Open Collections

UBC Theses and Dissertations

UBC Theses Logo

UBC Theses and Dissertations

Nuestra América : la innovación poética como estrategia política Bautista Ruiz, René 2012

Your browser doesn't seem to have a PDF viewer, please download the PDF to view this item.

Item Metadata

Download

Media
24-ubc_2012_fall_bautistaruiz_rene.pdf [ 443.67kB ]
Metadata
JSON: 24-1.0073149.json
JSON-LD: 24-1.0073149-ld.json
RDF/XML (Pretty): 24-1.0073149-rdf.xml
RDF/JSON: 24-1.0073149-rdf.json
Turtle: 24-1.0073149-turtle.txt
N-Triples: 24-1.0073149-rdf-ntriples.txt
Original Record: 24-1.0073149-source.json
Full Text
24-1.0073149-fulltext.txt
Citation
24-1.0073149.ris

Full Text

Nuestra América: La innovación poética como estrategia política by René Bautista Ruiz  A THESIS SUBMITTED IN PARTIAL FULFILLMENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE DEGREE OF  MASTER OF ARTS in The Faculty of Graduate Studies (Hispanic Studies)  THE UNIVERSITY OF BRITISH COLUMBIA  (Vancouver) August 2012 © René Bautista Ruiz  Abstract  El propósito de la presente investigación es demostrar que la naturaleza del texto “Nuestra América” de José Martí es primordialmente poética. Mediante el análisis comparativo con dos textos canónicos de Simón Bolívar y Andrés Bello se analizan las diferencias respecto al uso del lenguaje. Así se intenta ilustrar que la prosa martiana a diferencia de la tradición ensayística hispanoamericana del siglo XIX evoluciona hacia el campo de la poesía, creando una síntesis entre prosa y lírica. Finalmente mediante el análisis minucioso de las figuras retóricas de Martí se establecen los recursos innovadores del autor en correspondencia con procesos histórico-sociales.  ii  Índice  Abstract……………………………………………………………………..ii  Índice………………………………………………………………………..iii  Agradecimientos……………………………………………………………iv  Dedicatoria………………………………………………………………….v  Introducción………………………………………………………………..1  I Del lenguaje revolucionario a la revolución del lenguaje……………..11  II De Martí a Bello…………………………………………………………35  III “Nuestra América” poesía y política…………………………………48  Conclusión…………………………………………………………………76  Bibliografía………………………………………………………………..79  iii  Agradecimientos  Todos mis agradecimientos al Dr. Jon Beasley-Murray. Por todo su conocimiento, apoyo y paciencia. Y por enseñarme a escuchar.  Gracias.  iv  Dedicatoria  A Virginia Ruiz, mi madre  v  Introducción  Analizar un texto fundacional y canónico como “Nuestra América” de José Martí (1891) encierra en sí mismo un riesgo latiente. Esto es seguir una lectura igualmente canónica, fosilizada por el tiempo y legitimizada por la insistencia temática del documento por un sinfín de estudiosos que coinciden en la naturaleza política e histórica del más estudiado ensayo de Martí. Dicha lectura se limita a destacar los temas generales como la autonomía hispanoamericana, el autoconocimiento de la naturaleza social de Hispanoamérica, la amenaza del imperialismo estadounidense, etc. Sin embargo, dicha aproximación ignora casi por completo la enorme carga poética de “Nuestra América”, sugiriendo una prosa referencial que atiende directamente dichos temas y a la vez limitándolos exclusivamente a la región hispanoamericana. Tal aproximación es limitada y por demás simplista, pues es en su naturaleza poética donde se proclaman valores que trascienden las fronteras hispanoamericanas y el siglo XIX.  Así el presente estudio se propone demostrar que contrario a la tendencia extremadamente ideologizada, principalmente de Retamar, y a diferencia de otros ensayos canónicos hispanoamericanos “Nuestra América” es sobretodo un texto poético donde la forma y las figuras retóricas no son simples accesorios que reafirman un proyecto político limitado a la región hispanoamericana y al siglo XIX. Sino que la innovación y autonomía poética es en sí misma innovación y autonomía política. La creación de una nueva estética, como en el caso de Martí, es un evento altamente político y subversivo pues intenta proclamar una autonomía mediante la liberación de las formas artísticas, traspasándolas de los centros culturales hegemónicos como Paris, Londres y  1  Nueva York a las nuevas regiones emergentes (las recién fundadas repúblicas hispanoamericanas del siglo XIX). Éstas durante el siglo XIX se debatían entre la imitación política y cultural de los modelos europeos y norteamericanos, o la creación de modelos propios. Y es esta última tendencia ideológica de creación la que Martí inaugura.  Para demostrar la poeticidad, entendida como la cualidad poética de la prosa mediante la constante utilización de figuras retóricas, así como otros elementos poéticos (las multisensorialidades, acumulaciones, etc. que se definirán detalladamente más adelante) que generan un discurso de depurado esteticismo como estrategia política transhistórica de “Nuestra América” primero se comparará el texto martiano con dos ensayos canónicos hispanoamericanos: “La carta de Jamaica” de Simón Bolívar (firmada en 1815) y “Nuestro ideal: la creación de la cultura hispanoamericana” de Andrés Bello (1848). El objetivo es ilustrar principalmente dos estrategias lingüísticas. En el capítulo primero la no referencialidad de “Nuestra América” en comparación con el texto bolivariano. En el capítulo segundo la naturaleza creativa de “Nuestra América” enmarcada en la estética martiana que después se denominará Modernismo, en comparación de la escritura neoclásica de Bello. Finalmente en el capítulo tercero se analizará detalladamente la forma en la que Martí crea su nueva estética mediante el uso novedoso de las figuras retóricas, la acumulación simbólica, y la creación de nuevas técnicas poéticas.  La elección de los textos seleccionados responde a la necesidad de ubicar el texto martiano dentro de la tradición ensayística hispanoamericana, de la cual Bolívar y Bello 2  representan dos polos opuestos en cuanto a la temática: la imitación y la creación respectivamente. Sin embargo, ambos siguen una misma línea lingüística que se caracteriza por un uso del lenguaje directo. A diferencia de éstos Martí envuelve su discurso con recursos  innovadores de figuras retóricas creando un ensayo  primordialmente poético. Por lo que es en su poeticidad donde reside la esencia e importancia de Martí. Cabe señalar así mismo que otros autores y textos canónicos del siglo XIX como Sarmiento y su “Civilización y barbarie” (1845), el Trascendentalismo de Emerson, las ideas de Alexander Von Humboldt, entre otros reaparecerán constantemente a la luz del pensamiento de José Martí.  Comencemos estableciendo un panorama general, luego uno particular de “Nuestra América”, según la tendencia crítica entorno a los estudios martianos encabezada por Roberto Fernández Retamar. Él mismo declara en “About my writings on Martí’s work” (2002): “José Martí (1853-95) is my life’s main figure” (17). Sin embargo, la aproximación de Retamar se ha encargado de reducir no sólo los alcances políticoliterarios de “Nuestra América” sino la obra entera de Martí. Siendo el prologuista, compilador y biógrafo martiano por antonomasia no oculta de ninguna manera la inserción de la obra de Martí al proyecto castrista. Retamar en Política de nuestra América al analizar las Escenas Norteamericanas de Martí explícitamente traduce su pensamiento al proyecto de Castro: Lo que rechaza en los Estados Unidos ya no son cuestiones accesorias o periféricas: es el proceso mismo por el que han venido a ser lo que son. Martí no lo dice en estos términos, pero si también en su caso traducimos sus planteos a un lenguaje marxista-leninista, como nos corresponde hacer, no encuentro otra manera de decirlo que como lo he expresado antes: el demócrata revolucionario que fue Martí rechaza enérgicamente la vía capitalista, aunque no llegue todavía a  3  formularse la que hoy (pero no en la América de Martí) sabemos que es la única solución viable: el socialismo. (32) Así por ejemplo, lo primero que encontramos en el prólogo de la compilación martiana Martí (1970)1 cuyo texto inicial es precisamente “Nuestra América” es una anécdota no de Martí, sino de Castro: “Encarcelado y llevado a juicio, por haber atacado el cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, Fidel Castro responde a los jueces que quieren conocer al autor intelectual del ataque: ‘Es José Martí’” (7). Asimismo, el prólogo termina aludiendo nuevamente el ataque al cuartel Moncada como una forma reiterativa de la asimilación del proyecto martiano a la ideología castrista: Por la agudeza con que Martí postuló el imprescindible antiimperialismo de la Revolución cubana; por su comprensión de los problemas reales del país, más allá de la mera lucha contra España-problemas que permanecerían sin cambios esenciales durante la primera mitad del siglo XX-, y por las dinámicas soluciones aportadas, es natural que su ideario conservara profunda vitalidad revolucionaria, y que a él se remitiera Fidel Castro como inspirador del ataque al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. (60)  De igual forma, se intenta justificar la inserción del proyecto martiano a la ideología marxista-leninista del proyecto de Fidel Castro: Fidel Castro declaró su adhesión al marxismo-leninismo. ¿Ha abandonado así su filiación martiana? Lejos de eso, no sería exagerado afirmar que, en el orden político, con las evidentes diferencias del caso, así como ha podido decirse que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, el fidelismo es la postura martiana del período de la absoluta descolonización, del paso de la liberación política a la liberación económica y cultural, del rechazo definitivo del imperialismo y del triunfo del socialismo en un país ‘subdesarrollado’. (60)  1  Prólogo que reproduce íntegramente en la compilación Cuba, Nuestra América, Los Estados Unidos (1976). Cabe destacar que no es una reedición de Martí que sólo contiene ocho textos, a diferencia Cuba, Nuestra América, Los Estados Unidos, contiene 39. Y que también reproducirá en Algunos usos de civilización y barbarie (1989) que no es un texto compilatorio de la obra de Martí, sino de algunos de los ensayos y prólogos de Retamar.  4  Dicho procedimiento de marco castrista es utilizado nuevamente en el prólogo de otra compilación martiana Política de nuestra América (1977) cuyo texto inicial es nuevamente “Nuestra América”, y donde se repite la ya mencionada anécdota de Castro de 19532. De igual forma, el prólogo termina resumiendo, según Retamar, el pensamiento de Martí en torno a la realización y fundación de Hispanoamérica con palabras de Fidel Castro: “…para decirlo con las inolvidables palabras de Fidel el 16 de abril de 1961, la ‘revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes’” (34). Así podemos observar claramente que Retamar se ha encargado de enmarcar literal y estructuralmente el pensamiento de Martí en la ideología castrista. Por lo que técnicamente en la lectura de Retamar Castro no es martiano, sino que Martí es protocastrista. Por lo que desde el inicio de la aproximación a la vida y obra de Martí, se delata una lectura por demás ideologizada y reductivista, encadenada a la referencialidad histórica y a un proyecto político preciso delatado literalmente por Retamar: “el pensamiento de Martí ha sido incorporado, asimilado a la nueva conciencia” (Martí, 60), a la conciencia castrista Retamar no ignora la importancia poética de Martí, como se puede observar en Política de Nuestra América en una fugaz mención al Ismaelillo: “Martí ha publicado también, en modesta edición de autor, un cuaderno de versos, Ismaelillo, en 1882, que muchos ven como el inicio de una nueva época en la poesía de la lengua…” (15); y otra a Versos sencillos obra que considera como “la mayor de la poesía hispanoamericana” (19). De igual forma, en Martí, Retamar supedita la labor poética de Martí a su labor revolucionaria al declarar que Martí: “Es fundador, un sabio, un poeta porque es un dirigente revolucionario” (27; énfasis en el original). Es decir, para Retamar la poesía de 2  Anécdota también incluida en el artículo: “Nuestra América: cien años” (1992) página 797.  5  Marí no está en su escritura sino en su actividad política empírica y no tanto su manejo lírico del lenguaje en concreto, sin llegar a dimensionar los alcances no sólo estéticos de la poesía de Martí, sino principalmente políticos. Por dicho motivo tampoco se elaborará mucho entorno a la poeticidad ni en general a los aspectos formales de su prosa, específicamente sobre “Nuestra América”3. Que en palabras del propio Retamar es “el texto fundamental, verdadera Carta Magna” (Martí, 35) de Martí; pero que a su vez reduce algunas veces a la categoría de “artículo programático”4 (Política, 24) y en otras reconoce una fusión entre ensayo y poema: “[‘Nuestra América’] is, at the same time, both essay and poem […] a poematic essay” (“About,” 20). Retamar en “About my writings on Martí’s work” insiste en la importancia ideológica y estética de “Nuestra América”: It is difficult not to see in it, first of all, an analytic balance of what Marti came to know about our greater homeland, its history, its components, its risks; and, at the same time, a project that looks to the threatened future. But it is equally difficult not to feel overcome by the imposing beauty of those words. Thinker and poet are highly identified here. (20) Así constantemente alude a la importancia tanto de los elementos formales como a la ‘esencia’: Another aspect among the many that can be distinguished in Marti's critique refers to the relation that [he] saw, in the work of art, between the formal elements and those some call of content, which Marti, more adequately, preferred to name 3  A pesar de que Retamar encuentra ciertas concordancias entre “Nuestra América” y la poesía de Martí, dichos puntos de encuentro son principalmente temáticos como se puede observar en “Nuestra América: cien años”: “Marí escribe en este texto inagotable: “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores’ […] Esos ‘oprimidos’ volverán a aparecer en texto suyo publicado ese mismo año 1891 el poema III de sus Versos sencillos: ‘Con los pobres de la tierra/quiero yo mi suerte echar’” (794). Por lo que técnicamente Retamar propone un proceso inverso al nuestro, esto es prosificar la poesía mediante su temática antes que poetizar su prosa mediante sus recursos técnicos. 4 Retamar trata con suma flexibilidad el género de “Nuestra América” al clasificarlo en otras ocasiones precisamente como lo hacemos en este análisis, como un ensayo. Así en “Nuestra América: cien años” (1992) al tratar sobre la maduración del concepto de nuestra América en la obra de Martí dice: “no permanece invariable en él, sino que va cargado de sentido hasta alcanzar la incandescencia del ya secular ensayo” (792).  6  ‘of essence’. In accordance with his conception of reality, he did not consider both elements separately but instead as closely merged: ‘All rebellion of form’, he wrote in 1886 when considering the French impressionist painters, ‘drags with it a rebellion of essence. (18) Sin embargo, y pese a enunciar dicha importancia esencial-formal e ideológico-estética se antepondrá permanentemente para Retamar la ‘esencia’ es decir la ideología:  And if these concepts point to form in order to signal its vinculum with thought (that here, as in other occasions, Marti preferred to name essence, though it is possible that for him both terms were not identifiable), others spring from thought and flow into form-and not only into it. In an annotation made in Caracas in 1881, Marti wrote: ‘There are no letters, which are expression, till there is an essence to express in them. Nor will there be Hispanic American literature till there is Hispanic America’”. (17) Pese al énfasis y al depurado sentido estético de Martí, así como a la evidente correspondencia entre forma y esencia, Retamar antepone y resemantiza la ‘esencia’ sobre la ‘forma’. Manuel Matos Moquete analiza la reducción, identificación y conmutación del discurso martiano y el discurso marxista de Retamar en Las teorías Literarias en América Hispánica: “Si el concepto de ‘esencia’ produce una reducción fenomenológica del sentido, Fernández Retamar realiza una reducción sociológica de la noción de esencia y del sentido. Él identifica la noción ‘de esencia’ de José Martí, con la noción de ‘función social’, sobre la cual […] gira la sociología marxista” (345). De esta manera se establece una tendencia crítica que ignora casi en su totalidad los elementos formales, estético-políticos y transhistóricos de “Nuestra América”5. Tendencia que a lo mucho propondrá una lectura estructural supeditada a la temática. Así se puede observar en las alusiones que Retamar hace a dos estudios martianos. El primero  5  Nótese que Retamar a lo mucho enuncia la poesía de “Nuestra América” pero siempre reduciendo el texto a circunstancias históricas precisas como el “subdesarrollo”: “Quizás ningún texto supere en sagacidad y previsión al fundamental Nuestra América, donde para mostrar la realidad de nuestro ‘subdesarrollo’ se junta el análisis penetrante del científico al vuelo poético del creador de mitos” (Martí, 36).  7  es “Esquema de ‘Nuestra América’” (1982) de Cintio Vitier donde se clasifican los peligros que corre Hispanoamérica mas no se elaborará mucho respecto al constante uso de figuras retóricas:  The first internal danger, parochialism, is blind and inane in front of powerful countries, who are, in turn, blind to the small and the weak. Surpassing that spirit supposes self-conscientiousness, and a linkage with those who are in similar situations, in order to form a united cohort. The second internal danger leads to foreignism and treason. Its cause lies in the shame of our poverty and in the complex of belonging to non-"white" races. […] Shame is joined by individualistic arrogance, which brings those who have been uprooted to accuse their people of inferiority. (“About,” 21) Y el segundo, “Lectura de un ensayo: ‘Nuestra América’ de José Martí” (1989) de Julio Ramos que sigue la tendencia estructural-temática:  There is an external, an intermediate, and a profound structure in "Nuestra America”. The first one, of which the semantic notion of danger-as already pointed out-is determinant, implicates three parts: announcement of the danger (in the first two paragraphs), development of the theme (between the third and the tenth paragraphs), and its conclusion (in the last paragraphs, basically of recapitulation and prophetic conclusion); aphoristic endings to paragraphs are frequent in this external structure [...] As to the profound structure, it dwells in the opposition of symbols taken from vegetal and animal kingdoms that ‘resolve themselves in a great transcendent symbol’. For the author [...] 'the frightening symbol of the tiger is ... what constitutes the real motor of this essay by Marti' [...] Marti [...] has symbolized in his tiger, on one hand, not a country but a depredating system, call it colonialism, imperialism, neocolonialism, or any other word signifying exploitation and oppression of one country by another-such is "the tiger from outside"; and on the other hand, the local exploitation and oppression, no less abominable- "the tiger from inside." (22) Es decir tanto Retamar como Ramos y Vitier al hablar de la ‘forma’ de “Nuestra América” lo hacen en relación a la ‘estructura’ temática influenciados por la Oratoria y Retórica clásica: introducción del problema, desarrollo y conclusión. Sin deparar en el hecho de que las figura retóricas son en sí mismas formas que crean imágenes. Las aproximaciones en torno a la llamada ‘esencia’ ignoran un hecho fundamental de la 8  Metafísica, las ideas no existen por sí mismas sino en relación al lenguaje en el que están inscritas, y el lenguaje de “Nuestra América” es primordialmente un lenguaje poético, por lo que ignorar la poesía es ignorar precisamente la ‘esencia’.  Retamar al insistir en la lamentable vigencia de “Nuestra América” reduce una vez más el texto central de Martí a uno de sus temas, el imperialismo estadounidense: “[E]ste hecho me parece triste, pues implica, sobre todo, que el imperio contra el cual Martí se irguió con la honda de David, es hoy un Goliat bravucón y pendenciero […] el Leviatán contemporáneo, el ‘monstruo’ en cuyas ‘entrañas’ había vivido el cubano en tiempos que comparados con los actuales parecen dulce primavera” (Nuestra América: Cien años 797). Así se aprecia primero un proceso de selección temática al anteponer la amenaza del imperialismo estadounidense a otros presupuestos martianos como el autoconocimiento. La vigencia que Retamar observa no gira en torno a la permanencia de valores éticos universales, ni al legado estético-político martiano, sino al fracaso de las luchas políticas entre Cuba y los Estados Unidos, y el ascenso desmesurado de la potencia norteamericana dentro del orden mundial. La ‘vigencia’ que Retamar otorga a “Nuestra América” no es una transhistoricidad discursiva en sí misma generada por su naturaleza poética-simbólica. A lo mucho es una traducción y apropiación ideológica que sigue un proceso de sobreposición marxista-leninista sobre el discurso ético, lírico y político de Martí, para luego crear correspondencias con la China de Sun Yat-Sen, la URSS y finalmente la Cuba castrista. La transhistoricidad que analizamos es una liberación de la referencialidad histórica y geográfica mediante figuras retóricas y la creación de nuevas técnicas poéticas, como el constante uso de aforismos, símbolos, acumulaciones, entre muchos 9  otros. Contrario a la tendencia de Retamar6 proponemos que en “Nuestra América” no hay incompatibilidad entre esencia y forma, política y poesía, prosa y lírica, sino una síntesis acumulativa de las dichas supuestas dicotomías. Equilibrio guiado precisamente por un uso del lenguale depuradamente poético. Y para estos se requiere una aproximación que atienda no sólo los temas en “Nuestra América” sino el estudio formal de la naturaleza poética del texto martiano.  6  Las teorías de Retamar no serán del todo rechazadas o evitadas a lo largo del presente análisis. No intentamos negar los aportes analíticos de Retamar sobretodo en términos históricos, sino complementarlos con los estudios de la poética formal.  10  Capítulo I  Del lenguaje revolucionario a la revolución del lenguaje El presente apartado propone un análisis comparativo temático-lingüístico entre “Nuestra América”7 de José Martí (1891) y “La carta de Jamaica” de Simón Bolívar (1815). Partiendo de lo que Barthes en El grado cero de la escritura denomina escritura revolucionaria se analiza la forma en la que Bolívar se enmarca en dicho tipo de escritura para promulgar sus postulados políticos inmediatos y concretos. Por otro lado, Martí reacciona temática y lingüísticamente a los presupuestos bolivarianos mediante una escritura de depuradísima carga poética plagada de figuras retóricas. Así se espera ilustrar la forma en la que el lenguaje va evolucionando de lo revolucionario de Bolívar, a una revolución lingüística y estética de Martí. En otras palabras nos proponemos demostrar que el texto de Bolívar se encuadra en una escritura demarcada en un proyecto político encadenado a su referencialidad histórica y geográfica, mientras que “Nuestra América” intenta superar dichas barreras geo-históricas y promulgarse como un texto de carácter transhistórico.  La “Carta de Jamaica”8 a pesar de que su propio título la enmarcaría en la tradición epistolar, como García Monsivais nota “[e]s un texto que si bien es escrito en el vehículo de la carta, sin embargo descubre un fondo discursivo que lo coloca en el plano del ensayo” (60). Así sobre la controversia del género dicha autora argumenta:  7  Todas las citas de “Nuestra América” han sido tomadas de la edición de la Biblioteca Ayacucho (2005). “Simón Bolívar firma en 1815, y se publica –en inglés- por primera vez en 1818 en el Jamaican Quaterly and Literary Gazette. En español se publica años después, por primera vez en 1833, en el tomo XII de la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador de Francisco Javier Yánez y Cristóbal Mendoza” (García Monsivais 50). 8  11  En los once apartados que conforman el texto, se puede hablar de una estrategia retórica en que se revela una cierta dinámica intelectual que reproduce ciertas experiencias, tanto en el orden racional como en el orden vital. Es decir, aplicando lo dicho por Adorno (‘El ensayo como forma’, 1962) sobre el ensayo, ésta es una manera de reproducir un continuo develamiento de significaciones encapsuladas en los fenómenos y circunstancias. Al respecto, es particularmente relevante el individuo que se revela en el texto, sujeto a la contingencia de las circunstancias y la propia subjetividad, pero creándose, por así decir, en el quehacer objetivo de la lucha política de emancipación. (56) Asimismo este texto bolivariano es para Antonio Sacoto pieza fundamental del ensayo hispanoamericano (Sacoto Del ensayo 23), y además se encuadra en el tipo de escritura que Barthes en El grado cero de la escritura denomina revolucionaria: “[E]l ejercicio del lenguaje ligándose, como nunca había sucedido todavía en la Historia, con la Sangre vertida, mediante las formas mismas de la amplificación teatral [imponiendo] una consagración cívica de la Sangre (6). Es decir, para Barthes el lenguaje revolucionario parte de dos elementos. El primero es su referencialidad empírica entorno a los eventos revolucionarios de la Historia. Y el segundo, atiende al tono hiperbólico del manejo del elemento de la sangre como una manera de dramatizar dichos eventos. Sin embargo, tendríamos que precisar la categoría bartheana agregando que este tipo de escritura tiene que ser, en palabras de Jacobson, predominantemente referencial, de gran carga denotativa y contextual (353). Es decir, un lenguaje directo y expositivo antes que alegórico o estético; de otra forma géneros literarios que hiperbolizan la sangre como la Épica, o los Himnos pertenecerían a este tipo de escritura. Sin embargo, no es así principalmente por sus cualidades estéticas connotativas.  Desde el inicio de “La Carta de Jamaica” Bolívar establece explícitamente los objetivos de su texto responder: “a las solícitas demandas que V. me hace, sobre los objetos más importantes de la política americana” (3). Asimismo se comienza con una 12  escritura revolucionaria que gira en torno a la sangre histórica de la región hispanoamericana mediante un lenguaje directamente expositivo: “tres siglos ha […] que empezaron las barbaridades que los españoles cometieron en el grande hemisferio de Colón” (130). Destaca sobretodo la forma de teatralizar los acontecimientos históricos mediante los usos hiperbólicos del tiempo “tres siglos”, de los hechos “barbaridades”, y el espacio “el grande hemisferio de Colón”. Para luego referir al discurso (que en sí mismo es hiperbólico-histórico) de Fray Bartolomé de Las Casas: “que con tanto fervor y firmeza denunció ante su gobierno y contemporáneos los actos más horrorosos de un frenesí sanguinario” (130). Al respecto del discurso lascasiano y la propagación de la leyenda negra Roberto Fernández Retamar en Algunos usos de civilización y barbarie retomando a Alejandro Lip-Schütz dice:  [T]al leyenda negra es ingenua; y peor que eso, es maliciosa propaganda. Es ingenua, porque los conquistadores y primeros pobladores no son exponentes de la cultura moral del pueblo español; y es maliciosa propaganda, porque en forma igualmente tremenda se han realizado, y todavía están realizándose, todas las conquistas de tipo señorial. (147) Así vemos que la teatralización hiperbólica lascasiana-bolivariana surge de dos puntos principalmente: 1). La particularización de la Conquista como un suceso único en la Historia. 2). La adjudicación de la conducta de unos cuantos conquistadores a todo el pueblo español a lo largo de tres siglos. Es decir, dicho discurso hiperbólico es extendido por tres siglos a lo largo de todo un hemisferio generando un efecto de tramoya histórica.  Después del discurso de la sangre del pasado histórico Bolívar salta a la sangre de su presente, específicamente la acaecida en Venezuela por “sus tiranos”:  13  Los más de los hombres han perecido por no ser esclavos, y los que viven combaten con furor en los campos y en los pueblos internos hasta expirar o arrojar al mar a los que, insaciables de sangre y de crímenes, rivalizan con los primeros monstruos que hicieron desaparecer de la América a su raza primitiva9. (131) El sentido de hiperbolización dramática se observa al exponer que la mayoría de los venezolanos han muerto en una especie de gesta épica que responde a un determinismo histórico que oscila entre muerte o esclavitud. Y el resto de los combativos también están determinados por este furor que sólo permite el triunfo o la muerte. Nótese además que “la monstruosidad” es en sí misma una forma alegórico-hiperbólica del enemigo mediante la desfiguración y la exageración.  Posteriormente continúa con un inventario de muerte y sangre a lo largo de Hispanoamérica. Véase por ejemplo lo que dice de Nueva España:  Allí la lucha se mantiene a fuerza de sacrificios humanos y de todas especies, pues nada ahorran los españoles con tal que logren someter a los que han tenido la desgracia de nacer en este suelo, que parece destinado a empaparse con la sangre de sus hijos. (132) Bolívar retomando a Rayal continúa con el discurso de la sangre; pero ahora la sangre será española: “llegó el tiempo, en fin, de pagar a los españoles suplicios con suplicios y de ahogar a esa raza10 de exterminadores en su sangre o en el mar” (132).  Barthes destaca como propio de la escritura revolucionaria la amplificación teatral. Además explica que “la verdad, por la sangre que cuesta, se hace tan pesada que  9  La supuesta desaparición de las civilizaciones autóctonas americanas a manos de los españoles delata que en el proyecto bolivariano no incluye de ninguna manera a las poblaciones ‘indígenas’. A diferencia del proyecto martiano del ‘hombre natural’ que no se elabora partiendo de una supuesta ‘raza’, sino de una ética. Concepto que se desarrollará en el capítulo segundo. 10 Nótese la insistencia en el discurso de “raza” de Bolívar que asume la españolidad como una raza y no como una nacionalidad.  14  requiere, para ser expresada, las formas mismas de la amplificación teatral […] Lo que hoy parece exageración era entonces la medida de la realidad” (6). En el caso de Bolívar dicha exageración y teatralización de la sangre deviene en la hiperbolización del sentimiento de rechazo español. En otras palabras, en un odio trágico e incendiario, véase las siguientes citas: “Más grande es el odio que nos ha inspirado la Península que el mar que nos separa de ella” (130); “la muerte, el deshonor, cuanto es nocivo, os amenaza y tememos; todo lo sufrimos de esa desnaturalizada madrastra” (130); “Por lo tanto la América combate con despecho; y rara vez la desesperación no ha arrastrado tras sí la victoria” (130); “A pesar de todo, los mexicanos serán libres, porque han abrazado el partido de la patria, con la resolución de vengar a sus pasados, o seguirlos al sepulcro” (132). Como vemos, el odio que en sí mismo es la hiperbolización de la aversión está siempre acompañado de espacios descomunales como el mar, deformidades (desnaturalizada madrastra) y otros sentimientos hiperbólicos e irracionales como la desesperación y la venganza.  Así vemos que el discurso bolivariano es sobretodo un texto revolucionariopolítico por su uso de la sangre, la teatralización hiperbólica del odio, pero principalmente por su lenguaje referencial directo que se limita a documentar un momento preciso en la historia de Hispanoamérica, las luchas independentistas. A pesar de que podemos encontrar en “La carta de Jamaica” tres momentos en los que Bolívar utiliza figuras retóricas, éstas son mínimas, y de suma simpleza.  Así destaca por ejemplo el uso del epíteto bolivariano: “Y la Europa civilizada* comerciante y amante de la libertad, permite que una vieja serpiente, por sólo satisfacer 15  su saña envenenada, devore la más bella parte de nuestro globo” (132). Así “vieja serpiente” es el epíteto que refiere a España, seguida por dos metáforas muertas por pertenecer al habla popular “saña envenenada” y el uso metafórico de devorar. Más adelante Bolívar utiliza nuevamente el epíteto pero ahora de forma más directa cito: “Cuando las águilas francesas sólo respetaron los muros de la ciudad de Cádiz, y con su vuelo arrollaron a los frágiles gobiernos de la Península, entonces quedamos en la orfandad” (138). Dichos epítetos no tiene gran carga simbólica por estar tan directamente relacionado con su referente, Francia.  El otro de los recursos poéticos que Bolívar utiliza es la comparaciónmitologismo: “¿Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado, se lance a la esfera de la libertad, sin que, como a Ícaro, se le deshagan las alas y recaiga en el abismo? Tal prodigio es inconcebible, nunca visto” (140). Al utilizar el adverbio ‘como’ introduce el sentido de comparación, y por tratarse de una figura mitológica a su vez es un mitologismo. La figura de Ícaro representa por antonomasia la transgresión de los propios límites humanos y la destrucción, sentido con el que Bolívar trata las pretensiones de libertad de los nuevos pueblos hispanoamericanos, por lo que la carga simbólica se encuentra sumamente limitada. Fuera de estos tres lacónicos pasajes no hay otros recursos poéticos formales. Así vemos que el texto bolivariano a pesar de que sí utiliza algunos recursos poéticos, éstos son tan escasos y simples que no representan ningún punto esencial de “La carta de Jamaica”. Más aún, podrían eliminarse sin afectar el tono, el tema o el sentido total o parcial del texto.  16  De los tres elementos que hemos establecido como primordiales para la escritura revolucionaria, “Nuestra América” de Martí contiene los tres. Sin embargo, y contrariamente opuesta a “La carta de Jamaica”, el lenguaje referencial directo así como la referencialidad empírico-histórica de la independencia cubana son mínimas en comparación con la abundancia y complejidad de las figuras retóricas. Siguiendo la línea de análisis del texto bolivariano comenzaremos destacando el discurso de la sangre, luego la teatralización simbólica (el odio) y finalmente la comparación entre el lenguaje referencial y el poético para destacar que del lenguaje revolucionario de Bolívar se pasará a la estética revolucionaria de Martí.  Al igual que Bolívar desde los primeros párrafos de “Nuestra América” Martí comienza con un discurso de reprobación de la sangre derramada. Sin embargo, a diferencia de éste, que comienza castigando la crueldad española por la sangre vertida de los pueblos autóctonos, hecho que ya apunta a señalar al enemigo principal en el discurso bolivariano, España, Martí comienza reprobando el derramamiento de la sangre entre los propios hispanoamericanos, lo que también señala al principal enemigo de Hispanoamérica en el discurso martiano, los “malos hispanoamericanos” herederos de una tradición criminal11:  11  Las críticas de Martí hacia Bolívar comienzan desde mucho antes. Recordemos que hacia noviembre de 1889 en el primer encuentro de delegados latinoamericanos al Congreso Panamericano Martí como Enrico Mario Santiní en “’Nuestra América’ y la crisis del latinoamericanismo” señala: “En medio del discurso a medida que Martí va describiendo la vida de Heredia en México, decide aludir al anterior Congreso de Panamá de 1826, otrora convocado por Simón Bolívar, en el que se decidió, entre otras cosas, que el movimiento de independencia continental no podía llegar a la isla de Cuba: ‘Por su patria había querido él, y por la patria mayor de nuestra América, que las repúblicas libres echaran los brazos al único pueblo de la familia emancipada que besaba aún los pies del dueño enfurecido. ¡Vaya, decía, la América libre a rescatar la isla que la naturaleza le puso pórtico y guarda! Ya ponía Bolívar el pie en el estribo cuando un hombre que hablaba inglés, y que venía del Norte con papeles de gobierno, le asió el caballo de la brida, y le habló  17  Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. (31) Además de re-focalizar al ‘enemigo’, Martí también opta por re-focalizar el tipo de lenguaje utilizado. Es decir, prefiere un lenguaje investido en la figuras retóricas que uno directo y referencial como en el caso de Bolívar. Así por ejemplo, veamos que el primer momento de la utilización del elemento sangre, que rápidamente apuntaría hacia un discurso revolucionario según Barthes, es precisamente donde se intensifica la riqueza poética. Detengámonos en el uso del lenguaje de Martí destacando principalmente las acumulaciones, el multisensorialismo (entendido como las mezclas sensoriales) y las antítesis.  Lo primero que destaca es la antítesis entre el sable y la sangre. El sable como un arma artificial, rígida, fría, de brillo metálico y mortal; la sangre como la savia natural que fluye cálida, de brillo bermejo y vital. Así vemos que esta primera antítesis martiana acumula y contrapone la vida y la muerte, lo natural y lo artificial, lo criminal (el fratricidio) y lo ético (la devolución de las tierras). A dicho recurso martiano de enorme carga poética denominaremos acumulaciones antitéticas multisensoriales. Asimismo nótese la marcadísima aliteración en /s/ creada por cercenaron, sable, sangre y sus que refuerza el sentido estético. Además encontramos un movimiento doble en dicho pasaje. Una mutilación interna, pues dicho sable se ha teñido “en la sangre de sus mismas venas” y a la vez alude a una mutilación de “la tierra del hermano vencido”, que implica un movimiento externo. Nótese que la acumulación antitética multisensorial se enmarca así: Yo soy libre, tú eres libre; pero ese pueblo que ha de ser mío, porque lo quiero para mí, no puede ser libre” (23).  18  entre dos elementos referenciales que se encargan de reforzar el sentido poético. Si eliminamos dicho recurso el mensaje continúa, sólo que de una manera más referencial:  Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, [*] la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano12. Además incluso eliminando la acumulación antitética multisensorial, aún encontramos otro recurso poético, la redundancia. Definida por Beristáin como “el excedente de los signos en relación con el número de signos estrictamente necesario para producir la información” (415). La redundancia es generada por el vocablo “hermano” como una forma de reafirmar precisamente la importancia de la fraternidad entre naciones. Nuevamente si eliminamos dicho recurso el mensaje referencial continúa  Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, [*] la tierra del hermano vencido [*] y castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras [*]. Lo cual implica que Martí ha optado por dos registros lingüísticos que se complementan y enriquecen: el referencial y el poético. A diferencia de Bolívar que opta por una crudeza lingüística para denunciar una crudeza histórica (el genocidio español); Martí matiza el dramatismo socio-histórico mediante los recursos de figuras retóricas para denunciar principalmente la falta de unión entre los hispanoamericanos.  Ya hemos visto que la teatralización hiperbólica de Bolívar se concentra principalmente en un discurso de odio. Sin embargo, y una vez más, Martí reacciona ante el odio bolivariano semántica y lingüísticamente, para luego proponer una nueva 12  Véase que al eliminar la acumulación antitética multisensorial, el discurso martiano adquiere un marcado tono bolivariano.  19  teatralización en torno al amor, la libertad (autonomía) y la creación, como valores que traspasan las fronteras geográficas y temporales de Hispanoamérica y el siglo XIX. En varios momentos de “Nuestra América” Martí explícitamente reacciona ante el discurso del odio con un lenguaje más directo cito: “Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice la verdad” (38); “No hay odio de razas, porque no hay razas” (38); “Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas” (39). Nótese que aún y cuando Martí utiliza un lenguaje más referencial, aún introduce figuras retóricas, pues dichas oraciones por encerrar una idea completa, desligada de un referente concreto, de una manera concisa son en realidad aforismos morales también llamados máximas. Los aforismos son definidos por Helena Beristáin como “[b]reves sentencias aleccionadoras que se proponen como una regla formulada con claridad, precisión y concisión” (34).  En otras ocasiones reacciona mediante el recurso de las acumulaciones antitéticas multisensoriales:  Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil, de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa o inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. (36) Una vez más, el recurso martiano está encuadrado entre dos elementos referenciales, que refuerzan el sentido poético: Se probó el odio, y los países venían cada año a menos. Cansados del odio inútil, [*] se empieza, como sin saberlo, a probar el amor. En este pasaje encontramos una serie de antítesis: libro-lanza/razón-cirial/ciudad-campo/castas urbanas-nación natural que en sí mismas representan elementos divididos por el odio y 20  acumulados armónicamente por el amor. El amor martiano se encarga de armonizar todos los elementos histórico-sociales en discordia, lo cual en sí mismo representa una hiperbólica idealización del amor y sus alcances políticos.  Martí reacciona ante el discurso del odio bolivariano y ante el propio Bolívar nuevamente de manera semántica y lingüística en el párrafo séptimo: “Con los hábitos monárquicos, y el Sol por pecho, se echaron a levantar pueblos los venezolanos por el norte y los argentinos por el Sur. Cuando los dos héroes chocaron, y el continente iba a temblar, uno, que no fue el menos grande, volvió riendas” (34). Martí siguiendo con las estructuras antitéticas divide las luchas independentistas en dos polos el norte y el sur; así como en dos personajes Bolívar y José de San Martín. Destaca además la anfibología “hábitos” que puede referir tanto a las vestimentas como a los modos de proceder, por lo que Martí se ha encargado de reafirmar doblemente los intereses monárquicos de Bolívar y de San Martín dibujándoles externa e internamente cual monarcas.  Posteriormente Martí critica la teatralización bolivariana de la guerra mediante una serie de aforismos antitéticos: “…el heroísmo en la paz es más escaso, porque es menos glorioso que el de la guerra” (34). Para continuar su ataque de dicha hiperbolización de la sangre y la muerte épica: “…al hombre le es más fácil morir con honra que pensar con orden” (35); y termina cuestionando el rumbo político de Hispanoamérica después de la épica bolivariana: “como gobernar con los sentimientos exaltados y unánimes es más hacedero que dirigir, después de la pelea, los pensamientos diversos, arrogantes, exóticos o ambiciosos” (35). Así observamos que Martí utilizando  21  recursos poéticos formales ataca directamente la teatralización sanguinaria de la épica bolivariana.  Sin embargo, Martí a su vez también teatraliza idealizando los procesos de liberación hispanoamericanas. Así cuando habla de la independencia de México notamos un tono providencialista basado en la idealización de la libertad exaltada:  Con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pinto de indio y criollo, venimos, denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad. Un cura, unos cuantos tenientes y una mujer alzan en México la República, en hombros de los indios. (34) Una vez más Martí opta por una serie de recursos poéticos para estetizar su discurso de la libertad. Destacan sobretodo la corporización de las naciones hispanoamericanas, como una manera de humanizar los procesos político-históricos mediante el uso de las sinécdoques: pies (las bases del pensamiento hispanoamericano) el rosario (sinécdoque del Catolicismo), la cabeza blanca (alusión de las ideologías monárquica o a Miguel Hidalgo) y el cuerpo pinto (la población mestiza)13. Así mismo, alude a los líderes del movimiento independentista mexicano: Hidalgo, Allende, Morelos y Josefa Ortiz de Domínguez, principalmente.  Discurso que choca rotundamente con el tratamiento bolivariano del mismo suceso histórico:  Felizmente, los directores de la independencia de México se han aprovechado del fanatismo con el mejor acierto, proclamando a la famosa* virgen de Guadalupe por reina de los patriotas, invocándola en todos los casos arduos y llevándola en 13  Nótese el tono Romántico idealizado de la Independencia mexicana que plásticamente recuerda a La Libertad guiando al pueblo de Eugène Delacroix 1830.  22  sus banderas. Con esto, el entusiasmo político ha formado una mezcla con la religión que ha producido un fervor vehemente por la sagrada causa de la libertad. (24) Así podemos observar la rotunda diferencia entre los usos del lenguaje de Martí que siempre tiende a al uso de recursos poéticos a diferencia del de Bolívar, más factual y directo. En el discurso bolivariano destaca el sentido manipulativo y el fanatismo como elementos claves de la “sagrada causa de la libertad”, expuestos literalmente en su discurso a diferencia de la libertad poético-providencialista martiana.  El elemento semántico en el que coinciden de forma más evidente Martí y Bolívar es en la proclamación de la unión como una de las necesidades absolutas de los pueblos hispanoamericanos. Sin embargo, una vez más sus lenguajes son rotundamente distintos. Así encontramos los postulados bolivarianos: “¿[N]o es la unión todo lo que se necesita para ponerlos en estado de expulsar a los españoles, sus tropas, y los partidarios de la corrompida España, para hacerlos capaces de establecer un imperio poderosos, con un gobierno libre, y leyes benévolas?” (22); “Seguramente la unión es lo que nos falta para completar la obra de nuestra regeneración” (23); “Yo diré a V. lo que puede ponernos en aptitud de expulsar a los españoles, y de fundar un gobierno libre. Es la unión, ciertamente; mas esa unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos” (23). Como podemos observar parece que el concepto de unión bolivariano gira en torno a una estrategia política para lograr un propósito inmediato: la independencia de España, y precisamente por su referencialidad histórica es que dicho concepto está condenado a caducar lograda dicha independencia. A pesar de que él mismo intenta expandir esta unión a niveles más ético-universales (“Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo, 23  menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria”) (16), su discurso es primordialmente revolucionario y referencial al encausar la unión a un fin preciso, por lo que su concepto de unión también será principalmente político.  Sin embargo, el concepto martiano de unión tiene ambos registros lingüísticos, el referencial revolucionario así como el ético-poético. A pesar de que el concepto de unión se vislumbra desde el título, que como María Cecilia Sánchez G. apunta “con el empleo del posesivo ‘nuestra’, su discurso intentó suprimir la consabida dicotomía que había opuesto de modo violento civilización y barbarie, contraposición tan característica del ejercicio del letrado liberal de la primera mitad del siglo XIX” (106). Es específicamente en el párrafo segundo donde se hace explícito: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”. Destaca la aparente referencialidad lingüística de Martí que una vez  más utiliza los aforismos para  universalizar las luchas hispanoamericanas. Al sustituir los elementos referenciales directos (Hispanoamérica y las luchas independentistas) por referentes más generales como pueblos en lucha, es que traspasa los límites geográficos y temporales para referir a cualquier pueblo en disputa. Martí también juega con la ambigüedad del aforismo pues por un lado puede sugerir en el plano referencial-histórico que los pueblos vecinos hispanoamericanos se tienen que conocer unos a otros pues han de pelear juntos contra un enemigo en común. Sin embargo, a su vez también sugiere que los pueblos han de conocerse a sí mismos como lo soldados de un mismo ejército que han de pelear juntos. Por lo que el aforismo incluye el conocimiento de los otros y el propio, así como las luchas confederadas como las individuales.  24  Continuando en el párrafo segundo ahora el concepto de unión se enviste en una gran variedad de recursos retóricos: “¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en el cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes” (31). Lo primero que destaca es el uso de uno de los símbolos más importantes del ensayo, el árbol que junto con el tigre, representan dos polos ideológicos de “Nuestra América” y por lo mismo se estudiarán a detalle en el capítulo tercero. Por el momento destaquemos la enorme carga antitética generada entre “los árboles”, símbolo del “hombre natural” martiano, la autonomía y el espíritu creador; y “el gigante de las siete leguas” que a primera instancia recuerda al personaje del ogro del cuento de Perrault Pulgarcito (1697) quien calzaba las botas de las siete leguas y se distinguía por ser “el más cruel de los ogros quien, lejos de sentir piedad, los devoraba ya con los ojos y decía a su mujer que se convertirían en sabrosos bocados” (Perrault 3). Sobre el “gigante” martiano María Cecilia Sánchez agrega que:  La agresión que encarnó la reactualización de la doctrina Monroe es caracterizada en Nuestra América por personajes que llevan “siete leguas en las botas”, en alusión al conocido cuento infantil “Pulgarcito”; personaje pequeño que se enfrenta con gigantes de caminar largo y rápido. Las simbolizaciones que aparecen en Nuestra América expresan la catarsis poética de Martí, cuya elaboración responde a la amenaza de una fuerza desproporcionada que Estados Unidos empieza a representar para los países más pequeños. (107) Recordemos además que el ogro de Perrault era leñador, hecho que reafirma la antítesis entre los árboles hispanoamericanos y en palabras de Paul Estrade el “imperialismo norteamericano” (651). El ogro del imperialismo histórico nos remite visualmente al titanismo que como Miguel Gómez puntualiza “Los titanes griegos eran conocidos por su orgullo ilimitado (hubris) y su violencia. El titanismo es humanismo enloquecido, 25  antropocentrismo y antropomorfismo llevado a sus extremos” (Gómez 111). Además destaca la contraposición entre lo natural de los árboles y lo sobrenatural del ogro, entre otras. Es ilustrativa la anfibología producida por “el recuento” que alude tanto a volver a contar el triunfo de Pulgarcito ante el ogro, y a su vez la necesidad el contabilizar a los árboles listos para la lucha “de la marcha unida”. Para finalizar con una comparación “y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. Dicha comparación se encarga de contrarrestar la figura del ogro con la personificación de los Andes que se yergue como una especie de árbol titánico inamovible que encarna cualidades éticas positivas.  Martí y Bolívar difieren rotundamente en estos dos textos en lo relativo a los sistemas políticos que se han de implantar en Hispanoamérica y a los lenguajes que se han de utilizar para ello. Sin embargo, Rafael Rojas en su artículo “Lecturas filiales de José Martí” (2004), al comparar “Nuestra América” con el “Discurso ante el Congreso de Angostura” (1819) de Bolívar afirma:  La deuda del Martí de “Nuestra América” con el republicanismo bolivariano, como se sabe, fue vastísima. En aquel texto enigmático y, a la vez, transparente […] reaparecían muchos de los temas desarrollados por Bolívar en el “Discurso ante el Congreso de Angostura”: la idea de que la “forma de gobierno” debe adaptarse a la constitución natural e histórica del país, el rechazo de la política libresca, teórica, basada únicamente en autoridades del pensamiento oficial… (3031) Pero la afirmación de Rojas14 parece tener pocos argumentos al contrastar los escasísimos momentos en los que Bolívar paradójicamente expone la necesidad de la creación de un  14  Rojas no elabora en lo referente a los usos específicos del lenguaje de Martí y Bolívar, por lo que no nos detendremos en dicho aspecto, para centrar nuestra atención en lo meramente temático.  26  modelo político propio al referirse precisamente a El Espíritu de las Leyes (1748) de Montesquieu:  ¿No dice El Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? ¿que es una gran casualidad que las de una nación puedan convenir a otra? ¿que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima, a la calidad del terreno, a su situación, a su extensión, al género de vida de los pueblos; referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el Código que debíamos consultar, y no el de Washington! (152) En resumen el texto de Montesquieu es una defensa del modelo político inglés, lo mismo que el “Discurso ante el Congreso de Angostura”. Después de extensísimos párrafos laudatorios (que ocuparían varias páginas reproducir en el presente estudio) a Esparta, Roma, Francia e Inglaterra, Bolívar abiertamente propone el modelo político de Inglaterra como el modelo a seguir: “Así, pues, os recomiendo, Representantes, el estudio de la constitución Británica que es la que parece destinada a operar el mayor bien posible a los pueblos que la adoptan; pero por perfecta que sea, estoy muy lejos de proponeros su imitación servil” (157). Sin embargo, y pese a la advertencia de la no imitación servilsita Bolívar continúa con la defensa de dicho modelo para proponer un Senado hereditario: “Yo os recomiendo esta Constitución como la más digna de servir de modelo a cuantos aspiran al goce de los derechos del hombre y a toda la felicidad política que es compatible con nuestra frágil naturaleza” (157); “En nada alteraríamos nuestras leyes fundamentales, si adoptásemos un Poder Legislativo semejante al Parlamento Británico” (157); “Si el Senado en lugar de ser efectivo fuese hereditario, sería en mi concepto la base, el lazo, el alma de nuestra República” (158); “Los Senadores en Roma, y los Lores en Londres han sido las columnas más firmes sobre las que se ha fundado el edificio de la  27  libertad política y civil” (158). Asimismo propone abiertamente la copia del modelo británico en lo relativo al poder Ejecutivo:  Por más que se examine la naturaleza del Poder Ejecutivo en Inglaterra, no se puede hallar nada que no incline a juzgar que es el más perfecto modelo, sea para un reino, sea para una aristocracia, sea para una democracia. Aplíquese a Venezuela este Poder Ejecutivo en la persona de un Presidente, nombrado por el pueblo o por sus representantes, y habremos dado un gran paso hacia la felicidad nacional. (160) En resumen, tanto en “La Carta de Jamaica” como en “El Discurso ante el Congreso de Angostura” Bolívar difiere rotundamente de los postulados martiano.  Regresado a “La Carta de Jamaica” Bolívar opta por la imitación de los modelos europeos con mínimas modificaciones. Así lo podemos observar cuando propone directamente la imitación del modelo inglés para el gobierno de la naciente Colombia:  Su gobierno podrá imitar al inglés; con la diferencia de que en lugar de un rey habrá un poder ejecutivo electivo, cuando más vitalicio, y jamás hereditario, que en las tempestades políticas se interponga entre las olas populares y los rayos del gobierno, y un cuerpo legislativo de libre elección, sin otras restricciones que las de la Cámara Baja de Inglaterra. (20) Abiertamente Bolívar propone imitar al gobierno de Inglaterra15 con pequeños cambios, pero en esencia es un gobierno inglés. Así en lugar de monarca Colombia tendría un presidente vitalicio. Sin embargo Bolívar no aclara si este presidente vitalicio sería electo de manera popular y democrática o impuesto por un senado. Nótese además el lenguaje  15  Además de la imitación del gobierno Inglés Bolívar también propone la imitación de los sistemas populares de Norte América: “En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina” (16).  28  directo y exacto propio de las constituciones y tratados legislativos. Como Beatriz González-Stephan analiza, en la época independentista bolivariana los modelos políticos se importaron “dado el prestigio de los países modélicos del progreso y de la civilización moderna. [Éstos] fueron adoptados más como fórmula mágica que como forma propia. No fue la expresión real y orgánica de un proceso de fuerzas de tipo interno que tendían a un desarrollo capitalista” (54).  Sin embargo, la imitación de los modelos políticos ingleses y norteamericanos no es lo único que Bolívar propone imitar. En el discurso bolivariano una vez obtenida la “madurez” política mediante la imitación, se tendrá que importar las artes y las ciencias:  Luego que seamos fuertes, bajo los auspicios de una nación liberal que nos preste su protección, se nos verá de acuerdo cultivar las virtudes y los talentos que conducen a la gloria: entonces seguiremos la marcha majestuosa hacia las grandes prosperidades a que está destinada la América Meridional*; entonces las ciencias y las artes que nacieron en Oriente y han ilustrado la Europa, volarán a Colombia libre que las convidará con un asilo. (24) El lenguaje que Bolívar utiliza nuevamente es expositivo y se establece claramente dos tipos de “auspicios”. Uno político mediante la protección “de una nación liberal”; y otro cultural al importar “las ciencias y las artes que nacieron en Oriente y han ilustrado a Europa” como una manera de encumbrar precisamente el proyecto político. Es decir la cultura (entendida como las artes y ciencias) son en el discurso bolivariano una consecuencia, o más aún, una estrategia política.  Ante dicha propuesta de imitación político-cultural, Martí responde tajantemente con la no imitación, el autoconocimiento y la creación político-cultural. En numerosas ocasiones reacciona ante la excesiva imitación del discurso independentista bolivariano y 29  lo hace de manera directa y expositiva: “La Colonia siguió viviendo en la República; y nuestra América se está salvando de sus grandes yerros […] de la importación excesiva de las ideas y fórmulas ajenas” (35); “El problema de la Independencia no era el cambio de formas, sin el cambio de espíritu” (35). Y después sigue elaborando sobre los problemas específicos de la imitación indiscriminada: “La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia” (32). Nótese que Martí usa un discurso directo y totalmente referencial como una manera de establecer clara y precisamente el problema histórico.  Al fallar la imitación de la Independencia, Martí ahora promulga la simbiosis natural entre gobierno y país nacida del autoconocimiento mediante el uso de los aforismos: “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país” (33). Nótese la diferencia entre el discurso anti-imitación que identifica histórica y referencialmente en la Independencia, sin embargo, Martí opta por el uso de los aforismos que se encargan de universalizar las estrategias correctivas del fallo independentista al no referir directamente a ningún momento histórico o geográfico específico como una manera de garantizar la vigencia de dichas soluciones.  Finalmente Martí propone la creación de sistemas políticos: “y el buen gobernante de América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe 30  con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo” (33); “éramos una máscara con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España” (36), (por ahora sólo nótese las sinécdoques que aluden a la vestimenta pues se desarrollatan en capítulos posteriores),  “Crear es la palabra de pase de esta  generación. El vino, de plátano y si sale agrio, ¡es nuestro vino!” (37). Así mismo también propone una independencia cultural mediante la creación original de un arte propio: “La poesía se corta la melena zorillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado. La prosa, centellante y cernida, va cargada de idea” (37).  Detengámonos rápidamente en el uso poético del multisensorialismo martiano al acumular el color “chaleco colorado”, el sonido y la temperatura “centellante” además del compromiso ético “cargada de idea”. Así como vemos, para Martí al igual que para Bolívar la cultura sigue el mismo proceso evolutivo de la política, pero a diferencia de la imitación de los modelos extranjeros, ahora se propone la creación de modelos propios. Sin embargo, a pesar de que las posturas y los tipos de lenguaje de éstos difieren rotundamente, ambos coinciden en que la cultura es una reafirmación de los sistemas políticos en turno.  Tanto Bolívar como Martí consideran que política y cultura tienen un desarrollo paralelo que ha de garantizar la unión hispanoamericana. Y ambos proponen justo al final de sus textos sendas figuras mesiánicas para dicho interés. Así Bolívar opta por una especie de héroe-gobierno mítico que representase las cualidades del dios Quetzalcoatl:  31  “Para que un solo gobierno dé vida, anime, ponga en acción todos los resortes de la prosperidad pública, corrija, ilustre y perfeccione el Nuevo Mundo, sería necesario que tuviese las facultades de un Dios, y cuando menos las luces y virtudes de todos los hombres”. (17) “Los americanos meridionales tienen una tradición que dice que cuando Quetralcohuatl, el Hermes o Budha de la América del Sur, resignó su administración y los abandonó, les prometió que volvería después que los siglos designados hubiesen pasado, y que él reestablecería su gobierno y renovaría su felicidad. (22) Nótese que el providencialismo de Bolívar gira en torno a ideas principalmente políticas, ese decir un gobierno y un sólo gobernante vitalicio (como se dijo anteriormente) que representase a todo naciente pueblo hispanoamericano. Destaca además la referencialidad de su lenguaje y su tono netamente expositivo.  Sin embargo, inmediatamente desecha su propuesta de manipulación de la figura del dios mesoamericano para sus fines políticos16:  Este personaje es apenas conocido del pueblo mexicano, y no ventajosamente; porque tal es la suerte de los vencidos aunque sean Dioses. Sólo los historiadores y los literatos se han ocupado cuidadosamente en investigar su origen, verdadera o falsa misión, sus profecías y el término de su carrera. (22) En otras palabras, Bolívar parece sugerir que el proyecto del gobierno de Quetzalcoatl no puede funcionar por el limitadísimo conocimiento de dicho personaje en Hispanoamérica, lo que por oposición tendría su contraparte de triunfo en una figura heroica bien conocida y publicitada en Hispanoamérica, es decir el mismo Bolívar.  Martí también propone una figura mesiánica, pero a diferencia de la bolivariana que tiende más a lo revolucionario mediante un lenguaje referencial, la martiana se 16  Recuérdese que en líneas anteriores de “La Carta de Jamaica” Bolívar elogia la manipulación del estandarte guadalupano en las guerras independentistas mexicanas.  32  inclinará más hacia lo espiritual mediante un lenguaje plagado de figuras retóricas: “del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva” (39). Lo primero que destaca es un hipérbaton por lo que se aleja del discurso referencial directo al complejizar la sintaxis. Si deshacemos dicho hipérbaton el mensaje se nos presenta más directamente, sin embargo, aún plagado de varias figuras retóricas: El Gran Semí sentado en el lomo del cóndor regó del Bravo [al] Magallanes la semilla de la América nueva por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar.  La imagen de El Gran Semí destaca por su enorme plasticidad teatral, que tanto en lo temático como en lo visual recuerda el recurso de la tragedia griega deus ex machina17. Dicho recurso se encarga de resolver el conflicto trágico mediante la abrupta intervención de una divinidad. El dios es el Semí taíno que alude principalmente a Cuba y a otras islas cariñenas, y la máquina o tramoya es el cóndor que remite a las regiones andinas. Dicho personaje vuela de la frontera norte de la Hispanoamérica martiana, delimitada por el Río Bravo, hasta la sur, el Estrecho de Magallanes, recorriendo las repúblicas nacidas en el fervor romántico del siglo XIX. Además este mecías espiritual  17  Recordemos que Aristóteles en su Poética ataca dicho recurso: “A partir de esto se advierte (para formular una digresión) que el desenlace también debe surgir (1454b) de la fábula misma, y no depender de un artificio de la escena, como en Medea, o en el episodio del embarque (detenido) de los griegos en la Ilíada. El artificio [deus ex machina] debe reservarse para problemas fuera del drama para acontecimientos pasados más allá del conocimiento humano, o sucesos aún por producirse, que requieren ser intuidos o anunciados, puesto (5) que es privilegio de los dioses conocer de antemano. Entre los incidentes reales nada debe ser inexplicable, y si lo fuera debe quedar excluido de la tragedia, como en Edipo de Sófocles” (1454b). Y de igual forma Horacio también sugiere evitar dicho recurso: “conducido en tramoya un Dios no venga que el final desenredo facilite, cuando el enredo un Dios no necesite” (30).  33  va sembrando árboles, es decir, ‘hombres naturales’ de norte a sur, lo que recuerda un poco a la trayectoria del texto mismo publicado primero en Nueva York, treinta días más tarde en México, y posteriormente en el resto de Hispanoamérica. En otras palabras, así como Bolívar se entroniza como el héroe épico-político de Hispanoamérica, Martí se auto-mitifica como el mecías espiritual hispanoamericano. Sin embargo, uno lo hace con un lenguaje directo y referencial, y el otro mediante una serie de símbolos que aluden en primera instancia a espacios geográficos hispanoamericanos, pero que a la vez se proyectan como símbolos que trascienden las fronteras hispanoamericanas.  Así como vemos tanto “La carta de Jamaica” como “Nuestra América” representan verdaderos manifiestos de la identidad hispanoamericana. Sin embargo, y a pesar de que encontramos grandes similitudes, las diferencias en torno al tratamiento de los mismos problemas son enormes. Pero sobre todo podemos observar una evolución discursiva radical en el uso del lenguaje. Del lenguaje bolivariano que se enmarca en lo que Barthes teoriza como lenguaje revolucionario o la hiperbólica teatralización referencial de la sangre férreamente circunscrito a sus circunstancialidades históricogeográficas, pasamos a la teatralización estética acumulativa y multisensorial de Martí que intenta trascender los límites de Hispanoamérica mediante un lenguaje poético propio. Es decir, una revolución estética como estrategia de autonomía, resistencia cultural y política.  34  Capítulo II  De Martí a Bello  José Martí y Andrés Bello, coinciden (con ciertas variantes) en “Nuestro ideal: la creación de la cultura americana” (1848) y “Nuestra América” (1891) en varios aspectos ideológicos. Entre éstos destaca principalmente la necesidad de independencia cultural y política de Hispanoamérica respecto a Europa, ya anunciada desde el título del ensayo de Bello y desarrollada a lo largo del de Martí. Sin embargo, difieren rotundamente en cuanto al estilo de escritura. El objetivo del presente apartado es destacar las similitudes y diferencias ideológicas de Martí y Bello a la luz de los recursos lingüísticos de ambos. El propósito es señalar de qué forma Martí en “Nuestra América” no sólo se nutre de las ideas de Andrés Bello, sino que precisamente su uso del lenguaje implica en sí mismo una superación política de los presupuestos de éste, pues no sólo propone la creación de una cultura americana, sino que precisamente la crea. Así la creación de un lenguaje y estética propia se encarga de reafirmar la trascendencia del texto martiano, lo que a su vez implica una estrategia política centrada en el autoconocimiento y la autonomía.  Como Graciela Montaldo nota, Bello se circunscribe “a un modelo de escritura neoclásicas en las que las últimas generaciones de letrados coloniales se han formado” (21). A diferencia de Martí que se encarga de plasmar sus presupuestos ideológicos mediante una estética novedosa y comprometida que posteriormente de denominará Modernismo o primer Modernismo. No queremos incurrir en anacronismos comparativos, se sobreentiende que Bello y Martí viven situaciones históricas muy distintas, por lo que sus escrituras así mismo responderán a estéticas diferentes pero a 35  presupuestos ideológicos parecido. Al respecto Montaldo nuevamente precisa  “los  estados hispanoamericanos aún no se han formado cuando Bello comienza a escribir bajo el régimen colonial, aunque su convicción de que ambos-Estado y cultura- deben formar una unidad” (22) orienta su labor intelectual y artística. Martí escribe posteriormente cuando las naciones hispanoamericanas se han formado (a excepción de Cuba), por lo que intenta mantener, como Enrico Mario Santí apunta “como parte de su retórica, un delicado equilibrio entre eficiencia política y conciencia histórica, y todo ello dedicado al beneficio de una posible eventual independencia de Cuba con la igualmente potencial ayuda (pero a la postre inexistente) del resto de las naciones latinoamericanas” (23). Así intentamos analizar de qué forma “Nuestra América” no sólo retoma presupuestos de Bello, sino que debido principalmente a las circunstancias históricas, Martí opta por una estrategia lingüística distinta. En otras palabras una estrategia política distinta.  La mejor definición de Modernismo la da el mismo Martí en su meta-poética en prosa “Mis versos” de su obra póstuma Versos Libres:  Estos son mis versos. Son como son. A nadie los pedí prestados […] así como cada hombre tiene su fisionomía, cada inspiración tiene su lenguaje. Amo las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante cono la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como una lengua de lava. El verso ha de ser como una espada reluciente, que deja a los espectadores la memoria de un guerrero que va camino al cielo, y al envainarla en el Sol, se rompe en alas. Tajos son éstos de mis propias entrañas-mis guerreros-. Ninguno me ha salido recalentado, artificioso, recompuesto, de la mente; sino como las lágrimas salen de los ojos y la sangre a borbotones de la herida […] Van escritos, no en tinta de academia, sino en mi propia sangre. (24) Así destacan de la estética martiana: 1).La autonomía y originalidad así como la innovación del lenguaje. Sobre la originalidad literaria como estrategia política del siglo  36  XIX en Hispanoamérica, González-Stephan en Fundaciones Canon, Historia y cultura nacional analiza: Cuando en el siglo XIX se produjo la ruptura política con España, a la América Hispana- ahora ‘independiente’- le quedó como herencia el tutelaje mental que había sufrido durante el período de la Colonia. Esta situación fue entendida como una deficiencia; y luego algunos pensadores notaron que aquella limitación debía ser superada mediante la emancipación mental, que hallaría su concreción en una originalidad literaria capaz de constituir el marco conceptual que orientaría a los países hacia la deseada libertad y el progreso social. (41) Es decir, la originalidad de la estética martiana no sólo responde a necesidades estéticas individualistas, sino también a estrategias políticas independentistas. 2).Las alusiones orgánicas del proceso creador poético mediante comparaciones de procesos corporales como el llanto y las hemorragias. 3).Las sensorialidades abigarradas: sonoridades, plasticidad, brillo, temperatura, texturas, etc. También denominadas multisensorialidades. 4).Recurrencia a la naturaleza. 5).Sentido antitético: véase por ejemplo las antítesis formadas por la musicalidad (“sonoridades difíciles”, vibrante como la porcelana) y la plasticidad (verso escultórico); lo aéreo y animal (volador como un ave) y lo terrestre e inanimado (arrollador como una lengua de lava”) además de las antítesis creadas entre lágrimas, sangre y tinta. Recurso ya denominado anteriormente acumulaciones antitéticas multisensoriales. 6).Ataque al academicismo estéril. 7).Compromiso social y político: “Van escritos, no en tinta de academia, sino en mi propia sangre”.  Bello al abordar el problema de la imitación excesiva de los modelos científicos e ideológicos europeos y el desconocimiento de la cultura propia se pregunta:  ¿Estaremos condenados todavía a repetir servilmente las lecciones de la ciencia europea, sin atrevernos a discutirlas, a ilustrarlas con aplicaciones locales, a darles 37  una estampa de nacionalidad? Si así lo hiciésemos, seríamos infelices al espíritu de esa misma ciencia europea, y la tributaríamos un culto supersticioso que ella misma condena. (96) A su vez propone la necesidad de adaptar el conocimiento extranjero a los elementos autóctonos de las repúblicas hispanoamericanas: “Así, los textos mismos de historia natural, es preciso-para que sirvan de enseñanza en Chile-que se modifiquen, y que la modificación se haga aquí mismo” (97). Como podemos notar Bello opta por un lenguaje directo y referencial que se limita a sus cualidades propositivas, más que a las factuales por sí mismas.  Martí a su vez critica la excesiva imitación y el desconocimiento de los elementos autóctonos en las cátedras hispanoamericanas:  ¿Cómo han de salir de las universidades los gobernantes, si no hay universidad en América donde se enseñe lo rudimentario del arte del gobierno, que es el análisis de los elementos peculiares de los pueblos de América? A adivinar salen los jóvenes al mundo, con antiparras yanquis o francesas, y aspiran a dirigir un pueblo que no conocen. (34) Sin embargo, en el caso de Martí podemos notar ya el uso de recursos poéticos que se encargan, en primera instancia, de estetizar y profundizar el sentido textual. Así por ejemplo, la alusión sinecdótica “antiparras yanquis o francesas” sugiere inmediatamente que las ideologías norteamericanas y francesas son una especie de gafas con las que se mira con ojos extranjeros la realidad de Hispanoamérica. La naturaleza de la sinécdoque martiana es mucho más compleja que la tradicionalmente utilizada por la poesía clásica, que como Beristáin explica es “la relación del todo y sus partes; […] por medio de lo general expresa lo particular; por medio del todo la parte; por medio de lo más lo menos;  38  por medio del género la especie; por medio de lo amplio lo reducido; […] obra-materia… (465).  En el fragmento seleccionado la parte “las antiparras” alude al todo, la visión; que precisamente por el hecho de ser un objeto artificial que suple las funciones del ojo viene a representar cualidades no naturales del individuo y denota el sentido de artificialidad en oposición a lo natural. Dicha visión es a su vez es una sinécdoque al representar una parte, la visión como uno de los sentidos por los cuales se percibe el todo, es decir la realidad. Y si recordamos, como Sacoto apunta en Del ensayo hispanoamericano del siglo XIX “[s]on los años de 1889 al 91 en los que se fermenta la revolución cubana” (126) frente a España. Por lo que “yanquis o francesas” también vendría a representar otra especie de sinécdoque del lugar por el evento, es decir, Francia por la Revolución Francesa (1789-1799) y Los Estados Unidos por la Guerra de Independencia, ambos eventos  de  gran  importancia  histórico-ideológica  para  los  intelectuales  hispanoamericanos independentistas del siglo XIX. Así como vemos en unas cuantas líneas Martí sintetiza gracias a los recursos poéticos una gran profusión de significados pero sobretodo una postura política que propone una férrea autonomía ideológica. Además es de sumo alcance política la innovación poética pues Martí no sólo aporta nuevos usos de las figuras retóricas a la literatura hispanoamericana sino a la Poética universal.  La creación estética de Martí y sus innovaciones estilísticas tienen gran repercusión política pues reafirman precisamente la independencia del proyecto martiano lingüísticamente. Martí critica la imitación política francesa y norteamericana pero lo 39  hace mediante una estética netamente hispanoamericana, mediante recursos poéticos propios. Hecho que se encarga de solidificar un movimiento de independencia propio, una autonomía política mediante la autonomía lingüística y a la vez intenta legitimizar su lugar en la literatura universal. Es decir, en lo ideológico Bello y Martí coinciden a grandes rasgos, sin embargo, el discurso de Bello es un discurso directo, libre de grandes recursos estilísticos y exento de figuras retóricas con una gran carga propositiva. El de Martí está plagado de recursos poéticos novedosos que se encargan no sólo de enriquecer estilísticamente a “Nuestra América” sino que a su vez reafirman políticamente una autonomía respecto a Europa y Los Estados Unidos mediante la creación de una estética diferente. Dichos recursos se estudiarán detalladamente en el capítulo tercero.  Así como Bello, Martí también propone la adaptación e integración de los recursos ideológicos extranjeros defendiendo siempre la autonomía local: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas” (34). Sin embargo, Martí ha optado por la utilización de un símbolo, el árbol, que complejiza al aludirlo mediante una sinécdoque, el tronco, precedido por el injerto y la síntesis microdimensinal (‘repúblicas’) y la macrodimensional (‘mundo’). Además destaca el sentido antitético entre el injerto que alude un elemento pequeño, inferior al organismo receptor pero que a su vez es ‘el mundo’, como una forma de minimizar la necesidad ideológica extranjera y de defender la adaptación y la autonomía.  En “Nuestro ideal…” Bello insiste en el estudio autónomo y regional de la Historia Natural como uno de los principales objetivos de la universidad en Chile. Así al hablar del método de dicha disciplina explica: “…es casi pura observación, aún para 40  adquirir las primeras nociones, se trata de ver, no las especies de que nos hablan los textos europeos, sino las especies chilenas, el árbol que crece en nuestros bosques, la flor que se desenvuelve en nuestros valles y laderas…” (97). Para Bello la independencia de la ciencia hispanoamericana representa a su vez una independencia política, y los presupuestos metodológicos de la Historia Natural serán a su vez los presupuestos metodológicos sociales y artísticos: “Yo pudiera extender mucho más estas consideraciones, y darles nueva fuerza aplicándolas a la política, al hombre moral, a la poesía y a todo género de composición literaria” (98). Así la insistencia en la necesidad del estudio de los elementos autóctonos de Bello habrá de devenir en la idea de hombre natural de Martí y la enorme carga orgánica de “Nuestra América”. A lo largo de todo el texto martiano destacan las alusiones orgánicas, pues Martí se nutre de la terminología de las Ciencias Naturales para sus presupuestos sociales, tal y como Bello lo había sugerido. Así encontramos con insistencia las alusiones a la Naturaleza, la tierra, las selvas, los árboles así como sus partes: hojas, copas, troncos y raíces. Fenómenos naturales, tempestades y truenos. Elementos orográficos, los Andes; y fluviales, el Bravo. La incorporación de elementos autóctonos, como en el caso de los paisajes representó, en palabras de Gonzáles-Stephan una “reacción a la modernización extranjerizante” (75). Martí también incluye procesos biológicos como la nutrición, fecundación y nacimiento. Asimismo se encarga de envolver con alusiones orgánicas a la historia de Hispanoamérica. La sugerencia del estudio de los incas se coloca justo después de su teorización del hombre natural del párrafo quinto, y en contraposición de “los arcontes de Grecia”, es decir las políticas extranjeras euronormativas. Martí naturaliza el estudio  41  regional de la historia hispanoamericana. En el párrafo séptimo prosigue con los procesos independentistas de México y de Sudamérica. Procesos que él mismo critica (ya estudiados en el capítulo primero) y que se pueden resumir con su aforismo final de dicho párrafo: “El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu” (35). En otras palabras, del estudio de los elementos naturales, se pasa al estudio de los procesos históricos regionales para señalar precisamente de qué forma éstos se han gestado a la sombra de políticas y procesos históricos no hispanoamericanos. Su insistencia en el estudio indisoluble de la historia natural y la historia social responde a dos discursos de la época. El primero como reacción a la tendencia ideológica von humboldtiana, que en palabras de Gonzáles-Stephan, pretendía “presentar las zonas equinocciales como naturaleza desbordante y primigenia y sin huella humana” (129) y por lo tanto sin Historia. Y en segunda instancia, la necesidad del estudio histórico como una estrategia de descolonización. Martí antes que quedar atrapado en la aparente dicotomía entre Historia Natural y Social, sobrepasa dicha perspectiva antitética mediante sus postulados estéticos, principalmente la síntesis. Véase por ejemplo cómo dicho procedimiento es utilizado también en las políticas preventivas hispanoamericanas: “¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en el cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes” (31). Los árboles participan del mundo natural, en el plano referencial empírico, pero en el simbólico-poético al social, pues representan a los hombres naturales a la defensa de su  42  autonomía, es decir, representan una síntesis social-natural mediante los recursos poéticos. Finalmente propone políticas que parten de la autonomía ideológica siempre acompañadas de una carga biológica-orgánica. Así en Martí encontramos presupuestos político-poético-orgánicos “El pueblo natural, con el empuje del instinto, arrollaba, ciego de triunfo, los bastones de oro” (36); “Cansados del odio inútil de la resistencia del libro contra la lanza, de la razón contra el cirial, de la ciudad contra el campo, del imperio imposible de las castas urbanas divididas sobre la nación natural, tempestuosa e inerte, se empieza, como sin saberlo, a probar el amor” (36). Para Martí las estrategias políticas que garantizan la autonomía, no sólo de la región hispanoamericana, sino de cualquier pueblo han de ser un proceso biológico-social nacido de las propias particularidades naturales e históricas de éstos. Nótese el uso de los términos “pueblo natural” y “nación natural”. Y a su vez las estrategias poéticas que se utilizan. Destaca el sentido del impulso natural avasallador y dinámico del “pueblo natural” mediante el uso del verbo ‘arrollar’ así como el color y la riqueza preciosista del oro. Para Martí “la nación natural” se contrapone a las divisiones antitéticas aludidas en primera instancia mediante sinécdoques, ‘el libro’ que puede referir a la actividad intelectual, en oposición a ‘la lanza’, a la participación activa de los procesos de las guerras independentistas. Martí refiere los alcances políticos de dicha “nación natural” mediante la alusión de otro fenómeno natural la tempestad, complejizado de forma poética por estar acompañado paradójicamente del adjetivo ‘inerte’. Lo que sugiere que “la nación natural” se mueve y revoluciona sobre sí misma, es decir, que el dinamismo es interior por lo que permanece como “nación natural” y no  43  como imitación exotizada de Europa o Estados Unidos, pero a la vez reacciona a sus propias circunstancias políticas. En otras palabras Martí crea una política poética de triunfo que parte de la defensa de la autonomía mediante el autoconocimiento que se proyecta como una estrategia de política de ofensiva y defensiva mediante una estética propia. En resumen, las alusiones orgánicas en la mayoría de los casos tienen carga social simbólicamente positiva en contraposición a lo prematuro “los sietemesinos”; lo sobrenatural “gigantes”; lo artificial “uñas pintadas”, “pulseras”, “antiparras yanquis o francesas”; y lo exótico “criollo exótico”, “políticos exóticos”. Todos éstos con carga socialmente negativa. Y dichos elementos están estructurados mediante estrategias poéticas antitéticas que se desarrollaran en el capítulo tercero. Así mismo cabe destacar que Martí invierte el discurso del exotismo de la tradición hispano-peninsular que Beatriz Pastor denomina “discursos narrativos de la conquista”. Dicho discurso nace, en palabras de Pastor de un “proceso de desconocimiento, instrumentalización y destrucción de la nueva realidad americana que se prolongaría durante una historia posterior de más de cuatro siglos” (25). Así Martí traslada lo exótico precisamente a lo no-americano, a la imitación de los modelos mal entendidos de la cultura europea y estadounidense aplicados a lo “autóctono y natural” de Hispanoamérica. Si el desconocimiento fue el motor del descubrimiento o mejor dicho (continuando con el estudio de Pastor) verificación e identificación18 y Conquista de la región que posteriormente se  18  Al respecto Pastor precisa: “Colón no descubre: verifica e identifica. El significado central de descubrir como develar y dar a conocer se ve desvirtuado en la percepción y en las acciones de Colón, quien, en su constante afán por identificar las nuevas tierras descubiertas con toda una serie de fuentes y modelos previos, llevó a cabo, a lo largo de sus cuatro viajes, una indagación que oscilaba entre la invención, la deformación y el encubrimiento” (27).  44  denominaría Hispanoamérica, el autoconocimiento martiano será precisamente el motor de la resistencia, independencia y autonomía. Martí retoma los presupuestos del estudio de la Historia Natural de Bello como principio de autonomía política y cultural respecto a Europa y Estados Unidos. Al hablar de la necesidad de una política autóctona dice: …el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto, para llegar, por métodos e instituciones nacidas del país mismo a aquel estado apetecible donde cada hombre se conoce y ejerce, y disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo y defienden con sus vidas. (33) Así crea su concepto de hombre natural que no debe confundirse con el del “buen salvaje” de Rousseau. Del hombre natural martiano destacan tres elementos: el autoconocimiento (“cada hombre se conoce”); la remuneración de su trabajo (“disfrutan todos de la abundancia que la Naturaleza puso para todos en el pueblo que fecundan con su trabajo”); y la defensa de dicha Naturaleza (“y defienden con sus vidas”). Véase además cómo dichos elementos están armonizados mediante síntesis poéticas entre lo natural y lo social. Las “instituciones nacidas del país” y “el pueblo que fecundan con su trabajo” aluden al proceso natural-orgánico del nacimiento y la fecundación, pero con referentes sociales, las instituciones y el país, así como al trabajo. De igual forma en el párrafo noveno nuevamente teoriza sobre los alcances políticos de su concepto del hombre natural: …[C]on el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real. (36)  45  Martí una vez más parte de conceptos de las Ciencias Naturales como la Naturaleza y la luz para proyectar dichos conceptos sobre fenómenos sociales “la lectura crítica”. En contraposición de los fenómenos no-naturales y por lo mismo socialmente negativos como “la lectura de tanteo y falansterio”. Y del triunfo de la primera sobre la segunda es que nace el hombre real. Además nótese la carga multi-sensorial del presupuesto martiano que parte de la armonía, concepto de enorme carga auditiva-musical, acompañada de la luminosidad (luz) y las alusiones táctiles (tanteo y empapar) que una vez más se insertan en la estética martiana. Así gracias a las síntesis poéticas de lo natural y lo social plagadas de multisensorialidades es que Martí sobrepasa dichos dicotomías. Como vemos los métodos propuestos por Bello en las Ciencias Naturales, son retomados por Martí en las Ciencias Sociales y el Arte: “El premio de los certámenes no ha de ser para la mejor oda, sino para el mejor estudio de los factores del país en que se vive. En el periódico, la cátedra, en la academia, debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país” (34). A su vez el auto-conocimiento de Martí es una estrategia de resistencia política, al hablar de la necesidad de una ofensiva contra los enemigos de Hispanoamérica por lo que retoma dicho presupuesto “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos” (31). Sin embargo, Martí a su vez también opta por utilizar un registro lingüístico poético de gran carga política mediante los aforismos que sintetizan dichas proposiciones: “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país” (33). Dichos aforismos a su vez  46  crean una anáfora, definida por Helena Beristáin como “la repetición intermitente de una idea, ya sea con las mismas o con otras palabras” (50). Y dicha anáfora también es un paralelismo que Beristáin define como “la relación espacialmente equidistante o simétrica que guardan entre sí las estructuras repetitivas de los significantes y/o de los significados” (383). Dicha anaforización paralelística es una insistencia en la necesidad de la creación de un gobierno autóctono mediante un uso novedoso y complejizado de las figuras retóricas, es decir mediante un uso igualmente autónomo del lenguaje.  Podemos ver desde esta primera aproximación que el contenido de “Nuestra América” de Martí no es nuevo en cuanto a la defensa del conocimiento autóctono y la minimización de las influencias extranjeras. Bello casi medio siglo antes los había propuesto. Lo que sí es novedoso es la forma de hacerlo, la belleza y el exquisito uso del lenguaje, la sofisticación del Modernismo que en sí mismo representa la creación autóctona de una estética sumamente política al promulgar su autonomía respecto a Europa y los Estados Unidos y sobretodo en Martí de una ética.  47  Capítulo III “Nuestra América” poesía y política “…los versos que se hacen en prosa pierden; como toda prosa que se pone en verso, tomando gallardías y alientos nuevos y propios, gana…” Rubén Darío Anteriormente hemos analizado dos estrategias textuales (la no referencialidad y la innovación poética) con el objetivo de destacar la poeticidad de “Nuestra América”. En el presente capítulo se analizará detalladamente la forma en la que los símbolos y los usos de las figuras retóricas articulan el texto de Martí y lo dotan de cualidades poéticas propias. El uso de símbolos enmarcados en una gran cantidad de figuras retóricas se transforma en una de las principales estrategias poéticas de Martí. Nos proponemos identificar dichas figuras y los símbolos, principalmente ‘el árbol’ y ‘el tigre’ para exponer el enorme sincretismo y la gran carga ideológica de nuestro autor. Para ello partimos principalmente de los estudios de Iván Schulman en torno a la obra de Martí y la terminología poética de Helena Beristáin. El símbolo entendido como figura retórica según Beristáin es aquella figura “que, en la relación sustitutiva signo-objeto, se refiere al objeto que denota en virtud de una ley o convención que es su condición constitutiva y que suele consistir en una asociación de ideas generales que determina la interpretación del símbolo por referencia al objeto” (458). A través del símbolo, con su poder de convocar imágenes que desvanecen el discurso lineal del raciocinio es que se logra la mayor expresividad y se genera una impresión más trascendente. Al respecto Cassirer en Filosofía de las formas simbólicas establece que los procesos simbólicos “son la condición de posibilidad trascendental de la comunicación” (110). En el caso de Martí encontramos principalmente que los símbolos de ‘el ‘árbol’ y ‘el tigre’ en “Nuestra América” aluden a las principales preocupaciones 48  ideológicas de Martí: la defensa de la autonomía hispanoamericana y la identificación de los riesgos de dicha autonomía desde adentro de Hispanoamérica y desde afuera. El símbolo  negativo  del  ‘tigre’ es  retomado  y transformado  de  la tradición  hispanoamericana como se verá más adelante, y ante éste Martí crea uno positivo, el ‘árbol’. Símbolo que en su poesía se transforma en la planta nacional cubana y de varios países latinoamericanos ‘la palmera’. El salto estético de la imagen al símbolo puede ser definido de la siguiente manera: Una imagen puede convertirse en símbolo o por la herencia o por el ambiente. Una imagen puede adquirir valor simbólico o en virtud de su historia […] o en virtud de su contexto, de la frecuencia con la que aparece y de su relación con otras imágenes en la misma obra y con las intenciones del autor. Una imagen puede ser empleada una vez como metáfora, pero si se repite persistentemente, como presentación y como representación, se convierte en símbolo, puede incluso llegar a formar parte de un sistema de símbolos. (31)19 Así se verá que los símbolos del árbol y el tigre conforman un sistema poético que gira en torno a la autonomía y la defensa. Sobre la poeticidad de la prosa martiana Schulman continúa estableciendo que la prosa de Martí “está saturada de figuras y elementos poéticos que luego el Modernismo hará suyos y popularizará hasta convertirlos en lugares comunes” (177). Siendo las acumulaciones martianas uno de los recursos principales de su prosa y verso. Las acumulaciones pueden definirse como la síntesis de figuras retóricas que a manera de muñecas rusas se contienen unas dentro de otras. La carga estética de “Nuestra América” es tal que varios estudiosos como Iván Schulman y David Lagmanovich consideran evidente la aproximación entre la prosa y el verso. Al respecto Ferman propone que “[c]omo estrofas de un poema, los párrafos de la  19  Friedman, N., “Imaginery: From Sensation to Symbol”. The Journal of Aesthetics and Art Criticism, XII (1953), p.31, cit. en Schulman, I. Símbolo y color…, ed. Cit., p.24.  49  prosa martiana manejan distintos registros, se enlazan armónicamente unos con otros y, sobre todo, ostentan específicos puntos de concentración, congregan su tensión en momentos precisos, llaman a un final caracterizado por la intensificación del significado” (16). Es decir, “Nuestra América” es un complejo sistema poético que sintetiza el eterno debate de la autonomía y el autoconocimiento. “Nuestra América”, como Jiménez apunta, se destaca por la necesidad de impregnar la expresión de mayor lirismo y ánimo de erigir un nuevo lenguaje literario sobre los mismos elementos estilísticos con que se compone la poesía modernista. Por dicho motivo es que traspasa las fronteras entre el ensayo y la poesía al fundir en un sólo nivel, lírico experimental, las formas hasta entonces contrarias del discurso poético y el discurso de la prosa (18). En el caso de Martí encontramos que sus símbolos concentran una gran variedad de ideas y de recursos poéticos, método denominado acumulaciones.  Los párrafos en “Nuestra América” son núcleos semánticos completos y a la vez interconectados con la macroestructura del ensayo. Proponemos el siguiente esquema de análisis. Primero presentar la poetización (proceso de transposición de la prosa al verso mediante el uso de las figuras retóricas) del discurso martiano atendiendo los principales símbolos que recorren todo el ensayo para exponer su carga dualística y sintética dentro de la unidad del párrafo y la unidad total. Después estudiar el párrafo como síntesis estética, política e histórica. Y finalmente analizar los principales símbolos de la obra: el árbol y el tigre.  50  Símbolos en la macroestructura de “Nuestra América” Los símbolos de Martí en “Nuestra América”20 siguen el proceso esquemático y conceptual de su poesía, que según Morales retomando a Schulman: [Se] organizan de ordinario según una estructura bipolar, en la que se oponen dos símbolos o grupos de símbolos: unos apuntan haca valores ideales, sumamente nobles y, por tanto, positivos; y éstos coexisten con otros símbolos que sugieren crueldad o cualquier tipo de degradación moral. Pero tal bipolaridad se resuelve por una transformación de lo inmundo en lo noble y elevado, como consecuencia de ese anhelo redentor, de esa instintiva ansiedad de armonía que late en lo más hondo de todas sus aspiraciones. (410) Señalemos dichas bipolaridades o antítesis simbólicas en cada uno de los doce párrafos que conforman la totalidad del ensayo poético. Comenzaremos por los símbolos positivos, luego los negativos y finalmente sus resoluciones o armonizaciones. Dichas resoluciones, como nota Lagmananovich, se dan mediante una “formulación aforística, de recapitulación simbólica” (Lagmanovich 236). Para Martí los aforismos cumplen una función de harmonización mediante la didáctica, además de que sintetizan sus proposiciones ideológicas haciendo del párrafo una unidad semántica completa que a su vez participa de una estructura superior. Y sobretodo, como ya se estudió en capítulos anteriores, liberan al texto de las circunstancialidades histórico-geográficas por su carácter moral que se erige como máximas trascendentales. En resumen los aforismos son en sí mismos trascendentes pues encierran una enseñanza que supera las circunstancialidades que los han generado. Por dicho motivo es que son aplicables a cualquier eventualidad similar en diferentes regiones y dada su concisión es que permanecen en la memoria colectiva. En el párrafo primero encontramos la oposición entre la imagen positiva, “Los varones de Juan de castellanos”; y las negativas “El aldeano vanidoso”, “los gigantes” y 20  Por fines prácticos se ha decidido referir los fragmentos de “Nuestra América” mediante párrafos.  51  “los cometas”, que al final se resuelven mediante el aforismo: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. En el segundo párrafo encontramos “los árboles”; en oposición “los hermanos celosos”. Para Estrade éstos últimos aluden a conflictos fronterizos que no merecían de ningún modo el tratamiento de guerras nacionales, “[d]ichas guerras intestinas de Centroamérica son para Martí locales y aldeanas” (Estrade 661). Estas antítesis se resuelven mediante el aforismo conciliador: “Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.  En el tercero “la madre” y de nuevo “el árbol” por un lado; en oposición a “los sietemesinos”, resuelta por la profética declaración de unidad: “¡Estos hijos de nuestra América, que ha de salvarse con sus indios, y va de menos a más; estos desertores que piden fusil en los ejércitos de la América del Norte, que ahoga en sangre a sus indios, y va de más a menos!”. En el cuarto “la naturaleza”; en oposición a “el soberbio”, resuelta por el aforismo: “El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país”. El quinto “el hombre natural” y el “mestizo autóctono”; en oposición a “el libro importado”, “los letrados artificiales”, “el criollo exótico” y “los tiranos”, resueltos por el aforismo: “Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador”.  En el párrafo sexto encontramos “las masas” y “los políticos nacionales”; en oposición a “los gobiernos” y “políticos exóticos” resuelto por un aforismo que apela al orgullo hispanoamericano: “Y calle el pedante vencido; que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas”. El séptimo “los héroes de independencia”; en oposición a “el colonizador despótico”,  52  resuelto por el aporisma reflexivo: “El problema de la independencia no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”. El octavo “los oprimidos” y “la república”; en oposición a “los opresores”, “la Colonia”, “el tigre”, que se resuelven por el profético aforismo simbólico: [el tigre] “Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos”. En el noveno nuevamente “la naturaleza”; en oposición al emperador “Iturbide”, resuelto por un llamado a la crítica y a la armonía:  Estos países se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real. El párrafo décimo es de suma complejidad pues en sí está construido a base de antítesis y resoluciones sintéticas internas, sin embargo, seleccionamos las imágenes más constantes en relación con los otros párrafos y retomamos solamente el último aforismo para ser consistentes con el esquema propuesto. Los símbolos positivos son: “el indio’, “el negro”, “el campesino”, “el pueblo natural”, “el hombre nuevo”, y una vez más “la naturaleza”; en oposición al: “oidor”, “el general”, “el letrado”, “el prebendado”, “el tigre de adentro”, “el libro europeo”, “el libro yanqui”, “el tigre de afuera”, y se resuelven mediante el aforismo conciliador: “Los gobernadores, en las repúblicas de indios, aprenden indio”. En el undécimo encontramos al presidente mexicano “Juárez” y “nuestra América”; en oposición a “el pulpo”, “el vecino formidable” y “América del Norte”, resuelto por el aforismo preventivo: “Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles; y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”.  53  Y finalmente en el duodécimo, que en sí mismo está construido a base de síntesis y aforismos, sin embargo, continuaremos con nuestro esquema y destacamos las siguientes imágenes positivas: “El Gran Semí”, “la América trabajadora” y “la América nueva”; en oposición a “los pensadores canijos”, “los pensadores de lámparas” y “el pueblo rubio”. Destaca que este párrafo final sea el que contenga el mayor número de aforismos, de los cuales destacan los siguientes: “No hay odio de razas, porque no hay razas”, “El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color”, “Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas”. Su humanismo fraternal y militante se hace evidente en estos aforismos de los cuales Estrade afirma que además de enriquecer su pensamiento anticipa las conclusiones científicas actuales sobre la disolución de la idea de ‘raza’: Martí no niega la existencia en el seno de la especie humana de caracteres somáticos diferenciados, sino que niega sencillamente que haya una relación causal entre lo superficial y lo transitorio por un lado, y lo esencial y lo eterno por el otro. En este sentido puede negar la jerarquía de las razas y yendo más lejos, la propia idea de raza y a la par, utilizar el término de ‘raza’ puesto que lo ha despojado de toda connotación afectiva; le confiere únicamente a los fines de la comunicación un sentido rigurosamente neutro y estrictamente instrumental”. (268) Sobresale además el aforismo “Pensar es servir” donde propone la indisolubilidad entre la actividad intelectual y el compromiso social. Al final Martí además de sus antítesis simbólicas también complejiza este último párrafo e invierte la estructura de bipolaridades resueltas por un aforismo final, a aforismos resueltos por una imagen final hecha a su vez de otras imágenes, de la cual Navarrete Orta señala que “en un alarde de simbolismo (imagen y metáfora trascendidas), personificando en la figura mitológica del Gran Semí, ídolo que representa las fuerzas de la naturaleza, a la sembradora de una  54  América Nueva que estaría encarnada, según las líneas de esta simbología, en el hombre natural martiano” (25): ¡Porque ya suena el himno unánime; la generación actual lleva a cuestas, por el camino abonado por los padres sublimes, la América trabajadora; del Bravo a Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva! Poeticidad de la unidad del párrafo Hemos elegido el primer párrafo para ilustrar la multiplicidad de recursos poéticos que Martí acumula y complejiza. Nuestro autor no se limita a exponer referencialmente su discurso político-ideológico, sino que utiliza varios recursos estéticos para concentrar la expresión y las ideas, y a su vez proyectar dicho discurso más allá de las fronteras hispanoamericanas y los límites del siglo XIX: Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal21 […] El primer símbolo que Martí utiliza es el de “el aldeano vanidoso”, que alude en primera instancia a los gobiernos latinoamericanos, pero que a su vez puede aludir a cualquier gobierno ensimismado en políticas rudimentarias. Asimismo como Estrade señala, “condena la estrechez de miras de los gobernantes” (661), su ensimismamiento regionalista, las envidias hacia los países vecinos y la corrupción. Martí acumula en esta imagen otras figuras retóricas que potencializan el discurso referencial. 21  Cabe destacar como José Ballón lo hace en Autonomía cultural americana: Emerson y Martí, que esta primera oración crea una compleja e irónica intertextualidad con el ensayo “Domestic life” del filósofo estadounidense Emerson: “Martí como Emerson, recurre a un ejemplo tomado de la realidad, el aldeano, para expresar una problemática más basta derivada de una percepción parroquial y estrecha del mundo. ‘Nuestra América’ se inicia con esta línea célebre: ‘Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea’ que recoge el pensamiento de Emerson consignado en ‘Domestic Life’: ‘Nunca llegaremos a ser ciudadanos del mundo, sino que todavía somos aldeanos, creídos de que cada cosa en su nimio pueblo es un poco superior a las de cualquier otra parte’” (85). Por lo que esta primera oración ha creado en primera instancia un paralelismo entre el pueblo estadounidense e Hispanoamérica, para luego crear a su vez una antítesis entre éstos.  55  Primero identificamos una antítesis implícita al encontrar un “él” explícito paralelístico (“el aldeano” y el “rival”) que encarna los vicios de los gobiernos latinoamericanos así como de cualquier gobierno desprevenido, vulnerable y conflictivo, y un “yo” implícito que alude por oposición a la virtud de la voz poética. En esta primera antítesis Martí se ha distanciado de la corrupción moral de los gobiernos y ha establecido una especie de superioridad ética. Después encontramos otra antítesis entre el microespacio de la “aldea” que puede aludir a la vulnerabilidad de las regiones hispanoamericanas debido a la falta de modernización, y a la desproporción entre los territorios de dichos países y los EEUU principal amenaza hispanoamericana, (y que a la vez refiere a cualquier gobierno a las sombras del imperialismo), que además se proyecta como macroespacio conceptual referido como “mundo”, que nos sugiere la bastedad y el poder imperialista de este país. Dicha imagen es atravesada por una serie de derivaciones con el prefijo árabe “al” que alude a cuestiones administrativas y económicas: “al-deano”, “al-dea”, “al-calde”, “alcancía”, como una forma de establecer que la mayoría de los vicios hispanoamericanos giran en torno al problema del capital. El polisíndeton mediante la conjunción “o” reafirma la movilidad de las intenciones viciosa del elemento aludido en la imagen: los gobiernos hispanoamericanos en este caso, y a cualquier gobierno al asecho del imperialismo. Esta primera parte contiene una hipérbaton que oscurece y retuerce el mensaje, es decir, complejiza mediante el desorden gramatical. Si intentamos su reescritura tenemos:  El aldeano vanidoso cree que el mundo entero es su aldea, y ya da por bueno el orden universal con tal que él quede de alcalde, le crezcan los ahorros en la alcancía o le mortifique al rival que le quitó la novia. 56  Podemos observar que al seguir una linealidad gramatical el mensaje se nos presenta más claramente, al apartarse del lenguaje poético.  El primer párrafo continúa advirtiendo de los peligros latentes que asechan a Hispanoamérica, pero ahora desde afuera, estableciendo dos nuevos símbolos:  […] sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. “Los gigantes que llevan siete leguas en las botas” alude a cualquier país imperialista que pretende una nueva conquista ideológica y económica. Sobre esta imagen Estrade afirma que Hispanoamérica “no podrá resistir al imperialismo norteamericano, ya en movimiento, sino en la medida en que sepa discernir lo esencial de lo anecdótico, anteponga el interés común al interés local, acalle las querellas intestinas y encuentre el camino de la unidad” (651). Asimismo “los gigantes” aluden al ogro del cuento de Charles Perraul Pulgarcito que calzaba las botas de las siete leguas con las cuales el ogro podía “ir de cerro en cerro, y atravesar ríos con tanta facilidad como si se tratara de arroyuelos” (Perrault 4), y se distinguía por su maldad y voracidad: “…estaban ante el más cruel de los ogros quien, lejos de sentir piedad, los devoraba ya con los ojos y decía a su mujer que se convertirían en sabrosos bocados…” (Perraul 3). Símbolo que una vez más reafirma la idea de voracidad y el poder de los enemigos de Hispanoamérica y la vulnerabilidad de dicha región. “Los cometas en el cielo” aluden a la voracidad de las luchas entre dichas potencias por el dominio de los territorios más débiles, es decir Hispanoamérica. Pero como ya hemos visto anteriormente Marí no sólo se limita a crear símbolos, sino a concentrarlos mediante las acumulaciones poéticas.  57  Esta segunda parte se nos presenta como una bimembración magnificada y refocalizado entre el paralelismo “los gigantes” y “los cometas” que engullen mundos; y “el aldeano vanidoso” y el “rival que le quitó la novia”. Martí hace una correspondencia entre los peligros que asechan a Hispanoamérica desde afuera y los que lo hacen desde adentro. Los “gigantes” al ser figuras terrestres, animadas, suprahumanas, violentas, brutales y alegórico-religiosas dotan al enemigo de Hispanoamérica de cualidades corpóreas (al ser una magnificación de lo humano) y a su vez simbólicas (al representar una perversión de dicha naturaleza), y a sí mismo establecen un paralelismo con los “cometas” que se presentan como síntesis amenazadora. Los “cometas” son cuerpos celestes, inanimados y reales, que simbólicamente reproducen una actividad humana, la guerra, y dos cualidades que refieren al mundo animal, el engullir y el dormir. Por lo que las características que destacan de dicha imagen son la violencia y la voracidad, que a su vez se empatan con las cualidades de “los gigantes”. Es decir, Martí sintetiza dichos universos antagónicos como un complejo sistema de asecho y dominación en primera instancia contra Hispanoamérica; y que a su vez también se erige como la batalla de los gobiernos poderosos por la conquista de los débiles. Destaca a su vez “las botas” como sinécdoque de los ejércitos enemigos, y que simbólicamente establece la pelea desproporcional terrestre entre “el aldeano vanidoso” y “los gigantes”, a diferencia de la pelea celeste de “los cometas”, que se proyecta como una lucha de tipo ideológica entre las potencias poderosas por los territorios de los países débiles. Cabe destacar que esta primera y segunda parte el primer párrafo representan simplemente la primera oración del ensayo de Martí, y en ella se encuentra sintetizada una multiplicidad de ideas y de figuras estilísticas.  58  En la tercera parte del primer párrafo hay un giro donde Martí establece sus intenciones políticas y apela por la acción mediante varios símbolos:  Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. El laconismo y desnudez de figuras retóricas de esta primera oración que simplemente utiliza la imagen de la “aldea” y la metáfora muerta del “despertar” es una forma de establecer clara y sencillamente el llamado de alerta de Martí hacia el pueblo hispanoamericano. Al establecer un drástico contraste con la densidad estilísticaideológica anterior, Martí nos hace re-focalizar nuestra atención en dicha sencillez poética. En la primera y segunda del párrafo la poetización es por acumulación, y por la lejanía del discurso directo, referencial, político-ideológico mediante el poético. En la primera oración de esta tercera parte del párrafo se da un llamado de atención al lector dentro del discurso poético por simplificación y contraste de los símbolos. A su vez, crea un enlace entre las oraciones al extender y confirmar el sentido del ‘despertar’ mediante la oración “Estos tiempos no son para acostarse”, y reafirma la inversión de lo desprevenido de las repúblicas hispanoamericanas, a la alerta mediante la compleja antítesis entre este ‘despertar’ y la ‘almohada’ como sinécdoque del sueño y el descanso. Para Schulman en Símbolo y color en la obra de José Martí el símbolo de la ‘almohada’ representa en la producción martiana “la búsqueda del momento en que el hombre se siente satisfecho al darse cuenta de haber alcanzado algo de lo que, en potencia, encierran sus superiores cualidades” (297). Es decir, Martí sugiere un despertar del letargo ideológico mediante el sueño entendido como anhelo idealista. Y a su vez,  59  “Estos tiempos” funcionan como un demarcador temporal del presente de la enunciación que alude a una situación sociopolítica determinada, y paradójicamente como un recurso de acronía, al diluir dicho presente a una actualidad poética trascendente por no referir directa, sino simbólicamente a los peligros de Hispanoamérica, así como los de cualquier región en vías de procesos imperialistas y neo-imperialistas. Más adelante Martí regresa a la acumulación de figuras e imágenes poéticas. Primero nos presenta la imagen “con el pañuelo en la cabeza” en la cual se sintetizan varias de sus críticas a la pasividad hispanoamericana. “El pañuelo” como prenda de higiene personal, alude a la artificiosidad de las costumbres impostadas europeas como una forma de crítica a la imitación extranjera. A su vez, nos remite a una clase social burguesa a la que pertenecen los gobernantes que responden a modelos de gobierno importados. La delicadeza de dicha prenda también pone en evidencia la vulnerabilidad de los gobiernos hispanoamericanos. Además es ilustrativo que “el pañuelo” esté en la cabeza, como una sinécdoque sutil del bloqueo ideológico. Así mismo, toda esta imagen es atravesada por una aliteración en /s/ que reafirma el sentido de pasividad y letargo. La segunda imagen “las armas en la almohada” invierte el sentido de la imagen anterior. Ahora encontramos una antítesis entre la delicadeza del pañuelo y la fuerza y frialdad de las armas, y una trasposición semiótica entre “la cabeza” y “la almohada”. Las armas aluden no sólo a una lucha bélica por la independencia y la soberanía, sino sobre todo a una batalla ideológica. Lo que fue una sinécdoque del pensamiento artificial, ahora se transforma en una “almohada” como símbolo del sueño de libertad y autonomía mediante la lucha. La combinación “armas” y “almohada” sugieren por lo menos dos posibilidades en dos planos de la lucha. La primera como la alerta constante y sin  60  descanso ante el conflicto armado y la segunda como la batalla idealista de los sueños de independencia ideológica. Dichas imágenes están acompañadas por un símil “como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio que vencen a las otras”, que se encarga de extender el significado de “armas” a un símbolo ideológico providencial. La última oración de este primer párrafo contiene dos símbolos (uno poética y una referencial) mediante una bimembración y una antítesis: “Trincheras de ideas” y “trincheras de piedra”. La bimembración, como Beristáin la define, se identifica por la división de la oración “en partes sintácticamente iguales” (461), y se reafirma mediante la reduplicación de la palabra “trincheras”. El primer símbolo es de tipo poético pues está formado por una metáfora, que responden a la definición de dicha figura por el Grupo “M” (Groupe µ) en Rhétorique Générale recogida por Beristáin: “Para construir una metáfora […] debemos acoplar dos sinécdoques complementarias que funcionen de manera exactamente inversa y que determinen una intersección entre los términos” (312). Las primeras sinécdoques refieren a la parte (“trinchera” e “ideas”), por el todo (un sistema de refugio y de defensa, y un sistema de pensamiento). Ambas funcionan de manera inversa en el plano textual. Las trincheras como pequeños refugios y defensas físicas y las ideas como refugios y defensas mentales, donde la intersección es precisamente el sentido de ataque y defensa a la vez. La segunda es un símbolo referencial “trincheras de piedra” pues representa literalmente al objeto en cuestión. Explícitamente es una defensa física que destaca por lo burdo y primario, como una forma de señalar la inefectividad de la lucha bélica sin un sustento ideológico sólido. Sin embargo, nuevamente Martí complejiza mediante la poética por el contraste entre el símbolo sintético-poético y la imagen referencial, como  61  una forma de antítesis simbólica para destacar la diferencia ideológico entre ambas. Ambos símbolos son extensiones paralelísticas de los anteriores: “las armas del juicio”= “a las trincheras de ideas”, “las otras”= a las “trincheras de piedra”. Así este primer párrafo ha sintetizado una gran cantidad de símbolos envueltos en figuras retóricas que a su vez concentran una multitud de posibilidades ideológicas del discurso martiano. Es decir, Martí se encarga de trascender las fronteras de Hispanoamérica y los límites del siglo XIX mediante la poética. “Nuestra América” se aleja del discurso referencial directo y se erige como un texto sobre identidad de cualquier pueblo en conflicto, sus peligros y sus posibles caminos para la autonomía nacional y la armonía trascendentalista. Poetización mediante símbolos Como ya hemos analizado un sólo párrafo contiene una gran carga de figuras retóricas, por lo que nos concentraremos en el análisis de las imágenes más significativas y sus procesos de poetización para el fortalecimiento de los ideales políticos e ideológicos de Martí. El árbol y el tigre son los símbolos-imágenes que como señala Lagmanovich sirven de “instrumentos básicos configuradores de la visión del artista. El uno, símbolo positivo y generalmente estático, es el del árbol, el otro, símbolo negativo y totalmente dinámico, es el del tigre” (242). Para Schulman en Símbolo y color en la obra de José Martí, el árbol “encarna en miniatura las jerarquías de la simbología martiana y sus distintos planos físicos formando planos ascendentes de una visión idealista del mundo: la de la armonía (208).El árbol se proyecta como un símbolo que sintetiza varios planos dicotómicos de lo natural y lo espiritual. Primero en sí están fundidos lo terrestre y aéreo, así como lo ascendente y  62  descendente. Lo terrestre pues nace de la ‘tierra’, que a su vez se proyecta como sinécdoque de lo nacional. Lo aéreo mediante las alturas que logra alcanzar. Lo descendente y ascendente al tener un doble crecimiento: las raíces hacia lo profundo y las copas hacia lo elevado. En el plano espiritual podemos decir que el árbol representa una armonía y participación de los universos naturales. De igual forma, simboliza al hombre natural martiano que en sí mismo es autonomía y defensa. Y a su vez responde al discurso del determinismo paisajista de la llanura de Sarmiento quien en su Civilización y barbarie señala al respecto: Las llanuras preparaban las vías al despotismo, del mismo modo que las montañas prestaban asidero a las resistencias de la libertad. Esta llanura sin límites […] permite rodar enormes y pesadas carreteras, sin encontrar obstáculo alguno, por caminos en que la mano del hombre apenas ha necesitado cortar algunos árboles y matorrales, esta llanura constituye uno de los rasgos más notables de la fisionomía interior de la República. (25) Martí mediante el símbolo del árbol se encarga de reforestar ética y estéticamente la llanura de Sarmiento, es decir, los árboles así como los Andes representan precisamente la defensa y resistencia22. Comencemos analizando el símbolo del árbol en “Nuestra América”. Dicho símbolo primero se nos presenta hacia el final del párrafo segundo: Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Al principio el árbol es una fragmentación o desprendimiento de la totalidad o unidad. Dichas partes sintetizan una serie de imágenes que remiten a conceptos negativos y que  22  Recuérdese además que los árboles sarmentianos proveen de protección a los gauchos de los tigres. Es decir, Martí retoma el sentido de la protección del árbol-hombre natural contra el enemigo del tigre de afuera así como el de adentro.  63  sirven para conformar el símbolo del árbol. Es decir, al principio encontramos simplemente hojas sueltas que para Schulman representan en la simbología martiana “los aspectos ornamentales de la existencia humana” (208), y que adquieren a su vez una carga polisémicas al poder referir también a páginas sueltas de libros, que se proyectan como ideas desperdigadas que flotan en el aire. Siguiendo con la fragmentación del árbol, ahora encontramos la copa, que una vez más adquiere una carga sintética al referir tanto al vaso con pie para beber que está indisolublemente asociada con el vino, que inmediatamente alude a una clase burguesa de modales impostados extranjerizantes. También a la parte hueca del sombrero, como una forma de colocar dicha burguesía extranjerizarte en la cabeza a manera de ideología de los pueblos hispanoamericanos. Y así mismo, como trofeo a la usanza griega, que una vez más viene a solidificar dicha ideología como una victoria del pensamiento no natural en las regiones de Hispanoamérica. A su vez estas copas hacen una antítesis con la ‘copa’ cual cima del árbol y trascendencia ética que se alcanza mediante la unidad y no mediante la fragmentación. La flor alude a cierta delicadeza, elegancia y fragancia que continúa el sentido de impostación burguesa de la ideología hispanoamericana. Destaca además la maleabilidad e inconsistencia de dicha ideología mediante las alusiones a la falta de solidez debido las disonancias producidas (‘restallando o zumbando’) por las simples caricias caprichosas de la luz. Donde se exponen los dos procesos de entrada de dichas ideologías. El primero como sutileza seductora mediante el uso del verbo “acariciar” y la segunda como irrupción violenta mediante la aliteración creada por los sonidos en /t/: “tundan”, “talen” y “tempestades”.  64  Siguiendo con la oración encontramos que el símbolo de “los árboles” se configura mediante la oposición a la fragmentación ideológica foránea y artificiosa anterior, y como resistencia y pluralidad armónica natural de los hombres nuevos, o los buenos americanos, que destacan por su entereza y solidaridad. “Los árboles” también se oponen al símbolo de “el gigante de las siete leguas” (los Estados Unidos de Norteamérica) ya analizado. Pero a su vez, este párrafo se proyecta como un llamado de atención trans-histórico a la no imitación servilista de otras civilizaciones, no sólo de Hispanoamérica sino de cualquier región en lucha contra procesos imperialistas. Hacia el párrafo tercero el símbolo del árbol reaparece nuevamente como ideal trascendente que se logra mediante la perseverancia y el compromiso social, en contraposición a la pasividad y la falta de valor de los hispanoamericanos que imitan ideologías extranjeras a los cuales Martí llama sietemesinos “A los sietemesinos sólo les falta el valor”23. : “No les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol”. Esta oración comienza con un pequeño hipérbaton que se encarga de oscurecer la relación de los “malos americanos” y el árbol. Si deshacemos dicho hipérbaton el mensaje se nos presenta más claramente: No les alcanza el brazo canijo al árbol difícil.  23  Sobre el uso del término ‘sietemesinos’ Jean Lamore explica: “En ‘Nuestra América’, Martí fustiga a esos criollos que miran hacia Europa y se avergüenzan de sus orígenes. Esto para él es un crimen imperdonable, y los que se portan así no son hombres verdaderos: son ‘sietemesinos’, ‘hombres de siete meses’. Es uno de los rasgos de Martí, ese recurrir a los valores de la ‘hombría’ a glorificar a los héroes de América, y a contrario no vacila en manifestar su desprecio y su indignación hacia los ‘malos criollos’, mediante la ‘afeminación’. El término ‘sietemesinos’ perteneciente a este campo semántico-connotativo: diez años antes, en una crónica de la ‘Sección constante’, había proporcionado la explicación después de evocar a los ‘gommeux’ (gomosos) de París, explica el último término en boga, el ‘gratin’ que se aplica a la flor y nata de la juventud dorada y despilfarradora; el elegante ocioso y emperifollado, que se somete con la docilidad femenina a las exigencias de la moda, ‘y se estrecha el talle, se riza el cabello, se acarmina orejas y labios, y posee un título’ Y añade: ‘Vuestros hermanos de España son los que han dado a estos lindos galanos su nombre verdadero: ‘sietemesinos’” (90).  65  Nuevamente Martí opta por la fragmentación del cuerpo del hombre mediante la sinécdoque ‘el brazo’ para exponer la falta de armonía, y los vicios de dichos hispanoamericanos que se confirman mediante el adjetivo ‘canijo’ que denota pequeñez y la debilidad. Los símbolos de las “uñas pintadas y pulsera”, se encargan de denunciar el aburguesamiento y la artificialidad de la ideología extranjerizante más que un ataque frontal a la feminidad. Recordemos que ni la mujer indígena, ni la afro-hispana, ni la campesina mestiza, tendían a esas costumbres que eran asociadas con la burguesía femenina europea y norteamericana. Martí está denunciando una especie de travestismo ideológico al dotar a los hombres hispanoamericanos de accesorios de la burguesía femenina extranjera. Y esa denuncia a la copia ideológica se hace evidente al ubicar dichos vicios ideológicos en Madrid y París, motivo por el cual semejantes hispanoamericanos no pueden lograr la identificación con la armonía natural que el árbol representa. Dicha denuncia es atravesada por una aliteración en “s” que fonéticamente crea el efecto de suavidad y delicadeza. El símbolo del árbol se nos sugiere una vez más en el párrafo sexto: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”. Sobre este pasaje Lagmanovich afirma que los árboles martianos son “sólidos, no frívolos, y además, dispuestos a la defensa de lo propio; y abiertos al mundo, pero no propicios a dejarse desvirtuar por la influencia inmoderada de lo extranjero” (242). Cabe destacar que ‘el tronco’ está enmarcado por ‘nuestras repúblicas’ por lo que no es un desprendimiento de la parte y el todo, sino más bien una enfatización de la base del  66  pensamiento hispanoamericano, y a la vez el pensamiento autónomo nacido de cualquier nación misma. Aquí una vez más encontramos que el árbol martiano se configura como una síntesis armónica entre varios planos dimensionales. El primero es entre lo propio aludido por “nuestras repúblicas” y “el tronco” que sugiere la idea de fortaleza y solidez. Para Schulman “el tronco es el verdadero cimiento de la vida” (208). Después se integra lo extranjero  mediante  una  combinación  paradójica  al  referir  una  estructura  macrodimensional “el mundo”, mediante una microdimensional “el injerto”, que siempre son pequeñas tallos insertados en troncos base para el mejoramiento de las especies vegetales creando una síntesis botánica. Y de igual forma, lo macrodimensional del mundo se injerta mas no se substituye en lo microdimensional de las Repúblicas. Estrade considera que en este pasaje Martí “lejos de despreciar el aporte de la civilización europea, la juzga indispensable, pero a condición que haga fructificar la civilización americana y no la suplante” (265). De igual forma, en el párrafo décimo el símbolo del árbol reaparece como esplendor armónico de lo autóctono-natural en oposición a la imitación extranjera: “La poesía se corta la melena zorrillesca y cuelga del árbol glorioso el chaleco colorado”. Primero Martí reafirma la necesidad de crear no sólo una nueva sociedad basada en lo autóctono, sino una nueva poética que también obedezca a dichos principios de naturalidad y autonomía. Los despojos de las imitaciones extranjeras, es decir ‘el chaleco colorado’ ahora son depositados en el árbol que se encarga de armonizarlas como injertos o influencias sobre un pensamiento netamente hispanoamericano. Cabe señalar que Marí mediante los ropajes y los accesorios alude directamente a las imitaciones extranjeras,  67  como una forma de disfrazar y distorsionar lo autóctono de Hispanoamérica y en general la naturaleza autóctona de las naciones mismas. Así por ejemplo, encontramos a lo largo del ensayo alusiones que denuncian dicha falta de autenticidad mediante prendas de vestir y accesorios de uso personal: “el gusano de corbata”, “la casaca de papel”, “antiparras yanquis o francesas”, “casaca de París”, “capitales de corbatín”, “máscaras”, “calzones de Inglaterra”, “chaleco parisiense”, “chaquetón de Norteamérica”, “charretas y togas”, “levitas de Francia”, etc. Martí simbólicamente después de colgar “el chaleco colorado” en “el árbol” que sintetiza y armoniza todo, no hace más alusiones a los ropajes, pues éstos ya han sido integrados de forma natural al ser hispanoamericano, pues como él mismo advierte en “Nuestra América” utilizando una vez más el recurso de los aforismos: “el lujo venenoso, enemigo de la libertad, pudre al hombre liviano y abre la puerta al extranjero”, en clara alusión (como Sacoto señala) “a la burguesía ramplona” (Sacoto Del ensayo 113). Es decir, en el primer plano Martí expone la imitación excesiva de Hispanoamérica, pero a la vez dicha denuncia se proyecta como un llamado de atención universalista a la no imitación servil que delata en sí misma el triunfo del imperialismo ideológico y a la postre económico. Schulman concluye que el simbolismo del árbol en la producción martiana (tanto poética como prosística), es una creación compleja “tanto si se usa para indicar nociones estéticas […] como si se emplea en contextos de contenido social, es una estructura de valores abstractos, nobles y positivos. Acaso la única nota discordante en el conjunto sea el símbolo hoja” (220). El otro gran símbolo configurador de “Nuestra América” es el tigre. Podemos rastrear la imagen del tigre desde las Crónicas de los Conquistadores españoles como una  68  ficcionalización o transmutación de lo “natural” a lo “demoníaco” debido a la descontextualización extranjera sobre la las costumbres autóctonas. Recuérdese que en América no había tigres, los Cronistas refieren a las especies felinas autóctonas mediante nombres que les son familiares y que aluden a India (por ser el destino primario del proyecto de Colón) y a África (lugar que representaba la “barbarie” en la Europa medieval y renacentista principalmente). Así por ejemplo, encontramos en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo: “Digamos ahora las cosas infernales que hazian, quando bramauan los Tigres y Leones, y aullauan los Adiues, y Zorros, y filbauan las Sierpes, era grima oirlo, y parecia infierno” (73). Igualmente el “tigre” alude directamente al símbolo de Sarmiento, del cual Lagmanovich expone: El tigre martiano adquiere una dimensión arquetípica, […] evoca el tigre sarmientito, que hace su aparición fugaz en las páginas de Facundo como un desdoblamiento mitológico de Facundo Quiroga: ‘un tigre de llanos’ de La Rioja que acosa y hace subir a un árbol [aquí también] nada menos que al ‘Tigre de los Llanos. (243) Para Martí el tigre es una inversión de dicho símbolo que originalmente era la satanización de lo autóctono por la óptica extranjera, ahora es la satanización de lo extranjero (o de las ideologías extranjeras de los gobiernos) por la óptica autóctona “natural”. Por lo que “el tigre” estará relacionado con dos elementos principalmente, lo extranjero sobre lo autóctono-natural y la voracidad. Sobre este último aspecto Schulman considera que el tigre representa el punto terminal de las cualidades negativas, una pasión llevada a extremos violentos y excesivos: “El significado abstracto del tigre encierra también la nota de voracidad” (274).  69  En “Nuestra América” el tigre adquiere una carga bisémica que refiere al extranjero empírico imperialista (como lo son los Estados Unidos en primera instancia, así como y cualquier pueblo expansionista). Y a su vez el tigre también alude a los vicios nacidos de la impostación de políticas extranjeras (como en el caso de las repúblicas hispanoamericanas así como a cualquier nación de tendencias excesivamente imitativas). Así encontramos “el tigre de afuera” y “el tigre de adentro”, ambos elementos no naturales. Como Lagmanovich apunta los símbolos martianos se van transmutando a partir de imágenes más familiares. Del cuento popular a la imagen más abrumadora y real, pasando del “gigante de las siete leguas” al “tigre” (244). Dicho símbolo primero se alude en el párrafo quinto: “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza” (Martí). Mediante el aforismo hecho a base de antítesis, como señala Sacoto, Martí “logra refutar la tesis derrotista de civilización (lo yankee y/o lo europeo) frente a la barbarie (lo genuinamente americano) [del] ya consolidado ideario de Sarmiento asentado en muchos círculos intelectuales, dada la importancia del estadista argentino” (95). Sin embargo, es hasta el párrafo octavo, donde Martí hace una recapitulación histórica de las sombras imperialistas en Hispanoamérica, donde expone abiertamente dicho símbolo (como Sacoto observa) mediante una metáfora pura pues se ha eliminado el objeto de comparado que refiere al país del norte (97). Habría que agregar que a su vez refiere al vicio de ciertos gobiernos hispanoamericanos: El tigre, espantado del fogonazo, vuelve de noche al lugar de la presa. Muere echando llamas por los ojos y con las zarpas al aire. No se le oye venir, sino que viene con zarpas de terciopelo. Cuando la presa despierta, tiene al tigre encima.  70  Destaca lo pictórico, la multisensorialidad y el dinamismo, todos con un fuerte sentido antitético, en los que Martí enmarca símbolo tan negativo, como una forma de armonizar el vicio histórico que éste representa mediante un depurado sentido estético. Primero encontramos el estruendo semántico del ‘fogonazo’ en oposición a su delicadeza fonética. Y tal estruendo hace antítesis con el silencio de la siguiente oración “[n]o se le oye venir”, lo que genera un dinamismo fónico. Luego encontramos las antítesis entre día y noche [El tigre] “vuelve de noche”, y si vuelve de noche significa que su primera aparición fue de día. Lo que sugiere una nueva antítesis entre presencia y ausencia. Las “llamas” introducen color y calor, el “terciopelo” textura y las “zarpas” agudeza. Al final todo este movimiento antitético y multisensorial reafirma el sentido de sorpresa del tigre sobre su presa. La sintaxis de dicha oración también propone un gran dinamismo pues el tigre primero huye, después regresa, luego muere y finalmente ataca, como una forma de establecer la agilidad del enemigo y de proponer al tigre como dualidad: uno muere pero el otro regresa “con zarpas de terciopelo”. Para Schulman el “terciopelo” representa aristocracia (318), que insinúa a la antigua aristocracia criolla de la clase gobernante, o en palabras de Martí “el tigre de adentro”. Dualidad que después desarrolla explícitamente. Al final de dicho párrafo los símbolos configuradores principales del ensayo se encuentran directamente: “El tigre espera detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas en el aire, echando llamas por los ojos”. Aquí el “tigre” o gobiernos aldeanos y burgueses, se esconden detrás del ciudadano nuevo o en terminología martiana “hombre natural” (ya explicado en capítulos anteriores), es decir “el árbol”. Sin embargo, debido a la armonía natural y espiritual de éstos se logran  71  derrotar el vicio y la voracidad de la clase dirigente e instaurar el equilibrio entre los elementos naturales de los países y los “injertos” extranjeros. Mediante el estribillo [Muere], [Morirá] “con las zarpas en el aire, echando llamas por los ojos” Martí reafirma la dualidad de dicho símbolo. Llama también la atención que al referir al “tigre” como la amenaza del extranjero Martí opta por el uso del presente en cuanto a su eliminación “Muere”, como una forma de llamado a la acción inmediata. Sin embargo, cuando el “tigre” refiere a los propios gobiernos, opta por el futuro “Morirá”, como una forma de establecer que la lucha interna por el autodescubrimiento y el equilibrio interior es una batalla más ardua y compleja. Hacia el párrafo décimo la separación de dicho símbolo se hace explícita: “el tigre de adentro se echa por la hendija, y el tigre de afuera”. Destacan el paradójico paralelismo de los tigres hecho a base de antítesis “afuera” y “adentro”. Y a su vez la polisemia del verbo “echar” que puede significar abalanzarse violentamente hacia alguien o algo, así como derribar, arruinar, asolar, condenar y a su vez implantarse para descansar. Con esta polisemia Martí complejiza el hecho de que los vicios se pueden expulsar por la misma ranura por la cual pueden atacar y permanecer. Lo que una vez más confirma la necesidad de Voluntad (como cualidad ética) y el compromiso social permanente de todo gobierno verdaderamente autónomo y natural, es decir, nacido de su propia Historia y de sus propias necesidades. Finalmente en el párrafo duodécimo Martí se encarga de garantizar discursivamente la victoria de las fuerzas del espíritu y la naturaleza mediante un símbolo final el Gran Semí”:  72  [¡D]el Bravo al Magallanes, sentado en el lomo del cóndor, regó el Gran Semí, por las naciones románticas del continente y por las islas dolorosas del mar, la semilla de la América nueva! Primero hay una demarcación del territorio de lo que Martí llama nuestra América, que va desde la frontera entre México y Los Estados Unidos mediante la alusión al nombre coloquial del Río Grande “el Bravo”, y el Estrecho de Magallanes en el extremo sur del continente Americano. La deidad taína el “Gran Semí” representa una armonía sintética de la naturaleza y la Historia. Sobre la síntesis final Lagmanovich considera que: Primero el árbol y el tigre, en oposición terrible; ahora el cóndor y la semilla, en armonía; y la posibilidad del árbol triunfante. El cóndor y la semilla. De esta humilde semilla surgirá el árbol desde las entrañas de la difícil tierra: conjunción definitiva en la que el pensamiento de Martí adquiere su máxima intensidad simbólica. (245) En dicho símbolo encontramos la trascendencia de varios planos dimensionales e históricos. Primero el terrestre que sugiere a la patria y a lo autóctono mediante el “riego” que hace el “Gran Semí”. Éste alude a las islas caribeñas taínas por pertenecer a su mitología. A la vez se desplaza desde las alturas del cielo simbolizando un idealismo trascendente en el lomo de un cóndor, símbolo andino por excelencia que vuela por México (“el Bravo”), Argentina (“Magallanes”), el Caribe (“las islas dolorosas del mar”), sintetizando la Hispanoamérica continental con el Caribe. Naciones aludidas también por el bisémico adjetivo “románticas”, que por un lado recoge históricamente sus independencias (siglo XIX) y por el otro las califica de idealistas y revolucionarias. Así Martí ha creado una síntesis entre Hispanoamérica y el orden universal que ha generado “la América nueva”. Esta imagen a su vez se proyectara como símbolo unificador transregional y trans-histórico al representar la unión de las naciones vulnerables en lucha por su autonomía y auto-florecimiento.  73  En el presente capítulo hemos destacado la proliferación tan sintética que Martí hace de las figuras retóricas y sobre todo de los símbolos, como herramientas básicas para crear una poetización de su discurso ideológico. Como hemos observado en doce párrafos Martí sintetiza toda una teoría en torno a la autonomía, no sólo hispanoamericana, sino la autonomía como cualidad ética y política transhistórica. Finalmente como Navarrete Orta señala: Nuestra América’ es un texto ensayístico cuyo objetivo fundamental es el análisis crítico de una situación histórica determinada y, a partir de allí, la formulación de propuestas para el cambio social, todo lo cual determina el uso de un lenguaje referencial, pero su tejido verbal está tan empapado de lenguaje expresivo, tan potenciado connotativamente por la carga poética que amerita una aproximación crítica especial. (25)  Tendríamos que agregar a la afirmación de Navarrete Orta que “la situación histórica determinada” a su vez se proyecta a cualquier situación histórica similar. Es decir, la constante amenaza de la autonomía de las naciones por el enemigo de afuera (el imperialismo de las naciones poderosas) y el enemigo de adentro (la imitación excesiva y el desconocimiento de la propia realidad nacional). Y dicha aproximación necesariamente debe ser atendiendo dos factores. El primero es la totalidad de la macroestructura del texto. Si se fragmenta un ensayo tan complejo que raya en los límites de un poema extenso, necesariamente se pierde la riqueza armónica de la estructura y el sistema conceptual. La segunda es que Martí a pesar de estar “politizado hasta la medula” (181), como señala Esteban Ángel, dicha politización no es un simple discurso propagandístico de una ideología determinada, ni siquiera de una filosofía concreta. “Nuestra América” es un verdadero monumento estético que intenta reafirmar una autonomía artística para  74  proyectarse como autonomía política. Y a su vez armonizar las aparentes dicotomías entre arte y política, creación e imitación, regionalismo y universalidad.  75  Conclusión A lo largo de nuestro recorrido por “Nuestra América” hemos analizado la forma en la que este ensayo fundacional articula los debates más importantes en la época más determinante de la historia de Hispanoamérica, el siglo XIX. La importancia de este siglo radica en el hecho de ser precisamente el nacimiento de las Repúblicas hispanoamericanas, y ser la época de Martí. Se ha comparado el texto martiano con otros dos de la tradición ensayística fundacional para destacar la poeticidad de “Nuestra América” y cómo la ruptura lingüística implica a su vez una ruptura ideológica. En el capítulo primero se ha estudiado que mediante la liberación y superación de la referencialidad histórica “Nuestra América” se proyecta como un documento que garantiza su auto-vigencia discursiva (en contraposición a la caducidad referencial de Bolívar encadenada a la Historia) pues representa en sí mismo la búsqueda transhistórica por la autonomía mediante el autoconocimiento inscrito en un lenguaje poético propio, es decir, autónomo.  Después en el capítulo segundo se analizó que la creación autónoma e innovadora de la estética martiana supera la enunciación de independencia ideológica del lenguaje neoclásico de Andrés Bello. Martí se nutre y coincide de forma general con las ideas de Bello sin lugar a duda; pero a su vez, se libera de un lenguaje heredado de la tradición europea para proclamar un lenguaje hispanoamericano que se heredará a la tradición poética universal. Fenómeno de creación estética altamente político en su naturaleza autónoma e independiente.  76  En el capítulo tercero mediante un procedimiento de close reading se analizó específicamente la forma en la que Marí innova el uso de las figuras retóricas de la poética clásica. Dicha innovación se da principalmente por un método de acumulación y complejización. Martí forma figuras retóricas a partir de otras figuras retóricas, como antítesis hiperbólicas, sinécdoques antitéticas, símbolos multisensoriales, dinamismos aliterativos, etc. Que a manera de muñecas rusas se concentran unos dentro de los otros. Procedimiento poético que denominamos acumulaciones antitéticas multisensoriales. Procedimiento que además está en plena concordancia con procesos históricos, políticos y sobretodo éticos por encima de simples experimentaciones preciosistas, que a su vez se enmarca en lenguaje referencial. Así a pesar de la densa y abundante carga poéticasimbólica Martí hace accesible el mensaje al utilizar ambos registros lingüísticos.  Finalmente cabe destacar y reafirmar que es en su naturaleza poética donde reside el valor político, estético, ético y transhistórico de “Nuestra América”. Un texto tan plagado de aforismos, que en sí mismo es un recurso transhistórico, pues tiende a universalizar las ideas como en el caso de las máximas latinas, no puede ser estudiado con una aproximación encadenada a la referencialidad histórica. Un texto que aborda constantes universales como la autonomía y el imperialismo mediante sistemas simbólicos no puede ser encadenado al siglo XIX. La Historia es el discurso de los imperios. La autonomía es el ideal político. El lenguaje es ideología pura. Martí es poesía.  La actualidad de “Nuestra América” es innegable tanto en la región hispanoamericana como en cualquier otra región a las sombras del enemigo imperialista. 77  Por lo que el estudio de un texto tan autónomo como éste tiene que seguir un procedimiento igualmente autónomo. Las alusiones a Hispanoamérica no limitan el texto a una realidad regionalista. Por el contrario, la Hispanoamérica martiana es un símbolo del proceso autonómico, el autodescubrimiento y la creación. Sólo así este ensayo canónico podrá ocupar un lugar tanto en la ensayística, en la poética y en la política universal.  78  Bibliografía  Aristóteles. Poética. Madrid: Gredos, 1974. Ballón, José. Autonomía cultural americana: Emerson y Martí. Madrid: Ed. Pliegos, 1986. Barthes, Roland. El grado cero de la escritura. Siglo XXI Editores, 1997. Bello, Andrés. “Nuestro ideal: la creación de la cultura americana”. En Las literaturas hispánicas. Vol. 3 Hispanoamérica. Evelyn Picon Garfield, Ivan A. Schulman. 1991. ISBN 0-8143-1865-7. Wayne State University Press. Detroit, Michigan. Beristáin, Helena. Diccionario de retórica y poética. México: Porrúa.1995. Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México: Porrúa, 1987. Bolívar, Simón. “Carta de Jamaica”. En Obras completas vol. V. José Gaos. México: UNAM. 1993. 129-146. ---. “Discurso ante el Congreso de Angostura”. En Obras completas vol. V. José Gaos. México: UNAM. 1993. 146-169. Esteban, Ángel. José Martí el alma alerta. Granada: Comares, 1995. Estrade, Paul. José Martí: Los fundamentos de la democracia en Latinoamérica. Madrid: Doce Calles, 2000. Ferman, Claudia. “Mártires y sueños en ‘Nuestra América’: Lecturas de un texto latinoamericano”. Mester, Vol. XX, No. I (Spring 1991). P.11-20. Fernández Retamar, Roberto. Algunos usos de civilización y barbarie. Buenos Aires Contrapunto, 1989.  79  García Monsivais, Blanca M. “La ‘Carta de Jamaica’ de Simón Bolívar: un estudio a través de una poética histórica (temático-formal) del género del ensayo”. Escritos, Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje No. 23, enero-junio 2001, pp.49-61. Gómez, Miguel. “Poder simbólico y titanismo: Una relectura del Canto General. Anales de Literatura Chilena. Anho 10, Junio 2009, No. 11. Pp. 91-118. González-Stephan, Beatriz. Fundaciones: canon, historia y cultura nacional. Madrid: Iberoamericana. 2002. Horacio. Arte poética. Madrid: Imprenta Real de Gazeta. Jakobson, Roman. Ensayos de lingüística general. Barcelona: Seix Barral. 1998. Jiménez, J.O y Antonio R. de la campa. Antología de la prosa modernista Hispanoamericana. New York: Eliseo Torres and Sons, 1976. Lagmanovich, David. “Lectura de un ensayo: ‘Nuestra América’ de José Martí”. En Nuevos asedios al modernismo. Ed. Iván Schulman. Madrid: Taurus, 1987. P. 235-245. Lamore, Jean. “La idea de Nuestra América en José Martí”. En Lateinamerika-Studien 34. Eds. Ottmar Ette y Titus Heydenreich. Frankfurt: Vervuert Verlag, 1993. P. 83-91. Luis Navarrete Orta, “Discurso reflexivo y discurso literario en Nuestra America de José Martí”. Universidad de La Habana (UdLH) 1991 July-Dec; 241:23-31. Martí, José. Nuestra América. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 2005. ---. Obras completas. Editorial Nacional de Cuba. Tomo 21. La Habana: 1963 ---.Versos Libres-Vers Libres. Eds. Jean Lamore, Cintio Vitier. Paris: Éditions UNESCO. 1997  80  Montaldo, Graciela. En Andrés Bello y los estudios latinoamericanos. Eds. Beatriz González Stephan, Juan Poblete. 2009. Universidad de Pittsburgh. Morales, Carlos Javier. La Poética de José Martí y su contexto. Madrid: Verbum, 1994. Pastor, Beatriz. El segundo descubrimiento: La conquista narrada por sus coetáneos (1492-1589). Barcelona: Edhasa. 2008. Perrault, Charles. Pulgarcito. Buenos Aires: Colihue, 2008. Sacoto, Antonio. Del ensayo hispanoamericano del siglo XIX. Quito: Casa de la cultura ecuatoriana. 1988. ---. José Martí (1983): Estudios y Antología. Casa de la cultura ecuatoriana. Quito 2003. Sánchez G., María Cecilia. De Hispanoamérica a Latinoamérica: Fraternidades, conflictos y olvidos de la lengua de la comunidad. Atenea 497 I sem, 2008 pp. 95-122. Santiní, Enrico Mario. “’Nuestra América’ y la crisis del latinoamericanismo”. En Repensando a Martí. Salamanca: Universidad Pontificia de Salamanca. 1998. Pp. 19-29. Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo: civilización y barbarie. Madrid: Cátedra, 1990. Schulman, Iván. Martí, Darío y el modernismo. Madrid: Gredos, 1969. ---. Símbolo y color en la obra de José Martí. Gredos, Madrid: 1960. Rojas, Rafael. “Lecturas filiales de José Martí”. Revista Hispánica Moderna Jun-Dec 2004 (57): Pp. 19-35.  81  

Cite

Citation Scheme:

        

Citations by CSL (citeproc-js)

Usage Statistics

Share

Embed

Customize your widget with the following options, then copy and paste the code below into the HTML of your page to embed this item in your website.
                        
                            <div id="ubcOpenCollectionsWidgetDisplay">
                            <script id="ubcOpenCollectionsWidget"
                            src="{[{embed.src}]}"
                            data-item="{[{embed.item}]}"
                            data-collection="{[{embed.collection}]}"
                            data-metadata="{[{embed.showMetadata}]}"
                            data-width="{[{embed.width}]}"
                            async >
                            </script>
                            </div>
                        
                    
IIIF logo Our image viewer uses the IIIF 2.0 standard. To load this item in other compatible viewers, use this url:
http://iiif.library.ubc.ca/presentation/dsp.24.1-0073149/manifest

Comment

Related Items