abriendo Ia boca sobre el cuello. Y las manos ya no se cubrIan los ojos, sino que hablan bajado y se movIan inquietas y esa müsica de los venezolanos aturdIa. (178) Y siguiendo con las mismas contradicciones que se van revelando, vemos a Pelusa meditar sobre Ia pareja que formaba con su amiga actriz Olga como una pareja de “asesinas” que “despanzurraban” el mundo, odiaban las pequenas fiestas de Ia gente, se desquitaban cotidianamente contra “los jueces, contra los horarios, los maridos, y ten Ian las mismas medallas y las mismas heridas” (281). La muchacha pronto se imagina a las dos tomadas de Ia mano en un banco de plaza y recuerda un 208 momento de amor: “-Somos casi iguales, habIa dicho Olga. Y ella tuvo ganas de que Ia besara en Ia boca, pero Olga solo le tomO Ia mano, se Ia abriO y le paso Ia Iengua por Ia palma.” (281). Esta sexualidad transgredida termina llevando a Olga al suicidio por ser algo serb, un desafIo al mundo de los hombres, para insultar, y por ser una disyuntiva y no una uniOn: “Olga y ella. En realidad, Olga o ella” (282). Este impulso suicida también lo siente Pelusa como una forma de plenitud: “Probablemente resuelva liquidarme cuando me sienta en una especie de. . .una especie de plenitud. Y que el suicidio sea como una rajadura: tan Ilena, tan robusta de ganas que Ia piel no se aguanta más y se raje” (386). En esta transgresiOn homosexual, Ia hetersexualidad normativa se revela en su verdad profunda bisexual. Otra violaciOn a las normas patriarcales que se perpetra es Ia inversiOn de roles genericos masculino y femenino. En efecto, los personajes femeninos de Ia novela, en su mayorIa, se presentan en sus rasgos convencionalmente masculinos con sus caracteres dominantes, toma de decisiones, poder econOmico, iniciativa sexual, e intelecto, como lo muestran ser Pelusa, Berta, Alicia, Norma (una actiz), Dora (Ia novia de Beto), Celia, Elisa (Ia tIa de Bernardo), Ia madre de Dora, y Telma (Ia doctora). Beto, por ejemplo, le tiene un vago temor a Pelusa por ser una mujer diestra y exigente, y se siente aliviado porque ha reconocido desde un comienzo Ia superioridad de ella. Al lado de ella admite sentirse de cuarta categorIa (259-60), y durante una convivencia de una semana con LeOn, éste es el que cocina y Pelusa, Ia que fuma en Ia cama entre libros, y Ia que toma Ia iniciativa sexual: “él cocinaba y Pelusa se levantaba.. .Y se le acercaba 209 por detrás apoyándose en Ia espalda. - Te cojo- le susurraba. - Soy Ia que te coje “(307). Telma, por su pane, piensa representar el paradigma de Ia mujer intelectual de su tiempo y descalifica a Victoria Ocampo por su anacronismo: “No me interesan las momias; pero que se ponga al dIa o que se calie. Y como no puede ponerse al dIa, confunde y Ia gente Ia toma por una intelectual. . .por un arquetipo de mujer intelectual. . . Pero aunque yo no salga en los diarios, me considero una intelectual: que en este piano no es una mala palabra.” (389), mientras Norma es una mujer que seduce a los taxistas: “-No te acordás. . .esa noche que te viniste adeiante para que no cobrara el viaje?” (251); y Berta, “una mujer privilegiada que ama con violencia, soltera, y una diosa germánica invulnerable, gozando de amor, pero sin sufrir por el amor, como una cazadora potente que cruza un bosque donde cada árbol le rinde un homenaje” (336-37). Como ültimo, las instituciones dominantes de matrimonio y familia también se muestran insuficientemente logradas en Ia novela en el momento en que Ia mayorIa de los personajes se hallan sentimentalmente ligados a relaciones más transitorias y libres fuera del matrimonio, con abundantes casos de divorcio. El tratamiento del tnico matrimonio que aparece en Ia novela, el de Ester y Ariel Meyer, es negativo por Ia apatla, indiferencia, y aburrimiento que siente el marido hacia Ia esposa, y un total desinterés por el bebé que esperan. Por otra pane, los roles maternos tradicionales se hallan ausentes al atribuirles a las madres y figuras maternales personajes más bien fálicos y masculinos como lo demuestran Pelusa, Telma, Berta, y Elisa. 210 Al reconstruir el orden que sigue Ia trama en Dar Ia cara, notarlamos que el fracaso de todos los proyectos emancipatorios de los jOvenes de clase media que argumenta Ia novela en realidad conforma el momento de realización de un deseo textual, que desde el inicio fijaba como su objeto (recordemos Ia primera escena de violaciOn (homo)sexual colectiva entre los soldados companeros y Mariano), Ia procura de un placer sexual sádico-masoquista. Segün el recorrido que sigue este deseo textual en el segundo momento de Ia trama, aunque sus impulsos adquieren un carácter amplio y profundamente contestatano contra los dictados del sistema patriarcal liberal en los variados sentidos clasistas, genéricos, sexuales, y étnicos, Ia liberaciOn que el mismo persigue se limita a una descarga pulsional de sus instintos sexuales que socava toda negociacion y avance a nivel social y politico. A esta trayectoria que sigue Ia dinámica textual en Dar Ia cara le atribuimos una configuraciOn histérica, desde que lo que el texto busca en forma incesante es una elusiOn de las demandas del orden social, y una compulsion repetitiva de una experiencia del pasado que no es placentera sino dolorosa por recordarle Ia insuficiencia del amor paterno, su ausencia, más que Ia satisfacciOn del mismo. El texto actualiza en su escritura esta experiencia reprimida que por no poder recordarla en forma simbOlica o intelectual, insiste en reproducirla inconscientemente desde las formas más primarias de expresiOn corporal, movimiento, acciones, escenificaciôn, y pantomima, en el que se vive Ia urgencia del “mostrar” más que “contar” Ia historia del fracaso de los jóvenes, de “actuar” en su propio cuerpo este fracaso en forma destructiva sádica y masoquista. En esta conversiOn histérica fatal de Ia idea en acciOn, de Ia representaciOn abstracta en presentificación concreta, el amor 211 textual no trasciende hacia el otro, sino que se consume lentamente en Ia frustraciOn y ausencia de amor que implica el autoerotismo y narcisismo suicida. La büsqueda compulsiva inconsciente de esta forma negativa de amor que anhela el texto se reaHza en Ia fantasia de autodestrucciOn total del mundo de los jOvenes, desenlace que sOlo confirma el poderoso deseo de muerte que asumimos hallarse en plena operaciOn en el imaginario literario de Viñas. En el siguiente capItulo, nos interesa discernir cOmo este deseo histérico de eludir Ia lucha y el compromiso politico se traduce en una relación transferencial coartada con el presente populista en Ia ensoñaciOn literaria que manifiesta Viñas en En Ia semana tragica. 212 CapItulo IV: En Ia Semana Trágica (1966). Etnia, clase, y resistencia en el compromiso popular de Contorno La transferencia anailtica coma modelo narratológico psicoanalItico Entre las producciones novelisticas de David Viñas de los años sesenta se destaca En Ia Semana Trágica por su estilo cronIstico deliberadamente periodIstico y documental. AsI como Los años despiadados y Dar Ia cara se publican en los turbulentos años de los golpes militares de los años 1955 (Lonardi y Aramburu) y 1962 (Guido), derrocadores de los gobiernos de PerOn y de Frondizi respectivamente, Ia presente novela también se publica en el año en que el general Juan Carlos Onganla sube al gobierno derrocando a Arturo IllIa en el golpe militar de 1966. Una constante que notamos en estas coincidencias es una reacciOn tardla que muestra Viñas en su temática politica frente al presente histOrico que vive el pals en el momento de sus publicaciones. Este desfasaje temporal es aquel que media entre el presente histOrico del peronismo proscrito por Ia Revolución Libertadora de 1955 y el presente del peronismo narrativo en Los años despiadados, y entre el frondizismo depuesto por el golpe militar de Guido en 1962 y el presente del frondizismo narrado en Dar Ia cara. Con Ia temática que trata en En Ia Semana Trágica, algo similar sucede cuando su presente narrativo se sitüa en Ia insurrección obrera anarquista de 1919 y funciona como un pasado que el autor retrotrae para hablar del presente de Onganla, un 213 regimen autoritario extremadamente represivo de los estudiantes, docentes, y autoridades universitarias como lo muestra Ia violencia de “La noche de los Bastones Largos” en julio de 1966. Como una de las figuras emblemáticas de Ia izquierda intelectual comprometida con Ia urgencia polltica nacional del dIa, su gesto o “militancia poiltica” novelIstica muestra un carácter anacrOnico. Como nuestro análisis de Los años despiadados sugiere, su relaciOn con el peronismo, de todos modos, es más inconscientemente elusiva que integradora, lo mismo que en esta obra, en Ia que vemos al autor dramatizar un compromiso frustrado con el presente histOrico. La recepciOn de Ia novela por Ia crItica enfatiza particularmente el valor histOrico, documental, y testimonial que ofrece En Ia Semana Trágica. Nora Glickman, por ejemplo, señala que esta obra representa una novela histOrica sobre un episodio trascendental en Ia historia argentina que ha tenido lugar en Ia segunda semana de enero de 1919, y considera Ia forma narrativa fragmentaria e hIbrida ‘ficciOn-crónica’ que presenta Ia novela como una intenciOn por parte de David Viñas de no sOlo ofrecer informaciOn o cumplir una funciOn didáctica sino también de “simbolizar” en sentido metafOrico las luchas y las penas de Ia Argentina como una naciOn joven en el logro de independencia y crecimiento, y Ia crisis de Ia juventud aristocrática argentina (64). Por su parte, Rodriguez Monegal también enfatiza el valor histOrico y politico de Ia novela al leerla como una obra que examina fundamentalmente Ia huelga de enero de 1919, Ia que reviste de un valor histOrico ünico por haberse enfrentado en ella en forma violentIsima los obreros de Ia capital argentina con el Ejército (80). Esta valoraciOn estrictamente histOrica de Ia novela se reitera en Martin Kohan quien incluye a En Ia Semana Tragica dentro de una literatura de estética realista vuelta hacia Ia realidad 214 poiltica argentina, o con referencias a determinados hechos histOricos vinculados con Ia poiltica argentina, y hace notar, además, Ia consideraciOn crItica de Maria Teresa Gramuglio sobre las novelas de David Viñas como de una “actitud testimonial” y de un “Ilamado a Ia acción” (528-30). Asimismo, Humberto Rasi destaca Ia técnica documental en Ia novela como aquella que recrea el episodio de una represiOn sangrienta de una huelga obrera por las fuerzas armadas (260). Por lo pronto, Ia novela trata en forma de crOnica y ficciôn los sucesos violentos de Ia insurrecciOn obrera anarquista en 1919, episodio que histOricamente ocurre en Ia ciudad de Buenos Aires durante Ia segunda semana de enero, conociéndose el conflicto, de ahI, con el nombre de Ia “Semana Trágica”.52 Brevemente, los eventos de esta semana se hallan histOricamente documentados como una huelga general de los obreros iniciada en modo parcial por los empleados de Ia fábrica metalürgica Vasena e Hijos Ltda. en Ia Capital Federal el 7 de enero de 1919, y a Ia que luego se suman todos los principales sindicatos afiliados a Ia dirigente FORA anarquista (FederaciOn Obrera Regional Argentina) generando una represiOn sangrienta contra los trabajadores en general y contra las comunidades inmigrantes, especialmente judIas y rusas por parte del gobierno.54Como muestra de los limites del progresismo radical 52Osvaldo Bayer registra en el segundo tomo de La Patagonia Rebelde, La Masacre, Ia extensiOn de Ia represiOn de los huelguistas obreros y sus dirigentes anarquistas a las regiones rurales de Ia Patagonia en manos del teniente coronel Varela durante el primer gobierno de Yrigoyen. Osvaldo Bayer, La Pataponia Rebelde. Las principales causas del levantamiento de los obreros de Ia fábrica de Vasena habrIan obedecido a Ia demanda por parte de los trabajadores de una jornada de ocho horas, aumento de salarios, pago de horas extras, supresiOn del trabajo a destajo, y reincorporaciOn de los trabajadores cesanteados por Ia actividad gremial. Julio Godlo, 269. En su caracterizaciOn general del anarquismo argentirio, Yaacov Oved destaca su crecimiento desde fines del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX (1880-1930) como un movimiento obrero basado en el proletariado urbano, siendo los primeros anarquistas los inmigrantes de Italia y de Espana. Y en cuanto a Ia particularidad del levantamiento obrero en Ia “Semana Trágica”, el autor remarca que Ia 215 frente al movimiento obreo, y del radicalismo yrigoyenista trente a Ia elite conservadora, esta protesta social liderada por el movimiento obrero argentino termina brutalmente aplacada por el Ejército y Ia Liga Patriótica. Para el dIa 15 de enero, el enfrentamiento dejarla un saldo de aproximadamente cuatrocientos muertos, y dos mu presos (Godio 267-75). En lo concerniente a nuestra lectura de En Ia Semana Tragica, el análisis que intentamos abordar procura examinar el modo en que Ia novela significa, razona, o explica el evento histórico a partir de Ia dinámica textual que se despliega en el proceso de ordenación de las situaciones y acciones narrativas quo prosenta Ia trama. Para tal análisis, nos basamos, ante todo, en Ia posibilidad de significaciOn que nos ofrece una do las caractorIsticas estilIsticas más distintivas de Ia narración en En Ia Semana Trágica quo es el carácter dual do su toxtualidad, o su organizacion on dos capas narrativas, a saber, Ia historia ficcional de Camilo por un lado, y Ia crónica histórica de Ia “Semana Trágica” por el otro, las cuales se desarrollan en forma entrelazada, yuxtapuosta, fragmentaria, y sistomáticamonto altornanto. Entre estas dos historias que, a nuestro modo de ver, sugieren formalmente una situación dialOgica (AbAbAbAb...), se distingue una relaciOn de desigualdad en el modo en quo so halla distribuido el podor narrativo dontro del ospacio novolIstico, on Ia modalidad estilIstica quo presentan sus discursos, y en Ia voz quo dichos textos asumen. Notamos, asI, quo Ia historia de Camilo so comporta como Ia historia dominanto onmarcadora o Ia “historia-armazón” de Ia novela por ol amplio espacio quo ocupa en el ospacio narrativo, por Ia voz activa que represiôn de las fuerzas armadas no se hallaba dirigida contra los trabajadores huelguistas, sino más bien contra Ia comunidad rusa-judIa concentrada en Ia zona central de Ia ciudad, en Villa Crespo. A partir de este incidente catastrOfico comenzarIa Ia declinaciOn del anarquismo en Ia Argentina. Yaacov Oved, 5. 216 asume como aquella historia que “narra”, y por una perspectiva eminentemente individual y subjetiva que adopta, mientras que Ia crOnica de Ia “Semana Tragica” constituye Ia historia enmarcada 0 Ia historia “narrada” de Ia novela, subsumida pasivamente a Ia historia principal de Camilo en calidad de “historia dentro de una historia”, y relatada desde una perspectiva objetiva, impersonal, y social. Es nuestra premisa que el intercambio narrativo que protagonizan el texto ficcional y el texto cronIstico en En Ia Semana Tragica puede ser iluminado desde Ia noción freudiana de transferencia, que dentro de Ia situaciOn analItica, alude a aquella relación entre el analizado y el analista que reviste Ia particularidad de animar en el analizado Ia representación y repeticiOn simbOlica de las vivencias del pasado, o activ ar una “versiOn reeditada” de los impulsos y fantaslas del pasado sustituyendo un a persona anterior por Ia persona del anallsta (Freud, Análisis 998). Este componente dialéctico que fundamentalmente estimula el surgimiento de ciertos conteni dos reprimidos en el analizado, constituye el elemento decisivo que facilita u obstruy e Ia posibilidad de elaboración de dichos contenidos segün se supere o subsu ma a Ia acciOn de Ia resistencia que causan ambos integrantes. Precisamente, Freud des cubre Ia transferencia en su estrecha relación con Ia resistencia y en su valor decisivo pa ra Ia cura analItica al reconocerse implicado en el fracaso de su labor de analista c on Dora55 En “Análisis fragmentario de una histeria” (1925), Freud reconoce abiertamente sus fallas en el man ejo de Ia transferencia como causa principal de Ia frustraciOn del tratamiento de Dora: “La transferencia, destinada a ser el mayor obstáculo del psicoanálisis se convierte en su mãs poderoso auxiliar cuando el medico consigue adivinarla y traducIrsela al enfermo. . . Solo teniendo en cue nta Ia transferencia resulta posible explicar las singularidades del análisis de Dora. La cualidad más e xcelente de este análisis, su maxima transferencia, se halla ligada a su mayor defecto, responsable de su prematura interrupción. . . No consegul adueñarme a tiempo de Ia transferencia. . .La buena voluntad con Ia que Dora puso a mi disposiciOn en el tratamiento una parte del material patolOgico me hizo olvidar Ia precauciOn de atender a los primeros signos de Ia transferencia que me preparaba con otra parte , desconocida para ml, del mismo material”. Sigmund Freud, 999-1000. 217 y Ia define por primera vez en “Análisis fragmentario de una histeria” (1925) como “reediciones y productos facsImiles de los impulsos y fantaslas” que el analizado reproduce en Ia persona del analista, y que deben ser hechos conscientes durante el desarrollo del análisis (998). Se trata de una forma especial de recordar que no consiste en recordar lo olvidado o reprimido, sino en “vivir de nuevo” como acto, repitiendo compulsivamente sin saber que lo repite (Freud, Recuerdo 1684). En este “recordar” algo que nunca pudo ser “olvidado” por haber sido nunca retenido ni llegado a ser consciente, Ia transferencia no es más que una repeticiOn, y Ia repeticiOn, Ia transferencia del pretérito olvidado (Freud, Recuerdo 1685). Esta disposición curativa, elaborativa, o transformativa que se hace prominente en Ia transferencia motiva en Freud una reformulación de su premisa narratologica analItica inicial concebida como Ia “cura del habla”, bajo otra lOgica dialOgica, ahora, más compleja, relacional e indeterminada, en Ia que Ia nociOn de causalidad se hace problemática y Ia cronologla, cuestionable. 56 Siendo una relación o transacciOn condicionada por un presente especial, Ia transferencia, en suma, se refiere a esa El contenido de esta transferencia se refiere a Ia proyecciOn de los sentimientos ambivalentes que Ia joven siente con respecto al señor K. en Ia persona de Freud: “Ahora ha realizado usted una transferencia de K. a ml persona.. .yo abrigo hacia usted las malas y atractivas intenciones analOgicas a las de K... .Dora hzo recaer sobre ml Ia venganza que queria ejercitar contra K., y me abandonó como ella crela haber sido engañada y abandonada por él. La paciente “actuO” un fragmento esencial de sus recuerdos y fantasIas en lugar de reproducirlo verbalmente en Ia cura. . . Esto hubiera orientado su atenciOn hacia un detalle cualquiera de nuestras relaciones, de ml persona o de mis circunstancias, detrás del cual se mantuviera oculto algo análogo referente a K... .y Ia soluciOn de esta transferencia hubiera procurado al análisis el acceso a nuevo material mnémico. Pero incurri en el error de descuidar esta primera advertencia, pensando disponer aün de tiempo más que suficiente”. Freud, 1000. 56 El principio narrativo psicoanalitico basado en “Mens sana in fabula sana” que sostiene Freud en el perlodo de los Estudios sobre Ia Histeria funda Ia idea de Ia “cura del habla”, Ia cual consiste en Ia creencia de que el logro de una narrativa correctiva “coherente” de las inconsistencias que presentan las historias de los analizados es en sI mismo curativo. Este principio que presupone una relaciOn causal mecánica y total entre los eventos traumáticos y los efectos narrativos, sufre una modificaciOn considerable en Freud con el descubrimiento de Ia transferencia en el Fragmento de un análisis de un caso de histeria o “caso Dora”, en el que Freud reconoce Ia complejidad de Ia narrativa analitica y su carácter indeterminado por Ia influencia decisiva de Ia relaciOn dinámica dialOgica que se establece entre el analista y el analizado. Peter Brooks, Psychoanalysis and Storytelling, 49-50. 218 esfera contractual o espacio artificial “como-si” que crea el sujeto del habla con el de Ia escucha, espacio que forma parte inherente de Ia estructura y el sentido del texto narrativo, texto cuya significaciOn sOlo se posibilita en tanto es transmitido en un proceso de intercambio (Freud, La dinámica 1648-1653). Nuestra lectura de Ia novela se basa, de esta manera, en Ia relaciOn dialOgica que entrevemos entre el texto cronistico histOrico y el texto ficcional personal, a partir de las condiciones transferenciales que establece Ia narratologIa psicoanalltica contemporánea. La historia de Camilo comprende el desarrollo de En su intento de adoptar Ia dinámica clInica de Ia transferencia como modelo para el análisis de Ia dinámica narrativa, Brooks asume un funcionamiento general de las condiciones transferenciales, las cuales se evidencian en Ia necesidad imperiosa por el acto de narrar, o ansiedad sobre su transmisibilidad, y en las necesidades de ser escuchados, especialmente por parte de Ia historia enmarcadora dominante en relaciOn a las sub-historias que enmarca 0 subordina, dramatizando, asI, una dinámica dialéctica entre el que “narra” y el que “escucha”. Lo importante para Ia significaciOn narrativa es distinguir ese “algo” que se mueve a través del canal de comunicaciOn, o acto de transmisiOn y recepciOn entre ambos participantes, y el valor sintomático o elaborativo que estos contenidos representan dentro de Ia estructura narrativa (50-51). Nuestro entendimiento de Ia transferencia como instrumento hermenéutico de un texto literario sigue el sentido distintivamente sintomático y elaborativo que su dinámica reviste dentro del sistema de pensamiento freudiano. Esta consideraciOn prevalentemente clmnico/analItica de Ia transferencia que privilegiamos contrasta notáblemente con otras propuestas de orientación más filosófica o metafIsica, cuyo 219 representante más paradigmático 10 encontramos en Ia resignificacion que hace de ella Ia teoria de Lacan desde el determinismo linguIstico del inconsciente.57 Dentro de este esquema del pensamiento, Ia “verdad” de Ia transferencia se ordena desde fuera de los encuadres sintomáticos y elaborativos do un recuerdo inconsciente, para ser articulada primordialmente desde el horizonte de los efectos alienantes del lenguaje, o el modo en que el material afectivo/conflictivo que el analizado retrotrae desde el orden de lo imaginario actüa sobre el inconsciente real del analista. Para Lacan, asI, el contenido reprimido quo el analizado transfiere al analista no indica Ia transferencia misma sino solo una condiciOn que prepara su verdadera emergencia en el analista. La razOn de Ia transferencia reside, de este modo, en el momento dialéctico en que so descubre el vaclo 0 el error en el discurso del analista, y Ia posibilidad de Ilenar esta grieta contra transferencial sOlo con otra significaciOn igual e infinitamente alienante del lenguaje58. Nos dice Lacan: Esta dimensiOn generalmente más filosOfica de Ia teorIa de Lacan es un aspecto que destaca Zi±ek, al comparar su práctica con Ia de Freud, siendo ésta ültima encuadrada dentro de una perspectiva más histOrica e individual, y clInicamente terapéutica. Dirla el seguidor mãs fiel y distinguido de Ia dialéctica de lo Real lacaniana que Ia práctica de Lacan se aleja de esta visiOn terapéutica para privilegiar, ante todo, Ia confrontación del individuo con los ültimos principios que regulan Ia irrupciOn de su deseo inconsciente en el momento del habla: “For Lacan, psychoanalysis is not a theory and tecnique of treating psychic disturbances, but a theory and practice that confronts individuals with the most radical dimension of human existence. It does not show an individual way to accommodate him- or herself to the demands of social reality, instead it explains how something like ‘reality’ constitutes itself in the first place. It does not merely enable a human being to accept the repressed truth about him- or herself, it explains how the dimension of truth emerges in human reality. In Lacan’s view, pathological formations like neurosis, psychosis and perversions have the dignity of fundamental philosophical attitudes towards reality.. .for Lacan, the goal of psychoanalytic treatment is not the patient’s wellbeing, successful social life or personal fulfilment, but to bring the patient to confront the elementary coordinates and dead-locks of his or her desire”. Slavoj Zi±ek, How to read Lacan, 3-4. 58 Esta ecuación de Ia transferencia encuentra su ültima respuesta o fundamento en Lacan en el mismo acto del habla, no por lo que construye, afirma, o significa como verdad sino por lo que deconstruye o niega toda posibilidad de significaciOn desde lo real: “The very question of the truth is already raised by the dialectical movement itself.. .every act of speech which is formulated as such brings into the world the novelty of the emergence of meaning. It is not that it is affirmed as truth, but rather that it introduces the dimension of truth into the real”. Jacques-Alain Miller, 263. 220 Transference does not fall under any mysterious properly of affectivity and, even when it reveals itself in an emotional disguise, this guise has a meaning only as a function of the dialectical moment at which it occurs.. .this moment is of great significance since it normally signals an error on the analyst’s part.. .Transference always has the same meaning of indicating the moments where the analyst goes astray and takes anew his bearings. (Odd 184) Mientras que para Lacan Ia “verdad” de Ia transferencia se restringe al inconsciente que se revela en el mismo tiempo y acto de Ia relaciOn dialéctica, y fundamentalmente at inconsciente del analista, con Freud tendemos a ubicar dicha “verdad” dialéctica en un inconsciente que se extiende fuera del tiempo analItico, y fuera de Ia cadena de significantes que surgen en él, y provisto de una historicidad libidinal particular que deriva de Ia vida psIquica del analizado con sus distintivos deseos y fantaslas. Para Ia exploraciOn de Ia problemática de Ia subjetividad polItica o el inconsciente cultural que nos proponemos de Ia izquierda intelectual a través del grupo Contorno, creemos que el esquema freudiano de Ia transferencia con su énfasis en su aspecto sintomático y elaborativo nos permite una aproximaciOn más especIfica a su cultura, y una mayor posibilidad explicativa de sus conflictos histOrico-polIticos. Segün entendemos, Ia historia de En Ia Semana Trágica recrea a un joven argentino de clase media estableciendo una relaciOn de transferencia con el presente de una insurrecciOn obrera anarquista, relaciOn que suscita en el sujeto Ia reactivaciOn La transferencia en Lacan se disuelve o subsume, sin ninguna particularidad histórica libidinal, a una vision totalitaria del lenguaje determinado por Ia dimensiOn inconsciente de lo real, de modo tal que Ia relación entre el habla y significaciOn deriva, en (iltima instancia, del sistema de signos que funciona como su fundamento total y absoluto. Sobre este aspecto Lacan nos dice que: “language cannot be conceived as the result of a series of shoots, of buds, coming out of each thing. One can only think of language as a network, a net over the entirety of things, over the totality of the real. It inscribes on the plane of the real this other plane, which we here call the plane of the symbolic”. Miller, 262. 221 del pasado en una serie de deseos, ansiedades, y fantasIas latentes. Esta relación transferencial que dinamiza Ia novela, sin embargo, no supera una transacciOn en Ia que predomina una repeticiOn compulsiva de los elementos del pasado en el individuo, y en Ia que el presente polItico cierra todo dialogo elaborativo o transformativo sobre este pasado con su indiferencia, distancia, y silencio. Para nosotros, esta relaciOn transferencial coartada que fantasea el texto de Viñas entre Ia realidad polItica anarco popular y realidad subjetiva de clase media implica un dato significativo a tener en cuenta en Ia lectura del proyecto popular socialista que impulsa el autor como miembro directivo de Ia revista Contorno. Si recordamos que Ia nociOn freudiana de transferencia se refiere a Ia relación que se establece entre el analizado y el analista, y que reviste Ia particularidad de animar en el analizado Ia representaciOn y repeticiOn simbólica de las vivencias del pasado, o una “versiOn reeditada” de los impulsos y fantaslas del pasado sustituyendo una persona anterior por Ia persona del analista, en Ia novela le adjudicamos el rol de analista al papel que cumple el texto cronIstico en relación al texto ficcional por representar el presente narrativo (de los conflictos obreros) que anima en Ia historia de Camilo el resurgimiento de las vivencias del pasado, y por ocupar el lugar de Ia escucha (aunque en este caso el de un analista indiferente o ausente) frente al texto ficcional de Camilo, el cual siendo responsable de Ia historia principal de Ia novela, cumple el rol del que “habla” o “narra”. Siendo el texto mayor o enmarcador de Ia novela, el texto de Camilo opera sOlo en funciOn y referenda a los eventos que informa el texto cronIstico, sucesos que son importantes en tanto motivan una constante reinterpretaciOn subjetiva y fantasmática de dichos eventos del presente segün los 222 recuerdos del pasado. En cambio, siendo el texto menor o enmarcado de Ia novela, el texto cronIstico cumple el rol del que “escucha” (es Ia historia menor “narrada” por Ia historia principal de Ia novela, Ia de Camilo, incluido dentro de ésta a modo de proposiciOn subordinada) Como ya indicamos, a diferencia del analista que escucha para implicarse activamente en Ia relación transferencial que se establece con el analizado, el texto cronistico es un analista que sOlo mantiene el valor impersonal de un presente especial, sin intervenciOn, conciencia, o interés alguno en Ia historia del texto que “narra”. El intersticio transferencial entre el texto ficcional y el texto cronistico Como procedimiento analItico que nos planteamos para Ia Iectura de En Ia Semana Tragica, nos proponemos Ia tarea de examinar el modo en que Ia novela sugiere el problema del encuadre narrativo, y Ia forma en que dicho proceso de enmarcado configura una situaciOn de contrato o transacciOn narrativa. Por otra parte, intentamos explorar Ia condiciOn y el movimiento de los impulsos dinámicos que transitan y circulan por el espacio interactivo intertextual crOnica-ficción que modela Ia narrativa, asi como su integraciOn en Ia dilucidaciOn ültima de Ia significaciOn de Ia novela en términos de intereses, fines, y modalidades de razonamiento sobre los procesos politicos nacionales. 223 i. La transacción narrativa en Ia trama La acciOn principal o el argumento que impulsa Ia progresiOn narrativa de En Ia Semana Trágica comprende el proyecto del protagonista, el joven Camilo Pizarro, de cumplir con las visitas rutinarias de los viernes a los prostibulos, y Ia trama que procesa tal proyecto erOtico desde su momento preparatono hasta el momento final de su cumplimiento abarca un perlodo narrativo que coincide con Ia semana comprendida entre los dos viernes tres y diez de enero de 1919, dIas en los que Ia novela sitüa el comienzo y Ia terminaciOn del histOrico levantamiento obrero de Ia “Semana Tragica” en Ia ciudad de Buenos Aires. Sobre este argumento, Ia novela so abre con Ia escena en Ia que Camilo y sus amigos Casiaburu y el Goyo Larsen se bañan en Ia ducha de Ia pileta Balcarce, marcando el momento inicial de Ia novela en el que se establece como proyecto o deseo narrativo el plan de Camilo de “ir a darle el gusto a su sexo” esa noche del viernes tres, intenciOn que cobra relevancia central por Ia tensiOn narrativa que provoca al ser revelada con mucha reticencia, vacilaciOn, y enigma por parte de Camilo, y con gran curiosidad, demanda, e impaciencia creciente por parte de sus amigos hacia el final del primer segmento narrativo de Ia novela: -Hoy está hecho una tumba este Camilo. Es una pena CamiIo no quiere decirnos dOnde va esta noche!... Este Camilo -acusaba- Este Camilo que se niega a decirnos dónde va a ir esta noche. . .- Que diga de una vez, entonces! —exigiO el del fondo. . .Y el Goyo Larsen golpeando los pies contra el suelo y Casiaburu a puñetazos contra los armarios y los otros marcando un compas con las manos que crecIa al atraer a los que querlan enterarse, -Que 224 diga!- el calvo imponla su voz. . .-DecI de una vez!- lo apurO Casiaburu aizando Ia cara. -SI vasco- lo palmeO suavemente Camilo- quédese tranquilo —y le sonriO- Esta noche, señores —anunció con pausa-, voy a dane el gusto a ésta. -A cuál?- tembloteO el Goyo Larsen. - A ésta- repitió Camilo- A ésta y se agarraba Ia bragueta. (16-17) Con esta ambientación escénica en el baño de hombres, Viñas reitera los motivos del espacio homoerótico, erotismo homosexual masculino, sexualizaciOn parcial del cuerpo masculino, y organizaciOn de Ia sexualidad genital dentro de las formas socialmente alternativas y marginales del exhibicionismo y Ia prostituciOn, ya abundantemente representados en Los años despiadados y Dar Ia cara. Este proyecto erOtico inicial de Camilo cumple su meta en el cierre de Ia novela con su Ilegada al prostIbulo de CIeo en Ia ültima escena, momento que coincide con el anunclo oficial de Ia prensa sobre el término de Ia huelga en Ia madrugada del viernes diez de enero: [Texto cronistico] Madrugada del viernes y los diarios anuncian Ia terminaciOn de Ia huelga: Los obreros de Vasena vuelven al trabajo. El ejército vigila. De Berlin, Ia rebelión del grupo Spartacus ha sido Iiquidada: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo son fusilados. . . La Prensa. Y La Nación: El ejército debe estar siempre alerta para otras eventualidades como Ia que ha vivido el pals. [Texto ficcional] -Qué horas de Ilegar. -El calor-señalO Camilo vagamente... CIeo en Ia cama; éI ahI, de pie y colgado en Ia pared ese cuadro... 225 -, Ven Is? Camilo se paso Ia mano por las mejillas: -Te voy a raspar-advirtiO -No importa- Cleo se habIa echado hacia atrás y le extendIa los brazos. ,No querés que hagamos conejito? (94-95) [fin] Este fin de Ia novela a cargo del texto ficcional termina subsumiendo Ia dimensiOn polItica de Ia novela a Ia dimensiOn erOtica en cuya relaciOn se identifica un sujeto masculino sexualmente pasivo, y un sujeto femenino más activo y dominante. Estableciendo, de esta manera, su condición de marco de acciOn principal o “externo” de Ia novela mediante su proyecto erOtico rutinario, Ia historia de Camilo contiene dentro de su encuadre general Ia crOnica histórica de Ia “Semana Tragica” en forma fragmentaria, intercalada, y sistemática. Esta inclusion de Ia crOnica histOrica dentro del relato de Camilo va revelando una serie de diferencias caracterológicas entre ambos textos, entre las cuales se destaca un considerable espacio narrativo y una voz activa, subjetiva, mObil, y expansiva de Ia historia de Camilo, frente a una voz objetiva, impersonal, rIgida, y “pasiva” que predomina en el texto cronIstico, el cual ocupa un espacio visiblemente reducido dentro de Ia narrativa. Una de las tIpicas yuxtaposiciones que se suceden en forma inconexa sin que haya necesidad o lInea de continuidad narrativa alguna que explique o justifique tal conexiOn, y en las que se resaltan las disimilitudes en sus voces, actitudes, y preocupaciones, es Ia que demuestra el siguiente pasaje entre una extensa secciOn que cubre Ia historia de Camilo de siete páginas, seguida de un breve informe de media pagina de Ia crOnica histOrica: 226 [Texto ficcional] Al quilombo solo y a lo largo de ciertas calles, por el medlo de Ia vereda pero sin silbar y preferentemente por Ia parte de atrás del palacio de Obras Sanitarias que admiraba en secreto: Ia escalera de lo de Laura, el salon lmperio de Ia Mamita y, por fin, las glicinas donde lo esperaba Cleo.. . . Pero los viernes Sonia recibla al juez Casaborda y tenIa para rato. Es un viejo con caprichos, explicaba Sonia, y una noche, el verano final de Ia guerra- si debe haber sido en diciembre- con el Goyo Larsen y otros dos, de los nuevos que hablan ingresado a Ingenierla, se quedaron a espiarlo.. .Y el juez se enojO. . .y descubriO Ia rendija y al Goyo Larsen que estaba agachado y ahI nomás lo tomO de las solapas y lo tironeO dicléndole que él conocIa a su padre, todo un caballero, y que ésa era una vergüenza y mucho más tratándose de estudiantes de Ia Universidad y hasta le dio unos empujones porque el juez era magistrado en cualquier parte que esté y exigiendole respeto a Ia investidura y a sus canas... [Texto cronIstico, separado por un espacio] El sábado cuatro los dueños de Ia fábrica Vasena solicitan protecciOn al ministro del Interior de Yrigoyen, doctor RamOn Gómez; en el pedido se describe Ia actitud de los huelguistas como de “verdadero sitio a las instalaciones de Ia firma” y se alude a las medidas preventivas que hubieran debido tomarse a partir de los primeros rozamientos producidos a fines de 1918. Nuestra norma es Ia equidistancia, declara el diario oficial.. . Pero si Ia policla ha aumentado sus efectivos, los huelguistas empiezan a recibir el apoyo de otros gremios; los marItimos son los primeros y paralizan el puerto. Viejos grupos de tradición anarquista hacen su apariciOn en las calles de Nueva Pompeya, San Cristóbal y Boedo. En el cruce de Orubio y Rioja se canta La lnternacional. [Texto ficcional, separado por un espacio] -No me interrumpan, muchachos- pidiO el general. 227 Porque al general Garmendia le enternecia que lo escuchasen: en primer lugar el Goyo Larsen, que le festajaba los recuerdos con tanto entusiasmo que los ojos se le lienaban de lagrimas...( 23-31) En esta combinaciOn alternante de ficciOn y crOnica se hace pos ible distinguir un marcado contraste entre un discurso personal, subjetivo, focuaz y crItico, con intenciOn perlormativa y comunicativa del narrador/novelista, el cual, por otra pane, se interesa por las refaciones interpersonales, y se desliza fibre y confusamente en tre el presente y pasado. Este discurso muestra ser diametralmente opuesto al del na rrador/cronista, el cual se mantiene objetivo e informativo, estrictamente limitado al presente, y centrado exciusivamente en el conflicto social y politico de los obreros, con una actitud neutra, impersonal, y distante frente a los objetos y sucesos que transmite. En lo tocante al modo en que ambos textos se conectan, es n otable una yuxtaposición inconexa, ilOgica, brusca, e incomprensible, tal como formalmente aparentan insinuar los intervalos espaciales que los separa. Si bien Ia falta de conexiOn narrativa directa 0 explIcita entre los dos textos se mantiene co nstante a lo fargo de Ia novela, observamos, no obstante, que en ef transcurso del desarrollo narrativo se va estableciendo en forma paulatina una relación de refer encialidad asimétrica y tangencial, en Ia que los sucesos histOricos que informa el texto cronIstico funcionan como estImulo 0 referencia para las elucubraciones, medita ciones, y fantaseos que despliega el texto ficcional a five! personal-subjetivo. Mientras que el texto histOr ico se mantiene enteramente “indiferente” a I as narraciones del text o ficcional sin percatarse de su existencia y ünicamente abocado a su funciOn info rmativa de los eventos del 228 confllcto obrero, el texto subjetivo, en cambio, toma plena conciencia del discurso cronIstico y sigue su desarrollo histOrico “interactuando” con las realidades sociopoilticas que presenta Ia crOnica en forma parcial, digresiva, y autorreferencial. Es asI como en Ia novela encontramos el primer esbozo de Ia intenciOn dialOgica que insinta el texto ficcional con respecto al presente en su “reacciOn” al Segundo fragmento cronIstico. En este fragmento, Ia crOnica informa sobre Ia procedencia social de los huelguistas como gente de los barrios de Boedo, San CristObal, y Nueva Pompeya, y detalia Ia ofensiva del primer dIa de protesta como aquella que involucra el atrincheramiento de los obreros detrás de las chatas de Vasena, el asalto a una ambulancia de Ia Asistencia Püblica que sOlo Ileva Unicamente a los heridos de Ia policIa para Ilevar a los suyos al hospital Rawson, tiroteos que deja un saldo de siete y once heridos en ambos lados, y una muerte entre los policlas. También reitera el anuncio de “La Razón” de Ia noche del viernes en el cual se informa que “en Ia masa trabajadora se advierte el propósito de no ceder hasta Ia obtención de las mejoras solicitadas” (23). Alterando bruscamente el foco de atenciOn en este informe, a continuaciOn el texto ficcional prosigue con aparente indiferencia su propia historia enfocada en Ia experiencia de Camilo con los prostIbulos, pero en un momento dado su relato sale de su curso narrativo ficcional para irrumpir fugazmente en el presente de Ia crOnica. En este momento de contacto, el texto ficcional identifica a los huelguistas de Vasena como rusos. En el siguiente pasaje se aprecia el cambio de referencia narrativa y Ia brevedad con que el texto ficcional apenas roza Ia superficie del presente conflicto obrero: 229 Pero Camilo ya se iba; murmurO Adiosito y Laura contestO Adios, mi amor, no te pierdas, dejando que ese fastidioso por fin Ia tomara de Ia cintura. Te diste el gusto, cargoso ,eh? Nada más que para baliar, Laurita. El hombre y Ia mujer se encararon: ,Qué toca eI moreno: Mi noche triste? No, Laurita: Dame Ia lata toca. En Ia calle oscura, Tucumán al fondo y solo; pasO un mateo, desde Ia otra esquina le gritaron Hace tiempo que no te veo y por una ventana entreabierta oyO que declan Esos que andan en lo de Vasena son los rusos. Los rusos son. No importaba; ya se sabla que los viernes a Sonia no le quedaba tiempo, y para los regalitos no habla como el juez Casaborda. (25-26) El contacto inicial con el presente de los obreros de Vasena, como puede apreciarse arriba, se limita apenas a una mención breve, pasajera, y un tanto “cohibida”, marcando apenas un entrecruce espacio-temporal intertextual que luego, a medida que avanza el proceso narrativo, se Ira haciendo cada vez más resuelto y más extendido. A propOsito del personaje ruso que el texto destaca en este primer contacto con el presente narrrativo cronIstico, es posible que Viñas resalte el carácter antisemita que se le adjuca al histOrico conflicto obrero. Las referencias histOricas asocian eI elemento ruso con un fuerte antisemitismo que prevalecla en Ia Liga PatriOtica, organismo fundado durante Ia Semana Trágica e integrado por un grupo de civiles de un nacionalismo integralista catOlico radicalmente antisemita (aristocracia rural, polIticos, el clero, los militares, y hombres de negocios), en defensa contra “Ia amenaza roja” o instalaciOn de un Soviet en Ia Argentina (Benmergui 127). Estos grupos producirlan un feroz ataque antisemita contra los comercios y las viviendas judlas. Uno de los acusados por querer instalar un Soviet en Ia Arigentina es Pedro Wald, el secretario de AvangarcJ quien luego de ser detenido y torturado, deja un testimonlo de sus padecimientos en Koschmar (Pesadilia), publicado originariamente en idish en 1929, y traducido al castellano reclén en 1987 (Pesadilla, una novela de ía Semana Trágica), un texto secreto’ entre Ia bibliografía de Ia Semana Trágica segün dirIa Pedro Orgambide. Alicia Benmergui, 127,130. 230 La incursiOn en el presente cronistico va creciendo a medida que avanza el proceso narrativo, y en el cuarto interjuego crOnica-ficciOn, el texto ficcional ya dramatiza en forma dilatada Ia agudizaciOn del conflicto entre los insurgentes y las fuerzas represoras en Ia zona de Nueva Pompeya. En este tramo se observa un intercambio de opiniones al respecto entre los personajes Camilo y su amigo Federico: Ia gravedad de los sucesos del segundo dIa de Ia huelga requiere Ia solicitud de protecciOn al gobierno de Yrigoyen por parte de los dueños de Ia fábrica metalürgica Vasena, y el aumento inmediato de los efectivos de Ia policla con las fuerzas del EscuadrOn de Seguridad. Los huelguistas dirigidos por los viejos grupos de tradiciOn anarquista reciben el apoyo de otros gremios, y en el choque frontal que se produce por Ia noche, los huelguistas hacen fuego desde las barricadas. El EscuadrOn ataca con cargas de caballerla, y deja un saldo de once heridos y dos muertos. El texto ficcional nuevamente toca Ia realidad del pals que presenta Ia crOnica mediante un dialogo extendido de cuatro paginas entre Camilo y Federico sobre Ia seriedad de Ia situaciOn en Nueva Pompeya. El punto de preocupaciOn en el dialogo, sin embargo, se centra alrededor de Ia actitud personal negativa, incrédula, y desconfiada de Camilo en admitir Ia seriedad del enfrentamiento, actitud que Federico trata de corregir (35-39): Por eso cuando Federico siguiO hablando de lo que pasaba aill, por Nueva Pompeya, lo tomó con cautela: -Pero, ,en serio que es para tanto? Federico parpadeó como Si 10 hubieran agravado. -No irás a pensar que te estoy mintiendo’ -Mentir, no, Federico... -Entonces ,qué? 231 -Cualquier cosa —Camilo se paso el helado por Ia frente- Menos mentir. . .pero que a 10 mejor exagerás... -Las viejas exageran- Federico usaba un tono cortante: se habIa sentado en el otro extremo de Ia biblioteca, cruzO las piernas sacudiendo mucho el pie; después miré al costado, hacia las estanterIas, pareciO elegir uno de los libros, pero no, se limitó a acariciarle el lomo- ,Vos leIste los diarios?- dijo como si retomara su agresividad. -, Y qué pensás? - Que pienso de qué? - De lo que está ocurriendo, ml querido. ,O te parece poco lo que ocurre? -No, no - era el calor y Camilo no lograba salir de esa nube de pesadez: el calor y Ia comida, el general Garmendia y los tres dedos que le faltaban al sargento Plaza. Sábado y verano. . . (35) El texto participa 0 “roza” Ia superficie temporal, espacial, y contextual de los sucesos histOricos, pero este contacto no se procesa en sentido politico-social sino más bien a nivel personal, desde que su energIa narrativa se destina mayormente para los procesos subjetivos que retrasan o contrarIan el desarrollo actual del conflicto obrero. En Ia subjetivización de Ia realidad poiltica, asI, se descubre Ia resistencia de Camilo a aceptar el presente mediante Ia demora o “distracciones” discursivas que se pierden en los detalles secundarios en Ia descripciOn de Federico, y su tendencia a rememorar los personajes del pasado tales como el general Garmendia, y el sargento Plaza, figuras que en Ia novela metaforizan el poder militar argentino en Ia Guerra del Paraguay, y en especial, las fuerzas encargadas de Ia gran masacre de los paraguayos en Ia Batalla de TuyutI en 1866. En el presente narrativo, estas fuerzas represivas liberales del pasado se hallan discretamente desplazadas hacia las fuerzas opresivas de Ia 232 Argentina del Centenario cuando Federico le recuerda a Camilo sobre Ia insurrecciOn obrera en el festivo año 1910, y el histórico anarquista judlo Radowitsky: - ,Y qué es lo más grave que puede pasar? Federico lo mirO entornando los ojos como Si 10 contemplara en Ia lejanla: - Vos te acordás de Io que paso en eI Centenario? - ,En el diez? - Si. Exactamente. - Es que yo te estoy hablando en serb y vos me sails con tonteras. - Bueno — Camilo se puso a mostrarse ecuánime- Metieron bombas. Pero a los que se hbcieron los locos, les dieron palos. . .Y a ése, cOmo se Ilamaba, el de Ia bomba de FalcOn. Ese de apeilido ruso. -Radowitsky- dijo Federico con una neutra voz de apuntador. (36-7) Mediante este diálogo entre Federico y Camilo, el texto inscribe en el conflicto obrero actual un trasfondo distintivamente antisemita, al enlazarlo con Ia insurrecciOn obrera en el año del Centenario afrededor de las figuras histOricas de FalcOn y Radowitsky. Efectivamente, el atentado fatal contra Ia figura del jefe de policIa Ramón FalcOn por el joven anarquista obrero judlo SimOn Radowitsky al finalizar el año 1909, y Ia represalia antisemita levantada por el sector dominante cercana a Ia fastuosa celebraciOn de Ia orgullosa y prOspera Argentina criolia en el Centenario de 1910, emblematizan Ia otra cara, xenofObica y antisemita, de Ia hegemOnica y opresiva Argentina hispano/catOlica, y los profundos sentimientos de descontento y de rebeldla entre los obreros anarquistas inmigrantes. 60 En Ia novela, este recuerdo de opresiOn y violencia 60 La otra historia del Centenario que acompaña a Ia celebraciOn de los progresos de Ia Argentina ante el mundo es Ia historia del levantamiento obrero con Ia participación activa cie los obreros anarquistas judlo-rusos. El asesinato del coronel Falcon en manos de Radowitsky (en noviembre de 1909 y como un gesto de venganza individual por los caldos durante Ia Semana Roja en mayo del mismo ano) sOlo 233 antisemita por parte del sector dominante no aflora en Camilo sin antes vencer una serie de barreras internas o fuerzas de resistencia marcadas por Ia vacilaciOn, trivialización, e irritaciOn que muestra el joven protagonista ante Federico. El texto, asI, se apodera de una contradicciOn interna al revestir los sucesos de Ia Semana Tragica con un significado particularmente semItico/inmigrante a través de Ia historia de Camilo, y otro mãs originariamente hispano/catOlico al apellidar al protagonista muy colonial, hispãnica, y señorialmente de ‘Pizarro’, aludiendo al fundador y primer dueño espanol de las tierras incaicas del PerU, Francisco Pizarro. En esta doble valencia investida en Camilo, el texto instaura y centraliza una situaciOn de vInculo ambivalente y tensiOn paradOjica entre el ser hispano/catOlico/criollo y el ser judlo e inmigrante. Otro momento de contacto entre el texto cronistico y el ficcional ocurre en el quinto fragmento del texto ficcional en su lectura de Ia crOnica que informa sobre Ia ofensiva de los trabajadores y el problema de su poder para los directivos de Vasena, quienes urgen Ia ayuda de Yrigoyen con medidas drásticas. La crOnica se hace eco de Ia opiniOn de los diarios tradicionales en su crItica a Ia actitud pasiva y lenta del presidente, exigencia de Mano de Hierro y movilizaciOn del ejército, y temor al avance continuo de los huelguistas: “Yrigoyen resulta demasiado lento: solicita nuevas consultas, pretende escuchar a todos los sectores. Tiroteos aislados en plena calle Labardén, denuncia La Prensa. Habrá que esperar que Ileguen a Ia avenida Callao? marcarla el comienzo de un sangriento enfrentamiento entre las fuerzas de Ia sociedad dominante y los obreros inmigrantes durante el mes de mayo de 1910. La historia ubica por estas fechas Ia perpetración del primer pogrom en Ia Argentina (15 de mayo de 1910) por los jóvenes de Ia clase alta e integrantes de un selecto club, Ia Sociedad Sportiva Argentina, en el barrio Once con saqueos de establecimientos comerciales judIos, violaciOn de sus mujeres, e incendios de las casas de prensas de La protesta, La Batalla, y La Vanguardia. El paro obrero general fijado para el 18 de mayo, si bien es desmantelado por Ia ley marcial, de todos modos los obreros Ilegan a sabotear el acto inaugural del Centenario con Ia desactivaciOn de Ia iluminaciôn, el incendlo del arco de triunfo, demorando Ia apertura de las principales exposiciones. Benmergui, 125; Julio Godlo, 3. 234 (Viñas 39) El particular énfasis que se pone en este fragmento de Ia crOnica sobre el poder de avance de Los insurgentes motiva en el texto ficcional una prolongada y angustiosa meditaciOn subjetiva de diez páginas sobre Ia posible invasiOn de los trabajadores a sus barrios y a sus casas desde Ia perspectiva de Camilo: Si, Camilito: nosotros. Nosotros- Federico señalaba el pecho en el pulgar- 0 no se te ocurre pensar que después de las huelgas y de meterse en las fábricas van a venir sobre nuestro barrio. Esa gente no se queda de brazos cruzados; siempre quiere más y más. ,0 no te acordás de lo que paso el año diez? (37) A partir de este punto de contacto con el presente, el texto ficcional desarrolla via Camilo una cavilaciOn subjetiva, IaberIntica, fantasiosa, regresiva, y obsesiva sobre el sintagma “meterse en nuestras casas” del contingente obrero, invasiOn que en su discurso personal cobra el sentido particularmente sexual de violar, de dar patadas, y de matar: Meterse, se repitiO Camilo. Meterse en nuestras casas: pararse delante de una puerta, agarrar el picaporte y sacudirlo a medias para verificar Si está cerrada y a medias para Ilamar Ia atenciOn de los que permanecen adentro. Pero no, cerrada. Entonces sacudir una vez más el picaporte, enérgica, inütilmente y después tomar distancia frente a esa madera dura y terca y pegar una patada. (39) Meterse era dar patadas. Meterse era violar, aunque a una mujer como Cleo no se La violaba sino que aunque diga No, hoy no quiero, Camilo, estoy indispuesta, al fin de cuentas es hacerle el gusto aunque ella no 10 sepa o prefiera no decirlo. Meterse, pues, era romper, dar patadas, y Ilamando a las cosas por su nombre, violar, y Camilo se secó las manos en Ia sábana. (40) 235 Meterse era avanzar sobre él. Sobre Cleo, pero una cosa era echarse encima de esa tipa que al final, siempre, se tomaba el pecho para que se lo besara como en un rito y con Ia que podIa hablar de los otros que se tumbaban encima, desde el general Garmendia. . hasta el juez Casaborda, (41) Si meterse era violar sin secarse las manos sudadas, pelear era parar a esos tipos. Seguramente el primero en avanzar serIa uno de gorra, autoritario pero sin levantar Ia voz y con los pantalones de corderoy. (42) Si meterse era violar, matar a uno de ésos era pararlos para siempre: quedarla al pie de Ia cama de Delfina, no, un poco más acá, con Ia cara mirando el cielorraso y Ia nariz muy afilada. . .(42-43) Pararlos antes de que entraran, matarlos antes de que violaran.. . Matar era violar, morir era ser violado. Y si a uno lo violan lo convierten en una mujer o en marica. Que era lo mismo que ser vencido, pero para siempre. Hay que parar a ésos, se dijo Camilo, carraspeó un poco y se volviO a mirar en el espejo. (47) Los pasajes muestran claramente, tal como pasaba en Los años despiadados, Ia sexualizaciOn del poder por el texto subjetivo, en Ia que Ia violencia de los obreros anarquistas como Ia de los muchachos peronistas adquiere un valor erOtico homosexual para el texto. En esta sexualizaciOn del poder, el texto le atribuye a los obreros invasores el género masculino, feminizando a Camilo en refación a los mismos. Con esto, el texto feminiza los impusos homosexuales del protagonista, revistiéndolos con el doble valor contradictorio de muerte y Eros, y sugiriendo asI, una dinámica masoquista que opera dentro de su subjetividad. 236 Asimismo, el tenue contacto con Ia realidad se diversifica en el texto hacia una prollferaciOn narrativa de detallismos airededor de acciones y objetos, además de las minucias secundarias tales como Ia rectificaciOn de Ia posicion del imaginario invasor con gorra en Ia cama de Delfina, “quedarla al pie de Ia cama de Delfina, no, un poco más acá”. Otro tanto puede decirse de una reavivaciOn intensa del pasado que provoca Ia idea “meterse en nuestras casas” en el presente fragmento ficcional a través del desfile de figuras y episodios tales como Cleo, el general Garmendia, el cabo Correas, Delfina, y el alistamiento de los gringos Fullbright, Jonson y Deeper en 1917. Y por ültimo, también el contacto con Ia realidad impulsa en Ia ficciOn el brote de sueños diurnos, los cuales se hallan representados por las intervenciones de Angela, Ia criada de Camilo, Ia cual en varias ocasiones aparece sübitamente interrumpiendo las ensoñaciones de Camilo: Eso Si que era matar, Camilo: no oIrlos más, y al general Garmendia tamblén le gustaba acariciarse el IObulo de Ia oreja, de Ia misma manera pero con otro sentido: ese pedacito de came se le convertIa en una miga de pan, era una perla de pan y si superponla el Indice y el dedo mayor sentirla dos lObulos en cada oreja. Como seguramente que Si éSOS después de patear Ia puerta y quebrarla entraban a Ia habitaciOn de Delfina Ia empujarIan hasta Ia cama gritando en guaranI. -No Camilito, en guaranI no, sino en ruso o en catalán. -,DecIa algo nino? - No, Angela: es por esta corbata dichosa. -,Quiere que le haga el nudo? -Gracias- Camilo sacudiO los dedos- Mejor me dejás solo. (44) El miedo, Ia angustia, y el panico que provoca esta idea de Ia invasiOn de las masas obreras al barrio o casa de Camilo, se halla representada por el motivo “sudor” que 237 permea el cuerpo de Camilo, y acompana el pensamiento y fantaseo terrorIfico del mismo: Camilo se secó las manos en Ia sábana. Los otros tratando ahora de meterse; no uno solo, él, sino un montOn golpeando con los hombros como si tuvieran que derribar tin árbol. V él de adentro, retrocediendo como Cleo con las manos delante del pecho. Las manos sudadas delante del pecho, con los golpes que Grecian y sin sábanas para secarse el sudor. . Meterse los otros era sudar, yo y éste que es mi cuerpo sin nada seco donde secarse. . . Los otros metiéndose, entonces, era sentir calor y retroceder como Cleo hasta quedar debajo del cuadro con esa mujer con aire pensativo y flores lilas. . .esos tipos avanzando en pelotOn y Delfina con las manos traspiradas retrocediendo hasta quedar debajo de ese cuadro de SIvori. . .Si meterse era violar sin secarse las manos sudadas, pelear era parar a esos.tipos...Ios dedos sudados por más que se los hubiera untado con colonia. (40-43) La idea de Ia “invasiOn” de las masas obreras despierta en el texto ficcional las fantasIas aterradoras de un pasado violento marcado por Ia masacre de los generales liberales como Garmendia (matanza de mu quinientos soldados paraguayos en 1866; masacre en Ia estaciOn de Pirovano en 1905), muertes y castraciones espeluznantes que prueban los enlistados gringos (Johnson muerto, Fulibright manco, y Deeper, muerto). También convergen en esta idea fantaslas de violaciOn homosexual grupal al identificarse y feminizarse el invadido/violado Camilo como Ia “prostituta” Cleo, y Delfinita, mujeres que retroceden ante el avance del contingente obrero; y una angustia imaginaria escalofriante que lo sacude, espanta, y paraliza. En este imaginario popular que se extiende para incluir a las masas anarquistas inmigrantes de ultramar de principios del siglo XX, y particulamente a los elementos raciales rusos y judlos del conflicto histOrico de “La Semana Tragica”, Viñas no sOlo 238 ficcionaliza el tema de Ia invasiOn popular al recinto privado del sector dominante de Ia sociedad argentina, sino que también extiende el proyecto populista centrado en el peronismo por Contorno a otro que incluye a los anarquistas judlos rusos de principios del siglo XX, sobre el eje del antisemitismo ejercido por parte de las autoridades nacionales. A nuestro modo de ver, esta expansiOn semItica del imaginario popular programáticamente “peronista” en Viñas se hace sintomática de una superposiciOn de Ia problemática étnica sobre otra oficialmente clasista que reclama el proyecto peronista de Contorno.61 En En Ia semana trágica, Viñas ficcionaliza Ia invasiOn del sector popular obrero al recinto de Ia clase media destacando en su representación Ia situaciOn angustiosa que vive el representante de Ia clase dominante ante tal avance. Por otra parte, el pueblo invasor que imagina Viñas detenta un valor semItico por Ia significaciOn particularmente judIa que el autor le confiere a su narraciOn del histórico evento de Ia Semana Trágica. En este tratamiento de Viñas sobre el tema de Ia angustia que vive el sector dominante ante Ia invasiOn del contingente popular a su espacio privado, encontramos ciertas reminiscencias 0 ecos de Ia estética populista que se desarrolla en 61 Hablando sobre Ia historia de los usos o las numerosas significaciones de quo se valieron los términos “populismo” y “populista” dentro de Ia cultura literaria argentina de izquierda desde 1961, Miguel Dalmaroni destaca como rasgos generales de esta “literatura populista” una tendencia, entre otras, a otrecer una “pintura” de tipos definidos por su presumible correspondencia con una clase social, o con las clases subalternas tomadas como un todo, directamente identificables tuera del texto. Miguel Dalmaroni, 93. En base a esta caracterIstica genérica, el autor nota en Viñas, por ejemplo, un “populismo” de Ia cultura de izquierda que privilegia una representación posperonista de “elementos populistas” como una de las dos “deformaciories”, junto con el “internacionalismo abstracto”, que se compaginan con las clásicas ‘tentaciones’ de Ia izquierda, el “oportunismo y el sectarismo”. También encuentra en el populismo de Viñas una proyecciOn hacia Ia etapa anterior de Ia izquierda, Ia de Boedo, en Ia cual el populismo equivale al realismo y al humanitarismo que cree en Ia revoluciOn. En ambos casos, el autor le atribuye un limite ideológico definido desde el marxismo y que arrastra una inequlvoca descalificaciOn. Dalmaroni, 98. Nosotros añadirIamos a esto, a propOsito de En Ia Semana Trágica, que su “populismo” de izquierda también se extiende a los anarquistas judIos y rusos de principios del siglo XX mediante una masculinizaciOn de su poderlo y violencia, y una feminización homosexual del sujeto liberal. 239 los cuentos Casa tomada (1951) de Julio Cortázar y Cabecita negra (1961) de German Rozenmacher. En una primera lectura, en Casa tomada se narra Ia invasiOn, violaciOn y expropiaciOn de Ia propiedad privada de Ia burguesla por parte de las masas populares y Ia angustia que esta situaciOn provoca en los propietarios de clase media. Asimismo, en Cabecita negra el relato se centra en Ia invasiOn y violencia que padece Ia clase media en su espacio privado por parte del cabecita negra. Si bien el modo de representaciOn de esta ternática varla de un autor a otro, lo que se nos muestra comparable a nivel temático es el ordenamiento imaginario de Ia invasiOn popular al espacio social dominante y desde Ia angustia y el temor que se produce en Ia subjetividad de Ia clase media.62 Otro momento textual en el que el trato con Ia realidad polItica que de este modo suscita en el proceso narrativo una concatenaciOn cada vez mayor de pensamientos, ensoñaciones, digresiones, escenificaciones, performancias, y regresiones es el que corresponde a Ia interacciOn intertextual crOnica-ficciOn en el noveno fragmento ficcional. Entre otros sucesos que el fragmento cronIstico informa, el discurso ficcional parcialmente rescata Ia noticia sobre Ia bandera roja que un aprendiz de Ia fábrica de Vasena enarbola al declararse el apoyo de los capataces de Ia misma fábrica a Ia causa de los huelguistas. El problema central que comunica el informe concierne al 62 En 10 referente al cuento de Cortazar, Boreilo lee La casa tomada desde un piano social como representativa de un Perón que expropia las propiedades privadas de (a “oligarquIa vacuna”, creando Ia sensaciOn de crisis, de amenaza constante y destructora, y de invasion y violaciOn a un mundo sOiido de una clase social que se crela intocable e inalcanzabie. Rodolfo A. Boreilo, 158. Desde un nivel más psicoanailtico, el cuento se halla atravesado por una relaciOn incestuosa entre los hermanos protagonistas, y Ia conflictiva que esta relaciOn prohibida crea dentro del sistema familar patriarcal. Julio Cortázar, Bestiario, 11-20. Cabecita negra de Rozenmacher también contribuye a acentuar Ia negatividad hacia el sector popular a través de Ia violencia o el “insomnio” que vive el señor Lanari frente a Ia invasiOn de su propiedad privada por los “cabecitas negras”. German Rozenmacher, 71-84. En este cuento, Borello destaca no tanto el avance social de las masas, sino el racismo de cierta clase media, y su histérica necesidad de seguridad y protecciOn. Borello, 228. 240 balanceo entre los reclamos de los huelguistas que sostienen las barricadas de Nueva Pompeya y Boedo y las exigencias de protecciOn de Vasena. Mientras que por un lado crecen las apelaciones a Ia necesidad de mano fuerte en las sesiones de Ia convenciOn de Ia Capital del radicalismo, y aumentan el ntmero de voluntarios organizados como guardias blancas en el CIrculo Naval, por el otro, otros sindicatos anuncian su apoyo a los huelguistas de Vasena. Estos avances en el desarrollo de Ia “Semana Trágica” se condensan en el texto ficcional airededor de Ia bandera roja que en Ia crOnica aparece corno emblema del triunfo obrero y del anarquismo y socialismo de Ia union obrera. Una de las notables conversiones que sufre este sImbolo obrero dentro de Ia historia personal de Camilo es Ia inversiOn de su valor como emblema del triunfo de Ia Guardia Blanca. Como miembros de este Organo que representa Ia fuerza de represiOn por parte del gobierno, Camilo y el Goyo Larsen participan como patrullas volantes voluntariamente enlistados en el CIrculo Naval, y como tales le arrebatan una bandera roja a un enemigo del “Partido”, extrañamente un “pibe”, e intentan entregarla a las autoridades gubernamentales como “trofeo” de su heroIsmo. En términos generales, se observa en esta narraciOn de Ia bandera un tono juguetOn, ocurrente, y superficial que contrasta fuertemente con Ia seriedad que Ia misma sustenta dentro del contexto histOrico: -La bandera- senalO Camilo y como ése se demoraba o hacia que no entendla y el Goyo se iba a meter a dar explicaciones apuró Ia cosa sacudiendo los dedos: una sacudida para que Ia pusiera en el suelo y dos para que le metiera qué tantas vueltas y tres para que se abriera, ahI, mijito, para mearla, qué tanto, y cuatro para que se le parase encima y Ia dejara bien mojada y no hubiera dudas, 241 y vamos, rápido, que aqul no hay mujeres, y otra vez con ese ruido seco y exigente para qua el Goyo se quedara en paz. (65) -Alzá eso. -,La bandera? —el Goyo tenla un gesto de repugnancia- Pero si está toda meada. -Es un trofeo. -iPero con un olor! -Es un trofeo- insistiO Camilo secamente. El Goyo lo mirO: Camilo, tieso, distante: -Estás.. .estás loco? -Es un troteo- repitiO Camilo y de nuevo sacudiO los dedos. (66) El proceso de Ia entrega de Ia bandera roja a las autoridades, por su parte, ocasiona un verdadero laberinto narrativo de büsqueda de destinos abriendo una importante ramificaciOn y proliferaciOn de contextos alrededor del trofeo, proceso narrativo considerable cuya forma desentona con el valor trivial que va sufriendo Ia bandera durante el mismo proceso. Esta significaciOn de Ia bandera roja en Ia intersecciOn entre importancia formal y trivialidad valorativa socava o desvirtüa cada vez más Ia trascendencia heroica que le atribuye el mismo Camilo: HabIan ido a varios lados con Ia bandera. Por supuesto, después de dormir a Ia noche en el auto, de cambiarla de posiciOn varias veces, sobre Ia rueda de auxilio, en Ia punta del motor, hasta depositarla entre los dos como una reliquia antigua e incómoda. Eso, hasta Ia mañana, en que Camilo propuso llevarla a lo de Delfina para ofrendársela, explicO. Pero el Goyo se negO: Eso no corresponde, dijo. Después al CIrculo Naval: Camilo se adelantó a explicar de qué se trataba, un oficial lo atendiO mirando hacia el Goyo, qua permanecla en Ia puerta con ese trofeo, con cierto aire marcial aunque indeciso, tratO de pensar pero evicientemente no se le ocurrIa nada y alzO los hombros proponiéndoles otro lugar: Aqul solamente tenemos las de Brown. Y Ia cosa siguió: En el museo 242 ustedes están locos, en Ia Catedral se van a reIr a carcajadas aunque se tapen Ia boca con Ia mano. Por qué no Ia Ilevan a Granaderos. Pero alli los recibiO ese teniente que se paseO alrededor de Camilo mentras le explicaban qué era Io que Ilevaba el Goyo Larsen, una bandera envuelta, roja, por supuesto y cOmo Ia habian ganado: Una patrulla volante, porque eran varios los del grupo de anarquistas y ellos dos hablan pensado Ilamar a otra gente pero como ya se hacla de noche y no era cuestiOn de dejarlos escapar... El sargento empezO a levantar Ia mano: -No vale Ia pena- se contuvo sin acariciarse- Que Ia quemen. -Si, después. Sin duda. Pero puede ser ütil para mostrar a Ia gente que está en combate. -No sé- tartamudeó el sargento- al Tiro Federal, entonces. . .(67-68) En esta muestra parcial del proceso laberintico que recorre Ia bandera, es posible observar un comportamiento narrativo que tiende hacia Ia ridiculizaciOn de Camilo y su compañero el Goyo, pormenorizaciOn y proliferación de actos y caracteres, e incursiones pertormativas o actuaciones del rol de los personajes. Una lectura ideolOgica del texto que nos permite este episodio de Ia “bandera roja” en su valorizaciOn del elemento revolucionario anárquico judlo-ruso y énfasis en Ia opresiOn antisemita, es aquella que remite a Ia posición doblemente ambivalente que adopta el texto frente a Ia problemática étnica judla. En Ia novela, el texto se empena en construir en Ia persona de Camilo a un sujeto de clase media marginado por Ia alta sociedad burguesa del pals por su probable sangre judla, y al mismo tiempo a un sujeto de Ia clase dominante que voluntariamente se une a Ia Guardia Blanca para reprimir al proletariado judlo anarquista. Esto implica que el texto genera una doble valencia contradictoria sobre Ia condiciOn judla: el ser judlo como vIctima de una marginalizaciOn étnica externa por pane de Ia alta sociedad criolla, y el ser judIo como 243 victimario de una discriminaciOn interna clasista contra el sector popular de los anarquistas judlos. La barrera transferencial que el texto erige entre Camilo y los sucesos de (a Semana Tragica condensa su fuerza de resistencia en esta doble paradoja étnica y clasista que lo inmoviliza, ya que al plantearse un acercamiento polItico a (a revolución populista mediante (a dialéctica Camilo-SemanaTrágica, el texto/Viñas (y por extensiOn Contorno) no sOlo revela Ia imposiblidad de esta relaciOn y su elaboraciOn transferencial, sino que también especifica cOmo esta relaciOn se halla imposiblitada inconscientemente por una paradoja étnica y clasista que lo paraliza: una atracciOn étnica hacia el anarquismo obrero judlo, y un rechazo, a Ia vez, clasista del mismo. Tal como muestra su temãtica judla en Dar Ia cara, Viñas sOlo puede narrar y problematizar Ia condiciOn judIa desde Ia posiciOn de Ia clase media “dominante”, desde (a consistente identificaciOn de sus voces narrativas con los personajes Bernardo y Camilo, ambos miembros de Ia clase portena pudiente, y nunca asumir Ia voz o adoptar Ia perspectiva de un Radowitzky o del anarquista de Ia bandera roja (disminuido por el autor en su infantilizaciOn como “pibe”) desde el sector popular de los anarquistas obreros judIos. En esta lectura de Ia ambivalencia, distancia, rechazo, y paralización que operan en el texto, diferimos con Ia observaciOn de Glickman de que Ia novela prueba Ia parcialidad de Vinas frente al incidente de Ia Semana Trágica en solidaridad, simpatla, y defensa de los huelguistas y sus partidarios. Su proposito ültimo se hallarla en condenar a las fuerzas fascistas en Ia Argentina representadas por los niños bien que voluntariamente se han sumado a las fuerzas de Ia Guardia Blanca, y los conservadores y oligarcas que dominaron las prensas y las fuerzas militares. Para Ia 244 autora, Viñas representa un autor profundamente implicado en los procesos sociopoilticos de su pals ya que sus ficciones evidencian claros ejemplos de una literatura comprometida. Camilo Pizarro serIa Ia encarnaciOn de todos los vicios y debilidades que el autor deplora tales como el chauvinismo, crueldad gratuita, cobardia, y machismo (65-7). Para nosotros, sin embargo, esta lectura cae en un fácil binarismo ideolOgico sin tener en cuenta Ia compleja y multiple mediaciOn discursiva y textual que presenta Ia novela. En nuestro análisis examinamos el modo en que Ia estructura narrativa fijada por una serie alternativa entre el texto cronIstico y ficcional genera un comentario extranarrativo sobre Ia dificultad e imposibilidad por parte del sujeto burgués de participar en Ia realidad conflictiva obrera. La caracterizaciOn de Ia trama que hasta ahora hemos notado en En Ia Semana Trágica configura, segun nuestro modo de ver, una situaciOn dialOgica transferencial entre el texto cronIstico y el ficcional en Ia cual el discurso ficcional se condiciona por el presente informado por Ia crOnica como referencia espacio-temporal y circunstancial, con elfin de “narrar” los informes histOrico-pollticos desde un registro tangencialmente individual, subjetivo, y “ficcional” o imaginario. Esta apropiaciOn subjetiva del conflicto politico de Ia “Semana Trágica” por parte de Ia “historia de Camilo” se funda sobre una concepciOn antitética de Ia realidad polltica y Ia realidad subjetiva en dave masculina heterosexual: El texto tiende a “masculinizar” Ia realidad poiltica obrera como el “otro que invade”, y “feminizar” el espacio liberal mediante una regresiOn a Ia bisexualidad pre-genital a que se entrega el mundo de Camilo. 245 ii. Deseos, temores, y ansiedades en el espacio transferencial La configuraciOn formal de un espacio narrativo transferencial entre historia y novela, “realidad” y ficciOn, o polItica y literatura que sugiere En Ia Semana Trágica comprende, además, un movimiento de elementos dinámicos que se refieren a los impulsos, deseos, y ansiedades narrativas que principalmente son explicitados por el texto ficcional, por el “narrador” en relaciOn al texto cronIstico, el cual, como nos indica Brooks, por el hecho de ocupar el lugar de interlocutor, de Ia escucha en Ia transacción, su mera presencia constituye Ia condiciOn necesaria de Ia transferencia como aquel presente que motiva en el texto del “habla” una revision o reedición dialOgica del pasado 63 Del mismo modo en que Ia mera presencia del analista anterior a cualquier intervenciOn interpretativa se hace capaz de instaurar Ia dimensiOn dialOgica en el discurso del analizado, Ia condiciOn del texto de Ia “escucha” como mero potencial o promesa de interpretaciOn “del que sabe” impulsa una relaciOn de transferencia, suscitando aquel espacio artificial en el que se recupera Ia historia del pasado en forma simbOlica en el presente narrativo. Significativamente, asI como el analista nunca ha experimentado o reprimido ninguna de las historias que construye el analizado, el texto cronhstico de En Ia Semana Tragica, el de Ia “escucha”, carece de memoria, y por esto nunca recuerda nada sino que, siendo puro presente, se atiene estrictamente a su funciOn informativa del presente inmediato, renunciando a su propia persona, y 63 Esto es en referencia a Lacan quien enfatiza en Ia situaciOn de Ia transferencia el valor dialogico de Ia mera presencia del analista para el analizado: “what happens in an analysis is that the subject, strictly speaking, is constituted through a discourse to which the mere presence of the psychoanalyst, prior to any intervention they may make, brings the dimension of the dialogue”. Jacques Lacan, Ecrits, 216. 246 cumpliendo el papel impersonal del presente especial que suscita o provoca el resurgimiento del pasado (Brooks, Reading 54). Las fuerzas dinámicas del pasado que asI se recobran dentro de Ia transferencia surgen en su mayorIa bajo Ia forma de repeticiOn inconsciente, o puesta en acciOn como si fuera presente, acto que implica una manera de rememorar cuando el recordar en sentido intelectual se halla bloqueado por Ia represiOn y Ia resistencia. A partir de Ia dinámica inconsciente que, de este modo, el presente especial del histOrico conflicto obrero anarquista y socialista activa Ia escritura literaria en forma simbólica (modo que se halla dramatizado por el texto ficcional), distinguimos en Ia novela una serie de impulsos y ansiedades narrativas que particularmente atañen a cuestiones relacionales, comunicacionales, identitarias, erOticas, y vitales. Uno de los deseos narrativos que más energicamente circula por el espacio transferencial es el deseo relacional de “contar para ser escuchado”, ansiedad narrativa que se canaliza en Ia novela a través del discurso del narrador ficcional, cuya voz domina mayormente el proceso narrativo de En Ia Semana Trágica. Este deseo se manifiesta en el carácter predominantemente dialOgico, coloquial, conversacional, e interactivo mediante un uso abundante de imperativos, vocativos, y frases verbales que, en su conjunto, indican un fuerte deseo de contar, explicar, comunicar, y de crear e interactuar con el supuesto o imaginario interlocutor que lo “escucha”. Además, su discurso se entrega notablemente a las dilataciones narrativas perifrásticas, y multiplicaciones y prolongaciones del acto de narrar a través de derivaciones y bifurcaciones, enumeraciones narrativas laberInticas, que muchas veces amenazan o desestabilizan Ia unidad del sentido narrativo. Citamos a continuación uno de los 247 pasajes en el que se evidencia Ia intenciOn dialógica narrativa cuando at comienzo de Ia novela el narrador subjetivo presenta at Goyo Larsen y discurre sobre su teorIa militar: El Goyo Larsen pareció contorme, votviO a encoger Ia espalda bajo Ia ducha haciendo varias veces jejé y Camilo pensO Paquidermo. Paquidermo era todo to contrario a Castrense y hasta se podia escribir una fábula con el condor y el elefante. Porque fijense bien: todos los militares que yo conozco tienen aspecto de cOndores: Sabria que recién es cadete tiene un tajo en Ia mejilla que se hizo con un alambre de püa.. Lo mismo con Cartulo que es un apellido medio ridiculo pero elástico y con el grado de teniente que se ganó como quien no quiere Ia cosa salta en un caballo que se llama Kaiser. Y diganme si Cartulo, teniente y Kaiser no parecen un juego de espadas. Ycapitán?A mime gusta mucho más Comandante; Sobral es el que yo conozco y es un tb Ileno de artistas: cuando juguetea con Ia fusta marca una arista y otra at secarse el fib del bigote con eb meñique. EscuadrOn, lanza, regatón, clarin, ésas también eran palabras insolentes. Como agraviar, espuela y pechazo. Y un orden. Ciaro, de ser posible: infanterIa calbordas, caballerlas tipos formidabtes pero medio antiguos y artillerIa que rescata los cabaltos sumándole máquinas. Y si algo falta, Napoleon. Qué me contás. Porque si el comandante Serüs tenla un diente de oro que le asomaba a veces, cuando be quedaba apoyado sobre el labio se to palpaba como para verificar Ia punta. (12-13) (La bastardilla es nuestra) Tal como sugieren las palabras y expresiones en bastardilla, en el presente pasaje se percibe Ia intenciOn dialOgica del narrador, quien además de configuar y dirigirse a un interlocutor multiple (Un ustedes formal, un ustedes informal, un t informal) demanda constantemente su atención con elfin de imponerles su pensamiento, reforzando el peso de sus opiniones con explicaciones insistentes. Por otra parte, el texto prolifera 248 generando subcapas narrativas que abundan en descripciones suplementarias, enumeraciones en serie, y ramificaciones. Otra cuestiOn que suscita una dinámica profunda en el narrador es Ia que se relaciona con problemas identitarios, aquellos impulsos que conciernen al punto de vista, carácter, y valores más dominantes de Ia voz narrativa. Entre las ansiedades identitarias sobresalientes que atañen a Ia instancia narradora es el deseo del narrador subjetivo de ocupar el lugar protagOnico de Camilo, de apoderar y subordinar su voz. Para Ia consumaciOn de este deseo encubierto del narrador, el texto recurre, sobre todo, a Ia técnica narrativa de “estilo libre indirecto”, un recurso narrativo que tiende a generar una multiplicidad de perpectivas y perturbar, asI, Ia consolidaciOn de un centro de juicio unificado y confiable en Ia novela. Como técnica narrativa, el estilo indirecto libre remite a un recurso narrativo destinado a crear en forma indirecta perspectivas narrativas cambiantes, adoptando una forma intermedia o hIbrida entre un informe indirecto neutro o impersonal, y una expresiOn directa de los puntos de vista subjetivos o citas directas de las palabras de los personajes (LaCapra, Madame 129-30). La utilizaciOn de esta técnica en Ia novela por el narrador subjetivo permite que éste disimule reproducir las palabras o los pensamientos exactos de los personajes mediante formas indirectas de enunciaciOn (dijo que, sintiO que, etc.), forma que facilita una superposiciOn, confusiOn, y multiplicación de voces y perspectivas narrativas. En el pasaje que a continuaciOn citamos se muestra claramente el uso de esta técnica narrativa indirecta por parte del narrador, Ia cual le permite cambiar libremente Ia perspectiva de Camilo por otra más propia en forma confusa e imperceptible: 249 San Luis de Gonzaga, pensO Camilo. Con algo del Padre Lostalé pero con las manos muy blancas, casi transparentes y unos ojos anchos. No que uno le notara una cosa extraña- más bien tenla un tono de tipo acostumbrado a mandar-, ni en los ademanes. No. Entiéndaseme bien. Y no es que yo tenga nada contra él. Pero este Federico tiene algo, cOmo les dirla, algo que se escapa de los dedos, pero que está ahI. Los lacrimales tan carnosos, como pulpa, debe ser. Es como cuando uno está en una reuniOn entre diez personas y alguno se ha hecho encima: el olor se siente aunque no se sepa de qulén es. Pero está Ia cara, algün gesto, un párpado que tiembla y uno puede decir quien es el damnificado: ése o aquel que se hace el que contempla un bibelO o el que se sienta al piano y hace como Si supiera mucho de Chopin. AsI está claro: entre diez machos reunidos de noche y sin mujeres ni hermanas, si al Goyo Larsen pongamos por el ejemplo, 0 al sobrino de los Newberry so le ocurre proponer. Por qué no vamos a oler globos, a ninguno, a ninguno de los machos quiero decir, se le va a pasar por Ia cabeza preguntar Desde cuándo se besan los globos, porque se sobreentiende. (34) (La bastardilla es nuestra) Si bien en el pasaje el narrador intenta dar cuenta de los pensamientos de Camilo, Ia significaciOn de Ia perspectiva del protagonista mediante el estilo indirecto libre64 hace que gradualmente se vaya desplazando el punto de vista de Camilo hacia Ia perspectiva propia del narrador, tal como el uso de pronombre indefinido “uno” que si bien indica un sujeto indefinido, dentro del contexto planteado adquiere un carácter autoreferencial, y los verbos en primera persona plural “nosotros”, que por el marcado tono dialOgico que nuevamente se reitera en esta narraciOn, aparenta ser indicativo del “nosotros” que forman el narrador y su oyente. Esto muestra una manera sutil de 64 Gerard Genette define el estilo indirecto libre como aquel que, a diferencia del discurso transpuesto en el estilo indirecto, economiza en Ia subordinación eliminando el verbo declarativo (yo le dije que...), ausencia que tiende a crear una confusion doble entre el discurso enunciado y el discurso interno por un lado, y entre el discurso del personaje y el del narrador, por el otro. Este recurso narrativo facilitarIa en el autor explicitar sus propios pensamientos sin comprometer totalmente su posiciOn crItica ni su inocencia. Gerard Genette, 171-1 72. 250 desplazar los pensamientos de Camilo a los que en realidad pertenecen al narrador subjetivo. Un rasgo que confirma aün más Ia preeminencia de Ia voz del narrador sobre Ia de Camilo es Ia diferencia caracterolOgica que configura el proceso narrativo: Camilo muestra ser un joven más bien de pocas palabras, rasgo que el narrador enfatiza en varias ocasiones y en Ia reproducciOn directa de su habla. Siendo un personaje concebido como un “tipo controlado” y bien macho, carácter viril que el narrador asocia con reticencia, este rasgo protagOnico IacOnico no se sostiene dentro de Ia novela como Ia voz narrativa dominante locuaz y prolIfica, desde que ésta es más representativa del narrador cuyo discurso se caracteriza por ser excesivamente verbal, incontrolablemente hablador, y con gran inclinaciOn a estremecerse que otros lo “escuchen”: -COmo te gusta mirarte- murmuró por fin tendiendo una sonrisa- Cómo te gusta. -Es que hoy está de novio- siseO Casiaburu. Camilo murmurO apenas: -Ya te dije que no, vasco- y empezó a vestirse con calma. - Dice que no- cloqueô el Goyo Larsen. -Camilo siempre dice que no a todo- Casiaburu le seguIa el juego. - Es un tipo controlado. -Es un hombre cabal- continuO - Todo un macho- aprobO reflexivamente Casiaburu. -AsIes. - Un machazo. - 1N0, no!. El dedo del Goyo Larsen se sacudiO con indignaciOn- Un machazo, no. Es el rey de los machos portenos. (15) 251 Hablar poco: eso es ser macho, y Camilo se dejaba arrastar por Ia complicidad áspera y formidable de los que se presienten iguales entre Si. En cuanto a Federico, era distinto. Y daba demasiadas explicaciones. Ser macho es ser callado; habtan mucho los que se les caen las palabras, porque no están en Ia cosa. Como entre lunfas, pocas palabras, esta boca es mIa, alzás (a ceja y a ley de juego todo está dicho. Y el que no entiende no es que no sea chorro, sino que Si está alli metido y se queda pagando es porque es de Ia cana. Y ser de Ia cana entre lunfas en serio viene a ser lo mismo que resultar distinto entre machos cabales. (34-35) La intenciOn del narrador de servir de simple medio de transmisiOn de los pensamientos de Camilo entra en contradicciOn cuando el mismo destaca Ia cualidad reticente del protagonista y hace dudar de su discurso usualmente proilfico que le atribuye el narrador. Este recurso indirecto de narraciOn también revela otro deseo identitario que esconde el narrador, que es el que corresponde al deseo de “ser el otro” mediante performancias verbales que reproducen al otro en forma indirecta. Este deseo histriOnico de convertir Ia palabra en acciOn para penetrar en el otro, de actuar como el otro, y de improvisar el otro en forma multiple, instantánea, y repentina es una dinámica profunda distintiva de Ia novela, y acarrea el consecuente sacrificio de una eIaboracOn reflexiva que dificulta Ia consolidaciOn de una organizaciOn yoica uniforme y coherente: Es un viejo con caprichos, explicaba Sonia, y una noche, el verano final de Ia guerra- SI debe haber sido en diciembre- con el Goyo Larsen y otros dos, de los nuevos que hablan ingresado a ingenierla, se quedaron a espiarlo. Fue de Jo rnás divertido: el juez desnudo pero con las medias puestas echado sobre esa cama de fierro y abanicãndose con una revista. Por lo menos podrIas haberle dado una de palma, Ia chichoneO a Sonia. Ella dijo Las quiebra todas; si ese 252 viejo se abanica como Si fuera una brasa. Cosa de muchachos: el juez en Ia cama, Deje una sola luz, hija, y ellos espiando por una puerta entreabierta. Primero lo chistaron. Hay corrientes de aire, hijita? Y Sonia negaba. Después le tiraron papeles. ,Se cae el reboque del cielorraso, hijita? Y Sonia decia que no. Este viejo viene a dormir cuando Ia señora lo deja solo; entonces me pide que le cante. Eso nada más Sonia? Algunas veces me pide que le cebe unos mates. Y ahi se acaba Ia cosa? Casi siempre si, salvo cuando viene y se me sienta en las rodillas. El juez Casaborda. Finalmente le tiraron pedos con Ia boca y el juez se enojO incorporándose en Ia cama mientras Sonia insistla en que no era nada. Nada, doctor, se lo juro. Pero el juez se puso de pie, debe de haberse golpeado con Ia pata de un mueble porque dijo Carajo y se acariciO, y descubriO Ia rendija...( 24) El Goyo. . . Después se puso de pie, volviO a mirar hacia el fondo brumoso de Ia estaciOn, fugazmente brilló Ia punta del cañon de su carabina y se fue acercando con unos pasos muy abiertos como si estuviera no ya al borde del mar, sino en el Palais de Glace y tratase de aprender a patinar con cautela por el golpe, por Ia ropa que se podia mojar y, en particular, por Ia mirada de los que permanecian a los costados de Ia pista susurrándole cuando él pasaba cerca Usted no lo va a creer, niño pero Ia Angela no se da mana con Ia Holando de las casas, y don Severo insiste en sentarse en ese banquito que cuando se pone de pie se le queda como pegado a las nalgas. Mire, nino Goyo, que el Viterbo ese se está llevando elementos del tambo, y ese viejo se afloja Ia correa que sostiene el banquito como Si se quitara el cinturOn. Créame nino. Pero no puede ser. . . Pero ese viejo. . .insiste Mire, nina Delfina, adviértale a su mamita que el Viterbo se Ileva elementos de las Holando. (56-57) En ambos pasajes se observa que el narrador incorpora una forma indirecta de cita dentro de Ia narrativa utilizando Ia letra mayüscula para introducir y diferenciar las palabras del otro. Lo significativo es el efecto performativo que esta técnica produce, a Ia vez que una multiplicaciOn de voces o posiciones en el narrador mediante sus 253 constantes actuaciones cambiantes. En el primer pasaje, el narrador interrumpe su narraciOn para actuar o converlirse en las personas del juez Casaborda y Sonia, además de implicarse en un dialogo directo con Sonia con sus insistentes preguntas acerca de los sucesos de Ia noche con el juez. Esta versatilidad yoica performativa se repite en el segundo pasaje en el que vemos al narrador transformarse en Ia persona de Ia criada del Goyo y escenificar una relación dialOgica que establece Ia misma con el nino. El movimiento brusco, instantáneo, y a Ia vez recurrente y expansivo de esta dinámica conforma una organizaciOn yoica altamente inestable, movediza, histriOnica, e inclinada al pensamiento concreto de las acciones más que a las reflexiones simbOlicas abstractas.65 Paralelo a las ansiedades yoicas performativas y multiples, también Ia novela plantea ansiedades identitarias en relación a los problemas de clase, genero, y sexualidad a través de Ia interacciOn narrador/Camilo. En efecto, airededor de Camilo se plantean en Ia novela problemas de identidad social, genérica, y sexual. El joven ansla pertenecer a Ia clase alta de Ia sociedad argentina por su insistencia en ser admitido por el Club de alta sociedad. También anhela alcanzar el ideal masculino dictado por Ia virilidad excesiva de un “macho porteno”, y satisfacer los impulsos heterosexuales y homosexuales. Estos deseos generan, al mismo tiempo, ansiedades y temores igualmente poderosos en Ia novela. 65 Esta multiplicidad del yo, es un aspecto de Ia personalidad que Christopher Bollas encuadra deritro de un yo teatral histérico en el que coexisten numerosos yoes y otros. Se trata de una transformaciOn del si mismo en un evento compuesto de un grupo de diferentes partes que luchan entre si y contra otros. En estas ocurrencias o “ataques” escénicos el mundo interno de imaginarios erOticos y las escenas inolvidables del mundo actual se renen del mismo modo en que el nino se une a Ia madre en una relaciOn histérica prehistOrica. En este sentido, se podria considerar que el presente politico incita en el narrador una imagen materna inconsciente. Chistopher Bollas, 119, 125. 254 En cuanto a Ia ansiedad identitaria, el deseo de Camilo de convertirse en miembro de un Club prestigioso de Ia sociedad portena de Buenos Aires se frustra a causa de su impureza sanguInea tal como lo muestra el episodio del rechazo de Ia solicitud de afiliaciOn de Camilo, de hasta cinco veces: Ya me empieza a hartar este asunto del Club: cinco meses que presenté Ia solicitud como ellos quieren y con todos los padrinos que parecen necesarios: el viejo Larsen y el padre de Casiaburu. Qué más quieren. Cinco leguas de campo en LIavallol, como quien dice nada, y un antiguo embajador en San Petersburgo. Qué falta. Que uno ponga un frasco de sangre azul como si fuese orina. 0 que 10 traiga a don Benito Villanueva agarrado de Ia mano. . .Como todos los empleados, porque ya me han hecho volver por lo menos cuatro veces.. . (Viñas, 19-20) La quinta vez: pasar por el Club apersonándome en Ia administraciOn. Perdone, sheñor pizarro; Ia demora es por Ia canIcula. (27) De este pasaje se deduce que para pertenecer a Ia alta sociedad no basta con dinero sino que requiere condiciones sangulneas de nacimiento en Ia alta sociedad. La pileta de Balcarce de Ia que, en cambio, Camilo es socio representa un estigma social no muy digno de menciOn: Pero después resultO que se habla perdido no sé qué en Ia solicitud y de nuevo se demoró Ia cosa y tuve que seguir bañándome en Ia pileta de Balcarce que estarã bien para mientras tanto y menos mal que el Goyo y Casiaburu me acompañan, pero no puedo decirle a nadie Soy socio de Ia pileta de Balcarce que es lo mismo que contar Voy a las tertulias de Maria Ia Vasca como Si fuera al salOn de Mariquita Sanchez de Thompson. No, hermano, no. Uno hace esa cosas sin que nadie se entere. . .(20) 255 El deseo de ocultar una pertenencia social a Ia clase media “baja” indica Ia represiOn del deseo por una identidad social prestigiosa, y esta represiOn se vuelve equiparable a Ia inhibiciOn de un impulso erOtico, perverso que debe mantenerse en secreto. Esta valoraciOn del Club como un objeto del deseo de Camilo también adquiere el sentido opuesto de un ‘sujeto represor antisemita’ en el momento en que el texto lo contextualiza dentro del conflicto obrero de Ia Semana Tragica, estrechamente ligado con el conflicto obrero del Centenario en Ia novela. En efecto, los sucesos del Centenario que conforman un capItulo inolvidable de Ia historia del anarquismo en Argentina centralizan Ia acciOn opresora de un selecto club, Ia Sociedad Sportiva Argentina que, integrada por los miembros de Ia alta sociedad, perpetrarIa el primer pogrom en el pals mediante persecuciOn, saqueo, incendio, y violaciOn de Ia poblaciOn judia (Ben mergui 125). Esta referencia histOrica que en forma encubierta insiste en Ia opresiOn antisemita de Ia sociedad dominante es el conflicto de carácter étnico que el texto esconde bajo Ia aparente lucha de clases que plantea en Ia figura de Camilo. Para Ia cuestiOn de identitad social y sexual, tenemos en cuenta Ia Iimitación formal y temática de Ia novela dentro de una significaciOn erOtica marcada por una premisa inicial homosexual, militar, y léxica, y otra ‘erminaI” marcada por una sexualidad heterosexual perversa, parcial de los prostibulos, aspecto que continuamente se rescata desde el pasado a lo largo del proceso transferencial que motiva el presente politico. La tensiOn que se produce a ralz de estos impulsos y temores inconscientes permea el discurso subjetivo, regresivo, y prolifico del narrador en toda su extensiOn, y contribuye a un ofuscamiento cada vez más pronunciado de una identidad yoica, y un progresivo alejamiento de las Ilamadas de Ia realidad social y 256 polItica con las que se siente ligado. En el siguiente fragmento con que se abre Ia novela se establece como premisa erOtica el deseo narrativo por el cuerpo masculino, Ia virilidad militar, y las palabras, deseo que sufre Ia represiOn de Ia moral catOlica representada por las autoridades del colegio religioso Lasalle, aquellas que se han encargado de las formaciones tempranas de Camilo: A Camilo le entusiasmaban los militares. Como ciertas palabras: curena, alférez, Ianzazo, también Redoblar. “Me dan calor en las tripas” pensO y alzO Ia barbilla dejando que el agua de Ia ducha le corriera por el pecho. Naturalmente, no lo repetla en püblico y mucho menos entre sus amigos. Pero al terminar el Lasalle hubiera estado dispuesto a entrar de cadete: ahI dentro todo tenla punta, desde los botines charolados, Ia mirada de los tenientes, los ademanes enérgicos, hasta el pico de metal del kepI a Ia prusiana. El agua le segula corriendo por el pecho y San MartIn, bien visto, era una especie de pico afilado. Las patillas, Ia nariz, recordó Camilo. Un militar tenIa algo de cOndor y los côndores revolotean sobre los picos de los Andes que son americanos y aguilenos. Viriles, de eso se trata. Los viriles sables de America. Andino, montañoso, miliar, virilidad y Camilo paladeO esas palabras: le dejaban un gusto entre metálico y acre en Ia boca... y Camilo empezó a frotarse el cuerpo: andinos, viriles, picudos, los cOndores de Andrade que habla aprendido con el Padre Lostalé TU recitas finalmente, Camilo. Tü recitas, vosotros hubieras 0 hubieseis recitado y Su Alteza Real Ia princesa de Asturias en el patio del Lasalle me escucha con un aspecto de abadesa condescendiente y medio sorda. . . El se trotaba con Ia toalla y Ia piel se enrojecIa; volvIa a frotar y todo quedaba blanco y elástico. Hundir el dedo y encontrar Ia came firme era verificarse duro. De pronto, se descubriO frente al espejo, Io mirO, tuvo que repasarlo con Ia toalla y se apartO unos pasos torciendo apenas Ia cabeza. Bien. Se pellizcO las caderas: nada. Muy bien. Ni un gramo de grasa, las tetillas oscuras, las piernas elásticas y el pecho en forma. Realmente muy bien. Una Vida Privada como Ia gente en ese cuerpo viril. (11-14) 257 En esta contextualizaciOn inicial del deseo narrativo a través de Ia figura de Camilo, el narrador aparece proyectando su erotismo visual al hallarse contemplando una escena de ducha de hombres desnudos. Se trata de un encuadre en el que se destaca un erotismo homosexual. El narrador se halla en un espacio de cuerpos desnudos masculinos y recorre con su mirada las distintas partes del cuerpo de los hombres. Este erotismo se presenta inextricablemente asociado con Ia figura militar revestida de valores viriles tálicos “puntiagudos”, asI como con las palabras que se cargan del mismo valor erOtico viril. La represiOn, temor, y repudio ante el deseo homosexual se evidencia, no obstante, cuando al comprobar Camilo Ia homosexualidad de su amigo Federico, lo descalifica a éste de marica, ofensa que Federico le devuelve a Camilo con otra ofensa aün mayor que es ser “guaãho”, es decir, “no ser nadie”: -Si- dijo ella y Camilo le tue descubriendo esos enormes ojos pintados y una boca dura pero hümeda y su cara de San Luis Gonzaga. - Federico- murmurO. - SI- y esa boca se entreabrIa. - Pero sos.. .sos Un marica. - ,Yvos? - Marica- volviO a susurrar Camilo- Un marica. - Y vos- se Sonrió- que te llamas Pizarro de casualidad. - Federico to miraba con condescendencia: - ,COmo decIs? - Que si- Ia boca de Federico hizo un mohmn- que sos un guacho. Y que todo el mundo lo sabe. (84) Porque guacho signitica no ser...Nada, ni verb, sin cuerpo, como si no exisitiera.. .Y más un marica que es lo mismo que se lo dijera una mujer porque uno no puede romperle Ia jeta ni meterle un tiro. Huela, borreguito. Que quiere decir que no tiene padre ni papa, ni perro que to ladre. Y usted aquI no entra. 258 Ingeniero guachito, novio delfinito. . . Y sobre todo que haya sido ese marica que para colmo disfrazado de mujer tiene Ia misma cara de Delfina puto indecoroso que desde chico, si, se hace romper el cub por cinco tipos. (87) El repudio homofObico que se descarga en este pasaje se Jiga con Ia idea de ser excluido de una familia patriarcal (“quiere decir que no tiene padre ni papa”), sin ningün tipo de reconocimiento social (“ni perro que lo ladre”), y con un modo de estar restringido, prohibido (“y usted aqul no entra”). La tensiOn dinámica que envuelve los impulsos libidinales homosexuales entre deseo y repudio también se mantiene en el problema identitario generico ligado at deseo narrativo por el ideal masculino machista, identidad que se halla fuertemente asociada no sOlo con rasgos corporales excesivamente viriles sino también por una dureza, resistencia, y fortaleza militar de carácter igualmente excesivas. Si bien el narrador proyecta en Camilo sus deseos de una virilidad machista, también es cierto que a través del mismo revela su debilidad, fragilidad, pasividad, temerosidad, y actitud elusiva y vacilante tanto en las relaciones sexuales como en las situaciones militares. En efecto, los encuentros eróticos en los prostIbulos que Ia novela presenta se caracterizan, paradOjicamente, por una ausencia de muestras de actos de virilidad sexual machista, y en su lugar se reiteran actitudes masculinas sexualmente pasivas o elusivas, tal como lo muestran los encuentros sexuales entre el juez Casaborda y Sonia, y entre Camilo y Cleo. En lo concerniente a Ia revelaciOn de una subjetividad narrativa latente anti machista en una situaciOn de lucha militar o de enfrentamiento frontal con el enemigo, el pasaje que dramatiza extensamente el temor a Ia muerte que siente Camilo at enterarse por Federico sobre Ia posibilidad de una invasiOn obrera a sus casas 259 (“meterse en nuestras casas”) se hace representativa no sOlo de su temor inconsciente a Ia muerte sino también a las situaciones que exigen un compromiso serio con situaciones poilticas en que se implican voluntariamente. Como se ha dicho, Ia realidad social de una invasiOn obrera y Ia contemplaciOn de un eventual enfrentamiento mortal contra su contingente genera en Ia narrativa una intensa reactivaciOn del miedo a Ia muerte acompañada por un intenso nerviosismo o estado de panico simbolizado por el “sudor en Ia mano que no se puede secar” de Camilo. Y en otros momentos, este profundo miedo a Ia muerte se halla representado por una tentativa a negarlo recurriendo a una actitud defensiva de trivializaciOn narrativa de los sucesos y efectos de matanzas y masacres histOricas verdaderamente siniestros y horrorosos: Ia masacre de TuyutI que comanda el general Garmendia en Ia guerra del Paraguay en 1866, Ia masacre de Pirovano en 1905, Ia muerte de los soldados voluntarios gringos Jonson y Deeper, y el brazo amputado de su companero Fulibright. El miedo al compromiso frontal contra el enemigo obrero impulsa el deseo narrativo de “retroceder”: Los otros tratando ahora de meterse; no uno solo, éI, sino un montOn golpeando con los hombros como si tuvieran que derribar un árbol. V éI de adentro, retrocediendo como Cleo con las manos delante del pecho. Las manos sudadas delante del pecho, con los golpes que crecieran y sin sãbanas para secarse el sudor. Apenas si Ia propia piel que tamblén suda cuando hay alguien del otro lado de Ia puerta y quiere meterse. Meterse los otros era sudar, yo y éste que es ml cuerpo sin nada seco donde secarse porque el empapelado del cuarto era demasiado aspero o excesivamente claro y quedarlan las marcas como las de alguien que se agarra de un borde arenoso para no hundirse. . .Los otros metiéndose, entonces, era sentir calor y retroceder como Cleo hasta quedar debajo del cuadro con esa mujer con aire pensativo y flores lilas. . . Ia puerta 260 abierta a patadas, esos tipos avanzando en pelotán y Delfina con las manos traspiradas retrocediendo hasta quedar debajo de ese cuadro de SIvori.. .(40-42) Es significativo que Ia novela identifique a Camilo con CIeo y Delfina como sujeto femenino que retrocede y objeto sexual para el hombre al ubicarlo en Ia misma posiciOn debajo del cuadro que se le asigna a Cleo y a Delfina en este pasaje: “Cleo en Ia cama; él ahI, de pie y colgado en Ia pared ese cuadro” (Vinas 95). Esta feminizaciOn “conclusiva” de Camilo termina corroborando los aspectos pasivos y elusivos inconscientes que habitan Ia dinámica narrativa y que resurgen del pasado en el espacio transferencial p01 Itico del presente. iii. La transformación y resistencia narrativas en Ia transferencia de En Ia Semana Trágica El valor elaborativo, transformativo, o “curativo” que ofrece Ia transferencia narrativa frente a los impulsos del pasado que insisten con su forma caduca en el presente radica en el poder del presente (analista) de hacerle “escuchar” al narrador (analizado) el eco que reverberan tales deseos y temores. La negativa a entrar en una relaciOn transferencial equivale, entonces, a condenarse uno a leer siempre el mismo texto, a limitarse a Ia práctica de un solipsismo interpretativo. Una tarea verdaderamente transformativa del presente, en cambio, residirla en su intento de confinar Ia historia reiterativa del pasado al pasado, de marcar un punto final a su insistencia reproductiva en el presente, de hacer que el narrador comprenda que el 261 pasado es pasado y que debe incorporar este pasado como pasado dentro del presente para permitir, asi, que Ia vida progrese nuevamente. La intervención transferencial del presente polItico en En la Semana Tragica que se halla representado por el momento histOrico obrero que relata el texto cronIstico se halla cohibida y restringida a una “escucha” ausente, sin posiblidad alguna de negociaciOn con el texto ficcional. Esto significa que los deseos y las ansiedades inconscientes del pasado que se reproducen en el seno de Ia escritura ficcional no pueden más que permanecer como una resistencia impedida en su transformación narrativa y vital. Esta resistencia transferencial que Ia novela se atribuye a si misma (a través de su identificaciOn con el narrador del texto ficcional) revela una dificultad en su acercamiento e integración con los movimientos del proletariado, siendo una de las principales fuerzas de esta resistencia el deseo y repudio por Ia condición judla. El discurso politico que se explicita en Ia imaginación poetica de Viñas, de este modo, transfiere los mismos deseos y temores inconscientes homosexuales y femeninos que siente ante el peronismo en Los años despiadados al proletariado judIo ruso de En Ia Semana Trãgica, con el cual fantasea una uniOn polItica imposible por hallarse mitificada marginalmente como “homosexual” y “femenina”, o fatalmente fantaseada como “prohibida” por las normas masculinas dominantes de Ia ideologIa liberal. Nos dirIa Brooks que sOlo Ia historia enmarcada dentro de una historia ofrece Ia posibilidad de vida fuera del marco, dentro de lo que el texto presenta como “realidad”, y que dentro de Ia situaciOn analItica representa Ia labor elaborativa del analista (Reading 229). Esto significa que el analizado siempre tiene una historia que contarle al analista, pero que esta historia se caracteriza por carecer de conexiones, con 262 cronologlas alteradas, y los objetos del deseo, desplazados. El deber del analista consiste en ayudar a que el analizado pueda comprender su propio discurs o del deseo con el fin de internalizar su intenciOn. Su trabajo debe perseguir el logro de una memoria más precisa y ordenada del pasado en el analizado, no ya repetida compulsivamente y reproducida obstinadamente en el presente. Este presente o “analista” que puede iniciar una labor transformativa del pasa do se halla marcado por el presente de las insurrecciones de Ia Semana T rágica (y quiza extranarrativamente por el presente de Ia represiOn militar “La Noche de los Bastones Largos” de Onganla contra los intelectuales, o por el presente de Ia re presión étnica judIa, 0 por el populismo peronista) que puede deshacer los residuos paradOjicos, antitéticos, o ambivalentes del pasado, y transformarlos bajo nuevas metáforas, nuevas propiedades transferenciales. En En Ia Semana Trágica, Ia fantasia de Viñas todavIa se resiste a este cambio, a incorporar el presente del proletariado re primido, a aceptar Ia polItica “populista” significada desde el peronismo y anarquismo o brero. 263 Conclusion En Ia cultura marxista que se renueva en los años sesenta, Ia doctrina del compromiso emerge, como hemos podido ver, como un constructo cultural de izquierda mediante el cual el intelectual y su escritura se convierten en el instrumento estructurador de un nuevo orden social o agente principal de transformaciOn radical de Ia sociedad. En nuestra revisiOn de Contorno y Ia propuesta poética de un corpus selecto de novelas de David Viñas, hemos intentado identificar algunas zonas de tension dentro del programa intelectual del compromiso promovido por Ia emergente izquierda nacional representada por esta formaciOn intelectual, en el que Ia cultura y literatura se postulan, bajo un dictado racional y voluntario, como acciOn polItica efectiva hacia Ia construcciOn de una naciOn socialista y populista o peronista. Con este objetivo en mente, exploramos una de las manifestaciones de Ia subjetividad politica de Ia nueva izquierda a través del programa ambicionado por el grupo Contorno cuestionando, primero, su concepciOn tradicional de Ia polItica que se ciñe a una nociOn convencional realista, objetivista, y documentalista del lenguaje; segundo, Ia limitacián de su intencionado proyecto polItico al dominio del discurso normativo/programático; y tercero, el racionalismo y voluntarismo que domina tal programa politico. Para esta revisiOn asumimos una fundamentaciOn postestructuralista más discursiva, indeterminada, contingente, y multiple de lo polItico, asi como una extensiOn del mismo al espacio que configura su discurso poético-literario, y una concepciOn 264 narratologico/psicoanalitica de Ia subjetividad polItica como entidad fundamentalmente escindida en su estrato consciente e inconsciente. El programa politico de Contorno, en cierto modo, ya se esbozaria y al mismo tiempo se sintetizarla en lo que luego Viñas precisa como “propuesta hacia una literatura sociafista con fronteras” en De Sarmiento a Cortázar (1971) (133). Esto es, si consideramos que, como nos informa el mismo autor, el libro lo escribe en Ia epoca de Contorno “allá por 1953”, y se prolonga en su otra obra Literatura argentina y realidad polItica de 1964 (De Sarmiento 11). En De Sarmiento a Cortázar Viñas propone una literatura polItica de izquierda opuesta a Ia ilteratura burguesa: Ia literatura socialista, Ia cual se postula como aquella que marca y “se adhiere a lo polItico, y pone el cuerpo inscribiéndose en una forma politica concreta”. El autor tiene Ia convicciOn de que en 1970 no se puede hacer “buena literatura” sin una perspectiva teOrica y polItica, ya que Ia estética es, en ültima instancia, “teoria poiltica” (Viñas 133-34). El texto socialista, entonces, es aquel que condensa y esboza Ia sociedad socialista global, y para encarar Ia literatura socialista se vuelve imprescindible para el autor una “revoluciOn politica socialista” y Ia violencia mediante Ia historizaciOn materialista-dialéctica de los escritores liberales a través de su literatura. Para Viñas, esta violencia es una “necesidad frente a Ia violencia inherente al regimen burgues” (Viñas 13). Teniendo en cuenta este encuadre ideolOgico marxista que precisa Viñas como fundador y continuador del proyecto contornista, y habiendo explorado en su discurso poético ciertas zonas omitidas y desatendidas en su discurso politico, volvemos, ahora, al programa de Contorno para reflexionar sobre el modo en que su proyecto nacional socialista, y populista se muestra inestable, fracturado, y escindido. 265 Uno de los lugares de su discurso programático en el que vemos entreabrirse una grieta es Ia zona que concierne a Ia renovaciOn peronista, proyecto que a partir del doble nümero 7/8 del año 1956 constituye, junto al revisionismo ensayIstico y revisionismo Iiterario novelIstico, uno de los pilares fundamentales de su agenda polItica reformista. El acercamiento al peronismo mediante una resignificaciOn de sus masas se motiva, como vimos en el manifiesto Peronismo . .6Y lo otro? (Contorno), a raIz de un profundo reconocimiento de Ia propia incomprensiOn, ineficacia, y antagonismo ante sus masas, una actitud adversa que Contorno intenta revertir hacia otra radicalmente más autocrItica, autorreprochadora. La toma de conciencia de un nuevo valor histOricamente protagOnico y revolucionario de este sector popular para Ia naciOn, y el autoreconocimiento como una generación politicamente vacIa, ausente, e ineficaz urgen en su interior discursos de ruptura con el bloque antiperonista tradicional y de apertura hacia el nacionalismo proletario bajo el signo antiintelectualista y antiestético (Troiani, Examen). Esto, aclaramos, sin que se pueda evitar dentro de Ia subjetividad contornista el sentimiento de extrañeza, de hallarse “fuera de su propia piel” o clase, o de comprometerse tardlamente “después de Ia Iluvia” (Contorno, Peronismo). Con todo esto, no se hace dificil reconocer que, en principio, Ia renovaciOn marxista del peronismo irrumpe Ia superficie programática de Contorno como un intento de acercamiento a las masas peronistas, via una lectura autocrItica de su pasado antiperonista, y una denuncia moral a Ia burguesIa liberal antiperonista en dave elitista, antipopulista, y anticomunista (Masotta, “Sur”). Este es el intento que, aunque en forma limitada, procuramos contrastar con aquel pensamiento peronista que se dimensiona 266 en Ia imaginaciOn literaria de Los años despiadados, espacio que asumimos relegado pero admisiblemente partIcipe del discurso programático contornista. En el imaginario politico que se despliega en Los años despiadados, el peronismo adquiere no el sentido de un proyecto marxista transformativo y progresivo, sino el valor de un proceso regresivo y coartado, imposible de toda sIntesis integradora entre Ia subjetividad liberal rebelde del protagonista Ruben y Ia subjetividad peronista de su amigo Mario. Para el sujeto liberal, el peronismo se ofrece como una pantalla virtual sobre Ia que se proyecta en forma compulsiva las marcas de Ia violencia racial, clasista, generica, sexual y étnica que han sido imprimidas por las normas del orden liberal patriarcal. Se trata de una marca por Ia que el sujeto liberal inconscientemente procesa el poder liberal como aquel que excluye y castiga a todo lo que no conforma a Ia raza blanca, Ia clase burguesa, el genero masculino, y Ia heterosexualidad. Estas huellas mnémicas normativas son las que Ruben reproduce en su retorno compulsivo al seno materno a lo largo de Ia trama narrativa. En Ia relaciOn entre Ruben y Mario, el peronismo se concibe como categorIa racial y socialmente antagOnica a Ia posiciOn liberal, imposible de ser reconciliado o incorporado dentro de este sector dominante. Visto desde Ruben y Ofelia, el peronismo significa una experiencia individual eufOrica e impulsiva, y sobre todo sexual para el sujeto liberal (recordemos el modo impulsivo erOtico en que Ruben y Ofelia se atraen al peronismo fascinados por las figuras seductoras y carismáticas de Mario, PerOn y Evita), desprovista de toda ponderaciOn o escrutinio critico propiamente social y politico. El peronismo, de esta manera, se fantasea como un conducto social por el que el rebelde Ruben desplaza y reproduce el poder que su difunto padre liberal ejercIa sobre éI, seduciéndolo, violándolo, 267 cosificándolo, sometiéndolo, y feminizándolo. Para Ruben, en este sentido, Mario no serIa más que el disfraz peronista para su figura paterna, Ia cual reaparece con toda Ia carga ambivalente de seducciOn y repudio que su poder suscita en el joven. El código secreto que Viñas usa para connotar Ia conflictiva filial de Ruben es notablemente sexual, enguaje que dentro de Ia novela sugiere no eI Eros o un amor mutuamente correspondido y compartido entre Ruben y Mario, sino el Tánatos o el instinto de muerte que consume a Ruben en sus variadas formas autoerOticas, narcisistas, y compulsivas. Si bien esta codificaciOn sexual de Ia polItica es un aspecto que centralizamos en nuestro análisis de Dar Ia cara en base a un esquema histérico, es nuestra impresión que, en cierto modo, Ia relación politica que en Los años despiadados se entreteje entre Rubén/liberalismo y Mario/peronismo dialoga con Ia misma codificaciOn sexual histérica. Una de las marcas distintivas de esta dinámica sexual es Ia erotizaciOn regresiva o pre-genital del instinto de muerte, o sexualizaciOn de Ia experiencia de exclusiOn, frustraciOn, dolor, ausencia, y muerte vivida en una edad temprana, un deseo que continuamente busca seducciOn y excitación para actualizar una necesidad insatisfecha de antaño, más que una satisfacciOn efectiva de su apetito. En Ia seducciOn peronista que Ruben y Ofelia sienten por Mario y PerOn y Evita respectivamente, Ia excitaciOn erOtica se agota invariablemente en Ia frustraciOn, violencia, y dolor. Esto se muestra más pronunciado en Ruben ya que el texto localiza en su persona Ia fantasia de flagelaciOn y el concomitante placer sádico-masoquista, homosexual, y autoerOtico que Ia misma provoca a nivel inconsciente. En esta codificación sexual histérica, el peronismo se sume a una fantasia polItica marcada por Ia imposibilidad de ser incorporado dentro del sistema de valores que sustenta el sujeto 268 liberal. Entre esta fantasia peronista reaccionaria y aquella propuesta peronista revolucionaria y progresista vemos delinearse, por lo tanto, una zona de fisura, que por muy endeble que pueda ser Ia marca de esta fisura y leve su profundidad en ella, no por eso deja do insinuar un espacio de inconsistencia y discontinuidad dentro del programa polItico de Contorno, y apuntar a un estrato más profundo de su proyecto reformista. Otro lugar inestable de su programa politico lo hallamos en el proyecto de reforma antiliberal que Contorno centraliza en su agenda populista-nacional. En tanto Organo fuertemente influido por el sartreanismo y sus preceptos marxistas tercermundistas, Contorno ambiciona cambiar el curso de Ia historia argentina transformando Ia endémica dicotom ía argentina civilización-barbarie, el modelo establecido por el orden liberal, divisorio de Ia vida nacional entre el sector burgues y el sector popular. Para este fin, el grupo intenta romper con Ia hegemonia polItica liberal (paradigmatizada en el binarismo social exciusionista) mediante Ia historizaciOn marxista de su herencia cultural, procedimiento revisionista que permite denunciar y enjuiciar a sus representantes más emblemáticos, los escritores burgueses, en base a su elitismo, eurocentrismo, antipopulismo, y anticomunismo. Este proyecto antiliberal es Ia base principal sobre Ia quo se erige el programa politico do Contorno, lucha que, como ya mencionamos, adopta una estrategia combativa generacional, denuncialista, y ética. Es asI como vemos suceder a lo largo de sus ediciones de Ia etapa peronista (1953-1956) una serie do movimientos, figuras, instituciones, y obras consagradas que, en su conjunto personifican Ia hegemonla liberal y su acciOn “parricida”: los escritores martinfierristas, los escritores del Centenario, Su, Borges, Bioy Casares, Mallea, 269 Mujica Láinez, Murena, MartInez Estrada, Amalia de Mármol, las novelas de Lynch y de Cambaceres, entre otros. Sin embargo, a pesar de esta intención programática ‘parricida’ de aniquilar el orden liberal heredado, en el espacio diminuto y postergado que ocupa Dar Ia cara dentro del vasto frente politico contornista se descubren poderosas fantasIas masoquistas y suicidas de Ia juventud liberal contestataria. En efecto, Dar ía cara piensa el proyecto emancipatorio de los jOvenes en términos de una experiencia traumática al fantasear Ia rebeliOn de los jOvenes como un proyecto contestatario (masculino y filial) destinado al fracaso. Esta condena al fracaso que recae sobre todos los personajes principales de Ia novela (Mariano, Bernardo, Sabul, y Beto) en realidad no muestra ser más que Ia expresiôn de un fuerte deseo masoquista-suicida que opera en ellos. Todos se encaminan hacia sus proyectos independistas cinematográficos, estudiantiles, literarios, y atléticos, pero sea por resignaciOn, capitulaciOn, abandono, o descuido, estos proyectos terminan indefectiblemente en un rotundo fracaso. En el momento en que analizamos Ia novela, intentamos dar cuenta de este hilo argumentativo que atravesaba por el espacio narrativo desde un proceso y fantasIas textuales que nos pareclan participar activamente en tal desenlace negativo. Esta lOgica textual autodestructiva Ia ubicamos en aquel impulso narrativo inconsciente que permeaba dicho espacio narrativo, y al que le atribuimos una carácter dinámicamente histérico: por su rechazo a Ia representaciOn simbOlica para preferir una presentaciOn escénica del mundo de los jóvenes; por su lenguaje que compulsivamente rehüsa el nivel abstracto-verbal para preferir el de las acciones, movimiento, y cuerpo; por sus fantaslas sexuales acaparadas en Ia esfe ra pre-genital y en los placeres sado-masoquistas; por fijar como punto de realización de 270 su deseo Ia destrucción final de todos los proyectos de los jóvenes, y en especial, Ia destrucciOn de Ia subjetividad semItica en el segmento final de Ia trama. En este deseo masoquista o büsqueda de placer en el dolor, reiteramos, Ia energética libidinal textual se fusiona con Ia muerte al querer sexualizar Ia violencia. Mediante Ia fantasia poética, aqueflo que Viñas sexualiza en los jOvenes es Ia violencia que ha generado Ia hegemonla liberal, un cümulo de experiencias registradas en forma pasiva, y que ahora las recrea activamente en las fantasias de discriminaciOn, abuso, violaciOn, y muerte a Ia etnia judIa, a Ia poblaciOn inmigrante, a Ia homosexualidad, y a las masas, violencia que históricamente se ha cometido en nombre de lo “femenino”. Esta es Ia talta afectiva o ausencia que el texto de Viñas sexualiza, y repite sin cesar en el acto escriturario porque es una memoria que no puede recordar simbólicamente. A nuestro parecer, Ia cohabitaciOn de un proyecto antiliberal ‘parricida’ programático y un proyecto antiliberal ‘suicida’ fantaseado en el mismo espacio discursivo de Contorno Si bien no desmorona, al menos contribuye a resquebrajar Ia pretendida superficie lisa de su programa politico. En esto tenemos en cuenta Ia idea freudiana de que las fantaslas inconscientes constituyen las premisas psIquicas más inmediatas a un sIntoma, 66 y el hecho de que Ia ensoñación de un proyecto emancipatorio suicida emane de una de las mentes más influyentes de Contorno como Ia que representa David Viñas implica para nosotros un dato significativo a Ia hora de meditar sobre el estrato profundo de su programa politico. La ültima zona inestable que identificamos dentro del discurso programático de Contorno es Ia que concierne al proyecto populista socialista/nacional. Desde el 66Sigmund Freud, “Fantaslas histéricas y su relaciOn con Ia bisexualidad”, 1350. 271 marxismo tercermundista, Ia agenda populista contornista se organiza sobre Ia identificaciOn de dos sectores sociales particulares como clases proletarias oprimidas de Ia nación, a saber, los escritores marginados por el cutturalismo abstracto de los escritores consagrados y las masas peronistas. Es asi como en su segundo nümero de 1954 se reivindica Ia marginalidad de Roberto Ant, y en el doble nümero 7/8 de 1956, Ia de las masas peronistas. El populismo, de este modo, se diversifica en el doble sentido cultural y politico, cobrando una valencia antagOnica a las nociones de “espIritu”, “estética”, “cultura letrada”, “violencia”, “demagogia”, “decadencia”, “oligarquIa”, y una valencia equivalente a las ideas de “materia”, “realidad”, “cuerpo”, “vida”, y “nacionalismo proletario”.67 Desde su primera ediciOn inaugural de 1953, Contorno esboza su proyecto populista como un deseo, aunque muy generico, de “reorientaciOn de su práctica hacia el pueblo”, o de un “sincero acercamiento, de agachamiento hacia Ia masa” (lsmael Vinas), esbozo que al formularse el proyecto peronista en 1956 se concretiza en el deseo de aniquilar aquella barrera interna que ha impedido ver “Ia realidad vivida ante los ojos del proletariado”, y distinguir dentro del peronismo 10 rescatable de Ia desechable (Contorno). En el imaginario politico que emana de En Ia semana trágica, el proyecto populista se explica narrativamente mediante el compromiso entre el presente y el pasado, un presente (de Ia historia) dado por Ia insurrecciOn obrera anarquista de 1919 y Ia vida personal de un muchacho de clase pudiente, Camilo, y un pasado marcado por los hechos que este sujeto liberal hurga en su memonia. En este espacio imaginario, 67 Esta formulaciOn binarista del populismo es otro aspecto que David Viñas profundiza en De Sarm iento a Cortázar (1971). En esta obra de marcada resonancia contornista, el autor especifica el populismo como lo opuesto al “espIritu”, “literatura burguesa”, “Europa”, “el libro liberal”, “Ia burguesia rom ántica”, “mito”, “pedagogla libresca”, “violencia autoritaria”, y asociado a “lo material”, “cuerpo”, “vida”, y “r ealidad concreta”. David Viñas, De Sarmiento a Cortázar, 15-21. 272 el compromiso de Camilo con su presente social y politico (Ia insurrección obrera) es más fantasmático que efectivo, más Infimo que signficativo por hallarse invadido y abrumado por los fantasmas del pasado. Camilo sOlo puede ver el presente conflicto populista mediante Ia pantalla espectral del pasado, un pasado marcado por Ia violencia del poder liberal. En En Ia semana trágica, Vinas imagina el presente como un tiempo donde los conflictos internos de un individuo liberal con el pasado impiden acceder, comprometerse, o intervenir plena y crIticamente en Ia situaciOn de Ia clase popular proletaria. Esta barrera interna o de resistencia es to que en Camilo inconsciente y paradOjicamente se vive como seducciOn y repudio a Ia represiOn judla, contradicciOn paralizante que se repite compulsivamente en cada encuentro transferencial que el mismo intenta establecer con el conflicto anarquista. En esta sexualizaciOn de Ia marginaciOn judia y discriminación liberal de las masas, Viñas fantasea Ia imposiblidad de un amor transferencial o uniOn poiltica entre el sector liberal y el sector popular obrero por concebir las masas como ‘ludla”, “homosexual”, o “femenina” indistintamente, categorlas contundentemente negadas por el dictado liberal e imprimidas en Ia profundidad del ser liberal como lo “prohibido”, to “excluido”, lo “indeseado”. De esto se sigue que el programa rupturista antiliberal que vaticina Ia llegada de un nuevo tiempo, orden, o hegemonla en Ia vida nacional con Ia instauraciOn de lo que Contorno llama polItica populista socialista-nacional encuentra su reverso en el lugar desplazado que ocupa Ia fantasia populista de En Ia semana trágica. La grieta que esta tensiOn genera se suma, ahora, a las zonas problemáticas que se han creado alrededor de los proyectos peronistas y antiliberales. 273 En esta muestra de irregularidades e inconsistencias dentro del programa de Contorno, no dejamos de reconocer que serla pretencioso y riesgoso asumir que las fantaslas regresivas, elusivas, y (auto)destructivas esparcidas en et imaginario de Viñas son to suficientemente representativas como para diagnosticar un carácter traumático histérico en el programa politico de Contorno. Esto se debe al hecho de que para nosotros persiste todavia una distancia perceptible entre Ia subjetividad histérica que emana de Ia propuesta poética de Viñas y Ia subjetividad ambigua parricida-suicida que advertimos en Ia superficie ensayIstica-crItica de Contorno, un espacio que, por ser mucho más extenso y complejo que el espacio novelIstico de Viñas, no cabe dentro de los lImites del presente trabajo. Una investigación más abarcativa del estrato inconsciente de Ia revista requerirIa un estudio más sistemático y profundo de los variados discursos que componen el Organo sean programáticos, novelIsticos, ensayIsticos, poéticos, dramáticos, o de toda otra indole de elementos que conforman el vasto universo discursivo de Ia revista. Por el momento, sOlo podemos entrever Ia resonancia de to que algunos teOricos Ilaman formaciOn sintomática de to subilme y lo traumático en el programa de Contorno, en su pretendida representaciOn mesiánica o redentora de las clases oprimidas de Ia naciOn, en Ia clausura narrativa que tiende a sacralizar Ia literatura como acción polItica revolucionaria absoluta, en Ia fantasia de dominio total sobre los opresores liberales, y en Ia idea de fundar una naciOn socialista utOpica en Ia que se promete una comunidad extraordinaria, plenamente unificada sin conflictos entre diferentes clases. Y por otra parte, Ia tendencia a sacralizar Ia cuestiOn de su propia identidad o linaje como heredero de Ia tradiciOn liberal mediante Ia estrategia generacional que implementa, y a generar un mecanismo de chivo expiatorio 274 masas peronistas (LaCapra, Escribir 47, 66-70, 68-117; iek, The Sublime 202-3, Mapping 10, 26; Freud, Estudios 43, El sentido 2294). Y dentro de esta reverberación eufórica y sublime que aflora en Ia superficie programática de Contorno, Ilegamos a circunscribir las relegadas pero poderosas fantaslas histéricas que emanan de Ia propuesta estética de David Viñas. Sus marcas, de carácter más traumático, coercitivo que liberador, se harán sentir allI donde Contorno más compulsivamente denuncia al escritor liberal/padre burgués refugiándose en su placentera y artificiosa herencia literaria, y donde más se oculta un yo multiple, ficticio, performativo, y bisexual a través de los cuantiosos seudónimos que crea. Nos preguntamos, todavIa, qué distancia mediaria entre aquella tonalidad sublime del programa contornista y estos traumas histéricos que delineamos dentro de su campo discursivo. Finalmente, concluimos el presente estudio de Contorno en tanto subjetividad polItica provista de una dimension profunda, dejando para el futuro Ia exploraciOn de otras dimensiones de sus fantasias, temores, ansiedades, y deseos inconscientes, y el posible rol que puedan cumplir estas dinámicas en los proyectos politicos democráticos. 275 BibliografIa Citada Aizenberg, Edna. Books and Bombs in Buenos Aires: Borges, Gerchunoff, and Argentine-Jewish Writing. Hanover: University Press of New England, 2002. Altamirano, Carlos, y Beatriz Sarlo. “Ellos y nosotros: David Viñas habla sobre Contomo.” Punto de Vista.13 (1981): 9-12. Literatura/sociedad. Ia ed. Buenos Aires: Hachette, 1983. Altamirano, Carlos, y Javier Trimboli. La izguierda en Ia Argentina: conversaciones. la. ed. Buenos Aires: Manantial, 1998. 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Roberto Ant y el pecado de todos -Gorini, Juan José (seud. de David Vinas). Ant y los comunistas -Molinari, Marta C. (seud. de David Vinas). Roberto Ant: una autobiografla -Kiernan, Fernando. Roberto Ant, periodista -Sanchez Cortés, Diego (seud. de David Vinas). ArIt- Un escolio 288 -Arrow, Jorge (seud. de lsmael Viñas). Ant- Buenos Aires -Gigli, Adelaida. El ünico rostro de Jano De las obras y los hombres -Correas, Carlos. H.A. Murena y Ia vida pecaminosa -Prior, Aldo. Rodolfo Kusch y Ia seducciôn de Ia barbarie -Goutman, Ana A.. Estela Canto: tuna novela? Contorno Nümero 3: septiembre de 1954 DirecciOn: lsmael Viñas y David Viñas -Gigli, Adelaida. Victoria Ocampo: V.0. -Sebreli, Juan José. Manuel Gálvez y el sainete histórico -Kusch, Rodolfo. Inteligencia y barbarie -Viñas, David. Otros tres novelistas argentinos por orden cronolOgico -Viñas, lsmael. Enganado adanita -Solero, Francisco. Responso -Gibaja, Regina. La mujer: un mito porteno -Correas, Canlos. El revolver De las obras y los hombres -Solero, Francisco. Eduardo Mallea en su laberinto -Vinas, David. Onetti: un novelista que se despide -Masotta, Oscar. Denuncias sin testigo -Fernando, ValentIn. DiscusiOn: a propOsito de una novela que ya no se lee Contorno Nümero 4: diciembre de 1954 DirecciOn: lsmael Viñas y David Viñas NUmero especial dedicado a MartInez Estrada 289 -Weinbaum, Raquel (seud. de David Viñas). Los ojos de MartInez Estrada -Viñas, lsmael. Reflexión sobre Martinez Estrada -Suevo, Orlando. Bibliografla de Martinez Estrada -Kusch, Rodolfo. Lo superficial y to profundo en Martinez Estrada -Solero, Francisco. Primera aproximaciôn a Martinez Estrada -Viñas, David. La historia excluida: ubicación de Martinez Estrada -Gigli, Adelaida. La poesIa de Martinez Estrada: Oro y piedra para siempre Contorno Nümero 5/6: septiembre de 1955 Comité de Dirección: lsmael Viñas, David Viñas, Noé Jitrik, Adelaida Gigli, Ramôn Alcalde, LeOn Rozitchner NUmero especial dedicado a Ia novela argentina -Contorno. Terrorismo y complicidad -Weinbaum, Raquel (seud. de David Viñas). Los dos ojos del romanticismo -Solero, Francisco. Eugenio Cambaceres: primer novelista argentino -Page Larraya, Antonio. Julián Martel y Ia ciudad hostil -Aseef, Victor. Esquema de Sicardi -Steffen, Guillermo. Bosquejo de una propia expresiOn: Payró -Viñas, Ismael/Noé Jitrik. Enrique Larreta o el linaje -Molinari, Maria C. (seud. de David Viñas). Manuel Gálvez: el realismo impenitente -Viñas, David. Benito Lynch: Ia realizaciôn del Facundo -Vinas, Ismael. Guiraldes -Conte Reyes, Gabriel (seud. de David Vinas). Realismo, virtuosismo y técnica: Juan Goyanarte -Gibaja, Regina. Ernesto L. Castro y Ia novela social -Arrow, Jorge (seud. de lsmael Vinas). Enrique Wernicke: Ia poesia de las chacras -Rozitchner, LeOn. Comunicación y servidumbre: Mallea -Sanchez Cones, Diego (seud. de David Viñas). Verbitsky, Onetti: el hombre 290 urbano, el hombre universal -Pandolfi, Rodolfo M. Mujica Láinez y el gran cambio -Jitrik, Noé. Adán Buenosayres: La novela de Leopoldo Marechal -Sanromán, V. (seud. de lsmael Vinas). Pablo Rojas Paz: viejo martinfierrista -Gigli, Adelaida. Algunos libros, algunas mujeres -Jitrik, Noé. Los comunistas (Manauta, Barletta, Yunque, Varela) -Curi, Jorge. Un ortodoxo: Carlos Ruiz Daudet -Gargano, Julio. Los nuevos Discusión -Troiani, Osiris. Fin de un dialogo de sordos -Alcalde, Ramôn. Imperialismo, cultura y literatura nacional Contorno Nümero 7/8: julio de 1956 Comité de DirecciOn: lsmael Vinas, David Viñas, Noé Jitrik, Adelaida Gigli, Ramán Alcalde, LeOn Rozitchner -Contomo. Peronismo, ,y lo otro? -Rozitchner, Leon. Experiencia proletaria y experiencia burguesa -Troiani, Osiris. Examen de consciencia -Vinas, lsmael. Miedos, complejos y malos entendidos -HalperIn Donghi, Tulio. Del fascismo al peronismo -Pandolfi, Rodolfo M.. 17 de octubre, trampa y salida -Prieto, Adolfo. Peronismo y neutralidad -Viñas, David. 1Paso a los heroes! -Masotta, Oscar. Suro el antiperonismo colonialista -Sebreli, Juan José. Aventura y revoluciOn peronista. Testimonio De las obras y los hombres -Sanromán, V. (seud. de lsmael Vinas). La fiesta del monstruo -VerOn ThiriOn, Ernesto. Victor Massuh o el encubrimiento de America 291 -Jitrik, Noé. Guibert: un poeta con geografia -Molinari, Marta C. (seud. de David Viñas). Rosaura a las diez, Premio Kraft -Alcalde, Ramón. Catecismo politico para un nuevo Uriburu. Ayer; hoyymañana, de Mario Amadeo Contorno Nümero 9/10: julio de 1956 Comité de DirecciOn: lsmael Vinas, David Vinas, Adelaida Gigli, Leon Rozitchner, Adolfo Prieto -Contorno. Análisis del frondizismo -Rozitchner, LeOn. Un paso adelante, dos atrás -lsmael Viñas. Orden y progreso -Halperin Donghi, Tulio. El espejo de Ia historia Contorno Cuadernos nümero 1: julio dWI957 Consejo de DirecciOn: Ismael Vinas y David Vinas. Adelaida Gigli, Leon Rozitchner, RamOn Alcalde, Adolfo Prieto Lucha de clases, laicismo: examen para Ia izquierda -Vinas, lsmael. Un prOlogo sobre el pals -Alcalde, RamOn. La iglesia argentina: instrucciones para su uso -Rozitchner, LeOn. Lucha de clases, verificaciOn del laicismo -Contorno. Resollando por Ia herida... -Sin firma. Para colaborar con Contomo -Sin firma. Defensa y opresiOn de Ia democracia Contorno Cuadernos nümero 2: febrero de 1958 Consejo de DirecciOn: lsmael Viñas y David Vinas. Adelaida Gigli, Leon Rozitchner, Ramón Alcalde, Adolfo Prieto 292 El fracaso del Panamericanismo -Viñas, lsmael (por Contorno). Una opciOn. Subordinaciôn, independencia, desarrollo -Munoz de Liceaga, Marisa. El fracaso del panamericanismo. La conferencia econômica Interamericana y las inversiones estadounidenses